La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Historia Por Puntos. Helkelen Lara. El Caballo.

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Hathol Karkar

La familia de Hathol vivía en la región de Dor-Lómin, allá al Oeste de Árador, ya que desde hacía mucho tiempo ésa era la morada de las gentes de Casa de Hador, vivían en un pequeño asentamiento de Hombres, junto con otras gentes de la casa de Hador. Su padre, llamado Hareth, era un guerrero al servicio de Fingolfin, Rey Supremo de los Noldor, que se había establecido en Hithlum y era amigo de la Tercera casa de los Edain. Por ello, Hareth, se pasaba la mayor parte del tiempo en la guerra y eran contadas las veces que volvía a Dor-Lómin a ver a su familia. Así, quien cuidaba del pequeño Hathol era Aredhel, su madre, y esposa de Hareth. Aredhel veía como día tras día el pequeño Hathol, que por aquel entonces contaría 8 años de edad, se entrenaba con la espada y el arco, pues quería ser como su padre: un guerrero. Su madre le observaba con ojos tristes, puesto que sabía que el destino de Hathol era el mismo que el de su padre, la guerra, y que como consecuencia de ello cuando creciera estaría más lejos de su hogar y familia, pero más cerca de la muerte.

Ocurrió que, un día, Hareth llegó de improviso a Dor-Lómin, pues había finalizado una de las numerosas campañas que llevaba a cabo Fingolfin contra Morgoth, el oscuro vala que ansiaba el dominio de Beleriand. Hareth fue recibido con alegría por su esposa e hijo, y agasajado con múltiples besos y abrazos, pero no regresaba solo, con él traía un caballo, un hermoso caballo de color grisáceo. Era un animal tan bello que enseguida atrajo la atención del pequeño Hathol, que no podía dejar de observarlo, embelesado, ya que era tan diferente de los caballos que se utilizaban en Dor-Lómin en los arados como lo son un elfo y un enano..

\"¿Por qué traes este hermoso caballo, padre?\" -preguntó Hathol, emocionado- \"Nunca había visto ninguno tan hermoso.\"

\"Este caballo, querido hijo,\" -respondió Hareth orgulloso- \"es descendiente de la más noble y antigua estirpe de caballos, es un caballo élfico. Se llama Asfaloth, y es tuyo.\"

Hathol no podía creer lo que estaba oyendo, cómo podía ser que ese hermoso animal fuera para él, ¿acaso era una cruel broma que le gastaba su padre?. Al ver que Hathol no conseguía articular palabra, su padre prosiguió.

\"Es un presente que te hace Fingolfin, Rey de los Elfos, con la esperanza de que cuando crezcas te sirva para acudir en su ayuda cuando él te necesite, como he hecho yo todos estos años. Tal es la amistad que existe entre nuestras dos Casas\" -concluyó Hareth.

Cuando Hathol se hubo repuesto de la emoción inicial, los tres, Aredhel, Hathol y Hareth, llevaron a Asfaloth, que aún era joven, al cercado donde todos los vecinos tenían sus caballos. Al ver a Asfaloth junto a los otros caballos, Hathol intentó ver y comprender lo que le distinguía realmente de los otros caballos. Asfaloth era más delgado y vivaz, se movía todo el tiempo como si le impacientara estar encerrado, iba y venía con movimientos suaves y felinos, y con la cola levantada en alto. Su cara parecía un poco más ancha, más triangular que en los otros caballos y sus ojos eran muy grandes e inteligentes. Para sopresa de Hathol, de pronto su padre empezó a hablarle al caballo en un idioma que él nunca había oído y del que no entendía ni una palabra. Pero parecía como si el caballo en seguida le prestara atención; se paró y dirigió las orejas hacia adelante en dirección a Hareth y luego, tras un momento de duda, se acercó tranquilamente. Entonces, Hareth frotó la cara contra el hocico del caballo y le habló de nuevo en la suave lengua extranjera.

\"Ven, hijo mío, vamos a montar tú y yo, tú cogerás a Asfaloth y yo a otro de nuestros caballos\" -dijo Hareth a Hathol, y se metió por debajo de los postes de la cerca, arrastrando a su hijo consigo.

\"Pero el caballo es joven...no se puede, no está domado, ¿verdad?\" -objetó Hathol con una clara duda en la voz.

\"Ven aquí, yo te enseñaré, ¡no hace falta que lo esté!\" -dijo Hareth, llamando al joven caballo que en seguida se acercó trotando

Hareth subió al caballo a su hijo con un suave movimiento, y él se subió a otro que había en la cerca. Después, salieron de la cerca al trote, pero pronto Hareth empezó a espolear a su caballo y éste emprendió un galope endemoniado. Al joven caballo de Hathol pronto le contagió la alegría y empezó a correr también, aunque con movimientos saltones, más infantiles. Pronto, Hathol se sintió como embriagado por la velocidad y de sentir el viento ondear en su pelo rubio, cada vez más largo. De pronto, Hathol empezó a comprender lo que distinguía este caballo de los otros, no solamente su apariencia, su manera de moverse, y su estirpe sino también para lo que servía. Pero aun así preguntó y recibió la respuesta que esperaba.

Este caballo era un caballo de batalla. Lo que era importante para la espada también lo era para los caballos: agilidad, agilidad y más agilidad. Sin darse cuenta, Hathol y Asfaloth habían sacado un buen trecho de distancia a Hareth y su corcel, de modo que refrenaron el paso para que aquél pudiera darles alcance. Cuando Hareth hubo llegado a la altura de Asfaloth y Hathol, éste, mirando fijamente a su padre con aquellos ojos de un azul tan intenso y con una expresión resuelta y decidida en el rostro, le dijo:

\"Padre, enséñame el arte del combate a caballo\".

Historias de Dor-Lómin

Libro II: La infancia de Hathol Karkar.

[Editado por Encalion el 27-06-2006 11:38]

Naredhel Anariel

Los Valar otorgan 255 monedas a la historia de Helkelen Lara.