La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Historia Por Vida. Heren Fanyarëa. Lyshiön Morkarendîl

2006:06:03:19:10:42

Lyshiön Morkarendîl

El Noldoli caminaba tranquilamente por los jardines de Palacio, cuando fue convocado junto a Alkalabrindeth. Caminó con parsimonia por un pasillo lateral, y al cruzar la esquina se encontró con ella. Cruzaron una mirada y caminaron juntos hacia los Aposentos Reales.

La Reina los observaba con los ojos iluminados por un fuego interior. Algo peligroso se estaba cociendo. Lyshiön lo preveía.

El Noldo escuchó anonadado la historia que les relataba Naredhel, pues no había tenido ninguna información sobre ese hecho. Hasta los Reyes tienen sus propios secretos.

- Mañana al alba partiremos al Este. Lyshiön, debes preparar una compañía para que nos siga. No dejaré a Fanyarëa desprotegida, pero tampoco arriesgaré esta misión. Las tierras de Árador ya no son seguras.

Lyshiön escuchó atentamente las órdenes, y cuando la Reina hubo acabado, asintió y se marchó a realizar los preparativos para el viaje. Avanzó por las calles hasta la parte baja de la ciudad, y una vez allí convocó a sus Capitanes. Eligió la compañía de Erestfindêl, compuesta por veteranos y aguerridos Elfos y corpulentos Enanos ansiosos de entrar en batalla. Lyshiön observó con orgullo como se agrupaban en perfecta formación, y decidió que había elegido bien.

El sol golpeaba en la espalda del Noldoli, a medida que se encaminaba hacia los Campos de Entrenamiento de Sornosunë. Estos últimos días había estado desentrenado, y necesitaba algo de práctica. El guardián que custodiaba la puerta, al verlo, se arrodilló ante él y le franqueó el paso. Lyshiön caminó hacia el campo de batalla en miniatura donde los soldados aburridos de Sornosunë se retaban mutuamente. En aquel momento se estaba produciendo un combate. El combatiente más joven torció la cabeza a la derecha para esquivar una estocada, y al hacerlo divisó al Maestro de Armas muy cerca de él. Se quedó boquiabierto, y la espada le resbaló entre las manos, momento que aprovechó su enemigo para empujar al joven con la espada y hacerlo caer al suelo. Todos estallaron en risas, e incluso una sonrisa se paseó por el rostro del Noldor.

Lyshiön se acercó cautelosamente a su contricante, y lanzó un par de estocadas a modo de tanteo. Las esquivó torpemente, con movimientos lentos e inexpertos. No era rival para él. Así que en esa pelea se empleó a fondo utilizando la fuerza, no su destreza, y lanzaba estocadas fácilmente interceptables, pero cargadas con toda su fuerza, con lo que consiguió romper la espada del otro combatiente. Éste miró la hoja rota con asombro, y tirándola al suelo, se inclinó ante el Maestro de Armas. Lyshiön se mantuvo impertérrito, y enfundando a Morisil, salió del Campo de Entrenamiento. Se encaminó a sus habitaciones, y le sacó brillo a su cota de malla. Le esperaba una misión al amanecer, y no dejaría pasar la oportunidad de combatir si fuese necesario.

La luz del amanecer entró por las ventanas abiertas del aposento del Maestro de Armas, brillando sobre su cota de malla de manera refulgente. Lyshiön se ató la espada a la cintura, y con un brillo en los ojos se encaminó hacia la Puerta Principal de Sornosunë.

La jornada avanzó con lentitud, con la lenta monotonía típica de una marcha a caballo por interminables leguas. El viento soplaba con delicadeza, y la larga melena azabache ribeteada de rojo del Noldo flotaba al viento con parsimonia. Este avanzaba con gesto ensimismado, sumido en sus propios pensamientos, y en el ansia de batalla.

Llegaron al próspero puerto de Lingwilóce, y el pueblo de Liantari Dimbar, en señal de amistad a Heren Fanyarëa, les prestó siete hermosos barcos de blancas velas, que refulgían en contraste con el azul profundo del mar, cual gaviota que pasa rozando las olas con sus alas extendidas. La travesía por el mar fue bastante plácida, y Lyshiön estaba sentado en la proa, con la espada extendida en el regazo y mirando fijamente el horizonte. Esa zona no auguraba nada bueno, pues podían ser avistados por el puerto de Undomelondë. Y así ocurrió.

La Reina Naredhel dio la señal de alarma. La batalla era inminente. La sed de sangre brillaba con destellos de furia en los ojos del Noldo, pues largo tiempo llevaba reprimiendo sus ansias vampíricas. Naredhel, con el poder de Valinor de su lado, inflamó las flechas de los ramalië con el fuego sagrado, y estas casi siempre daban en el blanco. El buque estandarte, en el que navegaba la Reina, colisionó con un barco enemigo, y los aguerridos fanyarëanos se aprestaron al combate. La nave del Maestro de Armas fue la primera en arribar a tierra firme. El Noldo no fue capaz de esperar refuerzos. Con su reducido séquito de guerreros, se encaminó a la batalla, con los ojos brillantes y la mano certera. Muchos fueron los que cayeron contra el embate de Morisil, portadora del Veneno de Ungoliant, La Venenosa. Un sólo roce contra su filo afilado era capaz de producir la muerte, y la mano hábil que la manejaba no vaciló en ningún momento. A pesar de contar con reducidas tropas, Lyshiön y los suyos se abrieron camino hasta producir una gran brecha en las tropas defensoras de Esteldor. Pero un gran guerrero se opuso al Noldoli, y a éste no le sirvió su cólera asesina, que lo llevó a atacar con demasiada rapidez, y a perder el arma. Lyshiön intentó coger un escudo que se hallaba a su lado, pero una explosión de dolor le nubló la vista cuando el arma del enemigo le traspasó el costado con crueldad. Envuelto en la nebulosa del dolor, vio como una mano, portadora del Fuego Asesino, le salvó de una muerte segura. Dando gracias a su Reina, se desplomó en medio del campo de batalla, desentendido de su suerte. Debería confiar en otros.

La recuperación fue lenta, y Alkalabrindeth hubo de quedar al mando de las tropas en la retirada hacia el mar que sería su salvación. Mientras estuvo en alta mar, tuvo sueños y visiones extrañas, y los recuerdos de su estancia en Valinor acudieron a él como un torrente de agua fría, que logró despejar su mente unos segundos. Pero el desmayo llegó de nuevo. No había nada que hacer por el momento.

Kelusse

Este personaje recupera un 35% de vida con esta historia.