La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Historia Por Vida. Lempë Ohtari. Aikanáro

2006:07:02:16:52:37

Aikanáro Tîwele

Sintió como algo lo golpeaba y lo arrastraba al fondo de la bahía, como su pequeño cuerpecito se posaba sobre el fondo de esta, allí vio a un hombre con una cabellera dorada y con unos extraños símbolos en su cuerpo y sobre él un gran monstruo, éste intentaba librarse de la bestia cuando sus miradas se encontraron. Sentía que algo les unía pero unos fuertes brazos lo alzaron como si fuera una hoja de papel hacia la superficie.

Fuera el sol brillaba en un cielo azul, el pequeño abrió los ojos de par en par mientras intentaba coger aire a bocanadas y su respiración se iba tranquilizando, allí junto a él vio a un elfo que lo miraba asustado:

- ¿Aikanáro estás bien?, Si no llego a venir por aquí un poco más y te quedas allí en el fondo. ¿No te dijo tu madre que no te bañaras solo en la playa?

Alcé la vista y vi a Aniolad, lo reconocí era el que me hacía esos juguetes de madera que tanto me gustaban, pero yo miraba al mar asustado y volvió a repetirme al ver que no decía nada:

- ¿Estás bien, seguro?

- ¿Y el hombre?, Había un hombre con la cara pintada y sobre él tenía un monstruo que lo agarraba. Él me golpeó y me tiró al agua- le dijo mientras se secaba las lágrimas.

- ¿De qué hombre hablas? No había nadie en la playa a excepción de ti.¿Cuántas veces te a dicho tu madre que no te quiere ver solo en la playa?- dijo el elfo mirándolo fijamente

- Ya lo sé, pero estaba buscando conchas para hacerle un collar a mi madre, cuando ese me golpeó y me tiró al agua- respondió el pequeño.

- Vamos para casa antes de que te vea tu madre y te de una zurra- le dijo mientras le ponía la mano en la cabeza y le removía sus dorados cabellos.

Subieron por unas blancas dunas hasta que llegaron a una escalera de mármol blanco. Aika seguía mirando la playa con recelo y el elfo le dijo sin mirarle:

- Vamos, ahora tomas un vaso de leche caliente y te cambias de ropa que tienes que ir con Uinen a Valmar.

- ¿Pero y el hombre que?, Yo lo vi- le dijo airado el pequeño Aika.

No recibió contestación alguna, llegaron al Palacio de Uinen, el elfo lo llevó a sus aposentos donde le esperaban unas doncellas que vestirían al pequeño. Lo bañaron y le pusieron un bello traje de color plateado, trenzaron sus dorados cabellos y lo llevaron de la mano hasta la entrada del Palacio. Allí le esperaba Uinen ataviada con un traje azul coralino, miró al pequeño y sonrió mientras le tendía la mano. Este se acercó y cogió la mano de la maia, esta lo miró y le dijo:

- ¿Preparado para ir a Valmar?

- Si mi señora, ¿estará Manwë allí?- le dijo mirándola con ojos vidriosos

- Sí, él me dijo que te trajera, que tiene una sorpresa para ti- le respondió mientras salían del Palacio.

Así los dos salieron, caminaban por un sendero de piedras blancas donde las flores crecían a cada lado. Aika miró a Uinen y le dijo:

- Señora nadie me cree, creen que me lo he inventado.

- ¿Qué es lo en lo que no te creen Aika? le dijo ella mientras se ponía a su altura y lo miraba a los ojos.

- Que él me empujó, yo lo vi. Era un hombre con la cara y el cuerpo pintado y en su frente llevaba una piedra azul que brillaba mucho. El hombre intentaba librase de un monstruo que lo sujetaba.- le respondió Aika.

- Yo te creo y no temas por él, seguro que está bien ahora. Yo te aseguro que ahora está en buenas manos- le dijo Uinen sonriendo

Aika sonrió y así continuaron su camino a Valmar. Las blancas puertas de la ciudad se abrieron y entraron. Caminaron por sus calles hasta que llegaron a los jardines de Lorien, allí estaban todos los Valar junto a las Valier charlando con los elfos, Aika de golpe se paró en seco y Uinen al sentir su mano frenada miró al pequeño.

- ¿A qué los símbolos que has visto son iguales que los que llevan esos hombres?- le dijo mientras miraba hacia donde estaban dos hombres de Makar

- Si, son parecidos.- respondió Aika mirándola extrañado.

Siguieron caminando hasta que estuvieron frente a Manwë, todos miraban el rostro de Manwë que al ver al pequeño fue a su encuentro y le dijo:

- Cada día estás más grande- decía mientras le cogía de la barbilla

- Y más fuerte- respondió Aika mientras alzaba el brazo y hacía bola.

- Jajajaja, ya veo tendré que ir con cuidado contigo- respondió Manwë mientras todos reían ante las salidas del pequeño.

- Manwë, ¿dónde esta Varda, acaso no vino?- le pregunto Aika

Manwë alzó la vista buscando a Varda entre los allí presentes, la vio acercarse a ellos mientras le hacía una seña a su esposo para que no dijera nada. Unas manos suaves como la seda tapó los ojos de Aika y una voz dijo:

- ¿Quién soy?

- Ummm, eres Varda- dijo Aika mientras se giraba y en su rostro se dibujaba una sonrisa.

- Así es pequeñín, ¿por qué me buscabas?- le dijo Varda mientras lo cogía en brazos.

- Té he hecho una cosa. Las cogí de la playa e hice un collar para ti- le dijo mientras de su bolsillo sacaba un collar hecho con conchas y perlas.

Varda miró el collar y parecía más la obra de un adulto que la de un niño y le preguntó:

- ¿Tú solo has hecho esto?

- Si yo solito, Uinen me dio los hilos de plata y mis amigas me trajeron las perlas.- respondió Aika todo orgulloso.

- Es muy bonito Aikanáro, veo que no vas a ser el único sorprendido hoy.- respondió Varda mientras lo dejaba en el suelo y se colocaba el collar.

Varda miraba a Aika al igual que todos los demás presentes, cosa que hizo que este se pusiera colorado como un tomate y se escondiera tras Uinen que lo miraba con dulzura. Aika jugaba con los hijos de las doncellas de Lorien cuando vio a un elfo de cabellos negros como la noche, estaba tumbado sobre un montículo cubierto de césped. Aika sintió curiosidad por aquel elfo que nunca había visto y estaba allí tumbado, se acerco y lo miró fijamente, veía que estaba profundamente dormido pero cuando estaba a punto de acercarse más una voz le llamó:

- Aika, déjalo dormir su momento no a llegado aún. Vamos que Manwë tiene ya tu sorpresa lista- dijo Uinen

- Yo no quería hacer nada malo- dijo con cara de pillo

- No si eso ya lo sé, pero vamos que te están esperando todos- respondió la maia poniéndole la mano en el hombro.

Los dos caminaron bajo los árboles de Lorien, cuando llegaron al gran patio todos estaban allí. Manwë y Varda estaban al lado de una columna donde había algo tapado con un trozo de tela dorada. Aika se acercó a ellos y les dijo:

- ¿Esa es mi sorpresa?

Los dos Valar se miraron y respondieron a la vez:

- Es una de ellas.

- ¿Puedo ver que hay debajo?- preguntó el pequeño Aika mientras los miraba con esa cara de pillo que ponía siempre.

- Si puedes pero ves con cuidado- respondió Manwë.

Aika cogió una de las puntas de la tela y tiro de ella con sumo cuidado, ante él apareció un templete y dentro de el había un halcón pequeño. La alegría de Aika se noto rápido cuando este se lanzó sobre Manwë y lo abrazó con fuerza y le dijo:

- Gracias, lo cuidaré muy bien. Se llamará Findan- le dijo mientras Manwë lo dejaba en el suelo.

- Ahora me toca a mí- respondió Varda

Esta se giró y cogió una cajita de madera que había justo al lado del templete, miró a Aika y se puso a su altura. Aika miraba a Varda a los ojos cuando esta le dijo:

- He aquí un regalo que une lo que tanto amas, las estrellas y los mares- dijo sacando un zafiro azul engarzado en un hilo brillante- El azul de los mares y el brillo de las estrellas llevarás contigo.

- El zafiro que lleva se llama la Lágrima de las Oarnis, es una de las joyas más queridas que tenemos las gentes de los mares- respondió una de las Oarni que estaba presente en la sala.

Aika bajó la cabeza en señal de respeto y dijo:

- La cuidaré como si mi vida dependiera de ello, ya que nunca querría decepcionar a mis hermanas de los mares.

Varda le puso el zafiro en el cuello, a modo de collar. Tenía que ir en su rostro a modo de diadema pero aun no era la hora de que ello fuera posible. Aika se acercó a Uinen y le dijo:

- Señora Uinen, esta joya ya la vi antes, la llevaba ese hombre de la playa pero en su rostro.

- Lo sé pequeño Aika, ¿aún no sabes ver quién es?- respondió Uinen.

Cuando Aika quiso responder se dio cuenta que ya no estaba en los jardines de Lorien sino sobre un acantilado y sobre él Findan volaba haciendo círculos en el mar. Aika estaba extrañado y miraba desconcertado a Uinen, ¿Cómo había llegado hasta allí sin darse cuenta?

- Aika ahora entenderás todo, aquel hombre que as visto en el agua eres tu. Él es Aikanáro Tîwele, tienes que aprender a no unirte tanto a tus recuerdos, ellos pueden jugarte malas pasadas. Tus amigos te esperan en las grandes tierras. Orgullosos estamos los habitantes de los mares de ti, has demostrado ser generoso como nuestros mares, tranquilo como las marismas y fiero como los océanos. Por eso la espada se ha mostrado, todo miembro de la familia de Uinen guarda en su interior una arma mortal, has conseguido ser digno de empuñarla y hasta ahora te ha puesto a prueba. Empúñala con fuerza y libera a tus hermanos. Debajo de la gran serpiente descansan aquellas que en días pasados la habitaran, aquellas que con sus cantos alababan a la naturaleza, libéralas y devuélvelas a la luz, tu corazón limpio de toda maldad te guiará cuando todo parezca estar perdido recuérdalo, ahora regresa. - dijo Uinen

- ¡No puede ser, yo soy Aikanáro y no él! ¿Dónde encontraré esa serpiente?- respondió Aika airado

- Regresa a las grandes tierras allí te necesitan, ahora- le respondió Uinen mientras lo empujaba y caía por el precipicio.

Aika veía como caía por el acantilado y entraba dentro del agua. Su cuerpo se hundía mientras en su cabeza no paraba de pensar por qué Uinen lo había empujado. ¿Qué había hecho para que lo tiraran desde lo alto del acantilado, a qué se refería con la gran serpiente y a aquellas que la habitaron y ahora estaban encerradas?. Su cuerpo se posó en el fondo mientras sus ojos azules se cerraron y un último suspiro se escapó dejando ir las últimas bocanadas de aire.

Otra vez la sensación de cómo fuertes brazos lo alzaban y lo sacaban del agua lo sacó de ese estado de trance, sintió como los dulces labios de una mujer se posaban en los suyos y le devolvía el aire que le faltaba, a cada insuflo de la mujer algo en Aika se iba sacudiendo y fue cuando Aika se alzó de golpe abriendo los ojos, su respiración entrecortada intentaba coger tanto aire como le fuera posible. Miró a la mujer que tenía al lado y vio que era una de sus hermanas que le había devuelto a la vida. Sus ojos se posaron en ella y le sonrió, intento levantarse pero solo consiguió caer de rodillas al suelo, estaba demasiado mareado y débil como para tenerse en pie y dijo:

- ¿Qué me a pasado?, sólo recuerdo haber caído al mar y despertarme en casa.

- Has estado debajo del agua más tiempo del que podías soportar, no pudimos ir a rescatarte antes, ya que, los enemigos nos cerraron el paso, pero ahora no temas descansa, puesto que, por ahora hemos ganado.- respondió Amroth.

- Te encontré gracias a la joya que llevas en la frente, esta brillaba como si fuera un faro en la oscuridad iluminándote- dijo la Oarni que le devolviera a la vida.

- Ahora solo quiero descansar- dijo Aika antes de caer rendido al suelo

Amroth lo miró y tras comprobar que estaba bien ordenó que se lo llevaran al Templete de Ulmo y lo dejaran allí en un gran diván que habían colocado. Lo tapó con la piel de tigre y lo dejó allí reposando mientras las Oarni montaban guardia al alrededor del Templete, sus dulces cánticos se elevaron en la ciudadela, cantaban por las almas de aquellos que habían muerto. Mientras solo una cantaba para Aika, su voz lo ayudaría a recuperarse más rápidamente, sus heridas eran curadas con gran esmero por la doncella mientras el elfo dormía profundamente mecido por el sonido del mar y de las mujeres.

[Editado por tulkas_el_valar el 16-06-2006 11:43]

Kelusse

Este personaje recupera un 35% de vida.