Darlak
Ocurrió que Darlagil Lórindol, más conocido como Darlak, que había capitaneado con absoluta valerosidad y coraje una de las más importantes compañías del reino de Lempë Ohtari, fue conducido por fin a las Casas de Curación de la capital del reino, Mellon Vilya. Y junto a él fue llevada la joven elfa, Melêl, habitante del bosque Taurëruin, y que se había herido un brazo. El capitán hubiera sido llevado a la ciudad de la que era gobernador, Ostova Lorë, pero debido a sus graves heridas se había decidido que fuera atendido en las dependencias de la capital, en las Casas de Curación de Mellon Vilya.
Fue recostado en una de las mejores camas, cerca de una ventana donde el aire purificador entraba sin trabas e impedimentos. Estaba perdiendo mucha sangre y la herida del abdomen era muy grave. Mientras le curaban cuidadosamente las dos heridas, tanto la del hombro como la del abdomen, quedó dormido en un sueño intranquilo, en un sopor que lo sumergió en imágenes de desaliento y horrores. Las pesadillas lo estuvieron acechando con sombras oscuras e incordiantes.
Al tercer día despertó, sudoroso, sobresaltado. Notó una mano en su frente e intentó girarse de forma que pudiera ver quién le estaba atendiendo pero un dolor profundo le recorrió el cuerpo.
- Bienvenido al mundo de la vigilia, Darlak – la voz femenina era dulce y contundente al mismo tiempo. Melêl pasaba un paño húmedo por la frente de Darlak con la mano que no tenía herida. Darlak vio que tenía el brazo izquierdo sujeto con una venda. – Oh, tenía el hombro dislocado – dijo Melêl al ver que se fijaba en su hombro herido- El dolor fue insoportable, pensé que me iban a sacar el brazo – dijo Melêl riendo mientras tomaba otro paño para pasárselo de nuevo a Darlak por la frente.
Estuvieron riendo mientras ella le contaba cómo le habían curado la dislocación del hombro. Estaban solos en aquella habitación, tan acogedora y limpia que hacía sentirte cómodo. Las enfermeras que atendían a Darlak se habían retirado hacia una hora más o menos, y Melêl había pedido quedarse por si el capitán se despertaba.
En el exterior, la tensión continuaba. Nada se sabía del ejército de Helkelen Lára y el rey Erendel seguía en el norte vigilando la frontera. Valandil había viajado a visitar a su esposa Annamel a Ostova Lorë sabiendo que Darlak quedaba en buenas manos.
Al poco rato dejaron de hablar y Darlak se durmió de nuevo pues estaba aún exhausto. Esta vez durmió tranquilamente, sin apenas sobresaltos.
Despertó de nuevo. La habitación estaba completamente a oscuras. Inquieto, intentó buscar un resquicio de luz y, de pronto, halló una sombra situada en la esquina de la estancia. Una forma humana se levantó de lo que sería una silla y se acercó adonde estaba recostado. Cuando vio el rostro de su acompañante se asustó. Era Melêl.
- Estaba esperando que te despertaras. Debemos marcharnos cuanto antes de aquí – La elfa se acercó a él dispuesta a ayudarle a levantarse. Darlak la miró completamente extrañado.
- ¿Qué ocurre, Melêl? – preguntó mientras hacía un esfuerzo sobrehumano para incorporarse. Tanto el hombro como el abdomen lo tenía vendado y, con el esfuerzo, aún le dolía.
- No hay tiempo de hablar. Debemos darnos prisa – Le dio sus ropas para que se las pusiera y se acercó a la puerta para ver si había alguien cerca. A pesar de que todo estaba oscuro la elfa parecía ver bastante bien en las sombras.
A Darlak no le quedó más remedio que dejarse guiar por ella. Se vistió, se levantó como pudo y salieron por la puerta. La oscuridad aún seguía cubriendo todos los ángulos de la visión de Darlak. ¿Sería que él había perdido de pronto la visión por completo?
Afortunadamente, cuando salieron al exterior, la visión volvió a él. De todas formas, el ambiente era extraño. Melêl le cogió de la mano y, casi arrastrándolo, avanzaron por la ciudadela de los capitanes que era donde se hallaban las Casas de Curación. Darlak notaba como todo el cuerpo le dolía una barbaridad, aquella salida tan repentina no sería buena para su salud.
Algo no andaba bien. El ambiente era muy pálido y nadie excepto ellos parecía haber por los alrededores. Mientras Darlak notaba como si le perforaran el abdomen, su preocupación iba en aumento. No sabía exactamente qué le inquietaba más, si la actitud de Melêl, si la salida tan repentina de las Casas de Curación o si el ambiente de la ciudad. O quizás era todo a la misma vez lo que hacía que la angustia del medio elfo creciera a un ritmo demasiado acelerado. Melêl parecía también muy preocupada, como si el tiempo corriera en su contra y el cielo fuera a caer encima de ella de un momento a otro.
Pasaron por una calle muy estrecha y descendiente que desembocó finalmente en Lúd-Nár, el Valle de la Tierra. En la zona derecha, Darlak se encontró con varias edificaciones caídas como si alguien hubiera arrasado los edificios.
- ¿Qué cosa tan grave sucede en Mellon Vilya? – volvió a preguntar Darlak temiendo que se hallaran en guerra de nuevo.
- Oh, no sólo Mellon Vilya peligra. Todas las tierras de Árador se hallan sometidas en un sopor peor que la misma muerte. Mas lo aciago aún está por llegar – añadió Melêl cuyo rostro empezaba a notarse desencajado.
Cruzaron la llanura y dieron finalmente con un templo. Darlak miró con cara extraña a la elfa, pero ella, sin detenerse, se dirigió hacia su interior. El templo era antiguo y se notaba bastante descuidado. Darlak, que no recordaba haberlo visto antes, se detuvo en las puertas del templo.
- Entremos – sugirió su acompañante y, en ese momento, la mirada de la elfa se giró hacia él. Sus ojos se habían vuelto oscuros por completo como si sus pupilas hubiesen devorado sus ojos y ahora absorbieran la luz. Su rostro había envejecido de pronto.
- No pienso entrar en este templo hasta que no me des una explicación convincente – dijo rotundamente Darlak. Melêl respondió rápidamente. Casi sin darse cuenta una daga dirigida por la mano derecha de la elfa se clavó en el abdomen de Darlak, justo en el lugar donde tenía la herida de guerra.
El dolor fue tan profundo que quemó sus entrañas provocándole un espasmo. Lanzó un grito.
Melêl, asustada, se levantó y se dirigió hacia Darlak.
- ¿Qué le ocurre? ¿Por qué no deja de gritar?– le preguntó la elfa muy preocupada a quién estaba atendiendo en ese momento a Darlak. Un rostro bastante preocupado se giró hacia ella.
- Hay algo que le está matando por dentro, Melêl – Valandil intentaba curar el mal que recorría el cuerpo del capitán.
El herido no dejaba de sangrar y el estado de shock en el que se encontraba le hacía debatirse entre espantosas convulsiones y escalofriantes gritos de dolor. La fiebre era muy alta y no habían conseguido reducírsela. Valandil acaba de volver de Ostova Lorë al saber que Darlak llevaba varios días sin encontrar mejoría alguna. Había venido dispuesto a probar su magia para eliminarle el mal con el que estaba luchando el medio elfo.
- El veneno que portaba aquella flecha es muy potente porque ni siquiera mis poderes están consiguiendo hacer nada por su estado – Valandil estaba sudando a mares al hacer un esfuerzo especial por concentrar todo su poder y ayudar a su amigo.
- Oh, tienes que poder, Valandil Súleglîn. No merece morir aún – Melêl estaba desperada y posó sus dos manos en los brazos de Darlak - ¡Despierta Darlak! ¡Despierta! ¡Despierta! – La elfa sentía mucho aprecio por el que había sido su compañero de batallas desde que se encontraran en la aldea de Menelmen, cerca de Eru Andorya, tiempo atrás. El haber tenido que luchar juntos durante la guerra que envolvieron las tierras de Lempë Ohtari antes de la batalla con Helkelen Lára, había creado una camarería entre ellos dos. Ahora la elfa temía por la vida de Darlak.
Viendo que Darlak no reaccionaba a sus súplicas y mientras Valandil intentaba con su poder transformado en luz blanca curarlo, Melêl empezó a llorar y sus lágrimas cayeron sobre el rostro inconsciente del medio elfo.
El rostro de Melêl estaba desencajado y se estaba transformando mientras Darlak, tumbado en el suelo, se retorcía en el suelo debido a la herida del abdomen. Sangraba mucho mientras la oscuridad se cerraba totalmente; la noche eterna engullía el ambiente. Sin embargo, no pudo pues el cielo se abrió y las nubes dejaron caer una lluvia fina y extrañamente brillante. El agua empezó a refrescar el rostro de Darlak.
La lluvia calmaba los dolores de Darlak mientras poco a poco sentía como la hemorragia del estómago se iba cortando. Finalmente, consiguió levantarse. La figura de Melêl había desaparecido, quizás engullida por la oscuridad.
- Despierta, no te mueras – Melêl seguía llorando aferrada al cuerpo inmóvil del medio elfo.
Valandil, exhausto, se echó hacia atrás.
- Creo que finalmente…-dijo Valandil mientras se retiraba el sudor de la frente- Creo que finalmente nuestro querido Darlak está fuera de peligro.
Y así sucedió que, después del grave peligro en el que estuvo inmerso el valiente y aguerrido guerrero Darlagil Lórindol y, gracias a los cuidados del maia Valandil Súleglîn y la elfa Melêl, no pasaron muchos días para que pudiera levantarse de la cama, con las heridas casi curadas, esperando volver pronto al campo de batalla.
[Editado por aratir el 04-06-2006 14:23]
