
Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.
Edicion 3
Árador, Tierras de la Aurora
Finalizada · 19-03-2006
Darlak Lórindol

Raza: semielfo
Otros nombres: Darlagil, "de cabellos de oro" <br>Lórindol, "cabeza de oro" <br>Ohtarhyando, "el guerrero de la espada"
Armas o poderes: Porta un arco y una espada, Envinyanta, la renovada, espada que antaño recibiera el nombre de Gurthang, el Hierro de Muerte y que fuera llevada por Bereg y Turin.
Vida: 100%
Descripcion
De 1,80 cm de estatura y complexión fuerte tiene un severo rostro, algo pálido, ojos claros y una melena rubia que le llega a la altura de los hombros, sujeta por una cinta a la altura de la frente. En su cabeza reluce el Yelmo-Dragón de Hador Lórindol, su antepasado.
Normalmente su carácter es tranquilo y algo reservado. A veces y dependiendo de si se siente a gusto, puede sorprender con una repentina sonrisa y con un cambio de actitud más extrovertido. Su interior esconde un ser atormentado, un guerrero decidido e implacable, un volcán en estado latente, un alma que tiene mucho que ocultar y olvidar.
Mediante un edicto del consejo de caballeros que gobierna Lempë Ohtari es el Senescal del reino (senescal ohtari).
Historia
El día que murió mi madre deseé que la muerte me llevara con ella. Pero tras rechazarme decidí que la venganza por la cruel vida que ella había vivido sería el motor de mi vida. En ese momento odié al mundo, detesté a todo ser viviente que existiera en la faz de Arda. Llegué a maldecir a Eru, el creador, el que con su dulce melodía había creado todo. Lo reconozco, en ese momento enloquecí.
Me hago llamar Darlak pero mi verdadero nombre es Darlagil. Lórindol es herencia de mi ascendencía humana ya que mi madre fue Godween de los edain de la Casa de Hador Lórindol. Nací en la desembocadura del Sirion, en beleriand. Mi padre fue Eluréd, hijo de Dior y Nimloth y hermano de Elwing, a su vez madre de Elrond y Elros. No conocí a mi padre pero si a mi madre, a la que quise mucho.
~La desventurada vida de Godween, mi madre~
La desgracia ya enturbiaba a mi madre antes de nacer, la desventura ya la iluminaba aciagamente antes de que ella viniera al mundo. Su padre fue Haradir, el único hijo que el malogrado Gundor, a su vez, el hijo menor de Hador Lórindol, tuvo antes de morir junto a su padre en Eithel Sirion en la Dador Bragollach. En la invasión de Dor-Lómin por parte de los orientales, éstos violaron y mataron a su mujer, pero pudo rescatar a la hija recién nacida de ambos, Godween y le pidió a Morwen que la cuidara mientras él tenía que hacer trabajos de esclavos para los orientales.
Tiempo después, junto con otros sobrevivientes de la Casa de Hador, huyeron de Dor-lómin y la esclavitud. Morwen y la hija de ella viajaron hasta los recintos de Thingol. Los demás se refugiaron con los hombres de Brethil. Aunque triste por el recuerdo de su mujer, agradeció que su hija estuviera con él. Allí creció Godween junto a Haradir, su padre hasta que las tropas de Morgoth invadieron los bosques de Brethil y mataron a su padre. Poco después, el destino le hizo cruzarse con Eluréd, hijo de Dior Eluchíl, en los bosques de Brethil. Junto a su hermano, habían sido abandonados por los sirvientes de Celegorm después del ataque de los hijos de Feanor al Reino Escondido. Sus padres habían sido asesinados y de su hermana no sabían nada. Los hombres de Brethil les dieron cobijo y alimento.
En Brethil se enamoró de Eluréd y durante un tiempo fueron felices disfrutando de su amor. Sin embargo, la congoja de Eluréd y Elurín por la suerte de su hermana Elwing les seguía oprimiendo el corazón y decidieron ir a buscarla. Eluréd partió sin decir nada a su amada Godween un día antes de que los rayos del sol hubieran intentado colorear el negro firmamento. La desgracia cayó sobre los bosques de Brethil y una horda de orcos atacó el bosque pocos días después. Godween consiguió huir y decidió buscar a su amado. Los rumores hablaban que los refugiados de las tierras de beleriand se hallaban en las bocas del Sirion. Hasta allí llegó Godween y habló con Elwing, la cual no tenía noticias de sus hermanos a los que creía muertos desde hacia bastante tiempo. Ninguna de las dos supieron la suerte de Eluréd y su hermano. Elwing cobijo a la mujer y entonces ella le confesó la más esperanzadora de las noticias: esperaba un hijo de Eluréd.
Godween vivió con Elwing y Earendil en las bocas del Sirion y alli tuvo su hijo. Sus cabellos eran dorados y Godween le bautizó como Darlagil, que en el idioma de los hombres significaba “de cabellos dorados”. Elwing le dio el nombre de Lórindol “cabeza de oro”, nombre que ya había llevado el antepasado de Godween, Hador Lórindol. Ese niño era yo. Sin embargo, la desgracia perseguía a los sobrevivientes de beleriand y entonces ocurrió el ataque de los hijos de Feanor. Por segunda vez, Godween consiguió huir de la destrucción llevándome a mi recién nacido. Cruzamos Taur-im-Dulnath y viajamos hasta este. El destino hizo que nos cruzáramos con un pueblo de orientales y fuimos capturados. Después de la desgracia de Beleriand, tanto yo como mi madre, que era esclava de los orientales, fuimos llevados más allá de Ered Ruin. El viaje fue largo y penoso y finalmente alcanzamos la tierra de Rhovanion, donde nos establecimos.
~Las reliquias, la profanación de una tumba~
Gradda, el rey del pueblo oriental quería hacer su esposa a Godween pero mi madre aún seguía amando a Eluréd, aunque ya había perdido la esperanza de volverlo a ver. Aunque yo era pequeño, aún recuerdo como Gradda hizo a Godween su mujer por la fuerza. Mi madre vivió un calvario ultrajada y, al mismo tiempo, dolida viendo como yo era esclavizado aún siendo un niño. Los años se hicieron interminables para mi madre mientras que yo crecía lleno de odio y rabia hacia el pueblo que nos tenía esclavizados. Cuando mi madre murió años después, maldije a Gradda por la mala vida que le había dado.
A pesar de mi juventud, el deseo de venganza empezó a crecer, extendiéndose a mi alrededor como una armadura, un arma dirigida hacia mis opresores. Debido a los problemas que estaba ocasionando, Gradda decidió venderme a otro pueblo de orientales. Recuerdo ese día como si fuese ayer.
- Gradda, aquí te traigo la reliquia exigida por el esclavo. Aunque dudo de que yo salga ganando- Los dedos del jefe del otro pueblo acariciaron suavemente la hoja rota de una espada.
- Quiero el yelmo también – dijo Gradda señalando el fabuloso casco que el otro jefe llevaba puesto en la cabeza.
Esto provocó una discusión entre ambos dirigentes. El otro jefe se negaba a darle tan preciado objeto. De repente, Gradda que había estado aprendiendo magia junto a un hechicero del bosque de Rhovanion, lanzó una ráfaga de un viento extraño al otro jefe, el cual cayó fulminado. Mientras los integrantes de ambos pueblos mantenían una lucha entre ellos, Gradda huyó con la espada rota y el yelmo que había traído el jefe del otro pueblo. Me vi entonces rodeado de la carnicería mientras los ecos de la batalla penetrban en mi conciencia y los gritos de dolor y furia llenaban el aire. Decidí seguir a Gradda no si antes de coger la espada de un hombre que cayó cerca de mí. Lo encontré poco más allá disfrutando de las reliquias conseguidas.
Cuando Gradda se dio cuenta de mi presencia, desvió su mirada hacia atrás. Me miró asombrado y sus ojos se posaron rápidamente en la espada que estaba levantando en ese momento dirigida hacía él. Hizo ademán de volverse para impedir el golpe pero un arma de cruel filo aserrado surcó un arco descendente, guiada por mi mano e impulsada por puro odio. El acero rasgó los ojos de Gradda. Un chorro de sangre surgió de la cara de él, salpicándolo todo. Aulló y cayó hacia atrás con las manos sobre el rostro. Mientras Gradda caía al suelo removiéndose de dolor, me puse de pie.
- Estás de suerte. Te mataré. No vivirás con el dolor de tu ceguera- Acto seguido hinqué la espada en su pecho. Entretanto, un grupo de orientales corría en ese momento hacia donde estábamos nosotros. Mis piernas respondieron por mí y huí de allí llevándome conmigo las reliquias: el yelmo y la hoja rota. Poco tiempo después supe de que se trataban: el Yelmo-Dragón de Hador, mi antepasado, y Gurthang, la espada que Turin había llevado con él. Supe que los orientales habían profanado la tumba de Turin Turambar antes de la caída de beleriand.
Viajé hacia el este y poco tiempo después llegué a Arador, la tierra de la Aurora.
~Un nuevo destino~
Mi destino me condujo al reino de Lempë Ohtari en donde, justo a mi llegada, me vi inmerso en la guerra que Bolgöd, el sexto caballero, había llevado a aquellas tierras. Participe en ella y pronto conseguí un gran renombre. Un herrero de aquel país forjó la hoja de Turin Turambar y la llamé Envinyanta, la renovada. Logré grandes proezas con ella en aquella guerra y por ello fui llamado Ohtarhyando el guerrero de la espada. Según una antigua profecía en Yävetil decía que un guerrero con una poderosa espada acudiría a ayudar a los Cinco Caballeros Legendarios del reino.
Ocurrió que Bolgod fue vencido pero casi inmediatamente empezó la guerra entre las naciones de Árador, una contienda que duró mucho tiempo y cayeron algunos caballeros del reino entre ellos el que había sido el rey de aquellas tierras.
Un aire de cambio sopló desde las montañas del este y los caballeros sobrevivientes crearon un consejo de caballeros como forma de gobierno. De esta manera y debido a que había adquirido gran fama en las numerosas batallas en las que me había visto inmerso fui elegido Señor de Mellon Vilya y Senescal del consejo.