La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Ringil

2006:04:11:18:07:15

Kelusse

Ringil fue fundada por los hermanos Auresse y Kelusse al desembarcar en la costa occidental de Esteldor. Tras una larga y penosa travesía que había costado la vida a muchos de los integrantes del grupo, entre los que se podía contar al hermano pequeño de los dos líderes, llegaron a la costa y quedaron embelesados por la magnificencia de aquellas costas. Allí encontrarían la paz que anhelaban y que curaría las numerosas heridas, físicas y psicológicas, recibidas.

Llegaron a la costa, hambrientos y maltrechos y hallaron una tierra rica y generosa que los alimentó y les dio esperanzas para empezar una nueva vida, dejando atrás los recuerdos y dolores.

En el punto en que llegaron desembocaba en el mar el río Falmarin, tras una larga travesía desde las montañas de Aikwa Oron. Era un punto en que el río era ancho y con una gran cantidad de vida. Las aguas dulces del río y las saladas del mar su fusionaban creando unos manglares y una vida muy característica de esa zona. A pocas millas, tierra adentro, podían pescar truchas y salmones, y, en cambio, a pocas millas mar adentro, toda clase de peces de agua salada como cabrachos, lubinas y rodaballos.

En ese lugar privilegiado fue edificada la ciudad de Ringil, en la costa de la desembocadura del río. Primero fue un pequeño pueblo donde los recién llegados se aposentaron y desde donde hacían pequeñas incursiones exploratorias para averiguar como era el entorno del aposentamiento.

No pasó mucho tiempo antes que la presencia de los recién llegados fuera detectada y con prontitud fueron atacados por una tribu de orientales. Los hermanos decidieron que no era momento de entablar una lucha con esos bárbaros, puesto que las tropas no estaban todavía recuperadas y abandonaron el asentamiento para camuflarse entre las gentes que habitaban en las tierras del río. El aposentamiento del Ringil original fue destruido por los orientales, quedando únicamente una estatua en el centro del puerto, estatua que se mantuvo en pie a pesar de los esfuerzos para derribarla.

Los habitantes del río confesaron un secreto a los recién llegados y es que en el lecho del río se encontraban unas perlas, que ellos usaban para el comercio con los pueblos limítrofes. Las perlas del Falmarin fueron extraídas por los recién llegados que observaron su perfección y calidad. Con el tiempo se convertiría en el gran tesoro de la zona. Una vez que los orientales abandonaron la zona, Ringil sería reconstruida en su emplazamiento original.

Cuando los recién llegados establecieron contacto con los habitantes de Esteldor, se formaron muchas parejas entre los oriundos del país y el pueblo de los hermanos y la población fue creciendo en número tanto de habitantes como de casas, con cierto desorden, puesto que las nuevas familias construían las casas donde les parecía sin seguir un orden ni un estilo monocorde. Con el tiempo fue la típica ciudad portuaria, cuyo centro estaba en la parte limítrofe con el mar, centro en el que se concentraban todas las posadas y lugares de ocio de la ciudad.

Nada más fundarse recibió el nombre de Ringil, y la explicación de tal nombre se debe a una curiosa anécdota según la cual Kelusse miró en el agua y vio un destello frío, en ese instante decidió el nombre. En Ringil vivieron los dos hermanos durante años.

Con el tiempo fue fundada la capital de Esteldor, Caras Aelin, y posteriormente Amon Duin, Ciudad de los Caballeros. En ese momento los hermanos abandonaron Ringil para trasladarse de inmediato a Amon Duin.

Ringil se convirtió en una pacífica ciudad costera, habitada por pescadores, agricultores y ganaderos. Su puerto fue cerrado con la construcción de unos muelles a ambos lados hasta dejar la entrada reducida a una escasa obertura por la que únicamente podían pasar “kirya”, nombre que recibían las embarcaciones de los pescadores, de escasas dimensiones, puesto que eran fundamentalmente familiares. Con ese estrechamiento de la entrada se anulaba como puerto a todas luces, pero con ello se consiguió evitar el posible desembarco de fuerzas enemigas.

El pescado capturado con las “kirya” alimentaba toda la ciudad y se crearon platos culinarios deliciosos con condimentos y especias que cultivaban los agricultores. El más afamado de los cuales era el “laika-lingwë”, un plato elaborado con un pescado al horno, cocinado cubierto de sal, el cual, una vez apartada la sal y quitada la espina central, se especiaba y se acompañaba con una guarnición de verduras.

Los ganaderos “exportaban” pescado al resto de ciudades de Esteldor, con sus carromatos tirados por bueyes o caballos. El pescado llegaba a Halatiryon, en cuyo mercado se subastaba. Llegaba a la ciudad conservado en hielo y allí se mandaba a otra ciudad congelado o se salaba.

Entre los edificios más importantes de Ringil destacaba la que había sido la casa de la comandancia o “kánokoa”. Una casa de tres alturas, en pleno puerto y con unas vidrieras que permitían desde cualquier habitación de la casa contemplar el mar. En la planta baja había una espléndida sala de recepciones, en la que se celebraba un baile al que acudía lo mejorcito de la ciudad en la fiesta de “airaear”, el día del mar. En la planta primera, había diversos salones, en los que los hermanos mantenían reuniones con quienes tuvieran algún tema que tratar con ellos y en la planta superior estaban las habitaciones privadas, con una vista de varias millas mar adentro.

En el punto central del puerto se hallaba una gigantesca estatua construida en el instante del desembarco, y que se mantuvo erguida cuando los orientales lo destruyeron todo, en recuerdo del hermano perdido, llamada “Vanwa Otorno”.

Se decía que, cuando Auresse había sido desterrado, algunas veces un extraño navegante llegaba en su pequeña embarcación y paseaba por las calles de Ringil, con aire melancólico y siempre se dirigía hacia “Vanwa Otorno” y allí cerraba los ojos, mientras algunas lágrimas resbalaban por su rostro. De la misma anónima forma como había llegado, marchaba sin hacer ruido y sin hablar con nadie. Todos los temían y respetaban, puesto que todos reconocían en él al antiguo fundador de la ciudad, a pesar de su capa provista de una gran capucha que protegía de las miradas curiosas el noble rostro de Auresse.

Kelusse visitaba frecuentemente Ringil para mirar durante largo tiempo el horizonte por donde llegara y para rendir homenaje a su hermano pequeño.