Sonyariel Lisse
La penumbra reinante... el susurro del viento... y de un mar danzante que por primera vez vi en tus ojos, y prometí no acercarme nunca, por tu recuerdo... y ahora veme en las costas infinitas... a punto de caer en la oscuridad...
Las lágrimas saladas caían sobre los hombros de la humana en forma de lluvia, pero era el dolor y el horror de estar ahí, en aquel lugar sin nombre. Sintiendo su presencia, envolviéndola como a una presa.
Tu mirada esquizofrénica estaba en todas partes, hasta que se detuvo delante de mí...Por qué... dónde se fue aquél que tanto amé... y que se consumió transmutándose en el ser más horrendo de la tierra.
Como una sombra se acercó y acarició su rostro tembloroso... tantos recuerdos llegaron en ese momento...
Era una niña cuando lo conoció y después de ello no existió más mundo que aquel ser hermoso de brazos protectores, unos brazos paternales que nunca tubo la oportunidad de sentir de su propia sangre, mas también supo destruir todo lo que la rodeaba, por la ira desenfrenada que sólo trajo locura y secó el alma de quien amaba... mi amado...
Luego una caricia... una caricia que se transformó en una herida profunda, fría y las palabras se sintieron como ecos en un infinito desconocido que llegaban sin voz... transformándose en imágenes de una vida pasada... una vida olvidada tras un viaje de algunos sobrevivientes de la masacre de un pueblo hermoso... más allá de las montañas... donde el desierto se hace uno con el cielo y los pasos de muchos son bendecidos en aquellas tierras áridas que estaban llenas de secretos y de una vida emergente y enigmática. Un pueblo mágico plasmado en cada flor que brotaba gracias al soplo de la hermosa Yavanna, que una vez al año recorría aquellas tierras olvidadas por los demás seres que transitaban por las tierras del arda.
- Sonrariel...Te estaba esperando... Te dije que tarde o temprano nos veíamos nuevamente la cara traidora.
- Mi amado esposo... tú sabes que no fue así...
- ¿Qué no fue así humana? Por la eternidad sentiré una y otra vez como tu espada destruía mi ser, y las carnes que nunca cerrarán...
- Ese fue tu destino... ese fue tu castigo... y el acto mismo me destruyó el alma...
- Tu castigo... no debiste nacer... eres hija de la maldad pura... tu y tu padre... partes de una raza maldita...
- Y por qué me hiciste tu mujer, por qué pusiste en mi vientre el fruto de la vida que anhelaba tanto... Era una niña pero te amé tanto... si hubiera maldad en mi alma no te habría amado nunca... en mi sangre no radica lo que tu llamas maldad... pero ella sí se radicó en tu espíritu... ¿no recuerdas tus actos?
- Yo tenía toda la eternidad y tú no eras más que una más entre tantos, y pronto acabarías en las sombras...y mis actos... solo hice lo correcto... Nunca perdonaré que me ocultaras tu procedencia... Eres un ser maldito como todos los que pertenecen a esa casta...yo juré acabar con todos... Pero se que muchos más lo lograran por mi.
La humana levantó el rostro, sintió el agua salada caer directamente sobre su rostro.
- Los dioses lloran... no por mi... por ti... me das lástima... Tu espíritu corrompido no logrará nunca descanso... ¿Qué acaso no vez que te has transformado en lo que tanto odias? Odiaste a un ser que entregó todo por ti, odiaste a alguien que nunca te hizo daño porque sólo amor había en su alma, odiaste a una criatura recién nacida sólo por el hecho de ser mi hija... Y olvidaste que también era tuya... Y tu odio te llevó a asesinar a un pueblo inocente, y a una criatura bendecida que lo primero que vio fue tu rostro al nacer regalándote la más hermosa de las sonrisas... No quiero sentir mas tus culpas como si fueran mías... no quiero ver más tu rostro en los demás... te lo suplico... si alguna vez me quisiste... libérame... libérame de ti...
Las sombras nuevamente cubrieron el lugar y aquel espectro se desvaneció incólume y hermoso a pesar de la frialdad de su mirada y la transparencia de su piel... aún algo de aquel que conocí la primera vez se encontraba en él... todavía no estaba completamente perdido... podría alguna vez descansar...no lo sé... sólo sé que me queda mucho por qué luchar... por mí y por recuperar la fe en que no todo está perdido.
Observé mi cuerpo recostado y seres con telas y plantas que aromatizaban aquella estancia... la preocupación se sentía en el aire...era necesario que volviese... aún era necesaria para los pocos que quedaron de mi pueblo y para aquel reino que me acogió sin preguntar nada.
La madrugada siguiente la brisa marina entró por la ventana acariciando el rostro de la humana. Sintió su cuerpo y observó sus manos. Cuantas vidas habían acabado esas manos pequeñas y delicadas y cuantas más caerán en ellas... no lo sabía.
Intentó levantarse y recién sintió el dolor en el abdomen recordando la noción de lo que había pasado.
- ¡Auch!... la batalla en el mar...y yo que había prometido no entrar nunca en uno de esos barcos... bueno... ya lo hice... pero sigo pensando que mejor estar con los pies en la tierra - musitó para si sin percatarse que estaba siendo escuchada.
- Mi señora que alivio, ¿ya se siente mejor? me tenía preocupado...su herida...
- Pues me veo completa y eso es lo que importa ¿no? - Le dijo al anciano con una sonrisa mientras se levantaba para observar la imagen de la mañana por la ventana – ¿Y el Señor de los arrogantes? En la batalla le perdí de vista. No pelea mal para ser elfo jajaja.
- Mi señora esta en una habitación cercana, también cayó herido y fue torturado por el enemigo.
La humana se cubrió con una bata de seda blanca y con sus pies descalzos se encaminó habitación por habitación hasta encontrar la de aquel elfo. Sus heridas estaban mejor pero no salía de un estado de inconciencia. Se acercó sin hacer ruido y se acurrucó a los pies de alguien que sin querer le recordaba el pasado.
- Comprendo lo que sientes con los de mi raza... lo mismo me ocurre con la tuya, pero se no puedo culpar a todos los tuyos por lo que me ocurrió... las heridas del alma cuestan cicatrizar... pero se que son posibles de cerrar - musitó, y se levantó en silencio, con la vista fija en aquel que descansaba con el rostro en paz, y se percató que aquel que llamaban Valandil dialogaba en el pasillo con las elfas a cargo de la casa de curación – tienes una hermosa familia elfo, se que ellos estarán siempre contigo - y se retiró a su habitación mientras una lágrima le recorrió su fría mejilla.
