
Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.
Edicion 3
Árador, Tierras de la Aurora
Finalizada · 19-03-2006
Isilion
Raza: Noldo
Otros nombres: Vardarion
Armas o poderes: Mis armas son Telpelúva (en recuerdo de Tilion), un arco plateado, y una espada llamada Isildur. Mi poder es la invocacar la luz de la Luna, sea de día o de noche; no puede sanar heridas corporales pero si espirituales y mentales.
Vida: 50%
Descripcion
Me miro al espejo y veo a un ser vivo entre dos mundos, uno por naturaleza y otro por adopción: soy muy alto; pelo negro y largo surcado por cabellos plateados, como rayos de Isil, haciéndome parecer un hombre ya envejeciendo, mis ojos son grises azulados y brillantes, colmados por recuerdos buenos y malos y mis facciones son armoniosas y pálidas; mi complexión no es recia como se podría pensar de un guerrero pero me permite moverme con la agilidad que necesito para convertirme en un arquero mortífero.
Mi vestuario consta de ropas cómodas, que no dificulten mi movimiento y sean de mi agrado, de color azul, negro o (en ocasiones especiales) blanco.
Mi personalidad y habilidades también se han visto muy influenciado por los Noldor y la Luna: por un lado soy muy orgulloso, con grandes ansias de conocimiento, ciertas habilidades artesanales y guerreras, y por otro lado soy muy tranquilo, muy dado a guardar secretos, mi estado de ánimo es cambiante, tengo una gran amor por la plata y la Luna y tengo cierta inclinación a usar el arco.
Historia
- Isilion.
- Majestad.
- Hace mucho tiempo que te estoy llamando Isilion, largo tiempo te resististe a venir hacia mí.
- Majestad mis deberes hacia mi pueblo me ataban, porque yo fui soldado de la Guardia Real de Ondolindë, mi misión era proteger a la familia real, primero a Turgon, luego a su hija Idril y, cuando se hubo casado con Tuor, a este y al hijo de estos, Eärendil. Me vi obligado a huir con los supervivientes de la ciudad ya que ellos, Tuor e Idril, se encargaban de liderar a los Gondolindrim y así llegamos con los que habían sobrevivido de Doriath; seguí sirviendo a Tuor e Idril, y cuando estos partieron me centré en Eärendil, Elwing, y sus hijos; recuerdo cuando asaltaron el lugar, Eärendil no estaba, Elwing se lanzó al agua llevando un Silmaril y caí herido intentando proteger a Elros y Elrond; el día que me recuperé por completo fue el día que tuvo lugar la aparición de Gil-Estel y en ese mismo día sentí vuestra llamada, sin embargo no podía obedecerla porque aun había Gondolindrim y tenía un deber para con ellos. Sin embargo recuerdo el día en que sentimos un clamor inmenso en el Norte y tiempo después vimos como la tierra empezaba cambiar y Eönwë llamó a todos los elfos, ofreciendo la posibilidad de ir a Valinor, entonces yo tomé la resolución de hacer caso a vuestra llamada y partí.
- Una buena explicación para una parte de tu retraso, sin embargo tengo entendido que el trayecto entre las Ered Luin y el Realengo de Farothdin se puede hacer en un año o un poco más, no en tanto tiempo como el que tú has tardad.
- Os suplico mil perdones Majestad, los parajes de la Tierra Media son muy hermosos, y más para los visitantes nuevos, y no me negué a visitarlos pausadamente, llegando incluso a desear quedarme en algunas de esas tierras, sin embargo vuestra llamada triunfó sobre mis anhelos y me puse en camino definitivamente hasta llegar ante vuestra presencia, rey Ílimo.
- Isilion, Isilion, llegaba a dudar si de veras llegarías, y en vista de tu tardanza llegué a considerar el cerrar las fronteras de mi reino a ti, sin embargo no lo hice y fue una suerte pues al final has llegado, aunque muy tarde.
- Majestad, os doy las gracias por haber permitido mi acceso a vuestros dominios, sin embargo debéis saber que existe un dicho entre los hombres que dice: “más vale tarde que nunca”.
- Cierto, pero estoy seguro que a ninguno de ellos haría eso cuando quien le llama es un rey.
- Perdonad mi grosería, Majestad; además yo no sabía quien era el que me llamaba, de haber sabido que vos erais un rey sin demora hubiera llegado.
- Bien Isilion, ahora veo que te pareces mucho a la Luna: eres muy inconstante, te presentas con buena cara pero sin duda tienes una parte oscura…
- ¿Cómo decís Majestad?
- No intentes engañar a un Maia, porque con solo mirar tus ojos sé que hay una parte muy oscura en tu vida, en tu pasado.
- Majestad esos recuerdos son muy dolorosos para mí, aunque ya han pasado muchos años.
- Cuéntamelo, necesito esa información porque explican parte de tu comportamiento.
- Yo perdí a mis padres cuando era un bebé, primero a mi padre antes que yo llegará a nacer y a mi madre después de darme a luz… y sé que no volveré a verlos a menos que muera y los encuentre en las Estancias de Mandos.
- Lo lamento mucho.
- El lado bueno fue que mi madre me entregó a la Luna, porque yo nací cuando la Luna se alzó por primera vez y mi madre dijo que Isil fuera mi madre…
- Por eso te llamas Isilion y presentas rasgos tan “peculiares”.
- Así es Majestad, Tilion me aceptó como “hijo” y me dio unas cualidades físicas y mentales, como habéis visto.
- Fuiste soldado de Ondolindë, lo que te hace un buen soldado, aunque puede que hayas perdido parte su pericia, pero ¿cómo son tus conocimientos?
- No pueden compararse a los vuestros sabiendo que sois Maia, pero son bastante amplios, me eduqué con maestros sabios, y mis ansias de conocimientos me empujaron a aprender más todavía.
- Después de todo esto solo queda una pregunta: ¿deseas servirme?
- Os ofrezco todas mis habilidades y conocimientos a vuestro servicio Majestad, en lo que me ordenéis os serviré.
- No espero menos de ti, Isilion, pero tendrás que esforzarte mucho.
- Lo haré Majestad, podéis confiar en mí, haré todo lo que esté en mi mano para dar gloria al Realengo de Farothdin.