La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Amarthdûr

Raza: Elfa

Otros nombres: Umbarwen (doncella del destino).

Armas o poderes:

Vida: 100%

Descripcion

Elfa de esbelta figura,cabello negro como la misma noche,ojos verdes,de caracter afable.

Historia

Desde corta edad, Amarthdûr, había sido adiestrada a empuñar las armas, poseía un instinto nato para el manejo de la espada.

Aún no era considerada mujer cuando participó en su primer enfrentamiento. Su ciudad era saqueada a menudo, corrían tiempos difíciles. Algunos decidieron poner fin aquella situación, enfrentándose aquellos indeseables. Ella fue reclutada debido a su destreza. Fue la primera vez que vio morir a alguien, fue la primera vez que su mano segó la vida de otro ser, pero lejos de sentirse culpable, sintió la mayor de las satisfacciones. Y así fue como comenzó un camino de muerte, dejando un río de sangre tras sus pies al mando de una compañía y a las ordenes del rey de aquellas tierras.

No había duda, era la mejor guerrera que poseía aquella tierra.

Era una elfa de esbelta figura, su larga melena cubría casi toda su espalda, y sólo sus ojos verdes ocultaban la destrucción de la que había sido testigo.

Cuando la guerra cesaba, vivía en la ciudad de Remelbëlh con su familia, su madre, su padre, su hermana y sus dos hermanos.

Su padre le mandó forjar una espada con sus iniciales, pero ella nunca la utilizo para luchar, siempre la guardo como su gran tesoro.

Pese a su belleza nunca se interesó por pretendiente alguno, andaba siempre sola de aquí para allá. Le gustaba pasear por las angostas calles de la ciudad, observar a sus gentes en su trabajo diario, mirar a los niños jugar.

A su hermana la pretendía un elfo que había llegado meses atrás, y las malas lenguas decían que ella estaba celosa de no haber sido esta vez la elegida.

Una noche, tras un largo paseo regresó a casa; era noche cerrada, y entre los arbustos del jardín pudo vislumbrar la figura de alguien que se ocultaba bajo una capa y escondía su rostro bajo la capucha. Desenvainó su espada y se apresuró a reducir aquel nuevo saqueador. Se enfrasco en una contienda con aquel forajido, una disputa que se saldo con la muerte de aquel intruso. Recupero el aliento, se acercó para descubrir su rostro y...se le heló el alma, un escalofrío le recorrió el cuerpo, y el terror se apoderó de su alma. Era el pretendiente de su hermana, que tras hablar con sus padres días antes se había convertido en el prometido y futuro esposo de la misma.

No supo que hacer, cómo explicar lo sucedido, sabia que había ido a ver a su prometida, y también sabía que nadie creería lo ocurrido, todos pensarían que sus celos habían llegado mas allá, cosa incierta, pero quien habría de creerla. Y lo peor de todo….su hermana jamás se lo perdonaría.

Sin saber que hacer, fue a su habitación, cogió lo poco que le cupo en aquel fardo, tomó la espada que años antes le regaló su padre, y sin volver la vista atrás partió a un viaje sin retorno a un destino incierto.

Vagó durante años por tierras varias, algunas de ellas suntuosas ciudades donde se levantaban lujosos castillos mientras el pueblo se moría de hambre. Luchó en cualquier ejército, fuera cual fuera su ideología, sólo a cambio de unas monedas para subsistir. Nunca facilitó su nombre, pero sus hazañas era conocidas, por lo que la empezaron a llamar Umbarwen (doncella del destino). Perdió toda la fé que un día tuvo en los reyes, ya que vio que estos sólo se preocupaban de poner sus fortunas a buen recaudo mientras mataban de hambre al pueblo con los impuestos.

Acababa de cumplir los 29 años, y había perdido la esperanza de pertenecer a ninguna ciudad.

Una tarde, en el crepúsculo vespertino, se detuvo a descansar y beber en las aguas de un caudaloso río, y avistó lo que parecía un pueblo pesquero y se dirigió allí para pasar la noche.

Fue así como descubrió Eirë esteldor, y lo que sería su hogar de entonces en adelante.