La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Húrin

Raza: Humano

Otros nombres: Húrin, el Heredero. <br>El que cruzó el bosque maldito.

Armas o poderes: No posee grandes armas.
Tan sólo una espada élfica de dudosa procedencia y dos dagas regalo de los elfos del Bosque Verde.
Nunca usa arco.

Vida: 90%

Descripcion

Húrin, hijo de Galdor, perteneciente a los despojos del pueblo humano que llego a estar en Beleriand antes del hundimiento.

Tenía 26 años al pisar por primera vez tierras del Reino de Árador, y 27 al llegar a Eirë Esteldor.

De cabellos largos, ondulados y oscuros. Ojos grandes, azules oscuro. Nariz grande y prominente, con el tabique nasal mal colocado. Labios gruesos y carnosos, cubriendo una dentadura bien conservada. No demasiado alto, apenas 1,75 cms, y de constitución ancha, con una buena espalda sustentada en potentes muslos. Es zurdo, y tiene el brazo izquierdo más desarrollado que el derecho de tanto portar la espada, aunque es capaz de esgrimirla, pero con menos destreza, con la diestra.

Historia

La muerte de su abuela fue el mayor golpe que Húrin había sufrido jamás. Ocurrió poco después de entrar en aquel oscuro y eterno bosque, en el primer ataque de los seres endemoniados.

Sobre todo echaría de menos las historias que le contaba. No debemos olvidar que el pueblo al que pertenecía Húrin era escaso, y las leyendas eran la mayor fuente de historia. Casi la totalidad de ellas corroboraban a Húrin como descenciente directo (en ocasiones menos directo) del gran Húrin Thalion, hijo de Galdor. Unas historias decían que antes de la Nirnaeth Arnoediad, había pasado la noche con una mujer errante que le había dado un hijo, al que llamó Lendor, de quien descendía todo este pueblo. Otras decían que había sido Morwen quien, ante la falta de Húrin, se había desposado con Lendor y generado prole. Había incluso algunas más descabelladas que no tenían reparos en decir que el hijo no nato de Turín y Ninniel había llegado a nacer y era el padre de su pueblo. En todas ellas, había algo en común: estaba presente el nombre de Lendor. No se sabe con seguridad si existió históricamente, pero los elfos oscuros del Bosque Negro están convencidos de su existencia.

Después de la Guerra de la Ira, muchos hombres se vieron forzados a volver cruzando las Ered Luin antes de que sus tierras quedasen anegadas por toneladas de agua salada. Entre ellos estaba el pueblo de Galdor (padre de Húrin, era tradición que todos los primogénitos llevasen el nombre de Galdor o Húrin sucesivamente, en honor a sus antepasados), que guiaba a unas 60 personas. Cruzaron el que más tarde sería llamado reino de Arnor, hasta llegar a las Hithaeglir. Siguieron hacia el este, coronándolas y llegando al gran río. Entonces llegó el dia fatal.

A la otra orilla del Anduin se erguía aquel oscuro e inmenso bosque. Eran hombres valientes, así que no dudaron en entrar. En mala hora tomaron esa decisión, que se tornó nefasta al segundo día de camino. En mitad de la noche, y a pesar de los centinelas, un centenar de orcos penetró en el campamento, auspiciados por la oscuridad y unos extraños seres parecidos a arañas que se movían velozmente entre las copas de los árboles. La respuesta fue rápida, pero no lo suficiente. Para cuando Húrin se dio cuenta, la batalla estaba en pleno auge. Era veloz y eficaz con la espada, y varios orcos cayeron bajo ella. Al cabo de unos minutos, todo se calmó. Casi 80 orcos habían caído, pero más de la mitad de su pueblo había caído con ellos. Su abuela estaba apoyada contra un abedul, con aspecto sereno, pero sin respiración. El golpe había sido demasiado para su resquebrajada salud.

A pesar de la profunda desdicha, Húrin sabía que tenían que seguir adelante, y ahora más que nunca debían atravesar el bosque y salir con vida.

¡Ojalá hubiera sido aquel día el fin de todos los males! Al día siguiente de la masacre encontraron un camino marcado entre la hierba, y decidieron seguirlo. Pero está claro que las penurias llegan en bandada. Nada más caer el sol, de nuevo otra horda, más numerosa incluso que la del día anterior, cayó sobre ellos. Lucharon con bravura, pero era tal la superioridad numérica que nada más podía hacer que caer con dignidad. Galdor cayó entre las redes de la oscuridad, y nadie más supo de él jamás. Húrin, que desconocía el destino de su padre, seguía luchando con fiereza pero sin esperanza. Estaba ya al borde de sus fuerzas, cuando unas flechas silbaron por al aire abatiendo media decena de orcos. Entonces cayó desfallecido.

Cuando despertó se encontró al cuidado del pueblo de los elfos oscuros. Era el único superviviente de su pueblo, los demás habían caído o en la batalla o presa de sus heridas. Grande fue la pena de Húrin en aquel momento. Varios días pasaron sin probar bocado ni ingerir líquido. Al fin, se levantó, agradeciendo su ayuda a los elfos y pidiéndole que le enseñaran sus habilidades.

Húrin demostró ser tan hábil con los remedios de curación como torpe en el manejo del arco. Su excelente memoria le ayudaba a recordar que plantas debía recoger para curar cada enfermedad o dolencia que se le pudiera presentar, pero su pulso lanzando flechas era peor que el de un troll mareado. Es por ello que abandonó esta práctica, y se centró exclusivamente en la medicina. Estuvo con los elfos oscuros cerca de 5 años, cuando por fin decidió que era momento de viajar adelante hacia el este en busca de lo desconocido, decidido a finalizar el viaje que se habían propuesto hacía años. Por su padre. Por su pueblo. Los elfos le encomendaron a las estrellas y le obsequiaron con dos dagas forjadas por sus mejores herreros.

Vagó errante varios meses, hasta llegar a las tierras de Árador. Entró a ellas por el recién nacido reino de Liantari Dimbar. Se ocultó entre bosques, pues desconocía con que clase de gentes podría encontrarse, y era desconfiado por naturaleza. Sin tener en cuenta su ignorancia política de la zona, siguió andando, hasta entrar en el reino de Eirë Esteldor. Se encontró con la ciudad fortaleza de Halatiryon, a la que no prestó demasiada atención. Prosiguió por este reino hasta llegar a su capital, Caras Aelin. Quedó allí asombrado por la torre central, Mindon Estel, y por primera vez en mucho tiempo sintió interés por lo que el resto de las gentes pudieran enseñarle. A partir de entonces, vagó por la zona hasta encontrarse con Nowë, un Noldo importante que formaba parte del senado del reino. Éste vio las cualidades que Húrin poseía, y enseguida le ofreció compartir historias y vivencias. Pronto trabaron una sincera amistad, que a Húrin regocijaba, pues nunca antes había tenido ocasión de hablar con un elfo de las tres razas elegidas. No sólo eso, pues Húrin, gracias a su experiencia, sus innatas habilidades de lucha, y sus conocimientos de medicina, fue ascendiendo velozmente en el escalafón social de Eirë Esteldor hasta llegar a ser nombrado Duin. Este nuevo reino parecía prometer mucho, y Húrin no quería perder la oportunidad de labrarse un nombre entre los acontecimientos que estaban por venir.