Ficha de personaje
Lyshiön Morkarendîl
Jugador: necknor

- Personaje
- Lyshiön Morkarendîl
- Clan
- Heren Fanyarëa
- Raza
- Alto Elfo Noldorin
- Otros nombres
- Despertar Oscuro, Asesino Etéreo, Luz Sanguinolenta.
- Ingreso en el Clan
- 19-03-2006
- Armas y/o poderes
- Su principal arma es Morisil, la Espada Oscura. Forjada en tiempos lejanos por las hábiles manos de los herreros Noldorin, en su forja cada hebra de metal se entretejió con una hebra de la No-luz de Ungoliant. El resultado fue una espada capaz de tra
Descripción del personaje
Es un Elfo muy alto de estatura. Unos ojos casi albinos, de un color blanco lechoso, dominan su faz de una manera extraña, destacando sobre todos sus demás rasgos. El cabello largo y liso le llega hasta los hombros, y es de color negro azabache, con ligeras vetas rojas repartidas por toda su extensión. Unas manos pálidas y largas asoman por debajo de una larga capa negra, con runas inscritas en la capucha. Su rostro es anguloso, dotado de la belleza sempiterna de los Elfos, y reforzado por la belleza oscura de la sangre vampírica.
Historia del personaje
Lyshiön Morkarendîl. Era lo único que destacaba en la nebulosa que poblaba todos los rincones de la mente del Noldo. A su mente acudían destellos de imágenes casi olvidadas, tan lejanas a él que parecían provenir de una vida anterior. Esas imágenes hablaban en el lenguaje de la violencia, y la sangre teñía de locura la mente y el corazón de Lyshiön. Sin embargo, un acto oscuro, de naturaleza más brutal que los demás, destacaba en la demencia. Todo ocurrió un día aciago de Yulë. El viento soplaba con fuerza, meciendo las copas de los árboles en Tirion. Lyshiön, cabalgando a lomos de la magia, avanzaba con rapidez hacia las Pélori. Se acercó poco a poco al oscuro paso del Calacirya, y las joyas de su familia, los Noldor, relucieron en la desierta playa, brillando con destellos argénteos. Avanzando junto a la costa, observó las bellas edificaciones de los Teleri, los Adoradores de Uinen, Señora de la Costa. Grandes y bellísimas conchas iluminaban el sinuoso camino hacia la población más cercana de aquellos extraños elfos, tan cercanos por la línea de sangre y a la vez tan lejanos en sus costumbres. Llegó junto al bosque montando una bestia espectral, y se sumergió de lleno en las tornasoladas sombras que proyectaban los abedules plateados y los somnolientos abetos. Se adentró en aquel maravilloso bosque más y más, y el Poder de los Valar lo impregnó por completo. No importaba el tiempo, solo importaba admirar la belleza inexplorada de aquellos bosques vírgenes, donde tantas criaturas asomaron a la luz de Anar. Entonces un pequeño y negro nubarrón avanzó por el cielo, y tapó por completo el sol, produciendo una oscuridad casi mágica. Un rumor y un viento helado sembraron el temor en el corazón del Noldorin. Entonces, una sombra más consistente que las demás se acercó a él. Un destello de ojos rojos y algo afilado hundiéndose en su yugular fueron los únicos recuerdos que guardó de aquella extraña experiencia. Dejó la tierra de los Valar. Una mano pálida empuñando una poderosa espada de negro renombre, gloria acompañando a las huestes de Fëanor hacia el Helcaraxë, el Hielo Crujiente, allí donde tantos de los suyos habrían de caer. Pero no fue la búsqueda de la gloria lo que lo llevó lejos de la Tierra Bienaventurada. Fue el deseo de algo mayor, algo por lo que sacrificar la vida. La dominación. La obtención del placer a través del dolor. Todo ello llevó a Lyshiön hacia las Tierras de Afuera. Al fin, tras largas travesías y monótonos días helados, Mandos, Juez de los Valar, pronunció su maldición, y el único corazón que no se amedrentó fue el de Lyshiön, pues al margen de la Profecía del Norte el Noldo intuía que algo menos ominoso que la Muerte le deparaba su incierto futuro. Sin embargo, algo negro poblaba los rincones inexplorados de su mente. La visión de algún tipo de violencia lo hacia enloquecer hasta tal extremo de que perdía toda noción de quién era, y su subconsciente solo emitía una sangrienta orden: matar. Cuando despertaba de estos trances nunca recordaba nada, y lo único que le hacía recordar de alguna manera lo que había pasado eran las manchas rojas que poblaban su túnica y la hoja de su espada. Con el paso del tiempo y un poderoso autocontrol consiguió canalizar la furia asesina de estos ataques hacia el manejo de la espada, que blandía de un modo demoníaco. Esta espada tenía una negra historia, y la llamaban Morisil, pues estaba hecha con finas hebras de No-luz de Ungoliant, que cubren la espada por completo, y es capaz de absorber todo tipo de luz y gran parte de la energía mágica. --> Continuará en breve <---
Firma
Vosotras insignificantes criaturas estais dispuestas a sangrar por vuestra tierra, yo estoy dispuesto a derramar vuestras sangre en ella.
