La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Historia Por Puntos. Realengo De Farothdin. La Boda

2006:06:06:18:07:30

Nessa Númenessë

El último día de otoño amanecía claro y despejado.

El aire era cálido y aquél fragante viento del sur no había dejado de soplar desde hace días.

El bosque estaba poblado de caza y por todos lados corrían cristalinos riachuelos.

El ultimo día de otoño, cuando el sol se ocultaba tras las montañas tiñendo los nevados picos con luz rojiza. Ílimo e Izilsurias renovaron sus votos.

Le habían pedido a Nessa que presidiese su nuevo intercambio de promesas y esta sintiéndose profundamente honrada, les había rogado que le explicaran si había algún tipo de costumbre entre los Maiar. Ambos habían respondido con firmeza que era una renovación de promesas para su pueblo.

-Será una ceremonia nuestra.- había dicho Izilsurias-Será el principio de algo nuevo, no la continuación de algo que dejamos atrás.

-A pesar que en el fondo de nuestros corazones honraremos el recuerdo de lo que somos.- añadió e voz baja Ilmo.- debemos mirar hacia delante, no hacia atrás. Honraremos el pasado sacando de él lo bueno y lo malo que nos ha hecho ser como somos. Mas el pasado no regirá nuestros actos.

Por tanto, Nessa se puso a estudiar para saber que era lo que los antiguos enseñaban sobre el matrimonio. Les pidió a los reyes que fueran ellos mismos quien escribieran sus promesas, buscando en el fondo de sus corazones el verdadero significado de su amor, ya que sus votos iban a ser pronunciados ante el pueblo y durarían más allá de la muerte.

La pareja adoptó una costumbre antigua; los regalos que intercambiarían no debían ser comprados sino condicionados por el ser amado. Los presentes serian entregados tras la pronunciación de los votos.

Cuando los rayos de sol descendían en el cielo, Nessa se situó sobre una pequeña colina al norte de Oron Oiotuilë y la gente se reunió en silencio al pie del altozano. Por un lado aparecieron Trasia y Narquelië portando antorchas. Tras ellas caminaba Izilsurias. El cabello caía sobre sus hombros, como siempre, en forma de hebras fundidas de plata con el fondo negro como el amanecer de los cielos. Llevaba la cabeza coronada con hojas de otoño y vestía una sencilla y orlada túnica de seda. Había envuelto su regalo en una tela tan fina como una telaraña, ya que su amado debía ser el primero en verlo.

Trasia, a su lado, alzaba su antorcha en alto, iluminando la marcha en la agonizante luz del día. Los asistentes murmuraban impresionados ante la belleza de la reina, guardando silencio a su paso. Izilsurias era Maiar y su belleza era la belleza de los árboles, de las montañas y de los cielos.

Trasia y Narquelië, ambas mujeres acompañaron a la novia ante Nessa y luego se volvieron, dirigiendo una mirada hacia el otro lado, en espera del novio.

Una llamarada de antorchas iluminaba el camino de Ilimo. Encabezaban la marcha Arestel Vanimeldë y Aredhel, con expresión afable y pensativa en sus solemnes rostros. Ilimo caminaba tras ellas con su expresión habitual de seriedad. No obstante, una alegría radiante, iluminaba su mirada, más aún que la luz de las antorchas. Su claro cabello estaba también coronado con hojas de otoño y llevaba su regalo envuelto en un fino pañuelo.

Acompañaron al novio hasta Nessa y luego se reunieron con los demás. Al mirar a Ilimo y Izilsurias, Nessa recordó los terribles avatares y peligros que habían pasado, la dureza de sus vidas. ¿Les depararía el futuro algo diferente? Durante unos instantes se sintió conmovida y no pudo pronunciar palabra. Al ver la emoción de Nessa y comprendiendo su congoja, la pareja la miraron tranquilizadoramente.

Nessa se les acerco, susurrándoles unas palabras que solo ellos pudieron oír.

-Vuestro amor y vuestra fe han sido los que han devuelto al pueblo la esperanza. Ambos habéis estado dispuestos a sacrificar vuestras vidas por esta promesa de esperanza y os habeis salvado la vida el uno al otro. Aún brilla el sol, pero su luz esta palideciendo y se acerca la noche. Igualmente, vosotros debéis caminar aun en la oscuridad antes de que el sol luzca de nuevo, pero vuestro amor será como una antorcha que ilumine el camino.

Tras pronunciar estas palabras. Nessa dio un paso atrás y comenzó a hablar a los reunidos. Al principio su voz sonó quebrada, pero fue haciéndose mas firme a medida que iba sintiéndose invadida por la paz de los Valar, que le confirmaban así su bendición a la pareja.

-La mano izquierda es la mano del corazón.- dijo, situando la mano izquierda de Izilsurias sobre la mano izquierda de Ilimo y cubriendo ambas manos con las suyas

-Unimos nuestras manos para que el amor que hay en los corazones de este hombre y esta mujer puedan fundirse y crear algo aun mas grande, como se unen dos riachuelos para forman un poderoso río. El río fluye por la tierra, ramificándose en afluentes, abriendo nuevos caminos, a pesar de encaminarse siempre hacia el mar eterno. Eru, dios de los dioses, recibe el amor de esta pareja y bendícelo, otorgando paz a sus corazones aunque no la haya en esta asolada tierra.

En aquel silencio pleno de dicha, los esposos se abrazaron, los amigos se acercaban, los niños se arrimaban a sus padres en silencio. Los corazones impregnados de pesar quedaban reconfortados. Todos sentían paz.

Izilsurias miro a Ilimo a los ojos y comenzó a hablar pausadamente:

Hay guerras en el sur,

La muerte surca los cielos de nuevo.

Son tiempo de sabiduría,

Dicen sabios y sensatos.

Y en el corazón de la batalla,

Llego la hora de los valientes-

Ahora la mayoría de las cosas son mas importantes

Que la promesa de una mujer a un hombre.

Pero tu y yo, atravesando ardientes caminos,

Enfrentándonos a la oscuridad de la tierra,

Confirmamos a este mundo., a estas gentes,

Los cielos que les dieran la vida,

Los vientos que nos despiertan,

Este altar en el que estamos.

Y todo se hace mas importante

Tras la promesa de una mujer a un hombre.

Después habló Ilimo:

Ahora, en la entrada del invierno,

Cuando cielo y tierra son grises,

Aquí, en el corazón de la nieve durmiente,

Es tiempo de decir si

Al germinante roble

De los verdes campos.

Pues estas cosas son mas importantes

Que las promesas de un hombre a su mujer.

Por las promesas que mantenemos,

Forjadas en la incipiente noche,

Atestiguadas por la presencia de héroes y amigos

Y la perspectiva de la luz primaveral,

Los niños verán lunas y estrellas

Donde ahora cabalga la muerte.

Y las cosas mas humildes se hacen importantes

Tras las promesas de un hombre a su mujer.

Cuando acabaron de pronunciar los votos, intercambiaron los regalos.

Izilsurias le tendió su regalo a Ilimo. Era un anillo trenzado con su propio cabello, enmarcado entre dos aros de oro y plata tan finos como el mismo pelo. Ilimo le dió a Izilsurias su presente; un anillo de madera pulida de roble de un intenso color oro con rayas y espirales marrón pálido.

-Gracias Eru, bendice estos regalos, símbolo de amor y sacrificio.- dijo Nessa.- Cuida que durante estos tiempo de profunda oscuridad, al contemplarlos, este hombre y esta mujer vean su duro camino aliviado por el amor. Loado y brillante Eru bendice a estos tus hijos. Que el amor que hoy siembran en sus corazones sea alimentado por sus almas y germine en un árbol de vida que proteja bajo sus frondosas ramas. Tras haber unido vuestras manos, haber intercambiado vuestros votos y regalos, tú, Ilimo,rey de Realengo y tu,Izilsurias,Reina de Realengo,os convertís en un único ser, tanto en vuestro corazón como ante los Valar y ante el pueblo.

Ilimo tomo el anillo de las manos de Izilsurias y se lo coloco en uno de sus finos dedos. Izilsurias tomo el dorado anillo y lo coloco en los dedos de el. Entonces Ilimo la tomo entre sus brazos y se abrazaron. Sus labios se encontraron, sus cuerpos se enlazaron y sus espíritus se fundieron en uno. Los presentes explotaron en un jubiloso clamor, cientos de antorchas llamearon. El sol se hundió tras las montañas, dejando el cielo bañado en un perlado tinte púrpura y rojo pálido, que pronto se disolvió en el zafiro de la noche.

Los esposos descendieron la colina a hombros de la alegre muchedumbre y comenzó la fiesta y la diversión. Sobre la hierba se había colocado inmensas mesas, talladas en madera de pinos del bosque. Los niños, libres de la solemnidad de la ceremonia, corrían y gritaban, jugando a matar dragones.

Aquella noche la preocupación y el miedo no ocupaban sus mentes. Aquella noche tendrían Paz.

[Editado por Valandin el 05-06-2006 15:48]

Kelusse

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