
Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.
Edicion 3
Árador, Tierras de la Aurora
Finalizada · 19-03-2006
Sonyariel Lisse

Raza: humana
Otros nombres: Apodos: Sonya, Sonyi, o Liz.
Armas o poderes: Posee un extraño poder de persuasión, sabe lo que quiere, y lo que quiere lo obtiene, no le importa utilizar las más oscuras armas para lograr sus objetivos.
Conoce de la creación de brebajes y de la producción de los más extraños venenos.
Vida: 80%
Descripcion
EDAD: 22 años, Aunque aparenta menos.
DESCRIPCIÓN FÍSICA: Una muchacha alta de piel blanca, pelo castaño ondulado y largo hasta la cintura. Constantemente lo lleva amarrado y cubierto y cubierto por una especie de tela color ámbar, cayéndole sobre el rostro sólo un par de mechones.
Sus ojos son grandes y de color miel, posee una mirada enigmática, por lo que le cuesta pasar desapercibida.
Sus labios son carnosos, rojizos, y su cuerpo es estilizado, ágil, atrayente para los del sexo opuesto.
Suele vestir unos pantalones ajustados de color miel y una especie de túnica café que le llega hasta las rodillas, ceñida al cuerpo en su cintura por cintas de cuero curtido.
Sus pies usan unas botas oscuras, que muestran su carácter algo nómada, y una capa oscura que la protegen del clima y de las miradas.
CARÁCTER: su carácter es reservado, es el misterio en persona, impredecible. Todo lo maneja cautamente, en un constante plan. Posee una rara inteligencia, planificando las cosas más impredecibles, y con una exactitud que abruma.
Pero de repente sale con reacciones inesperadas, impulsivas, violentas, inexplicables, entrando en una especie de carácter salvaje y desenfrenado que es capaz de desgarrar vivas a sus presas.
Historia
- A cada vida una estrella, a cada muerte una estela…
Cantaba una anciana mientras dentro de una tienda brotaba el llanto de un bebé recién nacido…
- ¿Qué aréis con él…? Preguntó apesadumbrada a la matrona…
- Con ella… Es una pequeña.
- Si aquel se entera es capaz de matarla… ¿Y la madre?
- No soportó el parto… Siempre deseó tener una princesita, lástima que haya sido de otro.
- ¿Lástima? Benditos los hijos nacidos del amor verdadero. Su sino fue éste, y el crápula de Ardis sólo ha sabido darle sufrimiento. Su marido tiene a todo su pueblo atemorizado, son esclavos del temor. Y lo mismo ocurrió con Lissariel y lo vivido con Émer ha compensado todo lo que ella ha sufrido.
- ¿Y que harás?
- Entregarla a su verdadero Padre. Y al maldito esclavista, darlas por muerta, a la madre y la hija.
- Que los dioses nos protejan… que la luz guíe los pasos de la criatura...
*********
Extensas dunas vieron crecer a la pequeña, bajo la atenta mirada de un padre que con tristeza veía que cada vez se parecía más a su amada.
Cada vez las empresas de Émer fueron más extensas dejándola por meses a cargo de Mizariel, una extraña mujer a la que todos respetaban por su sabiduría.
Criada por aquella nómada, aprendió las artes de la lucha en las sombras, a moverse como si fuese la brisa, y pasar desapercibida. A su corta edad ya era temida tanto por su belleza como por sus habilidades de asesina. Su maestra había sido la mejor y ella tomaría su puesto.
Con ella aprendió todo lo respecto a la vida, y a la muerte, y la importancia del conocimiento y el buen razonamiento. El manejo de armas que extrañamente se veían en esas tierras. Pero lo más importante, le enseñó a ser mujer y a aprovecharse de ello, mostrándose que la seducción es un arma poderosa si se sabe ocupar adecuadamente.
De donde aprendiste todo esto mi madre del alma… Mizariel sonreía cada vez que preguntaba…
Un día supo que su padre no volvería más… pero eso no la angustió, era su hora de descansar y tenía la certeza que se encontraría en el otro mundo con su madre y amante, y eso la reconfortaba. Pero la presión en su pecho la incitaba a ir en búsqueda del cuerpo de su padre, para despedirse. Poco había compartido con aquel hombre pero sabía que su amor había sido enorme, al igual que su dolor.
Al llegar, las lúgubres calles le dieron la bienvenida, los rostros de sus habitantes se escondían como si fueren a ser castigados por osar tener contacto con extranjeros.
Cerca de la tumba observó junto a ella a un caballero, un hombre mayor de facciones duras, pero que respiraba profundamente y con la mirada expresaba una sobrecogedora sensación de bienestar.
Al percatarse de la presencia de la recién llegada se sintió mareado por el encantamiento de aquella joven, y por un extraño recuerdo.
Se acercó y con una reverencia se presentó
- Ardis… para servirle mi hermosa dama - y sus palabras fueron como una cuchilla el pecho de la mujer y comprendió que había sido él quien había terminado con la vida de su padre. Sonrió. Observó el temor de quiénes aguardaban cerca al varón, con la cabeza gacha, y una señora la observaba como presintiendo de quien se trataba.
- Encantada ser recibida por tan galante caballero respondió con un brillo en la mirada.
*******
La brisa acariciaba su cuerpo tras unas largas cortinas de seda, el sudor y las sabanas revueltas le hicieron recordar su faena. A su lado un hombre ya mayor dormitaba sin percatarse de que su final estaba cerca.
Se sentó un minuto observando por la ventana, era una mañana como las otras, y la aurora recién daba atisbos de querer aparecer por las montañas.
- ¿Qué… ya te levantasteis mujer?
Su presa había despertado, y poseída en una especie de vértigo homicida se acercó a su presa como una serpiente para posar sus labios en los de aquel incauto, en señal de despedida, dándole a beber de su muerte.
Entretenida ante su logro, como en un espectáculo observó como las convulsiones hicieron caza de aquel señor, excitada frente a su obra de arte que se retorcía sin poder decir palabra alguna, pero que con la mirada expresaba el pánico del cual era capturado.
- Lo de anoche fue en agradecimiento por haber hecho descansar a mi padre, fue mi regalo de muerte… recuérdalo en el otro mundo, gracias a tu tormento mi madre pudo conocer el verdadero amor en los brazos de otro y eso me permitió nacer.
Susurró y con una sonrisa esperó que diera el último suspiro.
El sol se hacía presente y la joven emprendía su camino, pero antes una mujer se le acercó y le entregó una bolsa con algunas monedas.
- Toma, para el camino.
- No es necesario…El trabajo quedo hecho.
- ¿Y su cuerpo?
- Fue convertido en cenizas, no te preocupes, ya no volverá a desgraciarte ni a tu gente.
- La guerra está por empezar, y necesitan gente capaz de darlo todo por su gente.
- si, he escuchado los rumores, la ciudad ha renacido.
La joven observó a la mujer, y sus manos viejas acariciaron su rostro.
- Eres igual a tu madre. Estaría orgullosa de ti.
A su partida la calidez del sol y la belleza de las formas y colores e la naturaleza le causaron un placer indescriptible, y la melodiosa brisa en la montaña le hicieron sentir una dulzura sorprendente.
Miró la tierra, más no quiso ver hacia atrás, en su corazón sabía que debía hacer.