La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Tyalval Saessë

2006:05:11:19:20:04

Alkalabrindeth

Una de las primeras ciudades fundada por los ramalië. Se encuentra al Este de Yana Ramarëa y fue consagrada como santuario de los placeres mundanos. Un lugar donde el águila y el vampiro intensifican su instinto y enlazan sus cuerpos al calor de un mismo deseo que purifica sus ansias, y a la vez, condena sus almas a una eterna unión, en una sola voluntad: entrega, apetito carnal y sed de sangre.

Encontrar Tyalval Saessë, tierra de campos fértiles, próxima al baño de la brisa del río Nikwenen, es la redención para cualquier forastero que cruza el desierto y cree que esa hermosa vista de la ciudad es sólo un producto de su imaginación. Durante el día se aprecia como un pequeño poblado, opacado por la magnificencia de la ciudad interior, construida a partir de un enorme risco que la semirodea, completando el círculo enormes construcciones talladas en piedra y mármol. En los inicios sólo fue planeada ésta para la búsqueda del placer y la satisfacción del cuerpo de los nobles ramalië, pero a causa del éxito y la venida de muchos peregrinos de diferentes sitios, algunos ramalië optaron por construir el poblado exterior, también para ofrecer la misma liviandad a un precio más accesible.

En la noche es cuando la ciudad completa pone en descubierto la magia y belleza que oculta a las horas del sol, cuando la mayoría de los habitantes reposan embriagados en un dulce sueño recuerdo de la noche anterior, y sólo algunas posadas y comercios permanecen en actividad para dar acogida a los viajeros diurnos.

El poblado se conforma de tabernas, posadas y pequeñas chozas de comerciantes, en su mayoría construidas de piedra y madera para templar el clima tropical, en las entradas tienen puestos pequeños candelabros que reflejan luces tenues en tonalidades cobrizas y ámbar. Hay un sendero central empedrado, iluminado por antorchas sostenidas en pilares delgados decorados por figuras antropomorfas en actos de promiscuidad. Al final del camino, se impone, sin puertas, un gran arco de cantera tallada en el que está escrito con plata y contorneados los caracteres en ithildin “Entra viajero. Aquí olvidarás tus penas y cansancio. Bienvenido”. El arco es la única entrada a la ciudad interior. Una vez traspasado el arco, las enormes construcciones de piedra y mármol asemejan gigantes que observan en silencio cada uno de tus pasos, tales construcciones talladas tan fervientemente por los Russan Rámar y con decorados tan elegantes, son los grandes aposentos para la nobleza que visita la ciudad o que paga por el más sublime de los placeres: el calor y la frescura de un cuerpo.

El gran risco parece ser el padre de los gigantes, con sus hondonadas y picudas rocas, por su centro baja en cascada un hilo de agua que brota desde sus entrañas, su cauce desemboca en el centro de la ciudad, donde los Yarëar Rámar levantaron una fuente de inmensas proporciones y perfilaron una figura humana masculina con el rostro del vampiro sujetando a una femenina con el rostro del águila, y cuyos dientes se clavan en el terso y delicado cuello de la mujer-águila, que parece deleitarse entre sus brazos-alas.

Al lado oeste de la ciudad, contiguo al risco hay una construcción abovedada elevada en un montículo verde, lleno de flores y con angostos canales donde fluye el agua cristalina que proviene de un fresco manantial rodeado de un pequeño bosquecillo lleno de abedules, localizado en la parte trasera del edificio. Ahí se asciende por 2 escaleras ubicadas en la base del montículo, una en cada extremo, y se unen al llegar arriba en un solo nivel. Es considerado el santuario de la ciudad, ahí no hay rezos ni espiritualidad, ahí meditas y encuentras el conocimiento del placer. En su interior, sus paredes curvas ensalzan bellas pinturas de actos sexuales entre elfos, hombres y enanos, incluyendo ciertas pinturas zoomorfas. La sala permanece vacía, sólo resguarda el libro sagrado del arte carnal, ubicado en el centro, encima de un pilar de mármol tan blanco como la nieve, el libro posa abierto, iluminado por un rayo de luz que entra de un orificio central del techo, y durante las noches se activa una gema encantada por la Sacerdotisa de los ramalië para que refleje la misma luz del día. Este libro está hecho de oro en la pasta y sus hojas de piel de animal, contiene todos los secretos de la sexualidad que los ramalië han descubierto por años y años.

A un lado de la cascada, el risco tiene una abertura triangular, a cada lado hay una figura desnuda de cada sexo, mirándose una a otra con ardiente deseo. Pasando el umbral, hay unas escaleras en bruto hacia abajo donde se siente la frescura de la roca, después de ellas atraviesas una cortina de tela delgada semitransparente, ahora sólo sentirás el calor de otros cuerpos, del ardiente palpitar de tu sangre, el sudor de tu piel y el de otras más. Puedes ver la amplitud de la sala con gemas rojizas incrustadas en las rocas, en el centro, altos pilares con telas rojas enrolladas que se despliegan para dar paso a las exóticas y candentes danzas de hermosas elfas, mujeres y enanas en diminutas prendas. A los lados mesas de madera, con bases de figuras desnudas talladas en troncos. En esa taberna sirven la mejor cerveza de la ciudad y venden hierba para fumar de todo tipo, incluyendo las alucinógenas. Al fondo, cavada en la roca está la barra, donde se conservan y congelan todas las sustancias que allí venden, a los lados, hay otros pequeños cuartos también cavados en la roca, cubiertos sólo por telas delgadas, en donde están dispuestos lechos protegidos de muchas telas finas y suaves, para la comodidad de los clientes que buscan intimidad con las cortesanas del lugar.

Tyalval Saessë es considerada la primera ciudad turística del arte del placer, el deleite y la satisfacción, pero para muchos es una ciudad de perdición donde abundan los vicios y la prostitución. Al final, ambas son verdades...

[Editado por IndisElbereth el 15-04-2006 22:42]

Bohr Daedth

[Editado por elessurendil el 13-05-2006 02:49]

Bohr Daedth

[Editado por elessurendil el 13-05-2006 02:50]

Alsenot

Con un gruñido, Alsenot dio por terminada la réplica de su hijo.

- Las mujeres ciegan los sentidos y nublan el entendimiento, hijo mío. Y me temo que en tu caso es peor, porque has salido mujeriego perturbado y dado al enamoramiento fácil, me temo. Sábelo siempre, no serás digno de un trono que puedan arrebatarte con la sola ayuda de los encantos y el hechizo de los sentidos, y en esto las mujeres son especialmente buenas. No dejes que el vicio te corrompa si quieres merecer tu derecho a lo que por sangre te corresponde, ya que si dejarás que sea tu carne y no tu espíritu la que guíe a los hombres, no llegarás a ser merecedor de tal trono. Y habrás de saber que el ascenso de Hallen podría acabar dando un heredero que te lo arrebatase, así pues no tientes a la suerte, y hazte merecedor del orgullo de tu padre.

El camino se abría frente a los ojos de ambos, escarpado y retorcido, mostrando la larga escalada que restaba hasta llegar a su ciudad. Alsenot podría haberlo recorrido sin problemas, pero la presencia de Bohr le forzaría a valerse de sus piernas para el trayecto.

El día transcurrió tranquilo, con un viento inevitablemente frío azotando las cumbres nevadas. El paso que adoptaron fue necesariamente relajado, y tomaron sus descansos en pequeños pasos de montaña apenas habitados. La marcha se hizo lenta hasta la noche, momento en que Alsenot decidió detenerse, decisión que su hijo acató. Sentados sobre el frío y duro suelo, durmieron, o lo intentaron, durante unas pocas horas.

Al despertar a la mañana siguiente, un frío seco les recibió impertérrito, anunciando una dura jornada de escalada. Aquella mañana, los ojos de Alsenot percibieron una figura en el horizonte, aproximándose desde lejos como alma llevada por el diablo. Enarcando una ceja, se puso de pie, y recogiendo sus fardos le instó a su hijo:

- Vamos Bohr, no tenemos mucho tiempo.

Lómëa Útyelnaike

[Editado por -Ireth- el 13-05-2006 02:51]

Alsenot

La marcha se reinició con premura, y pronto los pasos de Alsenot y Bohr abrieron paisajes escarpados y profundos, constituidos en riscos y pasos insondables, que habrían podido provocarle vértigo a un ave.

La mañana se desarrolló sin incidencias ni intercambios de palabras ni sentimientos. Bohr parecía nervioso, mirando a todos lados continuamente, y en más de una ocasión algún sonido lejano le hizo volverse sobresaltado.

Alsenot, en cambio, viajaba tranquilo, mas alerta, esperando en cualquier momento el asalto de alguna surpresiva novedad que les provocase el desconcierto. No llegó en toda la mañana tal novedad, y a la hora de comer todo seguía en calma entre las montañas, cuyas rocas azotaba el viento gélido.

Con el sol sobre sus cabezas hallaron una cueva resguardada del viento, donde tomaron unas pocas provisiones. Allí Alsenot se tornó de nuevo en Águila, no sin antes volverse hacia Bohr.

- Prosigue el camino hasta Nestnwelath.

- Pero, padre, ¿me abandonas ahora?

- Volveremos a encontrarnos antes del final del trayecto.

Y con una última y severa mirada, Alsenot desapareció, dejando a Bohr solo, y en apariencia desamparado.

La marcha prosiguió, pero Bohr nunca fue gran andador, y la ausencia de su padre le hizo rebajar involuntariamente. En el horizonte, a su espalda, una mujer, elfa de raza, seguía sus movimientos a gran velocidad, rastrando su paso por haberle perdido de vista. Hubo de ser el suelo rocoso el que engañase a la elfa, y el que le ocultase la desaparición de Alsenot hasta que fuera demasiado tarde.

Así se produjo el encuentro. Bordeados por dos enormes riscos paralelos que se extendían hasta el cielo sobre sus costados, Bohr y Lómea se hallaron por fin, y con dos gritos, uno de guerra y otro de horror, se inició una carga a caballo que fue truncada por el picado de un águila enloquecida.

Derribada del caballo por la fuerza de la caída, Lómea rodó por el suelo exalando un quejido de dolor, al tiempo que la figura que la había derribado, un hombre musculoso y águil, rodaba unos metros más allá, desenvainando una espada curva en la punta y recta en el tránsito.

Sin embargo, y para sorpresa de Alsenot, la elfa reaccionó rápidamente, embistiéndole con furia impulsando una afilada espada larga contra él.

Dos golpes se descargaron, uno vertical y otro horizontal, y él los bloqueó con dificultades. Pronto comenzaron a intercambiarse impactos, unos esquivados y otros desviados, sin que ninguno de los dos lograse alcanzar a su objetivo. En última instancia, Alsenot tropezó, perdiendo el equilibrio y soltando su espada. Tardó poco en recobrar el primero, y sin embargo la segunda quedó alejada de él y con su rival entre medias, sonriendo de júbilo por la victoria.

Pero en un abrir y cerrar de ojos el hombre volvió a ser águila, y en tan poco tiempo el águila volvió a ser hombre sobre el cuerpo de Lómea, y la derribó con furia, descargando sobre ella una patada que la lanzó contra el suelo tundiendole una segunda vez las costillas. Y de nuevo la garra de Alsenot estuvo en sus manos, y el conflicto aparentó volver a empezar. Sólo entonces Lómea habló:

- Te interpones en el camino de Nyérë, y pagarás por ello.

- ¿Quién eres tú, Avari, y qué buscas? Responde ante el señor de los hombres, pues es a él a quién tratas de matar.

- No es a ti, humano, sino al que tras de ti se oculta como una rata, a quién busco. Mi espada tiene una cita con su sangre, como pago de las deudas pendientes.

- Soy yo el señor de los hombres, y es mi espada la que determina quienes pagan, y cómo, las deudas de estos. Mi nombre es Alsenot, como sin duda sabrás, y me gustaría conocer el tuyo.

- Mi nombre es Lómëa Útyelnaike.

- Bien Lómëa, háblame de las supuestas faltas de mi hijo, si deseas que se le juzgue por ellas. Si prefieres tratar de tomar la justicia por tu mano, tendrás que asumir tu muerte. Tú eliges.