La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Sé Orocarni

2006:05:17:18:40:57

Bohr Daedth

En Arador, y por tanto en Fanyarëa también, se conocen como Ered Aíra. Las Montañas Cobrizas, o las Montañas Rojas. En el territorio de Heren Fanyarëa dividen el país en dos partes, este y oeste. Desde la montaña hacia el oeste se hallan todas las ciudades gobernantes, la nobleza y las guardias reales. Al este se hallan los pueblos y las aldeas, la gente común, el desierto y la mesopotamia, los campos, el trabajo y el comercio, el turismo y el entretenimiento vulgar.

Escrito por Bohr Daedth (Elessurendil) el 10-05-2006 05:07

Clan: Heren Fanyarëa Raza: Humano (oriental)

Bohr Daedth

Alsenot y Bohr fueron llevados en una barca mediana por el Morehtsir, camino a las montañas que los llevarían a Nestnwelath. Desembarcaron frente a la presencia de las inmensas montañas, donde el río se hacía innavegable. Hasta allí el viaje fue silencioso. Los que más hablaron, portandose escrupulosamente, fueron los acompañantes que guíaron la barcaza.

Descendieron en un amarradero. Cerca habían dos puestos construidos en madera. Algunos caballos de montaña, alguna mixtura de mula, esperaban guardados en unos sencillos establos. Después de varias tratativas amistosas con los hombres del río, Alsenot y Bohr ya montaban camino a las alturas. Dieron las gracias a los navegantes y emprendieron el viaje. Mientras antes llegaran a la ciudadela, en mejor condición estarían de resolver las cuestiones políticas.

Atravesaron entonces algunos kilometros donde asomaba el Cañón del Morehtsir. Los grandes abismos de los hombres de las alturas, comenzaban a emerger con la majestuosidad propia de aquellos que conocían las nubes. Alsenot pensaba. En algún momento se le cruzó por la cabeza el asunto de su descendencia, que habría luego de su \"reinado\"? Bohr tenía algo que merecía toda la atención de la Unión, pero crecería para ser digno realmente? Hallen seguramente tendría hijos algún día pronto, si se encontraba a alguien merecedor de su mano. Los demás hijos eran fuertes y valiosos, pero carecían de un algo.

- ¿Arruinaste la vida de esa chica, Bohr?- le dijo al muchacho que observaba las montañas abiertas como el \'hogar\', no era un cambiaformas pero su mente aspiraba a las alturas, al aire, al viento y a la inmensidad, ese era el lugar donde prefería pasar cada momento de su vida. Aunque allí se sentía seguro, el desafío estaba en las tierras absurdas de los que preferían caminar. Esta última vez aquellas tierras absurdas le habían afectado irreversiblemente, ya nada volvería a ser como había sido, y eso podía ser bueno, pero no del todo...

- No, padre. Creo que las últimas \'chicas\' que he conocido han arruinado la mía. - Un paisaje blanco se divisaba más adelante.

Escrito por Bohr Daedth (Elessurendil) el 10-05-2006 05:39

Clan: Heren Fanyarëa Raza: Humano (oriental)

Bohr Daedth

C

on un gruñido, Alsenot dio por terminada la réplica de su hijo.

- Las mujeres ciegan los sentidos y nublan el entendimiento, hijo mío. Y me temo que en tu caso es peor, porque has salido mujeriego perturbado y dado al enamoramiento fácil, me temo. Sábelo siempre, no serás digno de un trono que puedan arrebatarte con la sola ayuda de los encantos y el hechizo de los sentidos, y en esto las mujeres son especialmente buenas. No dejes que el vicio te corrompa si quieres merecer tu derecho a lo que por sangre te corresponde, ya que si dejarás que sea tu carne y no tu espíritu la que guíe a los hombres, no llegarás a ser merecedor de tal trono. Y habrás de saber que el ascenso de Hallen podría acabar dando un heredero que te lo arrebatase, así pues no tientes a la suerte, y hazte merecedor del orgullo de tu padre.

El camino se abría frente a los ojos de ambos, escarpado y retorcido, mostrando la larga escalada que restaba hasta llegar a su ciudad. Alsenot podría haberlo recorrido sin problemas, pero la presencia de Bohr le forzaría a valerse de sus piernas para el trayecto.

El día transcurrió tranquilo, con un viento inevitablemente frío azotando las cumbres nevadas. El paso que adoptaron fue necesariamente relajado, y tomaron sus descansos en pequeños pasos de montaña apenas habitados. La marcha se hizo lenta hasta la noche, momento en que Alsenot decidió detenerse, decisión que su hijo acató. Sentados sobre el frío y duro suelo, durmieron, o lo intentaron, durante unas pocas horas.

Al despertar a la mañana siguiente, un frío seco les recibió impertérrito, anunciando una dura jornada de escalada. Aquella mañana, los ojos de Alsenot percibieron una figura en el horizonte, aproximándose desde lejos como alma llevada por el diablo. Enarcando una ceja, se puso de pie, y recogiendo sus fardos le instó a su hijo:

- Vamos Bohr, no tenemos mucho tiempo.

Escrito por Alsenot (Radagast_III) el 10-05-2006 12:10

Clan: Heren Fanyarëa Raza: Humano cambiaformas (ave)

Bohr Daedth

E

l viento era inclementeen las montañas. Lómëa se arrebujó mas en su capa y, tomando a Hísie de la brida, echó a andar por el paso de montaña. Había dejado Felekgathol hacía un día y medio, y con su vista élfica podía ver que le quedaba poco de terreno escarpado por cruzar.

Cayó la noche y el frío arreció. La elfa miró al cielo, un paño negro salpicado de diamantes. Otra noche sin luna. Decidió seguir, porque el tiempo apremiaba y no podía confiarse demasiado en que su presa no se moviera del lugar dónde ella creía que estaba.

A la mañana siguiente, dos figuras en movimiento, apenas distinguibles por el resplandor del sol sobre la nieve, hicieron que los ojos de Lómëa se abrieran como platos. Tenía una vaga idea de quienes podían ser y una sonrisa, mezcla de amargura y mezcla de anticipación, se instaló por un momento en su rostro. Calándose mas la capucha apretó el paso.

Seguramente ya la habrían visto a ella también en esa mañana tan luminosa. Trató de pensar en las ventajas que tendría en un encuentro cara a cara con esas dos figuras, pero no vio ninguna. -Bien- pensó -mucho mejor así- Otra vez la mueca reapareció en sus labios.

A lo lejos, ambas figuras volvían a moverse.

Escrito por Lómëa Útyelnaike (-Ireth-) el 11-05-2006 15:28

Clan: Heren Fanyarëa Raza: Elfa Avari

Bohr Daedth

L

a marcha se reinició con premura, y pronto los pasos de Alsenot y Bohr abrieron paisajes escarpados y profundos, constituidos en riscos y pasos insondables, que habrían podido provocarle vértigo a un ave.

La mañana se desarrolló sin incidencias ni intercambios de palabras ni sentimientos. Bohr parecía nervioso, mirando a todos lados continuamente, y en más de una ocasión algún sonido lejano le hizo volverse sobresaltado.

Alsenot, en cambio, viajaba tranquilo, mas alerta, esperando en cualquier momento el asalto de alguna surpresiva novedad que les provocase el desconcierto. No llegó en toda la mañana tal novedad, y a la hora de comer todo seguía en calma entre las montañas, cuyas rocas azotaba el viento gélido.

Con el sol sobre sus cabezas hallaron una cueva resguardada del viento, donde tomaron unas pocas provisiones. Allí Alsenot se tornó de nuevo en Águila, no sin antes volverse hacia Bohr.

- Prosigue el camino hasta Nestnwelath.

- Pero, padre, ¿me abandonas ahora?

- Volveremos a encontrarnos antes del final del trayecto.

Y con una última y severa mirada, Alsenot desapareció, dejando a Bohr solo, y en apariencia desamparado.

La marcha prosiguió, pero Bohr nunca fue gran andador, y la ausencia de su padre le hizo rebajar involuntariamente. En el horizonte, a su espalda, una mujer, elfa de raza, seguía sus movimientos a gran velocidad, rastrando su paso por haberle perdido de vista. Hubo de ser el suelo rocoso el que engañase a la elfa, y el que le ocultase la desaparición de Alsenot hasta que fuera demasiado tarde.

Así se produjo el encuentro. Bordeados por dos enormes riscos paralelos que se extendían hasta el cielo sobre sus costados, Bohr y Lómea se hallaron por fin, y con dos gritos, uno de guerra y otro de horror, se inició una carga a caballo que fue truncada por el picado de un águila enloquecida.

Derribada del caballo por la fuerza de la caída, Lómea rodó por el suelo exalando un quejido de dolor, al tiempo que la figura que la había derribado, un hombre musculoso y águil, rodaba unos metros más allá, desenvainando una espada curva en la punta y recta en el tránsito.

Sin embargo, y para sorpresa de Alsenot, la elfa reaccionó rápidamente, embistiéndole con furia impulsando una afilada espada larga contra él.

Dos golpes se descargaron, uno vertical y otro horizontal, y él los bloqueó con dificultades. Pronto comenzaron a intercambiarse impactos, unos esquivados y otros desviados, sin que ninguno de los dos lograse alcanzar a su objetivo. En última instancia, Alsenot tropezó, perdiendo el equilibrio y soltando su espada. Tardó poco en recobrar el primero, y sin embargo la segunda quedó alejada de él y con su rival entre medias, sonriendo de júbilo por la victoria.

Pero en un abrir y cerrar de ojos el hombre volvió a ser águila, y en tan poco tiempo el águila volvió a ser hombre sobre el cuerpo de Lómea, y la derribó con furia, descargando sobre ella una patada que la lanzó contra el suelo tundiendole una segunda vez las costillas. Y de nuevo la garra de Alsenot estuvo en sus manos, y el conflicto aparentó volver a empezar. Sólo entonces Lómea habló:

- Te interpones en el camino de Nyérë, y pagarás por ello.

- ¿Quién eres tú, Avari, y qué buscas? Responde ante el señor de los hombres, pues es a él a quién tratas de matar.

- No es a ti, humano, sino al que tras de ti se oculta como una rata, a quién busco. Mi espada tiene una cita con su sangre, como pago de las deudas pendientes.

- Soy yo el señor de los hombres, y es mi espada la que determina quienes pagan, y cómo, las deudas de estos. Mi nombre es Alsenot, como sin duda sabrás, y me gustaría conocer el tuyo.

- Mi nombre es Lómëa Útyelnaike.

- Bien Lómëa, háblame de las supuestas faltas de mi hijo, si deseas que se le juzgue por ellas. Si prefieres tratar de tomar la justicia por tu mano, tendrás que asumir tu muerte. Tú eliges.

Escrito por Alsenot (Radagast_III) el 11-05-2006 19:20

Clan: Heren Fanyarëa Raza: Humano cambiaformas (ave)

Lómëa Útyelnaike

Lómëa se levantó del suelo ágilmente y sacudió sus ropas llenas de polvo tras la caída. Se palpó las costillas para ver si tenía rota alguna y, tras comprobar que no era así, levantó la cabeza para contestar al hombre que tenía ante sí.

-Esa alimaña cobarde que te empeñas en llamar \"hijo\" no me sirve de nada muerto,- dijo la elfa sin inflexión alguna en la voz -tengo órdenes de llevarlo vivo a Sornosunë, de dónde supongo que te imaginarás que vengo.-

-Sí- dijo el humano tranquilamente -sé de dónde vienes, pero dime porqué habrías de llevarlo allí-

-Veo que no estás al tanto de las correrías de tu hijo.- empezó la elfa -Bien, ¿quieres saber lo que ha hecho?

Alsenot la miró con la impaciencia pintada en el rostro.

-Ha atentado contra el mismísimo Heredero de Fanyarëa, el hijo de Vilwë, que también es sangre de tu sangre.- Lómëa hizo una pausa. -Por supuesto, la Reina Naredhel fue puesta al tanto de lo ocurrido, y es por eso que reclama la presencia de Bohr Daedth de inmediato en Sornosunë.

Aquel hombre capaz de transformarse en águila en un abrir y cerrar de ojos, la observó con un rostro impasible que desmentía la impaciencia que había visto antes. Al ver que seguía sin emitir palabra, Lómëa prosiguió:

-Creo que te das cuenta, Alsenot, Señor de los Hombres, que, si este \"incidente\" se hiciera público, podría ocasionar graves problemas entre tu gente y la mía, ¿verdad?. Así que ahora soy yo quien te da a elegir a ti: puedes llevarlo tú mismo a Sornosunë y que responda por lo que ha hecho, que es como debería ser, o yo asumiré mi muerte, como bien decías. Pero tú tendrás que asumir la de él.-

Alsenot seguía sin decir palabra, se limitaba a mirar a la elfa, con los brazos cruzados sobre el pecho. Lómëa miró al cielo y luego bajó la vista hacia el sendero que seguía por la montaña. A lo lejos divisaba la figura del que sabía, era Bohr Daedth.

La Avar dio media vuelta y ya volvía sobre sus pasos, pero frenó y se giró lentamente para decir al hombre con un tono de voz mezcla de respeto y acidez:

-Considéralo, Alsenot Atanatar. Y comunícame tu decisión al atardecer, queda tiempo aún. Confío en que sabrás dónde encontrarme.- La elfa se giró otra vez y siguió caminando.

-Bien.- dijo Alsenot por toda respuesta -Nos volveremos a encontrar.-

Lo último que vio de él Lómëa en ese momento, fue la sombra de un águila y un pensamiento afloró a su mente al mismo tiempo: fuera cual fuese el final de aquello, ningún acto quedaba sin castigo.

[Editado por -Ireth- el 13-05-2006 05:47]

Bohr Daedth

Dos cóndores giraron en círculos enlazados. Y un halcón cruzó la alta montaña emitiendo un fuerte chillido. Custodiaban la ida del Águila, magnánimo.

Bohr había permanecido impávido. Alsenot estaba defendiéndolo, aunque en realidad defendía los intereses de su gente. Pero Lomëa estaba recibiendo una tunda que no merecía, ella venía en busca de un prisionero culpable. Aunque para Alsenot había cosas más importantes que una tonta culpa.

De todas formas, él muchacho se sentía, instintiva e intuitivamente, superior a su padre. Pero le perturbaba que el hombre lo tratara con cierta dignidad que nunca había notado de su parte. Mientras él crecía, Alsenot se estaría volviendo viejo.

Después vio como Lomëa Utyelnaikë de Sornosunë enfrentaba a Alsenot. Y sencillamente con su mirada oscura... lo vencía. Paralizado ahí Bohr Daedth tuvo una idea. Y toda su idiosincracia era, cuándo tenía una idea, arremeter con ella...

Bohr Daedth

El padre no se divisaba. Y la avar se alejaba. Bohr apuró el caballo hacia la cima del risco más cercano. Allí abajo otra montaña sobresalía hacia el sur. Se bajó de la montura, y le hizo señas a ambas bestias para que siguieran por el camino, lo abandonaron de inmediato. Bohr se quitó el abrigo que se había puesto. Y saltó del risco, pronto aferrandose a la pared del precipicio. En algunos movimientos fue desplazandose por las salientes hasta llegar a distancia y altura considerables de la ladera del pico vecino. Llegó hastá él. Lo circundó a la mayor velocidad que pudo. Y desde allí atravesó un desfiladero que unía esta montaña a la otra, mayor. Entonces escaló la pendiente sencilla agradecido. Y desde allí dio con el camino con un poco más de dificultad.

Llevaba su espada al lomo.

Lomëa cabalgaba ya con conocimiento del recorrido, tan rápido como su corcel pudiera sin lastimarse. Además del sentimiento que tenía por la naturaleza del animal, sería muy desagradable quedarse a pasar la noche entre esos inhospitos y fríos gigantes y abismos. En ese momento captó un movimiento desde uno de los lados. Rápida captó un hombre deslizandose velozmente por la ladera y desenvainó por precaución. Su semblante se mantenía seguro y triste.

- ¡Bohr Daedth! ¡Maldito! ¡Los Varna Rámar están absolutamente desquiciados! ¡Heren Fanyarëa castigue vuestra rebelión! - Y Lomëa apuntaba hacia el entrecejo de su enemigo como si su espada fuera una flecha apunto de dispararse del arco.

Bohr estaba en su propio territorio. Esa era una terrible desventaja para la elfa. Quizás hasta ella no fuera lo suficientemente conciente de lo que el espacio significaba para Bohr. - Has venido de visita y no te has quedado a pasar la tarde.- Dijo con su típico sarcasmo.

Lomëa no comprendía. La imbecilidad del atani era demasiado para su razonamiento.

Bohr desenvainó la espada con brillos blancos de su mística concha marina.- Viniste a llevarte algo, pues pelearás por ello. ¿O acaso le bastan a tu corazón las amenazas políticas?-.

La Yarear se relamió el alma. Esa bestia le estaba dando un regalo entre tanta miseria que estaba girando en torno a ella. -Sabrás que tal vez no te mate, Bohr. Mi tarea es llevarte a Sornosunë, capital de la Orden, a que seas juzgado por...-

- ¡Pelea ya, elfa! - Bohr le clavaba la mirada en los ojos negros. Su pupila se dilató. Ambos compartían el entrenamiento de Lyshiön Morkarendil, pero Bohr disponía también de las enseñanzas de su familia materna, del arte de los vampiros por Kain, y algo también del señor de los Ramalië, Alsenot. Si alguien hubiese visto sin prejuicio la mirada del joven habría distinguido en la profundidad de su porte, la efigie del Águila.

Fue él quien primero atacó, y la elfa ladeó la hoja del humano arrimando rapidamente la punta de la suya hacia el rival, evitando el impulso de arremeter. \"Te rendirás cuando te venza, no eres mejor que yo\" pensó. Ella golpeó una y otra vez con destreza. Con la misma destreza Bohr resistió los golpes.

Transcurrido un momento, Lomëa reconoció que no era la mejor estrategia la embestida. Así que dejó que Bohr intentará herirla, evitándolo tantas veces. Pero la victoria se daría pronto, cuando le ganó la posición al humano y le arrebató el arma de la mano. Bohr dio un salto atrás sin dejar de atravesarle los ojos con los suyos. Ella tomó la pesada espada. -¡Basta niño! ¡¡Ríndete!! -.

- Aún no me has vencido, titta...- Y esgrimió un guiño en la comisura de la boca; una sonrisa maligna vio la sobrina de Vilwë. Y atacó con ambas armas pensando en que la fragilidad de Laito Rawein estaría más a salvo con un perverso menos en Arda. Bohr se movía en ademán de huída.

- ¡Todas estas tierras, Lomëa, en todos los bosques, montañas y llanuras que crees tuyos yacen humanos! ¡La Palabra dice que estas tierras son nuestras y que tu raza nos las usurpa, elfa!- Dijo, destacando la distinción racial.

Utyelnaikë estaba ya fuera de sí, como hacía mucho que no se exaltaba. -Lo que está escrito es que tú nunca deberías haber nacido... escoria.- Con una furia sobrenatural embistió una y otra vez persiguiendo a Bohr por el espacio en el que él seguía dominando.

El movimiento que siguió fue el más duro. La espada jaspeada cortó el aire con brutalidad sobrenatural, Bohr se defendió con el brazo derecho. Intentó soportar el corte a la misma altura que él hirió a Rawein. Y la sangre brotó haciendo una herida profunda, no sólo en la carne.

- ¡Aggggg, lo lograste... Lomëa!- Dijo Wethan, un nombre con el que había simpatizado y con el que se sentía orgulloso, seriamente. -Vengas la herida, y sufres de furia tal como yo he sufrido ante el heredero, primo nuestro, desde que él ha nacido. Me importa muy poco que ahora me mates. Vengamos la herida.- La guerrera se había calmado, intentó contradecir a Bohr pero este siguió hablando con voz más grave. Alsenot era noble, eso era indiscutible, y había sacrificado su orgullo en pos de valores; su padre, a pesar de todo, era virtuoso. Él tenía que serlo entonces también si quería sentirse digno. Y hacía rato ya que necesitaba respirar un poco de dignidad.

-... Pero... no soy \"malo\",- dijo sin comprender del todo el concepto, aunque sí un poco.- Señora. Si debo ser juzgado en Sornosunë, llévame, no me resistiré. Tal vez así deba ser. ¿No?- Concluyó con cierta inocencia. Mientras se sostenía el brazo del cuál la sangre de los Varna Rámar brotaba casi satisfecha.

Lómëa Útyelnaike

Un postrero rayo de sol se reflejó en la hoja de la espada en la cual se apoyaba la elfa.

-Sea, pues- dijo, y a continuación envainó la espada. Levantó la vista hacia el cielo, porque esperaba ver en cualquier momento materializarse ante sus ojos a Alsenot. Pero no se veía por allí.

-Vamos, todavía podemos hacer un trecho hasta Sornosunë antes de que nos sorprenda la noche- y se volvió para tomar de la brida a Hísië. En su semblante ya no había evidencias de la furia descontrolada con que había atacado al hombre minutos antes.

Observó que el corte en el brazo de Bohr era profundo y no dejaba de sangrar. Rasgó con las manos un trozo de su túnica y se la tendió al Varna para que se vendara el brazo. Bohr tomó el trozo de tela y se envolvió con él la herida.

Lómëa desandaba sus pasos al tiempo que sentía una inexplicable necesidad de justificar ante aquel ser lo que había dicho antes: - ¡Todas estas tierras, Lomëa, en todos los bosques, montañas y llanuras que crees tuyos yacen humanos! ¡La Palabra dice que estas tierras son nuestras y que tu raza nos las usurpa, elfa!

-Bohr Daedth...- empezó y la voz vaciló un poco -yo no...no soy tan insensible como crees. Sé quienes viven en estas tierras, pero también sé, o creo saber, lo que mantiene unido a tu pueblo y al mío. No sé bien si unido o más bien atado.- la elfa se volvió para mirarlo de frente. Y lo que vio la desesperanzó por un momento, pero solo una fracción de segundo. Un fuego que ardía sin llama la consumió por dentro: ira, un sentimiento de violencia ante aquel ser. Lo que vio en los ojos del hombre, en las profundidades de sus pupilas, no fue la comprensión que esperaba encontrar, sino un orgullo ciego que no entendía de nada más.

Su expresión se volvió petrea y dio media vuelta para seguir caminando.

-Sigamos- dijo la elfa en un tono de voz inexpresivo -debemos estar mañana en Sornosunë-.

Bohr asintió con un cabeceo y avanzó, manteniéndose detrás y a la derecha de la elfa. En ese momento, el sol se hundió definitivamente detrás de la montaña, tiñendo el firmamento de un tono carmesí que recordaba a la sangre, sangre que se derramaría pronto, como había sucedido día tras día y edad tras edad. Un ciclo interminable, cuyo legado era sólo el dolor.

Alsenot

Un águila emitió un chillido, sesgando la calma un instante. Cientos de metros sobre las cabezas de Lómea y Bohr, Alsenot esperaba con calma. Cuando todo acaeció, sus ojos le mostraron hechos sin palabras, claros a pesar de la ausencia de estas.

Tú has escogido, Bohr Daeth, pero no creas que te librarás de tu castigo sólo porque sea otro quién te lo inflinja.

El águila partió de nuevo. Ya no tenía que soportar la carga de su hijo, y podría alcanzar con la celeridad del viento su hogar en Nestnwelath antes de un día. Después iría a Sorosurne, y se aseguraría de que su hijo recibía el castigo que él le tenía preparado, aparte de otros muchos.