La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Historia Por Vida. Lempë Ohtari. Erendel

2006:07:08:09:51:01

Erendel

Los días se sucedían como en la rutina constante e inexorable establecida en los primeros avances de las barcas a lo ancho del mundo. Pero para Erendel el tiempo parecía detenerse en una eterna vigilia, postrado en aquel camastro sin posibilidad de levantarse y contemplar el firmamento, que consideraría olvidado de no ser por los múltiples rayos del tibio Sol que se filtraban a través de la ajada lona, y que le permitían imaginar el mundo que le rodeaba. Aunque en especial recordaba las blandas tierras del reino de donde provenía y donde había creído encontrar un nuevo hogar como aquél del que tuvo que marchar y que por incontables años no pudo ni quiso olvidar.

La única buena noticia que le llegaba era la recuperación de los hombres de su ejercito, hecho además contrastado por el cada vez mas calmado ambiente que se respiraba, con solo leves rumores prodecentes de los hombres aun graves situados en el fondo de la improvisada estancia.

Erendel, por su parte, creía encontrarse bastante recuperado, aunque aun tenía su pecho y abdomen ceñidos por aquellas vendas que una y otra vez habían sido sustituidas, pero que como si insufladas por una extraña fuerza cobrasen vida propia, se negaban a desaparecer en el olvido.

No obstante, las intenciones del elfo no pasaban por permanecer día tras día esperando, quién sabe cuánto tiempo, a que los curanderos o su propio cuerpo le dictasen cuando podía volver a levantarse y estirar al fin las piernas para pasearse descalzo sobre la hierba de los verdes campos en una mañana clara mientras el rocio envolviese todo a su alrededor con la suave fragancia y la sensación de descanso que portaban consigo.

Hacía escasamente dos días que había conseguido al fin levantarse y, a pesar del dolor, el volver a mantenerse en pie le llenaba de gran felicidad. Sentía la necesidad de volver a defender los ideales de Lempë Ohtari y más aún cada vez que miraba las heridas de aquellos hombres. Ahora no solamente se tenia que contar los muertos de las ciudades, sino que también había que añadir las grandes bajas que se hubieran producido en las otras compañías del reino y que por las pocas noticias que le conseguían hacer llegar, era evidente que la presencia del enemigo no solamente se mantenía, sino que tenia todas las intenciones de seguir y continuar con sus pretensiones de muerte, dolor y sufrimiento.

Y por eso no cabía el autocompadecerse pues no se conseguiría nada. Habían marchado al norte con la misión de mostrar al enemigo las conclusiones de sus actos y una simple batalla no les impediría seguir avanzando. Estas ideas inflamaban el espíritu del elfo de una gran fuerza, y así, contra todo pronostico, pronto pudo cruzar aquella puerta de la tienda y, escapando a los ojos ocupados de curanderos y otros ayudantes, deambuló durante un tiempo por el campamento. Estaba próximo a la cima de una colina desde la que se podía divisar cualquier movimiento enemigo, además de poder ser mas letales si un ataque tal pudiese producirse.

La vista desde el lugar era extraña y, en cierto modo, irreal. La vegetación estaba constituida sólo por unos viejos y retorcidos árboles coronando la pequeña cima. Las cortezas estaban en su mayoría destruidas por el hielo, aquél que se distinguía en la zona hasta donde alcanzaba la vista del mas penetrante de entre los eldar, una capa de hielo fría y dura mantenida por aquel gélido soplo del aire siempre persistente en cualquier estación, o al menos esa era la sensación que todos los hombres tenían de ese lugar: Donde el invierno tenía su residencia y quién desease cruzar sus dominios debería pagar un alto precio.

Los soldados se agrupaban en torno a pequeñas hogueras apenas alimentadas, llegando incluso a usar los pequeños arbustos resecos para aportar algo más de calor, no podían emplear toda la madera que transportaban pues el viaje se presentaba muy largo. Erendel, vagando por entre las hogueras del campamento envuelto en una ligera capa, terminó por centrar su atención en el extenso hielo, situándose en lo alto de la cima.

Así permaneció unos instantes ensimismado en sus pensamientos, hasta que pareció darse por vencido y, rendido de nuevo por el cansancio y el dolor, se dispuso a emprender el retorno a su, por partes iguales, sofocante e imprescindible lugar de reposo. Más de improviso una sombra rauda llamo su atención.

Tan solo un segundo y todo desapareció tras la corteza del viejo árbol. Erendel pensó por un instante que una rama quebrada por el viento podría haberse desprendido del tronco pero no había escuchado crujido alguno y aquella brisa que soplaba en ese instante, a pesar del frío que transportaba no seria capaz de mover ni una sola de las desnudas ramas de aquel anciano bosque.

Sigilosamente se acercó y pronto su curiosidad se vio saciada y en cierto modo se sintió más que aliviado al descartar la presencia de cualquier enemigo en la zona. Era un joven de Lempë Ohtari y por el rostro del hombre, el elfo dedujo que había contemplado la llegada de muy escasas primaveras. Estaba sentado sobre una piedra, recostado contra el árbol y mantenía la mirada fija en los papeles que mantenía en su regazo. En su mano izquierda sujetaba un pequeño tintero escasamente adornado, mientras que con la derecha esgrimía una pluma, sin duda con mayor soltura que la espada, pues en su hombro podía verse claramente un vendaje, que por la sangre que presentaba se intuía que era bastante profundo. Era demasiado joven para la lucha. En su interior sabia que no duraría mucho con vida, pero quería defender sus ideales, defender su hogar, pues por su buen corazón gustaba de ayudar a los demás.

-¿no hace demasiado frío para permanecer aquí?-pregunto el elfo.

El joven se sobresalto y casi derramo el contenido del sencillo tintero.

-Disculpad mi señor, no le había visto. Descuide, en poco tiempo concluiré esta carta y me reuniré con mis compañeros.

-¿Escribiendo a la familia? Tomate tu tiempo, tranquilo, pero pásate pronto por la tienda de los curanderos para que revisen esa herida. No tiene buena pinta.

-Lo intentare señor. Pero esta carta no es para mi familia. Muchos de mis compañeros no pueden dedicar tanto tiempo para dedicarse a esta tarea y más cuando puede resultar infructuosa. Pero esta en su corazón el que sus sentimientos no caigan en el olvido si la guerra los acaba por detener. Desean que sus familias sepan que se encuentran bien. Bueno en realidad procuro ser tranquilizador en la medida de lo posible y por fortuna aun no he tenido que escribir ninguna noticia nefasta. Solo espero tener la ocasión de enviarlos cuando me sea posible, aunque quizás como dicen solo sean los sueños de un loco y nunca nada de esto llegara a manos de nadie, salvo las mías.

Durante unos minutos continuaron la conversación y así Erendel que se intereso en lo que el joven le contaba, conoció los motivos por los que el joven Mendelor había acabado en aquella compañía. Pertenecía a una familia humilde y trabajadora y ya desde su niñez había destacado como un muchacho de mente ágil y espíritu despierto. Y por ventura cerca de su casa vivía un hombre dedicado a las letras que le tomo a su cuidado para que este le realizase recados o como mensajero. Pero disponía de mucho tiempo que dedico al arte de las letras. Pero en un ataque de un grupo de orcos a su aldea su maestro fue abatido y solo pudo huir junto con los demás. Desde entonces se prometió vengarlo, por lo que en solitario se dispuso a aprender el manejo de la espada, apuntándose con mayor espíritu que confianza en los centros destinados a la guerra. Esa era su historia.

-Pues bien, puesto que no hay nadie destinado al cargo en estos momentos si tú quieres te pondré a mi servicio para las labores de comunicación con nuestros territorios y ejércitos. Además en la medida en que tus posibilidades lo permitan podrás continuar con la labor que realizas para con tus compañeros y ten la certeza de que llegaran a destino, así como las respuestas a ellas, por lo que podrás esmerarte a fondo.-En ese momento el rostro del joven se ilumino con una sonrisa y no pudo articular nada salvo un leve y sincero gracias. Cuando concluyas búscame en la tienda de curación, pues hacia allí encamino mis pasos y pronto podré encomendarte algunas tareas, por lo que podrás recoger tu espada y vengar a tu maestro con la escritura que puede ser mejor y mas fuerte que el frío acero, aunque si sigues interesado podrás instruirte algo mas en su manejo aunque por tu cargo permanecerás fuera de la lucha.

El elfo se despidió del joven que agradecido inclino la cabeza y acepto con sumo gusto su nuevo cargo, prosiguiendo a continuación con ánimos renovados, a concluir la misiva, que ahora sabia que si llegaría y su labor no seria vana. Echo esto descendió con buen paso hacia el centro del campamento donde le esperaba su nueva labor y su nueva vida, que le habría sus ilusiones a un nuevo mundo, aquel que veía en sus fantasías pero que ahora era real.

[Editado por javtrey el 05-07-2006 20:10]

Naredhel Anariel

El personaje de Erendel recupera un 35% de vida.