Kelusse
Fin Guerra: Liantari Dimbar se retira del Combate
Armadas perdidas por \"Eirë Esteldor\" = 8
Armadas perdidas por \"Liantari Dimbar\" = 10
Victoria para Eirë Esteldor!

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.
Edicion 3
Finalizada · 19-03-2006
2006:05:30:22:08:34
Fin Guerra: Liantari Dimbar se retira del Combate
Armadas perdidas por \"Eirë Esteldor\" = 8
Armadas perdidas por \"Liantari Dimbar\" = 10
Victoria para Eirë Esteldor!
Una nueva mañana amanecía en las hermosas tierras de Esteldor. El sol aparecía tras las montañas infranqueables que limitaban por el este con los confines de la república. En la capital, la bella Caras Aelin, un sinfín de personas empezaba con sus labores diarias y una reunión al más alto nivel se estaba produciendo para decidir el futuro más inmediato de todos ellos.
Los cuatro duin: Mine, Atta, Nelde y Kanta se reunían con los nainiri, máximos representantes de la voluntad del pueblo esteldili. Los informes eran claros, movimientos en los límites de su territorio se estaban produciendo por parte de las tropas de los clanes vecinos. Estos movimientos no parecían nada amistosos y tan solo el reino del norte se mostraba afable y tranquilo.
Los duin elevaron una petición con una sola voz:
- Tenemos que mandar nuestras tropas a las fronteras, bloquear los pasos ante un posible e inminente intento de invasión.
Los nainir escucharon la petición incómodamente. Hacía tiempo que las relaciones con los clanes rivales, excepto con Lempë Ohtari, se habían enfriado mas nada podía hacer suponer un ataque a gran escala contra las fronteras nacionales. La prudencia se impuso y se decidió enviar todas las tropas a proteger la frontera occidental de Esteldor y la ciudad de Halatiryon.
Algunos días más tarde el grueso de las fuerzas esteldili se encontraban apostadas en su destino. La segunda compañía se había apostado en el puerto de Esteldor. Los capitanes de la compañía, formada íntegramente por elfos y hombres, se encontraban reunidos con los capitanes de las otras compañías que se habían apostado también en el puerto.
Kelusse y Earine, capitanes de la segunda compañía, observaban y escuchaban sentados uno junto al otro sin intervenir demasiado en la estrategia. Los egos de los capitanes son grandes y todos intentan demostrar sus conocimientos y pericia siempre que tienen la ocasión; y esta reunión no era una excepción.
Earine hizo un discreto movimiento hacia Kelusse, quien acercó el oído hacia su compañera para escuchar lo que tenía que decirle.
- Kelusse, deberías intervenir… si nos dejamos llevar nos van a aplastar antes de que sepamos que estamos siendo atacados.
- Lo sé, pero no estoy seguro de que lo que voy a decir coincida con lo que ellos quieren oír.
Kelusse se alzó de su asiento y todos prestaron atención conocedores de sus conocimientos en la guerra y de la experiencia que le avalaba.
- Compañeras y compañeros, nos encontramos en una situación difícil y es menester que administremos nuestros recursos para protegernos. No sabemos si los clanes fronterizos tienen intención de atacarnos…
- ¡la tienen! ¡la tienen! –dijo una voz desde el fondo de la sala a la par que unos murmullos se dejaban oír en señal de desaprobación a lo dicho por Kelusse.
- No sabemos si los clanes fronterizos tienen intención de atacarnos –repitió lentamente Kelusse- de momento. Mi propuesta es la siguiente, quedarnos en nuestras fronteras para defendernos de un hipotético ataque y proteger la ciudad de Halatiryon. No debemos atacar, puesto que corremos el riesgo de equivocar nuestra interpretación e iniciar nosotros mismos una guerra que no hubiera llegado jamás.
- Pienso –se alzó una voz autoritaria- que encerrarnos nos priva de la ventaja que la sorpresa nos puede otorgar y acabaremos pereciendo como ratas en una cloaca.
- Esta claro, querido amigo, que tenemos dos puntos de vista antagónicos; pero no podemos permitirnos semejante lujo. Debemos ir todos a una, por lo que debemos someter al juicio de todos cuál será la estrategia a seguir una vez que los nainiri han confiado en nuestro buen juicio y nos han otorgado poderes plenipotenciarios al respecto.
- ¡Sea pues!
La votación no dejó lugar a la duda. Tres compañías defenderían las fronteras de Esteldor mientras que una compañía embarcaría y atacaría una de las compañías que se encontraban apostadas en los límites fronterizos. Las relaciones con el reino vecino de Liantari Dimbar eran muy malas desde tiempos inmemoriales. Los dirigentes de Liantari odiaban profundamente a algún dirigente de Esteldor y eso les obcecaba hasta el punto de actuar presos de un frenesí impropio de alguien que tiene la obligación de gobernar.
Kelusse se encontraba algo contrariado por la decisión aunque no la discutió y se decidió a acatarla sin rechistar, pero no estaba preparado para la siguiente decisión que fue tomada, la compañía que iría a allende los mares sería la suya, con lo que perdió doblemente.
Earine se levantó y azuzando a Kelusse se dirigió hacia la salida. Ya en la puerta se volvió hacia los que quedaban y se despidió:
- Partiremos por la mañana, hacia la muerte y la destrucción. Cumpliremos con nuestra obligación. ¡Hasta siempre, espero que nos encontremos antes de reunirnos definitivamente en las salas del reino de Mandos!
- No marchareis en solitario –dijo una voz imponente. Yo iré con vosotros.
- Tu presencia es bienvenida, Eardín – saludó Kelusse.
La noche transcurrió tranquila. Los soldados habían sido convocados antes del amanecer para poder zarpar con los primeros rayos del sol. Kelusse y Earine apenas durmieron y estuvieron reunidos toda la noche sopesando cual sería la mejor estrategia una vez se desembarcara en territorio enemigo.
La partida fue con honores, y todas las compañías despidieron a pie de muelle a los que partían y una escolta de barcos les acompañó durante algunas millas, mar adentro.
Un soldado, subido en el mástil más alto del barco de Kelusse dio la alarma pues creyó ver un barco en la lejanía que se dirigía hacia las costas de Esteldor, que iban quedando atrás. Las órdenes fueron claras, la defensa del puerto no era cuestión de la segunda compañía, atrás habían quedado quienes se debían ocupar de tal labor. La marcha siguió adelante.
La travesía fue rápida gracias a la bondad de las condiciones meteorológicas y el desembarco se produjo con bastante antelación a lo previsto. Las tropas se fueron a toda velocidad hacia el sur a la búsqueda de la compañía rival.
El encuentro se produjo y la batalla estalló de inmediato. Eardín se alineó con Earine al frente de las tropas elfas para combatir a su lado. Kelusse comandaba la línea de hombres. En frente se distinguía la composición de las tropas de Liantari, enanos, hombres y repugnantes trolls.
A simple vista se observaba que la superioridad militar de la compañía esteldili era manifiesta, pero los capitanes no quisieron confiarse y organizaron el ataque de una forma racional.
Los hombres atacarían en su totalidad a los hombres rivales, quienes les superaban en número, pero se verían reforzados por la mitad de las tropas elfas, mientras que la otra mitad de elfos se encargarían de los molestos enanos y los trolls.
Los hombres preferían mayoritariamente la noble espada para combatir, los elfos se dividían a partes iguales entre los arcos y las espadas. Los capitanes de la compañía esteldili mayoritariamente preferían la espada, aunque eran expertos en el arte del manejo de diversas armas.
El choque fue frontal y sin grandes estrategias ocultas, puesto que la sorpresa de las dos compañías era importante. La compañía de Esteldor no esperaba encontrarse con la compañía enemiga tan pronto, puesto que sus informaciones la situaban a varias millas de ese lugar, mientras que la sorpresa de los guerreros de Liantari al tropezarse con una compañía de otro clan en su propia casa fue monumental.
Los hombres se fajaban en el cuerpo a cuerpo y entre ellos, Kelusse, luchando como el que más, con su espada Swordwine en las manos, dando mandobles a diestra y siniestra. Mas su cuerpo no era invulnerable a las heridas y recibió algunas estocadas en las extremidades, su mano izquierda recibió un corte que sangraba con copiosidad y en el muslo derecho recibió el impacto de una daga lanzada en la distancia por un hombre. Se la arrancó y se la devolvió directa al cuello.
Earine se encontraba rodeada por enanos y no vio llegar a un troll que le asestó un mazazo que le dislocó el hombro y la dejó aturdida momentáneamente, instante que un enano intentó aprovechar para rebanarle el pescuezo, pero Eardín se interpuso y le salvó la vida.
La batalla se desarrollaba con fiereza y lentamente se iba decantando por la compañía esteldili, merced a su superior fuerza. En la lejanía se oyeron las trompetas que reclamaban la retirada de las fuerzas de Liantari. La victoria era esteldili, la misión se había cumplido.
Las bajas después de la batalla no eran demasiado grandes en ninguno de los dos frentes, puesto que la pronta retirada de Liantari fomentó que no hubiera un excesivo número de muertos ni de heridos; y los que lo estaban no era de gravedad.
Kelusse llamó a Earine y a Eardín, les dijo que acudieran a su tienda cuando se hubieran aseado y curado las heridas. La primera visita obligatoria debía hacerse al galeno de la compañía, más tarde vendría el momento de analizar las consecuencias de la victoria y cual sería la mejor táctica a la hora de decidir el siguiente movimiento.
En la oscuridad de la noche las luces de las antorchas iluminaban las calles y jardines de Harad-runya. Los lujosos edificios de la zona alta brillaban casi con luz propia gracias al hermoso brillo del mármol, y en la lejanía las siluetas de los edificios de la necrópolis recortaban fresco manto de la noche.
En el Palacio Real el califa Tarik Al-yasar se agitaba inquieto a lo largo del gran balcón de su dormitorio. No hacía mucho más de un día que había mandado su ave del paraíso con un pergamino hacia alejada capital del matriarcado, pero los numerosos informes que le llegaban sobre el acercamiento de tropas esteldilis se acumulaban sobre su mesa, rezando en cada nueva que llegaba, la cada vez más proximidad de aquellas tropas. Los informes no concretaban la numerosidad de estas tropas, pero Tarik temía que el número de sus hombres no fuera suficiente, no si Eirë Esteldor se había propuesto una invasión a gran escala.
Tarik volvió a la mesa de su dormitorio para coger esta vez una botella de cristal y una copa, en vez de los papeles que había revisado instantes antes. “Maldición, maldición”.
La puerta del dormitorio se abrió interrumpiendo el trago del califa y sus lúgubres pensamientos, que en aquellos momentos sopesaban cual sería la cantidad exactas de hombres que serían necesarios para tomar aquellas infranqueables murallas; “muchos pero ¿Eirë Esteldor los tendría?” aquello de estar siempre en primera fila de confrontación le acabaría de desollar los nervios, y todo porque aquellos malditos insurgentes de Yago se habían escapado.
Majestad, el señor Nimkáno pide ser llevado a su presencia- dijo el sirviente al entrar.
Hazle pasar – consiguió pronunciar a pesar de que la llegada de uno de los capitanes del Liantari le cogiera de improviso. ¿Tan veloces eran siempre los súbditos de la reina? La imagen del perro de caza favorito de ésta se le vino a la memoria, así como su habilidad para aparecerse como un fantasma. “Si, como siempre me temo”.
Tarik contempló al hombre que se adentró tras dejarle el sirviente paso. De aspecto y ropajes sobrios, bien podría haber pasado por un diplomático, más que el hombres de armas que era, pues en vez de pesadas armaduras y recio yelmo, Nimkáno iba ataviado con armadura de cuero pardo arropado por un manto negro que le llegaba hasta rozar el suelo, su rostro era casi el de un joven, su ojos los de un anciano. Tarik, indeciso ante la edad que tendría le otorgo unas cuatro décadas de edad; considerablemente sabio, suficientemente vital.
Después de un mutuo saludo. Ambos tomaron asiento, mientras que un sirviente llenaba sus copas con vino aromático.
-No tenía pensado recibiros tan pronto, si os soy sincero. Pues me consta que mi ave mensajera no llegara hasta al menos dos días más. He de suponer pues que las noticias de las que pretendía hacer llegar a vuestros oídos, eran ya bien sabidas, ¿o es por otra razón por la cual un capitán de los ejércitos de Liantari se ha dejado caer por estas tierras? -
Una sonrisa nada fingida recorrió el rostro del hombre -Si estoy aquí es precisamente por los informes que durante las últimas semanas han llegado a Astan Neuma, no por aspectos burocráticos, esa es carnaza para otro tipo de perro.-
-Y bien, ¿de cuantos hombres dispone para apoyar las fuerzas de Harad-runya?-
-No de muchos, conmigo tan solo vinieron una veintena de hombres, el resto -añadió, haciendo desaparecer el brillo intranquilo en los ojos del califa -se han dirigido a la toma y defensa del puerto de Lingwiloce. No es una compañía demasiado numerosa, en su mayoría orcos y trolls, y algún que otro hombre y enano voluntario o con deudas de honor. Pero no es su número lo importante, una vez hayan tomado el puerto y hayan establecido defensas allí no habrá barco capaz de desembarcar hombre vivo sobre nuestras costas. Esas aves carroñeras de la burocracia esteldili parecen considerarnos una panda de bárbaros y hombres repugnables incapaz de mantener una paz, y son ellos los que por medida preventiva toman el camino de la guerra, bien pagarán tal fallo ahora que nuestro ejercito debe haber ya cruzado la ciénaga de Nenvarnë y se estará aproximando a su preciada capital en un primer enfrentamiento evaluativo.-
-¿Hacía Lingwiloce?¿Creéis que le darán tiempo, ha llegar a tiempo?-
-Eso debería, según nuestros informes el estado del viento y la mar debería retrasar la llegada de las tropas esteldilis al menos hasta mañana al alba, y Annaël debe haber llegado allí esta misma tarde, y ya debe haber comenzado con las tareas de la defensa del puerto. No creo que haya razones por las que temer un avance esteldili en estas tierras.-
-Confío en ello, aunque los vientos han cambiado muchas veces durante estos días, espero que no hayan empujado a las tropas extranjeras a nuestras tierras.-
-Yo así lo confió, y espero que nuestros expertos en espionaje y estrategia así hayan contemplado esa opción, más por su propia seguridad que otra cosa.-
Las miradas de ambos escrutaron entonces no sin cierta incertidumbre el horizonte que se recortaba bajo el velo de la noche tras las lindes del inmenso balcón, pero el delicioso vino, y conversaciones más alegres y ambiciosas que se dieron a posteriori lugar, relajo la inquietud de ambos, y permitieron disfrutar del vino y l a velada.
La velada ya llegaba a su fin cuando, un soldado irrumpió en el aposento del califa con un aire agitado que sobresalto a ambos lideres y los despertó de la alegría de sus conversaciones.
Envuelto en sudor, que le brotaba sin impunidad a borbotones por toda la cara, y con voz entrecortada provocada por la falta de aire que le había provocado la carrera se acerco a su señor con aire intranquilo, fijando la vista en las alfombras del suelos, a las cuales parecía haberle encontrado un desmesurado interés.-Mi capitán, han llegado las tropas que enviamos a Lingwiloce…-
-¿¿Cómo??- Los ojos de Nimkáno estaban abiertos como platos, al igual que los de Tarik, aunque éste en vez de haber saltado como tras haber recibido un latigazo y quedarse firme y tenso, había optado en hundirse en su sillón, evitando si podía dirigir la mirada hacia el paisaje que le otorgaba su balcón.
-Ehm…-
-Si, es cierto -dijo una nueva figura que se adelantaba detrás del atemorizado soldado. Nimkáno giró la vista hacia el y lo reconoció como uno de los capitanes al mando de Annaël que había visto partir hacia el norte con el resto del grueso del ejercito hacia tan solo día y medio, pero en este caso sus ropajes de batalla se encontraban ahora manchadas de sangre -Estábamos llegando…-
¿Donde esta Annaël?- cortando Nimkáno sin más miramientos al capital.
-Abajo, recibiendo unas curas preventivas en las casas de curación de la ciudad, antes de ser trasladado a Astan Neuma. Annaël fue herido de gravedad en la batalla y ahora descansa inconsciente, aunque hay que decir que gracias a Eru no llegamos suficientemente tarde aquí, y que uno de nuestros hombres que nos acompañaba había cumplido parte de sus condena por deshonor en una de las casas de curación del reino, o de lo contrario ahora estaría bien muerto. Creo que Annaël va a tener una deuda de vida con ese soldado si consigue salir victorioso en este encuentro con la muerte.-
-Bien -dijo Nimkano mientras se frotaba los labios con la punta de dos de sus dedos, asimilando aún aquellas nuevas -Prosigue.-
-Como iba diciendo estábamos llegando a las cercanías del puerto cuando en el horizonte nos topamos con las huestes de Eirë Esteldor. No nos habíamos esperado que nos la encontraríamos tan pronto y mucho menos ya desembarcada en nuestras tierras y en marcha. Así que dada la situación no nos dio mucho tiempo para plantear una estrategia. Aquellos que transportaban material para la fortificación del puerto abandonaron dicha tarea y volcaron las mercancías, salvo lo que eran armamento y suministros, e hicieron barricadas con ellas y los carros que habían volcado. Los hombres de Eirë Esteldor nos superaban en número, y desprovistos de una estrategia trabajada, todo se redució a la diferencia numérica. Nada parecía poder hacerse, y ya cuando en medio de la lucha cayó Annaël di la orden de hacer bramar los cuernos y trompetas para marcharnos en retirada. Y no nos hemos dado descanso hasta llegar aquí, espero que esteís de acuerdo conmigo que fue lo más sensato, pues dada la situación no habríamos sacado buena tajada de tal enfrentamiento. Puede perderse una batalla, pero una batalla no marca una guerra.-
-Hicisteis lo correcto, no temáis, es más creo que Annaël en cuanto despierte te deberá dar las gracias, a ti y a su improvisado sanador. Y quien sabe si no recibirás más gratitudes por tus actos. Pero dadas las nuevas que nos has dado, creo que debemos prepararnos sin más dilación a la invasión a la que nos enfrentamos. Va siendo hora de enmendar nuestros fallos.-
Eirë Esteldor:
8.5+7.6+9+7+8+8= 8.01
Armadas Perdidas: 8
Puntos Perdidos: 280
Recuperables: 185
Recuperan con la historia: 148 puntos
Han sufrido daños por valor de un 40% de vida, y por ese concepto recuperan 140 puntos
Total recuperado: 288 puntos
No pierde puntos.
Liantari Dimbar:
7.5+7.6+9.4+7.6+8+8= 8.01
Armadas Perdidas: 10
Puntos Perdidos: 350
Recuperables: 115.5
Recuperan con la historia: 92 puntos
Han sufrido daños por valor de un 90% de vida, y por ese concepto recuperan 315 puntos
Total recuperado: 407 puntos
No pierde puntos.
No hay bonificación por batalla ganada, por no llegar al mínimo de tiradas jugadas.
Liantari Dimbar entrega a Eirë Esteldor 100 monedas en concepto de retirada de batalla.