La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Quenta Esteldor

2006:04:25:11:38:33

Nowë

Capítulo 1.- De Iaurandir y el pueblo de la ribera

En el extremo sureste de la gran planicie de Árador, tierra regada por numerosos ríos, fluye con gran caudal el Falmarin. En la ribera del poderoso torrente, cerca de su desembocadura y al sur de las grandes llanuras de Altalára, habitaba años ha un pequeño pueblo de pescadores y agricultores. Apenas conscientes de las grandes batallas del oeste, y ajenos a todo cuanto sucedía fuera de su hogar, vivían felices bajo la luz de las estrellas y el cálido refulgir del sol. Al este de su aldea se alzaba majestuosa la gran cordillera de Aikwa Oron, de nevadas cumbres y escarpadas laderas, inaccesible para los temerosos hombres que la veneraban con respeto. Tan sólo en la vertiente norte se podía hallar alguna vegetación, cerca del anciano bosque de Illasea, donde tenía su morada el sabio Iaurandir.

Era este Iaurandir un hombre de aspecto anciano, cuya poblada barba y sus pequeños ojillos grises le otorgaban cierto aspecto de sabiduría y benevolencia. Su origen era un misterio mas las generaciones de los hombres de la ribera se sucedían y el viejo Iaurandir apenas envejecía.

Pacíficos y despreocupados, los hombres del Falmarin no reñían con frecuencia y apenas caían enfermos. Mas, cuando tales cosas sucedían, acudían en busca del consejo y la ayuda de Iaurandir que, gentil, los instruía y auxiliaba.

[Editado por jarvis el 18-04-2006 00:02]

Nowë

Capítulo 2.- De Nowë y Calenglin

Ahora bien, una noche llegaron hasta el poblado dos viajeros procedentes de las lejanas tierras de Beleriand, cuyo nombre era desconocido para el pueblo del río y sólo alguna vez, en boca de Iaurandir, habían tenido conocimiento de la existencia de los elfos y sus guerras mediante relatos de ancianos días.

Aunque sucios y agotados por la larga travesía, Nowë y Calenglin, pues tales eran sus nombres en la alta lengua del quenya, causaron gran estupor entre los pacíficos hildor pues tratábase de elfos, los primeros que sus ojos contemplaran, e iban vestidos con pesada armadura y, a pesar de estar extenuados, empuñaban afiladas espadas.

Pronto un mensajero fue enviado en busca de Iaurandir, y, este, sobresaltado por la noticia, acudió raudo a la aldea.

Las mágicas manos del maia hicieron sanar las heridas de los quendi, mas un gran pesar oprimía sus corazones.

Al fin un día, y a pesar del dolor que les causaba recordar el pasado, contaron a Iaurandir la triste historia de Ondolindë, la roca de la música del agua, y de su penoso destino, maldiciendo el nombre de Maeglin, sobrino del rey.

Los elfos fueron reconfortados por el poder del sabio, disipando la sombra de sus corazones. Pronto recuperaron sus fuerzas pues disfrutaban de la calidez de los hijos de los hombres y de su sencillez, encontrando muy placentera la compañía de Iaurandir, que les hablaba de la paz de esas tierras y de la sencillez de sus gentes, regidas por sí mismas, huérfanas de reyes y señores. Estas palabras causaron gran estupor en los elfos que, extrañados, atendieron al maia.

Les habló del poder de los débiles, de la importancia de todos y cada uno de los hombres y, al fin, una palabra fluyó como un susurro de sus labios: eirë, república en la lengua de los hombres.

Muy diferente sonó esa palabra en los oídos de los elfos.

Para Calenglin, una posibilidad de explorar nuevas tierras y unificarlas bajo un estandarte.

Para Nowe, la libertad. El deleite de las cosas sencillas. El retorno al espíritu primigenio de sus padres en Cuivienen, antes de que Melkor fuese maldecido como Morgoth y que los eldar fueran instruidos en la forja y el manejo de las armas.

Sucedió pues que Calenglin y Nowë se asentaron en aquellas tierras, y fueron recibidos con júbilo por los hildor que allí vivían pues tenían muchos conocimientos que enseñarles y en aquellos años los hombres eran más proclives a aprender y los elfos a compartir que en otras edades. Y allí, en ese escondido rincón de Arda, los dos linajes convivieron juntos como nunca sucedió ni sucedería nunca.

Así prosperó el pueblo de la ribera y poco a poco crecieron en número asentándose a lo largo y ancho de esas tierras de Árador, aunque siempre cerca del río.

Nowë

Capítulo 3.- De Auresse y Kelusse

Pocos años vivieron allí para las cuentas de los elfos antes de que la guerra se desatara en el oeste y, al fin, Morgoth Bauglir, el enemigo oscuro del mundo, cayó bajo el poder de la inmortal hueste de Valinor. Ahora bien, aunque lejanos, hasta allí llegaron los ecos de la batalla y de la destrucción de las bellas tierras de Beleriand. Nowë y Calenglin se apesadumbraron y vertieron lágrimas de amargura, pensando en las preciosas obras que los noldor allí habían hecho se perderían en el olvido y recordaron la caída de Gondolin, la más bella ciudad al este de las inmortales tierras de Aman.

Sin embargo, no todo se perdió y en Arvernien, las últimas espigas de los pueblos de Las Falas, Doriath y Gondolin, sobrevivieron al desastre.

En aquellos días, vivían entre ellos tres jóvenes hermanos, de gran renombre entre los edain, cuyo abuelo había sido un gran capitán de huestes en la Nirnaeth Arnoediad. Sin embargo, algunos años antes de la partida de Eärendil, el marinero, los impulsivos hildor no quisieron permanecer escondidos y no escucharon los consejos del sabio Cirdan, partiendo en busca de nuevas tierras más allá de Ossiriand, lejos del yugo de Morgoth. No obstante, la larga marcha fue ardua y penosa. Muchos se perdieron en los pasos de las montañas y Venesse, el menor de los tres hermanos, murió en los cruces de las Montañas Nubladas.

Sin embargo, apoyados en la inquebrantable fe de Kelusse, la hueste atravesó al fin las montañas y el frío páramo llegando a la orilla austral del mar de Árador Earmitya.

Entonces Auresse, el primogénito, se detuvo embelesado y, observando el estrellado cielo refulgir sobre el mar, llamó a esa tierra Ringil, en memoria de Fingolfin y, allí, tan lejos de su hogar, los últimos rescoldos de los orgullosos reinos de elfos y hombres en Beleriand se asentaron.

Nowë

Capítulo 4.- De la llegada de los orientales a Árador

Ahora bien, el pacífico pueblo de Auresse no fue el único en llegar hasta esas tierras en los días de éxodo que sucedieron a la Guerra de la Ira. La caída del señor oscuro dispersó a sus huestes y algunas de ellas, temerosas de los poderosos señores del mar, huyeron, y en su huída arribaron a Árador.

La beatitud del pueblo de la ribera fue pues quebrada por fieras tribus de hombres malvados que llegaron hasta sus tierras y, por vez primera, la sangre de un hombre del río fue derramada con la espada.

No obstante, gracias a la justa cólera de Calenglin que, enfundándose su rutilante armadura se enfrentó a los crueles cetrinos, el enemigo fue dispersado, sorprendido por la presencia de un guerrero noldorin entre aquellos inofensivos hombres. Pero Nowë no fue a la guerra pues su corazón, hastiado, ansiaba la paz.

Así fue como los hombres se volvieron a Calenglin en esa hora y él les enseñó el arte de la guerra y les ayudó a construir robustos arcos y afiladas espadas, que serían de gran utilidad en los días por venir.

Nowë, triste, fue en busca del viejo Iaurandir hasta su choza del bosque. El elfo contó al maia las terribles noticias y, este, apesadumbrado, aconsejó a Nowë que buscara un lugar lejos al sur, donde el pueblo del río pudiera vivir en paz.

El quendi escuchó al anciano y se marchó pensativo. Rara vez desoía el consejo de Iaurandir.

Pocos días después, Nowë abandonaba el poblado en el silencio de la noche sin más compañía que su caballo y con la esperanza de encontrar un nuevo hogar donde conducir a su pueblo.

Nowë

Capítulo 5.- De la Batalla del Claro y la unión de las huestes

En Ringil, el pueblo de Auresse y Kelusse fue atacado y, continuamente hostigado por el enemigo, se vio forzado a abandonar su campamento una vez más. Los hermanos condujeron a su pueblo siguiendo el cauce del río y, tras varios días de marcha sin tregua llegaron al fin al bosque de Hyarmenassea. Allí, exhaustos, se sentaron en un claro bajo las copas de los árboles, apesadumbrados por su malhadado destino.

Por aquel entonces Calenglin había instruido a los hombres que vigilaban los bosques y caminos sin fatigarse pues eran jóvenes y valientes.

Cuando la noticia de una gran hueste que cruzaba sus tierras desde el mar llegó a oídos del noldo, este se aprestó para la batalla reuniendo a sus hombres y marchó al oeste dispuesto a hacerles frente.

Los corazones de los hombres de la ribera ardían inflamados por la cólera y su cólera se transformó en ceguera pues al arribar al claro y divisar las gentes que allí descansaban, confundiéronlas con pertinaz enemigo y se lanzaron al ataque profiriendo grandes alaridos.

Así tuvo lugar la Batalla del Claro pues antes de que Calenglin pudiera reconocer los pendones de los edain y sindar de Arvernien, los hombres se batieron contra las estupefactas gentes de Auresse, que no podía dar crédito a sus ojos. ¡Un nuevo enemigo les acosaba!

Sin embargo, poca sangre fue derramada y no tardaron mucho en enfundarse las espadas gracias a la intervención de Iaurandir que, surgiendo de la nada, se interpuso entre los dos bandos deteniendo la contienda con el poder de sus sabias palabras.

Tras narrar sus desventuras, los hombres de la ribera acogieron con agrado a la hueste de los hermanos entre ellos, satisfechos de contar con nuevos brazos para defender sus tierras. Kelusse y Calenglin trabaron gran amistad mas Auresse se mantenía suspicaz pues no quería compartir el mando con elfo u hombre alguno.

No guardaba gran simpatía al elfo pues el edain suponía que los hombres del río seguían al elfo y eso le enfurecía. ¡Cuán lejos estaba de la realidad!

Sorprendida por la ausencia de un jefe en la aldea, la hueste de Kelusse se preguntaba anonadada quién era el señor de aquellas tierras y quién las regía.

Al fin, Kelusse se acercó a Calenglin y le refirió sus inquietudes y las de su pueblo acerca del ordenamiento de las cosas en la aldea. Entonces este le contó todo cuanto le había dicho en su día Iaurandir y Kelusse comprendió los principios de Eirë.

Poco a poco, las palabras que Calenglin dijera fueron haciendo mella en la hueste de los hermanos a través de Kelusse e incluso Auresse escuchaba con atención todo cuanto su hermano decía en aquellos días.

Nowë

Capítulo 6.- De la búsqueda de Nowë

Mientras, Nowë cabalgaba por las hermosas e indómitas praderas del país en busca de un nuevo hogar, al resguardo del ataque del enemigo y de tribus hostiles.

Una mañana decidió seguir el curso del río a través de las grutas subterráneas que atravesaban Aikwa Oron, fascinado por la fuerza de las aguas. Pronto tuvo que desmontar, pues la estrechez de los pasos era tal que apenas encorvado cual elfo oscuro podía atravesar las cavernas.

A pesar de las dificultades, el noldo presentía que debía continuar y, con gran esfuerzo, avanzó por la vera del río abandonando su caballo.

Al fin llegó a una gran gruta donde el río se ensanchaba a medida que su curso fluía con mayor velocidad. Un estruendoso sonido acompañaba al río en su avance y Nowë, seguro de haber encontrado la salida de las grutas, siguió el ruido.

El elfo se detuvo, embelesado, al llegar a la gran cascada cuyo ruido le había atraído. La visión era sobrecogedora. El río caía con estrépito sobre un hermoso lago rodeado por espeso bosque y, en el centro, una hermosa isla se alzaba incólume. Su búsqueda había llegado a su fin.

Más tarde llamaría a ese lugar Ael Ethelë, el lago del manantial, y allí, sobre el lago, se edificaría la ciudad más bella al este de Beleriand: Caras Aelin. La Ciudad del Lago. La grande.

Entusiasmado por su hallazgo, Nowë retrocedió con agilidad, deseoso de llevar las buenas nuevas a la aldea.

Nowë

Capítulo 7.- De la breve paz y el advenimiento de los nainiri

En la ribera las cosas parecían marchar bien. La fuerza unida de las dos huestes había derrotado a los belicosos enemigos, expulsándoles más allá de las ciénagas al sureste.

Sin embargo, la disensión interna comenzaba a hacer mella en el seno de la aldea pues los hombres del río no se plegaban a las autoritarias órdenes de Auresse y, poco a poco, su propio pueblo comenzaba a cuestionar su mando.

Entonces Kelusse, sabio y prudente, propuso elegir a dos capitanes, uniendo así las dos huestes para siempre. Sus palabras fueron acogidas con entusiasmo por todos e incluso Auresse hubo de sumarse a la iniciativa, aunque temeroso de perder el poder.

En aquellos días, el pueblo de los hermanos era más numeroso y la capitanía recayó en Auresse y Kelusse, en detrimento de Calenglin. Ahora bien, la comprensión del poderoso noldo sobre los fundamentos de eirë era tan grande que no puso pega alguna y alabó las virtudes de los hermanos.

Así pues cuando Nowë regresó a la aldea, profundos cambios habían tenido lugar en el antiguo poblado de los hombres del río. El júbilo de los hildor al aparecer Nowë fue indescriptible y los hermanos se congratularon con la presencia de otro elfo del antiguo linaje de los noldor. Sin embargo, cuando Nowë les habló de Ael Ethelë y su afortunado hallazgo no le hicieron gran caso y desestimaron sus palabras. Incluso Calenglin se mostraba reticente y el elfo tuvo que desistir.

Sucedió entonces que en la breve paz que siguió tras la unión de los edain de Arvernien y los hildor de Árador, el pueblo medró y, con su medra, sus necesidades aumentaron. Pero los hermanos sólo tenían ojos para la guerra y no prestaban atención a la ordenación de la aldea, así como los cultivos y la pesca.

Por aquel entonces, Nowë y Calenglin dudaron por primera vez sobre eirë y fueron en busca de Iaurandir, aturdidos por sus dudas. Este escuchó sus ruegos y les habló sobre las leyes y sobre el arte de la gobernación. Conceptos estos que los elfos rapidamente comprendieron.

Tras meditarlo mucho, convocaron al pueblo y expusieron las nuevas ideas que habían florecido en sus mentes. Hablaron de leyes, de gobierno y de muchas otras cosas. Y al fin pronunciaron una palabra que se asociaría para siempre con ellos: nainir, senador en la lengua de aquel pueblo.

Así fue como el, antaño, pueblo de la ribera evolucionó y en adelante fue regido por los nainiri, los más sabios y justos entre los esteldili. En un principio fueron cuatro, dos se ocuparon de la aldea y dos de la guerra.

Auresse y Kelusse dirigirían la hueste en la batalla, mientras que Calenglin y Nowë gobernarían la aldea. Sin embargo, Calenglin acompañaba a menudo a los guerreros en sus aventuras y su mortífera espada seguía pendiendo de su costado.

[Editado por jarvis el 24-04-2006 13:50]

Nowë

Capítulo 8.- De Serkiel y el orgullo de los nainiri

Y no era en modo alguno infrecuente ver a los hermanos cabalgar por el país. Una tarde, Kelusse dirigía una partida de caza cerca de las ciénagas del oeste cuando escuchó el chillido de una mujer. Picando espuelas, el edain cabalgó con intención de socorrerla, seguido por sus hombres.

Una elfa, tendida en el suelo, yacía rodeada por feroces hombres cetrinos de más allá del Mar de Rhûn, una especie que jamás habían visto antes. Por fortuna, los jinetes de Kelusse derribaron a muchos antes de que pudieran defenderse y los supervivientes huyeron, dejando a la mujer.

Kelusse la recogió y la llevó pronto a la aldea, temeroso de que hubiera sufrido daño alguno. Una vez más, Iaurandir fue convocado y el poderoso maia salió de su retiro en los bosques de Illasea.

Mientras, Kelusse relató a los otros nainiri su aventura, mostrando su inquietud por esa nueva raza de feroces y corpulentos hombres.

Sin demora, Auresse convocó a la hueste a grandes voces, furioso. La ira de los nainiri había sido desatada. No tolerarían más invasiones y su creciente poder les había vuelto confiados. Se pusieron en camino dispuestos a destruir a sus enemigos, con las escasas palabras de Kelusse como referencia.

Sólo Nowë rehusó partir exhortándoles de nuevo a marchar en busca de la paz de Ael Ethelë aunque una vez más su voz fue apagada por el eco de la guerra.

Serkiel, pues tal era el nombre de la mujer, sanó en poco tiempo e Iaurandir volvió al bosque a pesar de los ruegos de Nowë, pues deseaba que el maia le ayudara a convencer a los reticentes hermanos y a su amigo Calenglin. Pero Iaurandir se negó, pues esa tarea era de Nowë y sólo de él. Sin embargo, le juró acompañar a la hueste si este lograba ponerles en camino.

Superviviente de la ruina de Nargothrond y de Arvernien, Serkiel había vagado por muchos países hasta que se perdió del grupo con que viajaba en las costas septentrionales de Rhûn. De corazón animoso, partió sola en su búsqueda de nuevo hogar mas fue atacada por una banda de hombres de las colinas, al noreste del mar de Rhûn, poco antes de la aparición de Kelusse.

Largas conversaciones mantuvieron los dos quendi en la soledad de aquellos días y no pocas preguntas hizo Serkiel a Nowë sobre la aldea, sorprendida por el extraño gobierno que tenía lugar e interesada por la artesanía y la construcción.