
Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.
Edicion 3
Árador, Tierras de la Aurora
Finalizada · 19-03-2006
Valandil Súleglîn

Raza: Maia
Otros nombres:
Armas o poderes: Su arma es Aman, la bendecida por Varda...una espada elaborada por sus propias manos y portadora de la propia luz de las tierras de Aman...una espada que es regalo del amor de la criatura más preciosa de Arda...su prometida Annamel...su bella flor do
Vida: 100%
Descripcion
PODERES:Maia de Lórien y Ulmo. Sus poderes están ligados a sus emociones, nunca los ha dominado por completo ni conoce su verdadero potencial ni el alcance de su magia.
Sus ojos reflejaban el dolor causado en una época remota de su larga pero efímera vida. Aquellos ojos de tonalidad parda ocultaban décadas de conocimiento, décadas de emociones, años de disputas y reconciliaciones. De sus ojos emanaba un enigmático pasado que se remontaba a antiguas edades, aquellas de las que muchos han olvidado o nunca tuvieron la suerte de haber oído tan solo su mención. Sus ojos eran bellos espejos que reflejaban continuamente el alma que habitaba en él, irradiaban todo cuanto abarcaban con su esencia. No obstante eran ojos avizores pues siempre estaban en alerta ante cualquier peligro o amanzana que estuviese aguardando el momento oportuno para aflorar en un momento de descuido o debilidad. En cambio mostraban un vivo espíritu deseoso de poder vivir nuevas aventuras y conocer nueva gente, atraído por el misterio y lo oculto, por la oscuridad y el peligro…pero su alma no pertenecía al mundo de las tinieblas sino al de las luces errantes en el eterno camino del bien. El color pardo de sus ojos cambiaba sus tonalidades dependiendo de las situaciones…incluso alguna vez llamas de color dulce como la miel se podían apreciar claramente ardiendo en torno a sus pupilas.
Sus cabellos son largos y oscuros con grandes rizos voluminosos y un brillo espectacular, la luz se refleja en ellos a través de deslumbrantes destellos. Durante la noche la luz lunar se refleja en ellos y algunos de las hebras que componen su cabello parecen tornarse de una plata viva y fría. Generalmente suele llevarlos recogidos pues lleva una capa cuya capucha siempre está echada sobre su cabeza tapando así su rostro y su mirada.
Es alto y de constitución no muy delgada pero tampoco muy redonda, es decir, su cuerpo goza de una buena tripa pero también así está en forma ante cualquier adversidad en el camino con lo cual no le dificulta las tareas de carácter físico. En su pecho a la altura del corazón posee una cicatriz que abarca la mitad de su torso, ésta proviene de la antigua herida sufrida cuando Morgoth lo apuñaló. Más abajo a la altura del ombligo pero situado en el costado izquierdo posee una segunda cicatriz la cual se creó por una herida de flecha en su última batalla.
Bajo la nariz y encima del labio superior de la boca tiene otra cicatriz de un tamaño muy pequeño que Aikánaro le hizo sin querer con una daga en un entrenamiento.
Viste con ropas negras como las profundidades abisales y en algunas ocasiones con algunas azules que recuerdan al azul de los océanos.
Historia
Todo cuanto recordaba era que había sido herido mortalmente cuando un grupo de elfos viajaban a través de los bosques de la Tierra Media hacia los mares del oeste para partir a Valinor. Melkor envió una horda de criaturas malignas a que matasen a ese pueblo de los Eldar. Súleglîn se interpuso en sus planes e hizo que todos los elfos huyesen sanos y salvos. El mismísimo señor del mal fue en su busca y lo hirió mortalmente, sin embargo dio por hecho que ya había muerto y regresó a su guarida. Un grupo rezagado de los elfos a los que salvó lo recogieron y lo llevaron consigo hasta Valinor. Durante las frías noches le cantaron innumerables y preciosas melodías que apaciguaban el dolor de su herida. Sin embargo los días de Súleglîn estaban contados si no recibía ayuda de los poderes mayores. Oromë regresó y encontró al grupo de Eldar y los guió hasta las tierras de Amán. Al enterarse de lo sucedido tomó a Súleglîn y lo llevó consigo hasta la tierra de los Valar y Valier. Una vez allí Yavanna se apiadó del espíritu del joven maia y lo hizo caer en un profundo sueño del que no despertaría hasta que encontrase el modo de salvarlo del daño que le causó Morgoth. Poco o nada de momento se podía hacer por él.
Tras el largo tiempo pasado en el sueño y tras haber recibido los cuidados de los elfos de Aman, las heridas cicatrizaron y Yavanna hizo que Súleglîn retornara de nuevo.
Al despertar se sintió desorientado, asustado y con el dolor de una herida que nunca cicatrizó.
El espíritu del maia quedó asombrado ante tanta belleza en Valinor y quedó enamorado de sus encantos. Al poco tiempo adoptó la forma de un elfo de alta estatura y cabellos oscuros, largos y ondulados como la superficie de la tierra que se oculta bajo el mar. Su integración entre los pueblos de los Eldar fue difícil. Permaneció junta a Lórien de quién aprendió y concibió grandes dones y a quién siempre alabaría, más tarde aprendió en poco tiempo el arte de la curación gracias a la ayuda de Yavanna. Pasado un tiempo su espíritu siento la llamada del mar y sintió la necesidad de partir hacia las costas y cantar a los océanos.
Tomó la costumbre de salir al mar a nadar y extraviarse en el durante días. Le gustaba buscar conchas y caracolas y llevarlas a la cueva y allí observarlas y contemplar su belleza. Pero un día un amargo recuerdo retornó…Morgoth aquel que lo había herido y le había hecho privarse de disfrutar durante años de las costas y mares y de la convivencia con los adorables Eldar…decidió entonces que entrenaría hasta ser un gran guerrero. Así sin más cantó a Uinen una canción pidiéndola su consejo. Y ésta lo envió a aprender con un elfo muy querido para ella al cual le encomendó que instruyese al maia en el arte de la guerra y en todo cuanto el supiera. En cambio a Valandil le pidió que lo acompañase en su viaje pues sus destinos estaban unidos y deberían caminar la misma senda con la fuerza, la unión, la confianza y el amor de los hermanos. Uinen pidió a Súleglîn que prestara siempre su ayuda y no rehusara a usar sus poderes pues los tenía por algo y en muchas ocasiones les serían útiles, sin embargo le advirtió de que tuviese cuidado con ellos pues estaban ligados a sus emociones y esa era la causa por la cual nunca los controlaría pues el era como un caballo salvaje indomable en lo que respectaba a sus emociones…era un impulso poco reflexivo y rápido como los pies de Tulkas.
El joven elfo (desde que regresó ocultó sus poderes y nunca lo reveló hasta más adelante, por eso desde entonces se le consideró un elfo más) fue instruido en el manejo de unas armas peculiares elegidas por él…cuatro hoces engarzadas a largas cadenas de mithril extensible y que se recogían dentro del mango volviendo a la posición normal…un arma de combate frente a frente y a larga distancia. También acabó manejando con destreza las lanzas, dagas y el arco.
La guerra había llegado…Esta era la hora en que demostraría su valor y en la que de nuevo recobraría la fe en él. Tenía que luchar y colaborar con que pocos cayesen derrotados junto a él, perdería su vida si con eso salvara las de otros. Pero Súleglîn aun no estaba listo para usar sus poderes pues tenía miedo de usarlos y que el enemigo mediante las malas artes y la manipulación tomase el control de su débil mente y los usará en contra de lo que el luchaba por defender. Súleglîn y habían partido a la que sería la primera batalla real del maia. La guerra de la cólera la llamaron. Una vez allí Súleglîn venció sus miedos y contempló que si valía para pelear y defender a los suyos. Pero en ningún momento hizo gala de sus dones hasta cuando Tîwele y él fueron cercados por un grupo de treinta orcos junto a un río…Súleglîn alzó las manos y murmuró:
”Aguas que brotáis en lo mas interno de mi ser, aguas que fluís de aquí hasta allí…galopad junto a mí y destruid al enemigo que esta justo enfrente de mí”
Un terrible rugido proveniente de las aguas del río hizo estremecerse a los orcos y segundos después una masa de agua salió del río y destruyó a toda criatura maligna que estuviese a la vista del maia. El agua adoptó forma de saetas enormes que impactaron contra el enemigo. Fue entonces cuando Aikanáro comprendió parte de lo que durante mucho tiempo se pregunto y de nuevo se volvió a saber de su poder y junto con él grandes proezas hicieron.
La guerra había finalizado y pasado un breve periodo de tiempo un aura de misterio envolvía todo cuanto a su pasado concernía y una casi infranqueable barrera separaba sus emociones más profundas y sentimientos más remotos del mundo en el que habita. Tras aquel telón, que le aísla de un mundo de dolor, se llevan acabo los verdaderos episodios que en conjunto forman la verdadera obra teatral, que no es más que su vida. Dicho aura de enigma atrae a la gente pero igual que los atrae los acaba haciendo marchar de su vida, al permanecer inaccesible su amistad o cualquier otro tipo de relación con él.
Su corazón sentía que algo nuevo y fuerte se acercaba a su vida, algo que lo retendría y cambiaría su destino. Recurrió a los sueños y al don de la visión pero no veía mas que miles y miles de millas de campo que se extendía limpio y puro en medio de la nada y entre todo el surgimiento del nacimiento de una bella flor…¿Qué significaba aquel sueño?...Pronto lo sabría.
Bajo un manto de misterio y desconfianza en todo ser que lo rodeaba partió junto con Aikanáro Tîwele en busca de respuestas y sobre todo encontrar la respuesta a dos preguntas: ¿Se puede confiar en alguien?¿Realmente existe la amistad?.
Pero por el camino algo fuerte y atractivo le arrastró junto con Akanáro Tîwele a las profundidades de un gran bosque que se alzaba y producía extrañas sensaciones al maia...allí algo ocurriría algo tan sorprendente que su vida daría un cambio drástico y alteraría más su estado emocional.