La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Opelë Anarórë, Villa Del Amanecer

2007:01:25:20:20:51

Narquelië

De los secretos de Farothdin.**

14 de Cermië

He recorridó estas bibliotecas, en búsqueda de los conocimientos del Realengo, me he encontradó con múltiples secretos y el que más reclama mi atención es la ciudad abandonada de Opelë Anarórë: la Villa del amanecer.

Existe poca información sobre esta ciudad, apenas vagas descripciones de lo que antiguamente fue, los elfos que vivieron en un principio en esta ciudad, se han perdido entre las gentes del Realengo, o bien, permanecen escondidos ahí, ajenos a los cambios del mundo. Son estos elfos, los guardianes de la poca gloria que aun tiene Opelë.

Durante la primera Edad, Ilimo e Izlisurias, acompañados de un grupo muy reducido de elfos, construyeron una Hacienda, ahí fundaron la Villa del amanecer y primera capital del Realengo de Farothdin. Los quendi(en su mayoría elfos verdes), construyeron pequeñas casas alrededor y se afanaron en hacerlas hermosas. Pronto el lugar tomo vida propia

Se dice, que fue en este lugar, que los reyes comenzaron sus grandes obras y fue tanto el poder que utilizaron para realizarlas, que Opelë se lo tragó y la villa comenzó a brillar, atrayendó a los que encontraron el camino.

Ahora bien, conforme la ciudad crecía, los reyes se percataron, que pronto ya no existiría lugar alguno para su pueblo, que para ese entonces, ya estaba formado por seres de todas las razas.

La formación de las dos órdenes se cuenta en otra parte, sin embargo cuando estuvieron formadas, los reyes mandaron a sus leales sirvientes a encontrar un lugar seguro y bien ubicado, para trasladar la capital.

Pasarían más de diez años, para que los exploradores regresaran; aquel sitio se encontraba al norte, en las faldas de la cordillera de Eredkheled. Los reyes se dirigieron ahí y fundaron la nueva capital: Ost in Alassëa Esde. Pronto todos sus súbditos, se mudaron a la ciudad, dejando abandonada la villa del amanecer.

Sin embargo, me han llegado noticias que hablan sobre estos elfos verdes, que aun protegen Opelë, mi fin es llegar hasta ahí y encontrar aquello que se dice, esta prohibido a nosotros los corruptos.

[…]

20 de Hísimë

Asentada en las afluentes de los ríos Siriaur y Sircalen, se haya la villa del amanecer, he realizado un largo viaje y por fin llego al punto exacto, al camino escondido que me llevara a la ciudad perdida. Mis cuervos me han dicho lo que necesito saber, serán ellos los que me guíen en mi camino. Más siento el aire extraño, durante estas noches, he sentido la presencia de los guardianes verdes. Me vigilan, presintiendo que vengo a buscar algo que no me pertenece. Pronto dejaran de ocultarse, le prometí a Izilsurias que no mataría a nadie y eso haré, no tocare a ningún elfo, a menos que me provoquen.

[…]

22 de Hísimë

Los elfos por fin han salido de las sombras, aun recuerdo sus palabras frías y al único que me reconoció.

Había caminado durante horas, uno de mis cuervos me acompañaba, posado sobre mi hombro, durante un rato camine en silencio, de repente el cuervo grazno y lo único que vi, fueron varios arcos muy cerca de mí, lentamente hice una de las flechas hacia abajo.

-Espero que sepan lo que hacen, ¿dónde esta su capitán?- dije, el ave voló y yo lentamente pose una de mi manos sobre las espadas- Hice una pregunta.

-¿Y quien se atreve a hablarnos a nosotros de esa forma?-pregunto uno de los elfos- La que no sabe lo que hace es usted, señora, es mejor que de media vuelta y regrese por donde vino, no hay lugar en Opelë para los intrusos.

-No soy ninguna intrusa, modera tus palabras elfo-le respondí, quite la mano de mi espada-Mi nombre es…

-Narquelië, una importante señora de la Orden del Lirio Negro-me interrumpió otro elfo, que salía de los arbustos-Déjale Aiwendil, seguramente viene a observar, no le hará daño a nadie.

-¡Por fin!, alguien que sabe con quien trata-el elfo se acerco a mí, le ofrecí mí mano y el la beso suavemente-¿Quién eres y como sabes mi nombre?

-Soy Lionel, capitán de la Orden del Lirio, anteriormente serví a Nessa.

Poco a poco, todos los elfos comenzaron a salir, Lionel me contó, que la mayoría de ellos, estaban aislados del mundo y que poco conocían de las hazañas de los capitanes en la guerra. Era algo que simplemente no les interesaba. Era obvio que se tenían con cuidado al verme, era muy raro ver a un viajera sola y armada, además de contar con la compañía de las aves menos queridas por los elfos; él no estaba de guardia y llego hacia apenas unos minutos, era el único que pertenecía a la orden de la reina, los demás estaban al servicio de Ilimo, algo que no me sorprendió en lo mas mínimo.…

La noche ya cae sobre nosotros, me han guiado por un camino sinuoso, Lionel me ha dicho que llegaremos en unas cuantas horas a la ciudad.

[…]

5 de Ringarë

No es fácil llegar a Opelë, el visitante primero tendrá que encontrarse con un paso estrecho entre montañas, lleno de una vegetación ruda e incluso venenosa. Sí alguna vez los reyes tuvieron un ejercito en la villa del amanecer, su traslado tuvó que ser sumamente lento, pues este paso, es la única entrada a la ciudad, una maravillosa muralla natural. Pero no es el único obstáculo, los elfos verdes vigilan el camino y no dejan pasar a nadie, a menos que tenga una invitación.

Al término de este estrecho, se encuentra un hermoso arco, tallado en piedra, tiene una leyenda que he podido traducir:

“Para los hijos del amanecer, hijos de la unión del sol y la luna, que la aurora proteja a lo que velan sus secretos y que destruya a los que pretenden descubrirlos.”

Aun recuerdo el estremecimiento que sufrió mi cuerpo, cuando leí aquella frase, mas ahora se que es una simple advertencia y las advertencias no valen nada, para mí alma corrupta.

Ahora bien, el arco da paso a unas escaleras finamente talladas sobre la montaña, desde ahí se vislumbra la ciudad en una hermosa villa, un riachuelo corta la villa en dos, de un lado se vislumbra la casa mas grande, propiedad de los reyes a su lados hay mas casas, que seguramente pertenecieron a los súbditos mas allegados de Ilimo e Izilsurias, del otro lado, las casas son mas pequeñas, pero igualan en hermosura a las otras, es en esta parte donde aun habitan los elfos con sus familias.

Cuando la escalera se termina, se da paso a estas casas pequeñas, surcadas por una gran avenida que lleva a un puente, para entrar al otro lado de la ciudad, esta avenida continua hasta la puerta de los reyes, tallada en madera con el escudo real, que permanece hasta nuestros días.

Esta división se hace más evidente, ya que las grandes casas comienzan a ser consumidas por la naturaleza, los elfos les dan mantenimiento continuamente, sin embargo la propia Yvanna sabe que esas estancias ya pertenecen de nuevo a su territorio y se los tragara, cuando los quendi se den por vencidos. Las casas de los elfos permanecen intactas al tiempo, inmunes a las inclemencias de la naturaleza.

Mientras escribo, se han comenzado a oír las canciones de los elfos, me he hospedado en la casa de Lionel y me ha otorgado estas habitaciones, que dan directo a la avenida principal, cuando miro por la ventana me sorprende ver la extraña luminosidad de Opelë, los eruditos no se equivocaban al hablar de las repercusiones del poder de los reyes.

La población es mínima, conformada solo por elfos verdes y unos pocos noldor que permanecen aislados, en total hay 30 familias, conformadas por 2 o 5 personas; hay solo 20 niños elfos, que no pasan de los 50 años (la mayoría de edad entre los quendi). Hay una guardería que a la vez sirve de escuela, un taller de orfebres, además de un pabellón en donde se entrenan diariamente, sí no están de guardia. No hay un elfo a cargo, pues lo consideran innecesario, sin embargo si hay un pequeño pabellón, en donde resuelven los problemas cotidianos.

Es un mundo en extremo cerrado, ahora entiendo la razón, del por que existen tantos mitos alrededor de esta mítica villa.

Lionel, mi anfitrión, me ha contado un poco de sus historia, nació aquí, cuando el realengo apenas surgía como una idea trazada en el papel; sus padres eran noldor y pertenecerían a la primera orden de la rosa. Cuando la capital se traslado, el se alejo de estas tierras y se unió al sequito de la reina, para servir después a la elfa Nessa. Dados los extraños acontecimiento desde mi llegada y la desaparición de Nessa y Trasia, él regreso a Opelë en donde se libero de las oscuras tareas de la Orden del Lirio y sirvió solo como vigía y ojos directos de la reina, no hace mucho que tuvo a su primer hijo, al que nombro Akbal, pues sus ojos brillan como las estrellas y su pelo es de un negro que refleja el azul del cielo. Su amabilidad es extraña y dudo que su corazón este corrupto, como el mió, pero entonces ¿por qué se unió a la Orden del Lirio?, es una pregunta que no me interesa responder y que seguramente olvidare cuando cierre este cuaderno.

[…]

22 de Ringarë

Un elfo, me ha llevado a la casa de los reyes, hemos entrado por la puerta de servicio, las enredaderas comienzas a trepar por las paredes, las caballerizas aun huelen al olor peculiar de los caballos, al entrar a la cocina, pude observar algunos rastros de grasa; pareciera que solo ha sido abandonada por algunos meses, dispuesta a recibir a sus dueños, después de unas largas vacaciones. El salón principal esta adornado bellamente por retablos, que hablan de la primera edad, las columnas semejan árboles frutales y los tronos tienen las figuras de las lámparas que iluminaron alguna vez arda. El elfo, me guió por las habitaciones y las salas de juego y estancia, los muebles tienen sabanas blancas y los pocos espejos están cubiertos con una delgada manta de polvo.

La biblioteca esta vacía, los libros-según me ha platicado el quendi- fueron llevado a la gran biblioteca de Ost In Alassëa Êsde. Más algo reclamo mi atención en el breve periodo en que estuve en la antigua casa de los reyes. Una puerta secreta, que me llevo a un sótano de gran tamaño, lleno de puertas, no he logrado abrirlas todas, pues están escondidas y solo una mirada escrutadora podría encontrarlas. Estas salas están llenas de antiguos tesoros y de libros demasiado preciados, tal vez cuando regrese, me interne en esta salas a absorber todo lo que no se me presenta a la vista.

El sótano lleva a un túnel, tiene una primera puerta que sale a las casa de los elfos y otra mas que lleva a un paso secreto bajo tierra, este paso da directamente al Palacio del reino Eterno; una entrada secreta para los reyes o bien para sus espías.

Las casas alrededor de la más grande, están en igual deterioro que esta, no me he adentrado en ellas, porque no lo creo necesario.

[…]

4 de Súlimë

Mi estancia en Opelë esta por llegar a su fin, pronto los elfos me despedirán como mucha alegría, felices de volver a su vida aislada. Es precisamente por eso que me voy, (además de no soportarlos) esta tarde he tenido una plática muy calurosa con los noldor que habitan aquí y con mi propio anfitrión. He cuestionado su mundo y su aislamiento de la realidad. Aun recuerdo sus caras llenas de furia en contra de mi comentario.

“De que les sirve la inmortalidad, si se niegan a conocer los cambios del mundo, su sabiduría, es la sabiduría de un niño de 10 años”

Lionel me miro de forma acusadora, yo les sonríe, sí conseguía hacerlos entrar en razón, Farothdin conocería mejor sus principios. Pero se negaron rotundamente, no me respondieron por que en el fondo yo tenia razón, pero me han dicho que ya no soy bienvenida en la villa, a menos que la reina me ordenara regresar.

Ya conseguiré el permiso de Izilsurias, para entrar de nuevo en la villa; solo he comenzado a descubrir sus secretos y no dejare esta tarea, que comienza a provocarme una obsesión...

**Archivo incompleto, tomado de la biblioteca de la Orden del Lirio Negro.