Calenglin
Reptaba sinuosamente por las empinadas lomas que se atisbaban en el horizonte. El anciano intuía, no, sabía a ciencia cierta que jamás podría llegar a su destino más allá de las mismas. Quedaba ya poco camino por recorrer, el final del mismo andaba cerca. Al alcance de su mano, podía notarlo, podía sentirlo, podía agarrarlo... y la desesperación lo ganaba por momentos.
Su Fin, al igual que el de su largo caminar estaba cerca. Cubría en aquellos momentos una de las últimas etapas de su largo recorrido, aquel que le había llevado a incontables lugares y que, indefectiblemente, le conducían a ella. Y el recuerdo de una cabellera oscura como la noche sin luna le hizo mella en su pecho. Su destino se le escapaba, una vez más, entre los dedos.
Apretó instintivamente sus puños, como queriendo retener el intangible cuerpo de su propio hado, mientras suspiraba y caía en la más negra de las desesperanzas. Jamás pasaría aquellas lomas hinóspitas. Cruel le pareció entonces el destino de los hombres, de vida corta y dicha escasa. Negó repetidamente con la cabeza mientras el viento desbarataba su pelo largo y cano y una lagrima asomó en sus ojos, pues triste había sido su vida, y más triste aún era el final de Su Camino. Sintió como se le helaba el corazón cuando el viento del norte le trajo rumores de detrás de las montañas, rumores de historias pasadas y ecos de voces lejanas, aunque conocidas. Parecían burlarse de él y de su Fin, y esto le hizo caer de rodillas. Ahora sabía que su destino estaba escrito, lo había estado desde el principio y entonces vió a aquel joven que lo negó hace muchos años cuando le fué revelado. Curiosa la obstinación de los jóvenes humanos, que se hace fuerte al principio y termina ahogada por la marea que trae el propio devenir de los tiempos.
Con la cabeza entre las rodillas maldijo a los dioses, mientras su mente y la tarde iban cayendo en la oscuridad al unisono sobre aquella tierra negra.
[Editado por Nargothrondhim el 15-05-2006 21:29]
