
Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.
Edicion 3
Árador, Tierras de la Aurora
Finalizada · 19-03-2006
Alalmë

Raza: Humana
Otros nombres:
Armas o poderes: Maneja con destreza las armas ligeras, aunque conoce también el uso de espadas pesadas e incluso del arco y la jabalina; pero suele limitarse a enseñar ese arte.
Vida: 80%
Descripcion
Recién comenzada la madurez, esta mujer conserva la fuerza de la juventud en el brillo de sus ojos oscuros y su amplia sonrisa. Alta y de espesa cabellera castaña, va vestida de ordinario con ropajes simples del color de la naturaleza. Se la encuentra a menudo con su bolsa de hierbas al hombro, un bastón y su lobo Laumon correteando a su alrededor.
Historia
En la aldea de la Hondonada del Espino, cerca de la ciudad nueva de Mirianost, ha vivido la familia de Alalmë durante generaciones, y son bien conocidos y apreciados por sus vecinos.
Alalmë es la última descendiente de la casa, y allí está a disposición de las necesidades de vecinos y forasteros. Instruída por su abuela desde muy joven, conoce la planta adecuada para cada enfermedad, o cada guiso, para teñir las telas o ahuyentar a los insectos; la fecha indicada para las labores del campo, mediante el estudio del cielo y las criaturas de la naturaleza, además de tener nociones de diversas artesanías. Su formación, se dice, fue completada por los elfos, a los que completó en su juventud. Pero, si bien es siempre servicial, risueña y paciente, se muestra reticente a hablar sobre sí misma o dar explicaciones sobre lo que hace, por lo que en la pequeña comunidad existen diversos rumores sobre ella. Sigue residiendo sola en su casa a las afueras del pueblo, donde acude todo el que necesita consejo o ayuda.
Gran aficionada a todo lo novedoso o exótico, dedicó parte de su juventud a viajes por todo Helkelen e incluso al exterior. Un día apareció con un cachorro de lobo, de los cuales los lugareños de la Hondonada tenían vagas noticias; fue creciendo, y a pesar de su gran tamaño y poderosas mandíbulas, se dejaba tironear la cola por los niños y al atardecer, sentados en un banco junto a la puerta de la casa, pedía a su protectora que le rascara las orejas.
Por su precoz sabiduría y capacidad de persuasión, entró antes de lo normal en la asamblea de ancianos como representante de su aldea. Allí, su pasión por las novedades y su visión de futuro la llevaron frecuentemente a apoyar y presentar las propuestas que acabaron integrando en el clan a los Exiliados del oeste, frente a la oposición de los miembros más tradicionales.