
Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.
Edicion 3
Árador, Tierras de la Aurora
Finalizada · 19-03-2006
Ílimo
Raza: Maia
Otros nombres: I Nandaro, Walter de los Cafetales Wey, <br>"bastardos con ínfulas de realeza del mapa de Árador" segun Encalion de Formen Draugliante jaja
Armas o poderes: "Punzón", un puñal que infligía un daño superior al que aparentaba su inofensivo aspecto."Hoja maldita" era su espada, en la que un alma atrapada cantaba en la batalla o engendraba locura con su herida
Vida: 100%
Descripcion
,¸¸,ø¤º°"°º¤ø,¸¸,ø¤º°"°º¤ø,¸¸,ø¤º°"°º¤ø,¸¸,ø¤º°"°º¤ø,¸¸,ø¤º°"°º¤ø,¸¸, ,¸¸,ø¤º°"°º¤ø,¸¸,
Y allí estaba yo, de pié, en la cumbre de la mas alta de las montañas
Y abajo, a mí alrededor, se encontraba el círculo del mundo
Y mientras allí estaba contemplé más de lo que puedo describir
Y comprendí mucho más de lo comprendido hasta entonces;
Pues veía de un modo sagrado la forma de todas las cosas en el Espíritu y la Forma de todas las formas,
Como si todo estuviera unido, cual si fuera un único Ser.
,¸¸,ø¤º°"°º¤ø,¸¸,ø¤º°"°º¤ø,¸¸,ø¤º°"°º¤ø,¸¸,ø¤º°"°º¤ø,¸¸,ø¤º°"°º¤ø,¸¸, Alce Negro,¸¸,
(Sudores que avecinaban muerte resbalaban por la frente de aquel hombre y empapaban su fina camisa echa jirones sanguinolentos. Aquel inocente había caído presa de una emboscada de orcos errantes. Solo estaba él, y en sus manos todavía empuñaba una azada ensangrentada con la supuestamente había dado muerte a más de la mitad de la horda atacante.
Los Orcos daban saltos y gritaban alrededor de su presa abatida, su sed de saciar el hambre con la carne de aquel joven se paladeaba en el ambiente. Anduve en silencio y me acerqué más a la escena. En el suelo había una cesta caída, su contenido estaba desperdigado por el suelo entre la pestilencia de la sangre y los cadáveres Orcos. Aun así, tomé una fruta y despreocupadamente la mordí. El sonido sacó a esos miserables engendros de su frenética danza de muerte.
No hicieron más que notarme y las muy despreciables se revolvieron contra mí. Una a una cayeron a mis pies atravesadas por mi espada. ¡Pobres ilusas!, creían que podían incluirme en el menú y acabaron siendo pasto de los gusanos. Recuerdo que una vez acabado todo
solo conseguí callar el canto de mi espada al limpiar la sangre maldita que la ensuciaba
Y en este tiempo contemple el rostro tranquilo de aquel Atani que me miraba mientras sufría en silencio el dolor lacerante de sus heridas. Intente sanarlo en vano, porque su destino ya estaba marcado. La herida emponzoñada tenía un veneno increíblemente potente y los desgarros habían alcanzado muchas partes de su cuerpo. Presentí la inevitable muerte de aquel hombre. Así no pude hacer más que prepararle para el viaje a las estancias de Mandos.
Descubrí en aquel rato un ser cuyo interior era admirable. Investigué sus recuerdos y hazañas y estaba repleto de historias de guerra, de bondad, de piedad, de cariño… y en el fondo, como todos, muchos secretos ocultos que le atormentaban. Acciones impías y mentiras que ocultaba bajo una capa de buenas obras que apaciguaban aquel mar de remordimientos. Me sorprendió como uno de aquellos segundos nacidos podía reunir tantas cualidades tanto para bien como para mal...y que aún así le había llegado la muerte como a cualquiera, de la forma mas inesperada
Y murió, al menos aliviado de sus pesares gracias a mi ayuda. Me sorprendió tanto aquel joven que llegue a admirarle. Me hubiese gustado tenerle a mi lado en mis viajes y explorar y aprender de aquel ser, buscar la comprensión a sus acciones y el porque de sus decisiones… Y fue ahí cuando decidí cambiar la forma de mi cuerpo a imagen del suyo, en homenaje a las desconocidas cualidades de los Atani que aun me quedaban por ser rebeladas
Así, ahora me conocen por estas tierras como un viajero encapuchado que porta un bastón del mundo de los sueños. De aspecto joven y un tanto apuesto, no muy alto y de pelo rojizo medio largo, que a veces tapa mis ojos azules oscuros… lo único que no cambia en todos los cuerpos y aspectos que tome. El resto de mi complexión no difiere de la de ningún guerrero, lo que facilita que mi destreza en la lucha siga intacta.
Historia
(en vias de remodelación y corrección)
Infundí en mi tonada todo lo que comprendía del pensamiento que Illuvatar me asignó al darme la existencia, y aun así mis esfuerzos parecieron en un principio vacío ante la insuperable ansia de dominación que el tema de Melkor imponía sobre el resto. Dentro de mis posibilidades innatas aborde cantos de tranquilidad y sosiego frente a la discordia, de refugio ante las adversidades, de apoyo y renovación a los pensamientos malheridos, infundiendo fuerza y orden dentro del violento caos.
Así fue como en medio del tumulto gobernado por la desesperanza, distinguí melodías echas de pensamientos afines a las que yo proponía, y un coro menor de Ainur se unió a mí. De todos me sentí próximo al de Izilsurias, porque se complementaba con el mío. Ambos comprendimos el fin del otro y juntos tratamos nuestros propios temas y dotamos a los otros con la comprensión de una parte de propia de pensamientos e ideas. Tomando compresión de otros aspectos, reforzamos nuestros ideas que también utilizamos, y nuestro canto prevaleció débil frente al de Melkor, pero inquebrantable y firme en medio de tanta malignidad y ansia de dominación.
Juntos encadenamos una tonada que hizo prevalecer una corriente piadosa y apacible en medio del alborotado mar de cantos y canciones.
Y cuando el Padre Eterno, Eru, finalizó el tema y nos enseño la visión que reflejaba nuestra Canción, quedamos prendados de su belleza y se nos antojó necesario partir hacia allí y atar nuestro destino al de aquello que habíamos creado.
Contemplamos Eä, el mundo que es, nuestros deseos imaginados, pensamientos e ideas hechas realidad y se encendió en nosotros el deseo de bajar y continuar nuestras obras o ayudar en ellas. Allí mi compresión sobre la naturaleza de otros Ainur y el significado de todo lo que me rodeaba fue creciendo con el trabajo diario. Era dichoso porque mi sabiduría aumentaba observando el quehacer de otros.
Durante estos tiempos comprendí aún más mi propósito y trabajé por él, ayudando a otros como Irmo y Estë, principalmente. Y así, agradecidos, me abrieron los ojos en muchos temas que desconocía relacionados con mis proyectos o que no entendía.
La primavera de Arda transcurrió cuando se vinieron abajo las lámparas por obra de Melkor, y el cataclismo borró Almaren y todo aquello bello e irrepetible pasó a ser un recuerdo entristecedor de lo que fue y no pudo ser.
Junto a las huestes valarianas contuvimos el desastre, superamos nuestro pesar con el duro trabajo y abandonamos la Tierra Media a su suerte, para poner de nuevo nuestras ilusiones al Oeste,al otro lado del ancho mar, en la nueva tierra de Aman, que prevalecería como un refugio consagrado frente a todo mal de Melkor.
Y una vez mas volcamos nuestra ilusión en levantar una nueva morada mas bella aun si cabe que Almaren, aunque lo que allí hicimos fuera irrepetible. Vimos nacer Telperion y Laurelin en la verde colina, al abrigo del constante sonido de las campanas de Valimar y en medio de aquella beatitud Ilimo e Izulsurias no olvidaron su acometido mientras Melkor campaba a sus anchas en la Tierra Media, y muchas veces siguieron a Orome en sus cabalgatas y se entrenaron en sus bosques para combatir el mal o buscaron la sabiduría de Nessa, o la Instrucción de Aulë, pues sabían que eran importantes aquellas disciplinas para cuando llegase el despertar de los primeros nacidos. Y así cuando Varda creo las constelaciones y el firmamento quedo estrellado Izulsurias e Ilimo sintieron que era el momento de partir de nuevo a las grandes tierras, y en sus corazones notaron palpitar los deseos que había imbuido en ellos Eru, y juntos sellaron su destino y tras recoger la luz de las tinajas de las fuentes de Varda y algunas de los tesoros acumulados para facilitar su labor. Cuando todo el ajuar estuvo preparado, montamos en los corceles más bellos de Orome y partimos al Este de los Grandes Tierras, en busca de dar vida a nuestras ideas de dar Piedad al mundo castigado por Melkor, crearíamos un remanso de ayuda para el que sufría de la tempestad del mundo, para los primeros nacidos y los que quedaban por venir, un lugar donde dar una espada al que estuviese decidido a alzar su puño contra la discordia que discurría, venenosa, desde los pozos de Thangorodrim (*)
Y en un remoto lugar al amparo de la oscuridad germinó la semilla de los pensamientos hechos canción, Ilimo e Izulsurias reunieron una pequeña corte de espíritus menores que vagaban por las Anchas Tierras y que no tenían aparentemente propósito pero que tampoco servían a Melkor pues tenían la voluntad que Eru les infundió en su día. Y así, durante los diez mil años de los hombres en que Melkor fué dueño mas allá de Valinor, bajo el manto de oscuridad que escondía sus fechorías, se levantó el refugio de Opelë Anarórë . La villa del amanecer donde se reunían todos aquellos que por su propia voluntad rehuían del poder de Melkor.
En sus límites descansaba Yavanna de sus viajes y muy de vez en cuando el Örome con su cabalgata, y junto a el se volvían a Valinor Ilimo e Izilsurias, pues aunque a ellos les costaba poco, debido a su naturaleza, dejar atrás la belleza y la beatitud de Valinor, a veces necesitaban volver a Aman en busca de consejo o informando al consejo de los Valar acerca de aquello que escapaba a la visión de Manwë o a los oídos de Ulmo
Edades de las Estrellas
Y como un bálsamo de agua en una seca garganta llegó la luz de las estrellas que Varda reencendió con mas fuerza para anunciar la llegada de los primeros nacidos. Su brillo cegó a los seres malignos de Melkor criados sin voluntad alguna en la oscuridad. Amedrentados huyeron del brillo estelar y se refugiaron al abrigo de Utumno, como si del estruendo de los cascos dorados de Nahar golpeado la tierra se tratase o aun del eco de Valaróma resonando en las montañas y llanuras de Arda
Y con las estrellas despertaron de su letargo los enanos de Aule, y los Ents de Yavanna, y algunos de estos fueron atraídos a Farothdin y son ahora objeto de muchas leyendas porque en la seguridad de las cercanías de Opelë Anarórë crecieron y prosperaron al margen de las desgracias del exterior. Y así fue como Ilimo e Izilsurias atrajeron a algunos de los elfos del cerca de sus dominios. Y fue entonces cuando llegó la hora de sacar a Melkor de su madriguera infecta de males que propagaba impunemente desde hace mucho tiempo.
Y tras un tiempo Yo Ilimo e Izilsurias cabalgamos junto a Orome y llevamos la noticia del despertar de los Primeros Nacidos, y de las malignidades que les acechaban estando Melkor libre de ataduras, sometiendo a infectas calamidades las obras de Yavanna y que ellos no podían contener desde Opelë Anarórë . Y Manwë entonces convocó en consejo a las huestes valarianas y le instó a retomar el control de Arda y así salvar a los elfos de un futuro incierto.
Así fue como luche contra aquellos de mis Hermanos rebeldes que juraron lealtad a Melkor, y bajo el filo de mi espada cayeron aquellos que defendían Utumno, y uno a uno fueron arrancados de sus madrigueras toda maldad que se aferraba a la negra roca rehuyendo la luz de nuestros rostros. Pero no todo fue gloria pues algunos de los nuestros y yo el primero caímos heridos y nos salvamos por la cura milagrosa de las lagrimas de Nienna. Desde entonces comprendimos que Melkor era un enemigo al que no había que subestimar pues era el más grande de los Ainur, tanto en vileza como en conocimiento.
Y con Melkor en las prisiones de Mandos, Opelë Anarórë vivió en Paz y prosperaron todos aquellos que estaban cercanos a la morada de Ilimo e Izulsurias, y su casa en regiones ocultas se llenó sabiduría y desde allí partían los que querían sanar las heridas que Melkor Inflingió desde Utumno., Así era que en estas regiones la influencia de los Señores de Occidente se hacía visible por medio de los dos Maias, y toda criatura malvada veía encontraba su muerte al pasar por esos lares y allí terminaron de ver un nuevo despertar aquellos que escaparon del asedio de los Valar.
Primera Edad del Sol
Y estando en uno de nuestros viajes a lo largo Eä vimos de lejos morir el resplandor de los árboles de Luz y un mal presentimiento se adueño de nuestra razón y partimos al Oeste tan rápido como pudimos. Al cruzar las anchas tierras dimos muerte a muchos seres malignos que por alguna razón salieron envalentonados de sus guaridas y sobre no pocos calló de nuevo el brazo ejecutor de los Valar y del nuestro propio. Comprendimos que si campaban a sus anchas, fuera de sus escondrijos, después de mucho tiempo ocultándose, era por que Melkor había vuelto al Este y su presencia les infundía seguridad para volver a sembrar el Caos, ya no entre las creaciones de Yavanna, si no entre los seres parlantes como los enanos de Aüle, los Eldar de Illúvatar o los Ents de Kementari. No hizo falta hacer saber en Aman que Melkor había vuelto lleno aun mas, de rencor e ira contra toda creación de sus hermanos. Por esto, el daño se avecinaría mayor que en el pasado y entonces la labor se haría de nuevo pesada, reconstruyendo lo hecho hasta que otra gran guerra hiciese temblar los cimientos de Arda y solo así se derrocase de nuevo al Maligno.
Fue en estos tiempos cuando mas importante fue nuestra labor y decidimos que Opelë Anarórë fuera otra vez uno de los últimas mansiones seguras de la Tierra Media, encerradola en un paraje oculto, preservado de todo mal mediante el secreto, sirviéndonos de nuestra sabiduría acumulada durante milenios de lucha y arduo trabajo. Un lugar confortable donde encontrar sosiego tras la eterna lucha por preservar las obras que nos eran tan costosas.
Por más que las montañas de ceniza de Thangorodrim se elevasen al cielo, nunca rozaron el fuego abrasador de Arien, y esta vez, el regalo de los Valar llegó de su mano, y la luz, brillante y abrasadoramente pura, se repartió por todas las regiones de Arda por igual, e Ilimo aprobó aquella idea y se regocijó por el estorbo que supondría para los planes de Morgoth, pues la noche había pasado para siempre, Auta i lóme! , renacería la vida como el ejemplo de Ard-galen antes hediondos depósitos de ceniza e inmundicias y mas tarde praderas donde se criaron los descendientes de los caballos de Valinor, y del que descienden las caballerías de Farothdin, y de entre ellos Clomar, el mío propio y padre de los Mearas del Realengo.
^^hasta aqui^^
Pasaron los años de la huida de Melkor a Angband, dejó tras de si la oscuridad una vez más pero aún así los Poderes de Arda elevaron de nuevo la luz en el Cielo inalcanzable. Y desde ese momento se oyó el despertar de los Hombres más allá de las montañas del viento, en Hildorien. Y su destino se unió al de los demás seres de la creación. Tras las cercas de Opele Narore vimos pasar con dolor seis grandes guerras que sacudieron la belleza que los Elfos regalaron a Beleriand, y su sangre santificó hazañas y obras que pervivieron y pervivirán a lo largo de incontables edades. Pero el dolor quedó imprimado por la pérdida de muchos, por su insensatez y su orgullo fueron poco queridos por Ilimo, porque se ataban a lo material como si no hubiese nada mas importante, y por esto y otras fechorías como la matanza de sus hermanos de Alqualönde, o la de los refugiados del Sirion, les fue negada a muchos el cobijo en Opele Narore. Así como fueron grandes sus proezas su linaje cayó en desgracia y declinó con el paso del tiempo, siendo ahora una sombra de lo que en fue en el pasado.
Y una vez más Melkor llegó a ser tan poderoso que uno a uno fue dando derribando los portales de las casas de los grandes reyes élficos de antaño, a sangre y fuego pasaron todo lo que se les interpuso en su camino. pero no solo el peso de Morgoth hacía estragos en la Tierra Media, si no que la los silmarills propagaban de mano en mano la maldición de Mandos que les acompañaba, y por esa causa cayeron otros tantos en desgracia, y por la codicia que provocaba las fronteras de Farothdin fueron cerradas a muchos del Linaje de los Noldor y a la totalidad de los Naugrin que eran oriundos de la fortaleza enana de Belegost… y así fue como yo Ilimo sentí un escalofriante presentimiento y las aguas me trajeron el tinte de la sangre vertida de elfos por elfos, y los espíritus que servían el propósito de Ulmo vinieron aguas arribas con noticias de cómo se había rogado inútilmente a Manwe la liberación de la Tierra Media y el retorno a Valinor de la luz que habitaba en los Silmarils, y de cómo los elfos errantes de Maedhros se habían dejado corromper de nuevo por el juramento maldito y habían llevado la tercera y mas cruenta matanza de Elfos por Elfos.. y de cómo Earendil se había hecho a la mar, y como Idril Celembrindal se había alzado del mar arropada por el poder de Ulmo en forma de Cisne.
Pero pasado el tiempo en que sucedían la búsqueda del perdón de los Valar, algunos de los Laiquendi fueron atraídos a Farothdin, y entonces yo e Izilsurias barajamos partir s a la isla de Balar, y desde allí, sabiendo que el poder de Ulmo nos guardaba de Morgoth, y hacia allí llevaríamos a los últimos Elfos de Beleriand, para que se uniesen contra el poder del Valar Oscuro, que era ya tan desmedido como su orgullo.
Y así mientras Earendil llevaba a cabo su gesta, sentí en el corazón un ansia de espera, y guardo silencio sintiendo algo que se avecinaba, como si de un presentimiento fuera el brillo de una estrella nació en el horizonte y la acompañaron en Opelë Anarórë gritos de afecto y súplica, alegría y esperanza…porque como mas tarde confirmarían las aves que allí llegaban a descansar, Earendil se alzó a través del vacío en su barco consagrado, Vingilot, llevando en la frente el Silmaril del odiado Feänor.
Ilimo miró a sus huéspedes congregados, pidiendo con la mirada silenciosa una explicación, y los vio a todos: a jóvenes y a viejos, a robustos y endebles, a los de rostro curtido por el viento y el sol, y también a los pálidos; y en los rostros de todos ellos había una luz de anhelo y pregunta…por esto les pedí por primera vez que volviesen lustrosas sus armas de guerra porque la emboscada sería sustituida por el cara a cara, y que el e Izilsurias los llevarían a la guerra aunque no les agradase la idea temiendo que se repitiese el suceso de la primera guerra donde Ilimo casi pierde su libertad para morar en Arda.
Así participaron en los hechos de la guerra de la Ira, y contemplaron el cataclismo que cambió el mundo. y aunque esta vez el poder de los Ejercitos que lideraba Eönwe habían encadenado al mismísimo Melkor. Por tanto a Opelë Anarórë llevaron el presentimiento amargo de la posibilidad de ver de nuevo en Arda el poder de los secuaces de Melkor levantarse y continuar los propósitos ruina y dominación de aquel a quien servían. y así, viendo que el brazó ejecutor de los Valar se había quedado una vez mas corto.
Ilimo e Izulsurias decidieron ampliar las fronteras de su Reino Oculto, y desde allí encabezar la última ofensiva que sería la definitiva que limpiase de todo mal Arda.