La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Batalla 20. C4 Helkelen Lara Vs C2 Lempë Ohtari. Saqueo De Ostova Lore.

2006:07:07:20:53:58

Kelusse

Fin Guerra: Lempë Ohtari se retira del Combate

Armadas perdidas por \"Helkelen Lara\" = 13

Armadas perdidas por \"Lempë Ohtari\" = 11

Victoria para Lempë Ohtari.

Elêth Niramar

Quinientas hojas de resplandor

Ancestral espíritu guardián

del bosque de los árboles de fuego,

junto con el guerrero acude a luchar.

Gracias a la doncella,

el encuentro tiene lugar.

Por una parte,

el que el bosque del Maia de Lorien y Ulmo cuida,

el pastor.

Y, por otra,

el que la mítica espada porta,

el guerrero

la espada que fue negra y ahora resplandeciente…

[…]

Taurëruin

Hacía la puesta del sol, la doncella se detuvo con su caballo cerca del claro.

Los elfos estaban cantando y sus voces lanzaban una melodía sentimental tan antigua y maravillosa que los corazones se reconfortaban y las penas se olvidaban. La melodía sumergió a Eleth Niramar en un sentimiento de añoranza y melancolía mientras el viento ondeaba sus cabellos.

Estaba en Taurëruin, el bosque que le había visto crecer hasta que partió cuando era joven. Era un bosque hermoso en el que los elfos habían vivido desde tiempos inmemoriales, antes incluso de que la guerra asolara el Reino de los Cinco Caballeros. Aunque muchos de elfos vivían en Ostova Lorë y en la renacida Yavetil, algunos seguían viviendo en el bosque, agrupados en pequeñas aldeas en los escasos claros, generalmente fabricados por ellos mismos, que poseía el inmenso bosque.

De pronto, el canto de los elfos cesó. Consciente de que había sido descubierta, Elêth esperó, deseando que la recordaran a pesar de su cambiado aspecto. No habían pasado más de 15 años tras su marcha, pero su aspecto había cambiado bastante. Ya no tenía las ropas limpias y pulcras que había llevado durante su infancia ni el semblante inocente y tímido. Había pasado meses durmiendo a la intemperie y era más independiente, y segura de sí misma. Intentó mantener la compostura intentando aparentar seguridad en sí misma pero ésta se desmoronaba a cada minuto que pasaba.

Tenía los ojos húmedos cuándo una mujer elfa se dirigió ante ella.

- ¡Salud viajera! –dijo con talante hermético y ambiguo. Consciente de que estaba rodeada, Elêth tragó saliva. Era Laithil, la que en su día había sido su mejor amiga. - ¿Qué os trae por estos bosques en estos tiempos de incertidumbre?

Elêth suspiró desanimada… ¿no la había reconocido? ¿Había vivido toda su vida en el bosque para que, después de 10 años, todos la hubieran olvidado?

- No… no soy una simple viajera –consiguió articular, recordando su misión. Esperaba que su voz no hubiera cambiado tanto como para no ser reconocida tampoco de este modo; empezaba a pensar que la tristeza que la embargaría de ser así no sería capaz de soportarla. –Me envía Valandil Súleglîn, es necesario que…

- ¿Elêth? ¿Eres… eres tú? ¿Elêth Niramar? – Laithil preguntó entonces con una dudosa y fina voz.

Ante la pregunta, Elêth no pudo más que asentir. Miró a su amiga y al no sentir el paso de los años en su rostro se sintió una joven adolescente de nuevo, sin problemas, sin complicaciones, sin preocupaciones mayores que el llegar a casa a comer o el conseguir apuntar con el arco mejor que el resto. Durante unos instantes sintió que todo volvía a ser igual, pero no era así.

- ¡No entiendo cómo no te reconocí antes! ¡Sabía que me eras familiar! Pero… has cambiado tanto… No pareces la misma… - dijo su antigua amiga.

- Me han pasado muchas cosas durante este tiempo –consiguió decir Elêth mientras la felicidad le embargaba.

- Te despediste para no volver, ¿qué te ha traído entonces aquí? –preguntó Laithil, sin esconder su alegría, pero tampoco su curiosidad.

- Vengo en busca de información. Por mandato de Valandil Súleglîn, debo encontrar al jefe Ent Alda Coiva. Se ha presentido un ataque a Ostova Lorë y precisamos ayuda –dijo con expresión dura. Era grato reencontrarlos, pero lo primero era la seguridad de la ciudad.

Los elfos la miraron desconcertados, no habían sido informados de ello en ningún caso.

- Celeval sabe dónde está. Creo que es uno de los pocos que aún se comunica con los ents –respondió Laithil. Al oír el nombre de su tatarabuelo a Elêth le dio un vuelco el corazón. Ya había sido dura la primera separación, no se sentía capaz de aguantar otra.

Sin embargo, comprendió que no tenía más remedio que enfrentarse a su tatarabuelo, Elêth asintió levemente y se dirigió hacia un claro cercano donde se hallaba Celeval practicando con el arco mientras canturreaba una canción que llenó de nostalgia el corazón de Elêth.

El elfo, que había ejercido como padre para Elêth, se giró al notar la presencia de ella. La reconoció al instante y, un segundo después, la abrazaba fuertemente diciendo que creía que nunca la volvería a ver. La joven le devolvió el abrazo con tristeza mientras intentaba serenarse para transmitirle a su tatarabuelo el motivo de su visita. El elfo no hizo preguntas, ni se hizo de rogar. La breve mención de Elêth a la ciudad y a la autoridad que la enviaba fue más que suficiente. Aunque sin haber estado provista de ello tampoco se hubiera negado.

No más de una hora más tarde Elêth se encontraba ya ante el Ent.

Ostova Lorë

“Creía haber visto la luz que guiaría mi destino, pero no fue hasta el momento en que te conocí cuando tu mirada radiante desbancó aquella luz transformándola en una oscuridad terrible comparada con la luz que emanaba de ti. Mis días a veces eran una carga de tanto tiempo como había tenido que soportar las heridas y fatigas de Arda, pero ahora cada día es un regalo, el poder levantarme y ver tu oscuro cabello sobre la almohada, tus mejillas y tus labios color carmín…no hay mejor despertar que el que yo tengo junto a ti cada mañana. Pero ahora la guerra nos separa y no te tengo aquí cerca y todo es oscuro y frío…Annamel no puedo estar mucho más sin ti…el devenir del tiempo se ralentiza y no aguanto ni un instante más tu ausencia…llámame tonto pero tanto aquí como allí, no podría estar sin ti.

Un beso tierno e intenso, Valandil Súleglîn”

Valandil Súleglîn, situado en una de las torres de vigilancia, dejó volar a la paloma que le llevaría el mensaje a su esposa, que se hallaba en el norte, en la guerra. Mientras veía la paloma volar en dirección a su destino, la mirada del maia se quedó mirando en la lejanía la llegada del ejército invasor.

El día había amanecido con bruma matinal. Una tensa expectación embargaba a todos los habitantes de Ostova Lorë al pensar en el inmediato futuro y en lo que éste los traería. El ataque de Helkelen Lára a la ciudad la había presentido Valandil algunas noches atrás, había querido que, cuando el ejército llegara a las murallas de la ciudad que él había construido, lo vieran a él, una sombra que les retaba a sentir su poder. Sin duda, el maia no estaba dispuesto a que la ciudad que había nacido de su pensamiento, de su anhelo, aquélla en la que el había puesto tanto de sí, cuidando su estética, su distribución y su belleza, haciendo que sus habitantes vivieran envueltos en la bondad de su aura. El era el señor del bosque, cuyo corazón era Ostova Lorë.

A lo lejos el ejército invasor se acercaba dispuesto a hacer suya la mítica ciudad, aquella que los valar bendijeran para regocijo del maia, hasta que finalmente las tropas helkerianas se hallaron frente a la ciudad. Valandil dio entonces las órdenes pertinentes a los centinelas de las murallas, no les quedaba más remedio que contener el ejército invasor para hacer tiempo a la llegada de Darlak y su compañía por un lado y la de Elêth Niramar y los Ents por el otro lado. Por eso, el maia usó el arma defensiva de la ciudad.

Fue entonces cuando un potente chorro de luz abrasadora se lanzó al encuentro del enemigo, cegándole. Aquella luz provenía de las torres que protegían la muralla, y su origen era una gema gigantesca situada en cada de ellas, la cual hacía rebotar la luz acumulada en ella hacia un espejo generando aquel chorro de luz, un rayo de energía que se podía dirigir contra lo que se apuntase. Esto pilló de sorpresa al enemigo y durante un buen rato los hizo retroceder hasta que se dieron cuenta de que la luz abrasadora no duraba eternamente sino que se terminaba y no se podía volver a usar hasta que la gema se recargarse de nuevo.

Las tropas de Helkelen Lára prepararon sus catapultas para arrasar las murallas de la ciudad del bosque. El brazo de la primera catapulta se alzó acompañado de un sonido vibrante y lanzó una roca de gran tamaño que surcó en el aire con un balanceo aparentemente grácil y despreocupado.

Unos sonidos de cuernos lejanos irrumpieron entonces en el ambiente. El rostro de Valandil cambió de repente pues supo que Darlak Lórindol, aquél a quien le había confiado la defensa de la ciudad, la defensa de todo lo que el maia había creado con tanta vehemencia, regresaba a socorrer Ostova Lorë. Escuchó su voz aún en la lejanía.

- ¡Galopad mis valerosos hombres, galopad hacia Ostova Lorë!

Y tomó en sus manos un gran cuerno y sopló tan fuerte que el sonido se propagó por todo el bosque, como el rugido de un trueno antes de la tempestad. Y se lanzaron hacia delante, en busca del ejército que en aquel momento estaban preparando las catapultas para arrasar las murallas de la ciudad. Darlak cabalgaba a la ciudad, cuyas murallas le daban la bienvenida. En pos de él iban sus hombres, aquellos que habían combatido por la defensa de la capital del reino y que había fracasado al intentar echar de aquellas tierras al ejercito de Helkelen Lára. Ahora recuperarían el orgullo perdido pues venían dispuestos a impedir que Ostova Lorë cayera bajo sus manos.

Darlak sintió el aura de Valandil Súleglîn agradeciéndole que vinieran a Ostova Lorë.

“Has acudido a mi llamada, mi buen amigo Darlak”

“¿Acaso lo dudabas? El día en el que me nombraste gobernador de Ostova Lorë prometí que haría todo lo posible para que esta ciudad siguiera intacta. En ese momento, mi destino quedó irremediablemente atado al de Ostova Lorë”.

Darlak llegó al camino que conducía a la Puerta Sur de la ciudad donde las tropas enemigas se hallaban atacando la ciudad. Su táctica era sencilla: atacarles directa y contundentemente. Moderando el galope de su caballo, junto a una parte de su compañía buscó a los enemigos que se hallaban en la retaguardia pillándoles de sorpresa. En encuentro fue directo y agresivo. Sintió entonces un furor demente, deseoso como estaba de hacerles caer rápidamente, como si la sangre hirviera en su interior, la sangre guerrera de los edain. Un poco más adelante, la otra parte de su compañía había avanzado para atacar el flanco delantero de las tropas enemigas y, en las cercanías de los muros, los hombres de Caragan lucharon entre las catapultas, matando enemigos empujándolos hacia el fuego que aún quedaba en los muros, generado antes por las gemas de las torres defensivas de Ostova Lorë.

Y, encima de ellas, Valandil Súleglîn dio órdenes a sus centinelas elfos para que lanzaran lluvias de flechas, las cuales iban directas al flanco central del ejército enemigo.

Rápidamente el ejército defensor se halló con el control de la batalla pero no consiguieron desbaratar completamente el asedio ni reconquistar la Puerta del Sur. La disputa entre ambos ejércitos parecía equilibrada y Darlak veía que el desenlace podría deparar cualquier cosa.

Un temblor quebró entonces la tierra. El suelo temblaba mientras los gritos de temor se extendieron por el campo de batalla. Todos miraron hacia el norte, una sombra de desconocida naturaleza avanzaba entre los árboles y el sol, surgiendo entre las ramas de los árboles, fue el que presentó la llegada de los pastores. Los guardianes de los árboles acudían a la defensa de la ciudad del bosque en respuesta al ruego del señor del mismo, Valandil Súleglîn.

Así fue como, traído de lo más profundo del bosque, Alda Coiva, un ser tan antiguo como la misma tierra, el Ent, señor de los árboles, llegó al campo de batalla. Junto a sus Ents rodeó rápidamente las fuerzas enemigas y, aunque algunas flechas llovieron sobre ellos, no les afectaron en absoluto. Sobre las ramas del Ent iba una bella doncella, tan brillante como el mismo sol que la iluminaba y, con ella, portaba su arco presto para la batalla. Elêth Niramar había cumplido su misión. La joven bajó del Ent dispuesta a atacar con su arco a los enemigos. Se halló entonces inmersa en la batalla haciendo caer a algunos enemigos con su arco.

Los Ents consiguieron alejar la batalla de los muros de Ostova Lorë interponiéndose entre el enemigo y la ciudad. Darlak y su compañía, aprovechando esta situación, optaron por retirarse al interior de la ciudad. Fue entonces cuando Darlak cruzó la mirada con Alda Coiva ocurriendo entonces el encuentro que hubiera sido profetizado mucho tiempo atrás. El encuentro entre el Ent y el Guerrero.

- Ostova Lorë hoy ha sido salvada del saqueo gracias a ti, pastor del bosque. Agradezco que hayas acudido a la batalla.

- Es un honor para mí haber ayudado al guerrero que trajo la mítica espada de Turin Turambar a estas tierras. Ahora ve a la ciudad pero te pediría que llevaras contigo a la joven Elêth, la cual ha hecho posible nuestro encuentro.

Buscó entonces a la joven que había venido con los Ents pero no lograba divisarla. La vio entonces tumbada en el suelo, un poco más allá. Su arco estaba hecho pedazos y la joven sangraba por el costado. Corrió hacia ella y comprobó que aún vivía aunque su herida en el costado tenía mal aspecto. La recogió y corrió hacia la Puerta Sur de Ostova Lorë. Antes de perderse por la puerta de la ciudad, Darlak giró su cabeza hacia atrás para echar una última mirada a los Ents. La ciudad estaba salvada gracias a ellos.

Hathol Karkar

\"15 de Halimath de 530 SE\"

La ciudad de Ferith-Ar Karáh volvía a erguirse orgullosa e imponente detrás de sus muros. Trescientos años habían pasado desde el final de las Antiguas Guerras en las que los Reinos de Árador lucharon entre ellos a sangre y lágrimas. No obstante, después de la Guerra, los habitantes de Helkelen Lára, impulsados por sus gobernantes, fueron reconstruyendo y rehabitando poco a poco las ruinas de la antigua capital imperial de Ferith-Ar Karáh, y un siglo después ya volvía a ser una ciudad próspera, rica y llena de vida, tanto que se convirtió al poco tiempo en la segunda ciudad en importancia dentro del Reino de Helkelen Lára, a pesar de su complicada situación geográfica, pero eso se solucionó con la construcción de senderos empedrados y diferentes posadas a lo largo del camino para albergar la multitud de mercaderes, comerciantes y otras gentes que acudían cada semana al mercado de la ciudad durante el período invernal, en el que el frío y la nieve arreciaban con más fuerza.

Las murallas de la ciudad se habían demolido y se habían reconstruido completamente de nuevo, y todas las entradas de la ciudad volvían a tener puertas de hierro, de las cuales la principal era la más hermosa, ya que era la más grande y estaba completamente decorada con relieves. Detrás de esa puerta se extendía una explanada empedrada llamada la Plaza de Laureon, en honor a la escultura que se encontraba en el medio, dedicada a Laureon Ontarwë, un eminente erudito y filólogo de la antigüedad, que fue, además, primero regente y después Rey de Helkelen Lára trescientos años antes, y el verdadero impulsor de la reconstrucción de Ferith-Ar Karáh. En el centro de la ciudad se encontraba la Plaza del Mercado, que bullía ése día con una ferviente y frenética actividad comercial. Al Oeste de la Plaza del Mercado se alzaba imponente la Catedral consagrada a Eru Ilúvatar, ya que poco a poco las gentes venidas del Oeste habían ido imponiendo sin mucho ruido sus creencias religiosas hasta culminar en la construcción de esa grandiosa catedral.

Un poco más al norte de la catedral se encontraba la Biblioteca de la ciudad, era un edificio de nueva construcción, puesto que la otra (ubicada en otra zona) se había demolido debido a su mal estado. La Nueva Biblioteca, que ése era su nombre, era un edificio de planta cuadrada, de tres pisos, con un gran patio central en el que había un bello jardín y una fuente en medio, y rodeado por un claustro columnado. En el perímetro del edificio había una gran extensión de césped, salpicada por algunos árboles, y rodeada por un pequeño muro de piedra de un metro y medio de altura con una pequeña puerta de madera que daba acceso al interior. La biblioteca se encontraba dividida en secciones dependiendo de las materias de los libros que se conservaban, y cada sala albergaba una sección, además, cada sección tenía sus propios copistas, que se encargaban de hacer copias de los libros para trasladarlas a las bibliotecas de las otras ciudades, en un constante intercambio de libros. La sección más grande era la de Historia, y en ella trabajaba un joven copista llamado Solus, un chico de 15 años muy despierto y vivaz, y a la vez un apasionado de la Historia Antigua de Helkelen Lára, su sed de conocimiento parecía no tener límites, y cada vez que su maestro, Orodruil, el Bibliotecario Mayor, se despistaba, Solus aprovechaba para coger uno de tantos volúmenes que había en la sala y se ponía a devorarlo.

Aquella mañana del 15 de Halimath, Solus se encontraba copiando un aburrido volumen sobre las costumbres cotidianas de los habitantes del antiguo Imperio cuando, como hacía cada día, aprovechó un momento de ausencia del Maestro Orodruil para pasear entre las estanterías en busca de nuevas historias que leer. De pronto, su mirada se posó en un grueso volumen de color verde oscuro en una de las estanterías, lo cogió, le quitó el polvo con la manga y lo acercó a la mesa, a la luz de la vela. Era un libro grande y grueso, y sobre todo antiguo, muy antiguo. En la portada se encontraba dibujado el emblema del Reino de Helkelen Lára, y debajo había otro emblema que Solus no supo a qué o a quién pertenecía. Con mucho cuidado abrió el gran libro, en la primera página rezaba el título del libro: \"Las Crónicas de Hathol\". Solus fue hojeando el libro, hasta que llegó a un pequeño relato titulado: \"La derrota victoriosa\". Aquéllo le llamó la atención, ¿cómo podía una derrota ser victoriosa? Así que continuó leyendo.

\"Habían pasado tres semanas desde nuestra última victoria ante los muros de Mellon Vilya. Después de esa batalla decidí, junto con mis oficiales y capitanes, fortificar nuestro campamento con un una gran empalizada de madera, con torres de vigilancia en cada una de sus cuatro esquinas. Los mensajes del Consejo de Ancianos que llegaban de Ost-En-Äel nos ordenaban quedarnos allí a la espera de la reacción del ejército de Lempë Ohtari, cosa que desesperaba a mis hombres, que estaban ansiosos por entrar de nuevo en combate. A los pocos días me llegó la noticia de que el contingente de refuerzo que habíamos solicitado al Consejo ya estaba llegando al fortín, así que decidí salir a recibirlo. Era un gran caravana de soldados y carretas con alimentos, agua y armas, y al mando iba un recio enano de barba rojiza con un yelmo de un solo cuerno, y vestido con una cota de malla y botas de cuero. A la espalda llevaba una pequeña rodela, en el cinto dos pequeñas hachas de combate y en las manos sujetaba una gran hacha de combate de dos filos.

\"¡Salud camarada! Mi nombre es Hathol Karkar, y soy el Capitán de esta compañía\" -le dije, con una sonrisa, al enano, y estrechando su muñeca- \"Me alegra comprobar que no habéis tardado mucho. ¿Cómo ha ido el viaje?\"

\"¡Bah!\" -respondió, con un gruñido- \"Aburrido, no hemos encontrado ninguna cabeza, brazo o pierna que cortar.\"

\"Tranquilo, Maese Enano\" -le respondí jovial- \"Tiempo habrá para que vuestra hacha se ensucie con la sangre del enemigo, pero ahora vayamos a mi tienda, quiero saber qué noticias traéis de Ost-En-Äel\"

Ordené a mi lugarteniente, Durendal, hermano menor del tristemente fallecido Dínendal, que acomodara a los recién llegados y se ocupara de la distribución de los alimentos, el agua y las armas. Mientras, el enano y yo entramos en mi tienda y nos sentamos en la mesa central.

\"Bien, Maese...\" -empecé a decir.

\"Oh, perdonad mi descortesía, mi nombre es Zirakzirak, Enano de la Casa de Linnar a vuestro servicio\" -dijo el enano.

\"De acuerdo, Maese Zirakzirak, ¿qué noticias traéis de Ost-En-Äel?\" -le pregunté.

\"Me han dado estos pergaminos para vos\" -dijo Zirak, tendiéndome unos pergaminos enrrollados y lacrados con el sello real.

Rompí el sello con cuidado y empecé a leer los pergaminos. El primero era una relación de todos los suministros que nos traía la caravana: comida, agua, armas... Zirak me comentó que las armas que traían estaban hechas de un nuevo y raro metal, más liviano y fuerte que el hierro, llamado acero. Me llamó la atención que, en el capítulo de las armas se hiciera referencia a un \"presente para el Capitán Hathol\", y le pregunté a Zirak qué era aquello. Entonces, de no sé muy bien dónde, sacó un pesado saco de tela y lo puso encima de la mesa, y empezó a sacar piezas de una armadura. Cuando las tuvo todas fuera pude observar que se trataba de una espléndida armadura de mithril, de un color totalmente plateado y decorada con filigranas de oro, además, en el pecho lucía el emblema de mi Casa, la Casa de Hador, confeccionado con piedras brillantes de distintos colores. El conjunto lo remataba un espléndido yelmo con visera y con dos alas de dragón a los lados. Me sentí abrumado al ver tan magnífico regalo.

\"Pero...esto...¿por qué?\" -pregunté, sorprendido y a la vez emocionado.

\"Es un presente que os hacen el Consejo de Ancianos y el rey Laureon Ontarwë por vuestras heroicas acciones en estas últimas batallas. Esperan que os dé suerte en las próximas.\" -respondió Zirak.

Cuando me hube repuesto de la emoción inicial continué leyendo los pergaminos. En el último se encontraban las órdenes que nos daba en Consejo sobre nuestras próximas acciones, y comprobé que habían decidido dar un giro a la estrategia de combate, puesto que nos ordenaban el ataque de la ciudad de Ostova Lore, situada al noreste de Mellon Vilya, abandonando así, el sitio de la capital de Lempë Ohtari. Así que, ese mismo día ordené los preparativos para la marcha hacia Ostova Lore. Partimos en tres días. Los soldados se mostraron encantados con las nuevas armas, estaban con la moral por las nubes por cómo se estaba desarrollando la guerra contra Lempë Ohtari. Embutido ya en la espléndida armadura de mithril, cabalgaba junto a Zirak al frente de la columna, acercándonos poco a poco a Ostova Lore. Los exploradores nos iban informando de que otra compañía de Lempë acudía a defender la ciudad, cosa que ya me esperaba. Al cabo de otros tres días llegamos a las afueras de Ostova Lore, y nos encotramos a la compañía de Lempë dispuesta para el ataque ante los muros de su ciudad.

Era una mañana brumosa, y tan sólo se distinguían las siluetas de los soldados del ejército enemigo. Ordené a mis soldados que se colocaran en formación de ataque, con los escudos y las lanzas al frente, mientras Zirak y yo nos manteníamos al frente de la compañía, él con el hacha en la mano derecha y la rodela en la izquierda, y yo con Fealóke, el Dragón Resplandeciente, y mi escudo. El ejército de Lempë se encontraba ante nosotros, siniestramente en silencio, parecía que no se esperaban que atacáramos precisamente aquella pequeña ciudad, pero habían sabido reaccionar a tiempo, puesto que nuestros exploradores nos informaron de que dos grupos de refuerzos de Lempë se aproximaban a la ciudad...y uno de ellos estaba formado por Ents; así que teníamos que actuar rápido y de forma contundente. Dividí a la compañía en tres flancos, con Zirak en el derecho, Durendal en el izquierdo, y yo me quedé en el central. De camino a Ostova Lore habíamos construido dos pequeñas catapultas y un ariete para intentar el aslato a la ciudad, aunque confiábamos más en nuestras propias fuerzas que en aquellas máquinas. De repente una luz muy intensa llenó el campo de batalla, y durante unos momentos quedamos completamente cegados.

\"¡Debe ser una artimaña de los brujos de Lempë!\" -rugió Zirak.

Por fortuna, pronto cesó esa luz infernal y poco a poco fuimos recobrando la vista, así que, sin esperar un segundo más, ordené el ataque frontal al ejército de enemigo, pero dejando al grupo de Zirak a la espera de los refuerzos de Lempë, para que no nos cogieran muy desprevenidos. La batalla fue corta pero intensa, la sangre manaba a chorros de las cabezas y miembros que cortaba Fealóke en su macabra danza. Al cabo de un momento alcé la vista y vi que delante de mí se encontraba un bruto soldado enemigo, alto y muy musculoso, vestido sólo con un taparrabos y luchando con un enorme martillo de gruerra que estaba haciendo estragos entre nuestros hombres, así que me lacé a por él. Entré en el círculo de cadáveres de soldados nuestros que se extendía entre el bruto y la batalla y empecé a lanzarle mandobles, que detenía con facilidad con el mago de su pesado martillo. El cansancio empezó a hacer mella en mí y paré el ataque un segundo, que el bruto aprovechó para lanzarme un potente martillazo que logré detener a duras penas con el escudo, pero la herida que había sufrido en la anterior batalla en ese brazo se abrió entonces y tuve que soltar el escudo. Caí de rodillas merced al fuerte dolor que sentía en el brazo izquierdo, y justo cuando me estaba levantando para seguir peleando contra aquél hombre noté un pinchazo en el abdomen, miré hacia abajo y observé, incrédulo, que una lanza había atravesado la fabulosa coraza de mithril y había alcanzado mi vientre, la sangre manada a borbotones de la herida. La lanza, por supuesto, era empuñada por mi adversario, no obstante, saqué fuerzas de no sé dónde, y levanté a Fealóke por encima de mi cabeza, y de un tajo cercené un brazo de mi enemigo...pero seguía en pie, mirándome con los ojos inyectados en sangre, unos ojos que desaparecieron de repente, junto con la cabeza del bruto, gracias a una pequeña hacha lanzada desde no sabía muy bien dónde.

\"¡Que tenga que venir yo a rescatarte!\" -gritó una voz, alzándose entre los sonidos de la batalla.

\"Zirak...\" -alcancé a balbucir, mientras caía en brazos del fornido enano- \"el flanco...los refuerzos...\"

\"Tranquilo compañero\" -respondió el enano- \"Hemos repelido el ataque de los refuerzos de Lempë, ahora se dirigen a las puertas de la ciudad a seguir defendiéndola.\"

Esa noticia me tranquilizó, y, lentamente, fui perdiendo la consciencia, sumiéndome en un abismo de negrura insondable. La última imagen que tengo de esa batalla es la de Zirak, con su yelmo de un solo cuerno, dando hachazos a diestro y siniestro, rodeado de enemigos y defendiendo mi cuerpo inerte, mientras llamaba a gritos a Durendal y a los demás soldados. Mucho después, cuando recobré la consciencia, en nuestro campamento fortificado, me enteré por Durendal de que finalmente los ents de refuerzo de Lempë habían conseguido llegar e interponerse entre los dos ejércitos, haciendo imposible nuestro avance, y permitiendo la retirada del enemigo al interior de la ciudad. También supe que Zirak había sido herido de gravedad por uno de aquellos seres. Según me relató Durendal, una hermosa elfa de terrible mirada, sentada encima de un ent le había disparado dos flechas con su mortífero arco, una se le había clavado en un hombro y la otra en el muslo izquierdo, y acto seguido el ent le había agarrado con su enorme mano y le había lanzado, como si fuese una piedra, contra nuestros soldados. Por desgracia, o por fortuna, aún dormía el sueño de la inconsciencia.

Después de que los ents entraran en combate Durendal decidió la retirada, ya que hubiera sido inútil luchar contra aquellos seres sin estar preparados, además, nuestras bajas no eran muy numerosas, y si los ents no hubieran llegado a tiempo para salvarles seguramente habríamos ganado nosotros, no obstante, no vale la pena pensar en ello. Pero ésa es la razón de que esa batalla, aunque la perdimos, también la ganáramos. Ganamos confianza, y sobre todo tiempo para preparar la próxima batalla. Y así finalizó otra de nuestras numerosas batallas contra Lempë Ohtari.\"

Solus llegó al final del relato casi sin darse cuenta, la vela estaba casi completamente consumida, y ya se oían los pasos del Maestro Orodruil, acercándose a la sala a comprobar los progresos del joven escriba. Rápidamente cerró el libro y corrió a colocarlo en su sitio, y mientras aguantaba con paciencia la reprimenda y el sermón del Maestro Orodruil por su falta de diligencia a la hora de realizar su tarea, ya estaba pensando en qué sorpresa le tendría preparado el libro que elegiría al día siguiente.

Kelusse

Resumen de la batalla.

Helkelen Lara ha perdido 13 armadas x35= 455 puntos.

Recuperables: 152 puntos.

Valoraciones: 8,7+8+8+8,6+9= 8,46

Recupera: 129 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 80%, por este concepto recupera 280 puntos. Total recuperación: 409 puntos.

Pierde: 46 puntos.

Lempë Ohtari ha perdido 11 armadas x35= 385 puntos.

Recuperables: 257 puntos.

Valoraciones: 9,5+9+7+9+9= 8,7

recupera: 224 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 55%, por este concepto recupera 193 puntos. Total recuperación: 417 puntos.

No pierde puntos.

Lempë Ohtari recibe 150 monedas por la victoria en la batalla.

Lempë Ohtari entrega 100 monedas a Helkelen Lara por abandono de la batalla.

Compañías actualizadas y listas.