La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Historia Por Vida. Lempë Ohtari. Darlak

2006:07:11:06:49:51

Darlak

Empezaba a hacer frío pues la tarde pronto caería y el sol quería esconderse hasta el día siguiente. Una mano delgada y esbelta escribía en un viejo libro encuadernado en cuero negro. La letra era apretada y angulosa y, poco a poco, iba llenando las hojas de color marfil.

“Ya han pasado varios días desde la aciaga batalla en los bosques de Taurëninquë. El frío viento de las últimas horas de la tarde hace olvidar el calor de estos últimos días mas, en un corazón cansado y herido, hay sucesos que no se olvidan jamás.

¡Cuán desastrosa fue la batalla contra Helkelen Lára! ¡Cuán nefastas y fatídicas sus consecuencias! Cuantiosas son las bajas con las que se saldó esta batalla, numerosas las llagas que abrieron en los corazones de los combatientes.

La ciudad de Mellon Vilya vive temerosa de una nueva incursión enemiga, pendiente cada mañana de que haya malas noticias con respecto a los enemigos. Aún las heridas suturan gotas de dolor y desasosiego para enfrentarse a una nueva batalla.

El rey partió hacia el norte y con él varios de los capitanes más capaces de este reino y durante varios días no se han tenido noticias de todos ellos.

Muchos son los heridos que aún siguen muy graves, entre ellos está nuestro querido Darlak.

Tememos por la vida de nuestro capitán pues tiene una profunda herida a causa de la lanza y no ha parado de sangrar desde que Annamel lo trajo a las Casas de Curación.

Annamel y Valandil no se han despegado de la cama del capitán ansiando que esté fuera de peligro pronto.”

Las primeras estrellas, intentando escabullirse entre las nubes que tapizaban a trozos el cielo, iluminaron el bello rostro de Melêl cuando paró de escribir en su diario. La elfa alzó la mirada hacia la noche que empezaba a caer. Sus ojos cristalinos reflejaron el fulgor violáceo del anochecer al tiempo que su cansada alma rogaba a las recién llegadas estrellas que salvaran a Darlak. Dos lágrimas brotaron de sus heridas pupilas cuando de pronto notó una presencia tras de ella.

-Llora cuanto necesites, las lágrimas reconfortan las almas heridas y quitan las opresiones de los corazones. Ahora es cuestión de tiempo que Darlak tenga ganas de vivir y luche por resistir. Confía en el joven, muchacha…no es un hueso fácil de roer, es un valeroso guerrero y ha demostrado su persistencia y valerosidad. Hace un momento hemos notado una sonrisa en su rostro y eso es una buena señal. – Valandil le puso su mano derecha en el hombro de la elfa. – He venido a decírtelo. Y a que vayas a tus aposentos a asearte y dormir algo.

[…]

En la habitación, el aroma a romero y hierbabuena hacían agradable los sentidos, pero aún así, la preocupación y desazón no se iban. Valandil Súleglîn sentía que Annamel se hallaba inmersa en un mundo de terribles y oscuros pensamientos y se acercó a su amada cuya mirada reposaba sobre los lomos del crepúsculo tardío.

-No te castigues y tortures más, nada de esto es culpa tuya.-dijo Súleglîn con una voz tierna y firme. Sabía que su esposa se culpaba por lo mal que se había desarrollado la batalla y las consecuencias tan terribles de la misma.

Annamel sonrió, besó al maia y se acercó a cambiar los paños que tenía Darlak sobre la frente. El medio elfo aún estaba perlado en fiebre y ésta no dejaba de remitir. Annamel apartó sus cabellos y lo miró apenada, inmediatamente notó como una brisa de aire fresco, puro y liviano entraba en la habitación embriagando cada recoveco con el ameno olor a romero.

Súleglîn había abierto los ventanales de par en par y una brisa purificadora se había colado a ventilar la habitación cargada de un ambiente de desesperanza soporífera.

-No le vendrá mal algo de aire fresco, seguro que aunque no lo pueda decir nos lo está agradeciendo allí donde quiera que esté reposando su mente.

[…]

El medio elfo se hallaba en el interior de un bosque disfrazado con sombras y resguardado por una eterna noche errante. La escasa brisa que por allí pululaba transportaba un aire viciado y cargado, algo le hacía sentir el cuerpo pesado y las energías agotadas. Fue entonces cuando, de repente, de entre las sombras, un jinete con una lanza apareció y arremetió contra él con intención de matarle. En un ágil movimiento, Darlak esquivó aquel primer ataque, pero un agudo e intenso pinchazo en su abdomen le hizo retorcerse de dolor y llevarse una mano al foco del dolor…fue cuando se dio cuenta que tenía una gran herida que no paraba de sangrar…

Instantáneamente, algunos recuerdos vagos de una batalla vinieron a su mente…flashes de un resplandor pasado, de una desesperación olvidada, de un dolor acaecido en el más oscuro rincón de sus recuerdos. Se vio alzando a Envinyanta. Se vio enfrente del enemigo antes de empezar la encarnizada batalla.

Y luego se vio cayendo, se vio en el suelo, sin vida.

De pronto, toda aquella nube de recuerdos se esfumó de pronto.

El relinchar del corcel del jinete oscuro le informaron entonces de que su asaltador se hallaba cerca, a la espera de atacarle por sorpresa. Por ello, Darlak se escabullió entre las sombras del bosque para intentar huir de su cazador.

¿Quién era aquel misterioso jinete?

Estuvo deambulando durante varias horas pero un terrible sentimiento de desorientación se había apoderado de él. Finalmente, decidió sentarse al pie de un frondoso árbol y se recostó en el tronco del mismo. Su herida comenzaba a cicatrizar.

Cabeceó durante algunas horas hasta que un sonoro y brusco ruido lo despertó. El jinete estaba justo delante de él.

-¿Quién eres? – preguntó al tiempo que el jinete se echaba sobre él, tan cerca de su rostro que Darlak se halló raramente sorprendido.

- Vengo a reclamar lo que es mío

- No sé que pretendes pero no voy a dejarme vencer ni por ti ni por nadie- Darlak intentó entonces levantarse para enfrentarse al jinete. - ¡Vete de aquí! Mi momento no ha llegado aún…deja de perder el tiempo conmigo y entretente con otras criaturas que no tengan que luchar por su pueblo al despertar…Yo, aún tengo mucho qué hacer por mi pueblo.

Darlak, después de conseguir que el jinete desapareciera, cayó dormido bajo el árbol.

[…]

Melêl acaba de llegar de asearse y descansar un poco. Valandil Súleglîn y Annamel seguían velando por la evolución de Darlak. Fue entonces cuando un murmullo surgió de la cama donde estaba postrado Darlak. Se giraron y descubrieron gratamente que el capitán había despertado y abierto los ojos. Con dificultad y haciendo un gran esfuerzo, el medio elfo sonrió y volvió a caer dormido.

- ¡Ha vuelto a sonreír y su rostro ha perdido parte de la palidez de antes!- dijo Melêl. – Finalmente el guerrero va a volver a la carga, nuestro capitán aún no ha caído.

[Editado por aratir el 17-06-2006 17:40]

Kelusse

Este personaje recupera un 40% de vida.