
Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.
Edicion 3
Árador, Tierras de la Aurora
Finalizada · 19-03-2006
Nimkáno

Raza: Humano
Otros nombres:
Armas o poderes: Telepatia y Sanacion
Vida: 100%
Descripcion
Nimkano, personaje peculiar, habita en los confines de la provincia de Imbesire,como regente en cargo de Tyelando, se dice que es descendiente de Gäebo \"El Galán\". Poseedor de una gran sabiduria, sapiencia y virtuosidad, no carga con espada, arco o lanza alguna. La Sanacion es un don que posee, como los es la telepatia. Porta a Nimya, el blanco anillo de el Rey Muerto. Persona fuerte y reacia, se desconoce su edad.
Historia
La historia de este hombre se remonta varios años antes de la unificación de el reino de la matriarca. En aquellos días donde Illurë apenas vendría al mundo. Donde los 3 reinos, tanto elficos como el humano, se encontraban en una situación bastante prolífica. En esos tiempos, el reino de los hombres, era regido por un noble hombre, era bueno y benevolo, poseia gran poder en sus tierras y como diria el consejo, tenia mucho amor para dar. Ya desde entonces era conocida la desfachatez y la coquetería de Gäebo, muchas mujeres habían sucumbido ante tales encantos. Una de esas mujeres era Izilossë, joven amante del Rey.
Los primeros dias el Rey visitab a menudo a Izilossë, traia regalos asi como el sustento para ella, ya que como el decia, seria una buena madre, si es que se daba el caso. Los años pasaban y las visitas a la joven por parte de Gaëbo se hacían cada vez mas esporádicas, mas furtivas y fugaces. Lo único que Izilossë veía en muchos meses de él era las onzas, que por cierto, no faltaban. Era su único consuelo, que por lo menos se pudiera mantener con comodidad, después de todo, solo era una amante mas, de todas las que había, no podría esperar sobrepasar a las grandes señoras elfas, que hasta vástagos de el Rey tenían, según decían las malas lenguas.
Al cabo de unos años, la joven dio a luz, un niño que indudablemente, era de Gäebo. Ansiosa estaba Izilossë de que el Rey la visitara, pero él nunca llego, pasaban los dias y mientras ella lo esperaba, el niño, de nombre Niman, crecía, dejando atrás la infancia, para dar paso a una etapa más madura. La madre ya llevaba bastante tiempo sin recibir sustento, solo manteniéndose a base de regalías y trabajos cortos, eso obligo a Niman a trabajar, generalmente de cargamentero o como recolector, ocupación bien popular en la región dada la alta producción de arroz que había.
Niman creció, se volvió un jovencito de resistencia y fuerza considerable, en cuanto al carácter, no heredo ni el piadoso de su madre, ni al derrochador de su padre; meditativo y pausado era el joven. Después de pasar toda la mañana y mediodía ganándose el sustento para el y su madre; Niman iba en las tardes a casa de Faryëol, un anciano que según habladurías, era un mago, el anciano le mostraba las enseñanzas básicas, como lo eran leer, escribir y hablar correctamente. Pero en contra del deseo de Izilossë de que aprendiera a manejar la espada, y unirse a las filas del Reino para combatir las rebeliones allí en la frontera, Niman quería que Faryëol le enseñara mas cosas, como lo era la Herbolaria, la idea de ser sanador siempre le había agradado, también deseaba que el viejo e enfatizara en mostrarle como manejar el poder de la mente, ya que desde niño, Niman se daba cuenta de que podía mover objetos pequeños un poco, predecir un hecho que ocurrirá o ver fragmentos de un pasado. Faryëol a esto no accedió con gusto pero dijo a Niman que si ese era su deseo pues que así fuera.
Un buen día mientras caminaba por la vereda que llevaba a su hogar, Niman vio humo en su propia chimenea, esto le extraño, ya que su madre no utilizaba madera para no gastar onzas de mas. Al entrar a su casa, lo primero que vio fue que su madre estaba sentada en el sillón de el minúsculo recibidor, pero, en la gran silla de madera, había otra persona, un hombre, que, sin lugar a duda, por aquellos ojos y aquella cara y cuerpo, era su padre, no lo sabia con certeza, pero en el interior, sentía que una fuerza le decía que así era.
A continuación el padre, se levanto, observo a Niman una fracción de segundo, y le estrecho los brazos diciendo:
- Hijo mío, de todos los hijos que he tenido, tu en verdad te pareces a mi, perdóname por todas aquellas veces que me negué a verte, solo por miedo a que mi reino se alterara por otra razón mas, pero ya estoy aquí, y buenos días te digo-.
- Padre-. dijo Niman – Me da gusto que por fin vengas a mi madre, y tal vez el hecho también a mi me agrade, ¿por fin vendrás a pasar una temporada con nosotros?-.
- No hijo, por eso vine, soy una persona madura, demasiado diría yo, y siento, que el fin a mi se acerca, por lo tanto vine a esto, a despedirme por siempre, a dar el ultimo adiós a Izilossë y a Niman, mi hijo. Me ha dicho tu madre que el mes pasado llegaste a tus 15 años, me da gusto que tan rápido ya seas un hombre, y por lo tanto te quiero dar esto-.
Y diciendo esto, se saco un anillo del dedo, el del anular, era muy bello parecía hecho todo de plata y con una pequeña pero muy fina piedra blanca como la nieve. Y se lo paso a Niman con una reverencia, el hijo lo tomo con temor, se lo puso, y la gema brillo.
Pasado la semana desde la visita de su padre, el joven estaba listo para partir, como le había dicho Gaëbo, a la Capital del Reino de hombres, donde, con ese anillo, forjaría su destino, no se preocuparía por su madre, pues a ella el Rey le dejo 50 onzas de oro, suficiente para mantenerse hasta el fin de sus días.
Y así Niman partió de su casa, se despidio de Izilossë, y de su maestro Faryëol, con la esperanza de ser grande, pero sin saber que llegaría a la Capital, donde todo era guerra, donde los 3 reinos se aliarían, Medëa, Annethiel e Illurë, sus medias hermanas y se formaría un poder, un poder del cual Niman estaría destinado a compartir.