Naredhel Anariel
Fin de batalla:
Fin Guerra: Lempë Ohtari se retira del Combate
Armadas perdidas por \"Realengo de Farothdin\" = 9
Armadas perdidas por \"Lempë Ohtari\" = 27
Victoria para Realengo.

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.
Edicion 3
Finalizada · 19-03-2006
2006:07:02:23:20:12
Fin de batalla:
Fin Guerra: Lempë Ohtari se retira del Combate
Armadas perdidas por \"Realengo de Farothdin\" = 9
Armadas perdidas por \"Lempë Ohtari\" = 27
Victoria para Realengo.
La bóveda celestial nos mostraba a los astros escondidos tras unas nubes impenetrables, el mar se encontraba en poderosa agitación bajo nuestros pies y el cálido viento del sur nos susurraba en nuestros corazones el destino final. Todos estos signos parecían casi presagiar la cruda batalla que se avecinaba sobre el horizonte, una batalla en la que se demostraría toda la gloria de nuestros señores y la fiereza de sus súbditos. El honor y dedicación grabados en lo más hondo de nuestros corazones cual tizón ardiente en las calderas primigenias de los Reyes Enanos. Un emblema que jamás se borrara sean cuales sean las inclemencias que Eru haya dispuesto para nosotros en su infinita sabiduría y gloria. Un signo de nuestra adorada reina Izilsuras y su consorte, el poderoso rey Ílimo. En esta batalla nuestra mismísima reina se encontraba presente inspirándonos así bravura, honor y sobre todo el irrefrenable espíritu de la victoria. Acompañada por sus dos lugartenientes leales, el enigmático caballero negro de la Orden del Lirio Negro, el misterioso Nameless; y por supuesto por la brillante estratega además de extraordinaria guerrera, Aredhel la cual pertenecía a la venerable Orden de la Rosa.
Nuestros barcos insignias, orgullo de nuestra flota, entre los que se encontraba el barco de nuestra reina y líder de la Orden del Lirio negro, la poderosa e inquebrantable Flor de Lis. Siguiendo de cerca la Flor de Lis se encontraban a estribor la Oscuridad Eterna estando a cargo del caballero Nameless y a babor por el Resplandor de Eru cuya capitana era la comandante Aredhel. Estos tres barcos estaban escoltados por una flota de más de 15 barcos de guerra dispuestos a seguir a sus líderes hasta las mismas puertas de la fortaleza de Morgoth si fuera preciso. Esta flota que se dirigía con rumbo firme y sereno hacia la batalla pues sabían que su reina estaba con ellos y fuera cual fuera su destino lo aceptarían gustosos por su reina. Guerreros feroces y entrenados bajo la temple del más abrasador de los fuegos y más impasible de los herreros enanos, una hoja impecable y afilada con la que hender en lo más profundo del corazón de nuestros enemigos.
El Flor de Lis era un espectáculo digno de verse, una bella obra de arte que encaraba en sí misma una máquina de guerra imparable, como su dueña era hermosa a la vez que mortal. El barco tenía de popa a proa aproximadamente unos 25 y 9 metros de alto, siendo hasta el más mínimo milímetro tallado exquisitamente por manos elfas denotando así su terrible eficacia en mar. Cada grabado, cada tallado era como un gran tapiz donde se veía reflejado el alma de todos los madereros elfos que habían dedicado más de una década sólo a la proa del barco. El barco de color dorado pulido reflejo de la nobleza y el poder de su dueña. En la popa del barco se mostraba su noble insignia, la cual representaba la exquisita figura de una mujer elfa vestida con su brillante armadura dispuesta para combatir. La dama elfa tenía los brazos pegados a los lados del barco como sí fuera a embestir a sus enemigos con furia letal mas en su rostro solo reflejaba majestuosidad e intemporalidad, una furia fría y letal guiada por un corazón frío y calculador a la par que sabio. Grabado en la bella coraza de la dama elfa se encontraba labrado una flor de lis justo encima del corazón. El barco como su dueña reflejada un aura de poder y sabiduría palpable a la cual pocos o ningún hijo nacido de Eru podía resistir.
El Resplandor de Eru no era por menos espléndido en belleza y fiereza, mas era distinto como lo eran las almas de sus capitanas. Este barco no gozaba de los mismos detalles que gozaba la Flor del Lis, más los compensaba en que cada detalle estaba preparado para sacar el máximo partido para el combate. Todo el empeño que había sido puesto en los remates del Dorado barco habían sido invertidos en rapidez y eficacia letal, reflejo de la prodigiosa mente a la que pertenecía. Este maravilloso ingenio de la ingeniería náutica desplegaba una amplia gama de ardides que lo hacían terrible en las confrontaciones rápidas o de apoyo. Ya que su velocidad no tenía parangón por ningún otro barco de la flota. Esta misma ventaja junto a la potencia y envergadura de la Flor de Lis hacían esta combinación el terror de los mares. El barco del color de los azules cielos de Lothieren estaba dispuesto para ser difícil de detectar en sus rápidas escapadas, siendo sus dimensiones 1/3 de las de Flor de Lis le permitía aun mayor camuflaje en su entorno. La insignia de este barco era un homenaje sin par, ante la popa del barco se extendía la figura de un humano vestido con hábitos de erudito que mostraba una sonrisa pícara además de unos ojos ardientes, fiel al espíritu de los segundos nacidos.
Y por último se encontraba la Oscuridad Eterna el cual hacía honor a su nombre. Este barco era un digno homenaje a su capitán siendo fiel reflejo de su oscura y atormentada alma. La Oscuridad Eterna, como refleja su nombre, poseía una negrura que parecía eclipsar a los indescriptibles abismos eternos de la creación. Su casco, sus velas, los remos. . . todo en este himno a las tinieblas era oscuro como la condenada alma que se hacia llamar su capitán. Todo aquel que viera este barco sólo podía ver reflejado en él, el odio y desesperación, la maldad en estado puro. Cada detalle estaba diseñado para ocasionar la muerte más horrorosa y la misma esencia del terror a aquel que osara acercarse. Por todo el barco sobresalían mortales pinchos serrados cuyo grosor era equiparable a un brazo de un orco adulto. También podían verse labrados desde la popa a la proa una infinidad de almas atormentadas suplicando por su salvación, de todas las razas o géneros, todos ellos unidos en un oración vacía para su salvación, una oración para Mandos. La insignia de este impío navío de guerra era el esqueleto de una criatura humanoide vestida con un hábito negro roído por las inclemencias del tiempo y los avatares del destino, una criatura dispuesta a segar las almas de aquellos lo suficientemente insensatos como para cruzarse en su camino. La insignia estaba echa de tal forma que a una orden del capitán vomitara vapor por todo su ser que cubría la base del navío, pareciendo así un navío surgido de las profundidades más recónditas y aterradoras de Mordor.
Así pues en el amparo de la noche nos dispusimos a llevar a cabo el ataque al puerto. Este puerto defendido por el poderoso Aikanaro sería una digna adquisición para nuestros señores. Este puerto esta defendido por toda una flota de poderosos barcos en los cuales se encontraban guerreros entrenados a los cuales no debía subestimarse, pues esa prerrogativa podría resultar fatal.
A la hora prevista, la media noche, se ejecuto impecablemente el comienzo de la estrategia que la brillante estratega Aredhel ayudada por el sabio rey Ílimo habían dispuesto la noche anterior. Nuestros barcos se movieron cual maniobra del cisne en lo que parecía una hermosa danza de navíos que se deslizaban en hermosa y mortal armonía. La reina Izilsurias ataco en el frente con su poderoso navío mientras que se cerraba la tenaza mediante sus dos lugartenientes. . . o por lo menos esa debía haber sido la estrategia.
El despliegue de fuerza pirotécnica de los cañones de las dos flotas fue escuchado a varios kilómetros mientras que el cielo fue iluminado con el amargo color de la pólvora de los cañones y los ríos teñidos del rancio color de la sangre. Los navíos de los dos lugartenientes habían trazado un rumbo preciso hasta sus posiciones predeterminadas en este baile mortal que es la guerra.
Mas en medio del despliegue estratégico algo fue imprevisto. . . no contábamos que la fiereza y dotes estratégicas del comandante Aikanaro fueran tan impresionantes. El barco de nuestra reina se encontraba en una posición poco prometedora cuando un barco, mediante un tiro milagroso, logro derribar el mástil de La flor de Lis. De esta manera dejando a nuestra reina a la suerte de sus enemigos. Mediante una rápida reacción de las naves bajo el mando de la reina Izilsurias se pudo contener a los navíos que, bajo su mortal abrazo, pretendían rodearla. Mas no fue así con el barco a cargo del comandante Aikanaro que se dirigía presto a un encuentro con la Flor de Lis, un encuentro de titanes que se decantaría a favor del primero.
Por suerte no todo estaba perdido, ya que un navío aún se encontraba cerca de la posición de su reina, la Eterna Oscuridad. El oscuro e impío navío parecía impulsado por los mismísimos vientos de Manwe, pues cual rauda flecha atravesaba las defensas de la flota enemigo directo al corazón de su enemigo en pos del rescate de su reina. Parecía como sino hubiera fuerza sobre la faz de Arda que pudiera detener a lo que parecía un dardo acuático. El capitán pues, mientras que estaba situado en la proa del barco, con la espada en mano y la vista al frente puesta en la Flor de Lis, clamaba en voz potente a sus hombres que su reina les necesitaba y que votaría a bríos que no fallaría a su reina en un momento tan peligroso para ella. Si algún observador estuviera lo suficiente cerca podría haber escuchado una frase que se repetía una y otra vez en susurros, en incesante letanía: \"Nunca más, nunca más\". En su mente se oían los gritos de aquellos que una vez había amado y a los que había fallado,. . . traicionado. Una vez había echo un juramento de sangre y fuego sobre sus tumbas, un juramento que no pensaba incumplir costara lo que le costara. Así pues en posición de salto el capitán Nameless se preparo para embestir el navío del comandante Aikanaro para detenerlo en su fatal avance hacia su destino. Cuando se encontraban a una distancia cercana Nameless logro distinguir a su rival y a partir de ese momento lo único que le importaría seria vencer a ese hombre, sin importa que o quien se interpusiera en su camino, pues de ello dependía la seguridad de su amada reina.
El ansiado choque de titanes tuvo lugar arremetiendo al barco enemigo por estribor e infligiendo así daños masivos en el barco enemigo. El capitán Nameless se aprovechando el impacto se precipito cual halcón hacia su presa derribando al capitán enemigo por el poderoso impacto resultante. Ambos siguieron impulsados por el choque, atravesando así la pared del camarote del capitán. Mientras en el exterior los guerreros de Aikanaro se intentaban recuperar del impacto y el terror provocado por la maniobra casi suicida del capitán Nameless, pero esos preciosos instantes sirvieron para otorgar la victoria decisiva sobre sus oponentes. Los guerreros de Nameless no se detuvieron ante corte alguno. La sangre fluía a raudales y los miembros eran cercenados pero ni siquiera los guerreros que eran víctimas de golpes virtualmente mortales se detenían en su avance inspirados por su capitán. El cual después de recuperarse del impacto se lanzó con espada en mano a por su enemigo que se estaba recuperando aún. El duelo resultante fue escalofriante de ver, el capitán Nameless sufría cortes horribles por todo su cuerpo pero aun así no se detenía ante su enemigo, propinando así dos golpes por cada uno que sufría.
En el exterior el Resplandor de Eru seguía el plan a la perfección a pesar de la falta de la Oscuridad Eterna. Todos los navíos bajo el estandarte de Aikanaro habían sido acorralados frente al puerto sin escapatoria posible. Infligiendo así una tenaza irrompible a la flota enemiga.
Justo en el momento en que la maniobra esta a punto de dar su toque final la reina Izilsurias advertía mentalmente a este de que debía abandonar el barco junto a sus hombres porque el siguiente ataque podía acabar con su vida también. El caballero Nameless aún en mortal combate y consciente de las posibles perdidas de que tal acto no se realizara le rogó a su reina que continuara su ataque. Su reina protesto mas se desconoce que fue lo que le dijo después en contestación pues en medio de lágrimas la reina desato todo su majestuoso poder. Lenguas de fuego recorrían ahora los navíos enemigos consumiéndolos en el fuego purificador.
El resto de la batalla fue un paisaje funesto. Al ruido de cañones a babor y a estribor se unían los gritos de los guerreros; aullidos y rugidos que reflejaban la realidad que se desarrollaba. . . . ; Que eso ya no era una batalla, era una masacre. Allá donde se extendiera la vista sólo se veían cuerpos por doquier, ya no había ni hombres ni elfos ni enanos ni cualquier criatura que se parecía remotamente a cualquier criatura cabal. Allí donde se mirase sólo había maquinas de matar, bestias sedientas de sangre que defendían a punta de espada o lanza o arco su vida. Y como el ardiente fuego que representaba esa batalla, esta lucha de colosos, se extendía con la misma majestuosidad y devastación. Un espectáculo devastador tanto para el alma como para el cuerpo.
Cuando la masacre se había más o menos disipado, nuestra victoria era palpable. . . . Se habían perdido innumerables vidas en la batalla a favor nuestra, a pesar de eso el dolor no menguaba. Los mares teñidos ahora de sangre y las lágrimas por la pérdida de tantos camaradas.
Esta batalla en la cual la vida de muchos de nuestros camaradas fueron sesgadas por el deber y el honor se grabo a fuego cadente en nuestras mentes y nuestros corazones, dejando una impronta de lo que nuestro deber nos exige. Esa imagen nos recordaría que luchamos en una guerra en que se pierden miles, incluso decenas de miles de vidas. . . Pero son vidas que se ofrecen libremente, en pos de un bien mayor en pos de un don preciado por el que lucharemos con uñas y dientes. Nuestro honor hacia nosotros mismos y hacia nuestros camaradas.
Este espectáculo fue visto desde la costa por una figura de hábitos negros. Esta figura oscura le faltaba el brazo izquierdo y el ojo derecho por lo que parecía una lucha de espadas, además de poseer cortes por todo su cuerpo de mayor a menor grado siendo los peores las amputaciones visibles y las menores los cortes por todo el tórax. Por si fuera poco su piel estaba quemada en la mayor parte de su cuerpo formando una costra enrojecida y supurante que cubría casi todo el cuerpo de forma uniforme.
Esta figura, que aguantaba un castigo infernal en su cuerpo, sostenía bajo su brazo el cuerpo inconsciente y malherido de un poderoso capitán de una flota vencida. Para su posterior tortura en busca de información y devolución a sus reyes. Aunque el valor y honor del guerrero demostrara una fútil tortura.\"
escrita por Sargeras
[Editado por gorathion el 26-06-2006 23:48]
La luna en su estado mínimo apenas alumbraba aquella noche, el aire caluroso asfixiaba hasta a quienes habían vivido la mayor parte de su existencia bajo el candente sol, entre las ardientes dunas sobre tierras lejanas, y el viento producía tal efecto en el césped, que semejaba al mar envuelto en tormentas.
El ir y venir de las olas azotaba los muros deseando derrumbar lo que a su paso encontrase, anunciando que una fuerza enorme estaba pensando en flagelar a la ciudad portuaria. Se sentía en el aire el deseo de la batalla, de arrancar de raíz lo que su aliento envolviese.
Algo le decía a Aikanáro que hoy no sería un día de gloria sino un día de dolor y muerte. Salió corriendo hacia el faro, subió sus escaleras y al llegar a la cima chocó de lleno con la humana que subía raudamente desde la otra entrada. Se miraron con odio pero antes de decir nada notaron como se acercaba una enorme flota enemiga a las costas de Tumbale Hópa.
El guardia se encontraba durmiendo a unos pasos, Aika lo despertó de una patada que lo elevo del suelo y la joven poniéndole la espada en el cuello gritó:
- ¡La ciudad está pronta a un ataque y te dignas a tomarte una siesta! ,¡maldito inútil!.
Ante el feroz remezón el vigía tomó el cuerno con premura y el sonido de alerta se escuchó en toda la ciudad, pero ya era tarde para cualquier maniobra. La flota anclada en el puerto había zarpado para intentar detener el avance de esta. Los dos salieron corriendo cada uno por su lado, mientras Aika se encaminaba hacía el acantilado cuando llegando al risco se lanzó al vació. Este con gran agilidad se agarró al mástil que sostenía las velas y cogiendo un cabo descendió asta cubierta ante la atónita mirada de los soldados. La flota no tardo en ponerse en formación pero estaban acorralados, no podían maniobrar bien en tan poco espacio.
Como pudieron arremetieron contra la flota enemiga, pero Amroth llamó a Aikanáro:
- ¡ Señor hemos perdido a tres navíos ya- pero girándose señalo hacía un grupo de barcos que se batía en retirada.
- ¿Quién comanda esa flota? ¡Decídmelo!- gritó Aika
- Los comandan los lugareños mi señor- respondió Amroth.
- ¡Los haré colgar si salimos de esta lo juro!- gritó Aika desesperado.
Veía como su flota perecía sin remedio y como los navíos comandados por los lugareños los dejaban allí abandonados a su suerte. Y fue cuando Aikanáro vio La Flor de Lis, era el barco de la Reina y hacia el se dirigió.
Mandó virar velas y el barco viró a babor surcando las aguas a gran velocidad seguido pos dos buques. Aikanáro estaba ciego de rabia y no vio acercarse a toda velocidad al navío Eterna Oscuridad que los envistió por estribor. El golpe sacudió a los soldados mas algunos de ellos fueron lanzados al mar por el brutal impacto. El barco quedo escodado a estribor mientras él intentaba levantarse, pronto los gritos de ¡Al abordaje! Se alzaron en la cubierta. Este blandía en una mano el martillo de Makar y en otra la espada de los mares. Aika luchaba en el puente de mandos, los cuerpos se apilaban alrededor de él mientras no cesaba de asestar golpes mortales, fue cuando un soldado se le acercó y este con un rápido movimiento le golpeo con el pesado martillo en la cabeza arrancándosela de cuajo. Aika estaba recuperando el aliento cuando unos pesados pasos le hicieron levantar la vista y ver a Nameless subiendo por las escaleras. Se mascaba el odio entre los dos, cuando Nameless le dijo:
- Has luchado con gran honor pero a llegado la hora de arrodillarse Aikanáro
- ¡Eso jamas, antes la muerte que arrodillarme ante ti!- respondió Aika
- Entonces la muerte es tu destino- respondió Nameless lanzándose a la carga.
Era una lucha de titanes, el ver lucharlos sobre el barco medio escorado. La sangre caía al mar formando pequeñas fuentes, los barcos ardían mientras los gritos de dolor se alzaban junto al olor inconfundible de carne quemada. Por cada golpe que lograba asestarle Aika este le propinaba dos mas, sus espadas entrechocaban, rasgaban la carne del oponente sacando gritos de dolor a la víctima. Pero de golpe el barco empezó a escorar y a crujir, el mástil se partió cayendo sobre el puente de mandos golpeando a Aika que quedó atrapado e inconsciente debajo de este.
Sus hombres habían perecido y prácticamente toda la flota ardía en llamas, este se despertó en la bodega oscura de un barco. Estaba atado por las muñecas a una viga. La armadura le oprimía el pecho haciéndole que le costara respirar, la sangre brotaba de su cabeza resbalaba por su frente cayendo al suelo formando un pequeño charco. Y fue cuando la voz de una mujer le izó levantar el rostro, allí sentada estaba la Reina mirándolo desafiante junto a sus capitanes. Allí postrado estaba él, uno de los grandes capitanes de Lempë Ohtari. Este tiro de las correas pero solo logro que se tensaran más mordiendo la carne de este, las venas se le marcaban en su cuello mientras gritaba:
- ¡Podréis matarme, podréis aniquilar mi cuerpo pero no podréis aniquilar lo que nace del amor, vosotros que vivís en la más densa oscuridad yo os maldigo, ¡YO PRÍNCIPE DE LAS OARNI!
- ¡Ay calla estúpido, hacedle callar ya sus palabras son una ofensa hacía mi!- gritó la Reina
Fue cuando deforme se acercó hasta Aika, en su brazo llevaba un látigo de púas, agarró por los cabellos a Aika, sus ojos se encontraron y las chispas saltaron. Cogió la armadura y la desató, cayendo esta al suelo delante del medio elfo, rasgó las ropas de éste y mirando a la Reina sonrió. Levantó el látigo y golpeó repetidamente y con saña la piel de éste. La sangre no tardó en brotar y resbalar por la espalda pero Aika no decía nada ni un grito ni gemido salió de su ser. Pero eso solo los hizo enfurecer más y fue en busca del látigo de púas. La sangre brotaba sin cesar del cuerpo de Aika y la armadura postrada a sus pies empezó a llenarse de esta, el deforme se acercó hasta Aika y cogiéndole por la barbilla le propinó un sonoro bofetón. Caminó hasta ponerse detrás y acarició el látigo y lo lanzó con fuerza contra la espalda de Aika. Las púas se clavaron en su carne y éste tiró con fuerza hacia atrás rasgando la carne de Aika. El capitán de la compañía de Ohtari se retorció con fuerza tensando más las cuerdas, mientras los latigazos no cesaban de caer sobre su maltrecha espalda, así estuvieron hasta que Aika cayó desmayado por la gran perdida de sangre.
Lo desataron y este cayó al suelo encima de su armadura, su melena dorada se impregnó de la sangre que había en esta, dos soldados lo cogieron por los hombros y lo sacaron arrastras.
Allí en cubierta algunos hombres le propinaron una paliza, lo ataron de manos y pies, y estos últimos los ataron con una rienda a la silla de un caballo que esperaba en el puerto. Y así descendieron los capitanes de Realengo, arrastrando por las piedras calcinadas del puerto a Aikanáro.
El príncipe había quedado nuevamente malherido y su mente ahora se hallaba envuelta en la confusión y la preocupación ,pues hacía días que sabía que una compañía de Lara iba a intentar saquear a la ciudad en que residía su hermano y su cuñada. Hacía tiempo que el elfo no hablaba con Valandil Súleglîn y necesitaba tener una conversación con él…
Aikánaro recuperó el conocimiento e intentó forcejear para soltarse pero de neuvo volvió a caer presa de la inconsciencia y su mente viajó a un lugar lejano donde su espíritu pudiera recuperar la salud poco a poco y volver pronto a luchar. Pero su cuerpo necesitaba ser atendido pronto pues estaba a punto de acabar desangrado y los huesos fracturados necesitaban consolidar.
Por otro lado la dama Sonyariel que había permanecido en todo momento junto con el capitán, luchando como una fiera, y desbancando al ejército enemigo con sus movimientos minuciosamente ensayados y ágiles pudo acabar con gran número de enemigo pero fue la daga de un contrario la que se incrustó y retorció en su abdomen y la causo una herida casi mortal. Ésta al instante se volcó hacia el suelo anteponiendo sus brazos y alzándose haciendo el pino tomó con las piernas al susodicho agresor y partió su cuello con las piernas, acabando así sus energías al máximo y acabando inconsciente sobre la madera del suelo del barco teñida de rojo en su alrededor. Y así vestida con sus pantalones y su túnica color café yació inconsciente sobre el barco la dama hasta que una pequeña tropa de aliados consiguió rescatarla, su rostro denotaba paz, pues tras su herida con ella había caído el que la hirió y el placer que le produjo esa muerte quedó grabado en su rostro. Pero todos sabían que a pesar de la gravedad de su estado de salud no era el momento de su partida hacia el Destino de los Edain.
ESCRITA POR AIKÁNARO(Tulkas_el_Valar)
[Editado por wiccano el 30-06-2006 00:04]
Resumen de la batalla.
Realengo de Farothdin ha perdido 9 armadas x35= 315 puntos.
Recuperables: 210 puntos.
Valoraciones: 8+7,4+7,2+9+6+8= 7,6
Recupera: 160 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 50%, por este concepto recupera 175 puntos. Total recuperación: 335 puntos.
No pierde puntos.
Lempë Ohtari ha perdido 27 armadas x35= 945 puntos.
Recuperables: 315 puntos.
Valoraciones: 7+7,6+7+8+7+8= 7,43
Recupera: 234 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 165%, por este concepto recupera 578 puntos. Total recuperación: 812 puntos.
Pierde: 133 puntos.
Realengo de Farothdin percibe 300 monedas por la victoria en la batalla.
Lempë Ohtari entrega 100 monedas a Realengo de Farothdin por abandono de la batalla.
Compañías actualizadas y listas.