La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Historia Por Puntos. Lempë Ohtari. La Espada.

2006:06:06:18:10:14

Annamel

La dama dorada despertó aquella hermosa mañana una vez más al lado de su amado Valandil, quien aún dormía plácidamente junto a ella. Parecía que ni la guerra inminente y su partida en breve hacia Yavetille perturbaban el sueño, lo que hacía que ella se sintiera segura a su lado, pues si él aún dormía como un niño parecía que nada había que temer, que la amenaza que pendía sobre sus cabezas se había esfumado en el aire.

Annamel suspiró levemente, y miró una vez más a Valandil, su atractivo no dejaría de embaucarla nunca, observó sus manos, que en las horas de sueño parecían tan inocentes, reposando tranquilamente, esas manos que la hechizaban , por ser capaces de tanta ternura en las caricias que él le daba, y a la vez tan fuertes y decididas cuando llegaba el momento de protegerla…la elfa recordó las caricias que le había brindado su amado la noche anterior, sabiendo ahora que las tendría para siempre, ya que pertenecían el uno al otro, y pronto también lo sabrían los demás, cuando se casasen en Yavetil, si es que conseguían vencer en la guerra…nada los separaría, ni aún la muerte que viniera a por ellos.

A pesar de la enorme felicidad que Annamel sentía, había una pequeña sombra de tristeza en su corazón, una sombra que oscurecía sus bellos ojos dorados…sus pensamientos se volvían hacia Valinor. Desde que Valandil le propusiera matrimonio ella había estado pensando mucho en sus padres, y en lo feliz que le haría hacerles saber que era dichosa junto a un hombre como el maia que la había conquistado. Volvió su mirada desde el lecho hacia la gran ventana de la habitación, aquella que daba directamente al hermoso jardín, y sintió una enorme melancolía que hizo resbalar una solitaria lágrima de plata por su mejilla, hasta caer en el almohadón sobre el que descansaba su cabeza…

Una fuerza la atraía hacia el lago, el Aelin Lindale. Haciendo el menor ruido posible la elfa besó ligeramente a Valandil en la frente, y abandonó el lecho. Tomó una de las túnicas que el maia le regalara entre los muchos obsequios que ya le había hecho desde que ella llegara, esta era de color azul turquesa, y le llegaba hasta los pies, ajustándose a su cintura, llevaba adornos élficos en los bordes de las mangas acampanadas, bordados en color plata. Recogió su negra cabellera hacia atrás, sujetándola con una diadema, y dejando caer la melena por la espalda.

Antes de salir hacia el lago buscó a Cielo, que andaba al cuidado de las hermosas flores del jardín de Valandil, como era su costumbre todas las mañanas. Le pidió al joven sirviente que le trajese una cesta con la que poder recoger frutos del bosque, también le pidió que cuando Valandil despertase le dijese exactamente eso, que ella había salido al bosque a recoger frutos. Cielo la obedeció sin preguntar.

Sin más, Annamel partió hacia el bosque, camino del lago, seguía sintiendo dentro de sí y cada vez más apremiante aquella fuerza que la dirigía hacia el Aelin Lindale. Cuando por fin llegó a sus orillas la dama dorada dejó la cesta a un lado, y sumergió los pies en el agua, hasta los tobillos, y cerró los ojos…entonces comenzó a oir una voz en su interior, una voz que no era la de ella misma, tampoco la de Valandil, una voz que nunca antes había escuchado, en un murmullo suave al principio, que fue subiendo poco a poco, hasta que pudo escuchar las palabras de quien se las dirigía…

- Querida Annamel, hija de Eonwe e Itaril, no temas, pues nada tienes que temer de mí, soy Ulmo, el mensajero que llega a través de las aguas, tengo un mensaje para ti de Valinor…de tus amados padres…

Annamel abrió entonces los ojos, y vio a Ulmo, majestuoso sobre las aguas, la miraba con una sonrisa afable en los ojos, su boca no se movía a pesar de que le hablaba, ya que seguía hablándole en su mente. Jamás antes había visto la muchacha a un Valar, y mucho menos había escuchado su voz, estaba realmente impresionada…él continuaba hablándole.

- Has de saber Annamel que tengo en gran estima a tu padre y a tu madre, que no aprobé la decisión de hacerles volver a Valinor cuando aún no eras más que una niña inocente de todo lo ocurrido en aquellos días pasados, tampoco tus padres son culpables de amarse. Como sabes ellos están en Valinor, y a pesar de que son felices les pesa en el corazón la pena de haber tenido que dejarte atrás, por eso me ofrecí a traerte este mensaje, porque he velado por ti desde que ellos volvieron a la tierra de los Valar, por encargo de la mismísima Varda, que hace las veces de tu madrina en la distancia, pues ama a tu madre por encima de todas sus doncellas.

El mensaje que te traigo, hija de Eonwe e Itaril, es que tus padres saben de tu felicidad y de tu próxima boda con Valandil, conocido en Valinor como hombre valiente, justo, honorable y luchador, por lo que has de saber que has elegido bien. Te desean la mayor felicidad posible a su lado, y una vida llena de alegría. También quieren que sepas que a través de mí y de Varda velan por ti en la distancia, y conocen las noticias que acontecen en la Tierra Media. Alégrate por ellos, pues son felices igual que tú lo eres ahora.

Annamel escuchaba a Ulmo con el corazón emocionado, después de tanto tiempo por fin tenía noticias de sus padres, las lágrimas comenzaron a desbordar sus dorados ojos, y empezaron a caer sobre la superficie de las aguas del Aelin Lindale…

- Una última cosa, dama dorada – dijo Ulmo – Varda te concede el deseo que quieras pedirle como regalo de bodas.

La elfa no lo dudó un segundo.

- Mi Señor, nada quiero para mí, pues qué más puede querer quien ya lo tiene todo, lo que deseo es para proteger la vida de quien más amo, le pido a Varda que forje una espada para Valandil, una espada hecha con sus manos, bendecida con sus labios, una espada con la que mi amado luche en la batalla en su nombre, una espada que lo proteja de sus enemigos y le permita salir victorioso. Ese es el regalo que le pido a Varda.

Ulmo la miró con seriedad unos instantes, que a la elfa se le hicieron eternos, pues pensaba ésta que quizá había pedido demasiado a la Valar, tal vez un deseo demasiado arrogante por su parte. Pero de pronto la expresión del rostro de Ulmo cambió, y le sonrió.

- En verdad Annamel que eres hija de tus padres, tienes un corazón bondadoso. Varda te concederá sin dudar lo que le pides. Ven mañana de nuevo aquí, a la misma hora que hoy, encontrarás la espada que pediste.

Entonces Ulmo desapareció bajo las aguas del lago.

Annamel permaneció en la orilla un rato más, asimilando todo lo que acababa de oír…finalmente salió de las aguas, le dio la espalda al lago, tomó la cesta que le había dado Cielo y regresó a palacio. Cuando llegó, Valandil acababa de salir de darse un buen baño, parecía estar de muy buen humor aquella mañana, que ya empezaba a ser mediodía.

- ¿ Dónde ha estado mi bella flor dorada esta mañana tan temprano? – le preguntó casi riendo.

La elfa pensó en contarle el encuentro con Ulmo, pero prefirió callarlo un día más, hasta tener la espada de Varda, y así poder obsequiársela a Valandil.

- Pues sólo dando un paseo por el bosque…

El maia la miró, y la vio un poco pálida.

- ¿Estás bien Annamel?

- Sí…sólo un poco cansada tal vez…¿qué tal si desayunamos algo? – la sonrisa de la elfa que tanto gustaba a su amado había reaparecido en su cara.

A la mañana siguiente Annamel repitió la operación del día anterior, saliendo de palacio sobre la misma hora, con la misma cesta en las manos. Saludó a Cielo con la mano desde lejos y tomó el mismo camino que hiciera antes, hasta llegar al sitio exacto donde tuvo su encuentro con Ulmo.

Y allí estaba la espada, tal como le prometiera el Valar de las aguas, la más hermosa jamás vista por ella, hecha por las manos de la mismísima Varda…la espada estaba clavada en la tierra, relucía en miles de destellos plateados, dándole luz al bosque, su acero era azul, la hoja era larga y ancha, y la empuñadura era de un acero blanco, extraño, pero hermoso, tenía esta empuñadura la forma de un dragón cíclico, que se enroscase eternamente sobre sí mismo, con dos ojos que eran dos diamantes, que parecían brillar como si realmente tuvieran vida. La hoja estaba bellamente adornada con caracteres élficos, que eran conjuros de protección y felicidad para el futuro portador de la espada…

Annamel tomó la espada con ambas manos, sopesándola, admirando su belleza, el trabajo de las manos de Varda en las suyas, y pronto en las de Valandil…¿ qué nombre le daría Varda a aquella maravilla por ella concebida?...apenas se había hecho esa pregunta cuando una voz dentro de su cabeza le respondió, era la voz de Ulmo…

- Su nombre es Aman, la bendecida por Varda…

La elfa envolvió la espada en su manto y tomó el camino de regreso a palacio, estaba impaciente por llegar junto al maia.

Le encontró en el jardín, junto con Cielo, hablando sobre unos pensamientos que adornaban uno de los setos principales. En cuanto la vio se despidió del sirviente y se encaminó directamente a ella.

- Mi amor, que madrugadora te has vuelto estos días, ¿qué hay en el bosque que atrae tanto tu atención?

- Nada que pueda superarte a ti…- y le miró con una sonrisa pícara en los labios.- Valandil…hay algo que tienes que saber.

Ambos entraron en palacio, y se instalaron cómodamente en uno de sus salones.

Entonces la dama dorada le relató a Valandil su encuentro con Ulmo, las palabras que le había dirigido, de cómo le había hablado de sus padres, y de que el peso de su corazón había desaparecido para siempre, ahora podía ser plenamente feliz. Por último le mencionó que Varda le había concedido un deseo…

- Y he aquí mi deseo hecho realidad…

Y sacando la espada de la envoltura del manto se la ofreció a Valandil, quien la tomó en sus manos asombrado, pues no había visto jamás espada más bella.

- Esta es Aman, la bendecida por Varda, mi regalo de bodas para ti, los conjuros de su hoja son protectores, velarán por ti en la batalla, te darán más poder, te harán más fuerte, deslumbrará a tus enemigos…llévala a Yavetil contigo, para que luche a tu lado y salgas victorioso en la batalla que hemos de librar…

Valandil sólo pudo mirar con amor a su futura esposa, dejando a un lado la espada tomó a la elfa en sus brazos y la cubrió de besos y lágrimas, una vez más, ella había conseguido conmoverle.

Valandil Súleglîn se acerca a Annamel...y le susurra al oido...

-Mas una eternidad la espada empuñaré con mi amor por ti, pues hasta los confines del universo con ella iluminaré nuestra existencia, incluso podría haber deshecho la oscuridad del cúbil de Ungoliant con la luz que hoy brilla en mis ojos por el amor que te tengo...Y junto a ti el servicio de mi espada surcará las tierras que tengan el don de sentir tus pisadas, y detras de ti caminaré, pues no quiero seguir otro camino que el de tu seducción, tu amor y tu ternura...

Valandil Súleglîn ama a Annamel...

[Editado por elbereth26 el 06-06-2006 10:22]

Kelusse

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