La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Yävetil, La Esperanza Erguida De Nuevo

2006:11:10:15:02:40

Aikanáro Tîwele

Yávëtil nació de una extraña alianza entre enanos y elfos Sindar. Estos dos pueblos enfrentados habían tenido que unirse para no perecer bajo el poder cada vez más creciente de Morgoth en esas tierras. Las huestes enanas junto a las de los elfos trabajaron afanosamente para construir la ciudadela de Yávëtil, esta estaba encaramada en al loma de un barranco por donde transcurría uno de los afluentes del gran río. El viajero que tras caminar largo tiempo la viera al observarla se encontraría con un gran muro de piedra gris que se alzaba varios metros del suelo haciendo que desde fuera nadie imaginara que detrás de esta se escondían aun cuatro murallas más, grandes rocas formaban sus murallas y parecían más la obra de gigantes que de elfos y enanos.

La muralla principal solo tenía una entrada y esta era la Puerta de Durín, en ella se hizo patente la destreza de los enanos al construirla, una doble puerta la configuraba sin abrir la puerta interior no se podía abrir la exterior, cuando se llegaba a ella se pasaba por un primer arco flanqueado por dos grandes torres de defensa, pero por detrás de estas dos se alzaban otras dos aún más grandes dándole a la puerta una doble defensa haciéndola el eje de la defensa de la ciudad. Tras cruzar sus grandes puertas el viajero se encontraba con una gran explanada empedrada en cuyos flancos se erguían dos edificios, uno era la Caserna donde habitaban elfos y hombres y el otro era un edificio adornado por dos caballos de piedra blanca en su puerta, eran los establos. El primer nivel era dedicado al ejercito, en el no habitaban civiles, más en este había algunas fraguas donde los enanos trabajaban fuera del bullicio de la ciudad. Tras atravesar la gran plaza te encontrabas con la segunda muralla, dos torres flanqueaban su entrada más a lo largo de esta muchos minaretes observaban a los que quisieran entrar en la ciudad más en todas ellas habían sido desplegadas grandes catapultas. La puerta era custodiada por una guardia elfa y enana, durante día y noche. Tras cruzar el primer nivel las puertas se abrían al viajero y ante el se erguían blancas casas a cada lado de la calle, en sus balcones flores rojas los adornaban, caminabas pos sus ascendentes calles más no se te hacía pesado, cuando menos te lo esperabas una fuente con un pequeño jardín sorprendía al viajero, sus aguas claras brotaban de los surtidores de plata y caían hasta llegar a regar las plantas, los pájaros trinaban en las ramas de esos árboles, más el viajero observaría que la flor preferida de la ciudad era la rosa cuya fragancia embriagaba a los allí sentados. En este nivel encontraría todo lo que un comerciante pudiera venderla, los artesanos trabajaban bajo el sol, podías tan pronto ver a un botero haciendo botas de vino como a una dama tejiendo. Las gentes que habitaban esta ciudad son amigables de por sí, aceptan con gusto al viajero que llega hasta ellos mostrándose amables y corteses en todo momento. Si seguimos nuestro ascenso por al ciudad nos encontraríamos con una gran plaza, la Plaza del Mercado cuyo edifico era de piedra blanca y repleto de pórticos y en su centro hay una estatua de Yavanna, muy venerada en la ciudad.

Tras cruzar el mercado tendremos que ascender por una calle con grandes escalones, cosa que no impide que carros y caballos asciendan por ese nivel, Al final de esta calle encontraremos el tercer nivel, la zona residencial de la ciudad, mas allí viven las familias de los soldados y los miembros de la nobleza, en este nivel se yergue la entrada a la Casa Enana, es un edificio de piedra negra, de base redonda y con tres naves una de ellas un poco más alta que las demás, esta rodeado por un pequeño bosque de abedules donde el aire es fresco, el martilleo es constante en sus moradas ya que ellos son los que hacen muchas de las defensas de la ciudad. Tras traspasar este nivel entramos en un bosque de encinas y robles, allí los ciervos pastan entre ellos a salvo de los cazadores, en este nivel se encuentran esparcidos bajo la protección de los árboles los templetes a los Valar más parecidos a un mirador en cuyo centro hay una estatua del Vala al que a estado confiado. Si seguimos caminado por esta senda encontraremos las Casas de Curación donde la destreza de las Damas elfas se hace patente. El camino esta flanqueado por columnas de las cuales cuelgan unos faros que son encendidos de noche. El viajero puede detenerse y sentarse en los numerosos bancos que hay esparcidos y escuchar el sonido del agua al brotar por las numerosas fuentes que alimentan esta maravilla, bajo sus ramas el viajero encontrará la paz, esa zona era muy querida por las gentes ya que allí se celebraban las grandes fiestas bajo al atenta mirada de las estrellas, si seguimos por ese camino te conducirá hasta el último nivel donde se alzaba la primitiva Fortaleza de Yávëtil, esta estaba formada por una gran torre de defensa rodeada por una muralla y repleta de minaretes que ahora no servían mas que para intentar ver al enemigo que intentara atacarles de frente, ya que por sus espaldas solo podían ser atacados por el cielo, un profundo e inexpugnable acantilado la defendía junto a laformacion rocosa conocida como el Dedo de Vala la cual se elevaba hasta perderse en las nuves la defendian.

Súleglîn

Había llegado hasta allí y el cansancio hacía mella en mi cuerpo ante mi se alzaban una gran puerta y el miedo me recorría...pero algo me resultaba familiar en aquella escena...mi vida había cambiado...mis emociones ahora viajaban sin rumbo y la única persona a la que me podía aferrar había desaparecido tras los extraños sucesos acaecidos aquella noche en el bosque...que ahora no quiero mencionar...

Necesitaba un descanso y no sabía como entrar en la ciudad la puerta era gigantesca y no tenía suficiente ánimo para valerme de mis poderes y pentrar en la ciudad...

Pero de repente escuché unos pasos que venían del interior y se acercaban...Aunque resultó ser no más que una vaga ilusión.

El aire me trajo las nuevas de la llegada de un viajero hacia tierras lejanas...Tenía que actuar...alcé mis manos sobre el cielo y convoqué una tormenta débil pero cargada y la dirigí hacia Mellon Vilya. Mi mensaje le llegará el agua lo transportará y recibirá mi llamada para que acuda junto a mí a cumplir parte de su destino...si él elige que así sea.

¡Aguas que fluís en mi esencia acudid y mostrad mi presencia, llevad hasta él mi mensaje y traedme aquí su elección!

Ahora he de descansar a las puertas de la ciudad.

[Editado por wiccano el 21-03-2006 22:18]

Aikanáro Tîwele

Estaba descansando en una rama del bosque de la ciudad cuando de pronto empezó a llover y al despertarme bruscamente fui a caer al suelo desde el árbol. Me levanté dolorido y medio dormido aun, me sacudí la ropa mientras me fijaba en que no llovía.

- Ya estamos otra bromita de Súleglîn, no cambiará siempre me las arma pero esta... - decía pero algo en mi había cambiado Súleglîn me llamaba.

Salí corriendo del bosque y cogí mi corcel, cabalgue por las desiertas calles atravesando las puertas de la ciudad mientras los soldados a duras penas tenían tiempo de abrirlas. Mas cuando llegué a la Puerta de Durín no encontré a nadie en ellas, los soldados patrullaban las murallas. Subí por una de las torres que dan a la muralla y desde una de las ventanas descendí hasta esta, miraba la extensa oscuridad del bosque tenuemente iluminada por los rayos de Isil, pero había algo alguien allí fuera, estaba tumbado en el suelo y fue cuando las nubes que tapaban Isil dejaron entrever al viajero.

Era Súleglîn, hice sonar uno de los cuernos y pronto los soldados que custodiaban la muralla se reunieron junto a mí.

- ¿ Es que acaso no veis quien esta allí tendido?, Es Súleglîn, saldré en su busca manteneos alerta no sé lo que esconde el bosque.

Las puertas se abrieron y Aikanáro salió como un rayo cabalgando hasta la figura tendida en el suelo. Bajo del corcel y mirando al maia le dijo:

- ¿Estas herido?- le decía mientras lo ayudaba a levantarse

- Si estar agotado es estar herido si, pare un momento a descansar pero cuando quise levantarme ya no pude y por eso... - le estaba diciendo cuando Aikanáro le interrumpió

- Por eso me llamaste lo sentí cuando una misteriosa lluvia empezó a caer sobre mí y por culpa de ella tengo un chichón en la cabeza, ¿ no tendrás nada que ver tu con eso?- le dijo en tono sarcástico y burlón.

- Yo, noooo- respondió estallando en una sonora carcajada

- Anda regresemos a la ciudad y descansa allí.- tras decir esto subió a Súleglîn al caballo y el detrás y así regresaron los dos a la ciudad.

Entraron en ella y las puertas se cerraron no sin antes incrementar la vigilancia en las murallas el rumor a guerra se estaba propagando como el fuego entre la gente de la zona. Los dos amigos subieron ahora cada uno en un corcel hasta la fortaleza de Yávëtil y tras bajar de estos entraron en ella. Las doncellas miraron al maia y le dijeron:

- ¿Os preparamos el baño?

- Si gracias necesito un baño para quitarme todo este polvo-les respondió mientras se sacaba una pesada capa.

Aikanáro lo esperaba en el salón junto a los grande ventanales que daban al bosque, el aroma de este entraba en la estancia embriagándolo todo, no tardo en llegar Súleglîn ya aseado y mirando a Aikanáro le dijo:

- Siento lo de tu cabeza, no fue mi intención pero me hubiera gustado verlo jajajaja- decía mientras no pudiendo aplacar la risa estallaba en una poderosa carcajada.

- Ya te daré yo lluvia, ¿ no había otra forma que para despertarme me mojoras entero y sino fuera poco eso, voy y me caigo del árbol, para que sirve entonces lo que te enseñó Lorien?. Anda ven y comamos un poco antes de que se enfrié.- le dijo mientras señalaba una mesa colocada en el balcón.

El vino y la comida corrió por la mesa mientras los dos amigos cantaban y reían recordando tiempos pasados, Súleglîn era como un hermano para Aikanáro y se gastaban bromas constantemente y mas de una vez en Valinor les dijeron“ Sois como unos niños, siempre con vuestras bromas”

[Editado por tulkas_el_valar el 23-03-2006 11:21]

Súleglîn

Mientras cenaba Súleglîn no satisfecho aún con las bromas decicidió gastar la penúltima. Cuando vio que Aikanáro iba a beber de su copa de vino Valandil dejó caer al suelo un trozo de pan, se agachó a recogerlo y murmuró sin que le viera unas palabras.

De repente se incorporó y notó como algo frío y blando se estrellaba en su cara...se paso la lengua por los labios estaba dulce...tras esto las carcajadas de Aikanáro eran enormes y no paraba de reir y señalar con el dedo al maia.

-Súleglîn a caso pensasté que tu truco de aguar y agriar mi vino antes de que bebierá funcionaría...

-Si pero ahora me encuentro con un dulce cambio de situación...

-¡Ja! Así aprenderás que eres más previsible de lo que crees...

Ambos volvieron a reirse...

Valandil necesitaba despejarse y desahogarse la vida en Ostova Lorë le tenían sumamente agotado...se acercó a Aikanáro y le preguntó:

¿Y si nos vamos al salón y asaltamos el mueble bar? Jaja...ahora esperaba respuesta de Aikanáro...

Aikanáro Tîwele

El vino ya había animado a los dos amigos y Aikanáro respondiendo a la pregunta de Súleglîn le dijo:

- Deja el mueble para las visitas normales, para un amigo tengo una cosa que hará recodar los tiempos en que asaltábamos la bodega de Yavanna- le decía mientras estallaba en carcajadas

- Ummm que dulce estaba ese vino y cuantas broncas nos llevamos por beber del vino de los Valar, es que eras todo un elemento Aikanáro pero siempre te librabas de las broncas con poner una carita de niño bueno- le decía mientras le alborotaba el pelo.

- Encima yo, míralo él, el discípulo aventajo al maestro. Anda ven y prueba el dulce vino de Yávëtil no encontraras mejores vinos a este lado del mar que los que nacen entre estos muros- le decía mientras los dos ya bajan por una escalera lateral del balcón y empezaban a descender hasta llegar al bosque.

Allí en el bosque había un edificio de planta semicircular con una puerta y dos pequeñas ventanas, Aikanáro se adelantó y buscaba la llave que estaba sobre el postigo de la puerta y cuando la encontró miró al maia con cara de pillo, puso la llave en la cerradura y empujando la puerta entraron. Ante ellos una gran sala llena de botas de vino les esperaba, los dos se frotaron las manos y Súleglîn cogiendo dos jarras empezaba a mirar las botas hasta que encontró una y dijo:

- Esta, esta me parece bien para empezar

- Veo que sigues con el gusto intacto, vamos a ver si cae- le respondió mientras la habría y empezaba a llenar las jarras.

La noche pasó entre risas y canciones, dos botas cayeron en esa noche. El sol ya iluminaba el bosque mientras los dos dormían placidamente entre botas de vino, fue cuando una de las elfas que se encargaba de la bodega llegó y se encontró con los dos allí dormidos. Se acercó al maia y lo zarandeo hasta que este se despertó, miro a la elfa con los ojos entrecerrados y le dijo:

- Me duele la cabeza, ¿qué hora es?

- No me extraña que os duela la cabeza mi señor, os habéis bebido dos botas del vino más peleón que tenemos. Ya es mediodía señor- le dijo señalando a la puerta, por la cual entraba un potente haz de luz.

- Tendré que despertar a Aikanáro- dijo mientras se levantaba a duras penas, la cabeza le daba vueltas.

Se acercó a Aikanáro y lo zarandeo un poco, pero no había manera de despertarlo y de pronto vio un cubo lleno de agua. Se encaminó a él y tras cojerlo se lo tiro a Aikanáro el cual se despertó de golpe.

- ¡Que pasa, que pasa!- gritó mientras se llevaba las manos a la cabeza

- Pasar nada que es medio día y aun dormíamos la mona, anda será mejor que vayamos a comer algo y asearnos-le decía mientras le tendía la mano.

- Será mejor, dios que resaca, ¿ se puede saber que bebimos?- decía mientras miraba a la elfa

- Pos bebisteis señor el vino más peleón de la zona, tres jarras del ya tumban a un hombre fornido y vosotros os habéis bebido nada mas que dos botas, no me extraña que os duelan las cabezas.- decía mientras sacudía la cabeza.

Los tres salieron de la bodega y el sol les cegó un instante, subían bajo los árboles hasta que llegaron a la fortaleza allí les esperaba un soldado con una nota en la mano. Este se adelantó y mirando a Aikanáro le dijo

- Señor la dama Yárfaila Veryawen se dirige hacía aquí según nos notificaron llegara para comer.

- Dios no tenía otro día en que venir, pero que se le va a hacer, que lo preparen todo. Nosotros ahora nos vamos a ver si nos quitamos esta resaca de encima.- le dijo mientras entraba en palacio.

Cada uno se dirigió a sus aposentos donde ya les esperaban las bañeras llenas de agua caliente y ropas limpias. Aikanáro se saco la ropa que apestaba a vino y se metió en la bañera mientras se relajaba, pero de pronto empezó a cantar, cantaba una canción que le enseñaran las Oarni y su dulce y poderosa voz se escuchaba en los jardines que había debajo de su ventana abierta. La gente que la escuchaba se paraba y sentía la magia ancestral del canto de las doncellas de los mares. Cuando hubo terminado Aikanáro salió de la bañera y se vistió con ropajes de telas azules, como era su costumbre y salió en busca de su amigo el cual según le dijeron después se había quedado dormido mientras se vestí, decidió que durmiera su cansancio era grande y le convenía descansar y a él le iría bien descansar bajo los árboles del bosque de Yávëtil y así lo izo. Allí bajo las ramas sagradas se tendió en una rama y sacando una flauta empezó a tocarla cuando sintió la presencia de alguien, él la había visto pero ella aún no, era Yárfaila Veryawen. Su belleza era grande hasta el punto que se le podría decir hiriente, una luz irradiaba su rostro mientras su cabellera era acariciada por una dulce brisa, esta iba cantando una canción mientras caminaba por el bosque.

Súleglîn

La mañana se les había hechado encima debido a la juerga de la noche anterior...mereció la pena.

Valandil se encontraba aturdido y con un terrible dolor de cabeza así que decidio relajarse fue a tomar un baño que le habían preparado.

La dama Yárfaila Veryawen iba a venir a Yävetil...había que darle una gran bienvenida. Seguramente Aikanáro ya estaba preparando los preparativos fue en su busca y le dijo:

-¿Preparando todo para la dama Yárfaila?

-Si por su puesto pero aún queda ver que menú y algún detalle más.

-Bueno déjame que me encargue yo de lo que queda, pues te veo muy afectado por la juerga de anoche...

-¿Que pása que tu no tienes resaca?

-Je je no te voy a decir mejor porque no la tengo...Ja ja ja. Anda ves a descansar un rato o a pasear verás como se te pasa y para cuando llegue la dama Yárfaila Veryawen no tendrás síntomas de resaca...aunque mucho me temo que mañana despertaremos igual...ya sabemos que a nuestra querida Veryawen le gusta la fiesta tanto como a nosotros jejeje...y está noche tendremos que arrasar...En cambio ahora tengo que ir a la posada del Mazo de Troll poderes mayores se reunen allí quiero saber quienes son...regresaré justo antes de la comida, además ya está todo preparado y el cocinero ya sabe que le pedí.

Con la velocidad con que desciende el agua de una gran catarata partió hacia la posada...

[Editado por wiccano el 24-03-2006 11:50]

Aikanáro Tîwele

Aikanáro observaba desde lo alto de la rama y bajo su protección a la dama Yárfaila Veryawen, está andaba gracilmente por el camino que conducía la Fortaleza de Yávëtil cuando Aikanáro saltó de la rama y cayó delante de ella diciendole:

- Bienvenida a Yávëtil no te esperaba tan temprano- le dijo mientras se rascaba la cabeza

- Quería venir antes, ¿es que una dama no puede adelantarse en su llegada?- le increpó ella

- Sabes que si, aquí siempre se te tratara como una reina, anda ven y entremos dentro de la fortaleza. E preparado una cena como las que se que te gustan a ti, espero que todo este a tu gusto. Que tus doncellas dejen tu equipaje en tu cámara mientras nosotros damos un paseo por la zona antes de la cena.

Los dos pronto llegaron a la Fortaleza y allí tras ordenar unas cosas se marcharon con sus corceles a dar una vuelta por la zona. Las risas no faltaban entre ellos dos en todo el viaje, y Yárfaila era un buen arquero ya que con un solo disparo certero derribo a un ciervo, los soldados que les acompañaban recogieron la pieza y así terminó la salida, el tiempo había pasado muy rápido y tendrían que regresar pronto para estar presentables en la cena. El sol rojizo parecía que hiciera arder al bosque con su color que se reflejaba en las altas murallas de Yávëtil, atravesaron sus calles y ascendieron mientras el sol ya empezaba a descender cada vez más rápido, ante la puerta de la Fortaleza se despidieron pero solo por un rato.

Aikanáro tras dejar los corceles en los establos y revisar unos últimos detalles de la cena se encaminó hacía sus aposentos para preparase para la cena. Tras bañarse se puso un traje de color azul oscuro el cual llevaba bordado en un azul verdoso el emblema de su linaje, se colocó en la frente la lagrima de Uinen y salió en dirección al comedor.

Allí todo estaba preparado, una gran mesa baja junto a tres divanes en el centro de la sala, a un lado un grupo de músicos elfos preparaban sus instrumentos y justo al lado de estos un nutrido grupo de bailarinas con trajes vaporosos calentaban.

Aikanáro entro en la sala y se dirigió al diván central donde se sentó y cogiendo una copa de cristal la llenó con un dulce vino rosado. Fue cuando alzaba la copa y miraba por ella, cuando ella entró en la sala. Toda voz enmudeció ante su presencia, todos los ojos estaban puestos en ella, en su radiante belleza.

Descendía las escaleras con una sutil gracia, ataviada con un traje rojo carmesí que tenia un corte en un lateral se ceñía a su cintura como si fuera un guante subiendo hacia un pronunciado escote más que generoso que dejaba entrever su dorada piel y el comienzo de sus senos; su cuello era rodeado por una extraordinaria gargantilla de diamantes que hacía aun resaltar mas su belleza, sus labios de un rojo nacarado tan deseados por todo hombre que los viera dejaron entre ver una sonrisa perlada, sus penetrantes ojos negros lo miraban haciéndolo derretirse en el más placentero infierno, su melena cobriza estaba recogida con una diadema que simbolizaba dos lenguas de fuego, así la vio descender Aikanáro y solo podía observarla todo parecía palidecer ante su belleza pero sabía que nada ni nadie podría domarla jamás, era un como una fiera salvaje peligrosa pero a la vez atrayente que no se dejaría domar por nadie.

Esta se acercó hasta Aikanáro y le dijo:

- ¿No éramos tres para cenar, donde esta Súleglîn?

- Envió a un mensajero no podrá cenar con nosotros, me a rogado que le disculpes pero unos asuntos requerían de su presencia en Ostova Lorë- le dijo mientras se levantaba y le tendía la mano para que se sentara en el diván.

La fiesta empezó y pronto la música y la danza llenó la sala para deleite de Aikanáro y Yárfaila Veryawen, la cual se emociono cuando entro en la sala un grupo de fornidos hombres que hacían juegos con fuego.

Yárfaila Veryawen

- ¡En verdad me apreciáis mi señor Aikanáro!- dijo Yárfaila con una pícara mirada- Realmente no sé si me agrada más el fuego del que estoy hecha o los hombres que lo portan en este momento.

Yárfaila sirvió más vino a Aikanáro, y mientras sujetaba la copa, ésta lamió el borde, haciendo que unas pequeñas llamas surgieran tras el paso de su lengua. Salud, dijo, mientras le ofrecía la copa. Ambos comenzaron a reír. Volver a Yävetil había alegrado el corazón de la dama, era allí donde tenía a sus amigos, y experimentaba extrañas sensaciones que no podía explicar.

Seguidamente entraron cortesanos con las bandejas repletas de comida, el ciervo que había cazado la dama anteriormente tenía un olor irresistible hasta para el más saciado.

- Y decidme, querido, ¿cómo fue la ciudad en mi ausencia? ¿Murieron los hombres de frío? ¿O por fin esas refinadas y delicadas elfas agradaron el ambiente?- Yárfaila rió sonoramente

- Bueno, desgraciadamente eso aún no ha ocurrido. - contestó el medio elfo.

- Aburridas...tantos años de vida y aún no han aprendido que no hay que derrochar ni un sólo segundo, y experimentar todas las sensaciones y todos los sentimientos posibles...Bromas aparte Aikanáro, ¿ocurrió algo nuevo? ¿Alguna que otra ostilidad por parte de forasteros? - Veryawen acercó uno de sus finos dedos a los labios del medio elfo, que casi instintivamente se apartó. - Aunque parezca mentira, no quemo, amor. - Aikanáro sonrió.- Sólo iba a limpiaros una miga de lemba.

[Editado por Laitaine_Numeniel el 25-03-2006 21:35]

Aikanáro Tîwele

Aikanáro miro a la dama y le dijo mientras daba un sorbo a la copa de vino:

- Os encanta hacerme sentir indefenso ante vuestra presencia, os gusta ver como un caballero que no tiembla ante el mayor ejercito se doblegue ante ti.

La maia dejo entrever una sonrisa picara y dijo:

- No os negaré que no, os sonrojáis como el adolescente que ve por primera vez a una mujer en su plenitud y eso me divierte ya que desde el primer día que nos vimos, ¿te acuerdas Aikanáro?- le dijo mientras le llenaba la copa de vino.

- Como olvidar ese día, te vi salir de la negrura del bosque y ascender el túmulo mientras los rayos de Isil iluminaban tu rostro y por un instante te confundí con la Valie Nessa, pero cuando llegaste hasta nosotros tu belleza supero a todas las que había visto haciéndome empequeñecer como si fuera una mariposa que se quema ante una potente luz.- le dijo mientras miraba por el gran ventanal y donde las estrellas brillaban como nunca antes.

- Siempre tan caballeroso, nunca cambiarás palabras dulces siempre salen de tus labios hacía mi y es lo que me gusta, no me ves como los demás hombres. Ellos observan una figura envidiable deseosa de poseer pero vos veis más que ellos. Un guerrero eres pero dentro late un poderoso corazón- le dijo mientras posaba su mano en el pecho de este.

- Veis otra vez colorado os gusta ponerme colorado- le decía mientras los dos estallaban en carcajadas.

La cena transcurrió como estaba planeado, las bailarinas danzaban ante los invitados mientras los hombres hacían juegos con el fuego atrayendo la mirada de la maia. Fue cuando Aikanáro dando la señal hizo entrar a dos esbeltas elfas, estas llevaban dos dagas y un escudo, se acercaron a los comensales y tras hacer una reverencia se dirigieron al centro de la estancia.

Aikanáro vio como la maia lo miraba extrañado y le dijo:

- Es un espectáculo que vi en la corte de Makar, bellas elfas luchando con solo dos dagas y una mascara en el rostro, creo que os gustara- le dijo mientras le pasaba una fuente con fresas.

- No dejáis de sorprenderme, veo que tendría que haber ido mas por la corte de Makar- decía mientras cogía una fresa y se la llevaba a sus rojos labios.

Aikanáro Tîwele

A las espaldas de la fortaleza se yergue desafiante el Dedo de Vala una gran formación rocosa que se eleva a centenares de metros por encima de la ciudad rodeada por el río menos por el lado que da a esta. En los recovecos de su pared crecen las flores rojas tiñéndola de tonos rojizos, mas aun no se han borrado las cicatrices que dejaran las llamas que consumieron Yavetil. En el jardín de la fortaleza hay una base de mármol blanco flanqueada por cuatro estatuas de bronce de gran tamaño que representaban efigies de mujeres con alas alzabas que extienden sus brazos para recibir al sol.

Aikanáro salió de la fiesta el calor era insoportable y necesitaba una bocanada de aire puro y fue cuando miro a las estatuas, se encamino a ellas y rozó sus fríos rostros de metal, caminaba mientras extraños recuerdos asaltaban su mente y cada vez eran mas intensos.

Se sentó en un pequeño banco que había cerca de un estanque y cerró los ojos por un momento y cuando los volvió a abrir vio que estaba rodeado por las estatuas que lo miraba mientras se iban acercando, Aikanáro se llevo la mano a la espada pero cuando iba a desenfundarlas estas hablaron:

“EH AQUÍ QUE REGRESAÍS NUESTRO SEÑOR, VEMOS QUE REGRESAÍS CON LA LLAVE, ¿ACASO NO ABRIREIS LA PUERTA?”

Aikanáro no entendía nada, las estatuas estaban hablando y se movían como si fueran mujeres reales. Este de pronto empezó a cantar y no sabía el motivo, pero parecía que era lo que querían las estatuas ya que dejaron de avanzar. Su voz, heredad del linaje de su madre le proporcionaba tal destreza y belleza jamás escuchada en esta ciudad, empezó a cantar una dulce melodía pero a la vez cargada de sentimiento pero de la espesura del bosque una voz terciopelada se unió a la de Aikanáro embelleciéndola si cabe aún más, la voz pertenecía a Yárfalia la cual se aproximaba por el otro extremo de la base de mármol, esta se acercó hasta donde estaba él y las dos voces se unieron formando una sola.

Las estatuas se encaminaron hacia la pared de la montaña y ante los ojos incrédulos de Aikanáro y Yárfalia la pared se abrió ante ellos y apareció un gran arco de varios pies que sobresalía por encima de las copas de los árboles, este estaba colocado de tal forma que los rayos de Isil se reflejaron en las incontables betas de mithril que lo recorrían, pero lo que mas llamó la atención fue que en el centro de este había el torso de una estatua de mujer que antaño sostenía algo entre sus manos. Fue cuando un rayo de luz se proyecto desde los aposentos de Aikanáro y los dos se giraron, y Yárfalia dijo:

- ¿Qué esta ocurriendo Aikanáro, que representan estas estatuas, esta puerta y la luz que ha salido de tus aposentos, dímelo?

- No se nada, solo se que algo tiene que ver con los caballeros, por algún motivo la encontré y me a traído hasta aquí.- le dijo mientras veía como la luz pasaba sobre sus cabezas e iba hasta la estatua.

La estatua abrió los ojos y estirando sus dorados dedos apresó la esfera y volvió a cerrar los ojos, las estatuas hicieron el ademán de que entraran y estos dos entraron por la puerta y delante de ellos una gran escalera se alzaba, Yárfalia fue la primera en poner el pie en el escalón cuando de pronto las antorchas de la pared se encendieron iluminado la vastedad de las escaleras. Los dos empezaron el lento ascenso de las escaleras, una extraña sensación les invadía a cada paso que daban, mientras tanto las estrellas empezaban a retroceder ya que Anor dentro de poco reclamaría su reino, Aikanáro sujetaba con fuerza la empuñadura de su espada mientras Yárfalia intentaba escuchar algún sonido que no fuera el de los dos corazones latiendo, pero nada escuchaba a aparte del crepitar de las antorchas. Pero en la última vuelta ante ellos se erguía una gran puerta tallada en la pared, Aikanáro se adelanto a Yárfalia y mirándola apoyo sus manos en las dos grandes hojas de madera, las cuales cedieron con suma facilidad.

Una luz cegadora entró desde fuera haciendo que los dos se taparan con las manos la cara, un dulce aroma a flores junto al rumor del agua les llego con esta. Ante ellos un gran jardín bellamente cuidado conducía a un gran palacio. Una avenida cruzaba este jardín, pero les llamo la atención que esta estuviera flanqueada por estatuas similares a las del bosque, los dos caminaban bajo los rayos de Anor cuando de pronto vieron ante ellos el mayor palacio jamás contemplado.

Era un edificio de grandes torres cuadradas donde crecían jardines como los de la ciudad de Yárfalia, era de un mármol tan blanco que rivalizaba con las nieves de Taniquetil, subieron por unas blancas escaleras cuando ante ellos encontraron una pequeña plaza flanqueada por una torre a cada lado y estas a la vez unidas al edificio por un porche, en su centro había un estanque donde una estatua de una mujer sostenía un gran globo de cristal, atravesaron la plaza y subieron otras escaleras y bajo un porche columnado encontraron las puertas del Palacio, eran unas puertas robustas y que se elevaban a gran altura adornadas con motivos naturales, Aikanáro miro a Yárfalia y empujo la puerta un poco, entró y a nadie encontró, ante el había una gran sala flanqueada por estatuas y grandes columnas rojas como el fuego, dos puertas a los lados de esta sala conducían a otras salas mas esplendorosas. Fue cuando un ruido alerto a Aikanáro, que con suma rapidez desenfundó su espada y se puso delante de Yárfalia, algo o alguien había allí con ellos y no se hizo de esperar. Ya que de la escalera que conducía a otro nivel apareció como por arte de magia dos mujeres elfas. Estas les apuntaron con sus arcos pero cuando los vieron se extrañaron y una de ellas se arrodillo y dijo:

- Perdonadnos señor, desde que partierais a la batalla no hemos sabido nada. El nos trajo aquí, trajo a las mujeres mas bellas de la ciudad para que fuéramos sus esclavas por eso os hemos apuntado, pero entrad en vuestra morada señor- le dijeron mientras le cogían de la mano.

[Editado por tulkas_el_Valar el 11-04-2006 19:34]

Bohr Daedth

...

Tras los acontecimientos de Amaurenori, al norte de Eirë Esteldor, Darlak Lórindol invitó a la tripulación del Lunte I Nyarier, el Bote de las Leyendas, la hermandad de marinos de Fanyarëa que habían seguído a Wethan Bohr en su turbia empresa, a recuperarse en la marca de Lempë Ohtari. Diez hombres y dos mujeres eran los sobrevivientes de aquella batalla que por pocos sería conocida. Avanzaron por la costa, a decisión de Valandil, que se recuperaba, irían a las casas de curación de Yävetil, Darlak estuvo de acuerdo. Los hombres capitaneados por Santûra, más simplemente conocido como Santur, se rotaban para hacer avanzar el barco sin alejarse mucho de las playas, llevando a los más heridos. Muchos se preguntaron porqué habían decidido que viajaran tan al norte en vez de reposar en alguna ciudad más cercana, pero era una invitación y prefirieron no entrar en conflicto.

Mientras avanzaron dentro del territorio de Lempë, hombres leales al portador de Envinyanta, y ayudaron a los caminantes a avanzar más rápido. La fragata se detuvo en Tumbale Hópa, dónde Valandil se despidió hasta un próximo encuentro, y desde allí anduvieron hasta el Taurëruin.

Wethan cargó todo el tiempo a la elfa Alkalabrindeth inconsciente. Santur y Gakhân eran humanos, Thitoron y la casi recien llegada Niëlúne, llevaban sangres mixtas, otros tres eran hildor, y tan solo tres eldar varones se contaban dentro de la hermandad.

Avanzando por el bosque, Darlak anunció que debería apartarse. Dejó a Eléth a cargo de la partida, ella los guió hasta Yävetil, junto con otros elfos de los alrededores. Llegaron montados en valiosos córceles, dos arrastraban el carro con el cadáver conservado del enano sangre de elfo tan querido por todos, cruzaron la Puerta tras unas palabras de Nira con los guardias.

-... estuve aquí de niño.- Comentaba Thitoron II. – No viven humanos aquí.- Wethan arqueó una ceja.

Eléth les habló a los Fanyari. – He solicitado que avisen al Señor de la ciudad, igualmente seremos recibidos. Avanzaremos sin detenernos hasta las casas de curación.- El príncipe de los Varna Rámar asintió y agradeció.

En poco tiempo más estuvieron allí, y pudieron descansar. Este era un lugar agradable, aunque ellos no dejaban de emanar ese aire melancólico que hasta podía olerse. Al parecer no habrían mayores asuntos por un tiempo... sólo al parecer.

[Editado por Elessurendil el 20-08-2006 20:50]

Alkalabrindeth

\"En la inmensidad del azul profundo del mar un diminuto tintilleo brilla a la distancia, como pájaro atraído por las aletas de un pez, desciende levitando con tesura, entonces su ojos observan el cuerpo de un hombre reposando. Las olas arrullan su camino y bañan su rostro con una caricia, sus facciones han cambiado con la salinidad del agua, le da fina tesura y juventud, una sonrisa de felicidad es apreciable. Nadie puede decir que aquel hombre no ha recibido la paz que necesitaba\"

Ese sería el último de los sueños que Alkalabrindeth tendría en la tierra de Amaurenori, y el único que le trajera un poco de tranquilidad, borrando las pesadillas que le mostraban a sus amigos desfigurados. Una vez que la tripulación entrara en lempë, el rostro de la peredhel dio un pequeño cambio pero distinguible, la sombra se había extinguido.

Larga había sido su estancia en los brazos de Irmo, había llegado la hora de que sola enfrentara la realidad; a la tercer noche en los aposentos de Yävetil Alkalabrindeth abrió los párpados, pero sus ojos azules estaban apagados, la luz que les acompañaba también se había extinguido.

Alkalabrindeth se irguió con cuidado sintiendo en su mano el toque de otras manos que la asiaban con delicadeza, era Bohr, se había quedado dormitando sobre la cama y tomando su mano. En cuanto el hombre sintió el más mínimo movimiento se despertó con brusquedad, creía que volvía a sufrir de convulsiones que le venían de vez en cuando provocadas por las pesadillas.

Una vez de pie y viéndola despierta no pudo pronunciar palabra alguna, la elfa se le echó en brazos como una niña asustada, y lloró, desbordando también el dolor del ráma.

Cuántos días más la susceptibilidad de sus corazones les traería la salud. Mucho tiempo habría de pasar para sanar, pero jamás olvidarían...

Alkalabrindeth no volvió a hablar en un tiempo, eso preocupó más a Bohr, Thitoron, Santur y demás compañeros. La elfa parecía marchitarse...

Niëlúne Lambar

Niëlúne nunca había pasado tanto miedo,ni siquiera cuando se separó de su madrastra quedando sola en mitad del caos.

Ahora la brisa acariciaba su rostro y sentía en él las heridas que le habían causado en la batalla.Había luchado con uñas y dientes,había dado uso de las armas que heredara de su verdadera madre y con las que aprendió a luchar desde niña.

Tenía un vago recuerdo de lo sucedido,se encontraba luchando con un orco por salvar su vida cuando de pronto un bocanada de aire la empujó hacia atrás.El orco aprovechó ese momento para atacarla de nuevo pero algo ocurrió de repente...éste dio media vuelta y echó a correr.La joven no pudo más...se sentía cansada y mareada,ya no podía soportar más dolor y sufrimiento,acababa de perder a dos amigos y había luchado hasta la extenuación,perdió el conocimiento.

Cuando despertó,se encontraba en mitad de la plaza donde la batalla se había desarrollado,en el lugar que anteriormente se erigiera una estatua ahora había una gran mesa de piedra.Se encontraba rodeada de cadáveres tanto de amigos como de enemigos.Sólo pensaba en encontrar a sus compañeros de viaje,aquellos que sin conocerla de nada habían luchado a su lado y la habían salvado en más de una ocasión se ser atravasada por alguna espada;siempre estaría en deuda con todos.

Ella y los sobrevivientes de la tripulación habían sido conducidos a las casas de curación de Lempë Ohtari invitados por Darlak.

Ahora permanecía acostada la mayor parte del tiempo,intentando olvidar lo sucedido aunque bien sabía que eso jamás llegaría a suceder.Pocas ganas de levantarse tenía,se encontraba casi sumida en depresión y a penas probaba bocado,sólo veía imágenes de la batalla al cerrar los ojos.

A veces salía a pasear casi por obligación,le decían que le vendría bien el aire fresco de la noche y que así aclararía su mente y la despejaría de las pesadillas.

Así que se encontraba paseando mientras lo recordaba todo,pero a veces otro pensamiento rondaba su mente,a penas había visto a Bohr \"Wethan\" desde que habían llegado y sentía curiosidad por aquel joven orgulloso pero inocente.Así se encontraba sumida en sus ideas cuando un ruido llamó su atención,al darse la vuelta pudo comprobar de qué se trataba...

-Dichosos los ojos señor Wethan-dijo la joven al tiempo que sus mejillas se tiznaban en un leve rubor a penas perceptible en la oscuridad de la noche causado por la extraña coincidencia que le llevaba a tenerlo en frente en el instante que lo tenía en su mente.

[Editado por mithril_ el 21-08-2006 21:57]

[Editado por mithril_ el 30-08-2006 14:34]

Niëlúne Lambar

El joven humano se aproximó unos pasos a Niëlúne y se detuvo.

La joven no pudo sino observarlo en silencio,era un joven altivo y orgulloso pero al mismo tiempo persistía en él una inocencia y una ingenuidad impropias para un joven que ha luchado en una batalla.Pareciera que así lo hubiera elegido para poder olvidar,para poder seguir adelante...intacto.Lo admiró por haber conseguido eso con algo que ella no podía dominar,sus sentimientos.

-Buenas noches Wethan,o debería llamarte \"Bohr\"-la joven le sonrió un momento.

-¿Cómo has sabido...?

-Os he oído hablar entre ustedes,puede que parezca que estoy ausente,pero aún así os oígo.

Bohr sonrió a la semielfa,al fin y al cabo ya no importaba cómo se llamaba ni quién era.

-Bueno,supongo que eso ya no importa.Es curioso-el humano se detuvo un momento en sus palabras-hemos luchado juntos y hemos compartido como hermanos,y sin embargo aún me cuesta pronunciar tu nombre.

La joven se echó a reir abiertamente,tenía razón,sólo hacía semanas que se conocían y habían compartido más que con cualquier otro que conocieran de años.

-Ya tendremos tiempo de conocernos,yo tengo toda una vida por delante...¿cómo sigue Alkalabrindeth?he oído que ha despertado.

-Sí-la voz del humano se tiñó de pesar-aunque a penas sí habla,parece que se escondiera de nosotros...

-Se ve que debes quererla mucho,se recuperará dale tiempo...-por un momento no pudo reprimir un ahogado gemido que Bohr apenas detectó,había sentido algo en su interior al ver el dolor reflejado en los ojos del joven al hablar de su amiga,algo que aún no comprendía pues era nuevo para ella.Escondió su rostro en las sombras para que no pudiera verla intentando contener el temblor que se escapaba de su labio inferior.

-¿Te ocurre algo Niëlúne?-preguntó extrañado.

-No nada,me ha entrado frío,es solo el frío...-y suspiró.-debo regresar a mis aposentos,me han recomendado reposo.

Se levantó rápido y a paso ligero se alejó dejando así a un desconcertado Bohr...

[Editado por mithril_ el 30-08-2006 14:36]

Bohr Daedth

Bohr estaba empezando a apreciar características especiales en las mujeres o las mujeres que estaba conociendo eran más especiales que las que había conocido en toda su vida. No dejaba de ser un \'macho\' y las pensaba como objeto, pero ahora tambien les impactaban en un nivel distinto... y poderoso.

Niëlúne le había metido más interrogantes en la cabeza en unos pocos minutos que cualquier otra hembra que hubiera tratado antes. Y sin dejarlo reaccionar, se había ido.

Alkalabrindeth lo tenía preocupado, eso era verdad. Y temía perderla permanentemente. Era parte de sus seres queridos ahora, y no soportaba no verla reaccionar como siempre había sido... tenía que pensar cómo ayudarla.

El tiempo había pasado y algo le hacía querer volver a estar en su lugar, sus montañas, que eran el único lugar que podía llamar \'suyo\'. Sobre las casas de curación de Yävetil se elevaba una torrecilla, al parecer en su cúspide había un campanario. Se elevaba casi a la altura de los árboles más altos del Taurëruin.

Vestido con al menos un taparrabo, subió a los techos. Mientras iba pensando en la extraña ciudad enana y elfa, recordó al pobre Shatdul. ¿Sería esa una ciudad triste y solitaria como aquel? Trepó la torre y llegó al piso más alto. Desde allí observó el paisaje, se veían algunos de los lugares de los alrededores. Pocos andaban, era más de la medianoche. El frío le recordó los aires de Nestnwelath, cuánto frío hacía en ese lugar y aún sin ser alta montaña!

Se aferró a las columnas que rodeaban la sala aquella e hizo unas acrobacias contra el viento y el vértigo. Se agarró con las piernas de unas barras y se ubicó en caida, abriendo los brazos, con los ojos cerrados sintiéndose volar.

- ¡¡¡Humano, vive gente en los alrededores a los que tu acto puede resultarle alarmante!!! ¡¡¡Baja ya de ahí, ya mismo!!! - dijo una voz desde abajo.

Wethan hizo dos movimientos y quedó parado y aferrado a las columnas del campanario. Observando hacia abajo.

Había una fuerte guardia y un elfo enfurecido. Era Aikanaro, Gobernador de Yävetil.

Aikanáro Tîwele

Esa noche Aikanáro paseaba con un grupo de los Hombres de Makar mientras hablaban de los viejos tiempos en las tierras de Aman, las grandes guerras en las que lucharon y como acabaron aquí cuando de pronto una elfa saliendo de la oscuridad le dijo:

- Señor perdonadme el atrevimiento de interrumplírle pero uno de los que vinieron con Darlak esta en la torre balanceandoce peligrosamente. Tememos que caiga al vacío, le hemos dicho que baje pero no oye nuestras voces y la puerta esta cerrada.

- Nada se ve que no pueden ni comportarse en casas ajenas, así que señores nos toca ir a ver que ocurre y si hace falta dejarles las cosas claras.- dio Aika mientras empezaba a descender de los jardines junto a los soldados en dirección a la torre que dijera la elfa.

Llegaron a la base donde los centinelas miraban a lo alto de la torre gritando al humano que jugueteaba con el destino, Aikanáro miro y en sus ojos una llama se alzó, y alzando la voz como si se tratara de un rugido gritó:

- ¡¡¡Humano, vive gente en los alrededores a los que tu acto puede resultarle alarmante!!! ¡¡¡Baja ya de ahí, ya mismo!!! - dijo una voz desde abajo.

La figura se detuvo y miro hacía ellos, y entonces empezó a descender de la torre, los soldados miraban a Aika, el cual observaba la puerta, esperando a que esta se abriera pero tardaba y volvió a gritar:

-¡ Señorito, aquí hay algunos que tenemos cosas que hacer así que o bajáis rápido o subiré yo, y esto último no os lo recomiendo!

La puerta se abrió lentamente y ante ellos apareció un humano, Bohr Daedth. Este miraba extrañado a los soldados, pero su mirada se clavo en Aika. Aika lo miraba fijamente, esperando un movimiento, una palabra.

Aika se acerco al humano y le dijo:

- Os e dejado entrar por que Darlak así lo pidió, sabéis muy bien que en esta ciudad los humanos no son muy bien venidos, pero aun así os abrí las puertas. Os deje entrar en los niveles superiores para que os curarais y no para molestar con jueguecítos en las alturas.

- Siento haber causado molestia alguna, solo quería estar solo y por eso subía a la torre- respondió Bohr clavando la mirada en Aika.

- Esas torres están para otra finalidad, si queréis estar solo tenéis los jardines de las Casas de Curación. Alarmasteis a las mujeres que habitan cerca creyendo que os ibais a caer al vació con esos jueguecítos. Volved a las Casas de Curación que es donde tendrías que estar ahora mismo, descansando. Dos de mis soldados os acompañaran hasta ella.- dijo Aika mientras se giraba sin dejar contestar al humano y dos fornidos soldados de Makar le hacían gestos a este para que lo acompañaran.

Aika no tenía grandes esperanzas en los humanos, había visto demasiadas traiciones entre ellos como para confiar. Recordó cuando una vez luchando contra las hordas de Morgoth un grupo de hombres que luchaban junto a ellos, en medio de la batalla se pasaron al bando enemigo. Muchos amigos perdió en esa batalla a manos de los que creía sus aliados y desde ese momento recelo de todo humano que hubiera cerca.

Ya era hora de descansar, mañana mandaría llamar a los recién llegados a la ciudad para que subieran a la Fortaleza y parlamentar con ellos.

Bohr Daedth

<¡Pobres elfos! ¡Que forma de vida absurda! No comprenden!> Pensaba Bohr, aún cuando entre sus seres queridos se habían filtrado muchos de ellos, pero no los veía como tales, sino como amigos o hermanos, o mujeres. Pero de tanto en tanto le tocaba enfrentar a lo que para él era el \"modelo\" élfico, el absurdo prisionero de leyes etéreas, cargando valores carentes de gracia y sentido, una belleza rígida, llena de poesía pero carente de frescura.

<Así que este es el tal Aikanaro... desagradable, muy desagradable, nobleza adquirida... no tiene con qué demostrar su jerarquía, pero se impone como jefe del lugar, seguramente su gente le teme más de lo que lo comprende.> Wethan pensaba, mientras esos hombres de Makar lo custodiaban hasta el interior de las casas de curación. El Aikanaro le había fastidiado su momento de libertad, sensación que él jamás comprendería, y se había impuesto sobre él en lugar de tratarlo como un igual. Que la gente se había asustado al verlo en la torre era mentira, seguramente, excusas para molestarlo por la necesidad de fastidiar humanos. ¿Quien se detendría a observar a un hombre ensimismado en su momento de desahogo? ¿Y si alguien lo observaba, qué derecho tenía a pensar algo sobre lo que él hacía? Bastaba con mirar hacia otro lado.

- Entre a los aposentos, y descanse.- le dijo uno de los elfos.

- Sí, sí, el calabozo... Que descanséis vosotros también si es que en vuestro sueño algo en vosotros abandona un poco la esclerosis.- El enojo hacía que el jovencito trajera a la consciencia sus peores prejuicios sobre los primeros nacidos.

Cuándo entró, su gente estaba medio dormida pero algunos se habían despertados. Y él despertó al resto. Con dolor no se acercó a Alkalabrindeth, aunque esta se limitó a observar.

- Mañana habrá un parlamento con el que gobierna estas tierras, es un elfo amargado, no sé que desdichas habrá tenido que soportar en su vida, pero parece reprocharsélas a todo con el que se cruza. Seremos corteses, pues la cortesía nos trajo aquí. Pero hay un límite, no permitiremos que, por \"cortesía\" abusen de nuestra presencia. Mantengan las manos lejos de las armas, prefiero escupirlos a matarlos.- Ninguno dejó de notar que Wethan Bohr estaba muy, pero muy molesto.

Conversaron todos un rato, y luego reposaron hasta que él sueño volvió a ganarles. Bohr pensó mucho en, en qué cosas, a primera vista, era superior al tonto soberbio elfo.

Sonyariel Lisse

Sonyariel caminaba por la ciudad, estaba pensando todo lo que había visto, y lo que le había ocurrió al maia, anotando de ves en cuando algunas ideas en una libreta con algo de carbón. Llevaba puesto un vestido rojo, ajustado y de mangas anchas, y su cabellera trensada con ribetes dorados que caían sobre hombro derecho...

Una voz familiar le hizo apresurar el paso y observó la escena... sintió que la sangre le saltaba.

- ¡Por Eru! ¡son nuestros invitados!

Caminó en la misma dirección donde se había dirigido el dunadan, y entró furiosa, por lo que aquélk pensó que recibiría otra reprimenda, pero la humana le dio una reverencia.

- Te pido disculpas, piensa que ha sido el único que ha sufrido y ha visto a su gente morir en manos de otra raza... Espero que no os haya incomodado... yo que soy de acá, me irrita cada vez que puede por lo mismo.

Observó la entrada ensimismada y continuó algo más calmada - Si supiera... elfos como él destruyeron por completo mi reino, sólo yo sigo viva, pero por mucho tiempo estube muerta por el rencor que a él le embarga... pero es algo que he ido superando, era eso o terminaba loca... Espero que se encuentren cómodos, cualquier cosa que necesiten hacedmelo saber y veré en que se les traiga... estaré en los jardines, necesito refrescar mi cabeza.

Alkalabrindeth

Tras los pasos de Sonyariel, Alkalabrindeth se puso de pie y salió de la tienda ofreciendo una ligera y triste mirada al hombre. Éste olvidó su enojo al comprender en los ojos de su amiga algo más grave, y la siguió.

- Regresa adentro, el aire a refrescado y tu piel se ha erizado -dijo el humano con una ternura que sólo Kala le había hecho brotar.

La peredhel veía el horizonte sin un punto fijo y entonces decidió hablar:

- Tu camino y el mio, Wethan, ya no siguen juntos. -Bohr se aproximó confuso, le sorprendía escucharla pero sobre todo sus palabras- No sé cuánto tiempo viví en sueños, pero lo que más recuerdo son pesadillas de sombra... -la elfa tembló al decirlo y una lágrima resbaló de su mejilla- Recuerdo la muerte de nuestros amigos, pero me han develado con seguridad que ellos están mejor ahora... los he visto... muestran paz y sonrien...

Alkalabrindeth hablaba en susurros mientras Bohr se tragaba la pena que se mantenía viva, sentía la obligación de mantenerse firme para inyectarles al resto la fortaleza que necesitaban, pero sobre todo a su amiga, a su hermana, que era la que de pronto había cargado con una culpa que no le correspondía, pues en el fondo él creía que debía llevar esa carga, después de todo él los había conducido a Amaurenori.

- Antes de tu llegada volví a soñar un espíritu... era hermoso, y tan real que desee no despertar y quedarme a su lado. La primera vez creí que era mi padre, pero su belleza era aún más grande, una belleza que hasta mis palabras más bellas sonarían toscas y altivas a su lado, emanaba una gran luz, pero no incomodaba a mis ojos, más bien me insitaba a verla más, era tan radiante...

Alkalabrindeth se detuvo para dirigir su ojos azules, que volvían a brillar, hacia Bohr; le había transmitido su énfasis. Y continuó:

- Hoy he conocido lo que ella deseaba de mi, porque hasta hoy que escuché su voz descubrí que es una hermosa dama... Aún no dejo de escuchar su melodiosa voz, como un canto... es una orden lo que me ha solicitado... y a la vez un juramento... debo irme Bohr, Wethan. Y debo ir sola.

Alkalabrindeth se dirigió a la tienda, debía tomar sus armas y un pequeño cargamento cubierto de piel donde llevaba ropa. Bohr no sabía que debía hacer y se sintió incómodo, durante todo el viaje él había procurado lo mejor de los suyos, los había dirigido con seguridad creyendo que sus decisiones eran lo mejor para todos, pero ahora estaba entre detenerla y obligarla a quedarse en Yävetil por su seguridad, aunque en ello se le fuera al ánimo por la vida; o acompañarla a donde fuera necesario aunque eso implicara abandonar al resto de sus amigos que aún no estaban del todo repuestos, incluyendo al mismo cadáver de su tan amado Shatdul.

Por un breve impulso el hombre entró a la tienda dirigiéndose al rincón donde se estaban depositados sus objetos personales, comenzó a tomarlos ante las miradas atónitas e inquietas de todos. Alkalabrindeth lo vió y dijo con gran convicción en su voz, que el mismo oriental acató su petición:

- Mi vida y mi destino están en otras manos, os he amado más que a nadie después de la muerte de mi padre y de abandonar a Morlith quien me ha dado todo. Pero se me ha dicho que de seguir sus pasos no veré más esperanza alguna. Amigos míos, hermanos míos, he de abandonarlos ahora hasta donde mi alma encuentre reposo, pero a cambio de ese favor la dama me ha sugerido tomar mi propio rumbo... \"no haz de arrastrar esta vez a nadie hacia tu destino, confía en mi y encontrarás la luz que se ha dispuesto para ti\". Eso me ha dicho y así ha de ser. Quien me ame no se interpondrá en mi decisión.

La elfa echó una mirada de gratitud y amor a wethan, y una vez en la abertura de la tienda, volteó para decir las últimas palabras, pues habría de pasar mucho tiempo para el reencuentro.

- He de pediros que anuncien mi gratitud a las señoras que me atendieron con tanta calma y vehemencia, digan también al señor de Yävetil que agradezco su hospitalidad que lamento no considerar su invitación pero volveré algún día si sus puertas siguen abiertas y cálidas para los desvalidos. Bohr, os aseguro que lo ocurrido sólo fue un malentendido, vos haz madurado y no sabes cuanto os admiro ahora; por piedad, decidle a Darlak que nunca podré pagar la confianza y amistad que me ofreció en momentos tan difíciles y oscuros... Namarië!!

La elfa tomó rumbo fijo a pesar de que nunca había estado en la ciudad, unos cuantos Ohtarianos la vieron pasar, pero nadie la detuvo.

Aikanáro Tîwele

La furia había estallado en Aika, la mirada del humano había echo que su sangre hirviera hasta cotas impensables, muchos de los que estaban allí presentes habían temido por la vida de este, pero Aika se supo controlar. Pero los ojos y oídos de la ciudad lo escuchaban todo, todo lo sabía el Señor de la ciudad y ahora sabía lo que pensaba de el.

Había ordenado a las doncellas que preparasen la Sala de los Valar, una sala redonda de mármol blanco, con grandes columnas que se elevaban formando un bosque, en esta sala habían las estatuas de los Valar y Valier, estatuas de oro macizo que se elevaban 20 metros del suelo, presidiendo la sala. Entre Manwë, Señor de Arda y Varda, Dama de Estrellas Aika había echo colocar un pequeño trono desde donde escuchaba a los que venían a parlamentar con el.

La sala era una bella obra de la unión de elfos y enanos, demostrando el poder de esta ciudad a aquellos que allí eran citados.

Las doncellas no paraban en sus tareas para tener lista la sala para el parlamento, mientras tanto Aikanáro salía de la Fortaleza y se dirigía al Dedo de Vala para ascender a su morada, El Palacio del Sol cuando un soldado se le acercó y le dijo:

- Señor, ¿A que hora debemos traer a los invitados a la sala?

- Que estén preparados para medio día, no quiero que salgan de las Casas de Curación solo podrán salir cuando vengan hacía aquí, que sean escoltados por una guarnición de Hombres de Makar.

- Así será mi Señor- dijo el soldado mientras se retiraba

Aika absorto en sus pensamientos, empezó a ascender por las escaleras hasta que llego a la última puerta, las hojas se abrieron y ante el apareció su morada, morada que ningún humano pisaría jamás. No tardo mucho en entrar en sus aposentos no sin antes pedir que le preparasen el traje plateado para la reunión. Durmió a pierna suelta hasta que una doncella lo despertó para que se preparara para la reunión, el baño ya estaba listo. Aika se sumergió en la bañera de agua tibia, mientras miraba el fuego que ardía en la chimenea. Una elfa le peinaba el cabello, mientras el se iba pasando la esponja por su piel trigueña, y mirando al fuego le dijo a la elfa:

- ¿Creéis que soy una mala persona, mis hombres me respetan o es el temor que les doy?

- Mi Señor, no sois una mala persona, devolvisteis el poder y la gloria a Yávëtil. Luchasteis por ella, tus hombres te respetan al igual que la gente que habita estos muros. Como pensar que no sois bueno cuando os vi jugar con la pequeña, os vi llorar su muerte mi señor.- le dijo la elfa

- Gracias Estel, mandad que me traigan mis ropas, debo poner las cosas claras a nuestro grupo de invitados.

La elfa salió de la cámara, mientras Aika cogiendo una toalla se secaba su cuerpo, su mirada se poso en dos cicatrices que tenía en su pierna, echas por manos humanas, traidores en la guerra. La elfa entró en la cámara seguida por dos más, una de ellas traía la piel de tigre blanco y la otra su ropa. Aika se vistió rápidamente mientras una de las elfas le peinaba su larga cabellera dorada, cuando hubo terminado Aika se puso la piel sobre el hombro y tras despedirse de las doncellas salió del Palacio en dirección a la ciudad. Allí en la entrada del Dedo de Vala le esperaban dos soldados de Makar, sus amigos. Aika los saludo y empezaron a dirigirse a la Fortaleza, allí todo estaba listo para la llegada, las banderas estaban izadas, los soldados formaban en perfecta línea en el patio de armas, Aika subió los escalones que le separaban de la Fortaleza y entró en ella, camino por sus pasillos observando que todo estaba listo. Las puertas de la sala estaban cerradas, con un suave empujón las puertas se abrieron, en ella los Hombres de Makar formaban junto a las más bellas doncellas elficas y los jefes enanos de la ciudad. Aika caminaba por el centro mirando a cada uno de ellos y agachando la cabeza a modo de saludo, y cuando se hubo sentado dijo:

- Hacedlos llamar

Yárfaila Veryawen

Había tenido constancia la Dama de Fuego del comportamiento del joven Bohr en su hermosa ciudad. Recordaba sin poder contener la risa cómo Aikánaro había interrumpido en el gran Salón de Lórien, rojo de ira y apartando con furia las enredaderas que pendían del techo, hasta casi abalanzarse sobre ella.

-¡Malditos humanos! ¡Ellos y su odiosa costumbre de ignorar el decoro y la educación! ¡¿Acaso creen que pueden violar la paz de mi fortaleza de esa manera?!

-Amor, es sólo un niño. ¿Acaso tú nunca jugaste? Es más, ¿acaso tú no violas la paz de otras ciudades con tu ejército? ¡Y encima para mal! El muchacho sólo se deja llevar por lo que le pide el cuerpo. - Yárfaila no podía aguantar una carcajada al verle de ese modo, al ver cómo un pequeño humano lograba desencajar su rostro.

-¡¿Lo que le pide el cuerpo?! ¡A ése lo que le pide el cuerpo a gritos son una veintena de azotes!

- Por Eru, Aika...no me digas que un joven Segundo Nacido puede contigo...con el Gran Señor de Yävetil... - decía la Dama mientras recorría con su mano el torso de Aikánaro. - Vamos amor, lo que necesitas es relajarte. Yárfaila levantaba la copa que portaba en su mano, mientras se acercaba cada vez más al maia, hasta susurrarle al oído: ¿Un poco de vino?

El sol estaba llegando a su punto más alto. La Dama de Fuego comenzó a vestirse para asistir a la asamblea en el Salón de los Valar. Dispuso para ella un largo vestido cuyas tonalidades, verde o marrón como el bosque después de un día de lluvia, se mezclaban según la luz que lo iluminara. Bajo el pecho, el escudo de la Orden de los Hombres de Makar.

Escoltada por dos maias, Yárfaila abrió las puertas del Salón, arrodillándose al entrar. Saludó a los presentes, y tomó asiento a la vera de Aikánaro, el Señor de Yävetil, a la espera del comienzo de la asamblea.

[Editado por Laitaine_Numeniel el 27-08-2006 17:32]

Bohr Daedth

Al frente caminaron el Capitán Santûra, Wethan Bohr, Thitoron y Nielúne, semielfos. Alkalabrindeth los había abandonado por necesidad, y ellos confiaban en ella, pero sentían su ausencia. Los otros siete avanzaban más atrás observando las maravillas que elfos y enanos habían logrado erigir en tiempos aún más ancestrales.

Thitoron provenía también de una cultura que se había fortalecido por la unión entre elfos y enanos. Incluso recordaba haber visitado alguna vez estos parajes. Y observaba todo con maravilla y orgullo. Había intentado advertir a su amigo de evitar el roce con el Señor de Yävetil, sin dejar de ser leal a la \"tripulación\" y no tolerar la falta de respeto sobre sus hermanos. Thitoron en alguna manera era muy parecido a Bohr, aunque en muchas otras no.

Bohr, Wethan, observaba los monumentos, no sin sentirse apabullado por la belleza y grandeza de estos. Pero, como muchos otros humanos del oriente, no habían crecido en una cultura donde la fe en los Valar se inculcara. Bohr era ateo. Creía que había fuerzas sobrenaturales que andaban por el mundo, pero jamás se le habría pasado por el espíritu sentir algo como la existencia de Los Poderes, o aun, de Eru Ilúvatar. Para él, en su ingenuidad, todo esto era una tergiversación de como funcionaba el mundo en realidad, y por supuesto, toda tergiversación provenía de los \"Primeros Nacidos\".

Cuándo Bohr pensó en esto no pudo más que escupir una risa. Cuánto fausto se derrochaba en creencias. Estatuas bellas y gigantezcas sólo para justificarse como los \"protegidos\", los \"importantes\", los \"primeros\"...

Los Fanyari (o Fanyareanos) avanzaban hacia aquella especie de enfrentamiento, parecía un simple choque de culturas en Arador, pero todo lo que ocurría estaba medio escrito en las estrellas, aquello debía ocurrir, y sus consecuencias no serían tan insignificantes como la tensa, aunque no menos graciosa escena, habría de suceder. Ellos mismos no entendían todavía porqué habían llegado a esa ciudad y no a otra, donde realmente descansar.

Bohr se detuvo en la imagen de Manwë, el Soberano de Valinor, bello y magnífico, pero piedra tallada al fin. Habían entrando en la Sala, y junto con sus compañeros estaba frente a un trono. Allí estaba Aikánaro, con el ceño fruncido. Bohr lo ignoraba. No pudo obviamente ignorar a la mujer que se encontraba a su lado, tenía absolutamente toda la belleza que un bosque podía manifestar pero era imposible evitar sentir el centellar de infinitas erupciones volcánicas más adentro. El príncipe Várna Rámar tragó saliva, sería fácil enfrentar a un elfo orgulloso, pero no a aquello.

Aikánaro habló.

- Habéis sido invitados a reponeros en Yävetil. No es mía la merced, sino que se os debe cierta hospitalidad en honor a la Música que ha sido compuesta. De todas maneras tal vez debáis pagar por la benevolencia, al menos con respeto, el que algunos de vosotros parecen desconocer.- Aikánaro no podía tolerar a los humanos, eran vulgares y salvajes por naturaleza, cuándo no crueles y traidores.

- Amo de Yävetil,- Bohr destacó el término Amo, remarcando su calidad de dueño, opresor,- nuestra existencia os molesta tanto como a nosotros vuestra triste forma de vida. Sabemos que permaneceremos sólo poco más en vuestras tierras, en cuánto se terminen de recuperar los más dolidos de nuestros hombres. Mientras tanto podrías recurrir a esas entidades en nombre de las que dices hablar para que te ocupen con algo más importante que con qué es lo que hacemos o dejamos de hacer. Agradecemos las cortesías, pero dado que no venimos en son hostil, no tenemos porque tolerar control alguno.- Bohr intentaba no mirar hacia Yárfaila mientras hablaba, prefería faltarle el respeto que paralizarse y no escupir sus palabras en la cara de Aikánaro. Ya suficiente era tener que soportar la fantochada de los Dioses y el orgullo de los elfos.

Antes que respondieran los Patronos, también habló el viejo Capitán, imponiéndose a Wethan.

- Señor, hemos sobrevivido a una guerra junto a vuestra gente. Perdimos dos amigos, el cuerpo de uno, sabéis acarreamos junto a nosotros en conservación todavía. Pretendemos paz para nosotros, y aquí se nos dijo que la hallaríamos. Así que esperamos que realmente se nos brinde, o sin más la buscaremos en otros parajes.- Santur podía ser un gran borracho, pero sus viajes lo habían hecho también un hábil diplomático, además de considerar que cualquiera de los otros nueve podían ser más sensatos que el joven impulsivo que los movilizaba.

Aikánaro se había parado. Yárfaila también. Intentarían exigir respeto, aún cuando tuvieran que utilizar métodos para tratar con niños, niños que jugaban a ser hombres, o tal vez, con un hombre que aún jugaba a ser niño.

Los viajeros del Bote de las Leyendas sintieron como una embestida del océano antes de que el elfo hablara.

[Editado por Elessurendil el 27-08-2006 18:53]

[Editado por Elessurendil el 27-08-2006 18:57]

Niëlúne Lambar

Niëlúne estaba nerviosa,la situación era tensa y su parte humana pugnaba por salir a flote mientras su parte elfa la instaba a mantenerse en silencio,respetuosa...

Bohr no se sometería ante aquellos que ahora querían imponérsele,él era un líder y no se dejaría vencer tan fácilmente.

Observó la situación atenta al tiempo que una fuerte punzada de dolor se acumulaba en la boca de su estómago,los nervios empezaban a controlarla.Respiró profundamente e intentó alejarse-al menos mentalmente-de aquel momento.Recordó a su madrastra...aquellos bucles color fuego,aquellos ojos verdosos que la miraban con ternura.No pudo sino sentir paz al rememorarla,al evocar sus caricias y las dulces palabras que siempre la obligaban a seguir adelante.

De repente la situación se volvió aún más tensa si cabía esperarse,un largo silencio se hizo en la sala tras las palabras del capitán Santûra y Aikánaro estaba a punto de contestarle.Se percató de que había perdido el hilo de la conversación y de que sin saber cómo,sus ojos habían ido a parar inesperadamente sobre Wethan.

El semblante del joven era serio,parecía preocupado pero no por ello menos seguro de sí mismo.Era altivo y orgulloso,a la par que atractivo.

Niëlúne se reprendió a sí misma por tener aquellos pensamientos cuando menos los necesitaba,seguía siendo una chiquilla,una joven inexperta en la vida.

Se esforzó por volver a la realidad aunque no pudo evitar un leve rubor en sus mejillas al darse cuenta de sus pensamientos,rubor que no quedó ajeno al elfo Thitoron que la había estado observando en su absortamiento...

[Editado por mithril_ el 30-08-2006 14:31]

Aikanáro Tîwele

Aikanáro había escuchado las palabras del humano, cada una de ellas era una ofensa mayor que la anterior y eso no iba a permitirlo, así que mirándolo a los ojos fue levantándose, parecía que engrandeciera a medida que iba irguiéndose, cuando hubo estado de pie dijo:

- Ingratas son tus palabras Bohr, más como te atreves a hablar a así aun Primer Nacido, aun Príncipe doblemente Príncipe. Vigila esa lengua maliciosa por que aquí todo se escucha y todo se sabe, la ciudad tiene ojos y oídos, ella me habla y yo la escucho. Todo esta sujeto a la benevolencia de los Valar... - estaba diciendo cuando Bohr le interrumpió.

- Valar, quien dice que existen, vosotros los autoproclamados seres superiores, ¡solo veo estatuas vacías, ídolos de piedra y metal!- dijo señalando a las estatuas

Bohr al girarse se encontró con Aika enfrente, había bajado del trono con una gran rapidez poniéndose enfrente de este y le gritó:

- ¡Vasta ya con esa insolencia humano! ¡Callad o os cerrare yo mismo esa bocaza!- un escalofrío recorrió la sala, pocas veces se había visto Aika de esta forma y todos sabían lo que podía ocurrir.

Yárfalia se levantó gracilmente del trono y bajando las escaleras se acercó a Aika y le puso una mano en el hombro y le dijo:

- Dejadlo, no caigáis en su juego demostrad lo que sois hablando, mi querido Aika

- Arggg- dijo Aika mientras se retiraba y volvía a subir al trono.

Yárfalia miró al humano y le dijo casi susurrándole:

- No perdáis la gracia en la que me caéis, no sabes con quien tratas. Es mejor tenerlo de Aliado que de enemigo eso os lo garantizo, sino preguntad a vuestros ancianos a ver si recuerdan las grandes batallas, donde él luchó- tras decir eso se dio la vuelta y se sentó al lado de Aika.

El ambiente estaba tenso, todos se miraba pero Aika entonces dijo:

- Harto estoy de la insolencia de los humanos, traidores en su mayoría en las Grandes Guerras, codiciosos de aquello que no poseen, luché junto a vosotros en la guerra y traicionado fui al igual que muchos de mis hermanos por vuestro linaje. Pero aquí os digo, caminad por la ciudad, recuperad la salud pero no faltéis al respeto a lo que todos los que aquí habitan honran, A los Valar. Por que entonces no encontrareis ante vosotros al Gobernador de Yávëtil, ni a un hijo del Reino Bendecido, sino al Heraldo de Makar y temible será mi cólera. Así que se os dará lo que vinisteis buscando pero no se tolerara ninguna afrenta más. Sobre el cuerpo del enano que os acompaña, me tome la libertad de hablar con los lideres ya la colonia enana que habita esta ciudad y están dispuestos a preparar su cuerpo para el viaje de regreso a casa. En cuanto a los demás podéis andar libres por la ciudad hasta que os repongáis pero a ti Bohr te seguiré de cerca. Así que si ninguno más tiene que decir algo aquí se termina el Parlamento.

Tras decir estas palabras los soldados de Makar apostados entre los huecos de las columnas dieron un paso al frente, dos doncellas elfas ataviadas con vestidos de gasa dorada entraron y se dirigieron hacía las puertas de la sala, posaron sus delicadas manos blancas en las argollas que la habrían y tiraron suavemente de ellas hasta que se abrieron dejando entrar u potente haz de luz solar. Aikanáro se levantó y le tendió la mano a Yárfalia para que lo acompañara y se retirasen juntos, la dama puso su mano en la de este y se levantó dejando ver su espléndida figura, tan amada por los hombres y tan odiada por la de sus esposas.

Sonyariel Lisse

Sonyariel escuchaba escondida tras un pilar, constantemente optaba por estar lo más lejos posible de donde se encontrara Aikanaro para no pasar malos ratos, pero ante la llegada de aquellos con quienes habían compartido la aventura en las ruinas, decidió ir a la reunión, con el temor que el gran señor de los arrogantes armara bronca con los humanos.

Sus puños temblaban ante la impotencia, hasta el momento era su capitán pero las ganas de poner el filo de su espada en su cuello cada vez iban acrecentándose.

Aquellos pensamientos produjeron que se mordiera el labio brotando un hilillo de sangre limpiándose con la mano al sentir como se deslizaba tibia, por su barbilla.

Tras retirarse el elfo, caminó ensimismada por los blancos pasillos de aquel reino, que cada vez los sentía más odiado; era humana, pero en su pasado se encontraba una historia que sólo pocas personas en vida conocían, y si aquel supiese la verdad, posiblemente ordenaría que fuese decapitada, al igual como pensó hacerlo el ser que más amó en su vida; el temor corrió por sus venas, cerró los ojos y corrió sin rumbo fijo mientras las lágrimas caían por su rostro acongojado...

Darlak Lórindol

Darlak cabalgaba montado en su negro corcel Rumirel en dirección a Yävetil. Iba seguido por algunos de sus hombres de su compañía, el resto se habían quedado en Mellon Vilya, la ciudad que ahora gobernaba.

Tras dejar a los huespedes fanyareanos a cargo de Aikanaro en Yävetil, Darlak había viajado a la ciudad del puerto para que los carpinteros arreglaran los barcos de Bohr y Kala y el resto de fanyareanos. Luego había cabalgado hasta Mellon Vilya donde había dejado instrucciones a Caragan y junto a unos pocos de sus hombres había llegado a Ostova Lorë a saber del estado de Valandil. Se hallaba aún incosciente y Annamel estaba muy preocupada por la salud de su esposo. Tras dejar a una desconsolada Annamel en la ciudad del bosque, Darlak había partido rumbo hacia Yävetil.

La esbelta ciudad de Yävetil apareció ante sus ojos. Un conjunto de edificios de particular belleza encaramada en un muro de piedra. Avanzaron por el camino de acceso y llegaron a la puerta de Durin.

- ¿Y el señor Aikanáro? - preguntó Darlak a un guardia sin bajarse de su corcel.

- Se halla reunido con los invitados que vinieron con vos, señor.

- ¿Reunidos? ¿Por qué motivo? - preguntó extrañado Darlak

- Uno de ellos ha armado un gran revuelo, señor

Preocupado, traspasaron la puerta y dio órdenes a sus hombres de que permanecieran en el primer nivel de la ciudad. Darlak marchó en dirección a la Fortaleza de Yävetil en lo alto de la ciudad. Cruzó todos los niveles de la ciudad hasta alcanzar el último nivel donde el Dedo de Vala vigila la ciudad.

Darlak se topó con Sonyariel en cuyo rostro se dibujaban unas lágrimas. Se apeó de su caballo y se acercó a ella a la cual le limpió las mejillas de lágrimas.

- ¿Qué os ocurre mi bella Sonyariel?

[Editado por aratir el 30-08-2006 20:07]

Niëlúne Lambar

La reunión llegaba a su fin y no porque Bohr la hubiera concluído…el joven humano apretaba el mentón en un acto de impotencia,las palabras de Yárfaila le habían hecho detenerse,recapacitar.

Aikánaro se disponía a salir de la sala cuando Wethan por fin reaccionó.

Niëlúne se percató de la intención de éste para detener al elfo cuando rápida se apresuró para impedírselo.

-¡Detente!-dijo en un agudo susurro apretando fuertemente su mano entre las suyas-Yárfaila tiene razón,además,no es momento ahora para estar peleando,piensa en los que aún siguen débiles y necesitan descanso,aún no pueden viajar.

-Déjame por favor-dijo irritado y dirigiéndole una furibunda mirada a la semielfa.-no voy a permitir que quede por encima de mi un elfo por muy Primer Nacido que sea.-se zafó de su mano y dio media vuelta.-no tendrá él la última palabra…

La joven miró a Thitoron alarmada,sabía que su amigo iba a cometer una locura y eso era algo que en éstos momentos no se podían permitir.

De repente sintió un incontenible ardor en sus entrañas,una fuerza extraordinaria que luchaba por salir de su interior.Empezó a temblar inconteniblemente mientras su cuerpo se tornaba rígido como la piedra.Thitoron se percató y corrió hacia Niëlúne,pero ella ya no lo escuchaba,sólo un zumbido punzante y ensordecedor que al parecer nadie más percibía era lo único que captaban sus oídos.Su piel cálida y rosada se tornó pálida y fría al momento,intentaba controlarse pero le era imposible.

-¡Bohr!-el humano se dio la vuelta para ver quién lo interrumpía en su cometido cuando vio lo que ocurría,sólo tuvo tiempo de ver cómo Thiroton intentaba sujetar a la joven que recobrando su tez habitual,caía desmayada en el piso.

Wethan corrió hacia Thiroton e inclinándose sobre la semielfa la recogió del suelo con dulzura y alzó en sus brazos.

Niëlúne Lambar

Cuando Niëlúne recobró el conocimiento se encontraba acostada en su cama,se sentía desorientada y confusa.No recordaba muy bien los detalles de lo ocurrido.

La habitación estaba en penumbra y en silencio.Se incorporó sobre la almohada y recorrió la estancia con la mirada y allí estaba él.Wethan se había quedado dormido guardándole el sueño a la semielfa recostado sobre una silla.La joven sonrió para sí y sintió ternura por aquel muchacho que,aun siendo un príncipe,el hijo de un Gran Señor había tenido la amabilidad de quedarse con ella.

Se levantó poco a poco pues se sentía débil y se acercó a Bohr.Suavemente posó su delicada mano sobre el hombro del humano y susurró su nombre.

-Bohr,despierta,está oscureciendo.-No reaccionaba,pareciera que no hubiera pegado ojo en siglos y se estuviera resarciendo ahora de la falta de sueño.Poco a poco había ido madurando y cuestiones que anteriormente le hubieran sido indiferentes ahora ya no le eran ajenas.Las preocupaciones lo habían agotado y la joven sabía que en su interior sufría por la partida de Alkalabrindeth.Volvió a sentir lo mismo que la noche anterior cuando conversaba con él.Sintió que una punzada le golpeaba el corazón y notó calor en sus mejillas.Se apartó bruscamente de Bohr lo que hizo que por fin reaccionara y abriera los ojos.

-¿Qué...ya estás mejor?-dijo entre bostezo y bostezo-¿necesitas algo?

-No gracias-contestó algo malhumorada-estoy bien,gracias por quedarte conmigo.

-No...no se merecen.¿Qué te ha ocurrido Niëlúne?¿Te había pasado antes?

La muchacha se sintió incómoda,por qué le preguntaba,por qué quería saber de ella si apenas la conocía.

-No...no te preocupes por mi,ya me había pasado ateriormente,cuando la rabia y la impotencia se adueñan de mi es como si...es como si pugnara por salir de mi cuerpo,es como si una ardiente llama creciera dentro de mi.

El joven se quedó extrañado pero al fin al cabo,cosas más raras había llegado a ver.

-Bueno,al menos cumpliste tu propósito de detenerme-Wethan sonrió y ella le devolvió una sonrisa forzada.

-Ahora me gustaría estar sola,por favor vete.-El semblante de Niëlúne se tornó serio.-Estoy cansada.

Bohr sintió que la ira crecía en su interior,no comprendía el comportamiento de aquella chiquilla que variaba por momentos,lo mismo podía ser alegre y jovial que en un instante volverse fría y distante,y además lo trataba con desdén,pero nada podía hacer porque igualmente se sentía maravillado ante aquel ser que de sus ojos irradiaba una fulgurante luz que lo debilitaba y lo hacía sentirse pequeño,ante aquella persona que,en tan corto espacio de tiempo le había planteado tantas incógnitas.

Se guardó su rabia para sí y apretó los puños.

-Está bien,hasta mañana...

Bohr Daedth

Bohr apenas había oído el veredicto de Aikánaro. El sólo talante del regio príncipe Oarni le nublaba el entendimiento. Pero en fin decidió que de nada serviría morir enfrentando a todo un reino por un fastidioso anfitrión. Cuándo la reunión hubo llegado a su cabo, los hombres de Makar guiaron a los visitantes hacia el jardín donde estaban las casas de curación, hacía frío. En el camino les fueron procurados abrigos, Bohr se cubrió hasta la cabeza. Y volvieron al refugio.

Cuándo había vuelto en sí, lo primero que recordó Bohr fue que el señor de Yavetil había hablado del cuerpo de Shathdul. Aquel podía ser uno de los lugares donde la familia del enano fallecido había vivido. Tal vez donde él hubiera nacido. Elfos y enanos viviendo en comunidad. Shathdul tenía algo de elfo, había sido imposible negarlo, pobre aquel de esa raza mixta que no se sentía pertenecer a ninguna. ¿Porqué su triste compañero no se habría quedado a vivir en un lugar como este? Aquí hubiese estado en paz. Algo lo hizo pertenecer a los enanos de Fanyarëa, y allí habitó toda su vida quién sabrá porqué. Pero de todas formas Bohr desconfiaba, y aunque no desconfiara, no dejaría que hicieran lo que quisieran con el cuerpo de su amigo, era un Fanyari... fanyari, fanareano, habitante de..., pensó, él mismo se consideraba habitante de un territorio en el que no había nacido, y Shathdul Bunffelak, aunque de una raza distinta, era su hermano de tierra. Bohr sentía algo similar a la nacionalidad. Ese fue el momento en que se cubrió la cabeza y avanzó un poco... hasta unos metros después donde echó los abrigos en la cabeza de otro compañero, elfo, Venéscyth, de quien no notarían la ausencia, ya que su don, y su hábito, era pasar desapercibido. En el tumulto, Bohr se cubrió con la tela de un estandarte que había arrancado en un rincón del recinto donde habían conferenciado con Aikanaro y Yárfaila, dejó el cuerpo desmayado de Niëlúne en manos de Thiroron y se mezcló con la multitud que, percibiéndolo tal vez o no, lo dejaron infiltrarse entre ellos. Los Hombres de Makar eran inteligentes guerreros y sólidos guardianes, pero de nada debía hacerlos estar extremadamente alerta un grupo de fanyareanos, en su mayoría humanos, no tenían porque haber encadenado al humano Bohr Daedth, pero habría sido mejor que lo hubiesen hecho.

Sin embargo, el joven Wethan no llegó a descubrir a donde llevaban el cuerpo de Shathdul. Se perdió en los espacios cerrados entre el bosque y la tundra. Logró alcanzarlos en una ocasión, pero los volvió a perder, así de secretos eran los naugrim, y así de recóndita y segura era la tierra de La Esperanza Erguida de Nuevo. Así fue a dar a una aldea cercana, rodeada de algunas granjas.

- Es extraño que un humano ande por estos rincones de nuestra ciudad...- le dijo una anciana.

- Oh, señora, disculpe... estoy siendo... asilado en vuestra tierra. Y andando... por la espesura del bosque me extravié.- le dijo él, cortésmente.

- Sí, aunque de todas maneras es extraño.- La anciana calló un momento y meditó. – Pues, tienes dos caminos entonces, uno es volver por donde viniste hacia de donde viniste, el otro es la pradera, los plantíos y los rebaños, tu sabrás cuál tomar. ¿No es verdad?-

Tenía un raro aspecto élfico. A Wethan le inspiró confianza y le causó simpatía aunque no comprendía del todo sus ocurrencias. Una mujer se acercaba, eldar, tal vez algo oarni.

- Emarïna, ¿podrías invitar al señor algo de beber? Y tal vez algo de comer si necesita. – dijo la vieja a la elfa. – Su nombre es... –

- Wethan, Wethan... – agradecido por el trato pero preocupado por no poder seguir el rastro de los enanos para saber que harían con Shathdul Bunffelak.

- Ella es Emarïna, Wethan, quédate un instante, hablen un poco, ella te contará de cuánto le debemos a nuestro Aikánaro.- La vieja sonrió y se alejó despacio.

Emarïna habló entonces.

- Ven a mi vivienda, Wethan, bebe algo. ¿Desearás comer? Hay alguna hechura que puedo ofrecerte. -

Él no pudo más que aceptar.

Los hechos que ocurrieron de allí en adelante fueron confusos para casi todos los involucrados. La mujer le habló de Aikánaro como había dicho la vieja, y Bohr oyó disimulando su rabia, pero prefirió dejar que esa buena gente no lo tomara por desatento, así que no interrumpió. Sin embargo le quedaba en el fondo el sentimiento de que todavía le cobraría un saldo a aquel sirviente de Makar.

Supo que Emarïna era viuda, había sido esposa de un pastor de la aldea. Y le contó lo que sabía de la historia de un vellón de carnero que había dejado él y que ella guardaba con celo.



Hubo un momento en el tiempo en que por todos los climas y paisajes se desparramaban ya los kelvar más diversos. En las praderas anduvieron las ovejas. Oromë instruyó a los elfos para que tomaran el pelaje de las ovejas y con ellos crearan abrigos.

De entre los elfos que se acercaron a las ovejas hubo uno con quien parecía que ellas se sentían más a gusto, a quien acudían con mayor frecuencia y a quien respetaban más. Asimismo él parecía comprenderlas claramente y tomar las decisiones que mejor resultado daban en ellas.

Entonces su vida tomó un nuevo curso, él anduvo de prado en prado, de pueblo en pueblo, proveyendo de lana a sus gentes. En cada pueblo supo aprender cuanto de útil había y en cada pueblo su consejo también era valioso. Así como las ovejas, la gente lo reconocía, recurría a él y lo respetaba. Muchos quisieron ir con él a la pradera, pero él mismo los convencía de que había mundos donde vivir y funciones que cumplir, y ellos aceptaban su palabra. Aunque incluso muchas veces también fue acompañado en su quehacer.

En el rebaño había un cordero que había nacido en el tiempo que él había comenzado a ser pastor, y alcanzó a ser un gran carnero, fuerte y bien dispuesto.

Pero los elfos sufrían el acecho de las calamidades de la oscuridad. Y aunque no pasó largo tiempo, el sufrimiento llegó al rebaño. Hubo lobos que gustaban alimentarse de ovejas, pero este rebaño fue acosado por wargos, wargos criados en el mismo Utumno.

Con sus grandes conocimientos el pastor se convirtió también en guerrero y cazador. Más de una vez, junto con los pocos más fuertes carneros de su manada se defendieron de uno y otro wargo maldito. Pero entre ellos surgió un líder, un licántropo.

Fue ese el que además de liderar a los wargos comenzó a atacar la moral del pastor. Los pueblos donde él visitaba sufrían ataques furtivos, la gente con la que más afecto compartía era atacada, quienes lo acompañaban luego eran perseguidos y capturados. Pero el licántropo tomaba la precaución de no matar a estas víctimas, su objetivo era el rebaño, y más perversa era la amenaza hacia él cuándo el daño que los rondaba sólo era parcial.

Las veces que nuevamente intentaron atacarlos, nuevamente el pastor y sus carneros resistían triunfantes el ataque, causando graves bajas en los siniestros enemigos. Y el rebaño siguió intacto por mucho tiempo.

Un día el pastor llegó a un pueblo, habitaban allí elfos y enanos. La confusión y el miedo habían reinado allí, pero ahora tenían un nuevo gobernante. Ingresó, pero como era considerado una amenaza fue detenido y encerrado. El rebaño fue llevado por el jefe y algunos otros hasta la pradera y fue librado a su ventura.

Por la noche el gobernante se acercó al elfo prisionero. Y lo intimó con una lanza al cuello. Le dio a elegir entre su vida y la del fiel carnero que había crecido a su lado. El tipejo no era otro que el mismo licántropo. Por supuesto que él prefirió morir. Pero el animal también dio su veredicto y enfrentó al humanoide, no dejaría que su amigo se sacrificara por él. Fue una lucha sin igual pero el carnero cayó. El malvado dejó con vida al elfo, prefería su sufrimiento y su impotencia. Al otro día el pueblo entero había muerto, así como el rebaño. El monstruo saludó al pastor riendo con malicia y le mostró el pellejo del pobre heroico animal, y desapareció del lugar.

El elfo enterró todos los cuerpos que habían quedado destrozados por el ataque de los wargos, y enterró uno por uno el cuerpecito de cada oveja y cordero, eternos compañeros de viaje. Luego anduvo errando desahuciado por la pradera, ignorando a los animales que intentaban acercársele.

Un día el mismo Oromë se le presentó, presentando sus condolencias. Los Valar no estaban en todas partes a la vez y el poderoso no había podido hacer nada con el crimen que había ocurrido, y lo sentía muchísimo. El Vala había rescatado el vellón del rumiante, que el licántropo había pretendido echar a una hoguera, el fuego no lo había dañado. Le dijo al elfo que le entregaba esa piel, porque le pertenecía, porque era también su propia piel. Que él la bendecía en nombre de la parte del mundo que Iluvatar le había consignado en la Música. Y que el mundo necesitaría de su don de pastor, tanto con los rebaños como con muchos nacidos: elfos, enanos, y de los que vendrían más tarde.

El elfo se puso el vellocino a los hombros. Oromë sabía que mucho había aprendido, y que todo lo que tenía a su alcance lo usaría para cumplir su pedido, pero que antes consagraría todo, todo de lo que disponía en su interior y en su exterior a saldar la cuenta.

Juntos el Vala y el elfo cruzaron a una velocidad, por sobre la de cualquier nacido, animal o bestia, los bosques hacia Udûn. Y el elfo pastor al fin dio caza al licántropo en los alrededores del escondite del Disonante, y mató también a cada uno de los wargos que lo habían acechado en todo aquel tiempo. Esa vez el avari, con el consentimiento y don de Oromë, había sido más que un elfo.

Luego de aquellos hechos cumplió su palabra y volvió a ser un pastor. Y también un maestro de pastores. Así su única heredad fue aquel vellocino que lo designaba “líder del rebaño” y pasó a sus sucesores, y a su tiempo, a otros y otros.

Luego Bohr le contó quien era él. Y en su ardor, en la que se mezcló la pena del relato, su ardor y su ambición, su pendencia con Aikánaro, su demérito para los que reverenciaban a esos dioses etéreos, y otras cosas que no le correspondían saber, procuró quedarse con aquel tesoro, tal vez insignificante, pero que a él se le ocurría como premio en ese momento de todas maneras. Discutió en buenos términos con Emarïna. Y ella no cedió.

- Me pertenece. – afirmó por último él, aún amenamente.

Y así fue que la elfa no pronunció más palabra y se lo entregó, no sin dejar caer unas lágrimas por el pasado y el destino. Bohr intentó enmendarla, conseguir que ella se sintiera nuevamente afable, pero ella lo despidió y él no dijo más.

Con el Vellocino en el lomo, Wethan Bohr, volvió prontamente por los caminos del bosque hasta llegar al jardín. En el camino recordó fugazmente, que algunos en su niñez le llamaban Hamáma, el macho del rebaño, cuándo él aún desconocía lo que era un rebaño, pero se rió de asociar aquel recuerdo con el hecho de esa noche, y siguió.

Llegó a las casas de curación. Ahí lo recibieron Santur y Venéscyth despiertos. Niëlúne había permanecido inconsciente hasta entonces, y Bohr sintió se sintió también culpable por no haberla acompañado todo el camino. Así que se sentó a un lado de su camastro, puso el Vellón en su falda, y veló por ella.

La tarde lo encontraría siendo despabilado por la bella y misteriosa semielfa. Después de verla afligirse por asuntos íntimos, que más tarde él se propondría dilucidar, dispuso que era hora de exigir sus pertenencias, las de toda la hermandad del Lunte I Naryier, marcharse de Yävetil y volver a casa.

Sonyariel Lisse

Tras correr por el largo pasillo Sonyariel se quedó pasmada al tropezarse con el medio elfo. Desde que había llegado a la ciudad se encontraba inquieta, como si alguien la vigilara constantemente tras los enormes pilares, y Lórindol era el único que lograba que se olvidara de aquella sensación, perdiéndose como una niña en búsqueda de cariño y al verlo ahí, de pie, frente a ella, secó rápidamente las lágrimas, con una sonrisa se abalanzó a sus brazos llenándolo a besos.

- ¡Yo creí que ya no querías hablarme más! – dijo el semi elfo algo sorprendido.

- Para mí eso era un calvario ¡Por los dioses Darlak, moría por estar contigo!

- Creo que tendré que ausentarme más seguido, que me están gustando estos reencuentros – dijo el semi elfo con una sonrisa – ahora ¿me vas a decir qué te ocurre?

- Esta ciudad me hace mal, Darlak, no me siento bien...

- ¡No me digas que te hicieron algo!

- No...Es que... ando más sensible de lo normal, sólo es eso. -comentó la joven algo pensativa

- Jajajaja ¿igual como la tarde en el parque que te dio la loquera y me lanzaste todo lo que pillaste por la cabeza?

- ¡Qué querías que hiciera! ¡Si no parabas de coquetear con esa elfa del puesto de frutas!

- Ya, ya, ¡tranquila! Jajaja si es broma. - Le dijo el medio elfo a la vez que tomaba su mano para calmarla.

- Cómo crees que me siento, soy humana en la ciudad del gran señor de los arrogantes, y de sólo escuchar su nombre me altero... Darlak, si tú llegases a odiarme... por los dioses, yo me muero...

El elfo la acurrucó contra su pecho sintiendo sus rápidos latidos y el temblor de su cuerpo. Le acarició los cabellos y caminaron en silencio donde sus pies los llevaban, hasta que con una sonrisa en los labios rompió el silencio.

- Sonyariel... ¿Tienes a otro?, si es así, me dices y yo me busco alguna elfita por ahí...

-¡Qué! ¡Estás loco! No puedo hacer nada sin que esté pensando en ti y... o acaso... ¿¡No me digas que te gusta alguna de esas flacuchentas desabridas!?

El medioelfo estalló en una carcajada al ver como un par de elfas que pasaban por el pasillo escucharon el comentario de Lisse y la observaban fijamente con cara de pocos amigos.

-¡¿Y ustedes qué miran?! ¡Yo tengo todo en mi sitio y mejor puesto!

Volteó hacia el semienfo que seguía riendo. Con su rostro encendido, haciéndole juego con el color de su vestido y con voz temblorosa le dijo:

- Eres... ¡eres un tonto – y con rapidez caminó en dirección contraria, pero el medioelfo de improviso la tomó de un brazo y la estrechó contra un rincón de la pared besándola con ansias. La masculina mano se introdujo con fuerza bajo la falda de la humana, para acariciar la suavidad de su piel... mientras de sus labios brotó un suave murmullo, casi imperceptible, que creía olvidado en el tiempo...te amo Lórindol...

[Editado por auriga el 16-09-2006 23:52]

Aikanáro Tîwele

Aika había estado pensando largamente en el Gran Salón de Lorien, sabía del descontento de la dama Sonyariel y entonces para sorpresa de las doncellas de Arien este les dijo:

- Haced llamar a la dama Sonyariel y conducidla hasta aquí necesito hablar con ella- dijo mientras miraba por la ventana

- Pero señor ella es una humana, y jamás humano alguno piso este palacio- dijo una de las elfas extrañada.

- Eso ya lo se, y yo soy un firme defensor de esa norma pero a llegado el momento de romperla, decidle que Aikanáro quiere hablar con ella no como señor de la ciudad sino como un medio elfo, decidle que me complacería su visita- dijo mientras abría el ventanal, la brisa entro por ella haciendo que los cabellos doraros de este flotaran en el aire.

Las doncellas salieron del salón totalmente extrañadas, el comportamiento de Aika estaba cambiando, estas bajaron por las escaleras del Dedo de Vala y llegaron a la Fortaleza de Yávëtil. En la entrada estaban los soldados de Makar custodiando la puerta y una de ellas le dijo:

- El Señor Aikanáro quiere que la dama Sonyariel suba al Palacio del Sol para conversar con él, nosotras no podemos salir a la ciudad- dijo una de ellas.

- Será dicho, ahora mismo la traeremos- dijo uno de los soldados mientras salía hacía la Fortaleza.

El soldado caminó por el jardín y se paro cuando vio a dos elfas discutiendo airadas, se acercó a ellas y les dijo;

- ¿Se puede saber que pasa aquí, señoras?

- Nada una humana que se cree que puede competir contra nosotras, nos llamó flacuchentas desabridas, ¿os lo podéis creer?- dijo una de ellas airada.

- Estoy buscando a la Dama Sonyariel, ¿sabéis donde puede estar?- dijo el soldado pasando un poco de las elfas

- Fue ella la que nos llamó eso, estará en la Fortaleza.- respondió la otra mientras se iban airadas hacía los lavaderos.

El soldado caminó raudo hasta llegar donde les dijeran las elfas, entró por una puerta lateral y fue a parar al gran corredor. Allí los tapices y las estatuas adornaban sus paredes, recorrió un poco de este hasta encontrarse con el Señor Darlak y la Dama Sonyariel y acercándose a ellos les dijo:

- Perdonad, Dama Sonyariel el Señor Aikanáro os ruega que subáis al Palacio del Sol para conversar con él- dijo este mirándola a los ojos.

- Como, que Aikanáro le pide que suba al Palacio del Sol, si allí los humanos tienen vedada la entrada- dijo Darlak extrañado

Darlak miró a Sonyariel y le dijo:

- Será mejor que subas sino lo haces será una afrenta contra él y todo lo que representa. ¿Si quieres te acompaño?

- No podéis señor, la invitación es solo para la dama ella debe subir sola- dijo el soldado.

Mientras tanto en el Palacio del Sol Aikanáro se estaba cambiando de ropa, se puso sus ropajes de cacería y cogiendo un gran arco salió al jardín. Allí se puso a tirar con el arco, tenía que entretenerse en algo ya que temía que la dama le dijera que declinaba su invitación y eso le intranquilizaba, sabía que se había mostrado altivo en la sala, pero ese era su deber, mostrarse duro como una piedra donde nada ni nadie pudiera sujetarse y herirlo.

Darlak Lórindol

Darlak miró a Sonyariel y le dijo:

- Será mejor que subas sino lo haces será una afrenta contra él y todo lo que representa. ¿Si quieres te acompaño?

- No podéis señor, la invitación es solo para la dama ella debe subir sola- dijo el soldado.

Con suma extrañeza, Darlak no pudo más que dejar a Sonyariel que fuera a aquella reunión con Aikanaro aunque sin duda no entendía muy bien el motivo por el que el señor de Yävetil la mandaba a llamar. Las continuadas guerras que se habían tenido que batallar habían ocasionado la separación de Sonyariel y de Darlak nada más conocerse. El semielfo se había acordado de ella mientras que su espada se veía inmersa en el torbellino de las batallas. Ahora que habían vuelto a encontrarse, Darlak no quería perderla de nuevo.

El semielfo caminó en dirección a las casas de curación para interesarse por el estado de sus invitados.

Bohr y el resto se hallaba sentados esperando que la joven semielfa despertara de su letargo. El humano se levantó nada más verlo a él entrar y le dijo:

- Caballero Darlak, ha llegado la hora de que nuestros hombres y yo regresemos a nuestros hogares.

Darlak se hallaba preocupado.

- Lamento que nos os hayais sentido cómodos en esta ciudad. Sé que habéis tenido rencillas con Aikánaro pero estimé que en esta ciudad podríais descansar mejor. Mellon Vilya aún se está recuperando de la guerra y estoy haciendo lo posible para que vuelva a ser una ciudad acogedora. En Ostova Lorë, Annamel debido a la enfermedad de su esposo no os habría podido atender mejor.

Se acercó a la joven que dormía aún y tras contemplar su estado le dijo a Bohr

- Creo que aún es pronto para marcharos, esta joven necesita reposo.

Bohr Daedth

Darlak podía tener razón.

Pero era hora de regresar.

Nielúnë ya había despertado. Y en, y con, ella ya se había iniciado una crisis que era preferible que se desatara y resolviera en Fanyarëa.

El descanso en Yavetil, aún con sus inconvenientes, había sido místicamente re-energizante.

Bohr tenía lo que quería. Y lo que le había sido consignado por el destino.

Pasó la noche y mediante tratativas con los enanos, Thitoron II logró que les entregaran el feretro provisorio de Shathdûl.

No sería la última vez que vieran a aquellos, a Darlak, a Aikanaro, a Yarfaila, a Valandil. Los Ohtari volverían a saber de ellos algún día.

Bohr insistió a Darlak y este hizo que los escoltaran hasta el puerto donde esperaba la reparada barcaza. Los viajeros de la hermandad lo contemplaron estupefactos y conmovidos, con intensa querencia y nostalgia.

- Santur, llevanos a casa. A Fanyarëa.- Le habló intimo el príncipe humano.- ¡A Fanyarëa! - gritó luego a sus compañeros, que lo siguieron encendidos. Y al grito del retorno, ocuparon sus puestos y se despidieron de Lempe Ohtari... Y de alguna gente que los ayudó a embarcar y partir, saludandolos agradecidos.

La historia no terminaría aquí. El Lunte I Naryier tenía mucho para contar sobre estas tierras aún. Pero otros parajes esperaban. Y disfrutar del hogar, que ahora asumía otro sentido para los más jovenes, particularmente para su jefe, era la próxima aventura.

Sonyariel Lisse

- ¿Sola?...

La joven miró dubitativa al soldado y se le apretó el estómago. Observó a Darlak con nerviosismo, se despidió de él besándole los labios y se encaminó siguiendo desconfiada los pasos de aquel elfo.

- ¿Sabes qué desea el señor de mí?

- Eso no me incumbe, aunque encuentro una ignominia que se le permita a un humano acceder al palacio.

La joven decidió callar, tanto orgullo les daba el hecho de ser los primeros nacidos, como ellos mismos se nombraban, que quiza cuantas veces habrán cometido el error de cerrar sus ojos frente a actos horribles cometidos frente a sus narices.

Recordó, a medida que el majestuoso palacio aparecía frente a sus ojos y los enormes pasillos se habrían a su paso, cada sufrimiento aprisionado en su alma, se vio en una época remota, aún adolescente vestida con lujosas telas, con la ilusión y alegría en la mirada de alguien que nunca ha visto grandes dolores, de la mano de un imponente teleri de mirada altiva, cubierto por pieles blancas...y sus salidas a cazar con una amiga con la cual se había reencontrado en las tierras de los Othari... Cada lágrima derramada y la sangre vertida en sus manos y en su vientre... Recordó a su padre con su mirada distante y ajena, a su tutora y confidente y como un pueblo de paz se transformaba en cenizas en manos de un grupo de elfos.

No quería pensar, pero la magnificencia de aquel lugar le traía recuerdos dolorosos.

Desde la primera vez que vio a Aikanáro, sintió que se le partía el alma..., el destino estaba jugando macabramente con ella y sus recuerdos... el parecido era espeluznante, tanto en el fìsico como en su actitud... y cada batalla rendida en los puertos de Tumbale Hópa, y en la ciudad de Eru Andorya había sido un calvario de confusión y odio.

Quiso correr lejos de ese lugar, pero ya era demasiado tarde.

Unas enormes puertas se encontraban frente a ella. El guardián, que guiaba a la humana ante la miradas de extrañeza de quienes la observaban, se acercó a un soldado, hablaron un momento como si estubiesen discutiendo y después de mirar friamente a la humana, la hicieron pasar a un salón.

- Que espere aquí mientras se le enuncie al señor Aikanáro su llegada.

Aquellos minutos mientras hablaban le parecieron eternos, hasta que las enormes puertas se abrieron frente a ella. Al entrar en aquel salón sintió que se le aprisionaba el corazón. Hermosas imagenes talladas en el blanco muro representando a los valar adornaban la estancia. No creía enormemente en deidades en general, creía sólo en lo que veían sus ojos, pero si respetaba las creencias de los demás... estaba en su esencia.

Caminó observando ansiosa hasta que sus ojos se posaron en una de las imágenes que hizo que se le doblaran las piernas... Yavanna, que extrañamente había visto cubrir de flores el árido desierto cuando ella era una niña, sonriéndole con sus 5 añitos... "una extraña flor silvestre"... escuchó decir con su voz melodiosa en aquel desierto donde ella había pasado gran parte de sus días...un pueblo completamente olvidado.

Afiebrada por las imagenes en su memoria, todo pareció darle vueltas, sentía nauseas. Sentada en el frío suelo, a los pies de aquella imagen, con los ojos cerrados apoyó su cabeza en el inmaculado muro deseando que todo acabase....

[Editado por auriga el 21-09-2006 17:53]

Sulankalië

Aquel día habia sido el peor de todos...

Tras unas cuantas horas de cabalgata sostenida la blanca yegua resopló anunciando su cansancio, llevaba un mes en una busqueda que no parecia tener sentido...

"Esos sueños no significan nada"

Recordó las palabras de su primo Telperinquar a las puertas de Lindon antes de su partida...ahora se preguntaba si su otorno tenia razón...

Desmontó y su figura encapuchada se acerco al animal...

-Yo también necesito en descanso Alqua.- dijo en voz baja frotando la mejilla contra el cuello de la yegua

Se sentó bajo una haya a la orilla del camino mientras sacaba una botella del manto que llevaba, bebio largamente del frasco mientras miraba el bosque a su alrededor...

-Todo esto me resulta desconocido, sin embargo siento que estoy donde debo estar.- murmuró para si.

El cansancio le cerraba los ojos, más dormir seria volver a esos sueños...a esa sensación de vacio tan conocida...era la sensación que tenia cuando sanaba al modo Noldo...la ligereza del fëa al abandonar el hröa, esa impresión de estar en los espacios intemporales que existen entre Lorien y Mandos...cuando no se esta dormido...pero tampoco muerto.

Y así se cerraron al descanso sus ojos grises y las sombras de sus sueños se alargaron sobre ella...

Y sus pies caminaron largamente el sendero de los sueños...

Y sus ojos admiraron la belleza de un jardín sublime...y una figura alta y vestida de verde la recibio con los abiertos...y mientras danzaba las flores se abrian a su paso...y Sulankalië supo que se encontraba ante una Valier....ante Yavanna Kementari...

De pronto un estanque se abrio ante los ojos de la noldo...

- A tulat Sulankalië, a cenat...(ven Sulankalië, y mira...)

La Valier tomo delicadamente la mano de la noldo y la introdujo en las aguas frias, la elfa miro de nuevo y de pronto vislumbro una ciudad...y una estatua en medio de todo...y en torno a ella cinco figuras que no conocia. Y aquellas facciones talladas en la piedra eran las mismas que ahora miraba refulgir con la luz de la vida...una estatua de Yavanna...

- Helya nin...(sigueme)

La elfa parpadeó confusa...las palabras llegaban claras a su mente..sin embargo estaba segura de que la Valier no habia movido los labios...

- Yävetil....

Despertó bruscamente con la palabra en los labios...

-Yävetil...

Se levanto apresurada y corrio hacia la yegua...

- Vamos Alqua....- dijo montandola de un salto.- presiento que estamos cerca...

La yegua corrio veloz mientras el levante echo la capucha de la elfa atras liberando tras de si una insutida larga cabellera tan negra como la noche...

[Editado por Sulankalie el 20-09-2006 23:50]

[Editado por Sulankalie el 20-09-2006 23:54]

Sonyariel Lisse

Tras permanecer un buen rato sin recibir señales de nadie, la joven se exasperó, se levantó y sacudió la cabeza.

¿Cuánto tiempo había transcurrido en esa sala? le pareció un chiste y se acercó a las puertas para salir de ahí pero estaban cerradas. Observó a su alrededor y se acercó a las puertas que daban hacia el norte de la sala, pero en ese momento entró el elfo que había discutido con el otro que la llevó al palacio.

- Si el señor Aikanaro piensa en dejar que un humano pise el palacio, no debe estar en su sano juicio. - dijo aquel con la mirada fría.

- Pues sólo vine por que me llamaron, además no es de mi agrado estar rodeada de tantos estúpidos arrogantes- le dijo la humana con odio en la mirada.

- ¡Maldita mujer! fácilmente puedo acabar contigo, y decirle al señor que planeabas atacar y destruir este sagrado lugar - dijo el elfo imponente mientras sacaba su enorme espada... la joven que no traía consigo su espada no se intimido, observó con una sonrisa a aquel ser con aires de superioridad y se aprestó a recibir el ataque.

- ¡Son todos iguales!, a pesar de haber luchado a su lado por su reino siempre ven maldad en los que son diferentes a ustedes. le dijo la joven mientras veía que aquel se lanzaba con la espada en mano. Sonyariel esquivó con dificultad el ataque, mientras se movía rápidamente de un lado y otro del salón, hasta que logró acercarse y tomar la muñeca de su atacante para lanzarlo... pero aquel que conocía sus movimientos, se adelantó y le dobló el brazo antes de lanzarla sobre las imágenes de los Valar que se situaban en un costado.

- Maldito...-- dijo la joven tirada entre las figuras rotas de los dioses de los primeros nacidos. Vio que aquel se acercaba amenazante, espada en mano, y cuando su sombra le cubrió, giró con rapidez en el suelo logrando barrerlo. Al verlo en el suelo echando maldiciones, la joven salió corriendo lo más rápido posible de aquel lugar por los blancos pasillos.

Sabía que le buscarían, y no se sentía bien después del golpe, y prefirió salir por una de las ventanas en dirección al jardín. Caminó agitada, con la mano en el costado, observando de un lado a otro, hasta que una flecha que se incrustó en un árbol a escasos centímetros de su cuello la detubo. Su respiración por poco se detuvo, y al girar se encontró con los ojos claros de Aikanaro.

- ¿Para esto me llamaste?... ¿tanto es tu odio que envías a tus hombres a atacarme para dejar tus manos limpias? - le dijo la humana con el rostro pálido mientras se acercaba al elfo con la mirada llena de ira. Aquí me tienes... si quieres disparar haslo ahora... si es tanto lo que odias a los humanos, y deseas venganza o lo que sea, dispara tu maldita flecha en mi pecho, que no me moveré... le dijo la joven que se encontraba frente a frente a aquel, con la frente en alto... hasta que se le nubló la vista y cayó a los pies del Elfo.

Aikanáro Tîwele

Aika se quedo perplejo al verla allí, por poco no había atravesado ese cuello, como no podía haberla visto salir de entre la espesura del jardín. Pero lo que le dejo perplejo fue su reacción, le estaba gritando y no entendía nada cuando la humana cayo al suelo desmayada. Aika dejo rápidamente el arco y fue a por ella, su rostro estaba pálido y por más que le tirara agua esta no volvía en si.

La cogió entre sus brazos y empezó a caminar bajo los árboles en dirección al Palacio cuando escuchó la voz de dos soldados discutiendo, primero no paro atención pero luego escuchó que decían:

- Hay que encontrarla antes de que la encuentre Aika sino estaremos listos, por que su cólera es temida por sus soldados- dijo uno de ellos

- Tranquilo Aika no soporta a los humanos así que no te preocupes ahora busquémosla- respondió el otro.

Pero sus caras cambiaron al ver a Aika aparecer desde el bosque con la humana en brazos, sus rostros se volvieron blancos como la nieve y sus armas temblaban haciendo que un traqueteo sonara. Aika los miraba desafiante y entonces su voz, sonó alta y potente:

- ¿Se puede saber que no debo encontrar? ¿No será lo que sostengo entre mis brazos? !Contestad!- gritó Aika

- Pero mi señor…- dijo uno titubeando

- ¿Como os atrevéis a atacar a un invitado mió?, ¡Como osáis levantar la espada contra ella, aunque sea humana esta invitada por mi, y lo que vosotros pandilla de zoquetes hagáis me representa a mi!

La furia de Aika era palpable, más con un gesto los soldados fueron apresados y llevados a la Fortaleza para un posterior castigo. Este subió las blancas escaleras y atravesó los largos corredores hasta llegar al Gran Salón de Lorien. Allí la tendió en un camastro de la Dama Yárfalia y tras coger un poco del agua que brotaba de las múltiples fuentes de la estancia las vertió en un cuenco y mojo un paño, con delicadeza lo iba pasando por la frente de la humana mientras la miraba con otros ojos. Ya no veía en ella a la humana sino a Sonyariel. La humana empezó a despertar lentamente mientras ante sus ojos se abría uno de los Salones más bellos que había en este lado de los mares. Las flores inmortales crecían por doquier mientras que pájaros de vistosos colores y cantos mágicos volaban aquí y allí. Aika la miró y le dijo:

- Siento que mis hombres se comportaran de esta manera no era mi intención, lo siento de verdad así que aceptad mis mas sinceras disculpas- dijo Aika agachando la cabeza en señal de respeto.

La humana lo miraba con ojos extrañados, ¿era el mismo Aika aquel que tenía enfrente si? Entonces la voz dulce de Aika le hizo mirarlo a los ojos:

- Te he llamado por que hay algo en mi que te recuerda a algún suceso doloroso, en tus ojos veo la rabia y el dolor que me procesas. Es como si yo te hubiera infligido algún daño y no se cual puede haber sido. Se que me mostré duro contigo y con todo humano que se me cruzo por delante, pero es que sufrí y perdí a demasiados amigos bajo sus traiciones y por eso me cuesta confiar en ellos. ¿Os ruego que me digáis en que os herí mi señora?- su tono cambió a suplica y sus ojos se vidriaron, algo en Aika estaba cambiando.

Sonyariel Lisse

La joven al despertar se encontró con un lugar de ensueño. Por un momento pensó que estaba dormida, dentro de aquellas hermosas historias que le contaba su madrina, cuando era pequeña. El hermoso salón la deslumbró, y extrañada escuchó las palabras del Elfo. Se veía diferente, se escuchaba diferente, sintió por un instante que estaba frente a Aikanáro, pero el dolor y la desconfianza en la humana era más fuerte, nublándole el entendimiento. Al ver los bellos ojos del elfo sintió que se le partía el alma, y sus ojos se llenaron de lágrimas.

- ¿Es normal para ti lograr todo lo que deseas no? ¿Siempre tienen las palabras exactas, finas y delicadas para hacer creer que te importo no? Para luego destruir todo lo que he amado - Dijo Sonyariel mientras se levantaba algo confundida y empujando al elfo se lanzó sobre él – ¡Me mataste en vida maldito Rávion! - dijo la joven entre sollozos - ¡por qué no me mataste a mí!... por qué- repetía la joven cada vez más despacio hasta terminar con su cabeza apoyada en el pecho de aquel, sin parar de llorar. – ¡Maldito estúpido, si yo te amaba!… como pudiste hacerme eso… - Sonyariel se quedó ahí, con los ojos cerrados, recostada en el pecho de aquél, ahogando el llanto hasta calmarse completamente.

La joven se sentía confundida, y en ese momento lo único que deseaba era llorar. Cuando ofreció sus servicios al desaparecido rey, estaba completamente segura de lo que estaba haciendo, había recorrido parte de aquellas tierras de las que supuestamente Ravión venía, mas, era un ser completamente desconocido para su gente. Ya estaba resignada a no saber más de aquél, pero al entrar a la primera compañía junto a Aikanaro, se dio cuenta que aún no era capaz de desligarse de aquel dolor. Su mente sin la fuerte barrera que había formado para evitar pensar sobre su vida antes de llegar a Lempe, estaba inundanda de imágenes de pequeña, rechazada por un padre lleno de dolor, los cuidados y enseñanzas de su madrina, los días con sus amigas, los días vividos con su ex marido, el nacimiento de su hija y su rápida muerte a manos del padre y el fuego, y posterior caída de su pueblo.

Una mano le acarició el rostro, haciéndola reaccionar. Al levantar el la cabeza vio el rostro de Aikanaro y completamente sonrojada se alejó con premura, quedando sentada al lado de una fuente, con la cabeza gacha. Observó su rostro en el reflejo del agua y no le gustó lo que vio de si misma.

- Soy una estúpida - musitó mientras se secaba las lágrimas que le bañaban el rostro e intentaba de buscar las palabras para explicarse.

- Pensaras que estoy loca... pero... es que he odiado tanto, que duele. Pero más duele cuando terminas odiando a quien amabas...y... desde que me enviaron contigo, para mi ha sido un calvario. Te pareces mucho a alguien que... A veces creo que fue una mala jugada, pero al verte, no sólo veo a Aikanaro... veo... veo a aquel que le entregué mi vida transformándome en su mujer... veo al precursor de la destrucción de mi pueblo... mi familia... y de mi niña recién nacida... - le dijo la joven con la voz quebrada. – Fue mi castigo. – una sonrisa brotó en sus labios temblorosa, mientras se levantaba y sacudía su vestido. No se sentía capaz de mirarle a la cara, y sólo la imagen de Lórindol tenía en la mente.

Hizo una mueca, al sentir nuevamente el dolor en el costado. - Si las heridas del alma fueran como las del cuerpo... Se acercó despacio y se sentó en el sitio donde anteriormente estaba recostada. - - No la he pasado muy bien que digamos... pero tampoco le he hecho pasar buenos momentos a otros... se que no es escusa... pero a veces la rabia es tan grande que terminas haciéndole daño a los demás, y a muchos como tú... trabajando por dinero sin mediar si lo que hacía era correcto o no... - Levantando el rostro mira a los ojos al que era su capitán - No sé por qué le cuento estas cosas... se que no tiene nada que ver con mi vida, y lamentablemente tuve que importunarte con mi presencia... más solo seguía órdenes... Se que yo no era quien esperabas, pero hice lo mejor que pude tomando en cuenta que no soy muy adepta al océano y menos a subirme a esos barcos...- la joven esbosó una sonrisa... - Yo que había prometido no subierme jamás a una de esas cosas...

La joven sin darse cuenta estaba tomando el mismo tono de cuando conversaba con Eleth, y se quedó un ratro en silencio, observando el rostro de Aikanaro.

- ¿Eso es lo que quería mi capitán?... yo creo que sería mejor que me vaya... si... yo no creo que deba estar aquí... Me a costado tanto reiniciar mi vida que... por favor no comentes lo que pasó. Es que Lórindol no sabe aún nada de mi y... quiero esperar el momento adecuado para poder hablar con él... la joven recordando la lloradera y cuando se vio sobre Aikanaro cubrió su ojos y suspiró - por Eru, que vergüenza...

[Editado por auriga el 14-11-2006 17:48]