La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Historia Por Puntos. Eirë Esteldor. Una Reunión Muy Esperada

2006:06:11:10:56:37

Jade

La coronilla de Jade apenas llegaba al mentón del Duin cuando éste se irguió ante ella en toda su estatura.

-Espero…por tu bien…que sea importante- Dijo arrastrando las palabras, olía a limpio y gotas de agua escurrían por sus cabellos.

-Ya estamos - Serkiel elevó los ojos al cielo y se alejó unos pasos para contemplar la escena decidida a no intervenir, ya había comprendido que era imposible razonar con ellos cuando se comportaban como niños.

- Pues cla…claro que es importante.

Húrin se sintió satisfecho al escuchar su tartamudeo, por fín había conseguido intimidarla. Serkiel pensaba que en realidad estaba conteniendo la risa.

– Debido a la visita de los enanos, y a la infrecuente coincidencia de todos los nainiri en Ringil, hemos pensado que durante las diligencias con los enanos podríamos disfrutar de una civilizada cena, sólo quería asegurarme de que no llegarás tarde, sería una descortesía. – La sonrisa de Jade era tan dulce como el tono de su voz.

Una vena en el cuello del Duin empezaba a palpitar peligrosamente.

- ¿Una cena?...¿me has llamado para…? – suspiró – ¡Pero es que no puedo darme un simple baño sin que metas tu naricilla! ¡Y aún no es mediodía!- el tono de su voz había aumentado considerablemente durante el transcurso de la frase y se encontró apretando los puños para no retorcer el bonito cuello que tenía frente a sí. Jade pensó que quedaría sorda para siempre.

- ¿Y como iba yo a saber lo que estabas haciendo? Los enanos ya están aquí, sólo pretendía que no te perdieras el almuerzo, te pones muy hosco cuando tienes hambre – Dijo con una inocencia digna de un querubín.

- Jad, haces que se tambaleen años de dura disciplina.-Hurin empleó el tono más duro de que era capaz pero la carcajada de ella le demostró que no era suficiente. Muy desilusionado, dejó caer los hombros.

- ¡Vamos! será agradable- haciendo caso omiso del bufido del Duin, giró grácilmente hacia donde Serkiel esperaba.

Las dos mujeres ya se habían puesto en marcha cuando Hurin se puso a su altura y, estirando el brazo, entregó a Jade un pequeño lazo. Ésta, en un acto reflejo, llevó su mano a la negra cabellera.

- ¡Vaya! Que extraño que no lo notara, suelo ser bastante cuidadosa- dijo, mientras colocaba nuevamente el lazo en su sitio.

La elfa y el humano resoplaron ante el comentario y siguieron su camino hacia la sala del consejo, parte de la cuál había sido reformada para contener un par más de mesas, suficientes en total para dar asiento a los senadores y demás hombres, elfos y enanos que tendrían el honor de compartirla.

La Sala había quedado magnífica, los estandartes de las cuatro compañías colgaban imponentes de las fachadas laterales mientras que el muro principal, frente a la entrada, lucía orgullosamente el emblema de Esteldor. Las enormes vidrieras dejaban paso a la luz de Anar, que se colaba sonriente entre los estandartes, confiriendo solemnidad a los colores del clan reflejados en los laboriosos manteles que cubrían las mesas. Serkiel y Jade quedaron muy satisfechas con el resultado y estaban ansiosas de que el comandante supremo de la primera compañía las alabara por el esfuerzo.

Cuando llegaron al lugar, los Hijos de Eru ocupaban la mesa de la izquierda mientras que los Hijos de Aulë habían conquistado la mesa de la derecha. La mesa central, que acogería a los gobernantes, estaba vacía a excepción de Amarthdûr que portaba una expresión de horror en el rostro al ver lo que acontecía a su alrededor.

Casi todos ellos habían terminado su ración, excepto algún enano que se estaba comiendo la del vecino…con el consiguiente disgusto de éste.

La cerveza corría alegremente, había más en el suelo que en los propios barriles y Serkiel trataba de jurarle a Jade, a través del ensordecedor ruido, que un pedazo de carne acababa de estrellarse contra una de las hermosas vidrieras, resbalando hasta el piso.

- Muy agradable…- Ese comentario le valió al capitán un femenino codazo que, al contrario de lo que ella había esperado, le arrancó una carcajada.

Finalmente, los tres se reunieron en la mesa central con Amarthdûr, que intentaba por todos los medios esquivar los proyectiles de cram que volaban por la estancia.

Serkiel y Hurin charlaban alegremente, divirtiéndose a costa de Jade, mientras ésta imaginaba siete formas distintas de tortura para esos bárbaros.

Para cuando terminaron de comer, parte de los asistentes había desaparecido haciendo que el lugar, ahora pocilga otrora sala de reuniones, retornara a su paz habitual.

- ¿Y los demás? ¿No los has incordiado suficiente para que llegaran a tiempo?- Jade no hizo caso de la puya así que el Duin le guiñó un ojo sólo para enfurecerla. Amarthdûr respondió a su pregunta.

- Terminaron de almorzar antes de que llegarais, deseaban llegar temprano a los campos de entrenamiento, Calenglin quería comprobar el nivel de los arqueros de la primera compañía.

- ¿Sabemos algo de Nowë y Kelusse?

- Deberían estar aquí mañana con la primera luz, junto con El anciano.

- Bien, mañana será día de negocios y celebraciones. Ahora reunámonos con los demás en los campos.

Los cuatro nainiri se disponían a salir cuando Hurin vislumbró un destello plateado bajo la mesa.

- ¡Por el amor de…! ¡Pero es que no puedes mantener los pies en los zapatos mientras caminas!-Exclamó el Duin mientras le devolvía a Jade su daga. Le frunció el ceño para hacerla saber lo molesto de la situación, mas al darle la espalda sonrió, pues aquellos descuidos le indicaban que finalmente Jade se sentía segura entre ellos.

Cuando llegaron a los campos avistaron a Calenglín, fácilmente reconocible por su rubia cabellera y, efectivamente, se hallaba trabajando con los arqueros de la primera compañía que, aunque hábiles, no alcanzaban aún el nivel de los elfos del resto.

Hurin dejó a sus compañeras para dirigirse hacia el claro en que le esperaban los soldados más jóvenes e inexpertos. Cuando llegó allí, Nyrath ya estaba con ellos, hablaron durante un momento y después las mujeres vieron como los soldados formaban un círculo alrededor de ambos adalides que se hallaban espalda con espalda. Uno a uno, los soldados fueron cayendo frente a la supremacía de los guerreros que se estaban divirtiendo de lo lindo y, tras el baile, se deleitaron en aleccionar a los muchachos sobre lo que no debían hacer, con el ceño bien fruncido, por supuesto.

- Les encanta exhibirse, ¿verdad?- Elfas y humana rompieron a reír mientras se dirigían al campo de tiro, donde hallaron a Eardín y Earine que los esperaban para una pequeña competición. Una vez que los cinco estuvieron listos, dispararon sus flechas, todas a la diana excepto una. Sorprendidos miraron a Jade, a quien nunca habían visto fallar un blanco, por pequeño o móvil que fuera.

- ¿Distraída?- La nainir resopló.

- Planeé una cena agradable y por Nienna que la tendré- Serkiel no pudo evitar sonreír con la obstinación de su amiga.

- Los enanos serán un problema…-admitió Earine.

- Los enanos y un buen número de hombres que parecen aprender a pasos agigantados su estilo de vida- Amarthdûr y Earine asentían para mostrar su conformidad, Serkiel y Eardin sonreían abiertamente.

- Un asunto importante ha traído a los enanos aquí, las perlas…- El noldo fué interrumpido por un triple resoplido.

- Por Eru que aprenderán modales o no asistirán a mi cena mañana- Earine de nuevo asintió y quiso saber cómo iban a conseguir algo tan improbable.

- Siempre hay más de un modo de penetrar en un castillo…

Un joven soldado, que caminaba a corta distancia de ellos, la entendió mal y acudió rápidamente a instruir a la señora con sus conocimientos sobre Amon Duin.

- Sí capitán, exactamente dos entradas, una en el frente y otra en el lateral, ambas perfectamente aseguradas, claro está.- informó, oscilando sobre sus pies con una sonrisa de complacencia en el rostro.

- No me refería a nuestro baluarte, Dair – explicó pacientemente - Quería decir que siempre hay alternativas.

- Pero es como digo, mi señora, hay dos entradas. – insistió con vehemencia.

Jade suspiró y, tras agradecerle su ayuda, volvió a desviar su atención hacia los nainiri para concentrarse en una competición de lo más reñida hasta la hora de la cena.

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- Bueno…es muy sencillo, mañana se celebrará una cena muy importante y vais a ayudarme, aprenderéis buenas formas, aunque eso os mate y no lo repetiré una cuarta vez.

Como en las ocasiones anteriores, se escucharon numerosas protestas en un tono que iba elevándose hasta que nadie entendía lo que decía el vecino.

Jade decidió ser paciente, al menos los elfos y parte de los hombres parecían estar de acuerdo, los estandartes seguían limpios y todos bebían aún de sus respectivas jarras.

Como los humos no parecían calmarse solos, probó a llamar su atención una vez más, sin éxito. No pensaba unirse al griterío, aún estaba lo suficientemente cuerda como para no perder por completo la compostura. Aferró lo primero que encontró, una jarra de barro, y la lanzó a través de la estancia hasta que chocó contra el muro y se hizo añicos. Como esperaba, todos volvieron a prestarle atención, boquiabiertos. Adelantó su mano izquierda para que todos pudieran verla y alzó el índice.

- Primero, nadie empezará a comer hasta que los capitanes se hayan sentado.

Muchos asintieron ante la petición pero los enanos parecían sumamente irritados y la algarabía comenzó de nuevo.

Jade le arrebató la jarra a Eardin que, altamente agraviado por el robo, se apresuró a recuperarla. Un codazo de Earine le obligó a claudicar así que devolvió la jarra a Jade muy desilusionado.

Sin más miramientos, lanzó el recipiente contra la pared para llamarlos al orden una vez más. Cuando Amarthdûr comenzó a recoger las jarras en diez metros a la redonda, Jade estuvo a punto de reír pero se ordenó parecer enfadada.

- La próxima vez irá a parar a la cabeza de alguien.- amenazó.

- Pero tenemos hambre- protestó un soldado.

- La paciencia es fundamental en un soldado disciplinado.-reprendió haciendo que el joven se sonrojara.

- En segundo lugar - prosiguió levantando un segundo dedo - Cuando una dama entra o abandona el lugar, los hombres se ponen en pie.

- Pero eso es un fastidio- se quejó alguien.

- Shh La señora te va a oír- Le avisó otro mientras observaba con recelo la jarra que había caído en manos de Jade a pesar de los esfuerzos de Amarthdûr.

- Es que lo he dicho en voz alta- le replicó el primero.

- ¿A quién crees que le lanzará la jarra? – Preguntó un enano bermejo a su vecino de mesa mientras se llevaba una pata de cordero a la boca.

- A ti si se te ocurre morder eso – Respondió un humano desde la otra mesa.

- La primera regla – Quiso recordarles un elfo moreno.

- No hemos olvidado la primera regla – gritó el enano, aún sosteniendo la pata de cordero.

- ¿Y a ti quién te preguntó, orejas picudas?- Saltó el vecino del enano pelirrojo mientras obligaba a éste a dejar su carnaza.

Una nueva jarra se estrelló contra el muro y todos miraron boquiabiertos a Serkiel.

-¡Ah! Que bien sienta…prosigue Jade.

Todos devolvieron su atención a la nainir Téra en espera de una nueva regla pero Jade, con los brazos en jarras, esperó.

Pasó un largo minuto en silencio hasta que alguien, en un intento de ser silencioso no pudo evitar preguntar.

- ¿A qué está esperando?- Bien podía haber despertado a un balrog con su consternación.

- La segunda regla – informó el elfo moreno de antes con aire de suficiencia.

- ¿Te acuerdas de la segunda regla? – Preguntó alguien angustiado.

- Yo sí – Replicó un enano con la voz gangosa.

- ¡Cállate! – Le contestó el vecino – Ni siquiera te acuerdas de la primera.

- Claro que me acuerdo – Replicó el ofendido mientras masticaba abiertamente.

El ruido de un pasear nervioso les distrajo, era Earine que hacía amagos de entrar y salir del lugar. Alguien captó la pista y se levantó. Finalmente, entre murmuraciones fastidiadas, todos estuvieron en pié. Jade decidió no notar que algunos habían llevado consigo sus platos.

- Y cuando ella les da permiso se sientan.- Explicó.

- Pues a mi me perece un incordio – dijo uno.

- Podéis sentaros.- concluyó, haciendo caso omiso. Los muchachos obedecieron. Con el tiempo, además de respeto, habían cogido aprecio a “sus muchachas” y si aquellas peticiones extrañas las hacían felices, ellos las complacerían.

- Y tercero…Nadie robará la comida del plato vecino.

Esa fue la gota que colmó el vaso, el bullicio fue tal que no le quedó mas opción que cumplir con su amenaza así que alzó la jarra, giró hacia la mesa de los enanos y estaba a punto de arrojarla cuando alguien agarró su muñeca.

Antes de volverse sabía que había sido Hurin, y la expresión de su rostro era capaz de hacerle perder el plumaje a un águila. Serkiel, en cambio, parecía divertirse bastante, había esperado ese momento. Amarthdûr estaba muy ocupada por que las jarras no se le cayeran del regazo. Earine se colocó junto a Jade para demostrar su lealtad mientras Eardin, intentando contener la risa, les contaba el plan a Calenglín y Nyrath que no se creían una palabra.

- ¿Desde cuándo el capitán tiene ese tic?- comentó un humano, cerrando la boca rápidamente ante la mirada del Duin.

Apelando a su férrea disciplina, Hurin intentó calmarse antes de hablar. Era un hombre cuerdo, se recordó.

- No te metas en esto - El tono de Jade era suave, aún así no le gustó. Estaba alterada por alguna razón, se dijo, y decidió ser paciente.

- No me hables de ese modo – contestó, en un tono tan apacible como el bostezo de un dragón.

- ¡Menudo momento escoges para ponerte hosco! Ahora no tengo tiempo de aplacarte. Sin embargo, le dirigió una sonrisa para conseguir exactamente eso.

- ¿Podrías explicarme lo que estás haciendo?

- No. Preferiría no hacerlo.

La contestación no le agradó y la vena del cuello comenzó a latirle insistentemente. Decidió que dejaría el tema para cuando estuviera más calmado, le entregó el arma en forma de jarra a Calenglín y abrió el camino para que todos los gobernantes se sentaran a la mesa.

Comenzaron a comer y charlar alegremente y el extraño acontecimiento parecía diluirse en el pasado. Calenglín no iba a dejar que eso pasara, disfrutaba inmensamente fastidiando a esos dos en venganza al regocijo de Hurin cuando era al propio Calenglín a quien Jade daba trabajo. Instó al humano hasta que éste se dejó vencer por la curiosidad. Hurin intentó ser sutil con Jade.

- Vas a contármelo YA. – Jade deseó tener a mano un espejo, estaba segura de que, del susto, había perdido alguna peca.

- Les enseñaba modales a tus hombres, no veo por qué montas tanto escándalo.

-¿Has perdido la razón? ¡Por las lágrimas de Nienna! Son guerreros Jad, ¿Y los enanos? ¿También pretendes que ellos…? No hay modo de que…

Jade sonrió como quien instruye a un niño – Siempre hay varios modos de entrar en un…-

- ¡DOS!- Gritó Dair desde su mesa.- Ya hemos hablado de eso, mi señora ¿Acaso aún no lo tenéis claro? Mirad….- Jade se levantó de un salto y los presentes, con sus platos, la imitaron.

- No, me refería a que hay varios modos de conseguir algo, distintas formas de desollar un conejo…

- ¿La señora quiere limpiar un conejo?- se oyó.

Dair, que no entendía nada de conejos, decidió seguir con el tema de Amon Duin, mucho más importante, en su opinión.

- Veamos, tenemos una puerta principal que da al…

- Dair, si vuelves a explicarme…quería decir que… - La carcajada de Hurin la distrajo - ¡Oh, maldición, me perdí!- exclamó dejándose caer en la silla. Los soldados se sentaron también.

- Intentaba recordar cómo se accedía al Baluarte, Señora- Le recordó Dair pacientemente.

Jade, desesperada, se mesó el pelo y volvió a levantarse.

- ¿Alguien podría atar a mi señora a la silla?- preguntó alguien exasperado.

Una carcajada llegó desde la entrada, los intrusos que allí se encontraba eran el Athar actual, Nowë, flanqueado por unos risueños Duin Atta e Istar, muy contentos de haber adelantado su viaje.

[Editado por Nessa el 09-06-2006 19:08]

[Editado por Nessa el 09-06-2006 19:10]

Kelusse

Los valar otorgan 260 puntos a este clan.