La Guerra de los Clanes

El Final De La Guerra

Terminada
Escrito el 07-02-2006 11:11 #1

La primavera. Llegó a nosotros de repente, como si se tratara de una inundación de luz, y de vida. El Bosque del Susurro era un lugar de muerte, y aún así, parecía condenado a soportar el despertar de la vida que el cambio traía consigo.

Y el final. Aquél final tan ansiado, dejó restos de orgullo destrozado por cada rincón de las tierras de Nurn. No pudimos ganar la guerra. Y tampoco pudimos culpar a nadie de nuestro fracaso. Tampoco fue una derrota. Quizás una pausa. Un tiempo. Tiempo para curar heridas y volver quizás un día más fuertes, más seguros. Pero para nosotros, Señores de Nurn, no dejaba de ser un fracaso.

No quedamos muchos de entonces… la muerte se llevó a tantos… Hoy ya no siento nada por ellos, ni siquiera su pérdida. Dieron su vida por Nurn, y fue un justo pago. Pero nosotros, los que quedamos aún, perdidos en estas tierras, es quizás aún más duro el pago. Permanecer. Permanecer siempre frente a la alegría del vencedor.

No entrarán en nuestras tierras. Narmelost, la Indomable, la Eterna, la única ciudad de Haldanóri que jamás cayó ante el enemigo, permanecerá ahora cerrada para siempre a nuestros enemigos. Pues nunca dejarán de serlo. Nuestras fronteras, custodiadas día y noche, protegerán nuestro mundo de esa paz forzada que se alza tras ellas. Pero nosotros…

Me niego a languidecer en estas tierras que cada vez se angostan más en mi mente. El tiempo acabará por enloquecer nuestra percepción, y nuestra vida se alargará irremisiblemente, sin piedad alguna. Sin final.

No esperaré aquí el momento final de mi decadencia.

Escrito el 07-02-2006 19:09 #2

Varias horas habían pasado ya desde el momento que el ejército del Valle y sus capitanes irrumpieron en Ciudad Dragón, el homenaje había sido conmemorable, ahora más que nunca la capital de aquella isla irradiaba más luz que nunca. Aunque el alba despuntaría en poco tiempo, el manto nocturno todavía cubría el cielo.

Yandros anduvo de aquí para allá en la Torre de Cristal toda la noche, sabía que todo había acabado, que la sangre había dejado de regar los campos de Haldanori, pero un extraño desasosiego no le permitía descansar, algo que le llamaba desde su interior y se perdía en los pasillos de su pensamiento.

En su marcha nocturna llegó hasta la sala del trono, habían pasado años desde que la vio por última vez y a sus recuerdos llegaron cientos de imágenes del pasado que creía haber olvidado en el campo de batalla, se acercó lentamente hasta el sitial que la presidía y se sentó lentamente sobre el, a su derecha una brillante corona de mitrhil con engastes de piedra onix brillaba ante sus ojos. Delante de el se abría un amplio balcón por el cual las estrellas todavía centelleaban en el firmamento.

El nigromante se levantó y se dirigió al balcón, sus pasos eran pausados y silenciosos, una brisa de aire frió recorrió su cuerpo al llegar hasta el lugar, ante el se abría una zona de la Ciudad Dragón, Yandros observaba con ternura aquel lugar, la ligera disposición de las casas, los monumentales edificios conmemorativos, aquella capital era en toda en una, un magnifico trabajo único de arte y arquitectura enlazados. Más allá de los edificios un gélido aire proveniente del mar susurraba entre las montañas, Yandros cerró los ojos y dejó su mente en blanco para sentir las vibraciones de aquel lugar, ya no se escuchaban lamentos y alaridos de sufrimiento, ahora una calma perpetúa invadía todas la calles y corazones de los ciudadanos. Por fin el odio y el sufrimiento habían concluido durante un tiempo en aquellos lugares.

Yandros agarró la barandilla del balcón mientras que vislumbraba el horizonte, el sol ya comenzaba a dorar con sus rallos los verdes parajes del Valle y cuando el primer destello iluminó la Torre de Cristal un bello cisne blanco batió sus alas y voló hacia el mar. El nigromante lo miró y pensó para sus adentros “esto no es el final”

Escrito el 07-02-2006 21:12 #3

Todo había terminado, la guerra había llegado a su fin. Las huestes victoriosas de Valle habían sido llamadas a casa. Una gran algarabía había estallado entre los soldados cuando la noticia empezó a correr como la pólvora entre los grupos de aguerridos guerreros.

Durante la larga marcha hacia la costa, donde deberían embarcarse hacia su estimada isla los cánticos de los soldados viajaban a través del viento por las tierras que tantas veces habían recorrido, enfrascados en miles de batallas y escaramuzas. De nuevo atravesaron las tierras que antaño pertenecieran el extinto reino llamado Concilio de Nan-Tasarion, enemigos acérrimos.

Contrastaba con la alegría, el cabizbajo Gaur, muy ensimismado en sus pensamientos desde que le llegó la noticia del final de la guerra.

Aliena no precisaba de sus poderes para adivinar que algo no estaba bien.

- Adivino que este final de la guerra no es el único final para ti, mi inseparable compañero –dijo Aliena.

- No estoy seguro de querer volver a la isla.

- Tus sentimientos son muy similares a los míos.

- Quiero decirte que cuando lleguemos al puerto, no tomaré el barco. Mi etapa como guerrero de Valle ha terminado.

- ¿Qué te lleva a tomar esa decisión?

- Sabes que no soy oriundo de Haldanóri. Mis padres fueron asesinados cuando llegamos aquí, atravesando el Gran Mar. Mi llegada a Valle fue por amistad. Mi fidelidad es para con Elboron, nuestro desaparecido rey. Desde que él marchó, cansado de intrigas palaciegas, de movimientos subversivos y de dobles filos; mi compromiso se fue con él.

- Yo tampoco –interrumpió Aliena – concibo una vida con los cortesanos y aduladores del nuevo poder establecido. Por lo que si te crees que te vas a ir solo, no has estado tan equivocado en tu vida desde que decidiste que yo fuera tu capitana – una carcajada acompañó las últimas palabras de Aliena.

Gaur miró solemnemente a Aliena, la cual se mostraba alegre y orgullosa, y apoyó su mano sobre el hombro de la capitana.

- ¡Sea pues! Si nuestro destino es seguir vagando juntos a la búsqueda de alguna causa justa por la que derramar nuestra sangre, no debemos darle la espalda.

Ambos capitanes se abrazaron.

La llegada al puerto fue un motivo más de felicidad para todos. Los soldados embarcaron diligente y rápidamente y los barcos se hicieron a la mar.

Aliena y Gaur miraron como se alejaban, sintiendo como en esos barcos se iban una parte de ellos mismos.

- Un último brindis –dijo Gaur, sacando una botella de su zurrón.

- Desde luego –afirmó Aliena.

- Por todos los amigos que hemos dejado atrás, por Emeldir, por Giselai y por nuestro querido y admirado Elboron, verdadero estratega y padre de esta victoria.

Brindaron, contuvieron el aliento unos minutos y se dirigieron hacia los caballos.

Nunca más se supo en Haldanóri de Gaur y Aliena, puesto que esos nombres no fueron pronunciados nunca más. Gaur y Aliena murieron como tal en ese momento. Sus pasos les convirtieron en héroes errantes.

Su final es desconocido, incluso para los más eruditos.

[Editado por gaurwaith el 07-02-2006 21:14]

Escrito el 07-02-2006 22:35 #4

Los emblemas ondeaban al viento proveniente del oeste. La guerra por la supervivencia en Haldanóri había acabado otorgándonos la victoria final. Los capitanes de las compañías de Valle miramos al mar que rodea nuestra isla desde lo alto de sus caballos con una mezcla de alegría, alivio y tristeza. La última reunión, el último adiós.

Valerosos compañeros habían dado su vida por esta tierra que es nuestro hogar y que ahora sonríe mirando la libertad que se extiende frente a nosotros en el tiempo. Libres volveremos a ser para vivir en paz y prosperidad gracias a los sacrificios de muchos.

Los jinetes desmontaron y acercándose al borde del acantilado, alzaron sus voces a coro mientras blandían sus espadas. Miraron al oeste, a aquellas tierras lejanas donde habían combatido durante tanto tiempo y rindieron su homenaje particular.

Un tributo final a aquellos que perecieron luchando a nuestro lado. Un tributo final a nuestros valerosos enemigos que lucharon por conseguir nuestros mismos ideales. Un tributo final para esta tierra que ha quedado herida para siempre por nuestras espadas y manchada para siempre con nuestra sangre.

El mar chocó furioso contra las piedras del acantilado. El tributo había sido aceptado.

Escrito el 07-02-2006 22:37 #5

Las tierras que antaño estuvieron bajo la protección del Concilio de Nan-Tasarion se hallaban ahora en extremo silenciosas. Las ciudades habían sido abandonadas y la población se había refugiado en los bosques, en especial en el meridional Taurë Mänalda.

Ninguna edificación militar quedaba en pie con excepción de la austera y solitaria fortaleza de Orod Eressëa. Los extranjeros que pasaban por sus cercanías sentían una sombra y un escalofrío recorría su cuerpo, pensaban que era un lugar maldito pues en sus laderas se había derramado mucha sangre.

Pero en realidad esa sombra era la última manifestación sensible de los miembros del antiguo Concilio, una manera de protegerse mientras decidían qué hacer.

Hacía ya varias semanas que sus ejércitos habían desaparecido de los frentes de combate, los miembros del Concilio se encontraban perdidos y dispersos por la geografía de las Haldanóri y la larga guerra entablada contra cuatro ejércitos diferentes había mermado sus arcas y la moral de los soldados.

Las huestes del Nan-Tasarion regresaron de las múltiples batallas y poco a poco fueron abandonando las ahora peligrosas tierras del Concilio, pero algunos miembros principales aún permanecían refugiados en Orod Eressëa.

Una mañana llegaron noticias de la guerra, las batallas habían terminado, en la Ciudad del Dragón había una gran celebración.

Eärondûr, tan sombrío como en los últimos días, entró en la improvisada sala del Consejo.

-Iorethil ya terminó de sanar a todos los heridos de la guerra, hace dos días que cerró las Casas de Curación y se dirige hacia aquí; en cuanto llegue nos iremos.

Todos deberíais hacer algo parecido, la protección de este lugar no durará mucho más y la guerra terminó, poco podréis hacer aquí a partir de ahora.

La noche era estrellada y sin luna, Eärondûr envuelto en la pesada capa verde estaba en pie sobre Orod Eressëa mirando hacia el norte, intentando vislumbrar de nuevo las tierras más allá de Telpe.

-Todo está listo –la voz de Iorethil sonó a la espalda de Eärondûr-. Ya sabíamos que esto no era definitivo, la profecía ha de cumplirse y hasta que no lo haga no encontraremos la paz.

-Vine para encontrar el camino, pero el camino empieza a ser demasiado largo y doloroso y siento que aún no hemos llegado a la mitad.

-Es posible, pero no podemos huir de él y al menos seguimos los dos juntos. Vamos, debemos irnos antes de que nuevos colonizadores lleguen a estas tierras.

Al amanecer dos pequeñas figuras eran apenas visibles desde la cima de Orod Eressëa, Iorethil y Eärondûr regresaban al lugar que antaño dejaron atrás... el final de su historia será visto y oído en algún lugar del lejano este.

Escrito el 08-02-2006 15:19 #6

\" La Guerra a Finalizado\"

Con esta frase, los soldados de la Quinta Compañía de la Alianza volvieron a sus hogares.

Por fin volvieron de tierras nurnitas, por fin volvierona ver a sus familias, por fin respiraron el aire puro de Eithel-Glîn...

Árchaon recorrió raudo las calles de la capital Tyelpëosto. La ciudad, a pesar de las batallas soportadas en sus muros en este tiempo, no estaba muy cambiada.

Lo primero que hizo fue buscar a su hermano Telimektar, pues aquella profecía dictada hace tiempo: \" Y tres llegarán para defender aquellas tierras puras, mas su sino será elegido por ellos al concluir la misión...\"; acababa de ser cumplida en aquel momento.

Encontró al Maia en la gran plaza central, estaba acompañado de un niño, el cual contemplaba las vistas que daban al gran bosque Taurenúva

- Hermano- señaló Árchaon mientras se dirigía al Maia, que se dio la vuelta enseguida.

- Vaya Árchaon, la guerra no te ha deteriorado- sonrió Telimektar.

- A ti tampoco- Hubo una pausa en la cual el Maia observó al joven muchacho- Hermano nuestro misión ha concluido, y como decía la profecía, es elección nuestra a donde partir. Mi intención es partir hacia Valinor, pues aquí ya he cumplido.

- Igual la mía, Árchaon.

- Pues voy a por Laitaine y a por Silvaron, espérame en la puerta de la ciudad.

Recorrió la ciudad nuevamente tratando de encontrar a su esposa. Se adentró en el bosque y se acercó al túmulo bajo el cual se encontraba el templo de la ciudad, aquel templo en donde fuere enterrado aquel pequeño Maia de ojos amarillos, Valárumen, que en sus últimos días se enfrentó contra Árchaon, y que, al final, acabó quitándose la vida.

Allí estaba Laitaine, junto a su tumba, y al percibir la presencia del Maia giró su cuerpo.

Árchaon rodeó la cintura de la Elda con sus brazos, y besó sus labios lentamente, saboreando aquel instante de pasión.

- Debemos de irnos, mi amor, Telimektar nos espera- Dijo él.

- ¿Irnos? ¿Dónde?

- A Valinor, más allá de todo sufrimiento en donde descansaremos de todo y donde la paz nos inundará en cada rincón.

- Lo siento- Bajó la mirada- no puedo irme.

- Pero...

- Lo siento Árchaon- interrumpió la elfa- es mi decisión, y no me preguntes el por qué.

- Esta bien, si esa es tu decisión- Las lágrimas resbalaron por la mejilla del Maia, y se dirigió hacia la salida del templo, pero la mano de Laitaine le agarró por el brazo. Este se dio la vuelta, y se miraron a los ojos.

- Te quiero- le dijo ella en un susurro cuando los ojos comenzaron a llenarse de lágrimas. Y justo después lo besó, el último beso, pues nunca jamás volverían a verse.

Así pues, Árchaon dejó atrás lo que más quería y se unió junto a Telimektar y Silvaron para iniciar la travesía hacia Valinor....

Escrito el 08-02-2006 18:56 #7

El elfo deambulaba por las calles con aquellas palabras resonando en su interior, \"La guerra ha terminado\". No sabía hacia donde se encaminaba pero quizás no tenía rumbo fijo, y solo buscaba despedirse de aquel lugar en el que había permanecido por tanto tiempo. Las blancas casas abrían elegantes calles en su mayoría desiertas, pues quienes en sus muros Vivian corrieron a celebrarlo en una fiesta un tanto improvisada, pues la paz llegaba como la guerra por sorpresa y sin aviso.

Los recuerdos acudían a su mente simultáneamente y sin tiempo a pensar. Tan solo cabía la añoranza por aquellos años y la esperanza de tiempos mejores. Y en estos pensamientos se encontró en la plaza de la fuente, aquella en la que tiempo atrás se formo la Alianza. Hermosa era en verdad y más lo era tal como estaba engalanada de flores rojas, amarillas, azules,... la primavera abría una nueva etapa para aquellas tierras, y para Malenril, que tras sumergir su mano en las claras aguas de la fuente y dejarla caer el agua nuevamente emprendió por fin el ultimo viaje que haría en aquella gran ciudad: el viaje de despedida.

Alcanzó el portón ahora abierto de par en par y sin vigilancia alguna, pues nuevos tiempos eran los que llegaban con el cambio de estación. La suave brisa agitó su cabello y tras asegurar sus armas se interno al fin en el bosque, tal cual apareció un día en la ciudad, silencioso y pensativo, analizando todo antes de actuar. No se despidió de nadie pues las despedidas son en extremo tristes y esperaba que solo fuese una breve pausa antes de reencontrarse. Avanzó y con una lagrima aflorando en sus ojos contempló por ultima vez la ciudad antes de hundirse en el verde mar con un destino que ni el mismo conocía. Quizás explorar las tierras del Norte, ir al Este o el Sur, o porque no ... emprender un viaje hacia el esperado Oeste, las tierras imperecederas a las que dirigir sus últimos pasos y vivir por siempre en esa paz que por tanto tiempo había anhelado su corazón.

Escrito el 08-02-2006 19:11 #8

Telimektar apoyado en el murete miraba la ciudad mientras se le escapaba un suspiro, entonces una mano le sacó de esos pensamientos. Este se giro y llevándose las manos a los ojos se los fregó intentando despertar de lo que creía que era un sueño, ante el se encontraba su madre la Maia Uinien, Señora de los Mares, su ondulada cabellera negra caía sobre su vestido plateado, esta alzó el brazo y le dijo:

- Tu tiempo aquí a terminado, ganaste la paz para muchos más para ti aquí no la encontraras y tú lo sabes bien. Es hora de regresar a casa, a Valinor.

- Pero aún no puedo regresar madre, Manwë no dejara que pise esas costas- dijo Telimektar mientras miraba a su madre.

- Por eso no debes preocuparte, preparad las cosas para partir lo antes posible.

El maia asintió con la cabeza y se encaminó hacía el Palacio, allí jugaba Aikanáro junto a Laurë, miró la felicidad de niño.

- Aikanáro debemos irnos, prepara tus cosas mas partiremos hoy mismo.

- ¿Hacía donde Teliemktar?- preguntó el niño

- Hacía una nueva casa, partiremos hacía donde no hay muerte y donde todo es bello.- le respondió

El niño asintió con la cabeza y entro en palacio, pronto salía con Estel su cuidadora y todas sus cosas eran empacadas para el regreso a Valinor, Estel miró al maia y le dijo:

- Quisiera poder acompañaros Señor, gran estima e cogido a Aikanáro y no contemplo la vida sin sentir sus risas- le dijo mientras lloraba

- Si ese es tu deseo vendrás con nosotros y todos aquellos que quieran partir hacia Valinor, prepara tus cosas para cuando suene la hora tercera.- respondió el maia mientras se encaminaba hacía los establos.

Allí preparo su corcel y pronto saló hacia la entrada de Palacio, allí le esperaban la dama Este y el pequeño Aikanáro, el maia extendió la mano y subió al pequeño delante y la dama subió en otro corcel. Dos soldados portaban los estandartes de Aran Fortín y el de la Casa de Poldoreä, bajaban por las calles repletas de gentes que lanzaban vivas a su paso mientras los hombres se descubrían la cabeza en señal de respeto, ahora un paz reinaba en la zona y cada uno de los miembros de la Alianza tenía que terminar su viaje. Paso por ultima vez por las grandes puertas de la ciudad, su primera gran obra en esta ciudad, bajaron hasta el puerto repleto por los soldados de Aran Fortín que ya empezaban a embarcar en sus barcos para acompañar al maia hasta Eorondo.

Allí estaba en el puerto anclada la Torre de Tulkas el mayor bajel que jamás surcara esas costas, en la cubierta ya le esperaban las Oarni en la cubierta junto a Archaon y su fiel amigo Sylvarion. El maia bajo de su corcel y tras coger a Aikanáro lo poso delicadamente en el suelo y empezó a subir por la pasarela, las trompetas sonaban anunciando la marcha de los Maia. Mientras las blancas velas eran retiradas y en su lugar se izaron unas velas donde en cada una de ellas había un emblema de la Alianza. El maia veía como sus hombres subían a sus barcos para acompañarlos un trecho del viaje, mas muchos de ellos irían con él hasta Valinor viéndose incapaces de abandonar a su señor. Allí antes de zarpar Teliemktar desenvaino la espada y tras alzarla se la poso en el corazón y bajo la cabeza y sus hombres hicieron lo mismo, de pronto dos rugidos salieron por las gargantas de Laurë Señor del Fuego y de Sylvarion Señor de las nieves a modo de despedida y fue cuando una suave brisa hinchaba las velas ciudad y el bajel empezaba a asurcar las aguas a gran velocidad, Teliemktar lanzó una última mirada a Tyelpeosto y dos lagrimas traicioneras se le escaparon hasta llegar a sus labios.

Pronto llegaron a las cercanías de Eorondo y Telimektar se asomó a la popa, ante ellos formaba toda la flota Araniense para despedirse de su Señor, aquel que había devuelto el esplendor y el poder antaño olvidados a esas costas.

- ¡Grande a sido el honor de luchar con vosotros mis camaradas, aquí os dejo más sabed que siempre amaré a Aran y a sus gentes!,¡Salve Aran, Gloria a Eorondo y a la Alianza!- gritó, mas solo unos pocos pudieron entrever como en la cara del maia las lagrimas asomaban.

- ¡Gloria a Telimektar, Señor de Eorondo!- gritaron los soldados desde las cubiertas de los barcos allí apostados.

Ahora una nueva brisa traía los aromas de los prados en flor de Aran y las velas empujadas con una nueva fuerza hicieron que el barco surcara ahora con más fuerza las aguas, el viaje fue largo y tranquilo más en todo el viaje solo se escuchó la voz de las Oarni que cantaban para consuelo de los allí presentes.

Pronto un gritó de:

“TIERRA, TIERRA A LA VISTA”

Hizo que todo el mundo saliera a cubierta, ¡ante ellos se encontraba Valinor!, Ahora un manojo de nervios recorría a los presentes, muchos solo conocían lo que los ancianos contaban de ella.

Pronto les llegó el sonido claro de las trompetas de plata anunciando su llegada al

Puerto de Aqualondë donde se congregaba una gran multitud de elfos con bellos trajes y enherbolaban grandes banderas, allí también estaban todos los Valar esperando de pie junto a una gran bandera. Unos cuantos barcos Teleri se hicieron a la mar y se aproximaron hasta una cierta distancia admirando la belleza de aquellos bajeles, siete grandes barcos traía Telimektar llenos de gente de Aran y Tyelpeosto.

Telimektar junto Archaon se acercaron hasta la popa y el maia gritó:

- Aquí llegamos los Señores Telimektar hijo de los maia Ossë y Uinien, Señor de Eorondo y Heraldo de Tulkas Poldoreä y Archaon Señor de Anor y de la Casa de la Golondrina de Eorondo, Pedimos permiso a los Valar para poder entrar en Valinor y al fin descansar en paz más con nosotros viajan un buen grupo de elfos de las grandes tierras, ¿Que contestan los poderes de Arda?

Una calma tensa se poso en los presentes, expectantes esperando la respuesta de los Valar. Entonces una figura se adelanto a los demas Valar y pronto supieron de quien se trataba, era Manwë que dijo:

- Eh aquí a Archaon Señor De Anor y de la Casa de la Golondrina y Telimektar Heraldo de Tulkas Poldórëa y Señor de Eorondo, bienvenido seáis a Valinor, más descasad ahora de las fatigas sufridas en la Tierra Media, olvidadas estas las ofensas y las desobediencias, entrad en Valinor junto a vuestros amigos.- decía mientras extendía los brazos.

La alegría estalló entre los presentes y las trompetas de Valinor se mezclaron con las de Aran y su sonido era el estallido de la felicidad. Los barcos entraron por debajo del gran arco y empezaron las tareas de atraque. Las pasarelas fueron colocadas y Telimektar descendió de la Torre de Tulkas junto a Aikanáro y Archaon.

Aquí termina la historia de Telimektar el cual por fin pudo descansar en paz más aun no habían terminado las sorpresas para el maia, pronto reconoció a una doncella, entre las doncellas de la Valie Nessa se encontraba Indil su esposa, el maia corrió hasta ella llorando de alegría y se abrazaron bajo la mirada complacida de los allí presentes.

[Editado por tulkas_el_valar el 09-02-2006 12:42]

Escrito el 09-02-2006 17:59 #9

“La guerra a terminado”, esas palabras resonaban en la mente de Farath desde que se enteró de la noticia.

Estaba paseando, alejada del bullicio de la fiesta que los habitantes de Valle habían preparado a todos los soldados y capitanes; se refugió en sus pensamientos, olvidó por un momento que había visto morir a tantos compañeros delante de sus ojos. Recordó el instante en que llegó a Valle, pocas lunas atrás, y decidió que era el momento de regresar a casa, pero un sentimiento que no pudo reconocer le impidió recoger sus cosas y dar la espalda a Valle.

Había combatido con aquellos hombres, mujeres, elfos y criaturas, que se oían a lo lejos, desde que pisó los dominios de los ingeniosos (como ella cariñosamente llamaba a los habitantes de Valle del Ingenio) y los quería como a su familia. Se enamoró de la belleza de los paisajes, del olor de las flores, del sonido del agua, de la hermosa vista que había desde lo alto de la torre cuando caía la noche o cuando el sol despertaba.

Bajó a la fiesta y allí se encontró con el último elfo al que dio una orden en batalla:

-Mi señora, ¿dónde ha estado?

-Admirando el paisaje amigo mío- respondió Farath mirándole cariñosamente.

-La veo distinta, feliz...pero no feliz por haber ganado la guerra

-Estoy feliz porque ahora se que he encontrado mi hogar.

Los dos compañeros, capitana y soldado, se internaron en la fiesta.

Escrito el 09-02-2006 18:31 #10

El tributo por los caidos en la guerra de Haldanori, fué lo mas hermoso y honorable que Aredhel había visto en su larga existencia.

La fiesta que hubo en la ciudad aquel mismo dia, tambien fué memorable. Después de tanto tiempo, la gente era feliz. El vino corria por las calles cual riachuelo recorre las verdes praderas de Valle, y los ánimos estaban tan altos que la mas alta nube que el elfo con mejor vista de Haldanori hubiera podido divisar.

Dias después de la gran fiesta que sacudió toda la isla, Aredhel se acercó a la playa, al mismo sitio donde se rindió tributo a los caidos. En su mano, portaba una corona de flores. Y, arrimandose al mismiso borde del acantilado, pronunció unas palabras en elfo y la dejó caer sobre las aguas.

-Fuiste una de tantas victimas que esta guerra se llevó.....Harald.- Y añadió con una sonrisa- Estoy segura que te hubiera gustado ver todo esto.

Aredhel se quedó mirando como la corona de flores iba a la deriva, hasta que se perdió en la lejanía. En aquel instante, comenzó a pensar cuanto de menos echaba a su gente.

-Tal vez- pensó, podría regresar, ver como estan los mios y pasar una temporada con ellos, después de tantos años. Seguro que se alegrarán de saber que estoy viva.

Poco a poco, comenzó a alejarse de los acantilados y retornó a la ciudad. Una etapa de su vida había acabado, pero otra estaba a punto de comenzar.

Miró desde la lejanía la ciudad del Dragón, dorada ahora por los rayos de sol del atardecer. Si, Aredhel sabía que se hiría una temporada, pero también sabía, que regresaría y acabaría allí sus dias, pues, su espiritu moraria en Valle para siempre.

Historia finalizada.