Kelusse
Fin Guerra: Liantari Dimbar deja de Atacar
Armadas perdidas por \"Liantari Dimbar\" = 13
Armadas perdidas por \"Eirë Esteldor\" = 17
Victoria para Liantari Dimbar.

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.
Edicion 3
Finalizada · 19-03-2006
2006:06:04:00:31:19
Fin Guerra: Liantari Dimbar deja de Atacar
Armadas perdidas por \"Liantari Dimbar\" = 13
Armadas perdidas por \"Eirë Esteldor\" = 17
Victoria para Liantari Dimbar.
El emperador Yago Yuri Edon descansaba en sus aposentos, sentado en un cómodo sillón púrpura oteaba la lejanía a través del gran ventanal del este; en días claros decía poder ver las lejanas Numen Ramba pero un banco de niebla flotaba esa tarde sobre Nenvarnë, no era una niebla muy densa pues a través de ella podían distinguirse lejanos relámpagos cruzando los plomizos nubarrones.
El emperador salió a la antigua balconada que rodeaba el torreón principal del Palacio Imperial, bajo él se extendía la gran urbe que sus antepasados habían construido, Lithaelin. Yago se encontraba especialmente inquieto en los últimos días, desde que había recibido el “pergamino negro”, estos pergaminos sólo los utilizaba el Siervo Real cuando se quería comunicar directamente con los altos cargos del Matriarcado.
El emperador, sabía que su título era meramente honorífico ya que había sido despojado de su antiguo imperio, ni siquiera poseía un simple reino, era un mero gobernador provincial bajo las órdenes del Siervo Real del Matriarcado de Harniâth que a su vez se hallaba bajo el mandato de los Auditores Reales y de la reina Illurë, la Reina Araña. Pero muy poca gente era conocedora de estos detalles, sólo los cortesanos más cercanos al emperador y los extranjeros enviados desde la capital de Liantari Dimbar sabían que carecía de poder, pero a ninguno le interesaba que la noticia se difundiese.
Yago sabía que estaba vendiendo su futuro cuando aceptó la ayuda de la reina Illurë pero era mejor vivir una pantomima que ser asesinado por los sublevados. Aún así el mensaje del pergamino le oscurecía el corazón y le carcomía las entrañas, jamás había recibido órdenes de nadie y no estaba acostumbrado a obedecer, pero aunque militarmente podía presentar batalla al Matriarcado, no le interesaba abrir un frente de batalla con él pues la ocasión sería aprovechada por los exiliados para unirse y obligarle a luchar una batalla en dos frentes..
“Emperador de Edon, ha llegado el momento de demostrar tu lealtad para con la Reina. Recuerda el trato que firmaste con tu sangre, pronto se requerirá tu apoyo.
Orodril, Siervo Real del Matriarcado de Harniâth”
¿Qué se requeriría de él?¿Socavaría esa petición el poder con el que gobernaba a sus súbditos? Infinidad de preguntas asediaban la mente del noble Emperador. Esta pesadumbre llegó a oídos del pueblo de Lithaelin de manera que durante esos días todos creían que la tosquedad del clima se debía a la desazón de su Emperador.
Por quinto día consecutivo, el viento arremolinó en los alrededores de la ciudad negras nubes que descargaban con furia su carga, el sonido del agua golpeando sobre los vidrios de su ventana ayudaban al emperador a relajarse.
[...]
Durante la noche siguiente llegaron por fin nuevas noticias del Siervo Real, sólo le pedían que diera cobijo a las huestes del Matriarcado durante un par de noches.
Pero el emperador se había criado en una decante corte que ansiaba sobre todo el poder, y eso le había convertido en un adulto desconfiado siempre atento a todos los detalles para evitar que los nobles poderosos medraran más que él y que intentaran derrocarle, esa simple petición del Siervo le hizo desconfiar y su perturbada mente comenzó a pensar... ¿tan sólo le pedían dar cobijo a las huestes porque desconfiaban de su lealtad?¿Acaso iban a derrocarle para colocar en el trono a alguien más cercano a Illurë?¿Realmente esas huestes iban a partir al este o las habían enviado para tomar la ciudad?...
Pero el haberse criado en un lugar repleto de conspiraciones había convertido al Emperador en un gran actor capaz de ocultar sus verdaderos deseos y sentimientos, sus recelos quedarían encubiertos por una hermosa máscara de hospitalidad.
Yago dio orden de que se cumplieran todos los deseos de los soldados durante el tiempo que estuvieran en la ciudad, y los capitanes descansarían en las más lujosas habitaciones del Palacio Imperial y asistirían a grandes banquetes en su honor donde habría abundante comida y bebida pues las lenguas se desatan más fácilmente con los estómagos llenos. Lithaelin daría una imagen de ciudad fiel al Matriarcado y su opulencia ensombrecería al resto de capitales del Matriarcado.
Además debía conseguir que un batallón de sus mejores hombres partiera con el resto del ejército del Matriarcado, hombres entrenados no sólo en el campo de batalla si no también en el conspirador ambiente cortesano, tendrían los oídos atentos a cualquier susurro que hiciese referencia a su ciudad o a su Emperador.
Era ya más de medianoche cuando las antorchas del ejército de Liantari Dimbar se divisaron desde las murallas de la ciudad, el Emperador fue avisado y su plan comenzó a andar. El ejército venía por la ruta que unía Lithaelin con Harad-Runya, lo cual complació al Emperador.
-No se atreven a cruzar el ardiente Rogrant y mucho menos a acercarse al Bosque del Gran Olmo –se dijo para sí mismo comprendiendo que su ciudad se hallaba bien protegida.
A la cabeza de las huestes iba la elfa Luiniel acompañada de media docena de capitanes más, cuando estos llegaron a las puertas de la ciudad, más de un centenar de antorchas se les acercaron y el terreno a su alrededor pudo vislumbrarse como si fuera pleno día.
Cuando los ojos de los recién llegados se acostumbraron a tanta luz, sonaron trompas y tambores como aviso de la llegada del Emperador a las puertas.
Vestido con sus mejores ropajes y sus más caras joyas, y escoltado por la imponente Guardia Imperial, Yago Yuri Edon cruzó el umbral de su ciudad.
La pulida armadura de la Guardia Imperial brillaba como si estuviera confeccionada con estrellas a la luz de tantas antorchas, la disciplina y coordinación con la que se movían era aún más imponente que la soberbia y altanería del Emperador.
-Sed bienvenidos nobles y leales súbditos del Matriarcado a la Ciudad Imperial de Lithaelin. Pedid todo lo que necesitéis mientras dure vuestra estancia aquí y se os complacerá. Mi señora Luiniel, vos y los demás capitanes están invitados al Palacio Imperial; esta noche debéis descansar, con el alba podremos reunirnos para que me contéis los detalles que os han traído hasta aquí.
Mis hombres ayudarán a los vuestros a preparar el campamento. Acompañadme a Palacio.
La seguridad que irradiaba el Emperador impidió a Luiniel el oponerse a sus deseos, así que accedió a pasar la noche en las ostentosas habitaciones del Palacio.
Durante los dos días que duró la parada del ejército en Lithaelin, la presencia del Emperador cohibió a todos los capitanes que obedecieron sus peticiones sin poner ninguna pega, incluso aceptaron un batallón de Edon entre sus filas antes de partir al este.
La presencia del batallón de Edon entre el resto de soldados del Matriarcado imponía tanto respeto como el impuesto por el Emperador entre los capitanes.
[...]
Por fin se habían librado de la omnipresente figura del Emperador, ahora Luiniel se sentía realmente cómoda, ella era una elfa acostumbrada a la batalla no le gustaban los engalanados palacios de los grandes señores de los hombres, Y aunque tampoco le hacía gracia el tener que aceptar entre sus filas a los disciplinados y pomposos soldados de Edon era obvio que las cinco armas de asedio que portaban le serían de gran ayuda pues eran bastante superiores a las que llevaban ellos.
El paso por las Nenvarnë no fue agradable para nadie, había fango y cieno por todas partes y los insectos no les daban ningún momento de respiro. Durante las noches los gases que emanaban de algunos lugares hacían que las llamas de las antorchas cambiaran su tonalidad y si algún viajero despistado se hubiera topado con ellos habría sido muy posible que los hubiera confundido con un ejército de espíritus condenados y errantes pues incluso las lustrosas armaduras de los Edonitas habían perdido su brillo y parecían muertas y frías.
Todos sin excepción sintieron un gran alivio al abandonar las ciénagas a pesar de que se encontraban muy cerca de tierras enemigas. Ahora deberían avanzar por tierra de nadie, a lo largo de la costa hasta llegar a la desembocadura del Linweluinë, serían cuatro o cinco días de marcha pues querían llegar descansados así que no forzaban la marcha.
Durante el lento viaje hacia el este Luiniel avanzaba delante y sin compañía, pocos conocían a la elfa y aún menos conocían su pasado, los soldados sólo sabían que hacía poco que había llegado al Matriarcado, pero aún así había conseguido llegar en muy poco tiempo a los más altos escalafones en el ejército de la Reina. Este hecho la convertía en una enemiga terrible dentro de las conspiraciones de los señores del Matriarcado.
Luiniel conocía estas habladurías, falacias la mayoría pero no se molestaba en contradecirlas, poco le importaba lo que los demás Capitanes y Señores dijeran de ella, pues sabía que su puesto dentro del Matriarcado no corría peligro ya que contaba con la confianza de la reina Illurë y si no hubiera aparecido el molesto Orodril ella sería ahora la Sierva Real de Harniâth y no ese elfo engreído.
Si no fuera por la presencia de Orodril ahora estaría en Nasta Netula Men gobernando con mano firme todo este Matriarcado en vez de verse obligada a cumplir las órdenes del Siervo Real; cada vez que recordaba cómo Orodril le había ordenado cruzar las pestilentes ciénagas, un sentimiento de ciego odio crecía dentro de ella, pero aún no contaba con los suficientes apoyos dentro de los Auditores Reales como para asesinar a Orodril y ocupar su puesto.
Con estos turbios pensamientos llegó Luiniel a la frontera de Eirë Esteldor, entonces el ejército cambió de rumbo y se dirigió al norte, hacia Caras Aelin, la capital de los Esteldili. Luiniel dejó entonces de pensar en Orodril y empezó a centrarse en un plan para tomar la ciudad, ella sería la encargada de preparar el asedio así que tomó a los Edonitas con sus máquinas bajo sus órdenes.
A la caída de la séptima noche desde que partieron de Lithaelin ya podían ver la capital esteldili en el horizonte, no sabían si habían sido vistos pues el terreno era bastante llano pero no iban a empezar el asedio por la noche así que descansarían unas horas y retomarían la marcha con la aurora antes del alba.
Las huestes del Matriarcado tomaron un camino que suele ser frecuentado por comerciantes y que llega a la ciudad por el sureste y un par de horas después del amanecer los soldados del Matriarcado llegaban a los muros de Caras Aelin, los arqueros disparaban por encima de las murallas para ayudar en la colocación de las máquinas de asedio.
Mientras los infantes se defendían de los soldados esteldili que habían salido a su encuentro.
El avance de la batalla fue lento, la intención del Matriarcado no era tomar de inmediato la capital esteldili, primero querían sopesar las fuerzas de ambos bandos e intentar conocer el trazado de la ciudad. Las máquinas de asedio apenas habían mellado alguna almena cuando se les ordenó retirarse, apenas había pérdidas en ambos ejércitos pero los capitanes del Matriarcado pensaron que ya era suficiente.
Fue entonces cuando se produjeron las mayores pérdidas en el ejército del Matriarcado, en el ejército Edonita no admitían a las mujeres y el estar bajo el mando de Luiniel había sido una deshonra para ellos, además sabían que tras aquellos muros era muy posible que se estuvieran refugiando exiliados de Lithaelin opuestos al Emperador Yago Yuri, así que no obedecieron la orden que les dio Luiniel de retirarse.
Sin el apoyo del resto del ejército, los Edonitas estaban indefensos frente a los esteldili que ya habían conseguido destruir varias máquinas de asedio así que Luiniel tuvo que actuar de manera drástica para evitar comportamientos así en su ejército.
Esquivando las saetas enemigas, Luiniel se puso frente al capitán Edonita y tras una breve confrontación acabó con la vida de aquel que le había desobedecido, el resto de Edonitas temeroso de Luiniel y su guardia personal acataron su orden de retirada.
[...]
A varias millas de la capital los Capitanes del Matriarcado se reunieron protegidos por la oscuridad de la noche para comentar lo acaecido durante el breve asedio y estudiar sus próximos movimientos, después de lo ocurrido con el capitán Edonita el ambiente era bastante tenso entre ellos. Uno de los capitanes venido de Imbesirei habló de lo que pudieron observar sus espías durante el asedio:
-Consiguieron llegar al puente de los noldor, pero el señor Calenglin les cortó el paso y tuvieron que huir.
Entonces Luiniel alzó la vista y la clavó en el capitán de Imbesirei el cual temía ser castigado por incompetencia, pero entonces la elfa comentó:
-Es normal, Calenglin no quería que le manchásemos el puente de barro.
Tras la afirmación de Luiniel y con un ambiente más calmado, los capitanes se retiraron a sus tiendas.
...escucha el sonido de las aves al despertar... mira hacía el Oeste cuando los primeros rayos del sol se posen en tu cabellera... deja que la brisa de la mañana te despeine al soplar... nunca se sabe cual es tu último día...nunca se sabe cual será tu último despertar...
El susurro se repitió en varias ocasiones. Como una letanía lejana y oscura que perturbó su descanso durante un buen rato. Sobresaltada, observó que la luz de la mañana aún estaba lejana y la luna tan solo había realizado la mitad de su recurrido nocturno. Suspiró pesadamente y cayó en un sueño más profundo que el infierno y, al igual que este, cálido y sofocante. La respiración se le hizo más agitada y habló en sueños. De manera inconexa y balbuceante repitió palabras oídas hacía unos minutos mientras una sombra aguardaba junto a la cabecera de su cama. Inmóvil e imponente a pesar de su decrepitud, despedía un halo de luz en sus manos que casi la despertó. El anciano entonces puso la palma de la mano sobre sus ojos y ella regresó nuevamente a su sopor.
Enthalan despertó pocas horas más tarde. Había dormido, pero no había descansado. La elfa, más taciturna que de costumbre, se sintió extraña. Estaba algo alterada y bastante aterrada. Era una sensación poco normal, pero que le sucedía a veces. Y esas veces no tenían un buen final, al menos para alguien cercano.
\" No está vez... esta vez no...\" se dijo con la mirada posada en el rico artesonado del techo.
Recordó vagas partes de una letanía, de un susurro, de un rumor lejano y distante que la invitaban a contemplar el amanecer, a salir de aquella estancia.
La mañana era fría. Hacía días que no habían podido disfrutar de la luz del sol. Gruesas capas de nubes habían cubierto el sur del país y Caras Aelin se había batido con valentía frente a la tormenta que la había azotado durante los últimos días. Orgullosa y altiva, la ciudad había soportado las incesantes lluvias y aunque en el exterior de los muros de la misma, el barro y el lodo se habían apoderado de todas las tierras alrededor, casi hasta donde la vista se extendía.
Se acercó a aquel anciano que había velado su sueño, y este apreció el semblante preocupado de ella.
-¿Quieres contarme algo?
Asintió con la cabeza, se sentó sobre la hierba, aun humedecida por el rocío de la mañana, y comenzó a narrarle lo ocurrido en aquel atroz sueño.
Me encontraba hablando con vos, no recuerdo sobre que, cuando nos sobresaltaron aquellos gritos .Un arquero llego hasta nosotros, nos dijo que estaban asaltando la ciudad. Ambos corrimos en busca de respuestas, creíamos que se trataba de un asalto de forajidos sin importancia, pero nos equivocamos. Al parecer un desertor del matriarcado, había encontrado en Caras Aislin su asilo. El gobernador se había negado a su entrega, no era ese lugar donde la reina tuviese poder alguno. En represalia ésta había mandado a sus tropas a tomar la ciudad.
Corrimos a ver como se desarrollaba la batalla.
Todos los ciudadanos habían buscado refugio en el centro de la ciudad y los soldados hacían frente sobre las murallas que sitiaban la misma. Todo era muy confuso, nos habían cogido por sorpresa, los pocos soldados que se encontraban de guardia no pudieron oponer mucha resistencia, para ellos los refuerzos llegaron tarde, y perecieron a manos de los enemigos. El desconcierto de nuestros soldados era evidente, tanto para nosotros como para el enemigo, cuando llegaron a sus posiciones estas habían quedado desocupadas por los que habían perdido la vida. Habían logrado franquear la gran explanada que se extendía hasta pocos metros de nuestra fortaleza. Desde mi posición pude ver que se trataba de una batalla muy bien organizada, capitanes que se rumoreaba, eran contrarios se unían en nuestra contra, inclusive un batallón de Edon, algo inaudito para los problemas internos por los que concurren en el matriarcado.
Las puertas de Caras Aislin se abrieron, la única compañía combatiente que se encontraba en la ciudad, se dispuso hacerles frente en el campo de la batalla, en campo abierto y en una lucha cuerpo a cuerpo. Al mando de esta se encontraba el capitana Amarthdûr, y a ambos lados sus mas leales soldados, Calenglin, que se encontraba a su derecha, y Iaurandir, a su izquierda. Dio ordenes a sus arqueros para que formasen y cargasen sus arcos, ante ellos dispuso soldados con escudos que protegiesen lo máximo a los cargaban contra los soldados de Matriarcado, no solo ofreciéndoles resistencia sino intentando doblegar a los agresores.
Junto a nosotros cayó uno de los soldados que se encontraba en las murallas. Se trataba de Frion, el hijo menor de Tholan, había logrado superar su entrenamiento y convertirse en soldado, algo con lo que había soñado desde corta edad, era su primera guardia, su primera misión, su primer día como soldado…y el ultimo de su corta vida. En su cara se dibujaba una sonrisa, había muerto en cumplimiento del deber, su vida ahora había sido plena, estaba orgulloso de perder la vida en tan honorable posición. Me agaché junto a él, acerqué mi mano y cerré sus ojos.
-Te has ido como un héroe, tu padre estará orgulloso de ti.- Susurré a su oído.
Y un escalofrió me recorrió el cuerpo, su sonrisa parecía haber crecido al oír mis palabras.
Volvimos a buscar una posición para poder atisbar lo que iba aconteciendo a las afueras de la ciudad. Nuestras bajas habían sido muchas, pero el enemigo comenzaba a debilitarse. El flanco derecho del Matriarcado se encontraba desorganizado y el izquierdo no estaba mucho mejor. Fije mis ojos entonces en Amarthûr, esta asintió con la cabeza y Calenglin dispuesto en su corcel y al mando de algunos hombres se lanzo en dirección del enemigo, y una flecha atravesó su hombro izquierdo, acercó su mano y la arrancó. Iaurandir se sirvió de su poder para hacer que los soldados contrarios no fuesen capaces de ver la dirección de las flechas. El caballo de Amarthûr fue alcazado por una de las flechas enemigas, este se desbocó y la dejó caer precipitándose al suelo golpeando su cabeza contra una roca
Muchos celebraron la victoria, para otros era demasiado tarde.
-Tranquila niña, no te atormentes.
Y aquel anciano abrazó a Enthalan. , provocándole una gran herida. Iaurandir bajó apresurado a auxiliarla, pero el caballo desbocado le propino una coz en la espalda, afortunadamente no lo cogió de pleno. No hizo falta mucho más, los soldados del Matriarcado al ver el destacamento que se aproximaba se batieron en retirada.
Tomaron el camino de regreso a la ciudad.Calenglin había perdido mucha sangre y Iaurandir iba dolorido y debilitado por el golpe y por hacer uso de su poder. Amathûr subió al caballo de Caleglin para tomar el camino de regreso.
Se escucharon gritos en la ciudad, todos corrían hacía el centro. Un arquero se acercó a ellos
- Están asaltando la ciudad.
Y los ojos de Enthalan se anegaron de lágrimas…
- Ha vuelto a ocurrir….
Liantari: 13 armadas * 35 puntos = 455
Recuperables: 455 puntos usando el poder de personaje especial de Arweneressea
8+7.6+8.5+9+8.8+7.6= 8.25
Recuperan 375 puntos. Han solicitado daños por valor del 20% que no aparecen en la historia, por lo que no podrán ser tenidos en cuenta.
Pierden en total 80 puntos.
Esteldor: 17 armadas * 35 puntos =595 puntos
Recuperables: 393 puntos usando el poder de personaje especial de Pallando.
8+7.6+8.5+8+8.8+7.8= 8.11
Recuperan: 319 puntos. Han solicitado daños por valor del 90% de vida. Por ese concepto recuperan 315 puntos.
Recuperación Total: 634 puntos
Esteldor acumula una sanción de 3 armadas perdidas por el retraso en la entrega de la historia, que no son recuperables.
Pierde: 105 puntos totales.
Liantari gana 300 monedas en concepto de batalla ganada.
Liantari cede 100 monedas a Esteldor en concepto de retirada de batalla.
Compañías actualizadas y listas. A Liantari se le han restado 5 puntos que quedaban \"bailando\" del su total de puntos, ya que no se podían restar de su cía.
Saludos desde Valinor
Indil