La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Yelma Morna-Odio Tenebroso

2006:06:22:15:04:27

Valandil Súleglîn

Un sentimiento oscuro alimentado por el odio y la ira y consumido por las llamas del deseo de una venganza...Una eterna oscuridad errante que ha viajado escondiéndose en el corazón de los seres más nobles y ahora a encontrado lo que buscaba. Un peligro acecha desde la distancia pero está más cerca de lo que nadie podría imaginar…

Valandil Súleglîn

Pagarás por todo…pagarás…no vivirás...

Una niña vestida con un camisón blanco se acercaba en medio de la oscuridad hasta él y poco a poco se podían ver como dos grandes trenzas rubias manchadas con tonos oscuros colgaban de su cabeza…y al estar justamente de frente de el la niña alzaba su cabeza y un grito agónico y doloroso se alzaba en la oscuridad haciéndole caer de rodillas, no pudiendo soportar aquel doloroso encuentro… sus manos en su sueño comenzaban a mancharse de sangre y la niña seguía gritando…tras esto la voz profunda como los abismos de un hombre de edad ya rondando a las cuatro décadas decía:

Pagarás por todo…pagarás…no vivirás...

Las palabras retumbaban en la mente de Súleglîn y un eco dañino se apoderaba del control de su cuerpo y el maia tomaba a la niña con sus manos y la estrangulaba. No podía controlar su cuerpo y se sentía enjaulado en sí mismo…una fuerza superior un odio desbordante y una ira inconsumible le arrebataban la potestad de sus actos y su cuerpo. Sus ojos veían abiertamente como a la niña se le escapaba la vida entre sollozos y como la pequeña clavaba las uñas con intensidad en los antebrazos del maia para poder librarse de ella, pero en cambio esta recibía una arremetida psíquica que le producía un hematoma desde la sien hasta el cuello…Súleglîn horrorizado desde dentro contemplaba sus actos y por más que luchaba en contra de ello aquella fuerza lo dominaba…una bestia incontrolable lo había tomado y lo usaba a su antojo…a la niña se le escapaba la vida…la cual transcurría rápidamente por sus recuerdos y lentamente agonizaba al faltarle el aire…ya no tenía fuerza casi para intentar desasirse de su captor…se notaba porque donde había provocado sangre con sus manos por librarse ya no ejercía fuerza alguna en ánimo de defenderse…una lágrima se resbalaba de su rostro y limpiaba una negrura pegada a su piel…posiblemente del humo de algún incendio…y tras aquel agónico momento…su cabeza se desplomaba y era lanzada por los aires tan lejos que se perdía a la vista del maia en el horizonte oscuro que devoraba aquel cuerpo…justo en el momento en que desaparecía aquella fuente de maldad lo abandonaba y partía al más allá de donde venía…y Valandil Súleglîn recuperaba el control sobre si mismo a la par que daba un grito de terror y arrepentimiento que desgarraba cada fibra que componía su ser…su alma se había marchitado…y justo tras unos segundos gritando se levantaba en sueños gritando desesperado y con un miedo y locura en sus ojos que reflejaban desenfreno…

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Ya hacían tres noches que Valandil despertaba en sueños sudoroso y aterrorizado, Annamel lo abrazaba y recostaba sobre su pecho y le hacía recuperar la serenidad cantándole o contándole cosas…solo así el maia volvía a concebir el sueño. Aquella noche había sido más intenso y real que las otras…pero la preocupación migró a la luz del amor de Annamel…

Los rayos del sol iluminaban Ostova Lorë en todo su esplendor y la mañana amanecía nublada…Súleglîn se disponía a salir de su habitación cuando escuchó como Annamel discutía con Darlak.

-Te he dicho, Darlak por activa y por pasiva que Valandil ahora está descansando y lleva unas noches terribles y no puede atenderte…está pasando por un mal momento y tiene que descansar…no voy a dejar que pases de aquí y lo despiertes.- Decía la elfa con firmeza.

-Annamel sabes que no quiero molestarle pero…es muy importante algo malo ha ocurrido esta noche…una niña humana de ocho años ha muerto brutalmente asesinada...-decía Lórindol muy apenado.

-Me destroza el corazón oir eso pero no se si ahora Valandil está preparado para tal noticia y no le haría caer en problemas más graves…

Súleglîn sentía como el corazón se le encojía y andando como podía se acerco a la varandilla y se asomó a la planta de abajo y cuando fue a hablar notó que no podía y pronto fue la sensación de que en ese pasillo había alguien más…fue cuando apareción otra niña, esta vez vestida con un camisón azul y con el cuello señalado por marcas de un intento de estrangulamiento…de su cabeza colgaba una melena larga y roja y con odio colosal contemplaba al maia al que momentos después se tiró corriendo con la intención de empujarlo piso abajo…Valandil no podía gritar ni hacer nada asi que arrancó uno de los barrotes de la Varandilla y lo lanzó cerca de Annamel y Darlak los cuales al girarse por el susto y para ver que había ocurrido vieron el cuerpo del maia pendiendo de su mano agarrada a un barrote a punto de caer…rápidamente Darlak subió al piso de arriba y ayudó a Valandil a subir…la niña seguía allí…mirándole con cierto asco por no haber caído y miraba asustada a Annamel y a Darlagil. Súleglîn recobraba el habla y cuando fue a hablar era tal el estado de nervios que solo consiguió tartamudear lo siguiente:

-...¿He sido yo?...yo… Pagarás por todo…pagarás…no vivirás...- la locura lo invadía…

El maia comenzó a repetir rápidamente y cada vez más alto la frase…el palacio se estremeció todo empezó a temblar, las luces parpadeaban, los cuadros calleron al suelo y los jarrones y espejos estallaron…Annamel y Lórindol sentían como algo los empujaba contra la pared…los temblores aumentaban en intensidad…

-¡Darlak! ¡Es Valandil hay que hacerle reaccionar o nos sepultará aquí mismo a todos!- gritó la elfa mientras andaba contra una corriente invisible que la hacía dar tres pasos hacia atrás por cada uno que avanzaba…

-¡Está bien!-respondía Darlak con serenidad.

Lórindol desenvainó la espada y justo Annamel le gritó:

-¡Como le hagas daño te arrepentirás una eternidad!- gritó la elfa atemorizada al ver la escena de Darlak desenfundando a la poderosa espada.

Pero el medio elfo solo golpeó por la espalda al maia con el mango y este giró su cabeza y sus ojos llenos de odio que traspasaba como puñales afilados miraban fijamente a su amigo. Darlak era lanzado contra una pared por una fuerza invisible y lo hacía perder el conocimiento tras el golpe…

Entre tanto Annamel que supo que había bajado la guardia y el escudo protector no era tan fuerte pues Valandil ahora canalizaba su energía en derribar a Darlak le asestó una bofetada y le dijo:

-¡Reacciona! Por el amor que te tengo…¡Vuelve!.-la elfa se hechaba a llorar mientras hablaba y al acabar le abrazaba y besaba tiernamente…

Los temblores cedían y la mirada irradiadora de maldad desaparecía…era como si una terrible tormenta desplegada y tronando con fuerza hubiese sido disipada con los rayos del sol con la diferencia de que el sol era Annamel y la tormenta Valandil. Cuando el maia vio todo destrozado a Lórindol sobre el suelo inconsciente y a Annamel asustada se desplomo de rodillas llevándose las manos sobre su cara y comenzó a sollozar…

-¿Por qué mi amor?¿Qué he hecho mal?...yo…-un tono de tristeza extrema invadía al amado de Annamel.

-Ahora no te atormentes más mi amor…no provoquemos otra vez una reacción como la de momentos atrás en ti…ven vamos a descansar, los dos…así podrás contarme que es con lo que sueñas y que te ocurre…se que no quieres que lo sepa pero por nada del mundo voy a dejarte solo porque te amo y soy tu cómplice en la vida…para lo bueno y para lo malo, y créeme, Valandil Súleglîn, eres todo bien…-respondió Annamel mientras lo tomaba por las manos y lo conducía hasta la cama y ella se tumbó y junto a ella el maia con su cabeza sobre el pecho de la dama…aquellos latidos del corazón de quien amaba lo relajaban aun más…

La mañana avanzaba y ya daba la hora de comer, Annamel se había despertado de nuevo y se disponía a levantarse para ir a la cocina a ver si encontraba algo apetecible para su amado, antes de salir se descolgó la gargantilla que antaño le regaló y que portaba la luz de su amor y la depositó junto a su pecho para que lo acompañara allá donde ahora su espíritu descansara…para que las tinieblas no volviesen en su ausencia. La elfa salía de los aposentos pero justo antes de cerrar la puerta miró de nuevo al maia acostado y se aseguró de que siguiese descansando en paz.

-Descansa querido mío.-susurró dulcemente Annamel a la par que cerraba la puerta.

La bella dama de belleza peculiar bajó a la cocina y allí se encontró con Cielo y la señora Shioban y después de contestarles a sus preguntas acerca del señor les pidió si podían preparar para ella una cesta con frutas rojas del bosque.

Annamel antes tenía que buscar a Darlak y ver como se encontraba, la última vez que lo vio fue cuando lo dejó con Melêl para que lo cuidase. Annamel llamó en la puerta de la habitación del medio elfo y entró. Allí se encontró con Melêl asomada a la ventana escuchando un fragmento de poesía que Lórindol estaba leyendo para ella. Annamel cerró la puerta tras ella y habló:

-Hola , ¿cómo te encuentras?...Valandil se siente apenado de lo que ha ocurrido aún no sabe bien que es lo que le pasó, en cuanto pueda vendrá a disculparse no quería dañarte.

-No te preocupes Annamel, sabes que no le tengo nada en cuenta.-respondió el medio elfo

Melêl acercándose dijó en tono acometedor y acusador:

-No no te preocupes pero no ha sido Valandil quien se ha llevado la peor parte. ¿Verdad?.

-Melêl…entiendo que estés dolida yo también lo estaría pero debes entender que esto no es culpa de Súleglîn…-respondió Annamel intentando convencer a la mujer de que no tenía porque estar enfadada.

-Ya, es igual, total…en fin que me da igual.-con cierto aire de desprecio Melêl salió al balcón dando por terminada la conversación.

Annamel se sintió muy incómoda ante tal escena y sabía que no podía pedir más por el momento a la elfa pues ella había sido testigo de cómo había sido herido. Se dispuso a marcharse pero antes de salir dijo:

-Te agradecería que esto no saliese de nosotros…no quiero ni Valandil querría que se enterasen los otros, y menos Aikanáro…hasta que no sepamos bien que le ocurrió te agradecería que llevásemos este tema con disimulo. Gracias mi amigo, ahora marcho a ver a Valandil.

-Está bien no te preocupes, dale recuerdos y dile que no se preocupe…y de ella no te alarmes ni le tengas nada en cuenta…es muy impulsiva…

-La entiendo perfectamente, adios Lórindol.

Annamel había recogido la cesta y ahora subía por las escaleras tranquilamente y entró a por Valandil y dejó la cesta sobre los pies de la cama y luego con sigilo se tumbó sobre él y le despertó mordisqueando con ternura su oreja, cunado el maia despertó ante él los ojos de ella…la mujer más preciosa en este mundo…ahora estaba en el paraíso.

-Mi amor, Cielo y su madre las han preparado para nosotros. Disfrutemos de estas frescas frutas del bosque sentados en la sombra del bosque…

-¡Claro!…-Una euforia repentina se apoderaba de Súleglîn.

-Me alegra verte sonreír de nuevo.-Annamel recuperaba también la sonrisa…que deslumbraba al maia con su belleza.

-¡Annamel!...gracias, te quiero.-Valandil extendía la mano con la gargantilla agradeciéndole que no le hubiese abandonado y hubiese dejado la joya junto a él para que no recayese…

-Pues tendrás que quererme y hacérmelo sentir una vez más bajo las copas de los árboles…-una sonrisa pícara se vislumbraba en aquellos labios carmesíes.

La pareja salía de la ciudad y se dirigían al corazón del interior del bosque, una vez allí bajo las sombras y la frescura de aquellos árboles y rodeados las flores que habían desplegado su aroma por todo el aire. Y allí bajo un gran tronco de roble se sentaron a comer y las risas fueron múltiples llenando la floresta de esa alegría viva que se desprendía de cada carcajada y suspiro de amor.

Valandil Súleglîn se sentía alegre y comenzó a musitar unos versos que la brisa transporto hasta los oídos de Annamel y escuchó a la corriente susurrante decir:

\"La gran joya del amor en Annamel encontré,

la felicidad en ti hallé cuando tus labios besé.

Una melodía de recurrente hermosura

que se entona desde la ternura.

…\"

Valandil miró a Annamel, la cual lo miraba fijamente, y este le dijo:

-Aún cuando te miro y veo tanta belleza en ti me pongo nervioso y no puedo evitar que me suden estas torpes manos bendecidas con el gran regalo de haber podido darte las caricias más tiernas que jamás pudieran dar. Me encanta ser tu amante, Annamel, me gusta mucho que seas tú, es más amo amarte…cada día que pasa, cada segundo que te miro no puedo evitar sentirme el más feliz pues tú estás junto a mí. No quiero que nunca nos separemos…nunca…tengo miedo mi amor…tengo miedo de caer en la locura…temo hacerte daño. Tú misma viste que me paso antes…no quiero hacerte daño nunca…porque eres mi vida y sin ti la mía no seguiría adelante y se quedaría estancada.

¿Qué puedo hacer?...¿Por qué crees qué pasó?...aún tengo mucho que contarte de lo que vi pero no tengo valor…no quiero preocuparte más…

Valandil giró su cabeza y mirando al suelo esperó la respuesta de su bella flor dorada.

[Editado por wiccano el 22-06-2006 15:06]