
Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.
Edicion 3
Árador, Tierras de la Aurora
Finalizada · 19-03-2006
Kelusse

Raza: Humano
Otros nombres: Duin Atta
Armas o poderes: Experto en espadas, dagas y en el combate cuerpo a cuerpo.
Su máximo logro en el arte de las armas fue forjar con sus propias manos una espada llamada Swordwine, protegida con un conjuro élfico que provocaba la muerte ante cualquier herida produc
Vida: 10%
Descripcion
Con unos seis pies de altura, su estatura era superior a la media de la época en que vivía. De cabello castaño oscuro, destacaba por sus ojos verdes.
Aspecto más juvenil que su edad real, por tener un rostro imberbe y con un cuerpo bien formado, fruto de innumerables esfuerzos y batallas.
Historia
Nacidos en el seno de una familia humilde, los tres hermanos llamados Auresse, Kelusse y Venesse, todos varones, desde pequeños fueron educados en el amor al trabajo y al sacrificio. Su vida no había sido nada facil, pues sus padres habían sido asesinados por los esbirros de Melkor, una tarde en que los tres hermanos habían salido a pescar.
A su regreso a casa, encontraron los cadáveres despellejados de sus padres y las pocas pertenencias que tenían destrozadas. Todos los animales de su escasa granja habían desaparecido, quedando como restos únicamente algunas plumas desperdigadas por lo que había sido el gallinero.
El hermano mayor, Auresse, se había echado sobre la espalda, la responsabilidad de cuidar de sus hermanos y de sacarlos a los tres adelante.
Los tres hermanos no tenían más familia y se fueron a vivir al interior de un bosque, donde aprendieron, con las clases que da el hambre y la necesidad, el arte de la caza y de la pesca hasta convertirse en verdaderos especialistas en supervivencia.
Eran días oscuros y las incursiones de bandadas de orcos provocaban frecuentes encuentros violentos con los hermanos. El hermano mayor era quien se encargaba del comercio, cargaba con las piezas de caza y pesca que capturaban y se dirigía hacia el mercado de la población más cercana, donde podía permutar esos alimentos por otros elementos de primera necesidad, así como por armas que les facilitaban las cosas.
Se forjaron como hombres rudos, diestros en el manejo de las armas, de aspecto bello (herencia de su madre). Tenían una cabellera de color castaño oscuro y ojos verdes. Su faz era prácticamente imberbe y tenían un cuerpo bien formado y torneado. Eran altos, de aproximadamente 6 pies de alto.
De carácter marcadamente desconfiado, habían aprendido que solo podían confiar los unos en los otros y cualquier otra persona era un peligro en potencia.
Auresse era de un carácter serio, propio de alguien que ha perdido muy antes de tiempo su infancia para convertirse en un adulto, forzado por la necesidad, en un solo instante. Le gustaba pasear en solitario, cazar piezas grandes, el silencio, la rectitud, la disciplina, el orden y, por encima de todo, amaba a sus hermanos y siempre estaba presto a socorrerles y a prestarles su ayuda ante cualquier adversidad.
Kelusse también tenía un carácter serio, aunque era amante de las reuniones. No era muy amigo de las palabras, siempre prefería mantenerse en un discreto segundo plano escuchando a los demás antes que ser el centro de atención él mismo. Cuando necesitaba soledad, se dirigía al río donde se relajaba en las cristalinas y frías aguas. Era también disciplinado. Las piezas escurridizas eran sus preferidas, por lo que había desarrollado una gran habilidad en recorrer distancias sin ser detectado ni por el más avezado de los animales y en tender emboscadas. Sentía verdadera admiración por Auresse, a quien consideraba un padre desde la monstruosa desaparición de sus padres reales.
Venesse era el menor de los tres hermanos. Era de carácter risueño y risa contagiosa. En los atardeceres del bosque siempre se oía la hermosa y nítida risa de Venesse a grandes distancias y muchas veces era contestada con algarabía por las aves de bosque. Era un gran pescador, así pues la paciencia era su gran virtud. Tenía un espíritu conciliador y muchas veces mediaba cuando sus dos hermanos mayores tenían alguna disputa. Desde pequeño su hermano mayor le había comprado un pequeño instrumento de cuerda para que aprendiera el arte de la música y así no pensara tanto en sus malogrados padres, ya que al ser el más pequeño de los tres, era quien más echaba en falta la ausencia de la madre. Sus melodías se convirtieron, con el tiempo, en verdaderas obras de arte.
Cuando sus cuerpos habían alcanzado su plenitud, los tres hermanos se vieron envueltos en una batalla dentro de los límites del bosque donde vivían con una banda de orcos que les superaba con mucho en número, pero ellos conocían muy bien el terreno y eran guerreros fieros y hábiles. No quedó ni un solo orco con vida que pudiera contar la gran derrota que sufrieron en manos de aquellos tres jóvenes.
Auresse dijo, con aire circunspecto, que debían abandonar el bosque, puesto que cuando los jefes al mando de esa banda mandarían refuerzos a buscarlos y si venían en un número muy grande sus vidas corrían peligro. Fue así como los tres hermanos recogieron sus armas, las pocas pertenencias que tenían y se pusieron en marcha, en busca de un hogar donde establecerse.
Participaron en innumerables batallas, alistados con cualquier ejército que luchara contra quienes habían asesinado a su familia y rápidamente se corrió la voz de la existencia de tres fieros hermanos, incansables, indómitos, feroces y, a la vez, hermosos que, jugándose la vida, aniquilaban a cuanto orco se pusiera en su camino.
Se pusieron bajo las órdenes de grandes señores como Círdan, quien les tomó en gran aprecio y les instruyó personalmente. Enormes fueron los conocimientos que adquirieron del poderoso señor elfo. Auresse adquirió mayores dotes de mando y astucia en el mando; Kelusse desarrolló mayor destreza que cualquiera de los tres, espada en mano, y aprendió a pensar por si mismo, y no solo limitarse a obedecer órdenes; y, finalmente, Venesse, aprendió más de su faceta artística, siendo el más querido por todas las doncellas de doquier que fueran.
Cuando todo parecía haberse aposentado, ocurrió la desgracia y Venesse murió. Fue en un paso de las Montañas Nubladas, el clima desaconsejaba que se intentara cruzarlo, pero la necesidad les acuciaba y tenían que sortearlo puesto que las perspectivas eran que el tiempo fuera a peor. Un alud arrastró a Venesse, montaña abajo. Fue arrancado de las manos de Auresse por la tremenda fuerza de la nieve. Su cuerpo jamás fue hallado. Sus hermanos su sumieron en una tremenda desesperación y perdieron mucho tiempo buscándolo, mas todo fue en vano.
Los dos hermanos supervivientes se unieron todavía más, tras la desgracia, pero su carácter tornó más huraño aún. Viajaban en solitario, no por el número ya que iban con otras personas, si no por el hecho de que no hablaban con nadie y por las tardes se sentaban alrededor de la hoguera y recordaban la alegre risa del desaparecido Venesse con lágrimas en los ojos.
De esta guisa llegaron a la costa y en la ciudad portuaria se embarcaron hacia la lejana costa del este. En la ciudad portuaria no perdieron la ocasión de visitar el templo dedicado a Kosomot, Vala protector de los puertos, para pedirle protección en la travesía y rezar para que interviniera ante el todopoderoso Mandos para que éste cuidara del desdichado Venesse.
La travesía transcurrió tranquila y llegaron a la costa sin apenas incidentes. Lo más remarcable había sido algún pequeño mareo, motivado por el vaivén del barco, que se había solucionado dando de comer a los peces con unas tremendas arcadas desde la cubierta.
La tierra a la que llegaron era un edén. Unos paisajes maravillosos en la costa occidental de las nuevas tierras. Allí decidieron quedarse para fundar una casa e intentar formar sus propias familias. Cada atardecer miraban al horizonte, hacia el oeste, y rezaban por el fea de Venesse (es la palabra que usaban para referirse al concepto de alma):
Meletya Valar, varya Venesseo fea
“Poderosos Valar, proteged el alma de Venesse.”
Con el tiempo se aventuraron a viajar por el territorio al que habían llegado, para conocerlo mejor y relacionarse con sus gentes, conocer sus formas de gobierno, su cultura, sus lenguas. Así fue como conocieron al maia (Pallando) y a (Jarvis y Nar).
La relación entre los dos hermanos y los recién conocidos fue fructífera desde el primer instante, puesto que los Señores de Esteldor vieron en ellos a unos leales soldados a los que sumar en el proyecto de construcción de un poderoso clan.
Después de numerosas batallas fueron nombrados Duin, Auresse fue el Duin Mine, primer caballero de Esteldor, el dirigente militar de más alto rango en el clan, bajo las órdenes exclusivamente del Nainir Dagor (Señor de la guerra). Para Kelusse el cargo fue de Duin Atta.
En una excursión para alejar forajidos de Esteldor, Kelusse encontró a (Alurien), que había sido atacada por una horda de orcos. Después de luchar con los orcos, la invitó a seguirles hasta su casa donde podría ser curada de sus heridas, descansar y comer hasta la saciedad. Kelusse estaba francamente admirado por el valor demostrado por (Alurien) en la batalla y ardía en deseos de hablar con ella para intercambiar experiencias.
Unos años después estalló una guerra civil en Esteldor, puesto que el Duin Mine levantó en armas a sus soldados para intentar hacerse con el poder y convertirse en el Señor de Esteldor. Kelusse fue a visitar a su hermano para hacerle desistir de tal intención, mas no le reconoció, puesto que la locura de tantas desgracias había hecho mella en su cerebro y ya no era él. La pérdida prematura y violenta de los padres, la asunción de un rol que no le correspondía por edad, la pérdida traumática, arrancado de sus propias manos, de su querido hermano pequeño Venesse eran factores que habían enloquecido a Auresse y le contestó a su hermano:
- Ha llegado mi momento. Honraré la memoria de nuestros familiares siendo el regente de este pueblo y construyendo ciudades y templos en su memoria. ¡Únete a mí!
- Nuestros familiares no desearían que “honraras” su memoria de esta manera, provocando sufrimiento a otras familias y trayendo la muerte a estas tierras de paz.
- ¡Sea pues!
Algunos nainiri se unieron a la revuelta, apoyando al Duin rebelde y la guerra civil estalló con toda su furia.
Los nainiri, excepto los traidores, encomendaron en los tres duin restantes, que se sofocara la revuelta y que los traidores fueran inmediatamente detenidos y puestos a disposición del Nainir Téra (Señora de la Justicia).
La batalla fue encarnizada. Ambos bandos se fajaban con extrema violencia y los dos hermanos tuvieron que medirse en el campo de batalla frente a frente.
Los nainiri luchaban entre ellos, a veces dialécticamente, en otras ocasiones físicamente y las intrigas palaciegas se sucedían. Ello provocó que un nainir rebelde, de los que apoyaba al Duin Mine, le retirara su apoyo y pasara al bando de los “leales”.
La guerra se prolongó durante un año, tras el cual Kelusse venció en la batalla de Nandele Dagor, y el Duin Mine, el Rebelde, fue apresado por su hermano y puesto a disposición de la Señora de la Justicia, tras lo cual fue desterrado de Esteldor con la prohibición de regresar, bajo pena de muerte.