Featarya
La Llegada de Featarya a Realengo de Farothdin
Tras dejar atrás mi mala fortuna Y en busca de nuevos retos y enseñanzas, mis pasos me guiaron a un hermoso lugar en Arador, que por alguna razón me llamaba mucho la atención. Recorrí varios días aquella encantadora tierra, hasta que en una hermosa mañana soleada encontré un enorme y mágico valle, con una vegetación totalmente verde y exuberante, amplios robledales y encinares, así como coníferas y plantas resistentes al frío, y algunos ríos pequeños provenientes de las montañas que morían en pequeños lagos o bajo tierra. La ciudad de Ost-in Alassëa Ésde se encontraba edificada al fondo de aquel valle al pie de las Eredkheled, enfrente de la ciudad a bastantes kilómetros, aunque no demasiados, se elevaba Orodgûl, el volcán que podía verse desde cualquier punto del país.
Descanse pocos minutos en un pequeño lago, probé el agua, su sabor era agradable y reconfortante. Había plantas que daban frutos muy jugosos y dulces, solo bastaron muy pocos para satisfacerme. Lo que llamaba mucho la atención era la cantidad y la variedad de aves, hay muy pocos lugares con tantos tipos de aves, de todos los colores, escucharlos cantar a la vez era como ir una gran orquesta formando una música tan hermosa, como las alegres melodías de los elfos. También se encontraban animales terrestres, pero no se dejaban ver, comencé a cantar un poco y unos animalitos se mostraron por la curiosidad, pero no se acercaron demasiado, lo hubieron hecho si así lo deseaba, pero no quise seguir descansando más.
Las ansias me carcomían y me dirigí velozmente hacia la ciudad. Me acerqué demasiado a la capital, ésta se encontraba totalmente rodeada por una muralla de un color blanco con un adarve que permitía colocar cómodamente dos filas de arqueros, escalonada por altas torres y almenas. La puerta principal estaba protegida por una barbacana imponente, con dos altas torres desde donde se podía divisar todo el valle y de donde colgaban los estandartes de la Orden de la Rosa: una rosa totalmente blanca en un fondo negro; la puerta era de un metal desconocido, de color negro pero delicadamente tallada con motivos vegetales, principalmente flores y destacando, como no, las rosas. El agua era canalizada de las montañas a la ciudad mediante acueductos y una compleja red de tuberías que permitía la llegada del agua a todas partes.
Hace pocos días me entere que Ílimo se encontraba en estas tierras, supongo que esa es la razón por la cual fui a parar en aquel lugar. Ílimo y yo éramos buenos amigos en Valinor, hasta que él marchó a la Tierra Media con Izilzurias. Lo echaba de menos, tenía muchas ganas de volverle a ver. Llegué hasta el portón mismo de la ciudad, encapuchado y envuelto en mi capa azul oscuro. Llamé para que me abrieran, pero como era de esperarse solo recibí preguntas de uno de los guardias.
-Señor, ¿quién sois y qué asuntos lo han traído hasta aquí?
-Soy un elfo que ha venido de muy lejos a hablar con los señores de estas tierras –le respondí sin dar demasiada información.
-Lo siento, pero no tengo órdenes de dejarlo entrar, no me autorizan dejar pasar a viajeros –me respondió el guardia, algo sorprendido ya que nunca había estado en una situación tan insólita. Entonces me quite la capucha y tire mi capa hacia atrás, el guardia no pudo creer que debajo de aquella capa, fina pero sencilla, se encontraría con aquella elegante vestimenta y aquel noble y extraño elfo, me causó gracia su expresión, sin embargo mantuve mi rostro serio.
-No vengo con malas intenciones, estoy armado, pero si lo desean pueden amarrarme las manos, pero es urgente, necesito hablar con los señores de estas tierras –les hice un pequeño juego mental y los convencí para que me dejaran entrar, por suerte sin la necesidad de amarrarme las manos, pero con una escolta de soldados atrás y un guía adelante.
La ciudad se dividía en tres secciones principales, la primera se extendía desde la primera muralla hasta la segunda, era una franja muy amplia de varios kilómetros de terreno. Cuando entre me di cuenta que esta sección estaba destinada, una parte a la agricultura y ganadería, la industria y otra a zonas de entrenamiento militar, aunque mas tarde me entere que los verdaderos cuarteles se encontraban ocultos. El guía habló con otro guardia de la segunda muralla, dijo brevemente quien era y mis asuntos, y así continuamos.
La segunda franja era la ciudad propiamente dicha; salpicada de hogares, parecían sencillos pero eran muy reconfortantes; lugares culturales, de recreo y mercados. El suelo era hermoso, de un verde fuerte, y los caminos de una hierva mas clara. Las personas miraban sorprendidas a aquel extraño elfo, sin saber que había sucedido, eso me provocó mucha gracia. Antes de pasar a la última sección el guardia nos interrogó, y antes de que el guía hablará yo anuncié:
-¡He venido a ver a Ílimo!
Los soldados quedaron desorientados, y el guardia de la última muralla me dijo:
- Lo siento señor, quizás este mal informado, pero el Rey Ílimo no se encuentra en estos momentos en la ciudad.
-Estoy mas que seguro que Ílimo se encuentra, y cuestionar mi palabra es como cuestionar la del mismo Rey- replique con convicción.
-No quiero ofenderlo –respondió el guardia-, pero debe estar equivocado…
-¡Habrán las puertas! –interrumpió la voz del Rey Ílimo del otro lado de la muralla. Los guardias, que ignoraban que había regresado, obedecieron enseguida. Con una alegre risa Ílimo me recibió.
- ¡Bienvenido Caladan, a la capital de Realengo de Farothdin, Ost In Alassëa Êsde!
Fue así que me encontré con un viejo amigo.
La sección tres es el palacio que se encontraba delimitado por aquella muralla, con el fin de albergar a la población si alguna vez la capital era sitiada; una puerta daba acceso a una plaza ajardinada y un camino que se dirigía al Palacio trazado con forma de media luna, abierta hacia el sur; los demás complejos del lugar estaban conectados al castillo.
Sin embargo lo que casi nadie sabía era un túnel excavado en la roca de la montaña que conducía a un valle cerrado en el que se alzaba el verdadero Palacio del Rey. Sus caminos son tapices de esmeraldas, permitiendo poder andar descalzo y sentir el frescor de cada mañana, bendición de las montañas. El palacio se imponía tras aquél jardín, hecho de marfil y oro, no permitía entender la oscuridad que dentro se aguardaba. Allí descansaron los reyes en tiempos de gloria mientras en sus tronos emanaban la luz y las sombras que hoy residen en el palacio, aún en la ausencia de alguno de los dos Reyes.
Mientras íbamos caminando por aquel lugar, comprendí que la capital era un jardín hecho ciudad y sentía que las penas con las que estaba cargando se iban aligerando poco a poco, e Ílimo me contó como Izilzurias abandono el Palacio y construyó el castillo de hielo, que se encontraba a pocos kilómetros de la capital. En aquel lugar, ella tuvo muchos seguidores formando así La Orden del Lirio Negro, que actuaban en secreto, desde las sombras, sin embargo algunas veces venían a la capital a reunirse con La Orden de la Rosa, donde sus acciones no se mantenían ocultas.
-¿La Orden de la Rosa? –Pregunté
-Sí, no todos son seguidores de la Reina –me respondió Ilimo- y aquellos que decidieron servirme son los miembros de esta Orden. Precisamente ahora vamos a aquel edificio, ese es el Sacro Bastión de la Orden de la Rosa, yo también me entere que venias hacia acá, por eso convoque una reunión con todos los miembros de la Orden.
-¿Quiere decir que va a hacerme miembro?
-Por supuesto, ¿no es lo que buscabas?, te conozco bien Caladan, por eso no me moleste en preguntarte –en ese momento mi corazón se llenó de alegría y ansiedad, Ílimo prosiguió- prepárate, mi buen amigo, porque lo mejor esta por empezar.
Llegamos al Sacro Bastión de la Orden de la Rosa, estaba rodeada por una muralla fina, pero tan imponente como el edificio, y lo más peculiar de aquella muralla era que no tenía una forma geométrica específica, sobresalían puntos en algunas partes, o era lisa en otras, pero siempre concordaba cada parte con su lado opuesto como si se tratará de un espejo. Tres altísimas torres permitían ver toda la ciudad y más allá del valle, dos de ellos se encontraban en la parte posterior en las dos esquinas del edificio, y la tercera se encontraba al centro en la parte trasera, formando así un triangulo que encerraba al inmenso edificio. La estructura estaba hecha de un material rocoso que le daba un ambiente antiguo, su arquitectura era similar a la de muchos edificios importantes, pero con adornos y rasgos particulares que hacían una curiosa mezcla de lo tradicional y lo original. Fueron grandes matemáticos los arquitectos del Bastón, ya que su forma peculiar captaba las corrientes de aire canalizando así las vibraciones que generaban las montañas.
Ingresamos a una especie de templo, que liberaba una gran calma, los miembros de la Rosa se encontraban reunidos ahí, se realizó una ceremonia en la cual pasé a ser parte de la Orden. Luego fuimos a un gran salón donde se organizo una fiesta, lo cual hacía mucho que no sucedía. Conocí a cada uno de los miembros, sentí que eran personas con las que si podía tratar, no eran ni superiores ni inferiores a mi y eso me agradaba.
Con el tiempo fui conociendo cada vez mejor a los miembros de la Orden, pero si preguntaban sobre mí, contestaba concretamente que venía de Valinor, que había estado un tiempo en Beleriand hasta su caída, y luego que vagué hasta encontrar el valle, no quise decir mucho, no me interesaba mí pasado, solo mis recuerdos de Valinor y las lecciones que aprendí. Solo Ilimo lo conocía bien, le preste mi libro de luz, entonces supo porque marche a la Tierra Media, las cosas que viví y la razón por la cual me rebautice con el nombre de Featarya, y me dijo lo ingenioso que le parecía aquel libro, donde me desasía de mis debilidades, sin correr peligro, ya que nadie con deseos de dañarme podría leerlo. Después de que él conociera mi historia, no se había arrepentido en lo mas mínimo de haberme hecho parte de la Orden, incluso me dejó en un importante cargo en muy poco tiempo.
Me enseñaron muchos secretos de las ciudades y demás, aunque el secreto de la capital quedaba oculto en el palacio. Debajo de la dulce brisa de aquella ciudad se hallaban túneles, maneras y formas de ingresar al Palacio y a los Bastiones de la Rosa, los cuales estaban perdidos en el mapa de la capital. De estos túneles sólo sabía la Orden de la Rosa, la flor con espinas. Varios de los miembros más antiguos me enseñaron aquellos caminos que con el tiempo, llegue a aprender de memoria.
Por fin había encontrado mí lugar, por suerte tuve amigos que me ayudaron a encontrar lo que buscaba. Deje atrás lo malo, y solo me ocupe de mí presente, para así tener un gran futuro, ignorando que tendría algunas rivalidades con miembros de la Orden del Lirio, fue así que comenzaron las aventuras más importantes de mi vida.
[Editado por Elenmir el 14-02-2007 22:21]
