Eleanor Ronaele
Las flores olían tan dulce en aquél lugar, los árboles se mecían lentamente por el viento. Narmince estaba casi dormida respirando sobre el pecho de Denethor, su querido compañero y amante. No creía estar allí. ¿Estaría muerta?. En aquél momento sintió un escalofrío en la espalda, como un presentimiento repentino. Aunque más que eso parecía que el frío la iba invadiendo mientras su piel se volvía más blanca. Así iba desapareciendo, alejándose de aquél lugar, de aquél elfo que tiempo antes había visto morir. Luego, sola, veía pasar a mi lado un jinete que casi me embiste .Al cuál se le cayó un sombrero que terminó a a mis pies
-¡Narmince...Narmince!, tranquila mi amor-decía un hombre abrazándome a la vez que despertaba
-¿Qué sucede? ¿Qué pasa, Cuevas?-preguntó Narmince
- de improvisto te aferraste a mí y te pusiste a llorar... ¿Pasa algo que no hayas dicho?- preguntó el hombre levantándome el rostro-Sabes que puedes contarme cualquier cosa
-Lo sé-respondí tras besarle dulcemente
Desde hacía tiempo que tenía la misma pesadilla, algo que había podido fingir durante mi estancia allí. Pero aquél jinete le daba escalofríos. En los últimos días había podido ver mejor el sombrero pero el jinete y el caballo le eran difíciles de descubrir
Intentó volver a dormir, aún era de noche y luego del amanecer debía encontrarme con un informante para el próximo robo.
El amanecer me encontró despierta. Apenas el primer rayo de sol llegó a mi rostro abandoné el pecho de Cuevas y me comencé a vestir
Debía hacerlo de rojo para aquella ocasión, así que saqué un antiguo vestido de gala que me llegaba apenas por debajo de la cintura. me lo puse y debajo me coloqué unos pantalones negros y unas sandalias del mismo color.
Solté mi cabello y tomando mi capa oscura salí de la morada del clan de ladrones al cuál pertenecía.
Las calles estaban desiertas, aún así preferí caminar por los lugares mas solitarios y donde las casas eran más bajas, allí donde fuera mas extraño que hubiese personas, debido a las horas que eran. mi rostro estaba tapado por la capa e iba a un paso rápido. Había esperado mucho por aquél encuentro y no dejaría que se me escapara.
Fue entonces cuando un escalofrío recorrió mi espalda, paré mi camino y me detuvo a escuchar. Un jinete se acercaba, comencé a sacar mi daga lentamente.
No podían verla en aquella dirección, sí era conocido lo mataría y sí era alguien que no importaba y no detenía su camino, le dejaría vivir.
Fue entonces cuando al jinete le voló el sombrero y este se detuvo a los pies de Narmince.
La daga cayó al lado de su pie izquierdo cuando vio la escena, era el sombrero de aquella pesadilla nocturna que había tenido en los últimos días. Lo tomó con sus manos, temblaba y no creía en lo que veía.
El jinete se volvió y se acercó montado en su caballo.
Retrocedió aferrándose al sombrero, mirando fijamente a aquél viajero pues su mente no respondía y su corazón parecía comenzar a latir más lento .Mientras que él parecía no inmutarse, tal vez, esperando una respuesta.
El jinete irradiaba una aureola de tranquilidad que paralizaba sus músculos. Sus manos estaban agarrotadas y una extraña sensación recorría el cuerpo de la elfa. sentía como sus movimientos eran lentos, sus instintos le alertaban .Quería huir de allí, pero algo sucedía, algo que hacía tiempo no veía.
Sus ojos comenzaban a destaparse, aquél viajero no veía más que sus ojos. Aquél sortilegio que la retenía era angustioso pero aún más el sentir que su mirada se descubría ante aquél hombre, que sin ningun pudor ahondaba en sus recuerdos mas oscuros que tan celosamente había guardado durante años y años…
Y cuando su mente se las ingeniaba para pensar maneras de escapar notó que una de sus dagas estaba caída en la tierra tras aquél hombre rubio de mediana edad que se acercaba. Él no era normal... ¿Pero realmente sería aquél jinete? ¿O un juego del destino?
Pronto su voz escuchó decir....
__ No temas joven guerrera que ningún mal te haré, he oído tus anhelos y venido ha buscarte para emprender un largo viaje__dijo él caminando hacia ella mientras avanzaba a pié llevando a su caballo de las bridas__
Y en ese momento el hombre tomo el sombrero de las manos de ella sin que pudiese ella inmutarse. Todo fue muy lento y ni siquiera tuvo manera de oponerse. Su interior era un mar de emociones, de hostilidad,.. y no podía hacer nada para evitar estar a su merced..
Etnad, su gato, apareció entre los arbustos, por un momento pensó que se volvería su esperanza de huida.
Intentó alertarle, gritarle, exigirle, rogarle que huyera… pero no hizo caso, o no pudo…pues se le quedó mirando mientras se enroscaba entre las piernas del jinete que la había hechizado.
Y el viajero se caló el sombrero y se levantó el ala del mismo para sonreírle, tomo a Etnad en sus brazos y lo acarició tras las orejas mientras él se mostraba dócil y mimoso al tacto...
__Es un felino noble y de buen carácter querida, dócil a la mano del que bien le quiere__dijo Ílimo mientras lo posaba en el suelo__ no como la dueña, indómita e impredecible pero con un buen corazón__ dijo dirigiéndole una mirada de reproche__ levanta y retoma el dominio de tu cuerpo pero refrena tu ira contra mí o te heriré de muerte y aquí yacerás hasta que los bandidos encuentren tu cadáver__sentenció con una voz dura y poderosa a la vez que su figura se hacía imponente y fiera__
En aquel momento sintió como volvía a retomar las riendas de su cuerpo, cómo sus articulaciones volvían a obedecer, estaba dispuesta a escapar cuando los resortes de sus articulaciones volviesen a la vida..y llegó, notó una punzada en los tendones y entonces supo que estaba lista para huir, no sin antes retomar su arma y salir disparada como un rayo hacia la protección del bosque
Mientras lo hacía, una voz sonaba en sus oídos diciéndole…”Huye Narmince…huye a esconderte de tus miedos, pero el destino ya te ha sido revelado tan bien como a mi, ya eres una fibra de lana en el tapiz que ahora teje Vairë en los palacios de Mandos. Asume tu papel en la historia joven, que no te ciegue más la sombra del pasado que atenaza tus ojos…”
Sus pies se detuvieron cuando llegó a los límites de la ciudad y ya se oía el murmullo de las aguas agolparse unas contra otras cerca del puente de piedra que daba acceso a la entrada, de esta. Narmince siguió corriendo hasta el punto en que el cansancio no la dejaba avanzar más y se desplomó exhausta en un lugar mas apartado de la orilla del río, donde las aguas hacían un remanso muy acogedor. Allí se dejó caer de rodillas y golpeó con sus últimas fuerzas la tierra llorando de rabia. Descargó su ira golpeando con sus manos desnudas en la maleza, provocándose sanguinolentas magulladuras…tan sólo el vacío quedaba en ella, haciéndole llorar lágrimas negras de pena.
Aquel encuentro había rebasado sus defensas y había hecho brotar un caudal de lágrimas atesoradas desde la muerte de Denethor. Ahora y por primera vez desde aquel día lloraba angustiada de espaldas al río
-Eres extraña, Eleanor-susurró de pronto una voz suave cerca de la elfa cobriza
Narmince no respondió, no le importaba quién fuera y menos lo que quisiera. _Soy Narmince y mi nombre será lo último que recuerdes sí no me dejas tranquila-dijo poniendo su cabeza sobre sus rodillas
_Soy Calilingwe, servidor de Ílimo aquel que te hizo que ahora llores
_Entonces puedes irte junto con tu dueño a atormentar a otra elfa pues esta no les servirá a ninguno de ustedes dos. No deseo vuestra caridad ni la de tu dueño. Déjenme tranquila, pues mi batalla no es contra ustedes ni lo será mientras no intenten cambiar el curso de mi viaje.
_ ¡Ay ilusa y rebelde elfa que supuestamente te crees ama de tu destino, crees que tu lugar esta con los ladrones y proscritos o en los anhelos del pasado que te matan lentamente de pena por dentro! _dijo el Calilingwe mientras saltaba en el aire jugueteando con la luz que se colaba entre los árboles
_ Mi lugar esta aquí, con lo que conozco __dijo ella cuando le iba a arrojar una rama__ el movimiento de esta quedó frenado por una mano conocida, la del Jinete que se llamaba Ílimo.
Ella quedó aturdida e intentó zafarse,no lo entendía...¿Qué querían de ella? Tantos habían venido a buscarla llamados por su pasado, tantos anhelaban conocer sus secretos... ¿Eso era lo que deseaban? No,algo más los llamaba. Algo que no podría resistir y tal vez ese fuera el mayor de sus miedos
-¡¿Qué deseas de mí?!-gritó casi desconsolada
Ilímo no la escuchó, sacó una flauta de metal de la que salía una dulce melodía. Una que solía cantar cuando las noches llegaban a Ossiriand junto a Denehor, demasiados recuerdos le llamaban, reclamaban su presencia en aquél lugar dónde deseaban llevarla.
La historia de Eleanor, la misma Narmince, quedó sepulta en aquella melodía tocada por aquél jinete pues desde que escuchó aquella melodía no fué la misma.
La elfa comenzó a pensar que sus ojos cubiertos de aquél manto oscuro volverían a ser los mismos que antes, sólo pocos podían ver el fuego blanco que sale de sus ojos naciendo de sus fauces,Ilímo fue uno de ellos y por alguna razón Eru habría de elegir eso....
Pues muchas heridas podían ser sanadas en aquella nueva tierra y aunque muchas nunca revelaría, ni aceptaría tal vez el sueño que tenía de Mandos pudiera dejarle dormir en paz
[Editado por Eleanor_Ronaele el 24-05-2006 14:42]
