La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Yárfaila Veryawen

Raza: Maia de fuego

Otros nombres: La Dama de Fuego, Sangre Noble, Dama Valiente, Ardiente Señora.

Armas o poderes: Espada larga y muy antigua (Indonar, Corazón de Fuego), arco grande con cuchillas a lo largo de cada uno de los dos senos, dagas y cadenas.
Maneja todos los poderes que tienen que ver con el fuego, que controla a placer.

Vida: 90%

Descripcion

Yárfaila parece salida del fuego. De cabello cobrizo, aunque no resalta demasiado, ya que toda ella es pura armonía. Sus ojos son negros y penetrantes, con un extraño brillo que da la impresión de que siempre conoce algo que tú no sabes. Su piel es cálida, de un color entre dorado y cobre, labios carnosos que siempre lleva de un rojo nacarado.

Es alta y atlética, no excesivamente musculada pero si estás frente a ella nunca desearías cruzarte con su espada o sus cadenas, ya que posee una gran fuerza fruto de las numerosas batallas que tuvo que librar. Es increíblemente seductora.

Inteligente, irónica, orgullosa y algo arrogante, asegura que no necesita a nadie, aunque en el fondo sabe que no podría vivir sin el calor de la gente en una buena posada. Es una mujer valiente, quizás demasiado temeraria; muy fiel y bondadosa, que no soporta los abusos por parte de aquellos que se creen superiores. De alma algo bohemia, antepone el placer del cuerpo y la mente a la moral recatada de la época. No te fíes de ella, sólo amó una vez, y asegura que jamás lo volverá a hacer. Si te cruzas en su camino y la provocas, jugará contigo; si la retas a luchar, te matará.

Suele vestir con ropa cómoda para la batalla, de cuero marrón y ceñida, con amplios escotes y cintas alrededor de los brazos y los muslos. Acostumbra a apartarse el pelo de la cara atándose una cinta trenzada alrededor de la frente.

Historia

"...Valinor...cuando la Oscuridad no hizo mella aún..."

Una hermosa joven maia, discípula de Aüle y Tulkas el Astaldo, corre entre los árboles, jugueteando con su fénix. Un movimiento de su mano: las hojas de un árbol arden ofreciendo una enigmática visión. Otro movimiento: la copa del árbol vuelve a su verde original.

Es la hora del crepúsculo, y ambos suben un punto alto de la orilla del Gran Mar. El gran fénix echa a volar dirección a la gran Lámpara guiada por Arien en una barca tallada por uno de sus maestros. <<Algún día seré tan grande como Arien, y los Valar me darán su completa confianza...>>, pensó Yárfaila; su fénix comenzó a rodear entonces al Sol con rápidos movimientos, hasta convertirse en una masa de fuego.

Cayó la noche. Pero para Veryawen la luna era de un color rojizo.

En los jardines de Ardä un banquete estaba a punto de comenzar...y Yárfaila era la anfitriona...