La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Arestel Vanimeldë

Raza: Humana

Otros nombres: Óre Avathael

Armas o poderes: Obligada por la Oden de la Rosa a llevar una espada corta y una pequeña daga más ornamental que funcional.

Vida: 100%

Descripcion

Es una mujer aun joven, de unos 30 años de edad. Desciende de los Avath, una antigua familia del sur de Árador, de ahí que sus rasgos :estatura mediana, al rededor de 5 pies; piel lijeramente bronceada, ojos y cabello oscuro.

Arestel siempre lleva encima: el medallón familiar, un águila dorada con las alas desplegadas sobre un fondo de granates, que con el tiempo se ha convertido en el estandarte de la ciudad; la fina corona de oro que muestra su posición de Regente de Oron; y el broche de la orden a la que pertenece: La Orden de la Rosa.

Suele llevar hermosos vestidos con intrincados bordados en hilos de oro, debido a la posición que ostenta, pero su principal característica es que todos sus ropajes juegan con las diferentes tonalidades de rojo, desde el carmín hasta el granate.

Aunque es muy prudente y nunca actua sin meditar antes las consecuencias, a veces peca de orgullosa, especialmente en los asuntos del honor.

Historia

Siempre me he preguntado por qué el escudo de los Regentes de Oron Oituillë tiene un águila dorada sobre un fondo rojo. Nunca he creído que fuera una mera formalidad, como bien han intentado aclararme mis padres, para distinguir mi Casa de aquellas que están en otras ciudades del reino; estoy segura que tras esta insignia se oculta algo más, algo que sólo pude ser visto por aquellos que sean capaces de comprender el mensaje que encierra…algo que yo sólo he conseguido vislumbrar a través de un oscuro velo…

Llegué a este mundo en una cálida tarde de otoño, o eso es lo que dicen, hará ya unos 34 años. Hija única _“como manda la tradición familiar”_solía decir mi madre cuando le pedía un hermano con el que poder jugar. Ahora sé que con esas palabras se intenta ocultar un ruin sentimiento que habita en el corazón de todos los hombres, en algunos más oculto que en otros, y por el que son capaces de matar a sus propios hermanos: el Poder. Es una manera curiosa de mantener limpio el nombre del futuro Regente, así pues, agradezco a mis padres, y a mis ancestros, de esta tradición que ha evitado que mis manos se vieran manchadas por sangre semejante a la mía.

De mi infancia sólo voy a decir que fue la mejor que un niño pude tener, no voy a gastar tinta contando vivencias que antaño me parecieron la mayor hazaña realizada en toda Arador y ahora no son más que pequeños fragmentos que ayudan a conformar mis recuerdos.

De esta manera, y con permiso del lector, procedo a narrar los hechos que me sumergieron en este mundo de misterios y preguntas sin respuesta…

Todo comenzó la noche anterior a mi décimo sexto cumpleaños, día en el que ingresaría en la Real Orden del Lirio Negro. Estaba encaramada a la ventana intentando organizar mis pensamientos, cuando un batir de alas y el chillido de un águila me sacó de aquel trance en el que me encontraba, inmediatamente dirigí mis ojos hacia el lado este de la plaza de Seillë mis ojos hacia el lugar de donde había escuchado el sonido. Era un acto reflejo de curiosidad, a estas horas de la noche no era normal que un ave tan noble anduviera despierta…

_Avathael, es la hora_ anunció cálida la voz de mi madre tras la puerta de la habitación.

Descendí de la ventana, desafiando así al oscuro vacío que durante parte de la noche me había estado tentando. Comencé a recorrer mi dormitorio cogiendo las cosas que me iban a hacer falta. Conocía de sobra la ubicación de cada uno de los objetos. Mil veces había hecho y desecho la bolsa. Desde pequeña había deseado ser como mi madre, una Dama de la Orden del Lirio Negro, y al fin me encontraba en El Día con el que tanto había soñado, pero algo era distinto. No estaba sintiendo ninguna de las emociones que durante tantos años pensé que me indundarían al llegar este día. Tan insólito me parecía el hecho, tan insólito como…de repente una idea surgió en mi mente _Tan insólito como un águila en la noche_ Tal vez aquel ave supiera de mi destino, de ese futuro que me empezaba a abrumar, tal vez fuera una señal…

Salí de mis estancias y encaminé mis pasos hacia el salón principal del palacio, donde una delegación del Lirio Negro me esperaba para acompañarme hasta su Bastión. ¿Realmente quería pertenecer a esa Orden? Me había criado entre sus costumbres, conocía sus métodos, era algo “común” para mí, realmente ¿podría aprender algo de ellos que no supiera ya? Todos los Regentes habían servido a la reina… ¿costumbre u obligación? Dos cosas muy distintas. Llegué a las puertas de la gran sala.

_La doncella Avathael _ anunció el Consejero Mayor de la provincia.

Al fondo se encontraban mis padres y la pequeña comitiva que me acompañaría hasta la capital. Atravesé el inmenso salón y me reuní con ellos.

_Os presento a mi hija, Óre Avathael, la futura Regente de Oron _ dijo mi padre agarrándome por los hombros.

_Y futura dama del Lirio Negro_ añadió mi madre con orgullo.

Una elfa se adelantó al resto del grupo, debía ser la de más rango.

_Así que tu eres Avathael…_dijo con cierto tono despectivo_ Grandes expectativas esperamos de la hija de tan nobles miembros. ¿Ves esto?_y señaló su broche de plata con la insignia del Lirio Negro, la misma que mis padres llevaban _ Pocos son dignos de portarla, pues la reina no concede sus favores a cualquiera. ¿Eres tu digna de la reina?

_No_ respondí ante la desfachatez de aquella elfa.

Un gran silencio se hizo en la sala, evidentemente, esperaban que respondiera con un sí rotundo. Sabía que era una formalidad para sellar el pacto que me ataría de por vida a la reina.

_Quiero servir al rey Ílimo _ añadí.

Las caras de incredulidad se instalaron en todos aquellos que estaban en el gran salón. Mi padre hizo un gesto al Consejero, que rápidamente se acercó, le dijo algo al oído, y este, tras hacer una escueta reverencia, partió raudo. La gente comenzó a murmurar_ La hija se niega a seguir la tradición_ decían unos_ Qué hará el Regente_ preguntaban otros.

_ Rieberg Raudinion, caballero de la Orden de la Rosa_ anunció el Consejero.

El hombre avanzó con altiva elegancia hasta donde nos encontrábamos, y tras hacer una reverencia dijo:

_ ¿Qué puedo hacer por vos?, mi señor.

_Mi hija Aresthel, ha decidido ingresar en la ilustre Orden de la Rosa.

El caballero me miró y sonrió.

_Mañana mismo partiremos hacia Ost In Alasëa Esdë, para que inicie su formación

Y así fue como ingresé en la Orden de la Rosa, donde aprendí en el manejo de armas. Y en cuanto tuve la oportunidad, me incorporé al cuerpo de sanadores como ayudante, La mayoría de mis maestros fueron nobles elfos que poseían extraordinarios conocimientos, así que durante 12 años fui adquiriendo parte de su sabiduría, de tal manera que a la edad de 28 años era considerada, a pesar de ser una atani, uno de los mejores sanadores del reino, lo cual les llenaba de orgullo a pesar de pertenecer a Ordenes distintas.

Durante aquel periodo no volví a ver ningún águila, comencé a pensar que simplemente había sido una coincidencia, o una invención mía…

Una gran águila marrón me vigilaba desde el cielo, podía sentir su mirada clavándose en mí cuerpo…

_ ¡Avathael, despierta!_ dijo mi madre que corría las cortinas de mi habitación.

_ ¿Qué ocurre?_pregunté, mientras tapaba mis ojos con las manos para evitar aquel raudal de luz que entraba siguiera haciéndome daño.

_El rey Ilimo, viene hacia acá. Traen un herido muy grave.

_ ¿y? Esto es Oron, la ciudad de los sanadores_ respondí cubriéndome con la almohada.

_Toma_ mi madre me tendió una carta_ la acaba de traer un mensajero del rey, en unas horas llegará a la ciudad.

Me incorporé en la cama y desplegué la carta, en ella se decía que debía ser yo quien cuidara del herido.

El rey me dejó a cargo de un hombre, un numenóreano. Temí por su vida en las primeras dos semanas de su llegada a Oron, pero su gracias a su condición logró sobrevivir. El trato diario con aquel hombre hizo que comenzase a sentir cierto aprecio por él, se encontraba muy lejos de su tierra natal, solo, pero a pesar de eso seguía apreciando la vida. Pero poco tiempo después de la completa recuperación, el rey le reclamó en Ost In Alaseä Esde, Thelidor, pues así se llamaba, se despidió la misma tarde en que partía.

_Nos volveremos a ver, sanadora Avathael

Asentí con la cabeza, aquel hombre no sabía que yo era algo más que una sanadora, y que posiblemente, debido a mi posición, nunca más nos volveríamos a ver.

Pasaron tres largos años y llegué a la edad de 31. Fue entonces cuando sucedí a mis padres en el gobierno de Oron. Me convertí en Arestel Vanimeldë, onceaba Regente de Oron Oituillë. Aquella tarde mi madre me entregó el Avath, un áureo medallón con la imagen de un águila sobre un fondo de granates, la joya familiar que, al igual que la fina corona de oro, mostraba mi posición de Regente.

Al poco tiempo de acceder a mi nuevo cargo, recibí una misiva del rey que me citaba en la reunión anual que se celebraba en Opelë Anárore.

El viaje duró siete jornadas, y ya en la tarde del séptimo día vimos las torres de la antigua capital del reino, y revoloteando sobre ellas unas cuantas aves.

_Iverin_ pregunté al elfo que tenía junto a mi_ ¿que aves son esas que están sobrevolando la ciudad?

_Águilas, mi señora.

Entonces supe que en aquella ciudad ocurriría algo, para bien o para mal, que afectaría a mi vida. Y así fue como me reencontré con Thelidor, convertido en Gran Maestre de la Orden de la Rosa.

Desde aquel instante nuestros caminos se juntaron y sólo la muerte logrará separarnos.