La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Batalla 15. C3 Liantari Dimbar Vs C1 Eirë Esteldor. Saqueo De Amon Duin

2006:07:04:23:49:09

Kelusse

Fin Guerra: Eirë Esteldor se retira del Combate

Armadas perdidas por \"Liantari Dimbar\" = 11

Armadas perdidas por \"Eirë Esteldor\" = 17

Victoria para Liantari Dimbar.

Saqueo de Amon Duin.

Orodril

Ni voro mertye, voro. Indonya nálya.

Orodril abrió los ojos y se enderezó en la silla mientras que por la frente se le derramaban frías gotas de sudor.

-¿Otra de tus pesadillas?-

A consecuencias de aquellas palabras el elfo se giró hacia la cama. A su lado postrado aún en la cama y envuelto en vendas se encontraba Uzbad. Los ojos del enano brillaban como una sonrisa burlona.

-¿Qué tal te encuentras?-

-Bien, gracias a Eru tan solo me hirieron en la cabeza, quizás sea por ello que creo verte aquí ahora, jamás creí que ningún ser de este mundo pudiera llegar a preocuparte, aunque si bien eres una ilusión, bien podría haber alucinado con una enana de sedosa barba, no es por desmerecer la tuya, claro.-

Orodril sonrió y se frotó la barba que ya comenzaba a ser bien frondosa.

-No es que me preocupe, pero siempre viene bien contemplar un rostro conocido, aunque su roncar haga temblar el suelo entero.-

Ambos rieron, más por alegría que provocaba la mutua compañía, que por las palabras.

-Ciervo.-

-¿Ciervo?- repitió Uzbad arrugando el ceño.

-¿Mn?-

-Has dicho…- pero el ceño se alisó de nuevo, todo lo que pudo dado el peso de los años, cuando la entrada a la tienda se agitó- Ah- dijo al fin cuando el cambiapieles hubo entrado -No sabes cuanto agradezco haber nacido enano, creo que no soportaría esas extrañas cualidades de tu pueblo.-

-Aiya toron, Illurë mentanyë-

Pasa y acomódate – dijo el elfo, esperando con suma paciencia que Taursereg tomará asiento en una silla cercana a la entrada de la tienda -Y ahora cuéntanos a que se debe tu visita, pues te creía de campaña en Erun-Dinen -

Taursereg haciendo caso la indirecta del elfo hablo nuevamente en una lengua menos ofensiva para el osco naugrim -La reina se ha enterado de vuestros infortunios y me ha enviado para que os releve mientras vuestras heridas sanan.-

-¿Relevarnos?-

-No puedes combatir tal como estas Uzbad- zanjó el elfo de forma clara e intentado así una discusión, a pesar de saber de ante manos que ante tal hecho el enano no callaría.

-Ni tú tampoco, acaso crees que el golpe me volvió ciego y no veo tu pierna vendada y ese bastón negro tuyo descansado junto a tu asiento, recuerda que fui yo quien casi te rebano la pierna.-

-Puede que este herido pero eso no me excluye de la lucha.-

-A mi parecer, y sobre todo al de la reina, me temo que si -dijo Taursereg interviniendo al fin, y acallando así la discusión entre el elfo y el enano – No ignoro las victorias que has logrado para la reina en estos años, pero he de recordarte que no eres para nada todopoderoso.-

-Es MI campaña.-

-No es tuya, solo cumples ordenes, al igual que yo. Así que por una vez deja a un lado tu maldito orgullo y se humilde. No puedes blandir un arma en tu estado, salvo para ser carne de carroña. Si esto es una riña estúpida entre si es Nimkáno o vuestra merced quien consigue la mayor victoria, no pienso contribuir a tal locura.-

Enojado, Orodril se levantó de su asiento y sujetando con firmeza el pesado bastón de galvorn, hasta que los nudillos se le tornaron blancos, se golpeo suavemente con el puño de éste la cabeza.

-No necesito blandir arma alguna, todo lo que necesito esta aquí, y ten por seguro que te lo demostraré.-

[…]

“Había una vez una pareja de granjeros, que tuvieron un único hijo. Al morir el padre el hijo se hizo cargo del ganado compuesto en su mayoría por ovejas. Como cada año en la plaza del pueblo se celebraba una feria de ganado donde cada granjero vendía o intercambiaba sus piezas por otras. En la feria siguiente a la muerte del padre, el hijo fue a la feria y a cambio de un par de ovejas obtuvo un par de gallinas enfermas y un saco de arroz rancio. Enojado por el engaño, el hijo del granjero espero a la celebración de la siguiente feria.

Fue en la víspera de ésta cuando el muchacho partió al bosque y tras preparar una trampa espero pacientemente que en ella cayera atrapado un lobo. Cuando éste hizo acto de presencia al fin y hubo caído en la trampa, el joven granjero salió de su escondite y armado con un palo golpeo al lobo en la cabeza hasta la inconsciencia.

Entonces, con el lobo inmóvil, envolvió el cuerpo lobuno con la piel de uno de sus más hermosos carneros que la noche antes había matado, y la cosió para darle el aspecto final. Conforme con el resultado, se echo a hombros al lobo y lo llevo al carro con el resto de las piezas y marcho hacia la feria.

Cuando los timadores hicieron acto de presencia, el joven descubrió al lobo disfrazado. Dada la hermosura de la piel que el animal llevaba puesta, los timadores poco tardaron en ofrecer algo por el animal, y gustosos llevaron su adquisición con el resto de su rebaño.

Fue a la noche de aquel día cuando el animal por fin despertó, y al encontrarse entre las ovejas ahogo su hambre en ellas.

Alarmados el balar de las ovejas, los granjeros, que creían por segunda vez haber vuelto a timar al muchacho, acudieron con premura. Al llegar tan solo encontraron al lobo rodeado del los cuerpos inertes de las ovejas, dándose entonces cuenta del engaño.

Las apariencias engañan.”

-Bonita fabula, pero no tengo claro por que me la cuentas- comentó Tausereg a quien la historia le había amenizado un tanto el largo viaje.

-Ya lo verás- concluyo el elfo contemplando la aún infinita llanura.

[…]

Hacia ya varios días desde que divisaran Amon Duin en el horizonte, y aunque ya entonces había contemplado su majestuosidad era ahora cuando estaban a escasos cientos de metros cuando de verdad se podía apreciar la calidad del trabajo. Un muro aparentemente firme y geométricamente perfecto, un castillo con cuatro torres que daban un aspecto realmente amenazador.

-Me preguntaba, en cual de las cuatro torres te gustaría alojarte, Tausereg- comentó alegremente el elfo.

-No vendas la piel del oso antes de haberlo cazado.-

-Me parece que ya lo cazamos, creo que haber visto al menos una hay detrás- señalo el elfo indicando con un movimiento de cabeza el montón de pieles de animales amontonadas en la carreta -Y recuerda joven Tausereg, yo soy tu padre.-

Al temblar la carreta tras arrollar una piedra considerable Orodril volvió a concentrarse en su cometido.

Hacia varios días que habían dividido la compañía a su cargo en dos facciones. La primera se encargaría de la toma de posesiones previas al ataque, la segunda estaría a cargo de la ofensiva. Para conseguir su cometido la primera facción se había dividido y se había dirigido hacia la ciudad desde numerosos caminos, ataviados con ropas de mercaderes, tramperos, cazadores, o simplemente con ropas de aldeanos que supuestamente llegan a la ciudad con esperanza de progresar, en definitiva un sin fin de varios motivos con los cuales alojarse en la ciudad, y siempre con una llegada distante entre cada uno, evitando levantar demasiadas sospechas, pues aunque a pesar del posible movimiento de ciudadanos en tiempos de guerras, la llegada masiva y descontrolada siempre daba que pensar.

Para dicho plan Orodril había que tenido que dejar a un lado las armas, al igual que todos los hombres escogidos para la misma tarea, y tan solo llevaba un cayado donde apoyar su pierna mala, y un cuchillo para manipular alimentos. Tausereg, quien ostentaba el papel de su hijo primero, llevaba un rudimentario arco de caza, una larga daga para abrir la carne y una maza para moler los huesos y permitir así una mejor extracción de la piel. Ambos vestidos con ropas de pieles, y con un cargamento notable de ellas, daban un aspecto creíble de dos cazadores y tramperos.

Dicho papel le había costado más a Orodril, habituado al ambiente urbano, y sobre todo dado a su llamativo aspecto élfico, pues la mayor brillantez de su piel y sus orejas pronunciadas eran un tanto difíciles de ocultar. Sin embargo su larga melena, una densa barba, y haber evitado un trato de higiene durante todo el camino, le habían proporcionado una faceta creíble. Tanto que dado el color verde de ambos, y alguna que otra menor faceta, daba un aspecto familiar a supuestos padre e hijo. Algo que daba a pensar a Orodril que en el caso de que fuera real tal parentesco la mujer que le hubiera dado a luz a Tausereg debería haber sido realmente hermosa.

La llegada a las puertas de la ciudad, y a los guardas encargados de la revisión de todo cargamento suficientemente sospechoso, lo saco de aquellas vías de razonamiento que se habían ido renovando a lo largo del viaje dado que la travesía con Tausereg no era muy proclive a la distracción, ya que éste se mantenía en el casi perpetuo silencio.

Una vez revisadas sus pertenencias, supuesto padre y supuesto hijo se encaminaron a la plaza central donde tenía su ubicación el castillo de Harancár y donde se concentraba también todo el comercio de la ciudad, levantándose en ella un sinfín de puestos. Una vez se hubieron hecho con una plaza y descargaron el cargamento para la venta, Taursereg fue enviado a la búsqueda de un alojamiento próximo a la plaza, y la búsqueda de un oficio acorde con sus fuertes brazos, dejando así la venta a su pobre y lisiado padre.

Amon Duin era un pueblo guerrero sediento en tiempos de guerras, y aunque para disgusto de Orodril ninguno de sus hombres que se comunicaban con el a diario mediante la visita de su puesto habían conseguido un buen puesto en la guardia, si habían recogido valiosa información sobre diversos aspectos de la ciudad, como era el procedimiento en caso de asedio, las vías que se abrían en estos casos, y una visión detallada sobre las defensas de la ciudad en general. Toda esa información era recopilada por el elfo, que además tenia tiempo para entretener a mujeres y niños que recorrían los puestos con fascinantes historias, algo que le servía para ganarse algo más de información y, como no, un poco de divertimento.

[…]

Como cada día la jornada de venta se prolongó hasta tarde, pero aquel día la gris y apelotonada masa que conformaba el cielo, y la caída de un par de rayos en las cercanías hicieron que la mayoría de los mercaderes comenzará la recogida antes de la llegada de la noche para salvaguardar sus siempre preciados productos.

Orodril como buen trampero, cazador y curtidor que era, o que al menos simulaba ser, recogió las escasas pieles que le quedaban en el puesto, y agrupándolas en un fardo, se las hecho a la espalda y comenzó a caminar.

Antes de que llegara a la posada ya había comenzado a llover a cantaros y eran muchas las personas que corrían por las calles de la ciudad en búsqueda de refugio. En una de estas carreras, alguien tropezó con el cayado del elfo y este calló de bruces al suelo, lastimándose la pierna dañada.

-Estos críos no tienen ningún miramiento- comentó el hombre que había acudido a su auxilio.

-El brote joven es lo que tiene, siempre creciendo sin miramientos, hasta el día que sus fundamentos sean más férreos- dijo mientras tomaba el brazo del hombre y recuperaba del suelo su cayado –A fin de cuenta ¿no cree que hoy no sea un día esplendido?- comentó sonriente el elfo.

-Si, señor -dijo el hombre, quien al fin reconocía en el lisiado a su capitán.

Mientras que el soldado que le había auxiliado marchaba con disimulada prisa, Orodril contempló el cielo de nuevo antes de dirigirse de nuevo a la posada.

-Si, definitivamente, un esplendido día.-

[…]

-¿Más cajas?, ¿Illyan es que acaso tu madre te volvió a mandar comida?- comentó el guarda a su compañero viendo como los mozos descargan un par de cajas en el suelo del puesto de vigilancia.

-No se que será esta vez, ya tenemos de todo- dijo Illyan haciendo caso omiso de los comentarios de su compañero.

-Déjame que te eche una mano.-

Ambos se inclinaron las cajas y cayeron degollados en el suelo empedrado.

Unos pasos cercanos alertaron a los soldados liantaris que echaron a un lado los cuerpos de los guardas caídos y tomaron posiciones de ataque. Sus nervios se tranquilizaron cuando vieron que quien se acercaba era Taursereg junto con otros dos hombres.

-Bien, por aquí todo despejado.-

-Todo despejado por aquí también- dijo uno de los soldados que llegaban por el otro lado de la torre de vigilancia.

Unos pasos en las escaleras que daban al piso inferior alertaron al grupo recién reunido que intentaron alcanzar mediante flechas al centinela esteldili que huía escaleras abajo.

Habiendo fracasado en el intento, un grupo comenzó a descender en una desesperada caza, pero un grupo de hombres que subía los retuvo.

-Todo despejado por aquí abajo- comentó el elfo sonriente.

-Maldita sea, quedamos en que no tomarías parte en el asalto- los ojos de Taursereg eran un reflejo de sus nervios. Pues bien hubiera dado un brazo, el ahora herido a poder ser, por dejar aquella contienda claustrofóbica por la que habitualmente realizaba en el abierto bosque.

-Creo que mi iniciativa nos ha salvado a todos, al menos de momento, además, ¿que mejor lugar que éste para contemplar el espectáculo?-

En la lejanía el resonar de los cascos sobre el fangoso suelo comenzaba alzar su voz entre los truenos. Las tropas de Liantari Dimbar que conformaban el grueso del ataque y que habían aguardado pacientemente hasta aquel día cabalgaban al fin hacia la ciudad. Amon Duin, con sus inmensas puertas abiertas y bloqueadas por el enemigo, les daba la bienvenida.

[…]

Todo ocurrió bastante rápido. Desprovistos de la protección de sus murallas los ciudadanos que presentaron batalla murieron arrollados en su mayoría bajo los cascos de los caballos, o abatidos por la las lanzas o las flechas que surcaban silbantes el empapado ambiento, río de sangre aguada. Aquellos que intentaron resguardarse y hacer frente al ejército desde la protección de sus hogares, fueron presa de las llamas, al ser incendiadas sus casas bajo el fuego de teas y flechas incendiarias.

El paso de las tropas de liantari no encontraron grandes obstáculos en su camino al castillo de Harancár. Pero las numerosas estancias del edificio, como las defensas levantadas en algunas de ellas hicieron complicada su registro y ocupación. Pero al fin cada punto de la ciudad fue saqueado y registrado por los hombres de Orodril. Sin embargo, aquella toma había sido demasiado sencilla, demasiado fácil. Algo que extrañaba todos, sobre todo al elfo quien desde hacía ya bastante tiempo recibía informes sobre las defensas de aquellas tierras y ahora se preguntaba donde estaba realmente esas fuerzas de las que tanto le habían hablado.

Inquieto Orodril, envió de nuevo a sus hombres a un nuevo registro de la ciudad, concentrando una mayor atención en el castillo, en búsqueda de alguna ruta alternativa por donde los estendilis hubieran podido escapar. Nada nuevo se halló durante aquella revisión, el resto del pueblo de Amon Duin, parecía haberse evaporado.

Insatisfecho el elfo hizo llamar a varios de sus capitanes a la habitación del gobernador, en la cual se había alojado.

-Cargad todo lo de valor que encontréis de este maldito lugar, y luego quemadlo todo; no sin dar muerte a todos los prisioneros que hayamos hecho, a poder ser de la forma más horrible, ya lo podéis clavar vivos en picas, como atarlo en postes o cruces y fustigarlos hasta la muerte, o quemarlos vivos. La cuestión es no dejar posibles guerreros vivos que nos entorpezcan en un futuro y que el horror de sus muertes empañe los corazones de los suyos. Que adviertan las gentes de Eire Esteldor, cual el castigo por atacar las tierras de la reina. Que adviertan cual es el futuro que les espera.-

[…]

Amon Duin se izaba de nuevo entonces ya no como la gloria que había sido, ahora con sus murallas demacradas por los fuegos, que aún en su interior rugían, y en varias zonas derruidas, eran la imagen del horror y la agonía. Los cuerpos inertes de quienes habían sido testigos de la toma contemplaban con ojos sin vida aquel escenario. Ya fuera desde el suelo o colgados de jaulas o picas, la imagen era la misma. Desolación.

[Editado por Thauld el 28-06-2006 22:39]

Húrin

“La defensa exterior ha caído. Están dentro”

Aquellas palabras, pronunciadas con atropello por un soldado angustiado hacía apenas unos momentos, no dejaban de resonar en sus oídos.

Hacía tan sólo unos minutos creía que la tormenta que tenía lugar tras los muros de Harancár era la más terrible y duradera de cuantas había vivido bajo cielo esteldili, ahora, de pie frente a la ventana y la mirada perdida en el oscuro horizonte, comprendía que la tormenta solamente acababa de empezar.

Se encontraba sola. No, en verdad no estaba sola, pero la falta de Húrin hacía que sintiera un vacío interior que no podía explicar. Éste había recibido demasiadas heridas como para reponerse, y aunque había dejado a un bravo capitán (Erekan) al frente de sus labores, Jade sabía que no era lo mismo. Aún y todo, debería afrontar lo que se le venía encima con la mayor agilidad y astucia posibles.

Amon Duin, la ciudad más segura de Arador, había sido construida sobre Karkatundo, la única colina existente en la zona, dándole por ello una defensa y visibilidad envidiables, habiendo sido diseñada y erigida por militares y siendo la mayor parte de sus habitantes feroces guerreros. ¿Cómo era posible entonces tomar una ciudad prácticamente inexpugnable? La respuesta estaba clara. Sólo era posible desde el interior. Liantari lo sabía, pero ellos parecían haberlo olvidado.

- Reúne al ejército, expulsaremos a esos indeseables de nuestras tierras... Jade, ¡Prepárate!

El tono colérico de Erekan la arrancó de su ensimismamiento, y comenzó a girarse para cumplir las órdenes recibidas cuando un sonido, apenas perceptible por la tormenta, captó su atención. Volvió la vista al horizonte, iluminado intermitentemente por los relámpagos, mas un destello rojizo a su izquierda le dijo que no era necesario mirar tan lejos. Al comprender la magnitud de cuanto veía, sus pecas mudaron de color y sus pulmones olvidaron su función.

- Ya es tarde, Erekan- El aliento entrecortado de la humana hizo que el capitán frunciera el cejo y que el soldado palideciera.

- ¿A qué te refieres?- Ante el silencio de Jade, él mismo se acercó a la ventana y comprobó con estupor cuán tarde era. Aquél sonido, que en un principio no parecía ser más que el eco de la tempestad, era en verdad el atronador galope del ejército enemigo, que se hallaba más cerca de las puertas que ellos mismos.

- ¡A las puertas!- El grito del capitán hubiera hecho retroceder a la propia tormenta de ser eso posible.

- No es posible llegar, mi Señor- respondió el soldado acobardado ante la ira del guerrero- Los hombres que tenían en el interior han masacrado a los centinelas, la primera guardia ha caído. Las puertas han sido tomadas. Los pocos que se han repuesto de la sorpresa a tiempo para la lucha están siendo aniquilados.

- ¡Nos apostaremos en el patio interior! No pasarán de ahí.- Respondió obcecado.

- Erekan…- Jade guardó silencio ante la mirada del capitán.

- ¡No! Sé lo que vas a decir y no voy a escucharlo.

Ambos se observaron un segundo, Erekan a la espera de que ella asintiera, Jade a la espera de que él entrara en razón. Pero el capitán no tenía tiempo para eso, se acercó a Jade con paso amenazante para que ésta supiera que hablaba en serio.

- No abandonaré ésta ciudad, ni a los hombres que aún presentan batalla. Lucharé con ellos y, si es preciso, moriré con ellos. Y tú me seguirás como seguirías a nuestro Duin.

- Sí, te seguiré a esa ratonera si así lo decides… Pero piensa en cuántos más te seguirán, porque serán muchos… y ninguno de ellos saldrá de allí.- Jade podía ver, mientras le hablaba en un tono pausado que no sentía, como la cabeza y el corazón del capitán batallaban duramente. La decisión no era en verdad salvar miles de vidas sino sacrificar otras muchas para tal fin.

En medio de aquél debate que, aún pareciendo eterno, sólo había durado unos minutos, Malek, lugarteniente de la primera compañía, apareció en el rellano en busca, seguramente, de órdenes a seguir. Mas al encontrarse con la confrontación de los capitanes decidió guardar silencio.

- Si fuera tu decisión, ¿Abandonarías a los hombres que aún defienden ésta ciudad? ¿Sacrificarías a aquellos que esperan, espada en mano, nuestra ayuda?- Ante el escrutinio del capitán, ella no pestañeó, lo último que Erekan necesitaba era vislumbrar sus propias dudas, lo miró impasible y asintió lentamente.

- Decidiría salvar a aquellos que aún pueden ser salvados- Su respuesta era dura por aquello que implicaba y el capitán le miró un segundo como si no la conociera. – Piensa, si estuviera el duin aquí... ¿Cómo crees que actuaría? - Finalmente éste asintió y se dirigió hacia Malek.

- Tienes razón. Reúne a todo aquél que puedas encontrar con la mayor brevedad y secreto posible, condúcelos al ala oeste, al segundo nivel. Jade os guiará hasta un lugar seguro.- Dicho esto, el capitán desenvainó su espada y cruzó la habitación rumbo a la salida. Malek ya había abandonado la estancia para cumplir las órdenes recibidas.

- Pero, ¿Qué…? Erekan, ¿No has oído lo que te he dicho? No tenemos tiempo para esto, tenemos que irnos.

- No me desafíes y haz lo que te digo por una vez, no dejaré a esos hombres a su suerte creyendo que su comandante los ha abandonado. Vete ahora y salva a los que puedas. Confía en mí, por favor.

Y allí se quedó ella, mirando la puerta por la que su amigo había salido para dirigirse a una muerte segura.

Un nuevo resplandor a través de la ventana captó su atención, pero esa luminosidad anaranjada no provenía de la madre naturaleza, eran las primeras casas y establos que habían caído presas del fuego enemigo. Aquella visión aceleró su corazón y también sus piernas, pero se concentró en la misión que debía llevar a cabo, y registró a toda prisa cada rincón del edificio arrastrando consigo a todo aquel que encontraba en el camino.

Los guió con toda la celeridad que pudo teniendo en cuenta que mucha de aquella gente eran niños o ancianos y enfermos que necesitaban ayuda para caminar, retrasando la procesión.

Cuando finalmente llegaron al segundo nivel, Malek ya estaba allí acompañando a otro gran grupo.

Jade suspiró aliviada al ver a cuantos habían conseguido reunir. Por suerte, a pesar de la situación, los habitantes no se habían dejado llevar por el pánico y habían recordado las instrucciones en cuanto a lo que habrían de hacer en caso de ataque inminente.

Cuando el lugarteniente informó a la nainir de la carnicería que estaba teniendo lugar en el exterior, reanudaron la marcha, cabizbajos y en silencio, hasta llegar al subsuelo del ala oeste, el tercer nivel bajo la torre Númen, donde un enorme habitáculo que, a simple vista parecía un simple calabozo, los esperaba.

Malek, como otros muchos, miraba boquiabierto y horrorizado aquél lugar que no tenía más salida que la entrada que ellos mismos acababan de cruzar, tres muros de dura y sólida roca grisácea los miraban sobrios, nublando su esperanza y su entendimiento.

Antes de que el pánico precediera al caos, Jade reveló:

- Nuestra duin Nelde ayudó a construir éste lugar, hay magia élfica aquí- Pocos entendieron su explicación hasta que tras unos golpes estratégicos en la piedra y la pronunciación de unas escasas palabras en un idioma que pocos o ninguno entendió, la roca dejó de ser tan sólida y compacta como parecía.

Muchos retrocedieron asustados ante el latir de la tierra bajo sus pies y el desprendimiento de la gravilla sobre sus cabezas. Otros, paralizados, se quedaron donde estaban observando con asombro como el macizo muro se movía entre la niebla de polvo para abrirles paso.

- Hantalë, Serkiel- Susurró la nainir para sí misma.

Cuando el temblor cesó, Jade observó a su gente en silencio; pensando en aquellos que no habían llegado a tiempo y que estaban siendo masacrados unos pocos metros por encima de sus cabezas. Seguramente la fortaleza ya estaría siendo tomada, no podían perder un sólo segundo, pero cuanto más observaba el negro pasadizo por el que debían escapar, más vacía se sentía.

- Señora, no podemos esperar más- Ella le miró como si no entendiera sus palabras- Mi Señora…- repitió.

- ¡Maldición!- gruñó para sí tras su batalla interna antes de dirigirse a Malek. – Condúcelos siempre al oeste, después del tercer giro encontrarás una escalinata, descended por ella y se abrirán ante vosotros tres caminos, tomaréis el de la izquierda y notaréis que la pendiente comienza a subir. Cuando lleguéis a la superficie estaréis a salvo para montar un campamento, aún así aposta guardias en esa salida, si algún enemigo la llegara a cruzar, no tengáis piedad.

- Pero Señora…- La mirada de Jade cortó su queja, el lugarteniente cuadró los hombros- Sí, Nainir.

Una vez que abandonó la estancia de piedra, se deshizo de la capa y los zapatos, ya que no le serían útiles para pasar desapercibida, encarceló sus rebeldes rizos con una cinta y agradeció a los Valar por haberse puesto pantalones aquél día. Suspiró para obligar a sus malsanos pulmones a recibir el aire que se negaban a coger y reemprendió el camino de vuelta, esperando que aquella locura no fuese en vano.

El silencio absoluto fue lo único que encontró cuando llegó al nivel principal. Una vez allí debía tomar una decisión, registrar de nuevo Númen, aún no conquistada, en busca de algún rezagado, o adentrarse en alguna otra ala del castillo a riesgo de toparse con el enemigo. La primera opción no daba lugar a la esperanza pues sólo frente al enemigo encontraría a sus amigos.

Con ese nuevo objetivo en mente, tomó el camino del sur.

Apenas había dado dos pasos cuando un débil sonido llegó hasta sus oídos, parecían pisadas, cada vez más cercanas, de al menos dos o tres hombres. Sólo había dos caminos, ir a su encuentro o volver por donde había venido, pero si volvía podría poner en peligro a los que aún trataban de escapar. Miró su daga irónicamente y arqueó una ceja, poco podría hacer frente a varios hombres armados, con suerte quizá se llevaría a uno en su camino a la oscuridad. En una milésima de segundo trazó su plan, apuntar, disparar, matar y correr. Llevarlo a cabo era otra cuestión. Los pasos resonaban ya a pocos metros de allí cuando se dio cuenta de que los hombres no andaban, corrían. Su tiempo se acababa, aquel imposible plan suyo tendría que funcionar. Salió de su escondite entre las sombras, apuntó y….

- ¡Quieto! – Cuando reconoció la voz del capitán pensó que era el mejor sonido nunca oído en aquella tierra. Allí, de espaldas contra el frío muro, una fuerte mano apretando su endeble cuello y la reluciente hoja esteldili a pocos centímetros de su ojo, a punto estuvo de abrazar a su atacante, que se deshacía en disculpas, por sus endiablados reflejos. Tan aliviada estaba que hizo caso omiso al inevitable sermón del capitán, aunque en medio de la diatriba creyó entender algo como tozuda como una mula, eso la hizo sonreír, Hurin le dirigía esas palabras a menudo.

- Luego podrás refunfuñar, ahora hay que salir de aquí.- Cuando la humana observó al grupo, el alivio fue sustituido por la angustia. Cuatro hombres habían rodeado al capitán, protegiéndole por alguna razón que se le escapaba.

- Sois pocos- Susurró- Muy pocos.

- Y seremos menos si nos quedamos aquí, ¡Vamos!- Erekan salió del circulo humano para tomar la delantera pero frenó en seco al ver que Jade lo miraba como si le hubiese nacido un tercer brazo.

- ¿De dónde ha salido eso?- Hasta que ella se lo señaló, el capitán no supo a qué se refería. Casi había olvidado que llevaba un bebé en brazos. Alzó una ceja divertido.

- Lo hemos encontrado en un cuarto medio derruido. Me gustaría profetizar como los elfos, y decir que en este niño está la salvación del mundo o algo así, pero me parece que deberemos dejarlo para otra ocasión. Centrémonos en desaparecer de este lóbrego pasadizo. ¡Corred! Ya se oyen más pisadas que vienen hacía esta dirección.

Tomaron otro túnel. El camino estaba obstruido en muchas fases, y Jade, junto con Erekan, al ir abriéndolo con su paso, sufrían las mayores heridas. Era tan rápida la marcha, que ninguno de los dos se percataba de la gravedad, pues era más importante salir con vida de aquella oscuridad.

Tras una carrera frenética se toparon con la bienvenida brisa fresca que reinaba en el exterior, azotándoles con fuerza la cara. Fuera les esperaba el resto del grupo, encabezado por Malek, que ya había conseguido atravesar todos los túneles y disfrutaban de la incesante lluvia.

- ¡Rápido, las piedras! – señaló Jade

Enseguida aunaron esfuerzos y taponaron la salida del pasadizo con dos enormes cantos rodados. No sería suficiente para detener al enemigo si encontraban dicho pasadizo (aunque Jade tenía la esperanza de que no lo hicieran) pero sin duda les retrasaría considerablemente si lo hacían.

En un último recuento, se vio que, finalmente, se había salvado bastante gente. A pesar de todo, Jade estaba muy disgustada. No sabía si era por la falta de Húrin, o por la derrota, o por el tiempo lluvioso del que gozaban (quizás, por todo ello), pero su tristeza era latente. Se pasó un buen rato pensando, intentado ver qué más podrían haber hecho, pero por mucho que se esforzó, no se le ocurrió nada. ¿Había sido esa derrota inevitable? Habían hecho todo lo que habían podido, pero no había sido suficiente... \"Pagarán cinco veces este ultraje\" pensó, y con este pensamiento se reconfortó. La hora de saldar cuentas todavía no había llegado.

Por fin. Habían conseguido huir. Pero no había sido fácil. Era el momento de contabilizar heridos, y Jade y el capitán, como se esperaba, se sentían muy magullados. Erekan tenía varios cortes en la cabeza, y una inmensa línea de sangre en el brazo derecho. Jade estaba peor. En un principio no se apreciaron más que unos pequeños cortes en piernas y brazos, pero al quitarse la coraza, emergió una explosión de sangre. A la altura del bazo, ésta emanaba sin parar. Pronto se desmayó y no supo más hasta que se despertó, horas más tarde, en la inmensa oscuridad. Si hubiera sido consciente, casi no le hubiera importado, pues la derrota había sido muy dura para ella.

Kelusse

Resumen de la batalla.

Liantari Dimbar ha perdido 11 armadas x35= 385 puntos.

Recuperables: 257 puntos.

Valoraciones: 7,5+6,6+7,8+8,3+9= 7,84

Recupera: 201 puntos. Este clan ha solicitado daños para sus dirigentes, pero los daños no aparecen en la historia por lo que no serán tenidos en cuenta.

Pierde: 184 puntos.

Eirë Esteldor ha perdido 17 armadas x35= 595 puntos.

Recuperables: 198 puntos.

Valoraciones: 8+8,2+8,4+8,6+9= 8,44

Recupera: 167 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 50%, por este concepto recupera 175 puntos. Total recuperación: 342 puntos.

Pierde: 253 puntos.

Liantari Dimbar recibe 150 monedas por la victoria en la batalla.

Eirë Esteldor entrega 100 monedas a Liantari Dimbar por abandono de la batalla.

Eirë Esteldor entrega 300 monedas a Liantari Dimbar por el saqueo de la ciudad.

Compañías actualizadas y listas.