
Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.
Edicion 3
Árador, Tierras de la Aurora
Finalizada · 19-03-2006
Morë
Raza: humano... (mujer... hechicera)
Otros nombres:
Armas o poderes: Una espada que brilla intensamente con la luz de las estrellas... un arco de madera de roble, con sus respectivas flechas envenenadas...
Sus poderes son inciertos, la magia que le han enseñado los muertos, la magia que heredó de sus padres, etc..
Vida: 100%
Descripcion
Dentro de sus grandes ojos negros brilla la luz de la más lejana de las estrellas, su piel es tan blanca como el marfil más puro y tan suave cómo los pétalos de una flor joven, sus cabellos llegan a la parte alta de sus muslos, negros como la noche, brillantes como el reflejo de las estrellas en la superficie del agua, siempre sueltos a la voluntad del viento acarician su rostro de facciones severas por el golpe de los años. Alta, de figura delgada aunque fuerte y resistente, con varias cicatrices en manos, brazos y piernas, aunque ninguna en el rostro. Éste es su aspecto humano ante los ojos del mundo cuando está relajada, más cuando se siente en peligro, o planea atacar, Morë se cubre de sombras, la luz escapa de los lugares cercanos su piel emana obscuridad y resulta imposible distinguir sus facciones y movimientos.
La humana acostumbra usar una armadura negra que se acomoda perfectamente a su cuerpo permitiendo que se mueva a su antojo, sin capa.
Historia
Morë llegó al mundo cubierta de tinieblas, mientras sus padres realizaban un importante trabajo en el segundo circulo de la ciudadela de los muertos, cerca de un mausoleo olvidado, bajo la mirada de los muertos, que observaban a la pequeña, única nacida en estas áridas tierras, y se inclinaban ante ella, jurando lealtad, ofreciendo servirle mientras durase su vida, y mientras su espíritu los acompañase en la muerte. Sus padres se sintieron atemorizados, y pensaron haber engendrado alguna criatura maligna, pero les infundía la ternura y el cariño que solo una hija puede producir en sus padres, en ese momento recordaron algunos hechizos de magia negra, que pensaron podrían ser útiles, pero todos los esfuerzos que hacían tratando de sacarle la obscuridad fueron en vano, y decidieron consultar a la reina.
Un manto obscuro pareció cubrir el cielo en todos los confines de Liantari Dimbar aquella mañana, al tiempo que, los corazones de todos los habitantes del reino se llenaron de dudas e inseguridad, los recién nacidos lloraban inconsolables, los niños pequeños se ocultaban donde podían sin saber que peligro los acechaba, hasta los guerreros más valientes tenían el corazón lleno de un profundo sentimiento de temor. La gente empezó a llevar sus inquietudes a los guardias de la reina, y estos a su vez se las comunicaban a sus superiores, la preocupación crecía, la reina fue informada de la situación, y aunque su rostro no se inmutó, en el fondo se sentía intranquila, un ataque inminente temía, pero las pruebas eran insuficientes, y por tanto ningún movimiento podía ser efectuado todavía.
Vinya Tinwë, y Tirno Olos (su esposo) solicitaron ver a la reina con extrema urgencia, llegaban desde Firinost con noticias para su majestad, se los notaba nerviosos, y una gran lucha se libraba en su interior, la felicidad y la tristeza se habían encontrado... los guardias los dejaron pasar sin muchas complicaciones puesto que eran conocidos entre la guardia de la reina por ser los más leales de sus sirvientes. Vinya Tomó la palabra luego de hacer una profunda reverencia.
- Su majestad, le traemos nuevas de Firinost... - Aunque procedían de hogares humildes Vinya Tinwë y Tirno Olos desarrollaron sus poderes e incrementaron sus riquezas trabajando bajo el mando de la reina en la Necrópolis, siendo de los pocos que se atrevían a visitar Firinost. -cómo es de su conocimiento hemos estado allí esta mañana por mandato suyo, y a pesar de que parecían faltar todavía unas cuantas semanas para el nacimiento de nuestro bebé...- Vinya miró a su esposo a los ojos tratando de encontrar las fuerzas para continuar hablando - Se ha adelantado el parto, y tuvimos una hija...
La reina se mostró molesta, la noticia del nacimiento de una pequeña entre sus súbditos le importaba muy poco, si es que le importaba en lo absoluto, por lo que interrumpió a la hechicera pidiendo que le explicara porque era de tanta urgencia que ella supiera de este insignificante acontecimiento.
Tirno detuvo a Vinya que se mostraba molesta, la miró profundamente y ella supo que él continuaría a partir de ese punto.
- No nos ha dejado terminar, su majestad, si hemos traído el tema hasta usted, es porque ésta obscuridad que cubre el reino al momento parece provenir de nuestra hija... - Su semblante se llenó de preocupación y dolor- Al momento de nacer, parecía irradiar obscuridad, no supimos que hacer, y y hemos traído nuestras preocupaciones ante usted, confiando en que obtendremos respuesta...
La conversación se prolongó muy poco tiempo, y la reina resolvió mandar a matar a la pequeña antes de que se convirtiera en una amenaza, pero Vinya no lo iba a permitir tan fácilmente, al fin y al cabo era su hija de quien se hablaba, pero no logró mucho con sus esfuerzos, apenas consiguió unos pocos días para cambiar el parecer de la reina.
Al regresar a Firinost en busca de su hija, (la dejaron al cuidado de aquellos que le juraron lealtad porque no parecían dispuestos a dejar que se la llevaran) ambos habían caído en una profunda desesperación, y lo que más entristecía sus corazones era el hecho de que no pudiesen ver el rostro de su propia hija. Los magos intentaron los pocos hechizos que les faltaban por intentar, y, cuando ya veían la muerte de su pequeña cómo algo inevitable, Tirno se arrodilló junto a una muy pequeña fuente de agua, y en medio de sollozos rogó a Elbereth por un poco de luz, para bendecir a su hija... sus plegarias fueron escuchadas, y elbereth se compadeció de la niña, a quien otorgó el resplandor de la más tenue de sus estrellas, sin bajarla del firmamento, cómo un regalo para aquella que fue condenada a morir antes de tener la oportunidad de haber vivido. Pero no le quitó la obscuridad, porque la luz de las estrellas solo se aprecia en toda su hermosura cuando adornan la más obscura de las noches, por lo que le dio la capacidad de regresar a aquellas sombras cuando lo necesitara. Sus padres no podían contener su alegría cuando vieron por primera vez el rostro de su hija, que brillaba, pálido cómo el marfil más puro, y acariciaron su piel que sentía tan suave cómo los pétalos de una flor joven, pero su alegría fue interrumpida ya que olvidaron un pequeño detalle, el tiempo que les había dado la reina había terminado, y un grupo de guardias venían con orden de matar a la pequeña, y tratando de defender la vida de su hija, pidieron a los espíritus que la cuidaran, y lucharon con todas sus fuerzas, pero su energía había sido empleada en sus hechizos, y aunque la mayoría murieron al filo de sus espadas, un par de flechas envenenadas les arrebataron la vida.
*** *** ***
Cuando Morë era aun muy pequeña empezó a cuestionarse muchas cosas, la forma y nombre de las cosas, las formas de atacar y de recoger alimentos, entre muchos otros pensamientos, pero no había criatura viva que le enseñara los caminos de la vida, y los muertos le enseñaron mucho de lo que sabía, el resto lo investigaba ella misma, así aprendió el uso de la espada, los hechizos, el lenguaje, la herrería, la escritura y los pequeños cuestionamientos que una niña pequeña puede tener, pero lo que más le interesaba era la naturaleza de la mente, sabía que en el mundo había muchos humanos y otras criaturas de quienes podría obtener muchos conocimientos, pero no se aventuraba a conversar con los vivos, las historias de batalla que le contaban sus acompañantes le habían enseñado a ser cautelosa, a confiar en sus instintos, y el gran cariño que le tenía a los espíritus, únicos acompañantes y amigos, no le permitía abandonar Firinost.
Morë era una niña alegre, ya que los muertos le enseñaron a encontrar la belleza de las cosas que le rodeaban, le traían alimento de las casas de las afueras, y libros de muchas ciencias, le enseñaron las artes de la guerra, y la alegría de la lluvia, le contaron sus vidas y la convirtieron en una gran hechicera, una gran guerrera, y una alegre muchacha, que no se sentía sola, ya que nunca supo lo que era estar acompañada, que nunca extrañó a sus padres porque aunque siempre supo de ellos, en su realidad era completamente normal no tener a nadie vivo a su alrededor, lo que le hacía desconfiar de los vivos, y encontrar placer en torturar a los guardias reales, que de vez en cuando se atrevían a visitar su morada.
Los años pasaron y Morë se preguntaba cada día cómo sería vivir en las ciudades, en compañía de los vivos... pero se rehusaba a abandonar a aquellos que la educaron, la cuidaron, y le eran leales, por lo que pasó mucho tiempo antes de que se aventurara a dejar la ciudadela de los muertos, en busca de un nuevo conocimiento, de un nuevo mundo...