La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Ostova Lorë

2006:09:28:09:24:16

Súleglîn

Ostova Lorë, la ciudad del sueño.

Bajo la espesura de los bosques un bello lago de manto plateado se extendía a lo largo de unos metros, el Aelin Lindalë. De tamaño no muy grande, el lago era el lugar donde se había asentado una poderosa ciudad protegida bajo el poder de Valandil Súleglîn, una bella ciudad que crecía entorno al Lindalë. Grandes y pequeños edificios, casas de curación y viviendas, tabernas y posadas, santuarios y plazas, una gran diversidad de edificios que constituían un enorme plano urbano bajo la sombra de las copas de los árboles. El corazón de la ciudad era la Gran Plaza del Lago, una zona muy amplia y concurrida que rodeaba el Aelin Lindalë. Esta plaza consistía en dos sectores. Por una parte estaba la Dor-Merethir, la Región Ceremonial, donde se realizaban las ceremonias políticas y religiosas más importantes de la ciudad. Normalmente estaba restringida al paso y los ciudadanos comunes no podían acceder a esta zona de la plaza salvo cuando se celebrara algún acto público. En esa zona se hallaba uno de los edificios más importantes, la mansión presidencial, que estaba construida con una piedra de color turquesa como el color de las aguas del mar durante el ocaso del sol. Era de forma rectangular y poseía tres grandes torres dos laterales y una central. La puerta de entrada consistía en un gran arco en cuyos laterales se erguían dos grandes columnas que, junto con otras dos situadas en la parte interior del edificio, constituían el soporte principal de la segunda planta. Dentro se llevaban a cabo las tareas de política, las acciones de gobierno y las acciones judiciales.

Bajando por unas escalinatas encontrábamos la otra mitad de la plaza conocida como la Región de las Voces, la Dor-Lanthir, porque allí la población se concentraba para llevar a cabo las fiestas y disfrutar del ocio, era una zona de habitual concurrencia. Allí se hallaba el mercado, algunos balnearios, las casas de curación y las posadas más importantes. Famosa era la Posada de la lengua de Gato, un rincón muy conocido debido a la comida que en ella se servía. Se decía que la cocinera de la posada conocía artes mágicas que usaba en sus guisos aunque otros muchos solo creían que al tratarse de una cocinera elfa que vivió en Beleriand conocía muy bien las comidas de muchas tierras y sabía mezclar bien los sabores. Además de la comida, esta posada era conocida también por su cerveza de un intenso y refrescante sabor.

En el suroeste de la ciudad se hallaba Caras-Tithen, la ciudadela pequeña, la parte antigua de la ciudad, una zona de calles estrechas, normalmente irregulares y correctamente empedradas. Las paredes de los edificios estaban construidas de piedra tallada. Y al sureste de la ciudad se hallaba Caras-Daer, la ciudadela grande, la zona moderna de la ciudad, una zona llena de edificios más grandes y bellos que parecían palacios. Estos palacios consistían en un patio alrededor del cual se disponían varios recintos de planta rectangular, conformando la unidad básica de aquella arquitectura residencial.

Al norte de la Gran Plaza del Lago y como orgullo de los ciudadanos de Ostova Lorë se encontraba un parque natural, el Taurërúin, el Bosque Rojo (en realidad una pequeña parte de este), una zona en la que cascadas y piscinas de agua conformaban un bello espacio invadido por la naturaleza hasta el último rincón. En cada una de las zonas de la Gran Plaza había pasos para acceder al parque, en el cual se podía contemplar una gran variedad de especies de pájaros de todo tipo de colores que residían allí y se alimentaban de los frutos de las plantas que allí crecían. El canto de estos pájaros se extendía por toda la ciudad fundiendo todo en una dulce música.

En la parte sur, bordeando la ciudad, se hallaba estaba la zona exterior, casi a las afueras de la ciudad. Allí se desarrollaba las actividades militares, ése era el lugar en el que se llevaba a cabo los entrenamientos de los soldados que defenderían la ciudad ante cualquier tipo de amenaza, donde se impartían las técnicas de combate así como se enseñaba el uso de las armas y artes de lucha cuerpo a cuerpo. En esta zona habían sido levantadas varias viviendas para los soldados que fuesen de paso por la ciudad. Se encontraban allí también la herrería y las caballerizas.

El Taurërúin extendía su superficie hacia toda la ciudad para ocultarla bajo la espesura de sus árboles de tal manera que se mantuviera escondido lo mejor posible a los ojos de los transeúntes y además este bosque basto se estendía más allá de los límites de la ciudad. De esta manera, el gran bosque conseguía guardar celosamente el secreto del interior del lago. Y es que, en lo más profundo del Aelin Lindalë, las estancias de una enorme y colosal construcción, ligada al destino de aquella ciudad, yacían en las profundidades del lago. Esta parte de la ciudad subacuática permanecía aislada del agua lacustre mediante una serie de conjuros y hechizos lanzados en cadena sobre las aguas del Aelin Lindalë.

La leyenda dice que Valandil Súleglîn escogió este lago entre otros y le bautizó con el nombre de Aelin Lindalë debido a que cada noche, tras la llegada del ocaso y el elevamiento de Rána, la errante, sobre toda aquella región, unas voces de niños y niñas, mujeres y hombres, se alzaban en un coro armonizado de tristes y, a su vez, majestuosos y atractivos lamentos. Las luciérnagas del bosque acudían a acompañar con su luz los cánticos nocturnos de los difuntos, que una vez vivieran en Yavëtil.

Las canciones envolvían el bosque y protegían aquel lugar de los intrusos. Algunos lugareños cuentan que las canciones son los ecos del dolor sufrido por los antepasados de aquel pueblo y que todo el que los oiga jamás dejará de sentir una terrible nostalgia y melancolía. Pero no todos creían por igual en que aquello y pocos eran los que se aventuraban por aquellas tierras pues terribles rumores se habían propagado en los últimos años tras la caída de “la grandiosa”.

Valandil había errado un tiempo bajo las sombras de Taurërúin hasta que en lo más profundo de su ser encontró algo de lo que hacía tiempo venía buscando. Alzó su mirada al cielo, concentró su mente y una intensa humedad brotó espontáneamente alzándose por encima de las copas de los árboles. De esta manera, Súleglîn mandó un mensaje a Valinor pidiendo la bendición de su ciudad a los Valar y rogando la gracia de tres de sus grandes guías: Ulmo, Yavanna y Lórien. Dos días más tarde un montículo floreció en el centro del lago y sobre él una bella flor que se convertiría poco a poco segundo tras segundo hasta que una gran flor abrió su pétalos y un intenso aroma embriagó todo a su alrededor y tras la caída de estos sobre las aguas calmadas del Lindalë desaparecieron hasta lo más profundo del lago ahondando la cavidad de este y de la semilla que dejó al tomarla la mente de Valandil cayó en un eterno sueño en el que su mente viajó hasta Valinor y allí recibió todo cuanto pidió y cuando volvió, todo cuanto con los Valar deseó y planeó en su sueño, estaba ya construido…

Pero en el interior del lago algo había cambiado, en el se situaban las estancias de una enorme y colosal construcción ligada al destino de aquella ciudad. Un gran palacio se levantaba en el interior del lago, pero no solo constituía un elemento de extrema belleza, lujo y porte sino que era el corazón de la ciudad, un emplazamiento de lo que sería la principal y más poderosa defensa de la ciudad. El palacio era de forma redonda y en la planta que tocaba fondo y se posaba sobre el suelo estaba formada por un gran pasillo circular lleno de arcadas decoradas en cada medio arco con una luminosa perla (llamada Onda Tari. Piedra Reina) que durante el día emitía rayos similares a la los de Rána, la errante y durante la noche emitía una luz intensa y similar a la que desprende Arien la reina de las estrellas pero no tan fuerte si no mucho más débil. Este pasillo circular cerrado en su interior albergaba un gran patio cuyas paredes ascendían curvándose hasta conformar en el techo una cúpula cuya cúspide poseía una pequeña abertura de la que colgaba un enorme diamante. La luz del sol incidía directamente sobre este y la gema absorbí la luz y la emitía en miles de rayos luminosos muyo menos abrasivos y mucho mas bellos a los ojos de todo ser.

Este patio en cuyo centro se hallaba la llamada “Mente cristalina” o simplemente como lo llamaba Súleglîn la fuente. De ésta emanaba un líquido parecido al agua pero tan diferente que apenas se acercan a una definición similar. En esta fuente corrían auténticas gotas del rocío de Telperion que Súleglîn almacenaba en su corazón, líquido que una vez le devolvió la vida y ahora parte de él sería empleado en construir un lugar seguro para la vida de los demás. Este líquido conectaba directamente con la esencia y alma de Súleglîn lo cual hacía que a través de él pudiesen la ciudad y él fundirse en uno. Y esto se debe a que desde este lugar junto con los poderes del maia y sus conocimientos y junto con el líquido precioso se podía controlar el sistema de defensa del palacio del que más adelante se hablará. El resto del patio en el que se situaba la mente cristalina era un jardín bello, tan bello que muchos pajarillos habían abandonado el mundo exterior para morar y vivir allí llenando con sus melodías los corazones de los errantes.

Luego se alzaba el primer piso. Este nivel era donde se encontraban las numerosas estancias del palacio y donde se encontraba en el ala norte la gran biblioteca del reino de Lempë Ohtari. Una gran colección recogía el saber de los años pasados fueron cedidos por los Valar a Súleglîn como un preciado y valioso regalo. En esta biblioteca el tiempo pasaba rápido para el maia pues su mente anhelaba conocer y saber siempre más y más. En esta misma planta aparte de las estancias y dormitorios y de la gran biblioteca se hallaba un gran cuadro que representaba el rescate de Maehdros y tras éste un pasadizo secreto se hallaba pero estaba protegido por la magia del maia y nadie que el no consintiera lo atravesaría es más verlo o sentir su presencia ya era un hecho un tanto extraño. Dónde conducía era una incógnita que el maia guardaba para sí…

Esta planta el suelo estaba formado por sólidas piedras blancas de brillo mate y cada piedra de forma hexagonal en cuyo centro se hallaba una pequeña greca que formaba una beta gris. Cada baldosa casaba con otra perfectamente y formaban una bella superficie. Las paredes se hallaban tapizadas y cada tapiz tejido por las manos más finas de los elfos Vanyar de las tierras imperecederas ilustraban a los Valar, Valier y sus grandes obras en el mundo. Los rayos del sol reflejados por la Onda Tari iluminaban las estancias y embriagaba con su luz cada rincón. Aún así a veces la luz no era suficiente y del techo colgaban bellas lámparas con forma de Elanor, en el interior de lo que es el cáliz de la flor una llama intensa iluminaba los frágiles cristales que constituían la artificial Elanor, el brillo del fuego en su interior y el dorado color de la flor hacían que una cálida luz se desprendiese de sus vítreos pétalos. Había escaleras de acceso a la planta inferior y superior en el norte, sur, este y oeste de la primera planta. Estas escaleras poseían una barandilla de oro macizo con grabados con las letras élficas diseñadas tiempo atrás por Feanor. Centrada en cada escalera sobre ellas se deslizaba una bella alfombra roja aterciopelada con bordes de plata con dibujos de hojas de distintas flores.

Luego se encontraba el segundo piso, un lugar ideal para el descanso tanto a nivel emocional como físico. En este nivel el suelo estaba construido por bella madera blanca como la cal. A pesar de que la luz iluminaba todo cuanto tocaba del techo pendían lámparas con forma de Niphredil, blancas como la luz eterna y puras como el amor de Eru por sus hijos. En su seno una viva llama ardía y su luz atravesaba el translúcido cristal que irradiaba su particular luz. En esta planta se hallaba una gran sala que estaba destinada a las reuniones y asambleas importantes. La entrada a la misma siempre permanecía cerrada y la puerta consistía en un gran arco cuyo espacio interior se encontraba una red de finos hilos de color plata y oro. Esta especie de telaraña que impedía atravesar el arco de entrada (que no era más que la puerta) permanecía siempre cerrada y solo se podía abrir si Súleglîn lo deseaba, no tenía mas que desear que se abriera o que se tejiera más telaraña mágica para reforzar la puerta que ocurriría.

La gran sala era llamada Mardeva i vanima o Salón de la belleza. Esta gran sala en cuyo centro poseía una gran mesa redonda de cristal opaco y sillas con cojines rellenos de plumas y bordados en oro y con grabados en la madera de sus monturas era un mundo de belleza límite. En el centro de la mesa se encontraba una pequeña escultura de una bella Oarni que se hallaba con los brazos alzados por encima de su cabeza y en sus manos sostenía una concha abierta en cuyo interior una gran perla brillaba e iluminaba toda la sala. En el fondo de la sala se encontraba un gran mirador, formado por una pared que consistía únicamente en un enorme vidrio a través del cual se veía todo el interior del lago así como los animales que lo habitaban y dejaba al desnudo parte de los secretos que en su interior se guardaban. El suelo estaba hecho con fragmentos de gemas preciosas muy pequeños unidos todos en una pasta y a los que se les había dado forma de triángulos, y con cada baldosa casando una con otra se había construido el suelo multicolor de la sala. En el lado izquierdo de la sala se hallaba una fuente de la que emana un agua cristalina y fría junto con unas jarras de cristal y unos pequeños vasos, esta fuente se usaba para saciar la sed de cualquiera que entrase en aquella sala y desease sentirse revitalizado y lleno de energía. Así a grandes rasgos y omitiendo toda serie de detalles de lujo se puede más o menos aportar una idea de lo que era la Mardeva i vanima, una reina de reinas entre todas las salas que en el palacio había.

El pasillo de la segunda planta también era circular y como ya mencioné una gran puerta era la que permitía el acceso al gran salón, no obstante, estaba siempre cerrada. Pero en las paredes del pasillo de manera periódica se situaban unas conchas marinas engarzadas a la pared y dentro de estas conchas había siempre una pequeña cuchara abombada dentro de estas que permitía extraer de ellas agua que se encontraba en su interior. Esta agua poseía propiedades curativas y eran restablecedores de la energía de aquel que las tomase. Eran usadas mucho en las casas de curación de Lempë Ohtari pues eran una gran aliada para sanar heridas y proporcionar energía a los enfermos débiles que por falta de esta perecían en el intento de su recuperación.

Las escaleras de acceso a la siguiente planta y al nivel inferior eran una continuación exacta de la que se hallaba en el primer piso.

El tercer nivel era el mundo de Súleglîn era donde pasaba el mayor tiempo y era donde la mayor parte de sus gustos y pensamientos quedó reflejado. También esta planta estaba formada por un pasillo circular y a los lados exteriores de la circunferencia se hallaban las puertas que conducían a las estancias y diversas habitaciones. Las paredes eran de un color azul cielo precioso, es más reflejaba la profundidad de este si se contemplaba detenidamente. La pared estaba recorrida por una cenefa que consistía en la repeticón de cuadrados cuyos bordes eran de oro y en cuyo centro una perla roja carmín y en el siguiente una perla violeta se iban alternando de forma continua. Además del techos colgaban nuemerosos pero pequeños yacimientos de cristales que iluminaban las estancias. Estos yacimientos eran como los que hallaban los enanos en las profundas minas en las que extraín las más preciosas puntas de cuarzos y amatistas. Cada pequeño núcleo cristalino poseía varias puntas y cada uno era de un color no había ninguno fuese idéntico a otro y eso que al menos habría cerca y si no lo superaba un millar de estas pequeñas lámparas cristalinas. En el tercer nivel podemos encontrar 4 habitaciones a cual más grande pero destacaba Fallasë Aiya o La Playa Bendita. Se trataba de una habitación de descanso en cuyo interior habían dos pequeñas estanterías que aún no se encontraban llenas ya que estas estaban siendo completadas por Súleglîn con libros que al el le gustaban, documentos que estaba realizando y otros que iba recogiendo de varios lugares diferentes. En el centro de la sala se encontraba un gran sofá de color blanco, y con cojines mulliditos eran perfectos para un descanso parcial durante un pequeño tiempo. Además en otra estantería tenía un gran herbario con todo tipo de plantas, inciensos e infusiones que usaba para su relax. Próximo a la ventana se hallaba una pequeña cocina y el resto de la habitación estaba decorada con piezas marinas. El suelo y las paredes estaban hechos con un material nacáreo como el de las conchas del mar.

La segunda sala eran los aposentos de Súleglîn, de ellos solo se sabía que dentro se hallaba un libro de notas del maia junto con los hechizos y conjuros más poderosos que conoce y las notas sobre lo que aprendió en Valinor. Una especie de diario repleto de conocimientos. Estaba protegido por varias magias desconocidas pues ese libro no podría ser leído ni tocado por manos ajenas a las del maia. Eso y poco más se ha de revelar de las estancias del maia.

La tercera sala se trata de una sala de meditación, en esta sala hay una gran piscina que ocupa casi todo el espacio, en el techo y las paredes están cubiertos o tapizados con espejos. En la piscina en el centro hay una fuente de la que emana el agua según el gusto de Valandil saldrá a una temperatura o a otra. Un armario con sales de baño y toallas se encuentra en una de las esquinas de la habitación. Una vez dentro de esta piscina parece ser que se es transportado a una pequeña porción del mar.

Y la cuarta sala era el lugar de entrenamiento del maia, en ella se encontraban diversos aparatos para trabajar físicamente y objetos mágicos que usaba y algunos pergaminos que contenían hechizos para crear ilusiones y usarlas para recrear situaciones a las que debía estar preparado, es más en aquella sala había una mesa en la que probaba e investigaba nuevas pociones y hechizos y los usaba sobre objetos para encantarlos, esa sala permanecía sellada por magias mayores ya que suponía un peligro potencial que alguien que no conociese aquello entrase y sufriese un accidente. Las otras tres salas permanecían cerradas bajo llave tres llaves que Valandil siempre llevaba colgadas al cuello.

En el ala norte había un quinto hueco con unas escaleras que solo conducían a la última planta, en esta planta era donde se encontraban los calabozos y era la zona menos querida por Súleglîn pero era necesario a veces retener a gente allí a todo peligro que allí pudiese quedarse retenido. Las escaleras que subían hasta arriba eran de roble oscuro y viejo que crujían al subir y no poseían ningún adorno ni alfombra. Los calabozos estaban a oscuras y la única luz que allí había era la que Súleglîn portaba en su interior cuando iba de visita a por aquellos lugares. Las puertas estaban selladas con la sangre de Súleglîn y solo él las podía atravesar y la gente entraba ahí si estaban en contacto con de lo contrario no podrían.

El palacio ya definido internamente desde fuera presentaba una forma cónica y se podían ver como las platas en forma circular se superponían unas encima de otras hasta dar la estructura deseada al edificio, justo en la punta del cono se alzaba una estatua que no era más que tres Oarnis cuyas espadas estaban enfrentadas y cuyos ojos en los que habían engarzados esmeraldas de azul intenso vigilaban el lago de las intrusiones enemigas.

No obstante aun queda por definir las tres entradas al palacio y estas eran: La Torre Diamante, la Torre Esmeralda y la Torre Rubí. Estas tres torres se encontraba trazando un triangulo en cuyo seno se encontraba el palacio, es decir visto desde arriba se podían ver los tres vértices de un triángulo y en cada uno de ellos situado una torre y dentro una gran circunferencia inscrita en el que era el palacio. De cada torre salía un pasillo que iba hasta el patio interior del palacio y así comunicaban el exterior con el interior ya que las tres torres eran tan altas que sobresalían más del medio centenar de metros de la superficie del agua. Y luego desde la superficie varios puentes conectaban con la ciudad y las torres.

Cada torre en lo más alto se encontraba un puesto de vigilancia, y en este un enorme espejo que reflejaba y aumentaba la intensidad de los rayos del sol. Esto se debía a que en la punta del pico del techo de cada torre pendía una gema de un tamaño gigantesco que hacía rebotar la luz con una intensidad muy grande sobre el espejo y eso moviendolo conducía el rayo contra lo que se apuntase. Durante el día esto servía como un arma defensiva ya que un potente chorro abrasivo de luz podía cegar al enemigo y con un poco de poder adicional hacerlos arder en llamas, pero por la noche los rayos lunares potenciados de la misma manera se usaban para vigilar la oscuridad que rodeaba a la ciudad y delatar al enemigo invisible haciéndolo visible.

El secreto de que cada gema de cada torre fuese diferente más adelante sería revelado pues una de las cosas que caracterizaban a Ostova Lorë era que había queda impregnada por aquel aura de misterio que Súleglîn portaba.

La ciudad era una ciudad tranquila cuyos ideales perseguían sobre todo la bondad. El alma de Súleglîn tras haber entrado en contacto con…adquirió una nueva cosmovisión…aunque aún no podía confiar en nada ni en nadie…

El destino de Ostova Lorë era demasiado como para que solo estuviese ligado a su destino y no podría controlarlo todo él. Por eso vio en sueños que un extranjero había llegado alguien ideal que defendería todo cuanto había sido creado…Por eso aunque en mi residiera la obligación de cuidar y dirigir aquella ciudad pediría ayuda a aquel noble corazón y le elegiría como mi representante y sería él quien dirigiese la ciudad junto conmigo. Pero ahora tenía que recibir su respuesta…y esta ha llegado a mí ahora tan solo tengo que esperar…

No obstante aún no estaba todo descrito y aún habían secretos pero poco a poco se revelarían…noticias de que un grupo de elfos del bosque habían llegado a la ciudad llegaron a mis oídos y rápidamente salí a acogerlos y darles la recibida y abrirles las puertas a mi ciudad…se notaba en todos ellos una gran pasión por la ciudad como si la hubiesen estado esperando siempre…en ese momento decidí que por el momento ningún humano pisaría aquellas tierras pues no quería que el corazón traicionero de esa raza destrozara la armonía que se había creado…no obstante algo me decía que me equivocaba así que saqué fuerzas y conseguí imponerme sobre mis primeros deseos y dejar la entrada libre para cualquiera que desease vivir y ser feliz.

Valandil Súleglîn

El maia descansaba en sus aposentos ajeno a lo que a su alrededor ocurría. Pero tras una carcajada sus ojos se volvieron a abrir...Annamel junto a él no podía contener las lágrimas de la ilusión de verle despierto...

-¿Annamel?- la voz del maia parecía que hubiese estado atrapada años y ahora salía por primera vez de su refugio temerosa y débil.

-Mi amor...no puedo evitar llorar de verte bien...por fin...

-Lo siento...te quiero mucho...lo sabes, ¿Verdad?...no lo olvides, esto aún no ha acabado...pero pronto terminará todo...me he hecho con el control yo ahora...él descansa, está debilitado...confía en mí...pronto acabará este tormento y volveremos a ser felices juntos...

-Valandil...

Las lágrimas de la elfa brotaban con mayor intensidad...

-Amor mío...se me desgarra el corazón de ver tu rostro empapado por lágrimas inmerecidas...nos veremos pronto...

Súleglîn volvió a caer inconsciente sobre la cama.