Kelusse
Fin Guerra: Liantari Dimbar se retira del Combate
Armadas perdidas por \"Eirë Esteldor\" = 21
Armadas perdidas por \"Liantari Dimbar\" = 19
Victoria para Liantari Dimbar.

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.
Edicion 3
Finalizada · 19-03-2006
2006:06:14:07:03:13
Fin Guerra: Liantari Dimbar se retira del Combate
Armadas perdidas por \"Eirë Esteldor\" = 21
Armadas perdidas por \"Liantari Dimbar\" = 19
Victoria para Liantari Dimbar.
Uzbad Kibil, el Señor de Sigingunudûm, había sido educado en la corte de la reina Illurë durante varios años y era evidente que contaba con el favor real y la plena confianza de la reina, gracias a ello había conseguido recuperar el reino de sus antepasados y ahora era él el gobernante.
La mayor parte de las provincias del Matriarcado de Harniâth (en especial las que cuentan con mayor poder y población) fueron anexionadas tras una guerra civil, los espías de la Reina Araña elegían a qué bando apoyar y lo conducían hasta la victoria (claro está, tras llegar a un acuerdo sobre la lealtad de los vencedores).
El líder de la Casa Kibil había demostrado su pundonor persiguiendo y ajusticiando a todos aquellos que no estaban a favor de la reina Illurë, incluso a los de su propia raza que no estaban de acuerdo con ser gobernados por un “no-khazad”.
El enano no tenía gran relación con el resto de señores del Matriarcado, con las cuatro Señores de Liantari Dimbar apenas se veía excepto en ocasiones especiales en las que “Los Siete” eran convocados. Luego estaban los dos señores, el de Edon y el de Nesta Netula Men que era el Siervo Real del Matriarcado.
A Orodril, el Siervo Real, lo había conocido en su juventud mientras residía en la Corte Real. Había algo en él que le erizaba los cabellos, normalmente desconfiaba de todos los Eldar, pero ese elfo en particular tenía algo que le desagradaba sobremanera.
En cambio, cuando supo que Orodril sería el Siervo Real de Liantari Dimbar, se sintió tranquilo pues sabía que el elfo no se entrometería en los asuntos de su provincia siempre y cuando el enano tampoco se metiera en la de él.
El caso del “Emperador” Yago Yuri Edon era diferente, no sabía de su existencia hasta la anexión de la provincia de Edon. El ejército de esa provincia se decía era el más numeroso y mejor dotado de todo el Matriarcado, Uzbad sabía que no era cierto, el señor enano conocía las profundas cuevas y galerías de Astan Neuma. Uzbad Kibil observaba cómo Yago intentaba desafiar el poder de la Reina Araña sopesando sus posibilidades, pero nunca llegaba a sobrepasar el límite; el enano deseaba que escupiera sobre ese límite y así ser libre para usar el ejército de Astan Neuma... realmente deseaba que su hacha acariciara el altivo cuello del Emperador.
Pero ese no era el único quebradero de cabeza que Edon daba al Matriarcado, el gran y magnánimo Emperador, valeroso vencedor de la batalla de Lithaelin, había sido incapaz de ejecutar a sus detractores. Para ganarse el favor de su pueblo los había dejado vivir libres y los había llevado a las Nenvarnë. Como es natural, las ratas de las ciénagas habían ayudado a las ratas de Edon y estas consiguieron salir y unirse a los ejércitos vecinos.
”Si tanto te importa tu pueblo, ve con él y alguien gobernará en tu lugar”
Esa era la frase que brotaba de los labios de Uzbad cada vez que le informaban de algún ataque perpetrado por los disidentes de Edon.
[...]
Cuando el frío abandonaba el Matriarcado un Mensajero Real llegó hasta Astan Neuma, la reina Illurë tenía algo que decir a su Siervo de Harniâth.
Orodril y Uzbad Kibil eran los únicos Señores de Liantari Dimbar que contaban con la simpatía de la Corte Real, así que decidieron arreglar este problema juntos, por el bien de la Reina Araña estaban dispuestos incluso a colaborar entre ellos.
Las noticias de las desavenencias con Edon habían llegado a oídos de los Auditores Reales, y estos pedían a Orodril que vigilara más de cerca al Emperador.
-Pues justo ahora ha conseguido introducir un pequeño batallón de sus hombres en el ejército que asediará Caras Aelin –comentó Uzbad a Orodril cuando este le contó la situación-
-Quiere acabar con los disidentes de su reino de manera encubierta y nos está utilizando para conseguirlo.
-Nunca debimos devolverle el trono de Lithaelin... estoy seguro de que en cuanto acabe con el problema de los edonitas renegados exigirá su independencia. Deberíamos mostrarle nuestro verdadero poder... que visite las mazmorras de Astan Neuma, que contemple el Ejército Real.
-Eres demasiado impulsivo señor enano, si le asustamos demasiado pronto podría pedir el auxilio de nuestros vecinos... no queremos que el poder de Eirë Esteldor pase a este lado de las ciénagas. Poco a poco va creciendo la enemistad con los esteldili, cuando el odio hacia nosotros sea visceral dará igual que los edonitas renegados mueran y que el Emperador se vuelva contra la Reina Araña, será entonces cuando el Ejército Real ataque Lithaelin... y no habrá nadie que ayude al Emperador.
-Yago es un hombre altivo y rencoroso, pero también es inteligente, no atacará mientras no se sienta seguro por el este.
-Entonces no atacará jamás... mientras los esteldili sigan en el este, la guerra se mantendrá activa; si algún día los esteldili desaparecen colocaremos en su lugar a los nobles más leales a Illurë. Prefiero una derrota a manos de nuestros enemigos que una traición de nuestros Señores.
-Yago y tú pensáis de la misma manera... has pasado demasiado tiempo en la Corte con los hombres.
[...]
Orodril y Uzbad partieron de inmediato a Lithaelin, la noticia de que hubiera introducido edonitas sin previo aviso en un batallón dispuesto para la guerra contra Esteldor les hacía desconfiar... Yago podría intentar un acercamiento con los esteldili en mitad de aquel tumulto.
Las dos figuras llegaron a las puertas de la ciudad sin ningún tipo de cortejo, no pensaban quedarse en Edon mucho tiempo. Enseguida fueron conducidos al Palacio Imperial, allí los mandaron pasar a un hermoso salón lleno de muebles y accesorios de oro y con las paredes repletas de valiosos tapices, tuvieron que esperar casi una hora.
-Yago nos está retando... ignora la autoridad que tenemos sobre él –las palabras del enano crisparon más aún a Orodril.
Por fin apareció Yago vestido con sus más caros ropajes y con gran cantidad de joyas por todo su cuerpo, los sirvientes que contemplaron esa escena sólo vieron al Emperador entrevistándose con dos mugrientos extranjeros y eso es lo que se contó al pueblo días después. Uzbad Kibil saludó con una reverencia a Yago pues ambos eran miembros de “Los Siete”, pero Orodril clavó sus ojos en los del Emperador.
-Pensaba que la mera presencia del Sello Real te obliga a presentarte de inmediato –fue el saludo de Orodril.
-Pido perdón, mis hombres no me indicaron que vos poseíais el anillo de Illurë –respondió Yago sin mostrar ninguna emoción ante el Siervo Real.
-Yo soy el Sello Real, este anillo no es más que un simple adorno, una fruslería que la Reina Araña regala a sus elegidos –la voz de Orodril sonaba llena de ira.
-Tenéis toda la razón, pasad al Salón Azul, allí podremos hablar con más tranquilidad –Yago bajo al fin la mirada, al igual que Uzbad sentía algo oscuro y extraño en aquel elfo le hablaba con gran impertinencia.
Ya en el salón la tirantez entre los tres Señores de Harniâth crecía por momentos.
-Tenemos noticias de que has enviado hombres de Edon al asedio de Caras Aelin sin el consentimiento del Consejo –le acusó Orodril.
-No tenía tiempo para pedir el aprobado del Consejo, Luiniel me dijo que la misión era urgente. Pensé que si iban a introducirse en las tierras esteldili era conveniente que llevaran algunos edonitas, pues ellos conocen los rostros de los rebeldes.
-La misión no es para acabar con los disidentes que no quisiste juzgar, es para atacar la capital esteldili –debido a la tensión del momento, Uzbad habló más de la cuenta.
-No los envié para matar a los edonitas rebeldes, tienen órdenes de vigilar que ningún rebelde se infiltre en las tropas del Matriarcado pues antes de retirarse robaron varios uniformes y enseñas que les harían pasar por nuestros propios hombres.
[...]
La salida de tono del enano descubrió demasiado pronto los planes de Orodril y les obligó a cambiar de planes, pues el Emperador ya había pensado en esta posibilidad y tenía preparado un discurso para explicar los nobles motivos por los cuales envió a sus propios hombres con Luiniel.
Orodril y Uzbad partieron a Caras Aelin, decidieron que sería bueno vigilar de cerca a los edonitas para que no intentaran ni un acercamiento con los esteldili ni una venganza en nombre del Emperador. A Yago le dijeron que partían hacia el asedio porque era conocido por todo el Matriarcado que a los edonitas les costaba obedecer las órdenes de una mujer... ambos confiaban en Luiniel y sabían que no admitiría ninguna desobediencia entre sus filas, pero a Orodril y Uzbad les sirvió como una excusa bastante creíble.
Tras varios días de viaje consiguieron dar con las tropas de Luiniel, el día anterior habían asediado la ciudad de Caras Aelin y sus espías se habían introducido en ella aunque habían sido rápidamente expulsados, las pérdidas no habían sido muchas y estaban planeando el próximo ataque. La llegada de los dos Señores del Matriarcado recorrió todo el campamento, el líder de los edonitas temía que esa llegada tuviera algo que ver con él... más aún ahora que había tenido un enfrentamiento con Luiniel, pero era imposible que ese fuera el motivo de su llegada al campamento. Había oído de las oscuras artes de Orodril, pero era imposible que en menos de un día hubiera conseguido recorrer las largas millas que los separaban de Astan Neuma.
Orodril, Uzbad y Luiniel pasaron varias horas reunidos en la tienda de la elfa que les contó los pormenores de la batalla incluida la pequeña sublevación de los edonitas.
Orodril le dijo que estaban allí porque el Emperador les había dicho que los edonitas rebeldes podrían intentar infiltrarse entre sus hombres... aún no confiaban lo suficiente en Luiniel como para que conociera los entresijos del Matriarcado, sabían que no estaba del lado del Emperador pues era una mujer pero la información es poder y Orodril no estaba dispuesto a darle más poder del que ya tenía la elfa.
Al amanecer del día siguiente Orodril y Luiniel mandaron llamar al líder de los edonitas para que revisara todo el campamento y buscara a los edonitas rebeldes. Aparecieron siete.
No había pasado una hora cuando Uzbad convocó a todo el ejército para que contemplaran la ejecución de los infiltrados, él mismo les cortó la cabeza con su hacha y tras hacerlo gritó al resto de los hombres:
“La Reina Araña no admite espías en sus filas, el que se infiltra en nuestros hogares y entre nuestros hombres lo paga con su sangre”
El líder edonita contemplaba la escena con una sonrisa en sus labios, a su lado Orodril desenfundaba su espada y con un rápido movimiento cortaba también la cabeza del edonita, todo quedó en silencio y la voz del elfo sonó con fuerza:
“La desobediencia tampoco es admisible, vuestros superiores son vuestros amos y haréis lo que ellos os ordenen sin dilación y sin titubear. El más ligero murmullo de desacuerdo será considerado alta traición y será castigado con la muerte de toda vuestra familia”
Las palabras del elfo llegaron a lo más profundo de todos los soldados, en todo el Matriarcado se hablaba de los extraños poderes de Orodril y su amenaza allí en mitad de ningún sitio sonaba realmente intimidadora.
[...]
Orodril envió a Luiniel de vuelta a Edon para que le contara lo sucedido al Yago. No había pasado apenas una hora desde que Luiniel había comenzado el viaje de regreso a Liantari Dimbar cuando el ejército esteldili hizo su aparición a un par de millas del campamento.
La bruma de la mañana unida al tumulto formado por la amenaza de Orodril habían impedido que los vigías avistaran a las tropas esteldili antes de que se encontraran a dos pasos del campamento. Por suerte todos los soldados se encontraban levantados y bien armados como Uzbad les había ordenado.
El lugar era muy llano y no encontraron buenos lugares para colocar a los arqueros, así que las flechas del Matriarcado no frenaron el avance esteldili. Entonces comenzó el combate de lanzas y espadas, el sonido de metales entrechocando y de escudos partiéndose bajo los poderosos brazos tanto del Matriarcado como Esteldili se escuchaba por todas partes.
El día avanzaba y el calor hizo su aparición, el ambiente entre los soldados comenzó a ser asfixiante, el combate era igualado y ningún ejército podía retirarse por miedo a que se produjese una masacre en su retirada. Entonces un par de soldados se acercaron nerviosos a Uzbad, Orodril y media docena de elfos se hallaban rodeados por las huestes esteldili y, aunque de momento soportaban las embestidas enemigas, pronto sucumbirían y morirían.
En aquel momento varios pensamientos cruzaban la mente del enano, podía dejar morir a Orodril en el campo de batalla, nadie le culparía de su muerte y su ascenso en la Corte Real sería inmediato... por otro lado sabía que necesitaba de aquel elfo para regresar al Matriarcado con vida y para frenar las aspiraciones del Emperador.
Sin pensárselo dos veces, montó en el caballo con el que él y Orodril habían llegado al campamento y se dirigió hacia donde estaba Orodril para intentar abrir una fisura por la que sus hombres llegaran hasta el elfo para salvarlo. La imagen del enano sobre el negro corcel más que amenazadora era inusual, así que consiguió llamar la atención de los esteldili y así llegar más fácilmente a Orodril.
Al bajar del caballo sus pies se enredaron con las bridas y cayó sobre unas rocas, al llevar puesto el casco de batalla su cabeza no sufrió daños, pero se partió las rodillas y era incapaz de salir del frente de batalla. Orodril sangraba profusamente de varios cortes que tenía en la cabeza cuando vio la caída del enano, pensó que había muerto al caer sobre las rocas y se dirigió hacia su caballo para salir de allí.
La cabeza le daba vueltas al pobre enano cuando vio que una sombra se acercaba al caballo, entonces alzó su hacha y la clavó en la pierna del desconocido. El grito de dolor de Orodril despejó la cabeza del enano que enseguida le dijo:
-¿Pensabas irte sin mí?
-Si querías montar sólo tenías que decirlo, no hacía falta que me dejaras cojo.
Mientras se dirigían a la retaguardia de su ejército, el enano murmuraba que ojalá volviese a caer la niebla que había por la mañana, así podrían salir de allí.
Orodril bajo del caballo y dirigió su mirada al suroeste, hacia el no muy lejano mar. Se concentró y comenzó a murmurar:
“Vaiva, ni yala tye. Care fáne sí nóre as lunga fána”
Poco a poco la bruma reapareció y era algo más densa que la de por la mañana. Orodril que se había puesto un vendaje para que la sangre no le impidiera la visión y montado junto al casi inconsciente enano en su caballo negro, ordenó la retirada de las huestes del Matriarcado.
Aquella mañana se encontraban reunidos los principales capitanes, y sus hombres de confianza, en Caras Aislin. Corrían tiempos de continuas batallas, y debían debatir algunos temas...Fuera de aquellas paredes, en la plaza principal concurrían los soldados. Uno de ellos, Garmeldin, había quedado al mando de aquellos soldados, era la compañía de Amarthûr, tenía órdenes de mantenerlos allí en formación hasta que terminase la reunión. Lamentablemente eran otros sus planes.
Los soldados se miraron extrañados unos a otros al escuchar aquello ¿De donde provenía aquella orden? ¿Atacar a los hombres de Liantari Dimbar?...La gran mayoría acató y obedeció a Garmeldin, sólo algunos pocos quedaron rezagados cuando la compañía salía de las murallas de Caras Aislin. Los soldados no tenían confianza en si mismos, se miraban unos a otros ¿habré hecho lo correcto? se preguntaba cada uno de ellos. Sus pasos no eran firmes, y el temple de Garmeldin, distaba mucho del de Amarthûr. Algo movía aquel hombre ha proceder de aquella manera.
Continuaron su marcha, y pronto avistaron al enemigo, había una pequeña avanzada en los comienzos del bosque, pero era imposible llegar hasta ellos si ser visto, al bosque se anteponía una gran llanura, serían un blanco fácil. Pese a todo, pensó Garmeldin, que si se apresuraban en dar muerte aquellos hombres estos no tendrían oportunidad de avisar al resto de la tropa. Pobre iluso, antes de que avanzasen unos metros, aquel enano sacó un cuerno y lo hizo sonar. Los soldados de Esteldor apenas habían llegado a la mitad de la llanura, y habían cruzado acero con el Matriarcado, cuando llegaron los refuerzos enemigos. No cabía posibilidad alguna para la sorpresa, no había lugar que reservase a los arqueros, tanto a los del Matriarcado como a los de Esteldor. Lógicamente la estrategia y la experiencia de Garmeldin dejaba mucho que desear frente a la de los capitanes del Matriarcado que no tardaron en regir la batalla.
A poco tiempo a caballo de allí, dentro de las murallas de Caras Aislin, los soldados que se habían negado a acompañar a Garmeldin en su aventura, se debatían entre entrar e interrumpir la reunión o esperar a que esta acabara, quien sabe…a lo mejor debían haber obedecido, era posible que aquella orden proviniese de Amarthûr. Tras debatirlo, finamente se decidieron a entrar.
Aquellas rudas puertas se abrieron, Amarthûr reconoció a sus hombres.
-¿Cómo osáis interrumpir una reunión como esta?
Aquellos soldados pusieron al corriente a su capitana de lo ocurrido, y esta junto a sus dos hombres de confianza salió precipitada de aquella suntuosa sala. Ordenó que se buscase a los que ese día se encontraban de permiso, sabía que todos los hombres con los que pudiese contar en ese momento serían pocos para aquel evento.
Amarthûr a penas contaba con medio centenar de hombres que salieron, a toda prisa, de la almodóvar, al encuentro de la compañía. Al llegar a la llanura la visión era lamentable, había perecido un gran número de hombres. Garmeldin se encontraba uno de los más adelantados, se batía con dos soldados a la vez. Amarthûr se preguntaba sobre las quimeras que habían movido, hacer aquello, a aquel joven temerario. Puso en formación a sus hombres, y pidió a Calenglin y Nyrath que se ocupasen de mantener la formación y los guiasen en la cruzada. Ella debía alcanzar a Garmeldin y desentrañar los motivos de semejante insensatez, pero cuando se hallaba a pocos metros de él, éste era atravesado por un hacha. Amarthûr instigó a su caballo, y de un golpe certero mató al que previamente había mal herido a Garmeldin. De un salto se descendió del animal, y con su brazo levantó el cuello de Garmeldin – Dime porqué lo has hecho…necesito una respuesta…- Garmeldin tosió, y la sangre emanó de su boca. Mientras tanto Calenglin y Nyrath habían dado orden de rodear a la capitana para protegerla. Garmeldin tragó saliva y continúo diciendo…
Hace años, una hermosa mujer se enamoró de un hombre, Velternor, éste pertenecía a la nobleza. Durante muchos meses ellos ocultaron su amor, se veían a escondidas, y aquel amor crecía día a día. Una noche aquella inocente joven entrego el mayor de sus tesoros aquel hombre, le entregó su alma y su cuerpo, pero aquella chica quedó en cinta, y su estado llegó a oídos del padre Velternor, así que mandó llamar a su hijo. Velternor negó que el hijo fuese suyo, y en presencia de ella contó a su padre como ella lo había seducido una noche en la que el se encontraba un tanto embriagado. Ella lloró y le rogó que rectificara, que contase la verdad del amor que mantenían oculto, pero fue inútil, Velternor continuó negándolo.
Ella era una simple campesina, en cambio él pertenecía a la nobleza, era hijo de un hombre dueño de numerosas tierras y un gran capital, ella sólo sería una mancha en la vida que se abría ante sus ojos. Iba a ser desposado con una doncella de su misma clase, y su padre tenía pensado dejar a su cargo un gran número de tierras que el debería administrar para su propio beneficio.
Ella fue humillada públicamente y ante su familia, fue tratada como una cualquiera, despojada de sus ropajes y desterrada de aquellas tierras. Velternor no pronunció palabra alguna mientras escuchaba los sollozos de aquella mujer que lo había amado y entregado su corazón, permanecía inmóvil con la mirada baja.
Su primera noche en el destierro la pasó inmediaciones de Liantari Dimbar, asustada y ultrajada. Sólo un anciano se apiadó de ella, puesto que por muchos era conocido aquel romance. La abasteció de ropajes y un poco de comida.
Vagó durante de meses, mientras que la criatura que portaba en su vientre iba creciendo en su interior. Llegó a Eire Esteldor, y allí como una proscrita dio a luz y vivió hasta el final de sus días.
Sólo quería vengar a mi madre, sólo quería limpiar el honor y el nombre de aquella mujer, mi madre. -tosió de nuevo, y de nuevo la sangre a borbotones se escapaba de sus labios- No sólo no he podido limpiar su honor, sino que he deshonrado mi sangre, y le he fallado a Esteldor, lo siento capitana – Y entre los brazos de Amarthûr expiró.
- Tu sangre ha limpiado el nombre de tu madre Garmeldin, que Eru te guarde.
El enemigo se estaba retirando cuando Amarthûr comenzaba a incorporarse del suelo, no le dio tiempo a reaccionar cuando un soldado que se encontraba herido en el suelo, y al que habían dado por muerto, clavó un daga en su pierna, ella de un golpe seco separó su cabeza del tronco, arrancó aquel metal que tenía clavado, pero no podía caminar. Calenglin se acercó a ella trayendo consigo el caballo de ésta. Con trabajo encumbró en él.
-Estás herido ¿qué te ha ocurrido?
-Tuve un encuentro no muy afortunado con un soldado. Nyrath también está herido, una flecha rozó su costado. Ya estaba todo perdido cuando llegamos, pero finalmente el enemigo se ha retirado. Todo esto es producto de la locura de un temerario.
-Regresemos a la ciudad, supongo que tendré que dar algunas explicaciones por lo ocurrido. Y sí Calenglin, fue un temerario y un insensato pero también fue un buen hijo, créeme.
Calenglin no entendió a que se refería, pero no hizo mención alguna, ella tendría sus razones para decir aquello, se limitó a seguir junto a ella, Nyrath y el resto de la compañía que seguía con vida, su camino de regreso a Caras Aislin.
[Editado por sealla el 11-06-2006 04:20]
[Editado por sealla el 11-06-2006 04:25]
Resumen de la batalla.
Eirë Esteldor ha perdido 21 armadas x35= 735 puntos.
Recuperables: 245 puntos.
Valoraciones: 7,5+7+8,2+7,2+8= 7,58
Recupera: 186 puntos.
Pierde: 549 puntos.
Liantari Dimbar ha perdido 19 armadas x35= 665 puntos.
Recuperables: 665 puntos al hacer uso de un poder especial.
Valoraciones: 7+9+8,2+8+9= 8,24
Recupera: 548 puntos. Este clan ha solicitado daños para sus dirigentes fuera de plazo, por lo que la petición no será tenida en cuenta.
Pierde: 117 puntos.
Liantari Dimbar percibe 450 monedas por la victoria en la batalla.
Liantari dimbar entrega 100 monedas a Eirë Esteldor por abandono de la batalla.
Compañías actualizadas y listas!