La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Aratan hijo de Arahad

Raza: Dunadan

Otros nombres:

Armas o poderes: Diestro en el uso del mandoble y la espada corta. Es capaz de desempeñarse bien con el arco o las lanzas, aunque su fuerte es el combate cuerpo a cuerpo.

Vida: 100%

Descripcion

De pardos ojos penetrantes, cabellos castaños y facciones definidas, Aratan es un alto dunadan de actitud reflexiva, aunque no duda al entrar en acción. Sus dotes de mando y el arrojo durante la batalla le granjearán gran fama.

Historia

Llegaba el crepúsculo y el cielo se presentaba rojo, como la sangre, lo que a algunos Antiguos les indicaría que una guerra se acercaba, rápidamente. Aratan miraba hacia el cielo mientras se dirigía al salón donde su padre le había mandado llamar; su cabello castaño brillaba rosáceo bajo la roja luz y sus pardos ojos se perdían en el cielo mientras los sueños de batallas lo elevaban.

- Hijo mío, Aratan, –dijo Arahad, al encontrarse frente a él- oye bien lo que tengo que decir, pues es de gran importancia. Muchos años atrás, cuando llegué a estas tierras tras largos viajes, penurias y batallas, creí que viviríamos en paz y concordia para siempre; sin embargo, ahora sé que era una tonta fantasía. Guiado por mis ideales, me deshice de las armas de nuestra familia; esperaba que nunca necesitaras aquella herencia de guerra, pero ahora es claro qué tan equivocado estuve.

- Padre mío –preguntó Aratan prudentemente- ¿Qué quieres decir con esto? ¿De qué nos sirve recordar aquellas armas de las que te deshiciste hace tantos años?

- Nunca me deshice de ellas. Las oculté, ahora sé que un buen hado me guió a hacerlo, en una cueva al norte de las Ered Löm. Después de evitar la guerra tantos años, esta toca nuestra misma puerta. Las huestes enemigas se acercan, desean tomar esta hermosa ciudad que nos ha albergado tantos años y tratado como si fuésemos sus hijos; yo ya soy muy anciano para luchar, pero tú estás en la plenitud de tu vida, debes dar lid a aquellos que deseen tomar lo que no les pertenece.

- Padre –inquirió Aratan tranquilamente- ¿acaso crees que hubiese hecho algo distinto? Ya estoy preparado para formar parte de la defensa de la ciudad.

- Si así deseas hacerlo de corazón, no deberás perder tiempo. Debes ir a donde te indicaré y recoger tu herencia, aquella que abandoné hace tantos años, pues en ella encontrarás la fuerza necesaria para conquistar las victorias necesarias.

Horas después Aratan partió, ataviado solo con su espada, provisiones para un par de días y el mapa del lugar al que debía llegar. Avanzó, de esta manera, hasta llegar al lugar que el pergamino indicaba. Al entrar por una estrecha grieta y pasar por un estrecho umbral, una extensa cueva se abría ante sus ojos; allí, sobre una roca, una negra armadura reposaba inerte junto a una afilada espada de negra empuñadura y brillante hoja. Así, cargando sus poderosas armas, volvió a toda prisa hacia Mellon Vilya; sin embargo, la batalla había acabado y la ciudad había sido saqueada. Los sobrevivientes que no huyeron estaba refugiados en los subterráneos de la ciudad, donde Aratan se unió a ellos.