La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Halatiryon

2006:04:11:18:24:33

Nowë

De su geografía

Al oeste de Caras Aelin, capital de Esteldor, más allá de los escarpados riscos de la Aikwa Oron, el macizo central de este país, se levanta la ciudad de Halatiryon, capital del país de Talankaya.

Emplazada en la vega inferior del río Falmarin, junto a los límites australes de Esteldor emplazados en los bosques de las hojas del sur, Hyarmenassea en lengua sindarin, domina el ancho valle que controla el acceso a la rica región de Pelerindo, donde se alza Caras Aelin, y, más al este, los anchos pastos del pacífico país de Lamanlára.

Fundada como valladar defensivo contra las tribus salvajes del oeste, las murallas occidentales de la ciudad se prolongan durante varias millas hacia el sur, fortificadas con grandes torres de vigilancia.

De su historia

La fundación de Halatiryon se remonta a la próspera época de expansión esteldili, años después de la conquista del Lamalára y la construcción de Amon Duin al noreste.

Los intrépidos habitantes de Esteldor quisieron entonces expandirse hacia el oeste, buscando un paso a través de la Aikwa Oron. La complicada orografía del terreno les obligó a rodear la cordillera desviándose hacia el sur y, tras arduo trabajo, abrieron un gran camino, más tarde conocido como la Ruta de los Comerciantes por el ingente comercio creado entre Halatiryon y Caras Aelin en días posteriores.

El camino serpentea con dificultad a través del estrecho pasillo que separa Aikwa Oron del impenetrable bosque de Hyarmenassea hasta llegar al desfiladero de las carretas, emplazamiento del baluarte inexpugnable de Osto Kirya, la llave de la vega austral del Falmarin.

La expedición esteldili, dirigida por Jade y Amarthdûr, avanzó por la región buscando un emplazamiento para la nueva ciudad, satisfechas por la riqueza de esas tierras. El lugar elegido, en lo alto de una loma, sería el suelo sobre el que las nainiri fundaran Halatiryon.

De sus gentes

La ciudad de Halatiryon, fundada como parapeto defensivo, previo paso para conquistar aquella convulsa tierra, forjó un marcado carácter en los aguerridos habitantes de la región, acostumbrados a los continuos ataques de las tribus de hombres salvajes del mar de Rhûn.

Aún hoy se puede apreciar en algunos halatiryanos la hosca sinceridad en el habla y la rudeza en el trato, recuerdo de tiempos más duros.

No obstante, aunque los años posteriores a su fundación no fueron fáciles, la supremacía militar de Esteldor, arropada por las huestes que el nainir dagor de aquella época envió desde Amon Duin, terminó con la sublevación y el hostigamiento de las tribus salvajes que, si bien nunca cedieron completamente en sus ataques, fueron contenidos más allá de las grandes murallas, cerca de los pantanos.

Así pues, la colonización de Talankaya, gracias a la protección ofrecida desde Halatiryon, fue tarea sencilla. La posterior refundación de Ringil y la riqueza del Falmarin fueron en beneficio de la ciudad, que se irguió en gran centro de comercio y nexo con Caras Aelin, paso frecuente de viajeros. Esto hizo de Halatiryon una gran urbe bulliciosa, dedicada al comercio.

Precisamente la influencia del comercio supuso un cambio en la mentalidad de su gente que, como buenos comerciantes, gozan de vivaracha conversación y ladina lengua. Son pues los halatiryanos, y los habitantes de Talanyaka en general, excelentes vendedores y muy amables en el trato, proclives a la relación con otros pueblos, mucho más que sus vecinos de las lejanas ciudades de Amon Duin e incluso Caras Aelin.

La gran fiesta de la ciudad se celebra el dos de Lithe, en la apertura del solsticio de verano, y recibe el alegórico nombre de Mankale. Ese día no se comercia y todos los habitantes ascienden a las grandes murallas a festejar la llegada del verano.

De sus edificios

Las sólidas murallas construidas por Jade y Amarthdûr se destacan al oeste sobre todos los edificios de la ciudad. Sin embargo, la colosal obra de mampostería se reduce a medida que avanzamos al este, e incluso la muralla original ha sido derribada en algunos sectores debido a la vertiginosa prosperidad de Halatiryon, anexionando los pequeños burgos colindantes e incluso las granjas vecinas en su desmesurado crecimiento.

El centro de la ciudad, donde se levantan las primeras construcciones, está distribuido a semejanza de los campamentos militares de los duin, con una gran plaza en el centro y dos calles perpendiculares que la cruzan.

Antes de la eclosión del comercio, el mercado se celebraba en la plaza mas la escasez de espacio movió a los nainiri a edificar el Mankalio, gran obra de ingeniería noldor diseñada por Serkiel, que se construyó al este de la ciudad, próxima a la Ruta de los Comerciantes, en un intento sincero, aunque baldío, de alejar el ruido del centro.

El Mankalio, hogar del ya mencionado mercado, se sustenta en gruesos pilares de dura piedra y soporta un gran tejado a dos aguas que cubre toda la explanada y que ofrece singular aspecto al viajero que contempla la ciudad desde la lejanía.

Sin embargo, el bullicio del mercado se apaga al llegar a las murallas, recobrando el silencio. No es por tanto infrecuente observar caminantes en las murallas, deseos de alejarse de la ruidosa ciudad entre los grandes bloques de piedra. Y entre las torres de la muralla destaca Barad Numen, alzándose por encima de todas con el orgullo de saberse la más alta.