La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Historia Por Vida. Lempë Ohtari. Erendel

2006:07:02:16:57:34

Erendel

No sabia donde se encontraba. Todo lo que recordaba eran vagos esbozos de una historia narrada demasiado deprisa, sin detenerse en los múltiples finales de las vidas que terminaban. Solo sufrimiento y dolor deambulaban en el ambiente, mientras la fría risa de la muerte se regodeaba en el cruel espectáculo, penetrando en los corazones afligidos de quienes perdían allí grandes amigos. Pero, sobre todo, aquellos ojos abiertos en multitud de cadáveres, que mostraban no solo la muerte sino la amargura de la ultima despedida a sus familias, que esperarían en vano la llegada de los valientes que habían emprendido la marcha hacia el cruel norte con el anhelo de tiempos mejores para los suyos.

Y aquella gruesa capa de hielo se había convertido en la más fría de las tumbas. Quizás cruzarla había sido una misión precipitada, una absurda marcha en busca de un final que había llegado al fin. Cuando las fuerzas se encontraron, las palabras de muerte fueron las únicas que sobrevivieron a las espadas. Y aquel rojo cubriéndolo todo, porque sí estaban acostumbrados a ese color en otros terrenos, y ver como éste tornaba cualquier otro bello color en una hedionda mezcla roja, en el hielo el espectáculo era aun peor. Grandes coágulos del elemento de la vida corrían como si de una fuente se tratase vertiéndose en un mar que pronto se convertiría en un océano, mientras los cuerpos inertes eran profanados por el peso de la guerra que amigos y enemigos seguían promoviendo.

Erendel no recordaba mucho de lo que allí sucediera y dudaba de donde se encontraba. Había caído bajo el peso de las armas y quizás alguien lo saco de allí evitándole una muerte que había llamado a su puerta invitándole a un viaje sin retorno. No sabía a ciencia cierta si lo que sentía era la realidad un sueño o tal vez el juicio de Mandos, pero lo que su mente le mostraba le producía un gran dolor. Apenas distinguía entre las imágenes que agolpaban su atención y no podía afirmar que tales luchas fuesen las que le enfrentaran en el frío hielo o eran los recuerdos de batallas pasadas en enfrentamientos de otras eras del mundo.

No tenia constancia de si su cuerpo se movía o no pero como si contemplase su propia imagen desde un mirador invisible podía distinguir sus delirios. En ellos, tiritaba cubierto en un sudor frío mientras su cabeza giraba en una dirección u otra, con la mirada perdida, sin ver apenas nada, salvo sombras informes de quién sabe qué seres. Pero, ¿cuál era la verdad de todo aquello? Nadie podía decirlo, ni como ni cuando se sintió desfallecer en la batalla. Un gran silencio volvió a imponerse acallando el dolor y el sufrimiento de todo lo que le rodeaba. Estando en paz consigo mismo se sintió cayendo en un vacío negro, pero en el que no existía el miedo y, sin saber por qué, acabo notando una sensación tan agradable que hacia años que no sentía.

Y todo permaneció como hasta ese entonces. Pero, de pronto, sus oídos le devolvieron a un mundo de gritos y gimoteos de dolor, más cercanos y débiles de como los recordaba. No abrió los ojos por miedo a encontrarse de nuevo en la batalla y temía volver a repetir una y otra vez lo que su mente se negaba a olvidar. Mas armándose de valor y sintiendo una luz cálida sobre su rostro, contemplo de nuevo la fuerza del día. En realidad se trataban de antorchas de brillante y cálida luz y se encontraba en unas grandes carpas destinadas al cuidado de los heridos en el combate. Sobre su frente un paño húmedo se encargaba de enfriar el calor de una elevada fiebre. Intentó moverse, pero su cuerpo no le respondía, pues su torso estaba envuelto en unas finas aunque apretadas vendas que le dificultaban el movimiento y le impedían el levantarse como era su deseo. Se sentía postrado y en cierto modo inútil sin saber cual era su situación y donde se encontraba.

Intento hablar pero su boca estaba seca y su lengua apenas parecía moverse. Solo pudo emitir unos leves gemidos prácticamente imperceptibles dentro del bullicio que reinaba en la zona. Algunas sombras parecían moverse en el lugar y en más de una ocasión creyó distinguir el color rojo imponiéndose sobre todo lo demás. Fue entonces cuando el cansancio volvió a apoderarse de el y cerró los ojos. Mas al poco tiempo una presencia se situó a su diestra y, tras retirarle el paño de la frente, le colocó uno más fresco y saludable que desprendía el claro aroma de las hierbas medicinales. Con esa sensación se sumió esta vez en un sueño reposado y por qué no decirlo, más tranquilo para su atormentado cuerpo.

La mañana presentó su cara más amable con un sol radiante, apenas cubierto por unas suaves y esponjosas nubes. El buen clima hacia su aparición en lo que eran las inmediaciones del mundo helado que extendía sus miembros a lo largo de todo cuanto alcanzaba la vista. Pero esta tregua no disminuía en gran medida el dolor y la tragedia. Muchos de los hombres habían recobrado parte de sus fuerzas, mas alguno de los más graves había perecido durante la noche. Erendel había despertado en calma pero con la garganta aún reseca, pero quizás menos que antes. Seguramente alguien le había refrescado la boca durante la noche, pero ahora volvía a necesitar del liquido elemento y a pesar de sentirse algo más descansado seguía sintiendo dolor por algunas partes de su cuerpo. Pidió un poco de agua a una enfermera que se hallaba cerca suya, atendiendo a otros enfermos. La muchacha no tardó en ofrecerle un poco del refrescante líquido que penetro por el cuerpo del joven herido y le reconfortó el interior.

Supo entonces Erendel que había estado muchos días sumido en un estado de coma mientras se temía por su vida. Finalmente, las heridas que había sufrido en el campo de batalla ya empezaron a curarse y Erendel salió del coma, pero estuvo algunos días en un profundo sueño hasta que había despertado aquella mañana.

Erendel estaba fuera de peligro, por el momento. Ya sólo faltaba que se recuperara del todo.

Kelusse

Este personaje recupera un 35% de vida.