La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Historia Por Puntos. Lempë Ohtari. La última Enseñanza

2006:07:02:15:59:01

Aikanáro Tîwele

Aika caminaba bajo los árboles en dirección a las Casas de Curación para visitar a los pequeños que habían llegado hacía dos días, habría querido ir el primer día pero los papeles lo detuvieron. Las Casas de Curación estaban en un edificio en forma de herradura. Entró por un pequeño sendero y se encaminó hacía los jardines donde supuso que estarían los niños jugando. Pero no había ruido alguno en la zona, ¿Dónde estarían los niños? Fue cuando una de las elfas encargadas en cuidar el jardín le hablo desde detrás de unos setos que estaba podando.

- Si buscáis a los niños no están, se los han llevado al bosque a recoger flores.

- ¡Qué pena! En ese caso, volveré después- respondió Aika mientras se daba la vuelta

- Perdonad, no todos se han ido. – la elfa se acordó entonces de que no todos los niños estaban en el bosque - Junto a la fuente está la pequeña Hínahuore, pero cuidad que no haga esfuerzos ya que aún está muy débil.- le dijo la elfa volviendo a su trabajo

- Tranquila, cuidaré de ella - dijo Aika mientras se encaminaba hacía la fuente.

Aika llegó a un arco hecho de rosales en flor y, con delicadeza, cogió una de ellas. Al lado de la fuente, como le dijera la elfa, se encontraba la pequeña. Estaba hablando con algo pero no lograba ver de qué se trataba, por eso, se acercó a ella. Sin embargo, al pisar una rama, la niña se giró. Aika se quedó asombrado de la belleza de la pequeña que no tendría más de cinco años. Sus cabellos dorados y rizados caían sobre sus hombros mientras unos ojos azules como el mar lo miraban. La pequeña sonrió al verlo y éste se sonrojó. Se acercó a ella y le dijo:

- ¿Me puedo sentar a vuestro lado y haceros compañía?- sin embargo, cuando terminaba la pregunta, Aika vio quién acompañaba a la niña. Era Findan quién estaba junto a ella- Veo que conoces a mi amigo Findan

- No sabía que fuera vuestro amigo, es un honor que os sentéis junto a mí- dijo la pequeña

- El honor es mío al sentarme junto a una niña tan guapa – Aika le ofreció la rosa que había cortado antes- Ten, he cortado una flor para ti- dijo mientras se sentaba junto a ella.

Aika, mientras la contemplaba, vio una gran fuera en su interior. Aunque no tuviera más de cinco años en ella se reflejaba en su rostro una gran entereza y madurez. La pequeña le dijo:

- Es una pena no poder estar bajo los árboles del bosque junto a mis amigos, pero mi salud no me lo permite. Aunque dentro de poco podré verlos desde arriba y volar, Findan me lo ha dicho.

- ¿ A que te refieres con que dentro de poco volaras sobre los árboles?- pregunto Aika, extrañado

- Dentro de poco dejaré de sufrir y mi alma será libre de las ataduras de las grandes tierras- dijo la pequeña mientras sonreía.

Aika se quedo pasmado al ver con que naturalidad hablaba de su muerte, como si ella la liberara. Entonces vio como se le colorearon de rabia las pálidas mejillas y la niña rompió a llorar:

- ¿Por qué a mi? ¿Por qué Eru me ha elegido a mí para morir? No he cumplido los cinco años y no los llegaré a cumplir.

Aika se sintió fascinado por esa niña, vio una valentía que jamás viera en un adulto.

- No puedo contestar tus preguntas, aunque puedo aconsejarte que liberes tu alma de la rabia que pueda atarla a este mundo, habla con el corazón y con el alma- le dijo Aika intentando recuperarse del asombro.

La pequeña miró al agua cuando sintió la mano de Aika rozándole la cara, ésta se giró y le sonrió. Aika se sentía atraído por la pequeña pues no tenia miedo a morir y hablaba de ello con total naturalidad, y fue cuando le dijo:

- Si mañana estás mejor, te llevaré yo mismo a que veas los bosques de Yävetil y te enseñare sus maravillas. ¿Te gustaría?

- Me encantaría pero mis piernas no aguantarían ni cinco pasos, aunque agradezco el ofrecimiento- le dijo la pequeña volviendo la cabeza hacía la fuente.

Aika vio como la pequeña lloraba y cogiendola en brazos le dijo:

- No hace falta que andes, yo mismo te llevare a lomos de mi corcel, los tres iremos al bosque y veras a aquellos que nadie ha visto- le dijo guiñándole un ojo.

- Pero no tengo nada que ponerme para salir con vos, solo tengo este vestido maltrecho- dijo la pequeña cogiéndose el vestido

-Mañana tendrás un vestido digno de una princesa, tú descansa y yo lo tendré preparado todo. Ahora te dejo para tenerlo todo preparado, pero no digas nada, será un secreto entre nosotros-le dijo Aika mientras se levantaba.

- Guardaré el secreto. Hasta mañana Aikanáro- le dijo mientras le daba un beso en la mejilla.

Así se despidieron los dos y Aika se fue en busca de la elfa que encontró al entrar. No tardo en encontrarla. Se acercó a ella y le dijo:

- Mañana antes de que salga el sol os traerán un vestido, vestid a la pequeña Hínahuora ya que me la llevaré al bosque.

- Pero señor no se puede mover, no puede andar- respondió esta

- Ya lo sé, pero yo seré sus piernas no dejaré que se muera sin que vea los árboles de fuego, ella quiere verlos y yo la llevaré personalmente a ellos- le dijo Aika mientras cogía un corcel que había allí atado.

Espoleó al corcel que bajó las calles de la ciudad a gran velocidad, llegó la plaza del Mercado y se bajó de corcel dándoselo a un mozo. Caminó a zancadas entre la gente, y vio lo que buscaba. Allí había una elfa que vendía bellos vestidos, la recordaba porque era la que le hacía sus trajes desde la llegada a la ciudad. Se acercó a ella y esta le dijo antes de que Aika pudiera hablar:

- Buenos días Señor Aikanáro, ¿Qué es lo que deseáis esta vez?

- Buenos días esta vez no es para mí, necesito el vestido mas bonito que tengas, es para una niña de cinco años.- le dijo mirándola a los ojos

- Estas de suerte, hoy terminé uno que es una preciosidad, es un vestido blanco y en el pecho lleva bordado el emblema del reino con hilo rojo. Creo que ese le sentara muy bien a la afortunada, ah mira aquí esta- le dijo mientras lo sacaba de una caja.

- Me gusta, es una preciosidad. Se nota tu traza al bordar. Envuélvemelo- le dijo mientras sacaba una bolsa con monedas de plata y se las daba.

Aika cogió la caja y se fue en busca del corcel, lo encontró pronto y, tras darle una moneda al mozo, subió en su caballo. Galopó hasta la Fortaleza. Bajó del corcel y subió las blancas escaleras de la Fortaleza buscando a Annamel para ver si le agradaba el vestido que había comprado. La encontró junto a su esposo Valandil Súleglin, sentados en un banco besándose. Aika rió entre si como si fuera un pequeño y, tras toser un poco, los dos amantes se giraron y, sonrojados, miraron a Aika. Este descendió las escaleras que daban al jardín y le dijo a Annamel:

- Perdonad pero la premura me llama, ¿Podéis decirme que os parece este vestido? - le dijo abriendo la caja

- Claro que si, Aikanáro- respondió Annamel sacando el vestido y alzándolo, los rayos del sol se posaron sobre este y los hilos de mithril que estaban entremezclados con la tela brillaron.- Me gusta mucho, ¿pero para quién es?

- Es para una niña que conocí hoy en las Casas de Curación. Eso me recuerda otra cosa. Valandil, necesito que llames a los ents y que se dirijan sin demora al claro de los cinco.- dijo mirando a Valandil.

Los ojos de Aika desprendían una luz que pocos habían visto en estas tierras y Valandil le dijo:

- Encantado los llamaré, Alda Coiva ira a tu encuentro, pero toma el cuerno para despertar el bosque durmiente, sóplalo y él responderá a tu llamada- le dijo mientras se desabrochaba el cinto que ataba el cuerno a su cuerpo.

- Gracias, ahora os dejo con lo vuestro que yo tengo que preparar muchas cosas aun.- respondió Aika mientras se iba tan rápido como había llegado.

Esa noche casi no pudo dormir, preparando todo para que estuviera listo para cuando el sol saliera, había enviado a una de las doncellas para que le llevara el vestido y la vistiera ella misma. El momento había llegado, Aika salió de la Fortaleza ataviado con un traje plateado y subió en su corcel negro como la noche. Una pequeña guarnición lo acompañaría en su paseo por el bosque, descendieron las desiertas calles de la ciudad hasta llegar a las Casas de Curación, allí les esperaban las elfas con la pequeña Hínahuore. Aika sonrió, desmontó al corcel y se dirigió hasta la pequeña, l miró y le dijo:

- Estas muy guapa hoy, ¿preparada para un día especial?

- Gracias, adelante confió en ti- le dijo la pequeña tendiéndole los brazos.

Aika la cogió y la sentó delante de la silla, se subió detrás de ella y cogió con fuerzas las riendas. Pero cuando se iba a ir la cuidadora le dijo:

- Id con cuidado, esta débil recordadlo

Aika asintió y se alejó junto a sus hombres, atravesaron la ciudad y tras cruzar la Puerta de Durín galoparon un poco. El viento agitaba el cabello dorado de la pequeña mientras esta reía a carcajadas. Aika la miraba y sentía que lloraría mucho cuando ella se fuera. Entraron en el bosque y Aika, sacando el cuerno, lo hizo sonar. Un sonido puro salió de él elevándose sobre las copas de los árboles, las cuales se sacudieron como si una brisa las acariciara. Aika hablada con la pequeña, la cual le contaba que aceptaba su destino, Eru había decidido que solo estaría ese tiempo en la tierra, y llegado el momento ella saldría de su cuerpo como si fuera una mariposa dejando atrás la crisálida que era su cuerpo. La pequeña en esos momentos dio una gran lección a Aika, sus palabras eran sabias. Aika guiaba al grupo por la espesura del bosque mientras la pequeña veía como las copas de los árboles parecían arder. Las mariposas sobrevolaban sus cabezas cuando una voz se alzó detrás de ellos.

- Bienvenido Aikanáro Tîwele, Valandil me llamó porque necesitas mi ayuda- dijo el Ent mientras estiraba sus ramas.

- Debes de ser Alda Coiva, es un honor hablar contigo. Os presento a Hínahuore, ella es una buena amiga, quería ver los árboles de fuego y así lo hice pero me gustaría poder llevarla a donde descansan ellos- dijo Aika bajando la cabeza

- Podéis entrar, pero solo vosotros dos, los soldados deben de esperar fuera, yo os llevare hasta ellos- respondió el ent.

Se bajó de su corcel y cogió a la pequeña, que miraba extasiada al Ent, había escuchado mil historias sobre ellos y ahora ella estaba junto a uno de ellos. A su paso, una muralla de ramas entrelazadas se abrió a una palabra del Ent, hasta que finalmente apareció el túmulo de los Cinco. Sobre sus laderas crecían los cinco olivos.

Alda Coiva los dejó en el suelo mientras se retiraba y Aika subió la ladera con la pequeña en brazos. La niña miró a Aika y le dijo:

- Te doy las gracias Aika, ya que habéis hecho realidad con creces mi sueño. Eres el único que me ha tratado como una niña normal y no como una moribunda. No pongas esa cara. Sí, moribunda. Los dos lo sabemos y te agradezco que me trates como una niña normal- decía sin mirar a Aika

Aika no tenía palabras para contestar a la pequeña, y fue cuando los ents aparecieron de entre la espesura del bosque. La niña abrió sus ojos como platos mientras señalaba a los árboles, estos empezaron a cantar y su cántico lleno de magia ancestral hizo de el túmulo estallara de flores. Alda Coiva se acercó a ellos y dijo a la pequeña:

- El cuerpo es como la crisálida de una mariposa, a unos les llega mas rápido su momento para volar libres y otros tienen que esperar a que llegue.

El Ent les dio una larga charla, larga para un humano pero corta para un ent, y la pequeña dijo mirando al suelo:

- ¡Cuán ciertas son tus palabras!

- Hínahuore, es hora de regresar, no es sensato que la noche nos coja lejos de la ciudad. Aquí ningún temor tenemos que tener pero se preocuparán por ti sino regresamos pronto.- dijo Aika levantándose del suelo.

- A sido todo un honor conocerte, Alda Coiva, te recordaré siempre- le dijo la pequeña mientras sonreía.

- El honor ha sido mío - dijo el ent

Aika descendió por la ladera y, tras llegar abajo, se despidió de los ents allí congregados, la muralla de ramas que guardaba el túmulo se abrió y tras cruzarla esta se cerró. Allí los esperaban los soldados, estos se acercaron y no dijeron nada, las palabras sobraban en esos momentos. Los dos subieron en el corcel y se dirigieron hacía la ciudad. La noche ya empezaba a vislumbrase cuando llegaron, las calles estaban repletas de gente que, al verlo,s murmuraban diciendo que era una princesa humana. La pequeña en un momento dado le dijo a Aika:

- Me gustaría haber podido ver el mar pero no ha podido ser, ni podrá

- Habrá más días tranquila- respondió mirándola tiernamente.

- No, no los habrá- respondió esta suspirando

Un relámpago sacudió la mente de Aika, ¿podía ser que le dijera que mañana ya no estaría con él? Entonces espoleando al caballo, lo dirigió hacía la Fortaleza, Llegaron a ésta y subieron por las escaleras que conducían al Palacio del Sol. En la explanada ya les esperaban un grupo de bellas elfas, éstas, mirándola, dijeron:

- Ha llegado su momento, debes dejarla ir

- ¡No!.- gritó Aika

Se dirigió hacía los grandes jardines y se sentaron cerca de una fuente. Aika miró a la pequeña y le dijo:

- Cierra los ojos y escucha la voz, ella te llevara a los mares que tanto ansias ver.

- Pero antes de escucharla escúchame a mí. Mi momento ha llegado y los dos lo sabemos por eso te pido que llegado el momento me dejes marchar.

Aika asintió y la pequeña cerró los ojos. Cantó como nunca antes, su voz clara y poderosa se alzó transportando a la pequeña hasta las costas de Valinor. Y fue cuando esta le dijo:

- ¡Lo escucho, lo veo, siento su olor salado llenándome los pulmones, gracias!

Esas fueron las últimas palabras de la pequeña, había muerto con una sonrisa en su rostro mientras Aika cantaba entre lágrimas desgarrado por amor que había crecido tan rápido y fuerte por esa niña.

[Editado por tulkas_el_Valar el 25-06-2006 20:33]

Naredhel Anariel

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