La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Historia Por Puntos. Eirë Esteldor. Neula.

2006:07:02:16:58:17

Kelusse

La familia de los Bennethron era humilde. El padre de la familia se llamaba Ellorin y se dedicaba a la pesca, su esposa, Callanda, era una gran cocinera y mientras su marido se encontraba en la mar, cuidaba de sus dos hijos, Giniol y Neula, y visitaba personas mayores que requerían de cuidados que no podía darles su familia, por no vivir en Ringil o bien por carecer de la misma.

Giniol era un muchacho muy alegre, que se encargaba de su hermana menor, a la que adoraba, cuando su madre si tenía que ir a desarrollar sus labores. Era de facciones muy bellas, de piel tersa y bronceada, cabellos oscuros y ojos de un verde intenso.

Neula era una niña feliz que sentía devoción por su hermano. Había heredado, al igual que Giniol, una gran belleza de sus padres.

Durante un invierno que fue especialmente crudo, una gran tormenta azotó las costas de Ringil. La tormenta prolongó su furia durante tres días con sus tres noches. Callanda se mostraba muy nerviosa, puesto que Ellorin había salido a pescar hacía siete días y no se tenían noticias de él. Normalmente no tardaba tanto en regresar.

Todas las noches acudía a la bocana del puerto para ver si en la lejanía se observaba alguna luz que indicara que la barca de pesca de Ellorin estuviera acercándose al hogar. En sus largas esperas le cantaba al mar.

“Mar de Plata, mar de plata, ricos son tus frutos y rica es tu melodía, no nos dejes desamparados, no lo hagas en este día, mar de plata, mar de plata.”

Los niños detectaban la gran ansiedad que consumía a su madre y se mostraban atentos y amorosos con ella. Todas las noches se acostaban en su lecho, para que no fuera consciente de la inmensa soledad que la dominaba.

Transcurrieron muchos días sin noticias. Cuando la tormenta amainó, otras barcas zarparon en busca de los desaparecidos. Las esperanzas eran cada día menores, los temores se incrementaban de forma exponencial.

Finalmente se les dio por muertos. Los marineros de mayor edad barruntaban que la mar exigía un tributo por entregar sus frutos, que era su ley y que todos los marineros y pescadores conocían y aceptaban el pago de ese tributo si les llegaba el turno.

Las mujeres de Ringil consolaban a Callanda. Giniol intentó mantener a Neula alejada de lo que estaba ocurriendo, aun cuando el chico tenía el corazón destrozado, y jugaba con ella.

La vida no fue igual jamás en el humilde hogar de los Bennethron. Callanda no tardó en enfermar, pues había perdido sus ansias de vivir y la dulce mano de la muerte acudió rauda para aliviarla del dolor que la consumía. Su vida se apagó dulcemente, en su lecho, rodeada de sus dos hijos y sus últimas palabras fueron:

- Perdonadme, hijos míos. No he tenido fuerzas. ¡Ellorin, acudo a ti…siempre contigo…!

Giniol y Neula se vieron obligados a convertirse en mayores, aun cuando su edad no lo indicaba. Indudablemente contaron con ayuda por parte de los habitantes de Ringil, puesto que las buenas acciones de la madre hicieron que muchos entregaran víveres a los dos huérfanos.

Giniol no tardó en contactar con un vecino, que disponía de una barca y se ofreció como aprendiz. Trabajaría para él a cambio de una cuarta parte del pescado que él mismo consiguiera, entregando el resto a su vecino como pago por permitirle ir con él.

Las cosas les iban bien hasta cierto punto. Las capturas de Giniol en el barco, les daban suficiente comida como para no tener problemas. Neula se ocupaba de la casa y de la tierra en la que sembraba hortalizas y verduras. Pasaba mucho tiempo sola, trabajando de sol a sol e implorando a los valar que protegieran a su hermano todas las noches antes de dormir.

El destino es caprichoso y demasiado frecuentemente castiga al más débil. Una comitiva de los pescadores más ancianos se dirigía por el camino a casa de los Bennethron. Neula los vio llegar y salio a su encuentro.

- Neula, pequeña…

- ¿Giniol…? –balbuceó la muchachita mientras unas lágrimas empezaban a correr por su cara.

Nadie contestó, pero en sus rostros se veía el fatídico desenlace. Su hermano querido, Giniol, también había sucumbido a los caprichos del mar y se había convertido en parte del tributo que era exigido.

Neula corrió hacia la casa, donde se encerró y pasó tres días en soledad, sin hacer caso a las repetidas llamadas que, a todas horas, se producían en su puerta. No comió nada, no bebió nada, tan solo lloraba y se preguntaba porqué.

Transcurrieron los días y Neula salía de casa para cultivar sus hortalizas, mas no hablaba con nadie. Su rostro se había ensombrecido con el inmenso dolor que se dibujaba en su rictus.

Los meses y años se deslizaban y Neula se convirtió en una muchacha bella, muy bella. Los jóvenes de Ringil la rondaban, mas ella nunca les dirigió ni una palabra, ni una sonrisa.

Muchos de los habitantes de Ringil pensaban que había perdido la capacidad del habla, puesto que desde que dijera el nombre de su hermano nadie había oído su voz y en verdad nadie la había oído porque la desdichada chica no volvió a hablar con nadie.

Algunas noches Neula acudía a la bocana del puerto que tantas veces visitara su madre y en silencio, mentalmente, hablaba con el mar, con la esperanza de recibir alguna respuesta a las preguntas que formulaba. Una noche, que estaba especialmente cansada, se quedó dormida sobre las rocas y en sus sueños se apareció un ser maravilloso, era un hombre o al menos eso le parecía a Neula, era alto, hermoso, de nobles rasgos y con un aura blanquecina. Se dirigió a ella:

- Muchacha, ¿por qué vienes tantas noches a orar delante del mar?

- ¿Quién eres? –replicó mentalmente Neula.

- Soy la respuesta a todas las preguntas. Soy el Señor del Mar.

- ¿Me vas a llevar contigo?

- ¿Es eso lo que quieres?

Neula se revolvía inquieta, sabedora de lo cerca que estaba de su familia, pero muy confundida. Se apresuró para responder afirmativamente a aquella pregunta, pero en el instante en que la respuesta iba a ser dada, despertó, en aquellas rocas, delante de la mar, aterida de frío.

Miró a su alrededor y vio a tres jovenzuelos, que habían tomado más alcohol del que podían tragar. Iban gritando y cantando, ebrios hasta la saciedad. Seguramente el escándalo que formaban era lo que la había despertado.

Uno de los muchachos la vio y se dirigió hacia ella, seguido por sus dos amigos. Llegaron hasta donde se encontraba Neula y la vieron bella, la vieron joven y la desearon.

Neula no contestó a ninguna de las preguntas que le hicieron, no rió ninguna de las gracias, se mostró indiferente sin darles cuartel ni esperanzas.

Los muchachos se pusieron violentos ante tantas negativas y decidieron poner remedio al asunto. Uno de ellos se dirigió hacia Neula y la abofeteó con saña en las mejillas.

Neula cayó de rodillas en el frío suelo. Vio que estaba perdida, no tenía ninguna oportunidad de salir indemne de aquella situación.

Dos muchachos la cogieron por los brazos y el tercero la despojó de las vestiduras a zarpazos. La muchacha lloraba, pero seguía sin decir nada, sus expresivos ojos pedían clemencia, una petición desoída por los violentos, cuya lujuria era cada vez mayor. Los tres veían el premio de sus actos, poseer a aquella bellísima mujer.

Un fuerte viento se levantó en esos instantes y el mar, que hasta entonces se había mostrado dócil empezó a embravecerse. Un fuerte oleaje, salido de la nada, golpeaba con dureza las rocas que se hallaban a escasos metros de donde Neula estaba siendo atacada.

Neula se resistía con todas las fuerzas que tenía, agitándose nerviosamente, lo cual provocó que fuera abofeteada de nuevo. El agresor la miraba a los ojos y en ese instante, Neula le propinó una patada en la entrepierna. El muchacho no pudo hacer nada por impedirlo y se dobló de dolor. En un último esfuerzo sobrehumano Neula se revolvió y consiguió fajarse de sus dos captores, que al estar tan ebrios no controlaban sus cuerpos con normalidad.

Se vio libre, aun cuando no tenía escapatoria posible. Las consecuencias de sus actos serían incluso peores, puesto que los agresores ahora estarían muy enfadados y se mostrarían aun más violentos.

Lo tuvo claro. Oyó de nuevo en su cabeza una pregunta ¿es eso lo que quieres? Y supo que la respuesta estaba muy clara.

Corrió hacia la mar y saltó con los brazos abiertos. Los tres muchachos la perseguían a escasos metros y cuando ella saltó oyeron esa voz que se había mantenido en silencio durante años.

- Madre, Padre, Giniol…acudo a vosotros.

La noble chica abrazó las olas que la zarandeaban. Rápidamente el mar bravío la engulló y la tomó para siempre. El ser que se le había aparecido en sueños la cogió en brazos y le dijo:

- Yo no quería tu sacrificio, mas sabré recompensarte por entregarte a mí.

Una gran ola se alzó y atrapó a los tres desgraciados, llevándoselos mar adentro. Fue el final para los tres.

De nuevo se dirigió aquel ser a Neula:

- Me preguntaste quién soy. Soy Ossë. Dime lo que quieres.

- Mi familia…quiero reunirme con ellos.

- Tu padre y tu hermano están con Uinen, mi compañera. Tu madre no sé donde está. Los perecidos en el mar moran con la Señora de las aguas profundas.

- Llévame con ellos. Te lo pido por favor.

Ossë accedió y permitió la reunión de Neula con Giniol y con Ellorin. La sorpresa fue mayúscula cuando Uinen apareció con su larga melena que se fundía con las aguas de las profundidades, puesto que no vino sola. Dijo que voz aterciopelada:

- Nuestro Señor Ulmo me ha encomendado la labor de acompañar a esta mujer, para que pueda reunirse con su familia. Considera que el sacrificio de tres miembros de una misma familia integrada por cuatro es mayor de lo exigible y quiere que se reúnan para toda la eternidad.

Callanda corrió al encuentro de su familia y la reunión fue entrañable. Sus cuerpos habían desaparecido, mas sus espíritus habían logrado la paz que en vida nunca tuvieron.

Las leyendas de los pescadores de Ringil dicen que cuatro seres apaciguan la cólera de Ossë y no permiten que las tormentas sean tan violentas como las de antaño. Sin embargo el tributo exigido a todos los que viven del mar sigue vigente.

Naredhel Anariel

Los Valar otorgan 270 puntos a Eire Esteldor.