La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Hróta-Elerrína, Cavidad Coronada Con Estrellas

2006:10:27:20:41:38

Ílimo

A la luz de la redoma que llevaba al cuello Ílimo, se iluminaban las escaleras del sótano de Opelë Anarorë. Estaban pulidas en la misma roca, aun permanecían suaves y sin deformaciones, perfectamente escuadradas y sin la marca del paso del tiempo, seguían dando acceso a una de las salas más nobles de la casa del amanecer.

En las paredes de la escalera, se tocaban los relieves que mostraban las hazañas de los valar en la creación de Aman. Ílimo los recorría con la mano a la vez que descendía y así supo cuando había llegado a su destino. Se paró en un descansillo de la escalinata mientras acariciaba los relieves de lo que parecía a un árbol. Puso su mejilla contra la piedra y susurro un cántico ininteligible, pues estaba hecho de recuerdos y pensamientos, emociones y llantos del pasado. Y la pared devolvió un quejumbroso sonido que dió paso a un crujido de los goznes internos. La pared abrió una rendija que engullo al maia y el silenció se hizo de nuevo en las escaleras.

Con un pensamiento emocionado de recuerdo de los días de antaño, Ílimo llevó su mano al colgante que llevaba al cuello, y la luz refulgió todavía con más fuerza que antes, y era una luz pura y que se hacía insoportablemente cálida al tacto de su piel. Y las sombras se hicieron a un lado y se refugiaron, alargadas, detrás de los muchos objetos que la sala guardaba.

En una parte de aquel lugar, estaban dispuestas un ingente número de vasijas. Andó por ellas y con el tacto examinaba sus muescas grabadas. Paró junto a una y el Maia canto como si de a un llanto desconsolado se tratase, y en respuesta, se iluminó tenuemente el interior de una de ellas, dejando pasar a través de la arcilla, una luminosidad semejante a como si algo ardiese en ella.

Ílimo la tomó entre sus manos con delicadeza y salió por donde había venido. En silencio abandono las salas de la casa ahora vacías, solo se oían sus pisadas apresuradas… A su paso veía los muebles cubiertos de telas, las hojas secas de los árboles amontonadas en los rincones o llevadas por el viento a través de los pasillos y salones. Sin mirar atrás silbó y al fondo de una estancia, apareció un caballo que entró en lo que antaño eran unos salones de baile. Caminó hacia él e Ílimo subió a su silla. Abandonó Opelë Anarórë atravesando el pórtico que daba a un patio interior de piedra envejecida por la pátina del tiempo y entre cuyas piedras y estatuas, empezaban a asomar las malezas que revelaban el abandono de la casa.

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[Editado por gorathion el 05-04-2006 00:21]

Ílimo

El sonido hueco de los cascos del caballo resonaba en la tierra húmeda levantando terrones de hierba a su paso. La capa de Ílimo hondeaba al viento sin dejar mirar atrás y su sombrero de ala ancha se batía en un deseo de aferrarse a su dueño. De lejos llegaban los sonidos de canciones del los elfos errantes, o las miradas incautas de los hombres que dejaban sus labores del campo. Pero ninguno vió parar al jinete que en ese momento solo deseaba llegar cuanto antes a Hrotä Elerrina. Únicamente a mitad de camino haría un descanso, cuando encontrase la orilla del Río Siriaur, para que descansase Ínar el blanco, uno de los más nobles de sus caballos.

Y cuando el río se volvió a oír de lejos y el camino empezaba a estar flanqueado a ambos lados por enormes álamos blancos que se levantaban como pilares de mármol, distinguió una compañía de enanos que se tambaleaban a cada paso. Se hicieron a un lado con desgana cuando me oyeron y se apoyaron pesadamente en sus callados mientras esperaban con la mirada que pasase cerca. En otra ocasión me uniría a ellos, pero esta vez llevaba algo demasiado brillante conmigo como para arriesgarme a despertar la codicia de su naturaleza.

A medio día llegué a un poco mas de la mitad del trayecto, Ínar quedó libre de ataduras y siguió su camino, solo hasta que volviese a necesitar de su ayuda. Me había adelantado a la hora convenida y no tenía otra cosa mejor que esperar a que viniesen a buscarme. Como solía hacer desde hace mucho tiempo, me apoyé en unas rocas de la orilla del Siriaur, y eché mi sombrero hacia la cara, protegiendo mis ojos del brillante reflejo del sol en el agua, intentando quedarme dormido hasta ser despertado, sin preocuparme de nada, porque ya sabían los que me buscaban, que me encontrarían donde siempre.

Pero esta vez no fue como siempre. Hasta ahora nunca había oído semejante mezcla de barullo: Ramas rotas, chasqueo de yescas, potes de metal chocando contra todas partes, notas aisladas de algún instrumento siendo afinado…enanos al fin y al cabo. Supuse que la compañía de antes había elgido justamente descansar en la ensenada que tanto me gustaba. Era de ver, y más cuando se acercaba la hora de comer. Seguro que no tardarían en descubrirme e interrumpir mi sueñecito con alguna pregunta poco original...[I]

__A las buenas tardes viajero, ¿queda mucho hasta Hróta Elerríma,?

__Llegarán a la hora de la cena si se apuran, al paso que llevan puede que tengan que esperar a que les abran las puertas por la mañana _dije con poca gana_

__ Usted nos pasó antes, ¿perdió su caballo?

__ No exactamente, estoy esperando que vengan a buscarme

__ um, nosotros vamos por nuestro propio pié, paramos a comer algo en este bonito lugar antes de empezar de nuevo ¿quiere unirse a nosotros?

[I] Antes de responder miró furtivamente hacia donde había escondido la urna de barro y comprobó que estaba bien oculta. Solo así aceptó la invitación.

__Y no les he preguntado... no se si seré muy indiscreto pero… ¿que trae por estos lugares a un grupo de Enanos?__comentó Ílimo__

__No somos más que canteros y albañiles que viajamos a las ciudades del norte, acudimos por recomendación del caballero Thelidor. Nos explicó que tal vez el señor Ílimo necesitase de nuestra ayuda y nos envió a esa ciudad.

__Supongo que allí seran contratados y si son tan habilidosos como cree el caballero Thelidor, puede que su cuadrilla sea recomendada para trabajar en las obras de Ost in Alassëa Esde, o incluso en las de la mansión de Hielo que la reina está haciendo mas al norte…

__¡ Ojala sea así!, desde el cataclismo mis hombres y sus familias están deseando dejar de viajar de un lado a otro. Esperamos encontrar un lugar apacible donde vivir y trabajar, fuera del alcance de todo mal y sin vivir a la intemperie. Es una suerte que nos mostrara el camino a estas regiones aquel Búho Blanco. Hasta el momento no nos ha faltado alimento en esta tierra tan fructífera y el clima es lo suficientemente generoso como para dormir al aire libre sin pasar frío. Pero no se porque hablo tanto, le estoy aburriendo con mis historias de enano viejo y no le he preguntado a donde se dirige usted, si no es mucha indiscreción, claro __dijo el viejo enano con una sonrisa pícara__

__Mi destino es la capital, pero antes pasare una temporada visitando las obras de Hróta Elerríma, si no es que se necesita mi presencia en otro lugar antes.

Y así pasó el tiempo, mientras los canteros enseñaban a Ílimo sus aperos y presumían ante él de la calidad de sus herramientas. Le hablaron de su obras pasadas y de sus méritos, pensando que aquel hombre les recomendaría allá donde fuese, o que intercedería por ellos ante el señor Ílimo para que les concediese encargos en su ciudad, ignorando que era él en persona. Cuando la comida estuvo lista tomaron carne de ave cazada durante el camino, verduras silvestres asadas y un postre a base de fruta del tiempo que no llegaron a terminar porque un grupo de barcazas atracaron en la orilla y de ellas bajó un séquito de elfos verdes, que se presentaron en el convite con una reverencia.

_Rey Ílimo, cuando desee __dijo el que parecía ser el cabecilla, señalando con un ademán sinuoso las barcazas con forma de cisne.

__Nos acompañaran este grupo de enanos con sus familias.__Gilthanas__ El viaje será así menos duro. Vienen recomendados por Thelidor, nos serán de mucha ayuda.

__¡ Levantad el campamento maese enano ! __gritó Ílimo dirigiéndose a todos en general__ y no temáis al Siriaur en Farothdin, pues aquí se atiene a mi autoridad y como mucho os dormiréis en el viaje oyendo su susurro encantador. Antes del anochecer contemplareis los portales de Hróta Elerríma, y descansaran por todos los viajes que habéis hecho.

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[Editado por gorathion el 26-04-2006 17:29]

Ílimo

A brí los ojos y a través del humo saliendo de mi pipa contemplaba los rostros de los enanos que se arrebujaban en sus vestiduras unos contra otros. Muy pocos dormían bajo mi hechizo, pues los naugrim habían venido al mundo dotados de una férrea voluntad y eran testarudos y recelaban, aunque no lo expresasen ya por medio de palabras si no en su forma de ser . Algunos me miraban de soslayo, otros hablaban entre ellos con desconfianza o miraban el paisaje sin prestarle atención . Los más jóvenes se acurrucaban junto a sus padres, apoyando las mejillas contra los tejidos recios de sus ropas y fijando su mirada en mí, analizando mis expresiones con insolencia, vigilando cada uno de mis gestos.

Los Nandor de Gilthanas estaban a mi izquierda, en la parte delantera de la barcaza. Se notaba también desagrado en sus rostros. No estimaban a los naugrim debido al rencor heredado de viejas enemistades entre razas. Hablaban para los de alrededor lentamente, arrastrando las palabras con desgana, y con mirada altiva vigilaban cada uno de los invitados a la barca.

Apuré la última bocanada y vacié la pipa dándola unos golpecitos en la cubierta… Miré como la ceniza se hundía lentamente, mientras anhelaba que acabase aquella situación tan tensa. La guarde en mi manga lentamente, y despreocupadamente me acerque a la cubierta para alcanzar el río y tomar un poco de agua con la que aliviar mi sed. Sintiéndome observado, miré duramente a Gilthanas y este agachó la mirada. Sin fijarme en nadie más saqué mi arpa de plata y me acomodé deseando que se acabase aquella situación tan odiosa. Cerré los ojos rememorando melodías que antaño aprendí en las riberas del Narog y en los bosques de Ossiriand, y me perdí arrullado en los buenos recuerdos de antaño,

Y por un momento en el que pareció que el pasado se hacía presente, la melodía hizo relajar los sentidos y la calma se interpuso entre las razas. Atentos todos a las notas que flotaban cantarinas por los alrededores y a la grandeza de Farothdin que pasaba ante sus miradas. Los acantilados alisados se alternaron con los bosques florecidos, pues era el tramo medio del Siriaur que bajaba con mas bravura, y su constante fluir había moldeado la roca, suavizándola con formas sugerentes e interpretables, al modo de gigantes dormidos. Algunos tenían formas dispares, como de hombres deformes, o animales...pero esa es otra historia de las muchas de Farothdin.

[I] La algarabía de abordo hizo que Ílimo se regocijara, pues aunque hubiese sido escéptico, en el fondo, su naturaleza le movía a unir a los diferentes pueblos y razas. Conocía en verdad sus conflictos, pero confiaba también en las ocasiones en que se habían unido y colaborado. Se arrepintió de su pesimismo, y de sus cuerdas nació otra tonada alegre, llevadera, que alegraba los corazones despertando emociones y recuerdos felices. Coincidió esto con que cambió el paisaje y las orillas del Siriaur se hicieron mas suaves y alargadas, con ensenadas y playas de colores tan claros como brillantes, pues estaban allí acumulados guijarros de cristal de roca pulida, con mil tonos reflejando la luz, y entre ellos refulgían piritas relucientes y ópalos azulados como estrellas caídas, malaquitas ovaladas como hojas, y cuarzos naranjas y rosados… esa región era llamada por los elfos Sarnië Elena, la ribera de las estrellas, y según Ílimo no había otro lugar que el conociese mas parecido a las tierras de Aman. Los enanos miraron asombrados y los elfos escucharon como Ílimo les hablaba de Valinor y de cómo allí la arena era polvo de diamante y zafiro y las preciadas joyas de los Noldor alfombraban muchas regiones, y que la maravilla que allí veían no era mas que un recuerdo de la grandeza de las Tierras Bendecidas.

Desde ese momento los que no miraban el paisaje embelesados, descansaban o estaban atentos a las historias de los relatos de Valinor, y los enanos por su naturaleza insistieron en que les hablase de las joyas de los Noldor y que con todo detalle les relatase aquello, e Ílimo decidió compartir sus recuerdos y transmitirlos a sus mentes siendo así como mas tarde estos cuentos se representaron en relieves, estatuas y grabados que adornarían Hróta Elerrína

Entre relatos y comentarios el camino fue ameno y el ambiente distendido y alegre para todos. Las barcazas se internaron en la corriente, la puesta del sol quedó oculta tras las montañas que se hacían mas pronunciadas y el paisaje se volvió escarpado y sin la belleza de antes. De entre los elfos salió un heraldo que hizo sonar un cuerno cuyo sonido rebotaba y avanzaba entre las montañas, colándose entre los bosques lejanos y las orillas de playas estrelladas. A ellas salieron Elfos con ropas vaporosas, de todos los sexos y edades. Iban a dar la bienvenida a las Barcazas que volvían. Agitaban sus brazos y manos y daban saltos felices, riéndose con voces picaras y divertidas, siguiéndolos hasta que terminaron de pisar tierra firme y los viajeros se alejaron…

Tras esto, un momento, la corriente se hizo brava y tumultuosa y las barcas retrocedieron ante la bravura del Siriaur, que hasta hace poco discurría domesticado. Y ahí fue cuando Ílimo invocó con ademanes y susurros la magia del río. Palabras que sonaban tristes y ponían la piel de gallina a los que las oían, y en ellas se denotaba un tono autoritario, pues ponía una gran voluntad capaz de vencer a la de los guardianes del río, que yacían mas abajo, en las raíces del mismo cauce.

Solo así las barcazas avanzaron y una corriente se situó debajo de ellos inesperadamente, mas fuerte que ninguna otra, y los impulsos hacia delante, entre la espuma y las olas del agua, bajo las cuales se pulían enormes rocas, rodeando los remolinos que se abrían al fondo de los palacios de los guardianes del río. Y sin necesidad de remos la misteriosa corriente los protegía de la amenazadora fuerza del río, que no era más que una de las muchas defensas que entorpecían la llegada a la ciudad oculta de Hróta Elerrína.

Fue así, como entre las corrientes ensordecedoras de verde espuma fueron a parar a un torrente aún más fuerte, en el cual la corriente serpenteaba entre enormes rocas que asomaban su calva y las abrazaba para luego dejarlas. Pero en una parte del torrente, junto a las rocas lisas que caían del cielo y se hundían en el río, allí se veía un pequeño círculo de aguas desordenadas que limitaban y frenaban las que bajaban mas desbocadas, porque venían del interior de la montaña y se elevaban y afluían al Siriaur en ese lugar, allí fue donde terminó la corriente mágica que había sido invocada. Rápidamente los elfos instaron mediante gestos y voces a que se sujetaran los viajeros. Aquí y allá pedían que vigilar a los niños y que los bártulos fuesen al fondo del armazón de la barca… Sin prestar atención a si eran oídos o no los consejos de los Elfos, Ílimo se levantó con una mirada de orgullo y fascinación, sujetándose el sombrero mientras el agua le salpicaba la ropa, y pronunció un profundo sonido acompañado de un nombre… ailinon… La corriente se hizo a ambos lados y se vino abajo en una hondonada que los sumergió muy hondo. Sobre sus cabezas vieron pasar un liso muro de roca mientras la corriente los transportaba, y mas adelante, encontraron un muro de agua que se inclinaba hacia ellos y por el que fueron conducidos hacia arriba. Ílimo seguía agachado en la proa quieto y con los ojos abiertos, su sombrero se perdió cuando sopló un fuerte viento que venía frente a ellos. Y en un rugido la corriente escupió hacia arriba las barcazas que emergieron al otro lado, pero allí, en la penumbra, el agua era oscura y tranquila porque estaban en un inmenso lago bajo la montaña y hacia él caían desde arriba innumerables columnas de roca.

Con las barcas seguras al otro lado, la corriente que los llevó allí se cerró a su pasó y quedaron todos sanos y salvos, pero calados por el agua que se les vino encima durante el camino, todas las pertenencias que no fueron aseguradas se las tomo como tributo el río, pero no todas, porque del fondo del lago salió un brazo que entregó su sombrero a Ílimo.

Ílimo

_tranquilidad a todos__sentenció Ílimo a la vez que sacudía su sombrero y se lo calaba de nuevo__ las brumas bajaran cuando la magia de este lago sientan mi presencia de nuevo, y allí, al fondo, y en las orillas, y en lo alto y desde el cielo volverá a refulgir con mas fuerza la luz, porque es aquí donde se encuentra gran parte de la verdadera Luz. Marchemos hacia delante y coloquemos las lámparas en las proas, que sepan que hemos llegado.

Navegaron lentamente a remo, como si temiesen que algún mal emergiese del fondo, como si una sensación de desconfianza durmiese bajo aquellas aguas de ónice. Los naugrim miraban pero no veían nada, pues aquella cueva sepulcral era más inhóspita que muchas de las minas que hubiesen cavado en la antiguedad. En aquel lugar sentían la magia recorrer con escalofriante descaro su piel, sus pensamientos sus recuerdos… un silencio solo roto por el tenue chapoteo del remo removiendo la superficie. Únicamente el vaivén luminoso de las lámparas se reflejaba en las pequeñas olas de noche y se reflejaba en las escamas de piedra del techo o en los pilares que se agachaban a beber.

Navegaron por mares de bruma y oscuridad, sortearon laberintos de piedra y se internaron mas allá de lo que hubiesen creído, porque el recorrido se hizo largo y monótono, perdieron el sentido de la orientación y sus sentidos les traicionaban…solo allí, donde una luz chocaba desde el cielo, tenue, apenas distinguible, en la cantidad justa para ser aprovechada por una barba de musgo que tapizaba la boca de una cueva, vieron un cambio. Pasaron entre sus trenzas de verde húmedo y ante sus ojos se materializó la belleza…y una amplia sonrisa con tinte desquiciado se volvió hacia las barcazas abriendo sus brazos __ ¡ahí la tenéis ¡ ¡el último paraíso desde la caída de Menegroth!

La bahía se abría a sus ojos de avellana y ópalo y en medio, donde se posaban las llorosas miradas se erguían dos árboles de un cristal plateado llenos de una magia antigua que recorría sus vetas, haciendo que la luz que desprendían y que un día se trajo de Valinor, se posara sobre la alfombra de hierba y dibujase el contorno de las imitaciones del Blanco Telperion y Laurelin el Dorado

El misterio envolvía la ciudad como envuelven las nubes una fabulosa montaña inexplorada. En los muelles descansaban los barcos de los Laiquendi, allí, amarrados, se erguían sus esqueletos sin velas y los remos yacían en desuso a un lado, esperando la mano que los devolviese a las corrientes del Siriaur, el viento hinchar sus velas y llevarlos a mas allá de la desembocadura, a vagar sin rumbo por el infinito mar interior. Mas allá de las barcas reparándose o de las redes de telaraña secándose se distinguían las casas de la ciudad, que bordeaban los muelles, iluminadas por los rayos de luz que caían como lanzas de las aberturas del techo y estallaban en la piedra blanca propagándose por los alrededores hasta mezclarse con las luces de las lámparas de las calles.

Por las laderas que se agachaban hasta la orilla serpenteaban calles estrechas y ajardinadas, limitadas por casas blancas, cilíndricas, de no más de dos plantas, coronadas por cúpulas doradas. Las fuentes con tinajas plateadas borboteaban al salir de sus surtidores. Los callejones estaban empedrados y salpicados de jardineras aromatizadas, rebosantes de flores y plantas de lugares tan lejanos como la brisa.

Desde la barca se divisaban algunas casas nobles, con cúpulas de plata y puntiagudas buhardillas saliendo de los tejados. Más debajo de estas, se veían jardines y plazas, setos recortados en formas muy diversas con motivos geométricos que juntos, unos a otros, formaban filigranas o tribales en el suelo. También se distinguían entre las casas bajas, patios porticados con estatuas apoyándose en las balaustradas de los tejados, en los que cantaban los pájaros al sol que se ponía más allá de los muros de roca. Al fondo, debajo de los cenadores por los que trepaban enredaderas en flor, cantaban los elfos al son de instrumentos de cuerda y de viento.

Y en medio de toda la hilera de casas que rodeaban la bahía, enmarcado por una hilera de árboles, estaba el palacio del alcaide. De suaves escalinatas y fachada porticada hasta la segunda planta, con tejados elevados y arqueados, coronados con capiteles, rematados por bolas y estatuas aladas, bajo los cuales nacían buhardillas de arcos ojivales y cristaleras multicolores. Y donde las paredes del palacio se unían a la roca de la montaña, en los dos vértices de la planta rectangular nacían dos torreones redondeados cuyas paredes eran enormes ventanales enmarcados en pórticos de piedra tallada con motivos vegétales. Parecían las torres elegantes del recinto y nada mas eran que un salón de reuniones y una biblioteca…

Más abajo se abría una plaza acotada por una columnata y allí estaban los mercados y los edificios de la burocracia y del ejército, y los almacenes que se nutrían con los bienes sacados de las cavernas que allí empezaban. Porque mas adentro vivían unas pocas familias de enanos, que explotaban las vetas de mineral y guardaban la salida por entre las montañas.

[Editado por gorathion el 13-05-2006 11:21]

Ílimo

Bajamos a tierra y justo enfrente nos recibieron los jardines de Palacio, los muelles y las casas estaban solitarias, solo había vida tras las ventanas iluminadas que daban a la bahía, una algarabía venía de los que se habían congregado en la plaza cercana al palacio, donde se debía estar festejando algún nacimiento… porque no recordaba algún otro motivo posible que celebrar. Aproveché el desconcierto en que se bajaban los pasajeros y los equipajes para desaparecer en el silencio de los frondosos jardines, solo yo y mi tinaja de barro. Caminé a través de parques y a la luz de las lámparas que se rodeaban de hojas, dejé mis huellas en la arena de los paseos pasando al lado de las fuentes de cristal. Subí la escalinata del palacio y al abrir los portones me encontré de improvisto con Eleanor que salía apresurada, colocándose un pendiente mientras su gato se enroscaba entre sus tobillos y ronroneaba. Estaba hermosa con su traje de gasa verde mar, sus joyas de amatistas y zafiros prendidos en un broche de magnifica manufactura élfica. Se sorprendió de verme ya allí y se guardo el pendiente entre la manga que se ceñía a sus muñecas con un cordón de oro. Me preguntó sobre el viaje y me invitó a la fiesta de bienvenida de unos elfos traídos por Calilingwë …pero aun sabiendo su planes y que estaba ilusionada con aquella celebración, le explique de la venida de un grupo de enanos a trabajar en la ciudad y le pedí que los llevase ante el caudillo enano que ya vivía en las minas de arriba y debajo de la montaña…asintió sin ningún inconveniente ni entusiasmo, como quien hace un favor por deber mas que por gusto y así le prometí que nos reuniríamos en el banquete antes de lo que esperaba.

A continuación traspase los umbrales del palacio y avancé por los salones sin puertas, bajo los arcos de lisos bordes. Recorrí rápido como el aire aquellas estancias bien decoradas y sin detenerme en detalles, instintivamente, tome el camino que me llevaba a las escaleras del ala este. Recordaba cada recoveco de aquella casa...recuerdo bien el día que revise los planos, cuando se extendían en una mesa de piedra que ahora estará perdida en algún jardín de la ciudad.

Al final del pasillo de la segunda planta estaban mis habitaciones, se acercaban conforme avanzaba, tenía la mirada fija en el picaporte. Lo así con fuerza para que no chirriara y entre en mi salón. Cerré tras de mí y me apoyé en la puerta con la vasija entre mis brazos, sintiendo sus propiedades, pensando que había llegado y que por fin podría tener un tiempo de descanso. Me permití cerrar los ojos por un momento y ordenar mis pensamientos, hacía mucho que no meditaba pero tenía que desistir… Aquel no era momento porque me había comprometido con Eleanor. Dejé la capa mojada en las ramas de un perchero junto a la chimenea. Prendí la lumbre y me desvestí de las ropas húmedas que coloque en las butacas a secar. Abrí unas puertas de corredera hacia mi despacho y justo detrás de una mesa, en un bargueño de madera, guarde la vasija. Tome la llave de la cerradura y la llevé conmigo. También cerré el despacho al salir, y cuando pasé al salón, cerré por dentro mis habitaciones. Atravesé el salón caminando sobre las alfombras de piel en las que se hundían mis pies descalzos. Traspasé el umbral hacia mi dormitorio, a un lado estaba una habitación pequeña con el ropero. De allí tomé prendas para la celebración sin prestar atención a ninguna en especial. Solo me paré a pensar en que escoger cuando abrí los cajones con las alhajas… encontré una diadema que llevaba en otros tiempos sobre la frente, cuando caminaba por el mundo con la forma de un elfo. Me seguía gustando como el primer día, era sencilla, de plata, sin muchas filigranas, solo llevaba un zafiro pulido sin aristas, engarzado de forma que quedase mas arriba del entrecejo. Lo cerré en mi puño y lo llevé conmigo al aseo.

[Editado por gorathion el 13-05-2006 16:48]

Eleanor Ronaele

La celebración estaba esperando la noche para comenzar.

Eleanor aún tenía con dulzura en sus manos algunas alhajas que le habían regalado.

Estaba caminando lentamente hacia sus habitaciones y se estaba poniendo uno de lo pendientes regalados cuando vió al Rey entrando por las puertas principales.Como un reflejo retrocedió y se quitó el pendiente de la oreja mirandolo atentamente.

-¿Cómo le ha ido en su viaje?-dijo rápidamente y casi sin esperar respuesta prosiguió-Han venido ya,los elfos traídos por Calilingwë y esta noche se hará la celebración. Creo que ,si me permite la acotación,sería bueno que estuviera presente en la celebración....

El rey sonrió debilmente aceptando la propuesta y le comentó que habia venido un grupo de enanos a trabajar a la ciudad.Y le pidió que los llevara ante el caudillo enano de la ciudad.

Tratando de evitar mostrar desagrado ante la propuesta,Eleanor aceptó y diligentemente se retiró.

Casi con alivio se pusó sus ropas acostumbradas,los vestidos sólo los utilizaba ocasionalmente.

Su felino estaba en las puertas cuando llegó la elfa cobriza.

Bajaron juntos hasta que se encontraron con los Naugrim.En ese momento,la elfa tuvo que hacerse de su mayor fuerza pues el verlos,su mente le trajo tantos recuerdos que su rostro pareció volverse más pálido por unos segundos.

Uno de los elfos que acompañaron en parte del trayecto al Rey se le acercó y le susurró algo.Eleanor asintió levemente.Luego miró a los Naugrim de vuelta.

-El Rey me pidió que los llevara ante el caudillo enano.¿Alguno es el que responda ante el grupo?

Un enano se adelantó y se presentó ante la elfa.

-Por favor,sigame maese enano.Me gustaría llevarle a Ud y al resto frente al caudillo cuanto antes....Pues debió ser largo el viaje y querrán descansar..-dijo con suma dulzura.

Sin esperar respuesta Eleanor señaló una senda blanca que parecía un tallado en mármol.

Se adelantó,caminando ella al lado del enano que había respondido ante su pregunta.

Al caminar esta senda pronto se dieron cuenta los enanos que la senda iba achicando su trayecto achicando su tamaño hasta que sólo dos personas pudieran terminar el trayecto.

Aunque lo último que esperaban es que la senda no tuviera salida.

Antes de terminar la senda Eleanor se había detenido. Pidió una de las lámparas que llevaban los elfos y abrió una puerta.

El primer paso podría ser el último dentro de aquellos pasillos,pues la escalera era oscura pero era iluminada por tenues destellos que iluminaban al que caminara atento.

Tomando firmemente la lámpara,la elfa comenzó a bajar la escalera mientras pequeños detellos aparecían,pues la magia que habitaba aquél lugar aparecía sólo en aquellas profundidades.

Mas a la mitad de la escalera estos destellos parecían extinguirse momentaneamente y pronto se encendían, agrandandose tenuemente en tamaño cegando a aquél que lo mirara fijamente.Luego se alejaban iluminando el camino a aquellas aguas que cruzarían. Eleanor no notó las maldiciones que se escucharon resonar en la escalera por algunos enanos que habían caído por un momento bajo la ilusión de que se apagarían aquellos detellos y miraron a los globos de luz.

Lento fue el camino de la elfa y tras detenerse sintió aquellas frías brisas que siempre apagaban las lámparas que cualquiera encendiera.Pues no eran necesarias, sí uno miraba hacia arriba vería puntos de luz que daban la sensación de estar bajo el cielo estrellado.

-Espero no le disguste el agua,maese enano-dijo volteando la elfa al voltear su cabeza sin mirar a ninguno de los enanos cercanos-Porque verá mucha de ahora en adelante

Tras decir esto dió la orden de que los elfos subieran a cada bote para dirigirlos al otro lado.

En pocos minutos luego aquél grupo enano iba dirijido casi por la risa de la elfa.Pues Eleanor rompió el hielo con el enano que había contestado a su pregunta y mientras la corriente los llevaba el enano iba contando historias que la elfa escuchaba con suma atención.

En otros botes,en cambio, los enanos un tanto indignados por la velocidad de los botes comenzaron a remar, acción que rápidamente comenzó a efectuarse en cada bote. Lo que hizo casi caerse a Eleanor.

Así llegaron rápido a otra escalera,esta era distinta a las otras. Estaba tallada en piedra y era iluminada por una fuerte luz que procedía de muy por detrás de dos inmensas puertas.

Pronto atracaron y la elfa dejó el bote tras haber amarrado los botes a ese lado del río.

Acompañada por el maese siguió el camino

Tras subir aquella escalera llegaron a un gran salón alfombrado. En el cuál un par de hombres montaban guardia al lado de las puertas

Eleanor se acercó a uno y le susurró algo al oído.Este asintió,y salió por una puerta perdida en la oscuridad.

Poco tiempo después un enano salió y saludó a la elfa.

-El maese enano viene a ayudar con las construcciones que se están efectuando.El mismo Rey me ha pedido que les llevara a Ud. con el fin de que puedan descansar tras el largo viaje que han hecho.-dijo la elfa cobriza presentando al enano con el cual habia hablado hacia unos minutos atrás

Tras esto el caudillo enano habló con el otro enano mientras Eleanor se retiraba con los elfos hacia la ciudad

Ílimo

La tranquilidad se respiraba desde los balcones del palacio y al anochecer se encendieron las luciérnagas plateadas del techo y era cuando la ciudad era mas bella, porque aquel espectáculo daba nombre a la ciudad situada en lo mas profundo de una caverna, en la ribera de un lago subterráneo. Las voces de los elfos cantaban a las estrellas del techo y de más allá surgía la brisa fresca de la noche.

Me ceñí un poco la ropa al cuello para no sentir frío y repose la copa en la balaustrada sobre la que estaba apoyado. A mis pies se extendían los tejados, las ventanas, los patios y los jardines, y al fondo el muelle y el lago y en el centro los dos árboles de cristal. Miré cada una de las avenidas a las que alcanzaba sobrecogido por el misterio que desprendía la ciudad que se extendía a lo largo y ancho de las márgenes del lago. Me paseé por la terraza con un movimiento suelto de seguridad y en la parte Este encontré, cerca la pared de la montaña que les había regalado su seno, y mas abajo, a los pies de un arco profusamente labrado con filigranas y estatuas, emergiendo de la oscura boca, apareció Eleanor a la luz de las lámparas de un grupo de elfos. Se arrebujaba en su chal azul oscuro y plata con una sonrisa preocupada que le daba un toque misterioso y encantador. Su felino estaba apoyado en su hombro, jugando con un mechón de pelo cobrizo que caía del recogido de su señora. Sus movimientos eran lentos, giraba la cabeza atendiendo a lo que le decían y asentía con preocupación mientras cruzaba los brazos debajo del chal. Un enano surgió tras ellos de la inmensidad oscura, y llevaba en su guante de cuero una blanca lechuza que comía del puño. Al final Eleanor miró hacia donde mí, desde donde había visto todo lo que pasaba. Debió sentir que la miraba y acabó dirigiéndose hacia aquí. Terminó la conversación con un ademán e instó al enano a que soltara a la lechuza, señalando hacia mí.

Tome la capa nieve que había apoyado en una silla de la terraza y silbé a Yiyinai. El ave no espero a desatarse y vino hacia mí, clavando sus ojos desafiantes en los míos…Traía malas noticias del palacio de Hielo. Lo sentía a cada metro que dejaba tras de sí. Se posó en mi brazo esta vez y me acerqué a la barandilla para ver a Eleanor, que estaba con los brazos cruzados dirigiéndome una mirada fija, de preocupación. Extendí la palma de mi mano y le pedí calma, ella asintió, me había comprendido…

Pase los ventanales hacia el salón principal de mis habitaciones, y alcancé la chimenea en la que aún crepitaban las llamas. La dejé con delicadeza en su percha y me senté en una butaca en frente suyo, con la cabeza entre mis manos y mirando al suelo, apoyando los codos en mis rodillas…

Y Yiyinai habló una voz suave como un susurro en la intimidad, brotando fría e imprimiendo emociones de preocupación en sus frases, Era Izilsurias quien hablaba por medio de su sirviente y solo a mí me revelaba un ápice de sus sentimientos reprimidos y preocupaciones,. Y mientras habló, sus imágenes mentales le mostraron una mujer de vestidos de plata y azur hondeando al viento que se colaba por una ventana en la que se apoyaba, tal vez desde donde oteaba el horizonte mas lejano, fría y misteriosa, sintiendo cada vibración de maldad en su cuerpo, cada pensamiento oculto de los que la rodeaban y cada movimiento en las fronteras y mas allá

Querido mía, esta fortaleza se esta poniendo cada vez mas peligrosa, con cada odio y muerte a traición se hace mas grande y fría....algo me dice que si mis tropas, sirvientes y artesanos traicionaron, vendieron y mataron con anterioridad a los sus propios hermanos y semejantes... ¿Quien no me garantiza que lo intenten con el Rey y conmigo?... tiempos difíciles se acercan mi señor y hemos de saber que quien guarda nuestras espaldas es fiable. En el sur una inquietud injustificada mueve a sus pueblos a la guerra. Estemos preparados, ha vuelto ha llegar el día de empuñar la espada y confiar una vez mas en nuestra destreza acumulada…, reforcemos las fronteras de sortilegios con el acero de nuestras herrerías… ensilla tu caballo y ven rápidamente hacia aquí. Convoca a todos los principales del reino para dentro de dos días a mi palacio de Hielo.

Y así sentí un pesar muy hondo que se avecinaba, la guerra una vez más y había que estar preparados…Pero de momento había hecho una promesa previa y era acudir a la fiesta de bienvenida. Allí hablaría con Eleanor y buscaría en ella un consejo a tiempo. luego partiría al Norte y al Oeste, y de nuevo viajaría al Sur y mas al Este, en todas direcciones, siempre en el camino, era hora de darse un respiro..

Cerró las puertas de la terraza y cuando fue a abrir la puerta para salir de sus habitaciones al pasillo se quedó mirando los relieves de la puerta. Y allí vió representado un hombre estudiando un libro…

__acaso el destino me ha impuesto una lucha con aquellos a los que aprecio ¿Cómo es posible esto?__pensó afligido en voz alta__ como podré levantar mi espada contra aquellos que un día me defendieron con la suya…amargo destinos se avecina sobre Arador y una vez mas estoy en medio. Que camino elegir o Manwë, cual será el correcto para preservar Farothdin de todo mal…

[Editado por gorathion el 21-05-2006 03:06]

Eleanor Ronaele

Eleanor volvia con los elfos en silencio, al salir por la senda blanca sintió un maullido a su espalda. Etnad, su gato negro, estaba esperandola.Se arrodillo y acercó su mano dejando que su gato se trepara por su brazo y se acomodara en su hombro derecho.



Se levantó y miró al grupo de elfos. Algunos estaban extrrañados, otros se sonreían



-¿Sucede algo,señores? -preguntó un tanto molesta

-Nada,señora ,sólo que algunos de los nuestros no conocían a vuestro animal

-Sí les asombra eso, ambos podemos decir que se sorprenderán aún más en la ciudad -respondió sonriendo

Después de este incidente siguieron el camino. Eleanor sonreía ante la conversación del elfo,escuchaba atentamente pero algo le precupaba. Trataba de no demostrarlo pero algo dentro suyo, aquél instinto de cazadora comenzaba a alertarle.

Entraron a la ciudad, algunos elfos miraron al cielo. Aquél cielo razzo estrellado parecía un sueño pues la magia desatada en aquella ciudad hacía esos sueños posibles.

Las puertas de la ciudad se cerraron detrás de ellos y continuaron el camino en subida.

El palacio estaba cerca cuando se abrieron de vuelta las puertas de la ciudad. Eleanor se detuvo y miró hacia arriba,alguien la observaba.

Ilímo la miraba fijamente,tal vez la había visto desde su entrada a la ciudad.

Detras de la elfa estaba un enano, él había entrado después de ellos.

El enano tenía un ave en su brazo, según lo que afirmó, el ave había entrado en la ciudad por la boca de la catarata del río y había llegado al jefe de los enanos quién lo había mandado hacia ella.



Eleanor asintió levemente y señaló al Rey, diciendo que a él debía entregar aquella ave.



La elfa miró a Ilímo y luego lo vió retirarse. Tras esto fijó sus ojos en la ave, no le agradaban los mensajeros de la Reina.

-Por favor lleven a los elfos al Palacio, supongo que querrán cambiarse y descansar un poco antes de la fiesta-dijo sin mirar al elfo que había guiado al grupo

Diligentemente, este comenzó a llevarlos.

Pronto se escuchó un silbido, el ave se soltó de la mano del enano y voló hacia la habitación del Rey



-Vuestros servicios serán agradecidos-dijo Eleanor ante el desconcierto del enano-Mañana mismo hablaré con el jefe enano para que usted obtenga su recompensa



Tras decir esto despidió al enano y subió al Palacio. Los últimos detalles faltaban para la celebración y debía cambiarse nuevamente por el evento.

Aunque aquello que rondaba en su alma no le dejaría disfrutar de esa celebración tan próxima

Ílimo

En un momento pasé por el ropero y tome unas prendas de las muchas que allí había en tonos claros, solo presté atención a una casaca verde hierba, decorada ricamente con filigranas en oro y plata. Nada mejor que aquello para festejar uno de los pocos momentos alegres que vería en mucho tiempo.

Pensó en ello y decidió darse una alegría y meterse en el papel festivo dejando atrás sus preocupaciones por una noche. A si que entre los cajones ocultos de su vestidor, sacó una tiara que se ajusto a la frente, una obra de antaño parecida a la de los reyes elfos, que aun desprendía la magia que atesoraba en sus pequeños brillantes.

Salí del palacio por donde había venido. Todo estaba en silencio porque a estas horas todo el mundo estaba reunido en la fiesta. De lejos oí cerrarse la puerta de la entrada, tal vez fuese Eleanor que salía al convite… pero yo iba mas lento por que llevaba el peso de Yiyinai sobre el brazo.

Atravesé los nobles arcos de la entrada y dejé volar en libertad a la lechuza tal vez a las mansiones de hielo, pero bien sabría que ya no vivía allí su dueña, si no en un camarote muy lejos al sur, donde la guerra clamaba al son de los tambores y el ruido de las espadas solo era ahogado por la agonía de las heridas. Por eso no pude evitar pensar silenciosamente en ella mientras volvía a pasear por los jardines que no hace mucho fueron terminados. Tantos esfuerzos y tanta ilusión en crearlos para no poder disfrutarlos en serenidad. Quien sabe si aquella sería la última vez que sintiese los aromas de aquel lugar o el brillar de las luces como luciérnagas del techo.

Caminé lentamente por los muelles de blanca piedra, por los batientes donde se estrellaba la corriente del lago y a través de sus estrechas callejuelas, hasta que encontré los soportales de enormes columnas entre las cuales había estatuas que representaban a los protagonistas de las canciones. Pasé bajo los arcos y columnas que sujetaban las bóvedas de los pasillos al aire libre, hasta dar con la entrada a la plaza de donde provenía el barullo. Antes de bajar las escaleras a la plaza donde estaba la fiesta enmudeció la multitud al verme.

No miré a nadie en especial, pero a medida que me abría paso entre el gentío descubría caras conocidas. Los guerreros que me acompañaron al remontar el Siriaur, los mayordomos del palacio… todos tenían alguna relación o algún recuerdo atado a mi existencia, pero una en especial, Narmince, no aparecía por ninguna parte.

Me entretuve hablando animadamente con unos y otros hasta que caí en la cuenta de estar rodeado por un círculo de elfos que escuchaban atentamente mis palabras. Entre ellos estaban los principales de la ciudad, pero faltaba Narmince entre ellos. Tuve que excusarme, no sin antes darles un tema de discusión, para acercarme a comer algo de las mesas, en algún lugar solitario y privilegiado desde donde vigilar a la multitud.

Recuerdo estar distraído sin mirar a ningún lugar en especial, solo me animaba el poder hincar el diente a la comida que me había servido. Frutillas, dulces, carnes rellenas…había escogido un poco de todo, pero en vano, porque ante mi sorpresa Etnad salió de entre los manteles de la mesa y se sentó de un salto al lado de mi plato a olfatear y comer un poco de lo que me había servido. Enarqué la ceja viendo su maleducada confianza y me devolvió una mirada inteligente que interprete como un saludo. Pero algo le inquietaba y lo confirme cuando fui a tomarlo en brazos para bajarlo de la mesa…se revolvió en mi regazo y salió disparado deshilando mi casaca y las mangas de mi camisa…algo pasaba… y cuanto me alegraba de que la ropa hubiese frenado aquella uñas endemoniadas.

Me ausente de la mesa dejando allí el plato que había manoseado Etnad y que algún invitado podría tomarse sin saber nada de aquel hecho. Me abrí paso entre la multitud, por las pistas de baile, interrumpí conversaciones mientras miraba al suelo, intentando averiguar en que dirección se escurría el misterioso felino...todo hasta que saltó a algún lugar y levante la mirada y dejé de ver calzado y baldosas.

Estaba subido en el borde de la fuente mirándome mientras Narmince lo acariciaba detrás de la oreja. Ella tenía una copa medio llena en su mano y sin mirarme, con un tono desapasionado y un tanto cortante, me preguntó que era aquello tan importante que estaba pasando y de lo cual no sabía nada.

Me senté a su lado y apoyé los codos en mis rodillas para mirar al suelo mientras le relataba mi encuentro con Alsenot, mi viaje por el sur y el este y como vi el esplendor de los pueblos que renacían y con ellos la triste pulsión de la guerra...

__Narmince, has de saber que ya no están entre nosotros muchos de los generales de Izilsurias…solo Nameless esta a su lado en estas horas difíciles, y Aredhel junto a ellos dirigiendo la vanguardia… y es por esto que ahora me esperan en Oron Oituile Arestel Vanimelde y Thelidor para embarcarme hacia el continente y ayudar a mi amada y a nuestros aliados. Partiré mañana cuando baje el sol de mediodía con algunos de los más valientes de la Casa de la Rosa, y no tendrás más noticias mías que por boca de mensajeros, porque he pensado que tú has de quedarte aquí, en Hrota Elerrína, y vigilar desde que todo siga en orden cuando yo falte.

Eleanor Ronaele

Los primeros cantos se alzaron cuando la elfa cobriza llegó a la celebración, todo estaba en orden.

El cielo parecia brillar gracias a la magia alli escondida y los nuevos elfos se sumaban a los cantos sonriendo



Eleanor respiró profundo aquellos cantos sólo incentivaban su angustia y su instinto cazador parecia alertar tanto peligro que la dama no se definía aquella confusión que le reinaba

La mayoría no se alertó de su presencia lo cual ,en sus adentros agradeció, aunque ni siquiera su felino habia aparecido lo cual aprovechó para poder conseguir una copa de vino

Fue entonces cuando vió la fuente de aquella plaza y sin pensarlo se acercó. El agua cristalina brotaba de ella con magnificiencia lo cuál sólo le recordó a la elfa nandor cuan lejos estaba de casa

Se sentó en la orilla y tras dejar su copa al lado suyo dejó que su mano derecha tocara el agua.

Un suave sonido, algo parecido a un maullido, sonó detrás de Eleanor y ella sonriendo se dió vuelta para acariciar a su felino con su mano izquierda . Su mano derecha volvia a posarse sobre la orilla de la fuente cuando vio al Rey acercarse, la elfa mantuvo su mirada baja y le preguntó....

-¿Sucede algo en este lugar que importe tanto a Su Majestad como para que mande a aves que sólo asustan a esta hermosa ciudad?-

Fue entonces cuando Ilímo,así llamado el rey, se sentó cerca de la elfa nandor y le relató lo sucedido...su encuentro con Alsenot, sus viajes por el sur y el este y como vio el esplendor de los pueblos que renacían y con ellos la triste pulsión de la guerra...

-Narmince, has de saber que ya no están entre nosotros muchos de los generales de Izilsurias…solo Nameless esta a su lado en estas horas difíciles, y Aredhel junto a ellos dirigiendo la vanguardia… y es por esto que ahora me esperan en Oron Oituile Arestel Vanimelde y Thelidor para embarcarme hacia el continente y ayudar a mi amada y a nuestros aliados. Partiré mañana cuando baje el sol de mediodía con algunos de los más valientes de la Casa de la Rosa, y no tendrás más noticias mías que por boca de mensajeros, porque he pensado que tú has de quedarte aquí, en Hrota Elerrína, y vigilar desde que todo siga en orden cuando yo falte.

Todo esto esto escuchó Eleanor en completo silencio y con devota atención hasta que la voz del Rey calló.

-Sabe bien, estimado Rey, que cualquiera de sus peticiones se harán tal y cómo Ud. disponga mas he de advertirle esta vez. Yo misma terminaré las construcciones de Hróta sí es necesario pero mi espiritú es llamado y no puedo dejar de acatar esa decisión aunque el mismo Manwë me lo pida. Soy una nandor, no una elfa silvana... necesito reencontrarme con la tierra del bosque,el agua cristalina del río,con el viento que zumba reencontrando a las aves con la luz... mi espiritú se alejó hace mucho de esas cosas y no me arrepiento pero he de volver a verlas antes de poder pelear las batallas que se aproximen.... mi corazón no puede alejarse por mucho de estas tierras y rogaré a Erü porque las bellas tierras de Farothdin no se manchen con la sangre hermana....-la elfa bajo la mirada y luego se levantó- pero no se podrá evitar lo imposible y sí no me equivoco, señor Ilímo, creo que hay gente que espera conocerle o recibir alguna que otra bendición esta noche por parte de su Rey-dijo Eleanor sonriendo levemente mirando fijamente a los ojos de Ilímo

Ílimo

[Editado por gorathion el 29-10-2006 23:03]

Ílimo

Cerré los ojos y escrute en mi mente, mi débil prescencia me mostraba varios caminos que se dispersaban en la inmensidad del futuro. ¿Cuál tomar? Al final de algunos estaba la guerra, más cercana de lo que pensaba, casi fusionándose con el presente. Otro camino, un problema…”necesito meditar y ordenar datos, conocer más”

Y abrí los ojos, y noté la brisa en mi cara viniendo de la entrada oculta, las aguas percibían mis pensamientos y se agitaban en el fondo del lago. Mire atrás y oí el ruido de la fiesta, miré a mi mano y la copa seguía en su mano a medió terminar. La apuró y se la tendió a un elfo. Suspiró y aspiró muy fuerte el aire húmedo de aquella ciudad. Sentía angustia, dejar aquella ciudad atrás e ir muy lejos. “¿Cuándo volveré? ¡Tengo que volver!” _se dijo con decisión_ y miró alrededor las obras sin terminar pero grandes en belleza.

(…)

La barca blanca con el pendón plateado de los guerreros de Hrota que me llevaba se tambaleaba. Estaban inmóviles en sus botes, esperándome…comprendiendo mi momento de despedida, aquella ciudad en la que tantas ilusiones he puesto y ahora hay que ser fuerte para dejarla atrás.

Y Eleanor estaba allí, envarada, ocultando tras su mascara aquel momento de grandes emociones…ella, misteriosa para muchos y menos para él, pero aún desconocida al fin y al cabo. Parecía que fuese ayer cuando ella fintaba en los entrenamientos y manejaba los entrenamientos de daga en los barracones de la orden de la rosa.

Un perfecto control de las emociones que solo algunos señores de la rosa alcanzaban.

Eleanor_se acerca la despedida y he de partir, el momento se me hace corto y a la vez eterno, una sensación que nunca había experimentado. Tal vez sea que en el fondo ambos odiamos tener que recurrir a las armas si no estamos amenazados, pero quien sabe de donde vienen en estos tiempos. Espero que me comprendas_ pensó _ en el fondo harías mucho de lo que yo te pido, pero no me voy a arriesgar a arrancarte promesas que luchen contra tu conciencia. ¡ Si supieses mi carga!

La ultima estrella titilaba en el techo, y estaba a mi lado mirándome con los ojos vidriosos, no pude evitarlo, yo también me emocioné ante esa explosión de humanidad.

_E_“Somos guerreros, pero humanos” _ dijo ella como si me leyese el pensamiento_

_I_“no veo los caminos del futuro porque no es ese mi don, pero ten por seguro que esto no es un adiós”_respondí_

_E_“echaréis de menos esta ciudad y todo lo que hay dentro..” _continuó ella_

_I_ “sé que la dejo a buen recaudo en tus manos, confío en tu buen juicio. Parece que fue ayer cuando te vi entrar en las fronteras de Farothdin. No puedo escrutar el pasado, pero medito y algo en mí me dice que tienes que dar mucho por nuestro reino bendecido.

y tras esto Ílimo y ella se miraron por un momento cara a cara y comprendieron a que se enfrentaban. Él se enfundó en su capa y subió a la barca no si antes repetir uno de sus dichos “tan lejos pero sin embargo tan cerca”, sonó un arpa en su mente, de notas tristes que rasgaban los dedos del olvido. Pensó en no mirar atrás, en no derramar su agua por aquella ciudad…pero algo de él se quedaba en aquel lugar tan añorado, puede que no pisaría mas en persona aquellas avenidas, y esa sensación no la igualaría ninguna de sus visiones, no sería lo mismo pasear en persona u oler el aroma de sus jardines que vivirlo en la mente de otros…