Edicion 3
Árador, Tierras de la Aurora
Finalizada · 19-03-2006
El Siniestro Tesoro De Amaurenori
2006:08:29:01:04:22
Darlak
Prólogo
Espeldorosa me construyeron, bella me alzaron, alta me erigieron, pero desde tiempos inmemoriables mis muros yacen entre la maleza ocultos a los ojos del viajero. Sin embargo, no todo permanece escondido eternamente…
Rilmaven Lára es ahora una tierra inhóspita, llena de peligros y hostiles criaturas, o eso dicen los rumores. Situada entre las fronteras de los reinos de Lempë Ohtari y Eirë Esteldor, es un lugar misterioso y antiguo que pocos se atreven a cruzar. Dicen las antiguas leyendas que los primeros pobladores de Árador se instalaron en esta región, otrora fértil y rica. En esas leyendas se cuentan que las tierras de Árador estuvieron unidas bajo un mismo reino que se extendía por toda la rivera del mar, y que ese reino fue próspero y durante un tiempo no se conoció la maldad en sus tierras. Poco se sabe de cómo sucedió la caída de este reino aunque se dice que todo ocurrió a causa de que la maldad de Morgoth también llegó a Árador.
Hubo muchas ciudades importantes en ese legendario reino de Árador y una de ellas fue Amaurenori, hoy una ciudad en ruinas, un oasis de misterio y leyenda que la maleza oculta celosamente…
* Extractos e información sobre Amaurenori y sus leyendas:
"- ¿Conocéis la leyenda de estas ruinas? - le preguntó la noldo a su compañero.
- Sé que había un hombre muy poderoso que acumuló tesoros y los enterró debajo de su propia casa. - dijo Kael
-Dagnir era un hombre muy ambicioso, corrompido por la maldad... –Luiniel se detuvo."
"- Dorandil, el penúltimo rey del mítico reino de Árador trasladó su residencia a la ciudad de Amaurenori para gobernar sus amplias tierras desde allí. En ese momento, su reino se extendía por prácticamente todas las tierras que bañaba el Ëarmitya. No todos se mostraron de acuerdo con su traslado a Amaurenori pero se decía que había intereses ocultos en vivir en aquella ciudad. De esta manera, desde que esta ciudad se convirtió en el centro del reino de Árador, Amaurenori creció en habitantes y riquezas. Muchos de los edain se trasladaron a vivir a la ciudad pero algunos elfos siguieron viviendo en sus bosques recelosos del creciente esplendor de la ciudad. Los enanos permanecieron en sus montañas pero seguían teniendo buen trato con los edain y visitaban a menudo Amaurenori, quizás para ofrecer a Dorandil las maravillas que encontraban en sus excavaciones en las montañas. De esta manera, Dagnir, el heredero del rey Dorandil y que sería el último rey de este gran reino, creció en un ambiente de gran esplendor, derroche y bienestar…"
"- ¿Entonces, según esos escritos hubo un tiempo en el que las tierras de Árador estaban unidas bajo un mismo reino? – preguntó Darlak sorprendido al escuchar lo que Eleth estaba leyendo en el libro.
- Efectivamente. Al principio de la Primera Edad del Sol, se formó aquí un prospero reino donde elfos, edain y enanos habitaban en perfecta armonía hasta que, al final del reinado del último rey, algo sucedió y hubo una gran guerra en toda Árador. Desaparecieron las principales ciudades de ese mítico reino, entre ellas Amaurenori, y fue como con el paso del tiempo surgieron los distintos reinos que actualmente hay en Árador – respondió Valandil."
* Historias conectadas con esta historia:
--El Sexto Caballero
http://v4.elanillounico.com/modules.php?name=Clanes&file=Historias/leer&historia=601&numpart=3
-- Las Ruinas de Ferith Ar-Kárah
http://v4.elanillounico.com/modules.php?name=Clanes&file=Historias/leer&historia=613&pagina=0&numpart=3
[Editado por aratir el 12-08-2006 21:43]
[Editado por aratir el 16-10-2006 20:12]
Bohr Daedth
Shathdul-Bunffelak cantó con su grave voz de enano, aunque con sus particulares tonos cristalinos:
Esta fue la mañana en que partió el Bote de las Leyendas,
¡Adiós Marinos, - dijo la tierra - hasta la vista!
Esta fue la mañana en que los navegantes
comenzaban su fantástica travesía
a un mundo donde sus hechos quedarían escritos por siempre
!Adiós Lunte Ig Nyarier, buen viaje!
- Al fin sopla... – había dicho Santûra, sentimental. La mañana brillaba radiante y el río parecía tener forma de miles de ondas que se desesperaban por arrastrar a la barcaza hacia el mar, y más allá.
- Al fin Capitán.- dijo el joven Bohr, el jefe de la expedición y el que conocía el mapa en los entreveros de su mente, al que el viento le enrevoltijaba los cabellos que últimamente le crecían mucho en poco tiempo.
- Toma.- Alkalabrindeth, la preciosa y dura elfa avari, le ató alrededor de la frente un pañuelo sucio de haberlo estado usando en el trabajo. -Así parecerás un buen pirata-. Bohr no sabía bien lo que era un pirata, pero le gustó el gesto. Y sonrió. Alkalabrindeth era buena chica... y bonita.
Santûra abrazó a ambos y los empujó hacia cubierta. - Amigos... partimos...ho ho ho ho ho!-.
Bohr se giró y cargó con el abrazo de ambos él mismo. - Amigos, el viaje comienza, nada nos dirá \"no\" nunca más. - Bohr afortunadamente seguía inocente. - Iremos en busca del mar, y de la fortuna... la buena fortuna, que allí espera por nosotros.-
Todos ya habían comenzado a moverse regocijados y con celeridad. El de nuevo capitán, Santûra comenzó a dar gritos. Bohr y Alkalabrindeth tomaron sus lugares en el trabajo.
...el Bote de las Leyendas había partido entonces...
[Editado por elessurendil el 11-07-2006 06:00]
Alkalabrindeth
El Sirhonë los recibía feliz ondeando el barco tranquilamente, hasta las gaviotas danzaban en el cielo saludando a los viajeros, y el sol los abrazaba con tenue calor.
La paz que bañaba el barco permitía que hasta el timón se dirigiera solo. Sin embargo, la mayoría de los hombres de Santûra no abandonaron sus puestos; pero Shathdul y Alkalabrindeth dispusieron de la cubierta para ponerse a jugar bolos, mientras que Bohr tocaba una alegre música con una armónica pequeña hecha de madera y plata, en la que tenía trazados, finos símbolos de la cultura de Hón; éra un hermoso obsequio que el enano había hecho especialmente para el várna.
Era medio día cuando divisaron la playa de Osto Fendassë. Alkalabrindeth corrió a proa agitando un pañuelo semi-blanco. Era un comportamiento extraño para una dama tan seria y fría como ella, pero en ese barco, con aquella tripulación, algo pasaba que la hacía sentir feliz, en confianza.
En Osto muchos habitantes profesaban sus actividades cotidianas, pero fueron distraídos por aquel barco que se aproximaba, de resplandecientes velas blancas, sin ningún escudo o insignia que los identificara. Mas el miedo no llegó a ellos porque vieron la alegría de la nave, muchos respondieron al saludo; y una vez que pasó la tripulación continuaron con sus labores, aún comentando que fin podrían llevar, pues eran tiempos en los que se olía a guerra.
La noche cayó al llegar a la desembocadura del Sirhonë en el Ëarmitya, ya no había prisa en sus corazones; el aire salado del mar confortaba sus deseos de fuga o de aventura, y a Alkalabrindeth le despertó una gran nostalgia de estar con su padre.
La travesía fue muy exitosa, hubo muchos cantos, bailes y risas. La hermandad entre ellos estaba consumada, aunque nunca esperaron vivir lo que les esperaba al cruzar el mar...
- Bien sabes que el tesoro no es lo que me ha traído hasta aquí. - decía Alkalabrindeth en tono grave.- No obstante he de seguiros a donde quiera vayan.
- ¡Tierra a la vista! ¡Tierra firme por fin! ¡Alabado sea Aulë! - Gritaba Shathdul emocionado, pues era el único que no parecía muy conforme de seguir en altamar.
Alkalabrindeth y Bohr salieron de la cabina tras la voz del enano.
- Practica tu prudencia Shathdul, porque con esa voz es seguro que te haya escuchado hasta Ulmo en sus profundas estancias, y no querrás molestar al venerable Ossë que con tan buena voluntad nos permite llegar a esas tierras que ves! - dijo bohr burlándose del enano. Todos soltaron la carcajada al ver indignado al enano.
Mas el destino les preparaba la bienvenida. Habían puesto pie en las abandonadas costas de Rimalven Lára, muy próximos al sur del Gran Río Verde Norte, la frontera de Lempë ohtari.
Darlak
Mientras tanto, en Ostova Lorë, la bella ciudad situada en el corazón de Taurëruin, uno de los más antiguos bosques de Lempë Ohtari, se respiraba paz. Tras los sucesos acaecidos en la Guerra del Sexto Caballero que los habitantes de aquel reino habían mantenido con el maligno espíritu de Bolgöd, en aquellas tierras se respiraba de nuevo tranquilidad.
Era tarde cuando llamaron a la alcoba de Darlak Lórindol. Acababa de caer dormido pues aquel día había muy agotador. Desde que había sido nombrado también gobernador de Mellon Vilya no había parado pues su agenda había sido muy apretada. No cesaba de viajar desde Ostova Lorë hasta Mellon Vilya. La guerra había terminado en Lempë Ohtari y cada caballero había regresado a su ciudad.
Sin embargo, Valandil Súleglîn, señor del bosque Taurëruin y de la ciudad de Ostova Lorë le había propuesto al caballero Darlak ser el gobernador de Ostova Lorë ya que el maia necesitaba tiempo para dedicarle a su esposa, Annamel.De esta manera, Valandil había depositado la confianza en el medio elfo que había demostrado con creces su capacidad para con el reino de Lempë Ohtari. Darlak ya no era un extranjero sino que era admirado y respetado en todo el reino.Darlak vivía ahora en un elegante palacio en Caras-Daer, la parte residencial y moderna de la ciudad.
Molesto por el hecho de que no le dejaran ningún descanso ni siquiera en sus momentos de descanso, Darlak fue hacia la puerta y abrió.
- ¿Valandil? ¿Qué haces aquí a estas horas? – dijo con voz sorprendida.
- Oh, la luna ilumina la noche con un resplandor inusitado. No puedo dormir. Darlak, demos un paseo.
Valandil le condujo hacia el lago Aelin Lindalë. El agua del lago estaba muy tranquilo y las estrellas brillaban junto a la luna, chispeantes de satisfacción de que ninguna nube les hubiera impedido mostrar su resplandor esa noche. Valandil y Darlak estuvieron paseando alrededor del lago sintiendo el frescor de la brisa nocturna en sus rostros.
- En verdad es un bello lago, es maravilloso sentir su brisa en estas horas de la noche – dijo Valandil degustando el olor y la fragancia de las únicas flores que habían soportado la guerra de aquellos tiempos- Es lamentable que hayamos sufrido estas terribles guerras, durante un tiempo sólo hemos olido a cenizas y ruinas.
- ¿Me habéis levantado para decirme esto? – dijo un poco disgustado por haber sido interrumpido su sueño.
- Me siento intranquilo, Darlak – respondió Valandil acompañando a sus palabras de un silencio. – Desde hace algunas noches tengo una serie de pesadillas que no me dejan dormir. No le he dicho nada de esto a mi esposa Annamel pero noto que tengo qué hacer algo.Los recuerdos me corroen. El hecho de que intentara matar a mi hermano Aikanáro y a mi esposa aún no me deja en paz.
- No eras tú sino que te manejaba el espíritu maligno de Bolgöd, el sexto caballero, aquél que ocasionó la guerra en Lempë Ohtari para acabar con los cinco caballeros.
Valandil miraba las estrellas como intentando encontrar un remanso de paz.
- Conseguimos vencer la guerra pero no vencimos a su espíritu – cuando el maia volvió la cabeza a Darlak sus ojos mostraban pesadumbre – En mis sueños aún noto su presencia en mí, noto como se ríe y amenaza con volver.
- Si tan siquiera supiéramos donde se esconde...- dijo Darlak
Los ojos de Valandil mostraron entonces un brillo escalofriante que hizo temer a Darlak que Bolgöd se hubiera apoderado de él otra vez.
- En mis pesadillas aparecen las imágenes de unas ruinas…He estado investigando y he conseguido encontrar un lugar físico para esas imágenes…Creo que el espíritu de Bolgöd se esconde en las ruinas de Amaurenori, al sur de Lempë Ohtari…
[Editado por aratir el 31-07-2006 21:37]
[Editado por aratir el 31-08-2006 00:32]
Kael Athas
Avanzando por unos matorrales habia dos siluetas oscuras.La primera alta y fornida llevaba el pelo largo y lacio delicadamente cuidado.La segunda silueta era mas baja pero mas fornida.El pelo castaño le llevaba enmarañado y sucio.De repente la segunda silueta se detuvo:
-Kael,¿para que hemos venido aqui a estas tierras de nadie?
La primera silueta se volvio bruscamente y le respondio:
-Ohtaránë ya lo sabes si conseguimos ese tesoro podremos ganarnos el favor del matriarcado¿Tu no quieres eso?
-Si...-respondio Ohtaránë resignado-Pero no se tengo una sensacion de que estamos en peligro...
-¿Peligro?Estamos en tierra de nadie como tu dices.Además no hemos atravesado ningun territorio enemigo...estas tierran llevan tiempo desiertas.
Ohtaránë siguio con cara de preocupacion pero no volvio a rechistar.Cuando ya se divisaban las ruinas de las que habia hablado Kael si le reprocho algo:
-¿Y nuestras obligaciones militares?
-!Bah¡Luiniel se las apañara sola.
-¿Tu crees?
-Si...ademas dirigimos compañias distintas...preocupate de la tuya que con tanto orco...
-No me hables de esas criaturas me recuerdan...a mi pasado...
-Ups..lo siento no me acorde de que habias sido criado por orcos.
-No es eso-miro a Kael con desden-Es que mataran a mis padres.
-Mi padre tambien murio a manos de orcos-le contesto con tristeza.
-Mmmm....-Ohtaránë se volvio y le dijo-¿No eran esas las ruinas de la que hablabas?
-Si...
Entonces amanecio y vieron las runias con claridad...No sabian en donde se estaban metiendo.
[Editado por kabul el 02-08-2006 21:08]
[Editado por kabul el 02-08-2006 21:58]
[Editado por kabul el 03-08-2006 11:41]
Luiniel
Las olas chocaban en la costa fría y silenciosa. Un bote sombrío se acercaba a la costa de Rilmaven Lára. Los remos rompían la quietud del agua salada con un sonido sordo, manejados por una silueta solitaria. Tras luchar contra la corriente un rato, en bote se detuvo, atrancado en la arena.
La silueta se bajó y arrastró su embarcación fuera del agua. Era una elfa alta, envuelta en una capa negra, lo que más resaltaban eran sus ojos color azul brillante.
“Kael piensa que me puede despistar así de fácil.” Pensó “No se va a llevar el crédito de encontrar el tesoro. Y quizá tampoco regrese de su búsqueda.”
Si bien hace poco que había conocido al elfo, no se había ganado su confianza todavía.
Empezó a alejarse del mar caminando hacia el este. El terreno estaba lleno de maleza, casi no había árboles. En un día caluroso hubiera sido insoportable atravesarlo, pero la frescura de la noche la dejó pasar tranquilamente.
Al acercase cada vez más a las ruinas, crecía en la noldo una sensación extraña. El amanecer llegó y observó las ruinas de la antigua ciudad. Con sólo mirarla supo que no era un lugar hospitalario.
Ohtaránë
Ohtaránë contempló con envidia los graciles movimientos de su compañero. Kael esquivaba con gracia elfica las ramas y se abria paso entre los matorrales, bajando hacia el lugar donde habian visto los antiguos restos. El elfo mas bajo no tropezaba, pero se encontraba todo el rato con zarzas en su camino, y las ramas le arañaban la cara. Ohtaránë creyó ver una expresion de compasion (¿o era burla?) en el rostró de Kael cuando este se volvió para pedirte silencio.
-¿Ocurre algo? -preguntó Ohtaránë de forma algo apresurada, preguntandose si al fin habia captado la sensacion de amenaza que a él le recorria el cuerpo.
-No, pero... No podemos entrar en las ruina asi como asi. Voy a adelantarme para ver si hay enemigos. Echaré un vistazo y volveré.
-Esta bien -Ohtaráne se subió sobre una roca cubierta de tierra de tonalidad marron, y se tendió sobre ella, relativamente camuflado. Cuando Kael desapareció, cogió el arco y lo dejo preparado.
-Ya que estoy en tierras de nadie -se dijo a si mismo-, tendré que preocuparme por el bienestar de nuetro ausente anfitrion.
Él ya se habia convencido de que le seguian, y esperaba lograr una prueba que convenciese a su amigo del peligro que corrian. Pero pasó una hora, y luego otra. Estaba solo, lo notaba, pero Kael no habia vuelto y tardaba demasiado.
Preocupado, dejo el arco colgando de su espalda y se apresuró a seguirlo, con sombrios pensamientos.
Darlak
- Amaurenori, lugar ahora inhóspito esconde una misteriosa y oscura leyenda…- la chica dejó de leer al ver que se detenían. - ¿Qué ocurre, vamos por el buen camino?- dijo Eleth Niramar, preocupada.
A su lado, Darlak miraba con cara de preocupación un mapa.
- Parece que nuestro experto explorador no ha tardado en perdernos – dijo nuevamente Eleth.
- Creo que hay que seguir hacia el sur- dijo el medio elfo
- ¿Cómo que crees, Darlak? Debes estar seguro- dijo Eleth enfadada y preocupada.
- El sendero ya ha desaparecido, es posible que el bosque lo haya ocultado a propósito. Debemos seguir una dirección. ¿Seguimos hacia el sur, Valandil?- preguntó Darlak al maia que iba a su lado ensimismado en sus pensamientos de tortura y amargura.
Llevaban varios días de viaje, montados en sus caballeros y con las provisiones para el viaje a punto de agotarse. Durante las largas y penosas horas que había durado la cabalgata por las desiertas tierras que habían al sur de Lempë Ohtari, no se habían encontrado con nadie. Cuando el sol había llegado a su cenit y se había colocado justo encima del antiguo camino de piedra que estaban siguiendo, ante sus ojos se dibujó una gran extensión de matorral. Sólo habían viajado Darlak, Valandil y la joven Eleth Niramar. Por temor a un nuevo ataque de las hordas de Bolgöd, los demás caballeros se habían quedado en el reino con el ejército bajo su mando. Annamel, la esposa de Valandil, finalmente se había quedado custodiando la ciudad de Ostova Lorë. La cabalgata había sido tranquila y poco habían hablado durante el viaje y menos aún Valandil, quizás preparandose para lo que pudiera encontrarse en las ruinas de aquella ciudad.
Cuando llegaron a la zona de matorral los caballos se negaron a avanzar, quizás temiendo o presintiendo los peligros que se encontraran en esa zona. Por eso habían tenido que avanzar a pie. Mientras Darlak seguía el mapa que había encontrado en la biblioteca de Mellon Vilya, Eleth se entretenía leyendo los escritos que también habían encontrado sobre Amaurenori. Sin embargo, el sendero que seguían había desaparecido y pronto se encontraron con que se habían perdido.
- ¿Qué te ocurre, Valandil? – preguntó preocupado Darlak al ver que su amigo no le respondía a la pregunta.
- No sé si estoy preparado para lo que me pueda encontrar allí.
De pronto, Eleth profirió un grito.
- ¿Dónde estás? – la muchacha había desaparecido de repente y solo se escuchaban sus gritos desesperados entre los matorrales.
- ¡Ayudadme, una extraña criatura me está acosando!
Darlak y Valandil se lanzaron hacía donde escuchaban la voz de Eleth y se encontraron con una especia de pájaro cerniéndose sobre su amiga. Era como un cuervo gigante que sobrevolaba sobre la joven dispuesto a engancharla con sus garras abiertas.
Rápidamente Darlak tomó su arco y consiguió darle a la criatura pero apenas le hizo daño. Eleth se hallaba lo suficientemente cercada como para intentar alguna defensa, pero encontró una piedra cercana y se la arrojó al pajarraco. Valandil, mientras tanto, intentó acumular el poder de maia que tenía para usarlo en contra del pájaro. Quizás resultó útil porque pronto el pájaro empezó a tambalearse y fue en ese momento cuando una nueva flecha de Darlak lo hizo caer. Una vez en el suelo, cuando parecía que la criatura estaba bastante herida, ésta se levantó de nuevo y alzó el vuelo alejándose del lugar.
Mientras se recuperaban del susto, una voz a sus espaldas les hizo sobresaltarse de nuevo.
- ¡Poco ha faltado para que ese pajarraco se llevara hoy una buena presa! ¡Creo que necesitaréis mi ayuda!
Sonyariel Lisse
Rápidamente giraron y se encontraron con una sombra que al dar algunos pasos notaron que se trataba de Sonyariel.
- Llevo siguiéndolos desde hace algunos días, uno nunca sabe que es lo que se puede encontrar en estos parajes, y hay que ser precavidos, y ustedes si que han dejado huellas... los podría seguir hasta un bebé en pañales.
Se acercó a Eleth y le sacó una pluma negra que tenía enredada en el cabello... jajaja ¿desde cuando te asustan las pobres avecillas?
Kael Athas
Kael llevaba ya un rato explorando.No habia nadie a la vista.Vacio todo vacio....Decidio volver cuando algo le golpeo por detras y perdio el conocimiento.
Desperto al tiempo.Le dolia la cabeza y estaba atado.Cuatro figuras encapuchadas salmodiaban a su alrededor.Le habian arrebatado su espada.Pero no se preocupo su aramdura estaba afilada.Asi que facilmente corto las ataduras de sus muñecas y pudo escapar.Los encapuchados intentaron abatirlo a garrotazos pero no pudieron.
En cuanto Kael alcanzó su espada los encapuchados sucumbieron a su tecnica.Escapo.Corrio y corrio hasta encontrar a Ohtaránë.Sin embargo cuando lo encontro una sombra surgio y agarro a Ohtaránë.
Era...Luiniel
[Editado por kabul el 03-08-2006 20:55]
Ohtaránë
Ohtaránë sintió un movimiento detras de él, pero cuando estaba a punto de girarse apareció Kael, sorprendiendole. Una manos delicadas pero ferreas le habian aferrado por la espalda, y no podia moverse. Sacó una daga de su manga dispuesto a clavarsela al agresor en el estomago, pero Kael hizo un gesto y el elfo pensó que por algun motivo tenia que permanecer quieto. Él sabria, pero Ohtaránë no iba a dejar la vida en sus manos. Solto la daga, y puso el pie tras la pierna del captor, dispuesto a hacer una zancadilla.
Luiniel
Luiniel soltó a Ohtaránë empujándolo unos pasos más adelante. Desenvainó a Lómemacil justo a tiempo para rechazar un golpe de Kael. Se miraron en silencio, cada cual analizando a su enemigo desde una distancia prudente.
La noldo desistió y bajó su espada. Se encontraba ante dos grandes guerreros, no podía evitar reconocerlos como tal. “Ya arreglaremos cuentas más tarde.” Pensó.
- Es inútil pelear aquí. – dijo – Necesitaremos nuestras fuerzas para encontrar el tesoro.
Ambos se sorprendieron por lo que la elfa acababa de hacer. Sin embargo en ese momento aparecieron cuatro figuras encapuchadas y se vieron obligados a correr. Pero por algún poder de Amaurenori, sólo avanzaban hacia el centro de la ciudad.
Kael Athas
Siguieron corriendo hasta que doblaron la esquina.Entonces se dieron de bruces con una docena de encapuchados:
-No podemos volver atras-grito Kael-Debemos luchar.
Con un grito de los encapuchados la lucha comenzó.
Aunque a Kael le habian parecido torpes y lento cuando los vio por primera vez ahora eran veloces y diestros.Ahora los tres peleaban con uñas y dientes por sus vidas.
Tras un un buen rato luchando los encapuchados parecia que habian huido:
-Uf...sobrevivimos por poco-supiro Luiniel.
Sin que ella se percatase un encapuchado pretendia matarla por la espalda.Se dio cuenta demasiado tarde,la daga del encapuchado se acercaba a su cuerpo.Entonces un acero se interpuso entre la daga y ella.La espada de Kael.Con un movimiento la daga del encapuchado salio disparada y su garganta estaba atravesada por la espada de Kael.
-Que deshonor atacar a una bella dama por la espalda-dijo Kael y le dedico una sonrisa a Luiniel.-¿No crees Ohtaránë?
Pero Ohtaránë habia desaparecido...
Ohtaránë
Ohtaránë miró a su alrededor. Habian derrotado a los guerreros pero ahora sus compañeros habian desaparecido.
-O quiza me he perdido yo -se dijo a si mismo. Luego maldijo su tendencia a hablar solo. Vagó entre las ruinas sin atreverse a gritar, porque oia pasos que por el numero no podian ser de sus compañeros.
-¿Que esta pasando en este lugar? -monologó-. ¿Donde nos hemos metido?
Entonces una sombra cayó sobre él. Levantó la mirada y tras una conmocion se encontró tendido en el suelo con un cuervo gigantesco contra el pecho. Estaba muerto, parecia que se habia desangrado lentamente. Y no habia tenido lugar mejor donde morir que sobre él, aplastandolo contra el suelo.
-¿Que he hecho yo para que me pase algo asi? -preguntó, entre divertido y exasperado.
-Entrar en las Ruinas de Amaurenori no es poca cosa, para merecer la desgracia -dijo una voz...
Darlak
El grupo proveniente de Lempë Ohtari con la compañía de Sonyariel fueron avanzando entre los matorrales que cada vez eran más grandes y costaba un montón pasear entre ella. A pesar de que la región al sur de Lempë Ohtari era una tierra yerma, una tierra de nadie, en el centro coexistía una serie de parcelas donde la maleza y los matorrales eran dueños y señores. Valandil no dejaba de presentir malas influencias en aquel lugar y Darlak, taciturno, se negaba a hacer caso de esas señales de peligro. Sonyariel y Eleth, entretanto, aprovecharon para ponerse al día de tantas cosas que les había sucedido antes de encontrarse de nuevo.
El ruido de sus pies sobre el mullido pasto por el que pisaban, y el ruido apagado de las espadas y armas que llevaban eran los únicos sonidos que rompían el silencio de su viaje. Finalmente, cuando las nubes empezaban a cubrir el cielo claro. alcanzaron las ruinas de Amaurenori, tan oscuras y ocultas entre los matorrales.
- Ya hemos llegado - dijo Darlak mirando primero a las mujeres que iban tras de ellos y luego a Valandil, que se hallaba a su lado.
- Si, la hora ha llegado. Nuestro destino se ha topado con el de estas ruinas - dijo Valandil mientras escrutinaba las ruinas. - Vamos, el día se echa encima y no hay tiempo que perder.
Valandil se adelantó al grupo y se dirigió hacia la siniestra sombra de Amaurenori. Darlak, Eleth y Sonyariel se miraron y acto seguido fueron tras el maia.
Luiniel
- ¿Dónde se metió ese elfo? - dijo Kael.
Luiniel estaba un poco avergonzada de que la salvara y tardó en darse cuenta a quien se refería.
- No puede estar más adelante, volvamos por donde vinimos. - respondió al fin.
Caminaron por donde otrora fueran calles. Las paredes desmoronadas y cubiertas de hiedra y otras plantas, todavía se alzaban indiferentes a los seres vivos. En el cielo se veían varios puntos negros que graznaban dando vuelta en círculo; eran cuervos.
- ¿Conocéis la leyenda de estas ruinas? - le preguntó la noldo a su compañero.
- Sé que había un hombre muy poderoso que acumuló tesoros y los enterró debajo de su propia casa.
- Dagnir era un hombre muy ambicioso, corrompido por la maldad... - Luiniel se detuvo. En ese momento se toparon con un cuervo enorme. Había un charco de sangre debajo de él, estaba muerto. Unas botas habían pisado el charco y sus huellas se alejaban de ahí.
- A alguien se lo han llevado a rastras... - dijo Kael.
Kael Athas
Tras descubrir el rastro decidieron seguirlo.Pero unos encapuchados bloqueban el paso.Se giraron y todas las salidas estaban bloquedas.Estaban rodeados:
-Debemos luchar-dijo Luiniel.
-No podremos...-se acercaron mas espalda contra espalda las espadas en alto-Deberas huir Luiniel.
Luiniel tardo en percatarse pero se lanzo al atque tras Kael.Ella arremetia y trataba de abatir a los encapuchados pero Kael bloqueaba los golpes:
-¡Huye¡-grito Kael.
Y empujo a Luiniel fuera del circulo de encapuchados que los rodeaban.Por alguna razon solo tenian ojos para el:
-Huye y encuentra a Ohtaránë...¡Ya os alcanzare¡¡Huye¡
Luiniel se sintio obligada y corrio...la ultima imagen de Kael que tuvo fue a este alzando su espada y gritando....:
-¡Tëamehtar¡
[Editado por kabul el 04-08-2006 13:22]
[Editado por kabul el 04-08-2006 15:00]
Darlak
–“Dorandil, el penúltimo rey del mítico reino de Árador trasladó su residencia a la ciudad de Amaurenori para gobernar sus amplias tierras desde allí. En ese momento, su reino se extendía por prácticamente todas las tierras que bañaba el Ëarmitya. No todos se mostraron de acuerdo con su traslado a Amaurenori pero se decía que había intereses ocultos en vivir en aquella ciudad. De esta manera, desde que esta ciudad se convirtió en el centro del reino de Árador, Amaurenori creció en habitantes y riquezas. Muchos de las edain se trasladaron a vivir a la ciudad pero los elfos siguieron viviendo en sus bosques recelosos del creciente esplendor de la ciudad. Los enanos permanecieron en sus montañas pero seguían teniendo buen trato con los edain y visitaban a menudo Amaurenori, quizás para ofrecer a Dorandil las maravillas que encontraban en sus excavaciones en las montañas. De esta manera, Dagnir, el heredero del rey Dorandil y que sería el último rey de este gran reino, creció en un ambiente de gran esplendor, derroche y bienestar…”
- ¿Entonces, según esos escritos hubo un tiempo en el que las tierras de Árador estaban unidas bajo un mismo reino? – preguntó Darlak sorprendido al escuchar lo que Eleth estaba leyendo en el libro.
- Efectivamente. Al principio de la Primera Edad del Sol, se formó aquí un prospero reino donde elfos, edain y enanos habitaban en perfecta armonía hasta que, al final del reinado de Dagnir, algo sucedió y hubo una gran guerra en toda Árador. Desaparecieron las principales ciudades de ese mítico reino, entre ellas Amaurenori, y fue como con el paso del tiempo surgieron los distintos reinos que actualmente hay en Árador – respondió Valandil.
Acababan de entrar en las ruinas de la ciudad y ahora descansaban en un improvisado campamento.
- Ahora todo es piedras caídas y polvo. No siento pavor alguno por estas ruinas, seguramente las leyendas de algo extraño y maligno son sólo eso, leyendas – dijo Sonyariel.
- No me fiaría de la soledad de este lugar. Yo si noto cómo el pavor se levanta en nubes de polvo a nuestro alrededor – repuso Valandil extendiendo sus manos con los dedos separados – A nuestro alrededor se extiende una sombra enfadada y alarmada.
- Hablas de esa sombra como si tuviera vida y se sintiera molesta por nuestra visita. Más aún hablas de la sombra como si fuera la misma esencia de la ciudad – dijo Darlak.
- Percibo que no hemos sido los únicos que hemos penetrado en estas ruinas. La sombra de la ciudad se siente molesta con la presencia de alguien que ya está más adentro de estas ruinas. Pero nuestro descanso se ha terminado y también nosotros vamos a avanzar por estas ruinas.
Eleth, sobresaltada, se agarró a Darlak que se hallaba a su lado. Era una rata que había pasado cerca de ella.
- Yo empiezo a descubrir que esto no es simplemente una aventura. Empiezo a tenerle miedo a este lugar.- pero Valandil se levantó y, acto seguido, Sonyariel y Darlak hicieron lo mismo para recoger las cosas y proseguir su avance.
- Ya que hemos llegado hasta aquí debemos continuar – le dijo el medio elfo.
Una vez recogido todo, empezaron a avanzar por el camino empedrado que discurría por la ciudad. Pero pronto empezaron a escuchar un extraño ruido, profundo y bajo, como el pulso de la tierra latiendo en el subsuelo.
- ¡Alguien se acerca! ¡Escondámonos! – gritó Valandil señalando unas ruinas cercanas a su izquierda.
Todos siguieron sus indicaciones y echaron a correr hacia las ruinas. El ruido iba en aumento y, una vez escondidos, pudieron observar cómo una humareda se levantaba a lo lejos en la dirección donde venía el ruido. El ruido se fue acercando y fue entonces cuando vieron unas sombras que se detuvieron en el camino justo delante de donde estaban ellos escondidos. Con el latido a cien por hora, Darlak rogó que siguieran su camino sin embargo sus ruegos parecieron no servir porque las sombras notaron algo en el aire y señalaron hacia donde estaban ellos.
Todo ocurrió muy rápido. Unas figuras encapuchadas se lanzaron velozmente hacia donde estaban ellos y pronto se vieron rodeados mientras se levantaba una buena polvareda de humo. Darlak apenas podía ver pero desenvainó su espada dispuesto a enfrentarse con los tres encapuchados que estaban delante de él. Sin embargo, por detrás de él unas fuertes manos buscaron su garganta. Darlak intentó volverse para responder a ese ataque pero fue entonces cuando las manos encontraron lo que buscaban y comenzaron a apretar. El medio elfo no podía respirar pero intentó asestarle un golpe a su atacante con la espada. Consiguió dañarle con la ayuda de Envinyanta que pareció disfrutar del tacto de la sangre de la herida que había ocasionado. El grito desgarrador de él y el brillo inusitado de la espada hizo que los otros se asustaran y se fueran. Darlak se quedó mirando maravillado el esplendor azulado de la espada que jamás había tenido hasta el momento. Reaccionó y lo usó para intentar mirar entre el espeso humo que le rodeaba. Sin embargo, no encontró rastros de sus compañeros. El humo se quitó de repente y Darlak comprobó con horror que se hallaba sólo en las ruinas.
Eleth, Valandil y Sonyariel habían desaparecido.
Ohtaránë
Ohtaránë se despertó en la oscuridad de una fria mazmorra. Estaba habituado a ellas, tanto que no tuvo que abrir los ojos para saber que habia un orinal a los pies de la podrida cama mugrienta y que los barrotes estaban oxidados, pero que era imposible tratar de romperlos con exito. Abrió los ojos y comprobó que sus predicciones eran acertadas. Se levantó de la cama, y se dirigió a los barrotes, comprobando que la estrecha verja de hierro era la unica salida y que las paredes eran de firme mamposteria.
-¡Guardia! -llamó a voces por el oscuro pasillo. Oyó unos pasos, y una figura encapuchada le miro sin hablar desde la oscuridad.
-¿Donde estoy? -el enlutado hombre le observó impasible-. Supongo que en los pasajes subterraneos de esta ciudad... Entonces el tesoro estará por aqui cerca, ¿verdad? -oyó un respingó. El guardia no se controlaba tanto como debiera. Eso era bueno-. ¿Pues sabes que? En cuanto bajeis la guardia un momento me ire de esta celda tan mal custodiada, y me llevaré vuestro bonito tesoro.
El hombre dio un seco golpe de muñeca y una daga salió volando para clavarse en la pierna de Ohtaránë, dejandolo de rodillas.
-Snaga! Shagrub!-insultó el elfo en lengua orca, de forma involuntaria. Entonces una voz resonó en los pasillos.
-¡Ven a ver los nuevos prisioneros! ¡Son los que esperabamos! -dijo una voz. Aparentemente estas palabras iban destinadas al guardia, que se volvió y trotó por el pasillo, desapareciendo. Ohtaránë se frotó la pierna ensangrentada y sonrió. No esperaba tener una daga, pero ya que aquel incompetente se la regalaba de tan buena gana, no tendría queja alguna...
El guardia volvió a vigilar al insolente y extraño elfo que habian capturado. Miró dentro de la celda y palideció. Estaba vacia. Abrió apresuradamente y entró en la inmunda estancia. En ese momento una figura salió rodando de debajo de la cama y derribó al guardia al golpear sus pies. El guardia soltó un chillido al notar que una daga de clavaba en su pecho...
Ohtaránë corrió pasillo abajo mientras el grito del guardia resonaba aun en los corredores. No tardarian en bajar a investigar. Vio una puerta cerrada y de gran grosor y se preguntó si allí se esconderia el tesoro. No habia tiempo. Siguió pasillo abajo y se encontró nadando. Oyó pasos tras él. Se sumergió.
Estaba en un estrecho conducto de piedra de una direccion. El conducto estaba inundado y Ohtaránë nadaba con todas sus fuerzas, pero el tunel era interminable. Sus energias se agotaron y comenzó a tragar agua, sumiendose en la inconsciencia...
Darlak caminaba por una de las calles derruidas, sin saber aun muy bien que hacer, quizas porque un chapoteo le distraia. Se volvió y se encontró sorprendido con una figura que flotaba boca abajo en un sucio desagüe descubierto. Corrió hasta ella y creyó reconocer las ropas de un Liantari. Lo sacó del agua de un tiron y este no se movió en unos segundos, pero despues vomitó agua por nariz y boca. Lo dejo caer y este lo miró.
-Sé donde... Esta el tesoro... No me mates... Creo que sé... Donde esta... Tienen prisioneros... Sé donde estan... No me mates...
La sucia figura del que era un elfo se desplomó.
[Editado por Mafy13 el 04-08-2006 19:08]
Darlak
Darlak contempló al elfo que se había encontrado en aquel sucio y apestoso desagüe. El olor era insoportable y se preguntaba de dónde había salido aquel elfo. No tenía demasiado aspecto.
Intentó hacer que volviera la conciencia golpeándole en la cara pero todo fue inútil no había manera de hacerle volver en sí. No tenía agua cerca para echarle en la cara. No sabía qué hacer.
A su alrededor todo eran ruinas y más ruinas. La luz del día empezó a apagarse; pronto llegaría el crepúsculo y con él la noche y sus amigos seguían sin aparecer.
A lo lejos, Darlak pudo ver lo que parecía ser una terraza donde se antiguamente se ubicaría edificio. En esa terraza parecía escuchar el sonido de agua discurriendo. Con dificultad cargó al elfo e, intentando soportar como mejor podía el hedor, decidió ir hasta la terraza. En una apretada línea que ascendía por el terreno de la ciudad, Darlak alcanzó la terraza y se encontró pisando sobre una especie de mármol. Se trataba de una espaciosa terraza que daba paso a un edificio derruido, posiblemente aquello fue en otra época un bello palacio. A su derecha se conservaba lo que posiblemente fuera unos jardines porque habían algunos arbustos muy mal cuidados.
- Amigo, por aquí debe de haber alguna fuente de agua, espero que no esté seca y puedas recuperar el buen estado que seguramente tienes – dijo al elfo que estaba murmurando unas extrañas palabras.
Darlak encontró una fuente escondida entre la maleza del jardín.
- ¡Por Eru, hay un hilillo de agua que nos puede servir! – Darlak sujetó la cabeza del elfo y la llevó debajo del hilillo de agua.
Cuando el elfo notó el agua cayendo sobre su rostro pareció recuperar la conciencia y empezó a balbucear unos extraños sonidos:
- ¡Shargaj! ¡Snaga!
Darlak no se espera que aquel elfo pronunciara palabras en lengua orca y de forma involuntaria, lo soltó
- ¡Un maldito elfo que habla en lengua orca!
Kael Athas
Tras la pelea a Kael le sangraba el brazo izquierdo.Inmediatamente retiro la pieza de armadura de la zona herida y se hizo una cura.Rapidamente parecia que no le habia pasado nada...
Tras echar un breve vistazo para ver si habia peligro decidio avanzar.Avanzo sigilosamenteLos encapuchados patrullaban las calles en parejas.Kael descubrio rapidamente por que atacaban en grupos.Eran cobardes.Podrian ser magnificos luchadores pero eran cobardes.Aprovechó esta ventaja tactica a su favor.El arte de la guerra mas antiuguo:el terror.Pronto comenzaron a aparecer encapuchados muertos.Pero por cada patrulla que mataba aparecian tres.Al menos consiguio que se asustaran y comenzo a correr el susurro de \"una sombra que te vacia y te roba el alma\" entre los encapuchados.Pero seguia sin habe rastro de Luiniel o de Ohtaránë.Al final llego al centro de una plaza...
Alli los encapuchados adoraban una extraña estatua.Kael la miro y descubrio que aunque enormementes diferentes habia un gran parecido entre el y la figura de la estatua.
-¿Me adoran?-rio para si.
En un altar que habia bajo la estatua aparecio un encapuchado alto y que con baston acallo los murmuros:
-!Traed al sacrificio¡-grito.
Enseguida aparecio un encapuchado corriendo y gritando con su aguda voz:
-!Se ha escapado¡El sacrificio no esta en la celda.
Kael comprendio tal vez fuese Ohtaránë o...Luiniel...
Luiniel...Aquella elfa le habia arrebatado el aliento la primera vez que la vio...y seguia arrebatandoselo cada vez que la veia...
Kael decidio hacer una locura...:
-!MORID MALDITOS!
[Editado por kabul el 04-08-2006 23:10]
[Editado por kabul el 05-08-2006 15:29]
Luiniel
Luiniel había corrido a pesar de preferir quedarse y luchar. Le intrigaba el comportamiento de Kael. Tan acostumbrada estaba a las batallas solitarias que había olvidado que hay veces en las que la ayuda llega de forma inesperada. \"De todas maneras debo encontrar a Ohtaránë\" se dijo.
Caminaba por instito, no tenía la menor idea de donde se hallaba ni donde podía encontrar a su compañaro perdido. En su camino encontró más encapuchados, pero eran pocos y no presentaron gran resistencia.
Se preguntaba si habría agua pues la pelea la dejó sedienta, su reserva de agua se había perdido antes de que perdieran a Ohtaránë Vagó un rato entre las ruinas, hasta que se cansó y se sentó en un bloque de piedra. Permaneció inmóvil durante un minuto, escuchaba el goteo de alguna fuente, no era muy fuerte pero si constante.
Siguió el sonido. Cada vez era más nítido. \"Ya falta poco.\"
Se encontró en una terraza, pero había alguien ahí, un elfo inconciente que reconoció como Ohtaránë y otro elfo alto, de cabellos dorados, sus ropas llevaban las insignias de Lempë Ohtari. Los observó escondida entre la maleza, \"¿En qué lio se ha metido?\" pensó.
Tan pronto como escuchó los gritos de los dos elfos, decidió que era hora de rescatar a su compañero. Salió de su escondite con espada en mano.
Ohtaránë
Otaránë levantó la cabeza a tiempo de ver como Luiniel corria hacia su \"salvador\" con la espada en la mano. La espada del semielfo llamado Darlak centelleó y detuvo un duro golpe de la atacante. Otaránë notó un crujido bajo el suelo de aquella azotea y un gruñido. Se incorporó.
-Un momento, silencio -los otros dos siguieron luchando-. ¡Deteneos! ¡Salid de aqui!
La elfa mandó una estocada al cuello del otro, que lo decapitó...
...O lo habria hecho de no ser porque en ese instante el suelo se resquebrajó bajo sus pies. Los tres cayeron al piso de debajo entre escombros. Otaránë rodó hacia atras para examinar la nueva situacion. Estaban en una habitacion estrecha y maloliente, ocupada casi en su totalidad por un troll que estaba encadenado al techo, y que había logrado derribarlo. Luiniel y Darlak cesaron al instante de luchar y se lanzaron contra la sorprendida bestia, hiriendola en el estomago y los brazos. Darlak hundió su espada en el hombro del deforme ser, y su extremidad derecha quedo inmovil. Otaránë solo tenia la daga (los captores le habian sacado el arco, que ahora tendria que reemplazar).
Corrió y trepó por el brazo inerte del troll como una ardilla. Una vez en su hombro, le apuñaló los ojos y cayó rodando al suelo, a distancia segura. Cegado el troll, Luiniel no tardo en abrirle completamente el estomago con su espada. Una vez muerto, Darlak extrajo la espada del hombro con un sonido reconfortante de carne transpasada. Ohtaráne se levantó, escupió mas agua (debia haber tragado mucha) y pateó a la bestia, mirando acusadoramente a los otros.
-¿De modo que si yo os pido que pareis de luchar me ignorais y por este deforme no teneis problema en hacerlo? -bromeó...
Kael Athas
Kael acaba de masacrar a los encapuchados.Algunos habian huido incluido el del baston...Y aunque habia matado a muchos sospechaba de que habian muchisimos mas encapuchados.Aquello lo desanimo.Levanto la vista y miro a la cara de la estatua...Habia algo parecido entre él y la estatua pero...
Penso que empezaba a perder la razon hasta que escucho el caer de una gota.Una gota de agua pura.Pura y limpida.El sonido se apago y de repente
otro lo sustituyo.
Algo se derrumbaba.Se dirgio presto a la fuente del ruido para encontrar un edificio.Penetro en su interior para encontrarse a Ohtaránë y Luiniel junto a un desconocido.El desconocido parecia de Lempë Othari por sus emblemas.Junto a los tres confundidos guerreros habia un cadaver de un troll:
-!Os encontre!-grito de alegria Kael.Las lagrimas saltaron de sus ojos no pudo controlarlo.
-Bueno...Kael ahora mimo les estoy contando mi hallazgo si me permites tu tambien lo sabras...
Kael callo y escucho atentamente a Ohtaránë....
[Editado por kabul el 05-08-2006 15:58]
[Editado por kabul el 05-08-2006 15:59]
[Editado por kabul el 05-08-2006 20:20]
Bohr Daedth
Lejos de la ciudad, los marinos levantaban el primer campamento y partían. Bohr estaba radiante, se movía de aquí para allá contemplando la playa y meditando el curso que tomarían.
La tripulación estaba integrada por 12 hombres y 2 mujeres. Santur, Shathdul-Bunffelak, Bohr (Que se había hecho llamar Wethan, por el antiguo nombre falso con el que los leales marinos de Hón lo habían conocido), Alkalabrindeth, Nielúnë (acogida no hace mucho entre la gente del Lunte I Nyarier), Gakhân, el noble Thitoron, y Grim, entre ellos.
Bohr, en el transcurso de su estadía en Sornosunë, la capital de la unión de Heren Fanyarëa, había sido poseído por algo, algo oscuro que lo rescató de la condena que merecía. Luego sólo recordó haber despertado a unas millas de Hón, junto a la armadura de un caballero desaparecido y un caballo muerto. Y una espada, de metal atigrada por franjas de una sobrenatural materia nacarosa, blanca como la espuma. Y luego, la imagen de un tesoro descomunal. Algo que hasta sobrepasaba la satisfacción materialista. Pero aunque tenía la inmensa sensación, no tenía conocimiento concreto. Pero la idea en sí era más poderosa que cualquier cosa.
Adelante la playa se hacía médanos y más allá se extendía una llanura con pocos árboles y, a camino intermedio, frondoso pastizal, luego alcanzaba a distinguirse un aumento de lo árido.
El cielo estaba claro, y algunos pajaros costeros iban y venían. Era un momento fabuloso.
- ¡Kala, Capitán! - llamó \'Wethan\'.
Alkalabrindeth y Santur se aproximaron atentos a la llamada.
- Hey, ya casi vamos... ¿Ven aquellos árboles al sur? Pues por ahí no iremos, una vez que puedo evitar los árboles, permitanme darme el gusto.- Los tres ríeron. - Iremos por aquella elevación al norte y luego sí avanzaremos al este. Podremos comprender mejor el paisaje desde allí, e iremos más cómodos luego.-
Alkalabrindeth habló.
- Gustáis siempre de las montañas por más pequeñas que sean Señor Wethan...-.
Santur le habló a la chica, sobrio, y en calidad de veterano, con un tono paternal.
- Cuidado, a mi amigo Wethan puede no gustarle que tomes su tierra en sorna...-
- Jaja, capitán... - Exclamó Wethan. Todos sabían que no le molestaba el comentario de Alkalabrindeth, pero hablaban igual.
- Desenvaina si te he ofendido, Señor Wethan. - dijo la elfa.
- Le temo a tus dientes de Dragón, Alkalabrindeth, te mataré en otra oportunidad.- Y guiñó un ojo para que lo vieran ambos amigos. -Bien, ya estamos listos, esto será genial, esperemos que los obstaculos sean lo más divertidos posible.
A la sonrisa de Bohr, Amaurenori respondería con obstaculos sinestros, que de divertidos no tendrían absolutamente nada.
Sonyariel Lisse
Los ojos de la humana lentamente se abrieron pero no pudo ver nada, la oscuridad era total.
Supuso que había sido encarcelada, ya que reconoció el frío del muro a su espalda y del acero, del cual colgaba, quemándole las muñecas, no sentía el piso a sus pies. Sintió esa situación algo familiar... Por un periodo de su vida se vio obligada a llevar cadenas y ese acontecimiento había decidido borrarlo de su memoria... y ese lugar la estaba angustiando.
De a poco sus ojos se empezaron a acostumbrar a aquella oscuridad y pudo notar vagamente que no estaba sola... pudo percibir a su amiga que estaba encadenada cerca de ella, y en el otro muro, se encontraba el maia.
- ¿Eleth? ¿Valandil?... ¿Están bien?... Niña Respóndeme...
Pero la joven seguía en estado de inconciencia, al igual que el maia.
Por Eru... ¿Pero estas ruinas no estaban abandonadas? Que diablos hacen estos seres malditos, rondando y atacando sin saber si son enemigos o no...
Intentó elevarse con los pies, quedando boca a bajo, y logró sujetar las cadenas con las piernas, cruzándolas para buscar entre sus ropas un alfiler que siempre manejaba en el cabello... Espero que resulte para poder safarme de estas malditas cosas... pensó para sí, mientas continuaba hablándole a los chicos por si acaso despertaban...
- ¡Niramar! ¡Valandil! Por Eru despierten!
La joven logró sacarse las cadenas y bajó con cuidado... pero al voltearse se encontró frente a frente con un ser de mirada espectral que la tomó por el cuello levantándola, por más te trató de golpear a aquel ser no lograba soltarse. - Maldita mujer, ¿pretendías huir sin antes ver al señor de la ciudad? Está deseando verte... - le comentó antes de lanzarla fuertemente al piso. Mientras la joven trataba de recuperar el aliento, como por arte de magia observó como las paredes comenzaban a tomar el brillo que poseía la ciudad cuando estaba en todo su esplendor, sin poder discernir si aquello era realidad o una burda ilusión.
Bohr Daedth
...
La gente del Lunte I Nyarier avanzaba subiendo y bajando lomas. Todos hacían de vigías intentando identificar algún accidente particular en los alrededores en la distancia. El lugar estaba abandonado, esperándolos. Se sentían ingenuamente dichosos.
Thitoron, formalmente Thitoron II, caminaba cerca de Shathdul, el elfo y el enano tenían un sentimiento familiar el uno con el otro, pocos lo sabían, ellos apenas, que sus respectivos padres habían cohabitado las mismas regiones de la Tierra Media. Así que tal vez sus familias alguna vez habrían sido la misma. Ellos eran los únicos dos que no habían sido arrastrados por el entusiasmo de Wethan. Así que podría decirse que en este momento superaban en sensatez al resto. Shathdul aún no había vuelto a confiar en el príncipe de los Varna Rámar de Heren Fanyarëa. A Thitoron le disgustaba el lugar.
- Esto no me gusta - le dijo el elfo al medio enano.
- Desde ya. En algún lugar hay algo que está fuera de lugar. - dijo el otro.
- Así que pensamos igual... No puedo desconfiar de los hermanos del muelle, aunque hay otros, y aunque no desconfiara, algo me causa la sensación de que se derramará sangre, y que nosotros estaremos involucrados. -
- Algo huele feo. ¿Un tesoro? ¿Desprotegido? ¿Que tipo de tesoro puede permanecer aún oculto si no tiene protección? ¿Que historia puede haber permanecido oculta al mundo, que sólo un humano conozca su origen, que no guarde alguna perversión o aberración? -
- ¿Te refieres, Shathdul, al humano? - Thitoron disimulaba su gesto preocupado.
- No sé. No sé bien que pensar de Weth...an. Intenté despabilar un poco al capitán, pero está muy disperso, creo que lo que le dije le atravesó la cabeza de oido a oido y hasta ahí llegó. No me gusta esto de tener que estar alerta yo solo, o sólo nosotros dos, pero nadie va a oír.-
- Esta aventura parece muy fácil para todos. ¿No? En fin, nosotros cuidaremos de todos, Shatdul, jaja.- dijo Thitoron relajando la tensión.
- Espero que se dejen cuidar, Thitoron.- respondió el enano y en su rostro preocupado brillaron sus vestigios élficos.
- Seguimos siendo una hermandad... lo que ocurra nos ocurrirá a todos, si nada ocurre todos nos regocijaremos, pero si es cierto nuestro prever prefiero confiar en que la hermandad no se quebrará.- Concluyó solemne el elfo de orígenes Noldor y Sindarin, y de sangre Edain también.
A cien kilometros aproximadamente las elevaciones se acababan.
Alkalabrindeth
Ya no había prisa por llegar, ahora era momento de disfrutar el aire de nuevas tierras y desentrañar sus misterios... después de todo, nadie había posado sus plantas en ellas desde hacía años, al menos eso creían.
La mayoría de la tripulación se sentían satisfechos por el recibimiento de las estribaciones que se levantaban pequeñas pero majestuosas, pues ellos sentían que las montañas murmuraban expandiendo los ecos de sus voces y risas, que parecían complacidas de escuchar lo que el tiempo se había encargado de borrar de sus profundas raíces huecas.
En la delantera iban Wethan, Santur y Gakhân; sólo dos pasos atrás los seguían Nielúnë y Alkalabrindeth, ambas sintiéndose seguras en aquellas inhóspitas tierras. Grïm iba con el resto detrás, haciendo mofas y planeando lo que haría con lo que le correspondería del supuesto tesoro.
Thitoron y Shathdul seguían silenciosos, sus rostros cada vez reflejaban más su preocupación, pero nadie se inmutaba de ellos. Parecía que mientras más tranquilidad encontraban a su paso, más desconfiaban del lugar.
En la cima de la última montaña se detuvieron a visualizar la vastedad de la región que les esperaba por delante. Una extensa planicie cubierta de verde pasto, en el centro brotaba un manantial cristalino.
Wethan se detuvo y viendo a Alkalabrindeth, le dijo lleno de satisfacción:
- Tendrás que disculparte kala, -extendiendo los brazos- mi elección ha sido la correcta; por los árboles no hubiéramos llegado a este pequeño oasis!!
La peredhel sonrió y respondió con ironía:
- Yo no me humillo ni ante el mismo Señor de las Águilas, deverías saberlo. Mucho menos ante su cría indefensa -pasando por su lado y acariciando los colmillos del dragón- Pero cuando crezcas, te daré la oportunidad de dejar que tu sangre alimente a mi amiguito.
Todos rieron de la escena, hasta el mismo Bohr, reconocía que su padre era la autoridad para él, aunque muchos no olvidarían el ridículo que le hiciera pasar en Hón. Los dos amigos se abrazaron y caminaron juntos a la visión que parecía un sueño, ahí pasarían la noche y tal vez un poco más.
Alkalabrindeth al igual que otros no creían en el tesoro, sólo seguían por diversión y aventura la locura de Wethan... sólo que jamás previeron a lo que esa locura los arrastraría tarde o temprano. Aunque de haberlo sabido no hubieran dejado de seguir a Bohr, más que su líder o príncipe, era su hermano.
Ohtaránë
Veamos -dijo Ohtaránë-. Esta es la situacion. La ciudad esta invadida de esos encapuchados... No es un tesoro desprotegido y facil de obtener -esto lo dijo recordando las insistentes palabras de Kael en una taberna, tiempo atras-. El lugar donde me encerraron esta hacia el norte de aqui, en el subsuelo, a no demasiada distancia. Debemos hallar una ruta hasta allí que no sea el desagüe, porque eso desde luego yo no pienso usarlo...
-Ahora bien -añadió-. Ellos tenian unos prisioneros que estoy seguro de que son tus compañeros desaparecidos -dijo a Darlak-. Ellos dijeron que os estaban esperando, asi que debo suponer que vosotros sabeis o teneis algo relaccionado con el tesoro. Una deuda de honor me impide hacerte daño y no tengo nada personal contra ti, pero estas en minoria, recuerdalo. Bien. Entonces nuestro objetivo es empezar a buscar la entrada a su refugio y entrar en secreto. Si estais todos de acuerdo -miró a Luiniel, que era de quien esperaba oposicion-. Vamos...
[Editado por Mafy13 el 06-08-2006 20:51]
Luiniel
La noldor le devolvió la mirada a Ohtaránë, no le convencía la idea de ir directo a las mazmorras sería meterse en la boca del lobo ¿Cómo podían esconder un tesoro en semejante lugar? De seguro era una trampa. Sin embargo se mantuvo callada.
- Vamos - dijo Darlak, lo único que le preocupaba eran sus compañeros, cada minuto era crucial - No podemos perder el tiempo aquí.
- ¡Un momento! - dijo Luiniel, sin apartar la mirada de Ohtaránë - Si el lugar está vigilado, no podemos irrumpir así como así. Necesitamos alguna distracción para transportar el tesoro fuera de la ciudad... A menos que ayudemos a nuestro amigo impaciente a encontrar a los suyos. - se volvió hacia Darlark - Espero que apreciéis nuestra buena voluntad.
Kael Athas
Kael escucho todo el relato con interes.Tras decidir ir a por el tesoro aunque fuese una trampa se acerco a la fachada para observar:
-¿Y a ti que te paso?-pregunto Ohtaránë.
-Nada...interesante...
Salieron al exterior.Kael habia visto huir a los encapuchados por una trampilla en la plaza.Se acercaron con cuidado pero los encapuchados habian desaparecido.
Llegaron a la plaza una vez alli Darlak se puso nervioso ante la presencia de la estatua:
-¿Sabeis quien es amigo?-pregunto Luiniel.
-Es el sexto...caballero...-murmuro-Aquel del que hablan las leyendas mas oscuras de Lempë...-se estremecio al recordar esas leyendas.
Kael miro a la estatua y sin pensar dijo:
-Me recuerda a mi pasado...
Luiniel le miro...Aunque era su patrona ni ella sabia la verdadera historia de aquel elfo.De repente comenzo a andar alrededor de la plaza buscando la trampilla.Mientras le contaba su historia:
-Bien si yo naci aqui...-se referia a la tierra media-Emigramos a Aman...Alli fui feliz...vaya perdida de tiempo no recuerdo nada-Palpaba un murete-Tras conocer de la muerte de padre...volvi cuando la gente Feanor volvio...-miraba ahora el suelo-Desde alli...viaje.
Se detuvo ante un muro.Probo suerte pero nada aquel muro no era:
-Bueno llege a las tierras al sur de aqui...un enorme desierto...Rhun...Alli servi a un poderoso rey del desierto...
Darlak lo interrumpio:
-¿Pero...no llevais simbolo alguno de vuestras lealtades?
-Si...-contesto extrañado-Mirad-les enseño que en el brazo derecho.-Aqui estan estas señas...-les enseño unas muescas en su armadura.Una tenia la forma de un sol-El emblema del rey al que servi...el sol naciente.Y aqui...-les enseño una muesca mas arriba.Tenia la forma de una araña.-Este es el emblema de Liantari.-No era exactamnete el emblema de Liantari pues tenia una ligeras modificaciones que relevaban sus lealtades mas hacia Luiniel que hacia Liantari.
Entonces toco en el muro y una trampilla se abrio...:
-Pasen señores-dijo con una sonrisa en la cara-Pasa Luiniel-y le dedico un guiño.
Descendieron por la trampilla...
Ohtaránë
Bien -dijo Ohtaránë. Estaban en una habitacion de veinte por 15 metros. La escalerilla descendia hasta cerca del suelo. Habia unos asientos bajos, alargados y llenos de polvo a los lados. Una puerta de hierro era lo unico destacable entre aquellos humedos muros de piedra-. Luiniel, ya que lo has sugerido, te toca distración -la elfa asintió con expresion sombria...
-¡Voy con ella! -dijo Kael-. Necesita mi proteccion...
-Yo necesito tu espada, ella puede arreglarselas.
-He hablado -dijo Kael, cruzandose de brazos.
-Esta bien, como quieras -asintió Ohtaránë-. Darlak, creo que tendremos que ir nosotros, si realmente estas interesado en salvar a tus compañeros.
-Claro que lo estoy -dijo el semielfo-. Eres un Liantari, pero hasta tu conoceras el valor de la amistad...
-Supongo...
El elfo fue hacia la puerta de hierro y tiró de la manivela. La puerta no sé movió, pero esto ya lo esperaba Ohtaránë. Sin embargo, produjo un chirrido y al instante oyeron unos pasos al otro lado. Kael y Luiniel se pusieron al otro lado de la escalerilla, mientras Ohtaránë y Darlak se ponian a ambos lados de la puerta, contrá la pared. Por desgracia, la puerta se abria hacia adentro.
Y se abrió. Unos encapuchados salieron de un salto y se quedaron mirando a Luiniel y a su protector. Afortunadamente, la capucha les impedia ver a los lados y no se fijaron en los intrusos ocultos a izquierda y derecha de la puerta.
-¡Enemigos! -gritaron-. ¡Soltad la emboscada!
Luiniel y Kael treparon, aunque evidentemente les aguardaba un grupo de enemigos en la plaza. Un grupo de encapuchados trepó tras ellos sin fijarse en las dos figuras agazapadas y finalmente Ohtaránë y Darlak quedaron solos, con la puerta abierta. En el exterior se oian sonidos de lucha.
-Tranquilo -dijo Ohtaránë al ver la expresion preocupada de Darlak-.Sobreviviran... ¡Vamos!
Entraron en el estrecho pasadizo echando de menos unas antorchas y llegaron a una escalera de caracol. En las paredes habia un arco colgado, con flechas, entre otras armas. El elfo aprovechó para armarse.
-¿Bajamos? -preguntó Darlak. Ohtaránë asintió. El otro bajo sigilosamente la escalera.
-¡Maldita sea! -dijo Ohtaránë para si mismo-. ¡Hasta un semielfo se mueve de forma mas elfica que yo!
El otro se habia adelantado lo bastante para no oirlo. Se encontraron en un pasadizo humedo y alargado.
-Es aqui donde estuve -dijo Ohtaránë-. Era el olor de esta mazmorra... No hay dos que huelan igual, ¿sabes?
El otro lo miro con ajena curiosidad. Caminaron un tiempo y se encontraron en un cruce. Se miraron indecisos.
-¡Maldita mujer! -oyeron una voz viniendo de la derecha-. ¿Pretendias huir sin antes ver al señor de la ciudad? Esta deseando verte...
Corrieron hacia la voz.
-¡Ah! Por hay viene -dijo el hombre, al oir sus pasos.
-¿Soy el señor de la ciudad? -preguntó Ohtaránë-. ¡Vaya! Que inesperado honor...
El elfo soltó la flecha que habia preparado y el hombre cayó muerto en el pasillo. Darlak arrancó las llaves del cuerpo y entró a la celda para liberar a sus compañeros. Ohtaránë les dejo unos minutos para el reencuentró. Luego dijo:
-¡Escuchad! Si el \"señor\" de la ciudad va a venir aqui en breve, ¿no deberiamos esperarle para \"agradecerle su amabilidad\"?
Bohr Daedth
...
Dos días y sus noches pasaron en el bello paraíso, pero los vientos comenzaron a pesar, y grandes polvaredas se precipitaban sobre el campamento.
- ¡Debemos partir! -gritó Thitoron a Bohr- Estas tierras han dejado de darnos la \"bienvenida\".
- ¡No! seguiremos adelante, estamos próximos a la ciudad, aunque sean ruinas encontraremos refugio que nos protejan de esta tormenta -respondió Bohr.
Todos comenzaron a levantar las tiendas y guardar sus objetos. Thitoron se incomodó ante la actitud, pero no podía seguir oponiéndose.
Caminaron unas millas dejando a sus espaldas el sitio que tanto habían disfrutado, y de pronto, el aire apaciguó su furia. Alkalabrindeth se detuvo a esperar a Thitoron, y le dijo:
- Amaurenori sigue dándonos la bienvenida, al parecer sólo se impacientó por nuestro retraso.
- Eso todavía es peor -alegó Thitoron con preocupación evidente- Algo o alguien desea nuestra llegada lo antes posible.
- Creo que ahora te daré el privilegio de la duda, sin embargo aún puede ser una exageración. Esta tormenta pasajera ha sido extraña, cierto, pero mi corazón anhenla continuar, algo me dice que encontraré más de lo que espero. -Y un pequeño destello de luz apareció en su mirada, Thitoron la miró y no pudo evitar una mayor consternación.
Mientras más avanzaban el suelo comenzó a sentirse blando, estaban llegando a un área llena de ciénagas. Por alguna extraña razón Bohr conocía el camino, en ningún momento titubeó y los dirigió por trazos curvos y laberínticos, evitando los pantanos. Había grandes pastizales salpicados en un lado y otro que hubieran podido engañañar a cualquiera.
Las aguas verdosas repelían un olor fétido que atraía sólo a mosquitos y niguas. Todos empezaron a quejarse, el viaje ya no parecía tan grato ahora, los insectos eran los únicos felices por darse un gran festín, parecían aprovechar muy bien lo que por tanto tiempo les había sido negado.
Una vez que salieron de las ciénagas prosiguieron matando mosquitos y niguas que traían adheridos a su piel. Grïm tuvo que quitarse desesperado las botas, las niguas se habían ensañado con él. Si todos no hubieran estado ocupados en su sufrimiento, se habrían burlado bastante tiempo de esta escena tan cómica.
Santur fue el primero en levantar la cabeza, al frente se expandía entre la hierba y la maleza lo que antaño fue una esplendorosa ciudad, casquetes de ruinas quedaban ahora, pero tan imponentes como para robarle el aliento al ingenuo capitán, que sin hablar levantó lentamente la mano señalando el hallazgo...
Por fin estaban frente a frente con la bella y apacible Ciudad de Amaurenori
Escrito por IndisElbereth
[Editado por Elessurendil el 07-08-2006 05:47]
Alkalabrindeth
...
¡Maldición, alguien se les había adelantado!
¿Qué era tanto aquel movimiento y ruido de repente? Alguien no estaba siendo muy sigiloso.
Los elfos de la partida del Lunte I Naryier avisaron a Wethan sobre los detalles del sonido y algún vistazo de algo particular aquí o allá.
- Es dentro, por aquellas bajadas... - Dijo el elfo más joven que iba con ellos, 4 años menor que Bohr.
El humano meditó, habría un enfrentamiento probablemente. Alkalabrindeth comenzó a ponerse impaciente. Todos ya llevaban sus armas afuera.
- Bo... Wethan!!! ¡Despierta! ¡Algo ocurre! ¡Maldición! ¡Oigo Orcos! - le gritó la elfa.
Nielúne la detuvo haciéndola callar. - ¡Ten cuidado por una vez! - Se iba a dirigir al ilegítimo príncipe cuándo el le habló.
- No tenemos ventaja allí dentro, no creo que haya amplias mansiones, y no conocemos su laberinto.- Él bien sabía que se manejaba mejor en campo abierto. - Los arqueros estén listos para disparar a mansalva, y lista la espada para blandirla enseguida! ¡Shatdul, cántales! Santur grítales todos los insultos que conozcas. Niño, tu y yo correremos hacia la entrada, muevete rápido, no te dejes tocar.-
Wethan se movió velozmente en inclinado hacia adelante, con los abrazos formando un arco y la espada atigrada de blanco en una mano. Cruzó por delante de la cavidad y gritó unas brutas burlas... no distinguió nada. El elfo niño atravesó el lugar también pero no se detuvo, de todas formas el alsenotíada lo cubría con la vista.
- Kala, dispara hacia los maderos que asoman allí! - La elfa lo hizo a desgano, y partió algunas viejas maderas que sobresalían de las entrañas de las sucias ruinas. Se armó un desparramo de tablas y piedra en la parte noreste del lugar. Alkalabrindeth buscó otros objetivos y disparó, haciendo caer ornamentos y construcciones derruidas.
Wethan seguía moviendose sobre la arcada de donde provenían los ruidos y los graznidos. Iba y venía esperando que algo se asomara para dar el primer golpe.
El señor de la ciudad tuvo que poner atención en el ataque desde afuera y no se dirigió a las salas donde tenían detenidos a los visitantes de Lempe Ohtari y de Liantari Dimbar. Lo que les dio a estos un poco más de tiempo para moverse. Algunos de los encapuchados que los cercaba fueron reclutados a detener a los atacantes.
Dos cuervos enormes salieron de alejados puntos de la ciudad y sobrevolaron a los Fanyari. Los arcos apuntaron a ellos, que ya se confundían con el cielo del anochecer. Thitoron movió velozmente la mirada y gritó que volvieran a apuntar a la ciudad, no al cielo. Wethan repitió esas órdenes. Pero los cuervos desaparecieron en la noche y algunos encapuchados habían comenzado a moverse por las ruinas, cuando las flechas silbaron hacia ellos ya era tarde para detener a algunos. Pronto tuvieron unos cuantos encima. Y la mayoría abandonó las flechas por las espadas.
Esos engendros peleaban bien, pero no eran más que sucios servidores de algun engendro mayor. Alkalabrindeth, Shathdul y Grim se internaron en el edificio. La elfa usó su látigo cuyo extremo se dividía en 8 extensiones que terminaban en fieros colmillos de dragón. Detuvo a los tipejos que aparecieron en la distancia. El enano y el hombre arremetieron contra los que se aparecieron más adelante en el camino.
- ¡Voces! - dijo Caraknár, sobrenombre de Alkalabrindeth, Colmillos de Dragón.
Grim apunto violentamente su cimitarra hacia el punto donde miró la elfa marginal de los Yárear Rámari.
- ¡No! - le dijo el enano, aún pensando en la estrategia de Bohr de hacerlo cantar. \'A ese hombre le gustan los cantos de marinos, y todos se satisfacen con mis cantares, pero...\' - Mira bien Grim, puede que haya cosas que mejor no matar. Sé porqué te lo digo.
Grim no entendió a Shathdul, pero bien, el enano tenía sus extrañezas, que dijera cosas extrañas no era extraño. Así que obedeció la parte que comprendión. Grim no era hombre de complejidades, ni de buenas deducciones.
Bajaron y encontraron a un grupo extraño de mercenarios enfrentando a unos carceleros.
- ¡Hey! - gruño Grim.
Kael Athas miró. - ¡Si te crees capaz de matarme inténtalo rápido! -
Shathdul habló. - ¿Que hacéis allí? ¿Dialogáis con los niños de negro? Pues porqué no envainan y conversan sentados?! - Al ver la reacción en el rostro de los fugitivos, Alkalabrindeth tomó la palabra.
- Somos \'amigos\', al menos no somos \'amigos\' de ellos! Os doy una oportunidad, elfo... si tu intención es matarme inténtalo rápido, sino sigannos e intentemos sobrevivir al aire libre...
Escrito por Elessurendil.
[Editado por IndisElbereth el 07-08-2006 05:24]
[Editado por IndisElbereth el 08-08-2006 03:30]
Kael Athas
Kael observo atonito a la mujer...A veces la ayuda llega de la forma mas inesperada...
Aprovechando los \"refuerzos\" se lanzó a la ayuda de Luiniel que al ritmo al que iba pronto seria ahogada en un mar de encapuchados:
-¡Tëamehtar!-profirio su grito de guerra.
Aparto a los encapuchados para darle a Luiniel una opurtunidad de defenderse:
-¿Por que me defiendes tanto?-le pregunto ella.
-Si salimos de esta...te lo cuento-le dedico una sonrisa y arremetio contra los encapuchados.
La pelea gracias a los recien llegados duro menos de lo esperado:
-¿Me lo diras ahora?-pregunto Luiniel.
-Esto no ha acabado-guiño un ojo-Mujer seas quien seas nos has ayudado.Pero creo que deberemos bajar a ayudar a los de la incursion...¿Nos acompañariais?
Darlak
- Ohtaránë, ayuda a Sonyariel. Yo voy a rescatar a Eleth y a Valandil. Luego esperaremos al señor, quizás Valandil tenga que decirle algo– dijo Darlak al tiempo que se adentraba a dónde se hallaban los demás.
Apenas podía avanzar pues las sombras de la celda inundaban toda la estancia. Pero consiguió atisbar los cuerpos de Eleth y Valandil más allá.
- Valandil, Eleth!! – gritó al tiempo que se lanzaban hacia ellos para rescatarlos al tiempo que las tinieblas se cernían sobre él. Los cuerpos de sus amigos se hallaban tendidos, amarrados con cadenas. Sus caras tenían una palidez mortal y parecía no haber vida en ellos - ¿Qué os han hecho? Habladme por favor.
De pronto el suelo empezó a tambalearse. Un grito se elevó a sus espaldas mientras zarandeaba el cuerpo de Valandil. Era Ohtaránë.
- Darlak la humana ha desaparecido, no sé donde se ha metido. La tenía delante de mis ojos y de repente el suelo ha empezado a sacudirse y cuando he vuelto a mirar ya no estaba. No sé qué está pasando.
El medio elfo se giró hacia atrás y pudo ver como las paredes estaban cediendo. No había tiempo que perder.
- Después la buscaremos es una mujer valiente. Mis amigos aún siguen con vida, sumergidos en alguna especie de sopor extraña. Intenta quitarle las cadenas a Eleth – dijo señalando la joven que se hallaba cerca de ellos. Mientras tanto, Darlak intentó quitar las cadenas a Valandil.
Sin embargo, no estaba resultando fácil quitar las cadenas y la desesperación hacía mella en Ohtaránë y en Darlak.
Bum, bum
Unos golpes sordos retumbaban en la estancia. Los ruidos eran cada vez más crecientes.
-Darlak no puedo quitar las cadenas – dijo Ohtaránë desesperado. Estaba probando con las dagas usándolas como palancas pero no había manera.
Entonces el medio elfo sacó a Envinyanta y con un golpe seco rompió las cadenas que mantenían atado a Valandil. Acto seguido hizo lo mismo con las de Eleth.
- No podemos esperar al señor de la ciudad debemos salir de aquí si queremos seguir con vida, esto está a punto de derrumbarse.
Darlak miró a Valandil, su rostro aún estaba apagado, sin vida.
- Lo siento Valandil, no podemos cumplir nuestra misión. Tenemos que salir de aquí. No tenemos más remedio.
Ohtaránë tomó el cuerpo de Eleth y el medio elfo hizo lo mismo con el de Valandil. Se dieron la vuelta pero las paredes estaban cayendo. El suelo temblaba ahora frenéticamente y justo en el centro se había abierto una gran fisura.
- No podemos salir por donde hemos venido, las paredes no aguantarán mucho – dijo Ohtaránë.
- Tenemos que intentarlo pues es la única salida que conocemos.
Darlak se lanzó hacia delante, hacia la puerta por la que habían entrado. Pero la pared de ese lado cedió en ese momento y a punto estuvo él y Valandil de ser sepultados. Ohtaránë empezó a mirar alrededor entonces para buscar una nueva salida. Entonces comprobó con horror que estaban atrapados. No habían ninguna otra salida.
bum, bum, bum
El suelo recibía ahora unas fuertes sacudidas y la fisura del centro empezó a extenderse hasta convertirse en un gran abismo negro que los engulló. Los cuatro cayeron por el abismo.
Elêth Niramar
Sorprendentemente, un golpe seco en la cabeza a causa de la caída hizo que Elêth despertara.
- Ay! Qué daño! No había mejor sitio dónde caer? -gritó, para hacerse menos sensible al dolor. Mirando alrededor, observó como Darlak la observaba atónito.
- Elêth! Has despertado! te encuentras bien? -dijo éste, contento de que hubiera vuelto en sí.
- Si a tener un enorme chichón en la cabeza y no recordar nada se le puede llamar estar bien... sí! estoy bien -dijo, mientras se recostaba en la pared, un poco mareada. -Qué demonios ha pasado? No recuerdo nada desde... ni siquiera recuerdo desde cuando no recuerdo... y me estoy mareando...
- Lo importante es que estés bien, y ahora deberíamos seguir... para ver si conseguimos saber donde estamos -dijo Darlak mientras miraba un poco incómodo a su alrededor. Sorprendida, Elêth comprobó que alguien asentía detrás de él. No sabía de quien se trataba.
- Espera jefe... me estoy mareando... y... tu tampoco sabes donde estamos? También has estado inconsciente? Y... que demonios le pasa a Valandil? Parece... no estará muerto -preguntó un poco asustada. Al no saber lo que pasaba, había optado por no decir nada serio mientras se situaba un poco y le pasaba el mareo, pero la cara blanca de Valandil la había asustado y temió por unos instantes que su broma fuera real.
- No digas tonterías -repuso Darlak, algo incómodo.
- Muy bien... no digo tonterías pero... podría saber dónde estamos? Y... dónde demonios se metió Sonyariel?-Elêth se frotó un poco la cabeza, el dolor estaba empezando a pasar. Por último miró al compañero de su capitán -puedo preguntar también quien eres?
[Editado por Nemarie el 07-08-2006 19:53]
Kael Athas
La mujer y su grupo aceptaron.Bajaron rapidamente por la trampilla.Una vez abajo fueron pasando por la puerta al final quedaron Luiniel y Kael.
Kael miraba ensimismado la pared del fondo...una voz seductora le susurro:
No puedes detenerlo...Es tu destino...La Araña surge en tu interior...sigueme...Yo te dare lo que deseas y mucho mas...
Kael se sintio tentado al final decidio avanzar hacia la pared...Es mi destino pensaba...:
-¡Kael!Vamos...¿Adonde vas?Tenemos que avanzar
Kael no respondio se acerco a la pared mas y mas...:
Se que la deseas con toda tu alma...Ella puede venir contigo...juntos gobernariais toda Arda...Juntos...
Kael se volvio hacia Luiniel y le cogio las manos y mirandola a los ojos le dijo:
-Luiniel,te amo...Esto es un suicidio ven conmigo por favor...Podemos salvarnos...Te lo ruego acompañame...
Luiniel detecto en los ojos del elfo que era sincero pero habia algo mas...Algo Siniestro que era quien tomaba las decisiones...Pero le interesaba salvarse y al fin y al cabo Kael era atractivo...:
-De acuerdo...-dijo insegura...Pero una fuerza surgio de su interior dandole fuerzas y guiandola-¡Vamos!
Avanzaron cogidos de la mano hacia la pared...La atravaseran al otro lado la misma voz les dio la bienvenida...
Bienvenido sois...hijos mios...dejadme ayudaros...os dare poder...si me serviis...
[Editado por kabul el 07-08-2006 20:13]
Ohtaránë
El elfo escudriño en la oscuridad a la llamada Elêth. Agradeció la oscuridad, que ocultaba al grupo sus innumerables cicatrices, marcas y quemaduras...
-Soy Ohtaránë -dijo a Elêth-. Os guste o no, estamos juntos en esto -añadió a los otros-. Soy de Liantari pero eso no debe importaros, todos estamos atrapados aqui y tenemos enemigos comunes. Ademas, sin mi Darlak no os habria encantrado, y sin él yo no estaria vivo. Estamos en paz.
-Respondiendo a Elêth -monologó como era su costumbre-, estamos abajo, muy abajo. Pero seguimos en Amaurenori, eso es seguro. No se que habrá pasado con vuestra compañera...
-Si me dejas hablar -interrumpió Darlak-, sugiero que vayamos a buscar algun pasadizo que nos lleve de vuelta a la superficie. Ohtaránë, coge a Valandil por los piel y yo lo haré por la cabeza. Elêth, tendras que abrir camino.
El elfo obedeció las ordenes del medio elfo.
-Este tiene una constitucion extraña, ¿de que raza es? -preguntó Ohtaránë al examinar con atencion a Valandil. El otro se encogió de hombros, poco dispuesto a explicar cosas en un momento como aquel.
Elêth habia abierto camino. A Ohtaránë le disgusto ver que hablaba en voz baja con Darlak, excluyendolo abiertamente de la conversacion.
-Nunca te aceptaran. Te consideran tan orco como los que te criaron a ti.
Ohtaránë se mordió los labios, pensando que volvia a hablar solo. Pero la voz insistió.
-Yo, en cambio, podria devolverte a tu verdadero estado. Desaparecerian las cicatrices que te avergüenzan y te separan del resto.
El elfo se mordió los labios con tanta fuerza que notó que sangraba. No tenia sentido... ¿Eran aquellos sus pensamientos?
-Veo que no me crees. ¡Toma una muestra de mi poder!
En ese instante el oscuro pasaje por el que avanzaban fue destruyendose a lo largo, como sacudido por una honda expansiva. Vieron que las paredes se resquebrajaban escupiendo piedras, y la destruccion se acercaba a ellos. Pero, cuando se arrojaron al suelo cubriendose la cara para rechazar los escombros que les destrozarian, el ruido cesó.
Frente a ellos, el pasillo estaba completamente arrasado. Desde donde estaban y hacia atras, por donde habian venido, estaba intacto. Ohtaránë se acercó al tunel destrozado. Habia visto derrumbamientos, pero nada como aquello.
-¡Bolvag! -exclamó en orco-. ¡Bag-burzum!¡Illska draugur!
Luego respiró hondo... La voz, si es que en verdad habia sido la voz, tenia argumentos convincentes. Pero tendria que hacer algo mejor que casi matarlo para atraerle.
-Bueno -dijo alegremente, ignorando la forma en que le miraban, y a la vez odiandolos por ello y odiandose a si mismo-. Entonces... ¿Damos la vuelta?
Darlak
Darlak miraba a un lado y otro del pasadizo. Cuando las cosas van mal pueden ir peor, se dijo. Entonces miró a Ohtanárë
- ¿Realmente te sientes cómodo pronunciando seas malsonantes palabras?- le preguntó Darlak refiriéndose a sus palabras en lengua orca
- Me crié con ellos. Si no te gusta, la próxima vez te tapas los oídos - dijo Ohtaránë visiblemente molesto con el comentario del medio elfo.
- No importa. Es lo de menos en la lengua que hables. Lo importante es que salgamos de aquí.
Se giró para coger a Valandil que aún se hallaba incosciente.Entonces vio la cara de Eleth, estaba pálida.
- Darlak...creo que...creo que Valandil ha sonreido
- Eso es una buena noticia - Darlak sonriente se acercó al cuerpo del maia. - Valandil, abre los ojos tienes que ayudarnos a salir de aquí.
- Oh, era una sonrisa extraña - la voz de Eleth se apagó en un susurro. Darlak intentaba de nuevo que el maia recuperada la conciencia.
bum, bum, bum
De nuevo aquel sonido sordo latía en la tierra. Todo parecía tambalearse de nuevo.
- Debemos de irnos de aquí - dijo Ohtaránë, ofuscado porque sabía que nadie le hacía caso.
Darlak en efecto no hizo caso del comentario del elfo y siguió intentando hacer volver en sí al maia.
Dejadme morir aquí
Con espanto, Darlak vio el rostro de Valandil, pálido con los ojos en blanco, parecía estar envejeciendo. Y aquella voz parecía venir de él a pesar de que Valandil seguía sin moverse. Entonces temió que le estuviera pasando como aquella vez en la que el espiritu del sexto caballero hizo de su cuerpo su hogar.
Tienes que dejarme aquí, salvaros vosotros
- Nooo, no te dejare aqui, me niego - gritó Darlak y el grito asustó a Eleth y Ohtanárë que se miraron extrañados.
- Tenemos que irnos Darlak cojamos a Valandil y demos la vuelta - Ohtaránë se sentía impaciente por el retraso al que les estaba sometiendo el medio elfo.
Entonces Darlak se levantó sobresaltado y se lanzó hacia el elfo mientras desenvainaba su espada. Sujetó a Ohtanárë con la espada en su cuello.
- Me niego a dejar aquí a Valandil, me niego - los ojos de Darlak eran puro fuego ahora.
- Yo no he dicho eso, yo quiero salir de aquí... - Ohtanárë se sintió cohibido con la amenaza del semielfo. ¿Qué le ocurría? ¿Había enloquecido? Sin duda alguien intentaba enloquecerles lo había intentando con él y ahora lo hacía con Darlak
- ¡Déjalo Darlak! - Eleth estaba asustada ante la escena
Los ojos del medio elfo volvieron entonces a la normalidad y retiró su espada del cuello del elfo.
- Pérdoname, no sé que me ha pasado. A pesar de tus palabras orcas no quiero hacerte daño. - Darlak envainó su espada al tiempo que con sus ojos daba disculpas al elfo- Pérdoname.
Se giró hacia Valandil comprobando que aún seguía inconsciente y dijo.
- Demos la vuelta
[Editado por aratir el 07-08-2006 23:30]
Alkalabrindeth
Las paredes crujían con mayor fuerza dando sus últimos suspiros. Shathdul y Grïm se detuvieron insistiendo en que era mejor regresar. Alkalabrindeth iba a responderles de mala gana cuando se percató que el desconocido que le había propuesto rescatar al resto, ya no estaba, había desaparecido junto con la elfa que lo acompañaba.
- ¿Dónde están? ¿Dónde se quedaron? - dijo enervada por la agitación y la furia.
- Acaso parezco su nana -respondió shathdul molesto por la absurda pregunta- al menos ellos escaparán de morir aplastados esta noche!!
- ¡Duros como las rocas son los naugrim! pero nunca ninguno como tú -dijo Alkalabrindeth de una manera irreconocible, acababa de ofender a un hermano, pero principalmente a la raza que más veneraba por amor a Gimbur.
El enano gruñó pero no respondió al ataque. Grïm intentó persuadir la tensión del momento y reiteró en que la solución era volver, si ni siquiera a sus amigos les había importado abandonarlos, ellos tenían la obligación de regresar con los suyos. Sólo Shathdul puso atención a sus palabras y se encaminaron hacia la salida. Pero Alkalabrindeth seguía molesta sin un motivo racional, al menos no se había detenido a pensar qué le tenía tan alterada, su cabeza justificaba su enojo con una y otra tontería.
Caminó detrás de ellos por un momento, ella ya no pensaba en sus amigos, la sangre le hervía tanto que sólo deseaba matar a esos seres, a sus oídos venían sólo recuerdos de voces con la usanza de la lengua negra. Sólo quería vengarse... encontrar a esos orcos y matarlos...
Y sin avisar a sus compañeros, se escabulló por una abertura que vio en el lado izquierdo, trataba de engañarse a sí misma repitiéndose una y otra vez que deseaba encontrar y ayudar a los prisioneros.
Olvidando la cautela descendió con rapidez y resbaló rodando unos metros abajo, en la caída las paredes se desplomaron, al levantarse vio su brazo derecho lastimado y sus ropas enpolvadas. Maldijo entre dientes y fue entonces cuando reaccionó... muchas veces su ímpetu había expuesto no sólo su vida sino la de sus amigos, pero esta vez ya no sería así. Estaba sola, pero tampoco podría regresar, la grieta quedaba en el techo muy alto desde donde ella estaba; debía continuar.
Movió unas tablas y enseres, y las vigas grandes las partió en astillas con los colmillos del dragón, así encontró otro agujero y por ahí descendió nuevamente con ayuda de una cuerda que encontró.
El lugar estaba en plena penumbra, pero con el don de la raza de su padre avistó una hendidura del tamaño suficiente como para tomarse como túnel, no había otra forma de salir de ahí, se encaminó hacia él...
[Editado por IndisElbereth el 08-08-2006 03:54]
Luiniel
Entraron en una cámara que permanecía en perfectas condiciones. El abovedado techo se alzaba muy por encima de sus cabezas, estaba alumbrado por lámparas colgantes y por antorchas en las paredes. Era una cámara enormemente larga y en todo su longitud habían montañas de tesoros como nadie se lo pudiera imaginar. Ambos estaban totalmente sorprendidos.
Mira más allá… Encontrarás un arma con la que nadie te detendrá jamás
La voz la escuchó sólo Luiniel, el corazón de la noldo se encendió de ambición y locura. Soltó a Kael y fue hasta el fondo de la cámara.
- ¿A dónde vas? – dijo él tratando de seguirla, sin embargo no podía mover los pies del suelo.
Con cada paso que daba, Luiniel seguía sumiéndose más en un trance que la llevaba a los rincones más oscuros de su mente. Ya no escuchaba lo que decía Kael.
Pronto emergieron los recuerdos más dolorosos, aquellos alimentaban su ansia de venganza. El aire se hacía más denso en la cámara, las luces vacilaban, las cosas perdían su color. Lo último que vió fue un enorme martillo de guerra en sus manos…
[Editado por arweneressea el 08-08-2006 05:10]
Kael Athas
Kael contemplo inmovil la escena...:
-Maldita seais voz traicionera-grito al aire-¡MALDITA!
De repente escucho otra voz mas dura pero igualmente seductora...
Dejame que yo te ayude....
-¿Quien eres?¿Acaso esa voz traicionera y tu no sois lo mismo?-creyo pronunciar en voz alta pero hablaba en su mente...
No...yo soy un discipulo de Morgoht...Ese no es mas que un humano propotente...E inepto...Esa elfa vive demasiado en el pasado...
-¿Humano?¿El sexto caballero?
Exacto...Sigueme ven...El tiene uno de los tesoros...de mi maestro...Pero queda uno...Dejame llevarte hasta el...
De repente desaparecio de alli...Kael se encontro andando por pasillos oscuros...enormes salas iluminadas...llenas de encapuchados...Pero las atravesaba sin mas...Entonces pasando de por lo menos sesenta guardias se encontro en una sala...en un pilar una corona de metal negro...
Acercate...Eso..Ahora arrodillate...Asi...
Kael vio como una figura oscura le ponia la corona en la cabeza...
Ahora alzate Kael Athas,El Sol Negro,Hëru Dûr...
-Yo traere la oscuridad al mundo y vereis impotentes como vuestro mundo cae bajo mi mandato...Yo soy oscuridad...
Y Kael grito de alegria era quien era y era poderososo....
Pero en lo mas hondo de su corazon Kael lloraba...Deberia enfrentarse a Luiniel...
[Editado por Cudesas el 08-08-2006 20:50]
Ohtaránë
Ohtaránë habia vuelto a morderse los labios. Insultos orcos acudian sin parar a su boca, y tenia miedo de enfurecer al otro, en el estado en que se encontraba. Ademas estaba demasiado nervioso para considerar friamente el sentido de la voz que le hablaba. Empezaba a acostumbrarse a su presencia, y poco a poco iba asintinendo a lo que decia.
-¿Ves? A tratado de matarte, seguro que pensaba que eras un orco... -el elfo asintió-. Cuando puedas mostrar un aspecto y un lenguaje como el suyo, se inclinará a tus pies, no podrá hacerte nada. Nadie podrá hacerte nada.
-¿Cuando?
-Cuando tu lo consideres oportuno.
-¿Y si lo considero oportuno ahora?
-¿Con quien hablas? -dijo Elêth. Habian llegado a una amplia camara y Darlak apoyaba a Valandil contra una pared. La elfa le miraba asustado. La luz se habia vuelto mas intensa y quizas ahora Elêth le veia tal como era por primera vez.
-Hablo con él -replicó Ohtaránë con tranquilidad.
-¿Con quien?
-¿Donde estamos?
-¡Yo... Yo puedo responder a eso!
En el centro de la sala apareció un hombre. Iba encapuchado y llebava un baston. Ohtaránë recordó que Kael le habia hablado de él.
-¡Maldito seas! -exclamo el elfo. Tendió su arco y le disparó tres flechas, una tras otra. El viejo hizo girar su baston ante él, rechazandolas. Entonces Ohtaránë miró a Darlak, y ambos asintieron. El elfo tiró el arco a un lado y ambos se lanzaron hacia el hombre. Ohtaránë le arrancó la capucha y trató de clavarle la daga en el cuello, pero el hombre desenmascarado le golpeó en el pecho con la punta del baston. Entonces paso algo raro. Sintió como una fuerza que le empujaba y salió volando hasta sentir los huesos crujir contra la lisa piedra del alto techo. Luego se precipitó de vuelta al suelo, rompiendose la nariz y los dientes (aquellos que no estaban ya rotos). Alzó la vista y comprobó alarmado que el humano habia dado un golpe en la cabeza a Darlak, haciendo que un chorro de sangre saliese de la oreja contraria al lado donde habia golpeado. El medio elfo cayó al suelo de rodillas, sin soltar la espada, y no se movió mas. Elêth habia recogido el arco y disparaba, sin mejores resultados que Ohtaránë.
-Te necesito -dijo a la voz-. Necesito ser un elfo de verdad... Te daré lo que quieras a cambio... ¡NECESITO SER UN VANYAR!
-¿Lo que yo quiera? Esta bien...
Una luz envolvió a Ohtaránë. Sus rasgadas vestiduras se volvieron blancas como la nieve y azules como el cielo. Su piel se hizo palida y brillante, borrandose asi todas las cicatrices. El Alto Elfo se levantó con elegancia y caminó hacia Darlak. Le tocó en el cuello con delicados dedos, tomando su pulso. Despues le cogió la espada y camino hacia el hombre. Este le golpeó con el baston, pero él era un Vanyar. Cogió el baston con una mano y se dejo llevar con elegancia, retorciendo el golpe como si se tratase de un extraño baile. Sonó un crujido y la muñeca del humano se rompió. El viejo trató de cogerlo con la otra mano, pero hubo un brillo, como una rafaga de aire de plata, y la extremidad del hombre salió volando, tan rapido como se fue al cuello la espada, que pese a la amputacion que habia realizado, no habia llegado a mancharse de sangre. Una voz habló, pero no era Ohtaránë. Eran sus labios, pero el solo decia lo que le dictaba la voz.
-Invocaras en efecto al Sexto Caballero, como planeabas. Pero no lo haras para ti. Es Gorthaur quien, tras tanto tiempo, necesita sus servicios. Tu, a quien mi nuevo siervo a sometido, le someteras a él.
-Si... Lo haré... Los necesito a ellos -el hombre señaló a los de Lempë Ohtari.
Elêth, la unica en condiciones de mirar con sus propios ojos, habia visto todo lo que habia hecho Ohtaránë. Pero, para ella, él seguia llevando ropas andrajosas y cardenales y heridas por todo el cuerpo.
Desde luego, pasaba algo muy raro...
Darlak
“La plaza situada en el centro de Yävetil se encontraba rodeada por un destacamento del ejército del reino. Al frente de este ejército se hallaban los caballeros había convocado. De pronto, los guardias trajeron a alguien. La muchedumbre se fue reuniendo de nuevo frente al balcón utilizado como patíbulo. Bolgöd apareció en el balcón flanqueado por dos guardias fuertemente pertrechados. En sus ojos no se reflejaba miedo alguno y su rostro era la imagen de la serenidad. Su larga melena negra oscilaba al viento como un vaporoso sudario, pues más cercana parecía a la muerte que a la vida. Cerca de él se hallaban los cinco caballeros del rey. Bolgöd miró especialmente a Fáila y a Handasse. Él había deseado a Fáila pero ella le había traicionado con Handasse. Un silencio aterrador dominó el lugar y, maquinalmente, le pusieron la soga al cuello sin que opusiera la menor resistencia. Algunas miradas de angustia fueron aflorando entre los presentes. El heraldo desplegó un pergamino y leyó con voz firme e impersonal:
“Hemos encontrado culpable a este ciudadano de los siguientes crímenes: intento de asesinato de los caballeros Handasse y Fáila, traición al reino y… asesinato consumado de nuestro fiel guardián y servidor Loras, capitán de la guardia de presos...”
- El sexto caballero – fueron las palabras que Eleth le escuchó a Ohtaránë. Ese nombre le resultaba bastante conocido. Era por él por quién habían venido a aquel lugar. No habían conseguido destruir su espíritu vengativo durante la guerra del sexto caballero.
- El sexto caballero fue ajusticiado pero fue Morgoth quién preservó su alma para que algún día cumpliera su venganza contra los caballeros de Lempë Ohtari. Recordó la historia que le narró Valandil al partir hacía Amaurenori.
De pronto, Ohtanárë cayó al suelo, insconciente. Eleth estaba asustada. Darlak se hallaba herido y ahora el chico extraño se había desmayado. Se acercó primero hacia el medio elfo.
- Eleth… - murmuró. A pesar de estar condolido se levantó y miró alrededor. El hombre que les había atacado parecía haber desaparecido. Ohtaránë se hallaba de pie, inmóvil. Darlak consiguió levantarse y vio con horror como el chico tenía sus espada.- ¡Cómo te atreves a tomar a Envinyanta!
Darlak se lanzó hacía él para cogerle la espada. Ohtaránë no se inmutó cuando el medio elfo recuperó su arma. La miró y vio como estaba intacta. Entonces recordó el día en el que el vinculo entre ohtar y espada fue definitivo. Aquella espada que una vez se llamara Gurthang y fuera usada por Turin Turambar había llegado a manos de Darlak por obra del destino. Pero no fue durante la guerra del sexto caballero cuando la unión fue definitiva. El medio elfo la bautizó como Envinyanta, la renovada, la hoja que había sido forjada de nuevo.
Sin embargo, la espada aún seguía teniendo la esencia maligna de cuando fue creada y anhelaba sangre y muerte. Y esa esencia maligna estaba siendo aumentada a causa del lugar donde se hallaba. La unión entre ambos se estaba haciendo más fuerte. Y la espada lo iba a usar para obtener más sangre y muerte.
Todo sucedió muy rápido. Darlak no se había dado cuenta pero la espada sí. El hombre que les había atacado se aproximaba hacia el cuerpo de Valandil que se hallaba un poco más adelante. La espada hizo un arco sesgado en busca de la sangre del hombre que antes no había recibido al amputarle la mano. Le hirió en el hombro.
Un agudo grito se oyó en la instancia y todo tembló pero el hombre consiguió escapar de la espada a pesar de la herida.
La espada también aulló de rabia. Ultimamente no había conseguido alimentarse de muchas vidas.
Cuando se quiso dar cuenta Darlak, el hombre se hallaba sobre el cuerpo inmóvil de Valandil
- Lo necesito a él. y acto seguido el hombre y el maia moribundo desaparecieron a los ojos de Darlak.
[Editado por aratir el 08-08-2006 23:02]
Kael Athas
Kael se alzaba en medio de la enorme sala:
-¿Y que debo hacer ahora maestro?
Te he conseguido...un aliado...el elfo orco...
-¿Ohtaránë?
Si...deberas buscarlo...yo te llevare con el...sigueme
Kael salio por las puertas afuera quedaban los restos de lo que habia sido la vigilancia de los encapuchados:los que habian sido aplastados por lo demas.
Ignorando los cadaveres Kael paso como una sombra.Sin saber por donde iba llego a la enorme sala abovedada donde estaban Ohtaránë,Eleth y Darlak.
Como una sombra los observo.Espero a que Eleth asustada recobrase el aliento.
Surgio desde las sombras Ohtaránë lo percibio(por Eru era un Vanyar):
-Kael.
-Ohtaránë amigo.-Tras un breve intercambio de miradas en el que la voz le susurro ordenes se acercaron-Ven conmigo,amigo mio.
Ohtaránë tras pensar un poco(creia que pensaba era la Voz quien dictaba) accedio a ir con Kael...:
-¿Y el Maia?¿Y el del baston?Creia que estaban en tu poder.
-Desaparecieron...
-Maldita Luiniel-Kael golpeo el aire con furia.Entonces se percato totalmente de Eleth.-Tu pudes servirnos en el futuro...
Kael se aceco a la joven que aun seguia en estado de shock le puso los dedos sobre la frente y Eleth cerro los ojos.Kael la cogio en brazos.
Darlak iracundo y deseoso de sangre por culpa de la maldicion de su espada se lenzo contra el pero Ohtaránë,el nuevo Vanyar,lo cogio y lo arrojo a un lado:
-No te meta donde no te llaman medio elfo-le dijo Ohtaránë burlandose pues el era un Vanyar y aquel individuo no era mas que un medio elfo.
Darlak se volvio a levantar pero cuando alcanzo(eso creia) a Ohtaránë.Kael y Ohtaránë habian desaparecido misteriosamente.
Bohr Daedth
A su pesar, Wethan Bohr y los suyos se habían adentrado en las profundidades de las ruinas. Habían accedido por una entrada diferente.
Caminaron una largo tramo de amplios salones sin encontrar enemigo alguno. Gakhân iba con el líder. Santur y Thitoron iban entre el resto. Once hombres caminando por mansiones de antiguo esplendor.
Wethan estaba incómodo, pero llevaba a sus hombres a descubrir que era lo que pasaba. Se sentían a salvo juntos, la hermandad era valiosa. Atravesaron diferentes espacios, hasta llegar a un salón alto y abierto... parecía entrar el cielo por su bóveda, era brillante como el campo abierto, la brisa corría con más fuerza allí trayendo perfumes agradables y olores memorables.
En el fin de la sala, un alto caballero se hallaba agachado quebrando una rodilla. Wethan detuvo a todos, él lo enfrentaría solo.
Al llegar hasta su lado, el hombre se extendió y giró hacia él. Era magnífico, se notaba en su rostro el poder y la libertad a la que parecía hacerle culto.
- No desenvaines muchacho, estoy aquí para ayudar. Ayudaremos a tu gente, se acabará el dolor entre ellos. - En un movimiento de entre su armadura surgieron dos poderosas alas grises pardo, inmensas, dominantes.
El joven se sintió abrumado ante tal presencia, que le llevaba cabeza y media, y tenía una contextura fuerte y bella.
El hombre cerró las alas y tocó un hombro de Wethan.
- Trae a tus amigos. ¿Cuál es tu nombre, hermano?-
- Soy Bohr Daedth, Wethan Bohr.-
- ¡Excelsia gracia, caballero! Oye, debemos entrar, hay quienes nos necesitan allí dentro. Y conozco un atajo.-
Wethan le dijo a los suyos que se acercaran.
El Caballero dio un golpe con hombro en la pared más ruinosa. Nada ocurrió, pero volvió a golpear, dio una potente patada, se giró y dió un golpe con todo el cuerpo, la roca cedió. Nada se veía adentro.
- Ahora, por aquí. -
Wethan no dudó, el caballero era de confiar. Y los hombres del Lunte I Narier. Lo siguieron.
Tras atravesar el pasaje se encontrarían con dos Liantari que estaban dejando de ser ellos, o, al contrario, que estaban encontrando la perfección de su verdadera forma.
Elêth Niramar
Elêth abrió los ojos y al ver pasar el suelo a sus pies se sintió mareada. Había quedado inconsciente dos veces ya en lo que llevaba de día... tanta necesidad había de que no se enterara de lo que pasaba a su alrededor.
Intentó levantar la cabeza, pero no había manera, casi se le cerraban los ojos. Se dio cuenta entonces de que alguien la llevaba en hombros, como si de un saco se tratara, y empezó a patalear.
- Oye! quien seas! sueltame! se caminar, sabes? -grito mientras maldecía no llegar con más facilidad a sus botas. -Te lo digo en serio! si no me sueltas te vas a arrepentir! -gritó, sin dejar de patalear.
De pronto la joven se encontró en el suelo. Acababan de llegar a una sala iluminada por antorchas. Parecía ser ancestral, y lo primero que vino a la mente de Elêth fue preguntarse quién habría encendido las antorchas, si allí no parecía haber nadie. No llegó a entontrar la respuesta, se quitó la pregunta de la cabeza antes. Recostó su espalda en la pared de la sala y, intentando olvidar el dolor de cabeza, persistente porque antes de que se le fuera ya había razón para tenerlo de nuevo, miró a su alrededor para ver quienes le acompañaban.
Sintió la esperanza vacía de que Darlak estubiera entre ellos, pero sabía que no sería así. Le habría contestado cuando pataleó. Levantó la vista y vio al que recordaba haberse presentado como Ohtaránë y que había dicho ser aliado... ya se notaba... pensó resentida, sobretodo después de lo que había presenciado... A su compañero, a quien la había llevado en brazos, no lo conocía.
- Puedo saber quien eres? -preguntó tajante, señalando al desconocido.
- Kael Athas, señorita, y agradecería que dejaras de chillar, o nos va a oir toda la ciudad.
- Qué estamos... no, espera, qué estoy haciendo aquí? -preguntó, gritando con más fuerza, pues se hallaba encedida de ira. No sabía si podía fiarse de ellos, no después de lo que había visto. Nunca se había encontrado antes en una situación similar y estaba confusa. Con cuidado llevó su mano a la bota donde guardaba la daga. Estaba confusa, pero algo tenía claro, no se dejaría vencer por las buenas. -Dónde está Darlak? -preguntó al ver que no le contestaban.
Pero tampoco esta pregunta recibió respuesta, pues en ese instante un nombroso grupo entraró de forma repentina en la sala, desde un pasaje cercano. Elêth se enfadó consigo misma, no había obtenido respuestas, y más gente era lo último que necesitaba en aquellos instantes. Deseó que no fueran enemigos, lo último que deseaba en aquel instante era una pelea en solitario... nunca había sido buena en el combate cuerpo a cuerpo.
Darlak
Mientras Eleth, Kael y Ohtaránë recibían visita, Darlak se había quedado sólo tras la marcha de los liantari y la joven Niramar.
- ¡Maldición, me vengaré de vosotros sucios liantari! – murmuró mientras golpeaba el suelo ofuscado. Se hallaba sólo. Sonyariel había desaparecido y no sabía nada de lo que le había ocurrido. A Eleth se la habían llevado esos sucios liantari. Y a Valandil se lo había llegado el encapuchado y temía sin duda que sufriera lo mismo que sufrió cuando Bolgöd lo usó. - Oh, Valandil confio en tu fortaleza psíquica
Sin saber qué hacer se sentó en el suelo. Esta a saber donde en el interior de una ciudad maldita y traicionera. ¿En qué hora le haría caso a Valandil para venir a aquel lugar? Finalmente se levantó y oteando a su alrededor decidió continuar y lo hizo por donde habían venido porque adelante la cámara estaba cortada. La cabeza le dolía ahora debido al golpe que había sufrido anteriormente. Envainó su espada y retrocedió por donde habían venido. Caminando en la oscuridad que le rodeaba no dejaba de pensar en lo que había sucedido. ¿Cómo se había dejado engañar por los liantari? A pesar de sus malsonantes palabras en lengua orca, el elfo no le había parecido peligroso pero indudablemente se había equivocado. ¿Qué era lo que pretendían? Posiblemente formaban parte del culto que se había instalado en Amaurenori.
Siguió caminando por un túnel que se hacía interminable y poco a poco fue perdiendo la noción del tiempo sin encontrar rastro de nadie. Era curioso, pero solo ahora pensaba en la posibilidad de que Eleth, Valandil o Sonyariel se encontrasen con vida desde que había entrado en el túnel, venganza era la palabra que se repetía en su cabeza y ocupaba sus pensamientos, síntoma que empezaba a notar dentro de él. De pronto se encontró con un pasillo muy ancho que reflejaba al fondo una luz inconsistente. Le resultó extraño pero no le resulto familiar aquel pasillo. Se suponía que había pasado por allí antes pero estaba convencido que esa no era la ruta que habían tomado cuando cayeron de la celda. El pasillo tenía una pequeña inclinación y terminaba en una especie de balcón que daba a una gran caverna, había unos 50 metros para llegar desde ese balcón al piso de la caverna.
Darlak se acercó a aquella caverna y fue cuando notó una presencia. Era una sombra. Desenvainó su espada y apuntó hacia delante.
El gobernador de Ostova Lorë avanzó lentamente hacía la sombra, con la espada en alto. No se fiaba del recién llegado. Los sucesos que habían ocurrido desde que había llegado a las ruinas de Amaurenori le hacían esperar cualquier cosa. ¿Qué será ahora? ¿Otro hombre encapuchado miembro del extraño culto de aquella ciudad? Finalmente se detuvo a un paso de la sombra. Vio que ésta se aproximaba hacía él.
- ¡Alto, no te muevas ni un pelo! – gritó el medio elfo.
Entonces es cuando la luz iluminó la sombra y Darlak se encontró con la esbelta figura de una mujer. ¿Sería la mujer liantari que venía con los traidores que se habían llevado a Eleth? Pero no era ella. Darlak no conocía a aquella dama. Se trataba de una mujer de cabellos negros y de rostro pálido que le miraba extrañada.
Ohtaránë
Ohtaránë contempló con expresion sombria al grupo de recien llegados. No habia habido forma de hacer que la Dunadan se callara, y ahora ademas tenia que prestar atencion a aquellos. Tambien le molestaba el aire de superioridad con el que le trataba Kael. Aquella no era forma de tratar a un Vanyar. Pero todo lo que decia Kael tenia sentido, y le trataba con respeto pese a todo. En general estaba contento. Se adelantó hasta el lugar donde estaba uno de los recien llegados y contempló sus rostros, iluminados por la luz que irradiaba el elfo. Uno de ellos dejo caer un fardo sobre un charco del suelo. El agua sucia salpicó a Ohtaránë.
-¡Estupido! -el elfo se puso tras el humano con elegantes pasos elficos y le apuñaló antes de que los otros pudiesen reaccionar. Luego volvió a su posicion original-. ¡Que sirva de ejemplo! ¡Eso es lo que sucede cuando alguien se atreve a ensuciar las luminosas vestiduras de Ohtaránë, Alto entre los Altos de Aman! ¿Quienes sois vosotros, mortales?
Los hombres lo miraron con evidente perplejidad, pero se repusieron a tiempo.
-Somos los Siervos de Gorthaur en Amaurenori. Creo que tenemos que conduciros a Kael y a... Su Señoria a la Sala de Invocaciones. Sauron se materializará ante las puertas... Ni siquiera el podría entrar mientras se convoca al Sexto Caballero, y ninguno sabe cuanto tardará en suceder eso.
-Confia en ellos, Elfico Señor...
-Esta bien, os creo... Kael, debemos permitir que esta escoria nos escolte...
-Lo sé, Ohtaránë -por su expresion, estaba claro que la voz le estaba hablando. ¿Que le estaria diciendo?
-¿Adonde vamos? -preguntó Elêth.
-Pronto lo sabras -replicó Ohtaránë-. No intentes nada.
La dunadan la miro con expresion dolida, volviendo a mostrar aquella expresion de confianza rota. Ohtaránë se sintió culpable... ¿No era él alguien de honor? ¿No habia pensado siempre que el honor era lo unico que lo separaba de los orcos que lo criaron? Pero entonces la expresion de Elêth se endureció y lo miró con frialdad. El Alto Elfo mantuvo la cabeza alta y pasó de largo. No era mas que una humana...
En ese instante un grupo de hombre llegó por otro pasaje al lugar y los dos Liantari se encontraron ante los hombre de Bohr, que los contemplaron un momento en silencio.
-¡En nombre de Sauron! -oyó decir a Kael, aunque sabia que no era su voz la que hablaba-. ¡A por ellos!
[Editado por Mafy13 el 09-08-2006 00:48]
Luiniel
Hace mucho que Luiniel se había quedado a solas, paralizada con el martillo que otrora se llamara “Grond”. Eso era lo que hubiera visto cualquier persona sensata. Sin embargo dentro de su mente se llevaba una dura batalla.
…¿No es esto lo que tu corazón desea?… ¿Poder?… ¿Por qué os resistís a tan majestuoso regalo?…
La voz insistía. Pero la noldo no estaba totalmente atrapada por el hechizo, reconocía la maldad de la voz, con sólo tocar el arma de Morgoth entendió la trampa; el Señor Oscuro jamás fue conocido por recompensar a sus sirvientes, eso lo sabía bien.
- Me ofrecéis poder cuando yo deseo otra cosa. – respondió, aunque cada momento que pasaba la presionaba más a aceptar.
Con poder podrás conseguir cualquier cosa… ¿No me creéis?
Escúchame, luchar no te llevará a ningún lugar… La guerra es un oficio terrible… – la voz adquirió el tono de su padre.
Luiniel se sintió desgarrada al oír aquella voz.
- No sé quien seas, pero has dado en el clavo equivocado. – logró decir – El poder que me ofrecéis me convertiría en una esclava más… - iba recuperando la movilidad de su cuerpo - Cometiste un gran error, lo que más deseo es ser libre.
Sintió que sus manos se desprendían del martillo.
Así sea.
Volvía a tener movilidad, sin embargo en ese mismo instante aparecieron más de veinte encapuchados.
- Así sea – dijo en voz alta desenvainando a Lómemacil.
Sus enemigos la rodearon con sus espadas desnudas, pero la noldo se lanzó al ataque antes de que pudieran reaccionar.
Fue una batalla feroz, Luiniel demostró su habilidad matándolos a todos. Todo terminó rápidamente. Y cuando la elfa creyó haber vencido recibió un golpe en la cabeza que la dejó inconsciente.
Alkalabrindeth
Había avanzado a tientas un largo camino, pero ahora sus esperanzas estaban puestas por completo en encontrar a los prisioneros. Les había fallado a los seres que más amaba, ahora era necesario rectificar.
Ya no temía a la muerte, había descubierto en su interior que era el camino que debía tomar para llegar hasta su padre, pero nuevamente había acallado ese sentir. Con Bohr había encontrado la amistad y la alegría, y a su lado pudo disuadir ese deseo. Sin embargo, ahora se encontraba perdida en un lugar repleto de enemigos y terribles presagios, y su amigo no estaba ahí. Por lo que vastos recuerdos se revolcaron en su mente, recuerdos que ayudarían a las sombras cercanas a descubrir sus debilidades...
Un tenue reflejo apareció en la oscuridad y la sacó de su ensimismamiento, mas no hizo nada para atacar o defenderse, sólo esperó. Al tenerlo sólo a unos pasos observó su rostro, era un hombre y en su mirada vio la luz de la nobleza, una luz con la que se sintió identificada a pesar de la amenaza:
- ¡Alto, no te muevas ni un pelo! – gritó el medio elfo.
- ¿Así recibes a quien abandona a sus amigos y arriesga su vida por venir a buscaros? -preguntó sin ánimos Alkalabrindeth. - Tu vestimenta me señala que sois de Lempë Ohtari y tu aspecto desaliñado me confirma que sois de los capturados.
Darlak se sentía fatigado para deducir muchas cosas, no entendía por qué una extraña haría todo eso por alguien que no conoce, además sus pensamientos le gritaban una y otra vez: - No vuelvas a confiar en nadie!!.
Alkalabrindeth se impacientó al no recibir una mínima contestación y habló más para ella que para el medio elfo.
- Veo que ya tienes mucho tiempo aquí, o te han hecho algo tan terrible que no comprendes nada de lo que digo... mejor así. Después de todo ya no sé cómo sacarte de aquí...
- Necesito encontrar a mis amigos -Pronunció Darlak con seguridad.
- Algo parecido escuché antes de decidir ayudar a encontrarte, y mira, ahora estoy perdida igual que tú. Iré con vos, sólo espero que no estés buscando a los que me pidieron eso y te abandonaron.
Darlak sonrió levemente, de alguna forma se sentía mejor con compañía, avanzó por donde ella venía. Alkalabrindeth iba a decirle que por esa dirección no había salida, pero él se adelantó:
- No te recomiendo ese camino a menos que busques sucesos inesperados o desaparecer en el trayecto. Mi nombre es Darlak.
- Alkalabrindeth hija de Valglin, y puesto que tomaremos mi rumbo yo dirigiré la encomienda. -Alkalabrindeth se adelantó, su actitud orgullosa había provocado otra sonrisa de Darlak y la posibilidad de creer en ella.
Niëlúne Lambar
Niëlúne había permanecido distante todo el viaje,exenta de toda opinión o de deseo de hacerlo.Al fin y al cabo estaba allí sin saber por qué,tampoco tenía a dónde ir y aquellos extraños la habían acogido sin siquiera hacer preguntas.
Aquella búsqueda del tesoro le era totalmente agena,ella sólo pensaba en su madrastra y en qué sería de ella.Ahora,se encontraba con gentes que para ella eran meros desconocidos pero tenía que confiar en ellos.
La situación se había descontrolado,habían sido atacados por unas criaturas encapuchadas y se habían visto obligados a separarse;algunos de sus compañeros habían tomado una ruta diferente para adentrarse en las entrañas de aquellas misteriosas ruinas y ahora ellos se hallaban perdidos en solo dios sabe dónde.
Todo era muy extraño...se habían encontrado con un ser totalmente fuera de este mundo(por lo menos para ella así era) y los había conducido a través de un muro sólo para encontrarse con más problemas.
-¡En nombre se Sauron!-oyó que alguien gritaba-¡A por ellos!
Todos desenvainaron sus espadas y se prepararon para la lucha.
Todo pasó muy rápido,aunque a los ojos de Niëlúne discurría a cámara lenta.
Se escuchó el entrechocar de unas espadas,Kael y Bohr se encontraban cara a cara y la cosa empezaba a ponerse fea.
Gakhân la agarró y la apartó de la disputa mientras la joven observaba cómo luchaban los unos con los otros.
El hombre alado permaneció impasible ante la pelea,esperando el momento oportuno para entrometerse.
-¡Alto!-al principio nadie pareció escucharle,pero poco a poco el silencio fue invadiendo la sala como si una fuerza oculta actuara obligándolos a detenerse.-¡Alto he dicho!,si queréis seguir con vida y encontrar a vuestros amigos debeís salir de aquí enseguida,todo ésto es un absurdo,no derrochéis vuestras fuerzas en pelear futilmente.
Todos escucharon pacientemente sus palabras,aunque Bohr parecía haberse excitado con la lucha.
-Pero...-se interrumpió,en ese momento supo que era inútil discutir con aquella criatura.
Niëlúne observó la escena en silencio perdida en sus cabilaciones,hacía poco que conocía al joven y aunque ella era aún joven e inexperta,se había percatado del espíritu impetuoso e impaciente que poseía aquel humano que se hacía llamar Wethan(la joven no era tan estúpida como para no saber ya a esas alturas del viaje que ese no era su verdadero nombre).
-¡Dejaos de palabrerías y luchad!-imprecó Kael en ese instante,pero Ohtaránë lo interrumpió.
-No amigo-le dijo en un susurro-los llevaremos ante el Señor...-Kael asintió y se produjo en sus rostros una leve sonrisa de complicidad.-Todo ha sido un malentendido señores,estamos todos nerviosos y los ánimos andan crispados,es éste lugar-Niëlúne observó a aquel que parecía un elfo pero que estaba lleno de magulladuras y cicatrices-vuestra aparición nos cogió por sorpresa y pensamos que eráis los mismos seres que han capturado a nuestros amigos,aquellos encapuchados...
-Nosotros hemos sido atacados también por esas extrañas criaturas y nos vimos obligados a separarnos,estamos buscando a nuestros compañeros,uno es una humana de cabellos morenos y tez pálida...
Kael la reconoció por la descripción,se habían encontrado con ella hacía un rato.
-Yo la he visto-contestó después que Bohr \"Wethan\" terminara-la encontramos con otros dos de los vuestros,pero de repente desaparecieron como por arte de magia-el engaño surtió el efecto deseado,todos se miraron alarmados y desconcertados...
-Está bien,permaneceremos unidos si queremos encontrarla-le dijo Bohr a Thitoron,éste asintió.
Poco a poco fueron abandonando la sala,dejando a Kael en último lugar mientras con una sonrisa de complacencia los observaba....
[Editado por mithril_ el 09-08-2006 14:44]
Kael Athas
Kael cogio a Eleth y e la echo a los hombros cual saco.Eleth siguio pataleando mientras avanzaban sin embargo Kael la ignoraba:
-¿Por que me ignorais?-repuso ella indignada.
-Vuestras pataletas infantiles no me afectan,señorita-respondio el serio.
Mientras el grupo se movia por los pasillos.Sabian a donde se dirigian pero aun asi avanzaban a tientas.
-¿Pataletas?-ella se indigno mas.
Kael paro y dijo disimuladamente al resto que siguiesen ya los alcanzaria.Dejo a Eleth en el suelo.Ella creia estar atada y por tanto no se movio solo desafio:
-¿Me vas a matar?
-No..tu me puedes ser util niña...me intrigas...
-¿Util?¿Que me vas ha hacer?-pregunto asustada.
Kael puso sus dedos en la frente de Eleth.Eleth sintio como penetraba en su mente mirando en sus recuerdos mas ocultos...
-Veo...tienes miedo a quedarte sola...
-¿Co...co...como lo sabes,elfo?
-Mas que un elfo,menos que un Maia.Recuerdalo niña.Yo puedo darte lo que quieres...si es que lo quieres.
Eleth desvio su mirad incomoda...no queria estar sola..la solead...le daba panico.Se atrevio a volver a mi mirar a los ojos a Kael.
Los ojos de Kael,verdes como la tierra,la atraparon enseñandole lo que le prometia...
Se vio en un trono rodeada de gente...feliz...nunca mas sola...:
-Pero...-replico pero Kael puso un dedo sobre su boca....
Yo te ofrezco eso y mucho mas...¿lo quieres?Puedo dartelo todo...todo...
Eleth oyo eso eso en su mente...
Acepto...¿que me pediis?
Nada...yo te dare mi poder...deja que mi poder se extienda por ti...cierra los ojos...
Eleth cerro los ojos...Kael era quien le habia hablado...Si podia confiar en el...
Entonces Kael la beso y sintio como si un poder surgiera en ella renovandal y dandole fuerzas.Las cuerdas desaparecieron era libre...
-Vamos-le dijo Kael satisfecho de reclutar a alguien mas-Debemos alcanzarlos...
Se levantaron y los alcanzaron...Pero aun debian llegar al lugar...
[Editado por kabul el 09-08-2006 16:58]
[Editado por kabul el 09-08-2006 17:08]
[Editado por kabul el 09-08-2006 17:11]
[Editado por kabul el 09-08-2006 18:13]
Elêth Niramar
Una sonrisa picarona apareció en el rostro de Elêth, que cogió de un brazo a Kael para frenarlo.
- Qué? -preguntó éste, mientras miraba con enfado a Elêth, pues se estaban quedando todavía más atrás. La sonrisa de Elêth se agrando mientras dirigía su mano, totalmente abierta a la mejilla del elfo con fuerza.
PLAS! El sonido retumbó, incluso con eco, por los silenciosos pasadizos.
- Qué demonios...? -preguntó asombrado Kael, mientras se llevaba una mano a la mejilla roja. Sus pensamientos eran claros para la dúnada, su rostro asombrado los declaraba silenciosamente. \"Le he dado lo que siempre ha querido y así me lo paga?\", leyó la dúnadan entre los rasgos de asombro.
- A mi... nadie... me besa... sin mi permiso, te enteras? -le gritó la chica, dándole golpecitos en el pecho con el dedo índice. - Nunca... lo vuelvas a hacer, ha quedado claro?
- Y como querías que te diera todo ese poder, niña? -dijo Kael enfadado. - A caso no lo querías?
- Por supuesto -dijo Elêth sonriendo maléficamente, mientras se miraba las manos. -Pero... la próxima vez te buscas otro modo de hacerlo.
Dicho esto, la joven dio la vuelta y se dejó al asombrado elfo recuperandose de lo que había pasado...
- Desagradecida... -dijo en un murmullo, que Elêth alcanzó a oir.
- Te he oído -dijo esta a desde donde estaba. -No creo que digas lo mismo luego. Ah! Y otra cosa... Tu que eres... más que un elfo... menos que un Maia... deberías saber que no es conveniente meterse mucho conmigo... Piensas quedarte ahí por toda la eternidad? -gritó finalmente, pues el elfo todavía no se había movido.
\"Bueno, caracter tiene... ahora solo falta que la bese medio ejército... seguro que así la motivan para pelear...\" pensó Kael mientras se ponía en marcha.
Elêth mientras tanto había alcanzado a Ohtaránë, que se encontraba con el grupo frente a una encrucijada de túneles.
- No sabes cuál es el correcto? -preguntó maliciosa. La mirada que Ohtaránë le lanzó la habría matado, si pudiera. - Tampoco hay que ponerse así... -dijo ella, consciente de que estaba jugando con fuego. Por mucho que ahora considerara a Ohtaránë y Kael sus aliados, estaba comprobando que debía tener cuidado con lo que decía.-Hacia donde vamos? -preguntó dispuesta a ayudar.
- A la camara de invocación -susurró Ohtaránë sin dar más datos.
- Vamos a invocar al Sexto caballero? -murmuró Elêth, de modo que solo Ohtaránë pudiera oirlo.
- Si no te callas vamos a invocarte a ti -dijo éste, con otra mirada mortal.
- Vale, vale... -dijo Elêth mirando la encrucijada de caminos. -La derecha.
- Qué?-preguntó Kael que acababa de reunirse con ellos.
- Debemos seguir el camino de la derecha -repitió Elêth resuelta, mientras se disponía a avanzar, pero esta vez fue Ohtaránë quien la paró a ella cogiendola del brazo.
- Estás segura? -preguntó amenazante.
- No, pero que otra opción hay? Yo creo que es por ahí. Tu no?
- Mejor sigamos ese camino -propuso Kael. -Si nos perdemos mejor tener a alguien a quien echarle la culpa, no?
Elêth miró de reojo a Kael tras escuchar esas palabras pero no dijo nada, en vez de eso avanzó por el pasaje, sintiéndose cómoda por primera vez entre la compañía que tenía.
Ohtaránë
Ohtaránë se adelantó con altaneria y avanzó por el pasillo. Habia cogido una espada que uno de los hombres le habia ofrecido... Sus manos aun recordaban el tacto de aquella espada de Darlak... Aunque trató de quitarse eso de la cabeza.
-Ya no puedo veros. Necesito reunir fuerzas para hacerme corporeo...
-Si, Maestro...
-Venid aqui con rapidez y aguardad mi llegada. Pronto el mundo será para ti, y podras dominarlo como Unico Señor de los Vanyar en Arador.
-¿Que sucede con Kael, Maestro? Ël osa darme ordenes...
-Ël es solo un instrumento. No te preocuoes. ¿Acaso existe mejor dirigente que un Señor de Allende del Mar?
-Cierto, gracias, Maestro...
La voz se desvaneció. Entonces se oyó un grito espantoso y se encontraron bajo la fria luz de la luna. Habian llegado a una especie de ancha avenida inundada. Ohtaránë se giró y miró a Elêth.
-Sabia que te equivocarias de camino -dijo la dunadan, poniendo los ojos en blanco.
-¡Pero si has sido tu la que...!
-Dejala -dijo Kael con frialdad-. Ya arreglaremos cuentas, tu y yo -añadió con voz maligna, acercandose peligrosamente al oido de Elêth, que sonrió con sarcasmo y despreció.
-¡Disparad! -gritó una voz. Una andanada de flechas cayó sobre ellos. Ohtaránë sacó su espada y contempló como las flechas se acercaban, demasiado lentas para su rapidez elfica. Las rechazó partiendolas por la mitad en el aire.
-¿Como has hecho eso? -preguntó Bohr, que se habia acercado con recelo.
-¿Acaso no reconoces a un Vanyar cuando lo ves?
Al parecer, no lo reconocia, porque se encogió de hombros y miró a los que los atacaban, un enorme grupo de humanos con brillantes armaduras.
-¿Quienes son? -preguntó Elêth.
-Poco importa quienes sean si nos matan, ¡Vamonos! -dijo Kael.
Se escabulleron entre sus propias filas los tres, dejando a los otros de carne de cañon. Asi huyeron Kael, Oharánë y Elêth, a quienes Gorthaur habia vuelto tan poderosos...
Darlak
La luz de la caverna fue desapareciendo conforme se adentraban por el camino por el que se abrían paso. A pesar de ello la travesía resultó amena y reconfortante para ambos después del mal trago de haberse visto solos en aquellos túneles y cavernas sin fin. Ambos estaban congeniando muy bien a pesar de la reticencia inicial de Darlak.
-¿Qué sabes de estas ruinas? – le preguntó Alkalabrindeth al medio elfo.
- No mucho más que tú. Estamos en un lugar del que sólo se saben leyendas e historias confusas. Una ciudad que alguna fue esplendorosa y confortable y ahora está convertidas en ruinas que sólo ofrecen oscuridad y pesadumbre. – Darlak intentaba ver algo en la oscuridad que ya se había convertido en una oscuridad completa. – Supongo que los mismos habitantes de la ciudad desconocían la existencia de estos túneles bajo sus casas.
La joven volvió a mirar hacia su acompañante y le preguntó:
- ¿Y por qué habéis venido a este lugar los de Lempë Ohtari? ¿Por el tesoro?
- ¿Tesoro? ¿Qué tesoro? – pero Darlak recordó que los liantari venían buscando un tesoro. – Ah, el tesoro que según los traidores de liantari se escondía bajo la ciudad.
Alkalabrindeth se rió al ver la expresión que su acompañante adoptaba al hablar de los que habían sido sus acompañantes circunstanciales. Darlak le había contado la jugarreta y cómo se habían quitado las caretas y raptado a Eleth. Alkalabrindeth, que también los había conocido, se había mostrado algo recelosa al conocerles. La joven le había contado como el que se hacía llamar Kael y la joven que les acompañaba habían desaparecido cuando habían ido a buscarles a ellos.
- Seguramente todo ha sido un plan debidamente planeado. Ellos pertenecen al culto de encapuchados que posiblemente custodian el tesoro de Amaurenori. Temiendo que tanto nosotros como vosotros lo encontráramos recibieron la misión de hacernos perder por estos túneles. Lo que me pregunto es que hicieron con la elfa liantari que les acompañaba.
Darlak devolvió la mirada hacia la semielfa.
- Nosotros no venimos por el tesoro. Hemos viajado hasta Amaurenori para encontrar a Bolgöd.
- ¿Quién es Bolgöd? - preguntó ella, extrañada.
Él le contó la historia del sexto caballero, la guerra que había iniciado en sus tierras por venganza a los antiguos guerreros fundadores del reino y cómo su espíritu había poseído a Valandil.
- Ahora temo que vuelva a usar su cuerpo para cumplir sus planes.
- ¿Y qué relación puede tener con Amaurenori?
- Posiblemente Bolgöd supo de la existencia de su tesoro, quizás ese tesoro le dé el poder para destruirnos aunque tengo el mal presentimiento de que su venganza se extenderá hacia todo Árador.
Alkalabrindeth le miró preocupada. En el interior de ambos sabían que las palabras de Darlak no iban tan encaminadas. Pero a pesar de ello no se imaginaban que Gorthaur, tambien conocido como Sauron, lugarteniente de Molgoth, estaba detrás de todo. Los planes de Bolgöd y él amenazaban seriamente a todos los reinos de Árador.
El túnel empezó a descender y el aire parecía volverse frío a cada paso que avanzaban. Se dieron cuenta entonces que estaban hablando en susurros como si temieran despertar el mal que se escondía en aquellas grutas. En un momento dado, pararon de hablar cuando escucharon una voz más adelante.
- ¿Estáis aquí para ayudarle? – era la voz de una mujer, una voz que resultaba lastimera y apenada. Pero no vieron nada entre las sombras.
- ¿Quién eres? – se atrevió a preguntar la joven semielfa.
- Ayudadle por favor sino traerá la destrucción a Amaurenori. Lo he presentido, ¿sabéis? En mis sueños he visto como mi querida ciudad caía, víctima de la avaricia.
Darlak y Alkalabrindeth estaban extrañados y no se atrevían a dar ningun paso.
- Le ayudaremos…- dijo Darlak - ¿Podría conducirnos hasta él?
El medio elfo le dijo con la mirada a su acompañante que de alguna forma tenían que salir de aquellos túneles.
- Me temo que se ha perdido. Está perdido para todos nosotros. Ya no le importa su pueblo. Quizás nunca le importara. Sólo los lujos y las joyas, sólo eso.
- ¿Os referías a Dagnir? – ese era el nombre del último rey de Amaurenori.
La mujer empezó a llorar.
- ¡Oh, le quiero tanto! Pero temo tanto por él. Ha elegido un mal camino.
Sorprendidos por el encuentro con aquella mujer que sólo escuchaban porque no la veían en las sombras, decidieron dar un paso adelante y entonces percibieron el rostro demacrado y cadavérico de una mujer. De repente, y sin previo aviso, un chorro de algo cálido y consistente fue arrojado en sus rostros. Con horror comprobaron que se trataban de asquerosas ratas.
- ¿Te dan miedo? – le preguntó Darlak a la semielfa.
- Puedo soportarlo pero, ¿de dónde han salido? – dijo ella.
Se hallaban rodeados de miles de ratas sin embargo eso no era todo por qué había ratas un poco más grande de lo habitual. Increíblemente tuvieron que sacar sus armas para luchar con unas ratas gigantes.
Una de ellas saltó y se abalanzó sobre Darlak derribándole al suelo, mientras la espada salió volando por los aires. Intentó quitarse de encima al la rata gigante que parecía hambrienta. Mientras intentaba deshacerse del animal, vio como su acompañante se defendía con maestría de las ratas. Como pudo Darlak tomó del cuello a la que estaba sobre él y comenzó a estrangularla. Comenzó a hacer ruidos extraños mientras él le apretaba cada vez con más fuerza, más ratas se acercaban hacia él. Sintió su respiración acortarse, sus movimientos se volvían agonizantes hasta que perdió la vida. Con rapidez recuperó la espada y la levantó al mismo tiempo que lo hacía él sesgando la vida de dos ratas más.
La espada empezó a canturrear silenciosa, aquellas ratas sería un buen aperitivo. Pero los platos principales la esperaban en otra parte de aquella ciudad.
Kael Athas
Kael se guiaba en la oscuridad que de repente habia inundado los tuneles.Pronto llegaron al cruce...:
-Por el otro lado-dijo Ohtaránë.
Kael sopeso que la voz se habria refugiado en Ohtaránë.El la habia rechazado.Se habia vuelto mas poderoso de lo esperado y habia roto el hechizo.Y Eleth habia recibido su poder no el de la voz.Aquello lo satifascia...una parte de el habia en el interior de Eleth...Si Ohtaránë se revelaba eran dos contra uno...Por mucho que Ohtaránë se creyera Vanyar Kael sabia que seguia siendo el mismo.
Avanzaron silenciosamente por el pasaje...Aquel mas iluminado le permitio obsevar a Eleth.Una joven con caracter como le gustaban.Nunca le gustaron las mujeres dociles y sumisas...Aquella era diferente...Sosego sus pensamientos que se copmenzaban a desviar a algo que en ese momento no venia a cuento.Paso a transmitirle ordenes a a joven:
Mi joven discipula....
¿Maestro?¿Que deseais?
Vigilad al elfo que se cree Vanyar...y obedeced a Kael
Maestro pero el...
Niña,Kael es tu superior...Obedece a sus ordenes...Tal vez seas recompesada...con mas...
Como querais maestro...
Eleth miro a Kael.Este le dedico una media sonrisa...estaban creca...
Elêth Niramar
Elêth le devolvió la sonrisa divertida. Así que su jefe estaba peleado con su compañero... casi mejor para ella.
Como querais, maestro-repitió mentalmente, mientras se dirigía hacia donde estaba Ohtaránë.
- eh! -gritó sin preambulos. -Gran Vanyar! -Añadió sarcástica. -No debe daros vergüenza haber errado el camino... ni que por culpa de eso nos intentaran matar y perdieramos a nuestros reenes... son cosas que pasan... -dijo divertida, mientras observaba como éste le dirigía una mirada furiosa.
- Oye! Te recuerdo que...
Las palabras del Vanyar fueron apagadas por otras en su mente.
Niña, te ordené que lo vigilaras. No que lo enfadaras. Deja las bromas para otro momento...
Eso quiere decir que debo obedecer las órdenes de Kael, al estilo de kael, y que no me puedo divertir?
Eso quiere decir justamente lo que quiere decir.
Pues no estoy de acuerdo
Oye! yo soy tu superior! soy quien te dio el poder! crees que me importa si te parece bien o no? Haz lo que se te manda... si lo haces... saldrás recompensada... si no...
Elêth no necesitó que Kael continuara. Un escalofrío recorrió su cuerpo. No le gustaba... pero algo le decía que debía seguir obedeciendo... y eso hizo. Se mantuvo callada como una tumba, detrás de Ohtaránë. Controlando cada movimiento. Cada mirada del otro era registrada por su mente, y sabía que Kael recibiría tal información, pues para su desgracia estaba claro que él leía todo lo que por su mente pasaba, o al menos se suponía que así era.
El trío llegó a otra encrucijada.
- La derecha! -dijo de nuevo Elêth.
- Ah no! otra vez no! no pienso hacerte caso Niramar! Tu nos hiciste equivocarnos de camino antes! No lo volverás a hacer!
- Venga! si tu no sabes hacia donde es! Yo creo que es hacia la derecha.
- Cállate niña! esta vez seguiremos recto -dijo Kael, muy seguro de sí mismo.
- Y por qué deberíamos seguir recto? -preguntó la dúndan, revelde.
Tenemos que repetir la conversación de antes, niña? -La voz de Kael sonó furiosa en su interior, y Elêth no pudo más que callar, aunque lo miró resentida por lo subordinada que le hacía sentirse.
- No estoy seguro de que debamos ir en esa dirección. Seguro que lleva a la camara de invocación?
- Claro... por qué no debería ir... -la intervención de Elêth le sorprendió hasta a ella.
- Acabas de decir que era por la derecha! -dijo Ohtaránë furioso.
- Lo siento, gran Vanyar, me equivoqué -contestó la joven sarcástica. -Vamos, deberíamos continuar... o se hará de noche... ah, no! espera... quizá ya lo sea... llevamos tanto tiempo aquí dentro que he perdido la cuenta. Lo que me recuerda... -dijo ya mientras emprendía la marcha. -... que hace siglos que no pruebo bocado, vosotros no teneis hambre?
- Perdiste tu mochila... como no quieras comer ratas creo que tendrás que pasar del aire... o del poder que te he dado... no quieres más? -lo último sonó en la mente de Elêth como un gran ofrecimiento, que tentó a la joven. Pero lo primero para ella era un burla que, en aquellos instantes, no podía tolerar.
Con un movimiento rápido sacó la daga de su bota y se lanzó contra Kael, tirándolo contra la pared. Luego lo cogió del cuello y lo amenazó con su daga.
- Nunca! Nunca comería ratas... odio las ratas! me oyes? Las odio... y si te viera con intenciones de que cenaramos ratas... estarías muerto antes de encender un fuego para poderlas cocinar.
- Niña! Suéltame! -decía Kael con dificultad.
Suéltame! Soy tu señor! Tu superior! No puedes hacer nada contra mí! Yo te lo di todo... y tu no puedes traicionarme... la voz sonó maléfica en la mente de Elêth, que se sintió confusa. En una situación normal, no habría actuado así, pero desde que pasara aquello, se sentía extraña... Soltó lentamente a Kael, que se palpó el cuello preocupado. Luego guardó la daga y se dispuso a partir, pero una mano la retuvo. Al girar la cabeza se encontró con los ojos de Kael, y volvió a sentir lo mismo que cuando lo miró poco antes de recibir su poder. Los labios de su superior no se movieron, pero en su interior pudo escuchar, como tantas veces en tan poco tiempo.
Estas tentando demasiado a la suerte, Elêth Niramar. Te dije que te creía útil, y por eso te di lo que tienes, y por eso sigue mi oferta de darte más... pero ten cuidado, y no me tientes tanto... o te arrepentirás de todo esto.
La joven tragó saliva, y incluso eso le costó. Miró como Kael avanzaba para alcanzar a Ohtaránë, que no había prestado atención a la pelea. Se dio unos instantes para pensar, y cuando ya Kael no era visible en la oscuridad del túnel, lo siguió.
Bohr Daedth
- Nos han traido...- exclamó Wethan. El brillo de la espada albiatigrada elevándose fue lo que único que se alcanzaba a ver. Las antorchas que apenas iluminaban los recovecos se apagaron y todo quedó en penumbra. El caballero alado se puso a las espaldas de Bohr. -Venceremos, no te preocupes, siempre venceremos, vamos por el buen camino, al menos aún no me han derrotado.-
El Caballero habló a todos. - Pongan sus espadas en posición de guardia, resistan los golpes. Es tu oportunidad, Wethan Bohr. Tu espada es el único medio hacia la victoria-.
Wethan envidiaba la seguridad que aquel hombre emanaba, y la fiera lealtad con que los hombres respondían a su orden. Su porte y su valentía se transmutaban en fuerza y gloria.
-... en guardia... resistan!- Repitió el príncipe Varna Rámar.
Él fue el que en aquella sala distinguió a cada uno de los arqueros encapuchados. Sus hombres resistieron los golpes de los que atacaban de cerca, y los movimientos de las espadas en guardia milagrosamente hicieron que las flechas chocaran en vano contra el metal.
Bohr corrió por todo aquel espacio derribando a uno y otro sirviente oscuro, que nada pudieron hacer para resistir sus golpes. El blanco de la espada le dejaba identificarlos en la negrura, y permaneció blanco incluso cuando la sangre amarronada se desparramó miles de veces por la hoja.
La escena llevó su rato, pero al fin acabó.
- Oigo voces. - Dijo Gakhân.
- Sí, allí. - Dijo otro.
Había prisioneros en esa sala, vestidos de negro, como los encapuchados, con las ropas rasgadas. Tras las paredes.
- Son mi gente.- dijo el Alado. Gracias, Señor Wethan, os debemos la vida.-
- Has sido tú el que ha sabido decir la palabra justa y quien ha previsto la acción perfecta...- respondió el muchacho.
- Mucho habré dicho yo, pero tú y los que te siguen son quienes...- retrucó.
Empezaron a romper las paredes de la sala cavernosa y salieron de allí hombres y mujeres, y muchachos y muchachas. Todos tenían alas.
- Que bella gente...- le dijo Bohr a Nielúnë y a Thitoron, que estaban a su lado. Orgulloso, el Príncipe sonreía.
Alkalabrindeth
Darlak había conseguido ponerse en pie y cada vez resultaba más difícil exterminar tanta rata.
- Tenemos que dar marcha atrás, este túnel se está inundando de ratas!!
- ¡No! éste es el camino correcto, por aquí entré a este laberinto lo recuerdo bien -dijo Alkalabrindeth con creciente desesperación, los roedores cubrían ahora todos sus pies, apenas podían moverse para caminar.
- Vámonos Kala!! encontraremos otra salida -y pasó su espada a la mano izquierda para seguir evadiendo a las enormes ratas que lo mordisqueaban, mientras que con la derecha tomó el brazo de Alkalabrindeth y la jaló.
- Espera! ¿Dónde está la mujer?... ¿Quien sois? -gritó a la oscuridad sin recibir respuesta-.
Lograron deshacerse de las ratas que traían aún colgando y por fin se detuvieron en una encruzijada que daba a la izquierda hacia los túneles de donde venían huyendo -aquellos donde otrora se perdieran Valandil y Elêth- y a la derecha un nuevo camino que tendrían que probar.
- Esto no puede estar pasando, no es real -dijo Alkalabrindeth entre el agiteo y la consternación.
- ¿Aún dudas de lo que te he contado? -preguntó Darlak- No te juzgo, hice lo mismo a pesar de que mis ojos presenciaban lo ocurrido... En estas ruinas se cierne un mal más poderoso del que te hayas enfrentado antes. Nuestra esperanza es la unión.
Alkalabrindeth no dijo nada de momento pero asintió levemente, en breves instantes había descubierto en ese hombre un amigo, y juntos compartían la unión de dos grandes y nobles razas, junto con los dones que cada una les traía.
Caminaron a la derecha, pero esos túneles tenían bifurcaciones más complejas, unas cuantas horas y hasta Alkalabrindeth había olvidado las direcciones que habían tomado. El aire fue haciéndose espeso, la medioelfa no sabía si la dificultad de respirar se debía al cansancio o era un mareo por la falta de alimento, pero no quiso decir nada a Darlak.
Avanzaron un poco más pero el aire era ahora insoportable de aspirar.
- Esto sólo me dice que vamos por un mal camino, debemos regresar al cruce donde aún el aire se siente limpio.
- Darlak, lo siento, ya no recuerdo el trayecto -dijo Alkalabrindeth aún más pálida, sus párpados empezaron a decaer y sus ojos azules perdieron la luz mientras la espada de Darlak canturreaba contenta, había delatado una sombra que se aproximaba.
Un escalofrío erizó la piel de la medioelfo. La figura era indistinguible, una risa heló sus corazones, sea quien fuera estaba en espera de que sus cuerpos calleran por la falta de aire. Darlak pudo dar unos cuantos golpes, o tal vez fue el mismo ímpetu de su espada la que actuó, pero su vista se vio nublada y pronto calló.
...
Los pasos del tiempo generalmente son enemigos de la vida y los actos que se esperan hacer, pero tal vez, ahora era un amigo silencioso.
Alkalabrindeth despertó y se sintió repuesta y muy confundida, pensaba si habría sido un sueño, pero ni siquiera podía recordarlo. Vio a Darlak durmiendo enfrente de ella, gateó hacia él y le palmó el rostro.
- ¡Bolgöd, no!! -gritó aún en la inconsciencia. Alkalabrindeth lo sangoloteó y ágilmente el medio elfo despertó colocando su espada en el cuello de ella.
- Es la segunda vez que me amenazas, ¿así es como debo confiar en ti?
- El aire! se ha ido!! - dijo Darlak sobresaltado y sorprendido.
- ¿Sabes lo que ocurrió? ¿Diste cuenta de ello?
- No, no con firmeza. Pero lo que sé me hace advertirte que estamos en grave peligro, sé lo que intentará, debemos salir de aquí lo antes posible -y sujetándola de los brazos le habló suplicante- Alkalabrindeth, no te dejes engañar, ha escudriñado en tus pensamientos, conoce tus temores y deseos, si lo escuchas se apoderará de tu alma...
El azul profundo de sus ojos se condolió de las palabras y destellaron con vehemencia, la medio elfa en su interior sabía que Darlak decía la verdad y, hubiera deseado nunca enfrentar algo así.
Ohtaránë
Soy un Vanyar... Puedo hacer lo mismo que un Vanyar... Tengo el mismo aspecto que un Vanyar... ¿Que mas necesitan estos idiotas?
-Perdona, ¿decias...? -preguntó Kael.
-Oh, no es nada -replicó Ohtaránë.
Iban andando en la oscuridad, por un estrecho tunel. Notaban huesecillos de ratas, crujientes bajo sus pies. Y sentian tambien la humedad que goteaba del techo y las paredes. Entonces vieron una luz al final del tunel. Emergieron en una enorme sala con techo abierto al cielo, pero tan arriba que este apenas se veia.
-¡Ohtaránë! ¡Tus ropas! -exclamo Kael, como si por primera vez viese su tunica valinoreana.
-¿Que les pasa?
-Na... Nada.
-Acaba de notar lo poderoso que eres. Planea traicionarme, y te teme. Y con razon, pues nadie ha de traicionar a Gorthaur y quedar indemne.
-Entiendo...
Si eso se lo dijo a Kael o a la voz, es algo que quedó en el aire. En ese instante, a un lado de la titanica sala, se abrió una verja de hierro que liberó una veintena de trolls. Al otro lado, de una verja casi identica, salieron al menos cincuenta ratas gigantes, que se lanzaron sobre los trolls a la carrera.
-¿Que es esto? -preguntó Elêth, conmocionada, que acababa de llegar. Entonces se prendieron unas flechas que cayeron en los bordes del lugar. Un anillo de llamas que ardian sobre combustible derramado lamió las paredes, creando un circulo que los encerraba con las bestias que peleaban. El fuego iluminó la escena. A bastante altura, en las paredes, habia unas gradas sujetas a escombros. Sobre ellas vociferaban entusiasmados con el espectaculo quizas una centena de orcos y encapuchados. Un tambor comenzó a redoblar rapida y siniestramente, de forma curiosamente melodica y brutal.
Los monstruos se habian encontrado. Ohtaránë vio a un troll destripar una rata gigante con las manos, mientras esta le roia a él los ojos. Otro troll habia caido bajo la accion de cinco ratas que se habian lanzado sobre él. Una rata gigante voló y se estrelló contra las gradas del publico, donde comenzó a devorar entusiasmados espectadores.
-Muy buen camino -comentó Elêth. Kael la miró a los ojos y ella hizo una mueca de dolor.
-Tenemos que encontrar la forma de salir de esta locura. ¡Tenemos que correr!
-¿Que corra? -preguntó Ohtaránë. Su voz se estaba volviendo mas limpida, menos ronca-. Si, correré...
Sin previo aviso, el Vanyar se lanzó hacia delante a tal velocidad que su cuerpo se desdibujo. Cruzó el campo repleto de trolls y ratas que se volvian furiosas a él, pero que golpeaban con sus martillos o cerraban sus mandibulas en el aire. Vio la otra salida. Las llamas estaban muy altas, tendria que saltar sobre ellas. Y el techo del pasaje solo le dejaba un hueco de cuarenta centimetros por donde colarse. Pero se impulsó con el brazo de un troll desconcertado y lo logró. Unos minutos despues llegaron tras él Kael y Elêth. De las manos de estos surgia una especie de campo de fuerza que apagaba las llamas, y fue asi como pasaron.
-Los habitantes de esta ciudad tienen un modo curioso de divertirse, ¿no os parece? -preguntó Ohtaránë. Elêth lo miró. Su mente habia resistido mas la sugestion, pero ahora ella tambien lo veia como Vanyar, en parte por la accion que el elfo acababa de llevar a cabo.
-Bueno -dijo Kael, furioso con los dos-. ¿Seguimos?
Alkalabrindeth
Pronto gran parte del recibidor se desplomó. Grïm alcanzó a atravesar la puerta de madera pero Shathdul quedó atrapado entre ella y los escombros, del enano sólo asomaba un brazo y su larga barba trenzada. Sus quejidos se apagaron ante el \"bim-bom\" de los tambores.
Grïm se quedó atónito entre su compañero enterrado y una multitud de seres altos cubiertos por capuchas oscuras, no se les veía el rostro lo que provocaba más su temor. Preparó su espada, sabía que nada podría hacer, eran demasiados, y sin seguridad soltó el arma.
Grïm había venido por avaricia, pero era un hombre fiel a los suyos y su tierra, un hombre que disfrutaba de las cosas simples y los placeres mundanos, de alguna forma este tipo de vida ingenua y fútil lo ayudó para ser ignorado como instrumento potencial de la oscuridad... sería sólo una carnada.
Dos encapuchados se acercaron y le engrillaron las muñecas mientras otros tres sacaban a Shathdul de su prisión. El enano en verdad era fuerte y resistió el aplaste y los jaloneos, una vez libre lo sujetaron a la par que su compañero. Ambas esposas las unieron en una larga cadena gruesa y oxidada que sujetaron al arnés de un gran caballo. Acto seguido lo chicotearon para que arrastrara a los prisioneros por todas las calles llenas de maleza, espinas e insectos.
Largo tiempo los encapuchados celebraron a carcajadas el sufrimiento de los fanyareanos hasta que sus propios vientres reventaron de fatiga. Grïm estaba desmayado de dolor, y Shathdul sangraba más de la boca que de otra parte debido a la fuerza con que se mordió para acallar sus lamentos, no les daría esa satisfacción.
Los llevaron finalmente al centro de la antigua plaza y los colgaron entre los pilares que ahí sobresalían, desde las puntas de sus pies desnudos corría gota a gota su sangre...
No era necesario dejar vigilancia, esos dos ya no darían problemas, sólo los ojos avisores de las aves negras \"le informarían\" de la llegada de sus amigos. Mientras tanto los cuervos podrían seguir su instinto y, picotear un poco aquí o allá.
Alkalabrindeth
El silencio del túnel se vio apagado por los cliqueos de algo que se aproximaba con velocidad. Alkabrindeth y Darlak apenas se estaban recuperando. Intentaban ver qué era lo que venía cuando escucharon claramente los chillidos.
- ¡Darlak levántate tenemos que salir! ¡Son ratas gigantes y no sabemos cuantas vengan esta vez!
Darlak se levantó con rapidez y corrieron juntos hacia adelante, el túnel ya no se sentía viciado. Más adelante Alkalabrindeth sintió una fresca gota de agua caerle en el rostro.
- ¡Espera! -le gritó a Darlak. Y regresó a buscar de dónde le había caído. El medio elfo la observó impaciente dando vueltas y viendo el techo.
- ¡¡Esta vez son más las ratas gigantes, no quiero quedar asfixiado entre ellas y ser devorado!!
Alkalabrindeth tomó con agilidad el basto que llavaba a su espalda, aquel hecho con la cola del dragón y que lleva incrustados sus dientes, y dando un certero golpe en el techo, éste cedió de inmediato, la humedad lo hizo vulnerable ante la filosa dentadura. Darlak alcanzó a correr y cubrirla de los trozos que calleron, pero por fin la luz se filtraba a través del agujero recién hecho. Ambos agacharon los ojos, mucho tiempo habían vivido en penumbra.
Pero los cientos de pasos estaban próximos, Alkalabrindeth sacó su látigo de ocho cadenas y girándolo lo lanzó hacia arriba, las garras del dragón se sostuvieron en la roca firme.
- ¡Sube! - dijo Alkalabrindeth
Esta vez Darlak no pudo contener la desesperación y sabía que la peredhel no iba a escuchar razones, por lo que la tomó de las rodillas y la levantó.
- ¡Apresúrate a subir! - Le gritó. Una vez que él se había sujetado de la cadena, subió precipitado. Las ratas comenzaron a llegar a borbotones, todas eran enormes pues las pequeñas probablemente quedaron aplastadas por éstas.
Una vez arriba, Darlak tenía mucho qué reclamar, pero ella también por su atrevimiento, no le agradaba que la trataran como una niña o una débil. Pero ninguno pronunció palabra alguna porque oyeron voces desde la sala que proveía de luz, se acercaron sigilosos a la entrada cuando vieron entrar del otro lado a un elfo, después al que había engañado a Alkalabrindeth y detrás una elfa.
Darlak los reconoció enseguida, ella era su amiga y los otros los liantari que lo habían traicionado, pero a ella la notó muy distinta. Se acercó a Alkalabrindeth y le señaló que guardaran silencio, ellos no deberían verlos. De pronto a la izquierda salieron unos trolls y de la derecha ratas gigantes.
Los medios elfo presenciaban inmutables todo lo ocurrido cuando el primer elfo que apareció en la sala dio un gran salto hacia donde estaban ellos. Darlak cubrió a Alkalabrindeth llevándola al rincón y dando la espalda. Por fortuna, o tal vez por decisión de alguien más poderoso, los tres llegados no los se dieron cuenta de su presencia.
-Los habitantes de esta ciudad tienen un modo curioso de divertirse, ¿no os parece?
-Bueno. ¿Seguimos?
Darlak y Alkalabrindeth se prepararían para seguirlos con sumo cuidado, eso era lo que pretendía aquel ser superior.
Kael Athas
Kael seguia indignado aunque...El no veia a Ohtaránë como un Vanyar el hechizo no tenia efecto en el(Fisicamente lo veia como Vanyar pero en su mente sabia que era una ilusion asi que para el es como si no lo fuera).Pero aun asi parecia haber ganado sus habilidades...En fin no se devano los sesos mucho mas en aquello.
Avanzaron un poco mas y se oyeron unos pasos...Un encapuchado traia a alguien en borricate.Se acerco y señalo a Ohtaránë.Comenzo a hablarle.Kael decidio no intervenir pero el encapuchado dijo:
-...os traigo ordenes de...-Kael aun sorprendido por la rapidez de Sauron para extenderse entre los encapuchados,desaparecio en las sombras.
Rapidamente el encapuchado cayo.Kael surgio detras de Eleth:
Niña...protege a esa elfa...Por si debo distraerme en otros asuntos...¿De acuerdo?
De acuerdo...
Eleth noto como Kael le apartaba el pelo de la cara con una dulzura siniestra.Cuando se volvio Kael ya estaba adelante cogiendo a Luiniel en sus brazos...
¿A que juegas?¿Por que te comportas asi como conmigo?
Niña...Yo puedo herirte pero puedo curarte...puedo provocar tu caida o tu ascension...Yo soy tu...Pero tu no eres yo...
Eleth miro extrañada a Kael...Su voz siempre le hablaba dulce y siniestra a la vez...
Siguieron adelante y Eleth no le dio mas vueltas a aquella frase...
\"Yo soy tu...pero tu no eres yo...\"
[Editado por kabul el 11-08-2006 16:46]
Darlak
Darlak y Kala se dedicaron a seguir sigilosamente a los elfos liantari y a Eleth. El medioelfo esperaría el momento justo para hacer notar su presencia.
Escondidos, vieron como aquel encapuchado se acercaba a Ohtaránë para traerle un bulto. Entonces vieron que se trataba de la elfa que vino con Ohtaránë y Kael. Se hallaba inscosciente.
¡Qué viles! Han traicionado incluso a su propia amiga
Mientras continuaban la travesía por aquellos parajes oscuros, Darlak escuchó un grito en su cabeza. Estuvo a punto de gritar él también pero su mente fue más rápida y antes de tiempo se tapó la boca. Sus predecesores no se dieron cuenta afortunadamente.
Kala le regañó con la mirada y el medio elfo tuvo que encogerse de hombros. Había reconocido el tono de ese grito. En su interior presintió que Valandil Súleglîn estaba en apuros aunque se aguantó porque tenía la esperanza que los liantari les condujeran hacía él. ¡Claro si ellos estaban confabulados con los encapuchados! Sin duda iban hacia dónde se hallaba el maia.
¡Tranquilo Valandil no dejaré que te hagan daño! Mataré con mi espada a aquel que ose tocarte lo más mínimo
Y su mano derecha fue hasta la empuñadura de Envinyanta que murmuraba al escuchar el pensamiento de su portador.
El grupo se encontró con unas escaleras curvas que ascendían serpenteando.
- ¿Vamos por el buen camino? Porque volvemos a ascender hacia arriba – escucharon decir a Eleth.
Entretanto en una oscura habitación, Valandil se hallaba atado a una columna con cadenas de mithril como ya sucediera una vez aunque la mente del maia careciera ahora de recuerdos para darse cuenta de que aquello ya le había sucedido anteriormente. Había despertado y la cabeza le daba vueltas.
- ¿Dónde estoy? había preguntado con la mente ya que no podía ni articular palabra.
Como respuesta solo una sonora carcajada escucharon sus dolorosos oídos. Y de nuevo la carcajada sonó maliciosa y gélida retumbando en aquella lóbrega estancia. Valandil empezó a sentir un dolor tremendo en la cabeza, era como si la carcajada le taladrara el cráneo haciendo que estallara de dolor. Entonces vio como una sombra se acercaba hacia él. Era un hombre encapuchado con un traje completamente negro.
- Ha llegado la hora.. – dijo la sombra y sus manos se aproximaron al maia.
- ¿Quién eres? – consiguió preguntar Valandil a pesar de los dolores intensos que sufría su cuerpo.
- Tengo tantos nombres…Ahora el que me gusta es Gorthaur, el Cruel. Pero no hay tiempo para conversar. El tiempo apremia.
Sus manos estaban ya sobre la frente del maia. Los ojos del maia se tornaron blancos entonces, no era la primera vez. Una luz poderosa empezó a brotar de las manos del encapuchado y se extendió por todo el cuerpo. Gorthaur retiró las manos y Valandil estalló en un arcoiris de colores que hicieron romper con su potencia las cadenas que le mantenían atado a la columna. Sus venas empezaron a hincharse y por ellas fluían ahora algo más que sangre, una nueva esencia que compartía cuerpo con el maia.
Una vez que la luz hubo desaparecido de nuevo, Valandil se incorporó y miró al encapuchado:
- Tus nuevos súbditos vienen ya para acá. He de viajar hacia el este. Dejo todo en tus manos. Ya sabes todo lo que tienes que hacer, Bolgöd – y acto seguido Gorthaur desapareció.
Una vez se había ido el hombre encapuchado, Valandil se miró las ropas con repulsa.
- Odio las ropas de Lempë Ohtari. Asquerosa tierra. Pronto recibirá su merecido pero no lo hará sola sino que toda Árador sucumbirá en la sombra.
Las fuertes carcajadas del maia estallaron en la caverna.
Ohtaránë
Ohtaránë estaba febril. Sentia el poder que Valandil (o Bolgöd) hacia emanar de su cuerpo. Su Maestro habia partido, lo sentía. Lo habia dejado solo con aquellos traidores, y con aquel ser que podia hacer estallar Amaurenori con solo pensarlo. Y que podia invocar a Morgoth...
-Si. Lo haré. Pues busco venganza.
-¿Estas en mi mente? -preguntó Ohtaránë, que no sabia si aquellas palabras las oian sus timpanos o su corazon.
-Tu mente ya no es un refugio seguro para ti, Elfo Oscuro...
-¡¡¡Soy un Vanyar!!!
El elfo cogió una de las cadenas que habia en el suelo y golpeó con fuerza el rostro de Valandil con ella. Pero la respuesta fue una estruendosa risa que lo llenó todo.
Kael empezó a acercarse a él con sigilo. Pero este no le presto atencion.
-¡Que los gusanos de los cuerpos descuartizados se cuelen por tu boca y tu nariz mientras duermes pudriendote la comida y los sesos! -Ohtaránë ya no hablaba en orco, pero el contenido del mensaje era el mismo que siempre-. Llama a Morgoth o te estrangularé con esas cadenas, seas mortal, dios o fantasma.
-Necesitaré... El Martillo, y la Corona... O lo que queda de ella. Ese elfo que planea matarme sigilosamente, que se deje de juegos y siga las indicaciones que le transmitiré mentalmente. Puede que Gorthaur te haya dado unas chucherias, pero... -la mirada de Bolgöd se fijó en Kael, y este salió despedido hacia atras, hasta caer de espaldas contra una puerta que se deshizo en astillas- ...¡Pero no puedes derrotar al Sexto Caballero! ¡Ni tú ni nadie! Obedece, para resucitar a Morgoth necesito, el Martillo y la Corona. Ellos son...
...¡EL SINIESTRO TESORO DE AMAURENORI!...
Kael Athas
Kael se levanto con difcultad...Que se creia...Hizo un gesto con la mano y Valandil se retorcio.Con un solo pestañear de Valandil,Kael se retorcio de dolor.Desistieron podian atacarse pero no defenderse...
-Ire-dijo Kael a regañadientes-Pero no esperes que te los de....
Vamos Eleth...
Eleth avanzo sigilosamente tras Kael.
Maldito maia engreido...Niña dame lo que llevas en tu bolsillo derecho
Eleth se saco un paquetillo de pan que tenia en el bolsillo y se lo dio.Kael dio un mordisco y le ofrecio a Eleth:
-Toma...
Eleth las olisqueo antes...Mordio un poco y decidio probarlas...Estaban buenas:
-Gracias...
Ahora calla debemos entrar ahi...La Corona esta en pedazos es mas facil de coger...
De acuerdo...Espera...
¿Que?
¿Y si mueres?
No morire...
Y de repente Kael le puso la mano en un pecho.Eleth fue a abofetearlo de nuevo cuando empezo brillale algo...En su interior la presencia de Kael se hacia patente...
Eleth....Ahora mas que nunca Yo soy Tu...y Tu eres Yo...
Se acercaron mas a su objetivo...
Elêth Niramar
En cuanto Elêth sintió la presencia de Kael en su interior supo que el teatro debía terminar, o se le iría de las manos. Miró al que se hacía llamar su señor y casi tuvo compasión, realmente había creído el engaño, relamente había sentido que la controlaba... en el fondo sabía que él estaba siendo controlado, por eso le había seguido la corriente... Elêth sentía que Kael era \"poderoso\" del mismo modo que Ohtaránë era \"Vanyar\" y sentía compasión de ambos, si eso era así, porque estaban viviendo un sueño del que no tardarían en despertar. Al menos eso esperaba Elêth que hiciera Kael, porque se estaba hartando de la subida de humos.
Con un movimiento del brazo paró y se quedó frente a Kael, mirándolo con la misma cara con que lo había mirado desde que éste le transfiriera los poderes, aunque quizá los ojos reflejaban un atisbo de compasión, una referencia al perdón que le acabaría pidiendo, Kael no notó nada, a causa de lo absorto que estaba en meterse en el interior de la dúnadan. El contacto entre ambos no había acabado. Él continuaba con la mano en su seno, y ella, sin decir palabra, le propinó un rodillazo en la entrepierna que hizo trastabillarse al elfo. Con una segunda patada en el estómago lo envió al interior de la sala, dónde quedó tumbado en la falda de una montaña de monedas de oro.
En el mismo instante en que el contacto entre ambos se rompió Elêth sintió que toda presencia de Kael en su interior había desaparecido, y sonrió satisfecha, aunque nada segura de lo que pasaría a continuación.
En aquel momento, Ohtaránë entró en la sala.
- Qué haceis? Bolgöd quiere el Martillo y la Corona para hace media hora! -gritó, pero se detuvo en seco al ver a Kael tumbado sobre las monedas. -Qué ha pasado? -preguntó asombrado.
- No, esto... yo... -dijo Elêth incómoda. Después de aquello le resultaba difícil mantener su engaño con Ohtaránë. -Intentó... intentó besarme de nuevo... no lo podía permitir...
- Ya, claro -dijo Ohtaránë sin darle más importáncia. -Será mejor que busquemos el Martillo y la Corona y se los llevemos a Bolgöd, o su furia se descargará sobre nosotros...
- Creí que quien debía traerlos era Kael...
- Pero como se retrasaba me envió... ahora los tres somos responsables de lo mismo -dijo Ohtaránë furioso, mientras murmuraba algo que Elêth no lograba entender, pero que supuso eran maldiciones sobre Bolgöd.
Mientras buscaba, Elêth observó cómo Kael se movía y se dirigió hacia él, daga en mano.
- Ni una palabra elfo... no te pases de listo -dijo mientras le enseñaba la daga disimuladamente. -Ahora vas a hacer como si no pasara nada... entendido?-dijo finalmente, mentalmente, mientras dirigía una sonrisa a Kael, para mostrarle que habían cambiado las cosas.
Kael Athas
Ohtaránë salio diciendo un vago:voy a vigilar el pasillo.Kael se levanto con dificultad.Se dirigio a Eleth y le dio un puñetazo en el pomulo.Eleth se le saltaron unas lagrimas de rabia pues intentaba dominarla.En lagrima cayo justamente en la palma de la mano que fue a parar a la mejilla de Kael...
Una lagrima puede disipar la oscuridad mas densa...
Kael vio antes sus ojos escenas sin orden alguno...pero comprendio...
-Luz...-se giro hacia Eleth-Señorita....perdon...
Eleth lo miro extrañada....si se arrepentia de verdad...:
-¿Jurarias lealtad a Lempë Othari?
-No soy fiel a naciones ni banderas....pero si a personas...Puedo si a personas...Algo tan bello-guiño el ojo...siempre ligando penso daba igual-si...¿Me perdonais?...
Eleth...dudo un momento pero al final decidio ayudarle y que el le ayudara...
-Vamos...
[Editado por kabul el 11-08-2006 22:18]
Luiniel
La noldo abrió los ojos lentamente. No podía ver nada, por un minuto temió quedarse ciega pero en realidad estaba en una habitación oscura como lo notó después. Habían dos figuras a un lado, la una era un elfo vestido con los emblemas de Lempë Ohtari, sus ojos destellaban oscuridad; el otro era… Ohtaránë.
- ¿Por qué tarda tanto el elfo? – dijo el desconocido, su voz no encajaba en aquel cuerpo.
- No confío en él, permitidme ir a buscar la corona y el martillo yo mismo. – dijo Ohtaránë, no parecía estar contento en la presencia del extraño.
- Puede que Gorthaur te haya elegido, pero yo no confío en ti ni en ese insolente elfo. – No trataba de ocultar su desprecio. Se detuvo – Sin embargo no tengo otra opción. Tráeme pronto los tesoros.
Ohtaránë salió de la habitación por una escalera de caracol. “Esa debe ser la salida” pensó Luiniel, quien no había movido un músculo durante toda la conversación. Se preguntaba que sería de Kael, lo había abandonado en aquella sala… donde estaba el martillo. Allí debía ir Ohtaránë, el elfo ya no era el mismo, algo extraño le pasaba… algo malo.
La silueta del desconocido desapareció en las sombras, sin percatarse de la presencia de la elfa, o al menos eso era lo que ella creyera. Se arrastró hacia la salida tratando de no hacerse notar. Cada segundo que pasó transcurrió como una eternidad, hasta que la fin llegó a las escaleras. Ahí se levantó y bajó muy despacio, la cabeza le daba vueltas debido al golpe.
Llegó a un pasillo oscuro, se oían voces. Reconoció la voz de Kael y la de una mujer, discutían en el interior de una cámara. Entró apoyándose en la pared.
- Vamos… - decía Kael en ese mismo instante – ¡Luiniel! – él creía que la elfa había sido reclutada por la voz y no sabía que hacer.
Sin embargo Luiniel se desplomó tenía una herida en la cabeza.
[Editado por arweneressea el 12-08-2006 00:08]
Darlak
Valandil había recibido la visita de los tres súbditos que Gorthaur le había anunciado. Se trataba de dos elfos y una dúnadan, ésta última habitante de Lempë Ohtari. No tardó en notar que el más vulnerable era el elfo que hablaba lengua orca y vio en el un lugarteniente en potencia. Sus deseos de grandeza y su debilidad emocional era un gancho útil para sus objetivos. Una vez hubiera conseguido llevar a cabo los planes que tenía en Amaurenori tendria que dejar al cuidado de Amaurenori a alguien.
Una vez los tres llegaron a la caverna donde estaban, Valandil dirigió su poder a Ohtaránë. Tenía que ayudarle a conseguir el martillo y la corona de Morgoth. Los planes de Gorthaur y Bolgöd eran usar el poder de Morgoth para vengar su muerte por los Valar en la guerra de Beleriand. Una vez tuviera el poder de Morgoth lo usaría para encontrar otra cosa que tenía que encontrar…
Cuando se habían marchado sus súbditos, Valandil mandó a llamar a algunos de los encapuchados.
- Necesito ropas nuevas. – El maia intentó comunicarse con Ohtaránë
Subo a la superficie. En cuanto tengais lo que os pedí llévamelo al palacio real donde los reyes de Amaurenori residían. Tu sabrás llegar.
Valandil, seguido de los encapuchados, se dirigió hacia una puerta que apareció de pronto en el fondo de la caverna.
Entre las sombras, Darlak y Kala se hallaban escondidos viendo todo.
- ¿Qué hacemos ahora? – preguntó la semielfa de Heren.
Darlak dudó un momento aunque su instinto le pedía que intentara sacar a Valandil de aquel estado, recuperar su alma buena.
- Comprenderé que no me quieras seguir, pero quiero intentar ayudar a Valandil
- Ya nada me asusta, te seguiré y te ayudaré.
Ambos cruzaron la estancia y fueron hacia donde Valandil había salido.
[Editado por aratir el 12-08-2006 18:28]
Ohtaránë
Ohtaránë habia salido. Pero no a vigilar. Una veintena de encapuchados se habia reunido ante él. En ese instante Luiniel habia estado a punto de descubrirlo y hecharlo todo a perder. Ohtaránë no sabia muy bien si la elfa le habia visto o no, pero al menos no habia hecho ningun movimiento sospechoso. El Vanyar dado ordenes en silencio a sus encapuchados y habia bajado las escaleras. Bien, ellos mismos se habian encerrado.
-Necesito ropas nuevas.
Ohtaránë hizo, sin palabras, el equivalente mental a un asentamiento de cabeza.
-Subo a la superficie. En cuanto tengais lo que os pedí llébamelo al palacio real donde los reyes de Amaurenori residían. Tu sabrás llegar.
-Si, asi se hará.
Entonces desenvainó la espada y penetró en la sala del tesoro flanqueado por sus veinte guardias. Luiniel estaba inconsciente. Le manaba sangre de la cabeza. Kael y Elêth no estaban en mucha mayor ventaja. Uno estaba, segun las apariencias, llorando, y la otra parecia totalmente desconcertada.
-Coged el Martillo -ordenó Ohtaránë. Los guardias entraron a una habitacion contigua. Grond se mantenia suspendido en el aire, sujeto por cadenas. Hicieron falta seis personas para Transportarlo.
-Salid al nivel inferior y esperadme alli -dijo Ohtaránë. Luego mando a los otros a recuperar los trozos de la Corona de Hierro. El mismo cogió uno de los mas grandes. Miró el hueco que habia en la corona de Hierro Negro.
-Aqui hubo una vez un Silmaril -se dijo, recorriendo con la mano en contorno de la apertura-. Me pregunto si habrá alguna forma de derribar la Estrella de la Tarde y hacerme con el Silmaril...
La voz de Kael interrumpió sus pensamientos.
-Dame eso -le dijo, y sacó su espada.
-Creo que no, amigo mio -replicó Ohtaránë.
Kael lo observó unos momentos.
-Traer de regreso a Morgoth es una locura. Ni siquiera antes llegué a pensar de verdad en permitirlo, y mucho menos ahora.
-¡Oh, ya sé que tu no eres leal a Sauron! -dijo el elfo, señalandolo con un dedo acusador.
-¿Leal? -preguntó incredulo Kael-. ¿Leal a Gorthaur? ¡Nunca!
El mercenario se lanzó sobre el Vanyar con la espada en alto. Los metales entrechocaron cuando Ohtaránë paró su estocada. Lanzó el trozo de corona a uno de los encapuchados e hicieron sitio a los duelistas, que empezaron un frenetico combate sobre el suelo cubierto de monedas. Ohtaránë aprovechaba su adquirida condicion de Vanyar moviendose a una velocidad sobrenatural, aprovechando de paso que era mas corpulento que el otro. Kael parecia haber conservado algo de su poder, con el que tejia una pelicula invisible de fuerza en torno a si mismo, algo que dificultaba los movimientos del Vanyar. Las espadas se cruzaban haciendo saltar chipas entre confusos revoloteos. Las monedas volaban en todas direcciones siempre que una hoja se acercaba al suelo. Entonces ohtránë cometió un error y atacó a Kael sin defenderse el mismo, creyendo ver una oprtunidad de victoria. La espada le hizo un corte en la muñeca y su propia arma cayó al suelo. Kael se adelantó para asestar el golpe de gracia, pero en ese instante siete de los encapuchados se lanzaron sobre él, haciendo un placaje conjunto. Elêth gritó y empezó a acuchillar encapuchados por la espalda, pero en un segundo ambos quedaron sujetos de brazos y piernas.
Ohtaránë se adejó unos pasos y comprobó la situacion, con la mano en la herida de la muñeca. Tenian todos los fragmentos de la Corona y aquellos dos estaban reducidos.
-¡Vamonos! -ordenó. Los portadores de la Corona delante. Lo les seguiré. Encerrad aqui a esos rebeldes. No es que eso vaya a detenerlos mucho tiempo, pero nos dará un respiro para actuar con libertad.
Sus ordenes fueron silenciosamente ejecutadas. Ohtaránë y sus hombres subieson con rapidez al nivel del subsuelo, donde les aguardaban los Seis Portadores del Martillo. Aquellos hombres estaban como poseidos. El contacto con Grond debia tener algun tipo de raro efecto. Aunque al menos, eran hombres leales. Ohtaránë les ordenó salir y les guió por la superficie. Su avance fue lento, pues trataban de eludir las patrullas de Bohr, que estaban por toda la ciudad. Y entonces lo vieron.
El Palacio de Amaurenori. Unas nubes de tormenta electrica giraban vertiginosamente sobre él, iluminandolo con resplandores que cegaban. El edificio ruinoso e imponente les aguardaba bajo un torrencial aguacero, aunque no llovia.
-¿Que demonios esta pasando ahí? -preguntó uno de los encapuchados, olvidando su acostumbrado silencio.
-Bolgöd esta llamando a Morgoth -explicó Ohtaránë-. Le esta llamando a voces. Y, cuando tenga este siniestro tesoro, Él escuchará la llamada y podrá volver a Eä, pese a las restricciones de los Valar. Y entonces... Poco a poco... Me convertire en su Elegido... -su voz fue bajando hasta apagarse.
Elêth Niramar
Elêth gritó impotente mientras daba un puñetazo a la puerta cerrada. Al final nada había servido para nada... y Ohtaránë se había marchado con el martillo y la corona...
Al darse la vuelta vio a Kael sentado junto a Luiniel.
- Sigue igual-dijo sin más al ver que la dúnadan lo miraba.
- Tenemos que salir de aquí como sea... -dijo mientras intentaba por tercera vez, en vano como las otras, abrir la puerta.
- No te canses, han cerrado -dijo Kael, con obviedad, mientras examinaba la habitación.
Elêth le lanzó una mirada enfadada y empezó a dar vueltas por la habitación, nerviosa, dando patadas a todo aquello que se interponía en su camino. Maldiciendo a gritos todo lo que había pasado.
- No conseguirás nada gritando -dijo Kael con simpleza, sin dejar de mirar a su alrededor.
- Y qué sabrás tu?! Si en el fondo eres como ellos! -gritó Elêth, y acto seguido le echó en cara todo lo que había hecho hasta ser consciente de ello.
Kael la miró resentido.
- Ya pedí perdón por ello, no tienes por qué recordarlo de forma perenne-dijo con tristeza.
Elêth se giró a mirarlo y vio en sus ojos arrepentimiento... y se sintió mal por haber sido tan cruel.
- Yo... lo siento... mis... mis amigos están ahí fuera... en alguna parte... no se si estarán bien... o... bueno, se que Valandil está vivo, pero... -se le hizo un nudo en la garganta y no pudo continuar. Entonces levantó la vista, sorprendida, pues Kael no se encontraba dónde había etado hasta el momento. Se fijó en que Luiniel se movía y se dirigió hasta dónde estaba.
Mientras Elêth hablaba, Kael había abandonado su lugar y se había dirigido hacia un punto en la habitación, sin que Elêth se diera cuenta.
- Kael... -llamó Elêth, mientras intentaba sonreir a Luiniel, que abría los ojos.
- Shh... no hagas ruido... estoy oyendo algo...
- Ya, pero... Kael, Luiniel...
- Shh, espera un momento!
Kael pegó su oreja a la pared y esbozó una sonrisa. Momentos después buscaba entre las joyas algo que pudiera servirle. Eligió una daga dorada que usó para hacer palanca y desprender una tablilla de la pared, dejando al descubierto un cerrojo medio escondido y oxidado. Con la misma daga golpeó el cerrojo, que se rompió al instante.
- Kael! qué haces? -gritó Elêth que no alcanzaba a entender por qué tenía su compañero tanto interés por la pared.- Luiniel acaba de...
- Shh! solo un momento, vale? -dijo Kael, mientras entreabría la puerta y miraba a través de ella. Ésta daba al exterior, desde dónde podía ver a Ohtarane y su séquido dirigirse a algún lugar. Con una sonrisa en su rostro, Kael se dirigió hacia donde estaba Elêth y le lanzó la daga.
- Te la regaló -dijo a la estupefacta dúnadan. -Por cierto... que decías?
Ante la pregunta, Elêth reaccionó.
- Luiniel ha despertado -dijo señalándola.
En el rostro de Kael podía distinguirse cómo se agrandaba la sonrisa mientras se inclinaba para ver cómo estaba y murmuraba:
- Perfecto... entonces ya nos podemos ir...
Darlak
Valandil estaba realmente complacido. Sus planes se estaban cumpliendo a la percepción. Conseguiría despertar el poder de Morgoth y dominar toda Árador. Se hallaba en un edifico de tres plantas parcialmente derruido aunque se trataba de uno de los edificios que mejor se conservaban de la antigua ciudad de Amaurenori. Uno de sus súbditos entró trayendole las ropas que había pedido.
- Gorthaur ha enviado más refuerzos y ya están en camino hacia esta ciudad. Debéis contener a los hombres de Heren Fanyarea mientras llegan los refuerzos.
Una vez que hubiera conseguido el poder necesario empezaría su ambiciosos planes de someter a Árador, empezando por su querida Lempë Ohtari.
Entre tanto, Darlak y Kala habían llegado a la superficie de nuevo pero habían perdido el rastro de Valandil. Habían estado dando vueltas por los túneles llegando a una puerta que comunicaba con el exterior. Estaba amaneciendo y ambos se miraron sin saber hacia donde dirigirse. El viento matinal acarició sus rostros.
- Me gustaría saber donde están mis amigos – dijo ella mirando alrededor buscando a Bohr y los demás.
Caminaron por aquellas ruinas grisáceas y apagadas en dirección hacia la plaza. Con horror se encontraron con una escena que Alkalabrindeth hubiera deseado no ver. Varios cuervos revoloteaban alrededor de una especie de pilares. Allí había dos cuerpos colgados de ellos y ya bastante desfigurados. Los cuervos estaban dando buena cuenta de ellos. Kala se lanzó hacia los pilares porque había reconocido sus ropas, su furia se desató entonces pero ya nada podía hacer por ellos.
- ¡Grïm! ¡ Shathdul! ¿Qué os han hecho? – Kala había reconocido a sus amigos. Darlak se lanzó hacia ella para intentar consolarla en el dolor de ver a sus amigos de aquella manera. El medio elfo limpió una lágrima que surgió del rostro de la fanyareana.
- Vengaremos sus muertes – le dijo a Kala que recuperó entonces la entereza.
Fue cuando vieron a un grupo de encapuchados surgir de entre unos muros derruidos en el otro lado de la plaza iban hacia un edifico que posiblemente había sido un importante palacio. Era un objeto negro y macizo que estaba parcialmente derruido
- ¡Mira, allí!
Ambos salieron entonces corriendo hacia los encapuchados. Darlak atisbó entre ellos al elfo que hablaba lengua orca. El grupo llevaban unos objetos posiblemente serían aquellos que Valandil había pedido.
- ¡Ohtaránë detente!
El elfo le miró con ojos asustados. No le esperaba encontrar en aquel sitio. Pero no era la única sorpresa con la que se encontraría el elfo. Detrás de los medio elfos, un grupo de hombres se acercaban hacia la plaza lanzando gritos de guerra.
- ¡Kala! ¡Estás viva!
Se trataban de las fuerzas de Heren Fanyarea que acudían hacia la plaza. A los hombres de Bolgöd nos le dio tiempo a huir de alguna manera. Pronto, Ohtaránë y los encapuchados se encontraron rodeados. El elfo miraba con incredulidad a Darlak y los que estaban con él.
- ¿No vas a saludar a aquel que te rescató de una muerte segura? – preguntó Darlak. Pero Ohtaránë había enmudecido. El medio elfo girándose hacia atrás para hablarle a los fanyareanos, dijo – Este elfo, al igual que su compañero que no se dónde estará, son unos traidores. Estaban confabulados desde el principio con estos encapuchados.
- ¡Llevan el martillo y la corona de Morgoth, sabría reconocerlos a pesar de tanto tiempo! – dijo alguien por detrás
- Bolgöd quiere traerlo de nuevo a la vida. Hay que impedirlo
Las respuestas afirmativas de los fanyareanos le hicieron devolver la esperanza a Darlak de acabar con todo aquello. La situación era bastante clara. Se giró hacia Kala que estaba al lado de amigo Bohr los cuales le dieron la confirmación con la cabeza mientras echaban manos de sus armas.
Con horror, Ohtaránë vio como los encapuchados tenían que depositar los objetos que traían en el suelo para poder defenderse del ataque de los fanyareanos.
Dentro del palacio, Valandil se percató de la situación y, con un gesto de su mano, una multitud de encapuchados surgieron de todas los rincones de la plaza.
[Editado por aratir el 12-08-2006 22:17]
Kael Athas
Kael incorporo a Luiniel.Antes de salir cogio una espada.Era de hoja ancha,mediria unos 80 cm.Aparte de eso habia un martillo dorado de 90 cm que cogio...Era lo contrario a Grond...Llevaba grabadas runas de venganza...
Tras darle la daga a Eleth.Se asomo.El sequito habia desaparecido.
Salieron al exterior...Rapidamente llegaron al lugra en que se presentaba la batalla.
Debian sobrevivir...Eran los grandes de Liantari,la grande de Lempë.
Luiniel era Matriarca,Señora del ejercito Dûranor...Debia hacerlo...no podia caer!!!
Kael era el Regente de los Suburbios de Astan Neuma;la primera defensa de Astan Neuma;El Guradian de Luiniel....No podia caer gracias a el se mantenia las situacion en los bajos fondos!!
Eleth...ella era importante al fin y al cabo la mano derecha de Darlak!!!
No debian car en aquella batalla....
Alkalabrindeth
Alkalabrindeth mantenía aún una daga atravesada en la garganta que no le permitía derramar en lágrimas aquel terrible dolor que la carcomía, ni siquiera le habían permitido la oportunidad de rectificar sus palabras, de mostrarles a sus amigos lo importante que eran en su corazón. Se sintió levemente más aliviada cuando vio a Bohr y los demás aún vivos.
El tiempo apremiaba era imposible sentarse a planear una estrategia de ataque, Darlak, Bohr y Alaklabrindeth sólo tuvieron que dirigirse miradas de complicidad y todos entendieron lo que debían hacer.
Bohr levantó su espada con la mano derecha e inmediatamente se dio media vuelta ordenando a los seres alados lo siguieran, ellos harían la defensa hacia los encapuchados que les salían por la retaguardia.
Darlak tomó el ataque hacia la derecha y el centro con un trío de fanyareanos, él deseaba sobre todo enfrentarse a Ohtaranë, quien se erigió orgulloso hacia el medio elfo, el sentirse superior le daba mayor seguridad en las asestadas que daba, pero Darlak en ningún momento se amilanó.
Con la furia impregnada en sus ojos, Alkalabrindeth corrió veloz hacia la izquierda, densenrrollando el látigo lo lanzó hacia el primer encapuchado atravesándole las entrañas. Bajo su llamado acudieron Thitoron y Niëlune.
La batalla había comenzado... el coraje, la venganza y la esperanza era lo único que podía darles fuerza para resistir el embate del poder oscuro.
Luiniel
Luiniel despertaba lentamente, alguien le había puesto una especie de venda en la cabeza y empezaba a recobrarse. Reconoció a la mujer que había visto antes de desmayarse, estaba sentada a su lado sonriendo de manera extraña. Sin embargo pronto apareció Kael y la ayudó a incorporarse.
Notó que estaban en la cámara en donde había estado el Martillo de Morgoth. De todos los tesoros tirados en el suelo, el elfo tomó una espada y un martillo. La noldo, aliviada por tener sus armas consigo, estaba muy confundida, pues no había estado presente en los últimos acontecimientos y no comprendía cual era el afán por atacar a Ohtaránë. Aún así salieron a un lugar abierto en donde se libraba una encarnizada batalla.
\"Sea pues\" se dijo y se lanzó contra los encapuchados.
Ohtaránë
¿No vas a saludar a aquel que te rescató de una muerte segura?
Las palabras de Darlak resonaban el la mente de Ohtaranë mientras intercambiaba veloces mandobles con él. El medio elfo era bueno, pero no se podia comparar a Ohtaránë. Él era un Vanyar. Sin embargo, Darlak le ganaba terreno. Las estocadas de Ohtaránë no habian perdido calidad. Al contrario, llebavan la rapidez del viento y la fria sorpresa del granizo. Su brazo se habia convertido en un trazo borroso, podia preveer todos los movimientos de su contrincante. Entonces, ¿porque Envinyanta le amenazaba una y otra vez? ¿Porque se veia obligado a retroceder hacia sus encapuchados? La espada legendaria de Beleg y Turin golpeó con todas sus fuerzas el metal batido comun del arma del Vanyar. La espada de Ohtaránë saltó en pequeños trozos, y el elfo cogió una daga del cinto, dispuesto a defenderse con aquello. Entonces una voz resonó en el campo de batalla. Todos enmudecieron.
-Vala Melko an tulin ananya!
Valandil, o Bolgöd, habia hecho presencia en el campo de batalla. Iba vestido como un encapuchado. Habia extendido los brazos y habia gritado esas palabras al cielo. Al parecer, pensaba invocar a Morgoth allí mismo.
Y Morgoth respondió. Los fragmentos de la Corona de Hierro volaron hasta una altura de varios metros, dispuestas solas en el aire. El Martillo tambien se levantó del suelo. Se quedó a media altura, donde habrian estado los brazos del Valar. Él no estaba alli, pero pese a ello ya hacia notar su poder, como una figura gigante e invisible que portara los objetos. Y un grito llenó el aire. Mas fuerte y salvaje que el de un troll, mas sin duda que el de un dragon. Era el grito de Morgoth. Grond comenzó a girar freneticamente en el aire. Golpeaba edificios, ruinas, encapuchados, hombres, orcos... Y podia con todo. En unos segundos trajo la mas completa devastacion, y la voz no dejaba de gritar. ¿A nadie se le habia ocurrido pensar que al Valar el proceso de invocacion podia resultarle doloroso?
-Soy un Vanyar... Soy un Vanyar... Soy un Vanyar... Burzum! Lo que soy es un idiota. ¿Que clase de Vanyar iba a tratar de invocar a Morgoth? -miró a Darlak-. Me doy por derrotado, ¿vale? Has ganado. ¡Pero hay que detener esto como sea! Ya encontraré otro modo de someter a todos los mortales...
Bajo la Corona flotante habia comenzado a dibujarse una mirada llameante.
[Editado por Mafy13 el 13-08-2006 05:05]
Darlak
La situación era bastante adversa. Estaban rodeados de encapuchados. Había por lo menos miles de ellos, era una oscura y tétrica plaga. En medio del fulgor de la batalla, Darlak no pudo menos que reír.
-. Me doy por derrotado, ¿vale? Has ganado. ¡Pero hay que detener esto como sea! Ya encontraré otro modo de someter a todos los mortales...
Las palabras de Ohtaránë eran divertidas al fin y al cabo y el medio elfo estaba ocultando su rabia hacia el elfo bajo aquellas carcajadas. Sin embargo, le pudo más el coraje hacia aquel ser y se lanzó hacia él. Lo tomó por detrás y puso su espada en el cuello.
- Eres un maldito y asqueroso ser. Por culpa de tu ambición desmedida nos has condenado a todos.- la espada silbaba nuevamente, a un paso de ella tenía la sangre que tanto anhelaba. Vanyar, soy un Vanyar La sangre de un Vanyar era lo que más anhelaba.
Cerca de ellos, Kala se hallaba luchando contra las decenas de encapuchados que portaban unas extrañas armas. La joven emitió un jadeo cuando una de ellas empezó a hacer algún tipo de encantamiento. Con los encapuchados empezaron a venir una gran hueste de orcos y trollos.
- ¡Darlak! – consiguió gritar Kala - ¡Darlak! Déjalo hay muchos enemigos que matar. Ahora tenemos que enfrentarnos también a orcos y a trolls. Ya ajustarás cuentas con él.
Darlak reaccionó y dejó escapar al elfo.
- Aún puedes enmendar tu error. Ayúdanos a acabar con esta hueste de engendros del mal.
Ohtaránë asintió. En ese momento, veinte de los encapuchados rodearon a Darlak y al elfo los cuales, espalda contra espalda, empezaron a sesgar brazos, cortar cuellos y atravesar cuerpos. En medio de la batalla, uno de los encapuchados golpeó a Darlak con un hacha y le produjo un corte somero en el hombro. La situación se le complicó cuando varios de los encapuchados fueron hacia él. Darlak acabó con la vida de dos de ellos pero no pudo ver un nuevo golpe de hacha que iba hacia él por su espalda. Todo sucedió rápidamente pero en el último momento su atacanta sufrió una puñalada por detrás suyo. Otro encapuchado había hincado una espada en él. Darlak miró sorprendido cuando ese encapuchado se quitó la capucha mostrando un rostro femenino.
- ¿Sonyariel?
La chica se rió.
- Sorprendido, digamos que me hecho amiga de estos cordiales seres.
Valandil, mientras tanto, disfrutaba del nuevo poder que estaba adquiriendo. Entre en medio de la batalla que estaba ocurriendo en la antigua plaza de Amaurenori, Darlak se topó con los ojos del maia y dejando sola a Sonyariel se acercó lentamente hacia el maia para enfrentarse a él. El maia sonrió con maldad y miró cruelmente con los ojos de Bolgöd a Darlak, que se enfrentaba impasible al monstruo.
- Valandil sé que puedes oírme, debes luchar contra este espíritu, tú puedes conseguir echarlo de tu cuerpo.
Por toda respuesta, Valandil enseñó a su rival el puño derecho con el pulgar hacia arriba.
- Ahora tengo el control de este cuerpo. Ya no verás jamás a tu amigo.- Con una sonora carcajada, ensanchó su sonrisa y bajó el pulgar.
Darlak apretó los dientes con ira, mientras preparaba a sus espada para el golpe. Blandió a Envinyanta como si de un rayo se tratase, pero el Sexto Caballero lo esquivó sin muchos problemas. Bolgöd dio un salto y dirigió un puñetazo a la mandíbula de su rival, pero el medio elfo, a pesar del golpe, no se inmutó cuando el otro lo alcanzó. Valandil rió de nuevo y tiró a su adversario al suelo de una bofetada. Pero Darlak se recuperó rápidamente y se levantó mientras su adversario seguía riendo con fuertes carcajadas.
[Editado por aratir el 13-08-2006 13:18]
Kael Athas
La \"Aparicion\" de Morgoth habia resultado desmoralizadora.Tras el una horda de orcos y trolls.Kael luchaba ya sin control.Torbellino era pues en su diestra el martillo dorado.A su siniestra la hoja ancha.Y en su boca sujetaba con los dientes su fiel espada.
Entonces se percato que tras el Vala y el Maia quien causaba mas destrozos eran los Portadores del Martillo:
-¡Tu!-gruño con la espada en la boca-¡Te desafio!
El lider de los portadores acepto.Con una espada se adelanto.
Un torbellino negor y dorado.Los aceros chocaban.El martillo cantaba.Tras un choce de aceros el Portador vacilo un insatante lo que le dio a Kael la opurtunidad de golpearle en la cabeza con el martillo.El Portador cayo insconciente.Kael fue a rematarlo cuando los otros cinco Portadores se ablanzaron contra el.Rapidamente unos encapuchados se llevaron al Portador y lo que parecia una humana joven....¿Quien seria?
No se detuvo a pensarlo mucho mas.Cosiguio zafarse de los Portadoresy volvio a la batalla se dirigio al frente de los orcos.Alli contuvo la marea negra:
-No hay esperanza he de caer....-pensaba mientras peleaba...-¡Morir matando!
Estos fueron sus ultimos pensamientos racionales...A partir de ahi dejo que la furia salveje y la ira lo poseyera....
Aquella carniceria era una triste sinfonia de sangre y acero....
-¡Muerte!-grito alguien....la batalla debia seguir...
[Editado por kabul el 13-08-2006 13:28]
[Editado por kabul el 13-08-2006 13:29]
Bohr Daedth
- Bohr, Nuestro Amado Señor Bohr, el sonido de tu nombre ha sido entre los Antiguos el sonido de la \"firmeza\", y la \"persistencia\", Mi Señor Bohr, cómo la Roca de la Montaña. Vive eternamente y danos tu Reino.-
Esas palabras pronunció el gran caballero.
- ¡¿Que es eso, Thorntor?! - le dijo Bohr, mientras la batalla se desplegaba y ambos permanecían cerca.
- ¿Que tiene de extraño, mi amigo? Es mi sentimiento, y lo que te merecerás un día seguramente. Siempre hay oportunidades y esta es una para ti, combate con grandeza esta batalla. Aquel que enfrenta a Bolgöd es Darlak, tu nobleza te lleva a combatir a la par de los que enfrentan al enemigo más poderoso. Vamos allí. Mi gente te seguirá.-
- Pero... Alkalabrindeth, ellos... debo estar con ellos, luego...-.
Thorntor, como Bohr había oído que las gentes aladas lo llamaban, no le mostró que en una parte de la plaza colgaban los cuerpos de dos amigos, y en particular de Shathdûl quien había marcado una fuerte impresión en él. Bohr se habría afligido.
- Señor, si derrotas la causa detendrás el riesgo que recae sobre los tuyos. Y tu sino es vencer, vencer sobre todo obstáculo.-
La elfa era su amiga, y el enano, y el resto de la tripulación, ellos estaban en una parte sensible de su corazón. Pero él era un Señor y debía luchar en el frente.
Tu espada ha sido forjada con la fuerza de la tierra y la fuerza del mar, ¿No lo ves? Pervive, Wethan Bohr!- dijo el poderoso caballero.
Bohr observó las franjas cruzadas de blanco del mar y pensó en su barco, y en la fuerza que forjaron juntos en el mar. Y pensó en el mar y su belleza, era como la cordillera, y como el desierto helado donde nació. Aunque nada sabía del Océano de occidente y nada sabía de Ulmo, sintió el poderío que en definitiva se reflejaba en la hoja que había hallado perdida a orillas del Sirhóne.
- Iremos allí. Nos acercaremos pero no arriesguen sus vidas. Yo iré adonde está ese tal Darlak. Tú, Thorntor, cuida de ellos...-
El joven no estaba seguro del todo. Algo no estaba del todo bien en todo aquello. Pero de todas maneras, los grandes hombres siempre tenían que tomar decisiones aún cuándo parecía no estar todo bien. Lo había visto de su padre Alsenot, el aquilántropo.
Fueron haciéndose camino hacia Valandil, el poseído. Hasta el punto desde donde Wethan dijo que marcharía solo.
Vio que Darlak había caido, y se movio en su forma más capaz, la corrida en campo abierto De tramo en tramo derribando a los sirvientes de la secta, llegó a vista clara de Darlak y Valandil. Arremetió corriendo más de veinte metros en estampida directa al cuerpo del Caballero de la Bondad...
... en aquel momento se sintió duro como la roca y poderoso como el mar, libre y fuerte como el viento, cómo le había dicho Thorntor. Y recordó como éste había derribado la pared de las entrañas del palacio. Puso su hombro al frente, quebró el brazo y dio contra el cuerpo que contenía el espíritu sirviente de Sauron, sirviente de Melkor el Enemigo, haciendo que este cayera sorprendido unos pocos metros atrás.
- Darlak... - le dijo al medioelfo luego de reestablecerse y empuñar su espada en guardia hacia Bolgöd.
Luiniel
Era difícil creer que en la mañana de aquel día la ciudad había estado totalmente en silencio, y ahora reinaba el confuso clamor de la batalla. ¿De dónde salían tantos encapuchados? Era, talvez, la misma pregunta que los noldor se hacían en las primeras guerras contra Morgoth, cuando las puertas de Thangorodrim se abrían y miles de orcos salían al ataque.
Luiniel atestaba golpes contra sus enemigos. De repente aparecieron orcos y trolls, pero por otro lado estaban los fanyareanos luchando codo a codo con gentes aladas. La situación estaba relativamente equilibrada hasta que se oyó un grito.
Vala Melko an tulin ananya!
Todo fue silencio por un minuto, los sirvientes de Bolgöd temblaron al sentir la presencia de su antiguo amo, aquel que los esclavizó por primera vez.
La noldo vio como los restos de la corona se alzaban manteniéndose suspendidos en el aire. Los seis encapuchados que cargaban con Grond estaban también poseídos por su presencia y movían el martillo derribando todo a su paso. Pero la corona estaba incompleta, ella lo sabía; antes de salir a la lucha, Kael le había encargado un pedazo. “Necesitan la corona completa” se dijo mientras seguía blandiendo su espada con agilidad.
Los enemigos eran muchos, debían derribar al jefe, “Si cortas la cabeza del amo de los esclavos, los esclavos verdaderos no sabrán que hacer” recordó las palabras de su padre. A punta de espada se abría paso hasta donde Darlak y Bohr peleaban mano a mano con Bolgöd.
[Editado por arweneressea el 14-08-2006 03:23]
Bohr Daedth
El Sexto Caballero se levantaba. Furioso, dispuesto a irse encima de aquella mosca humana que lo había empujado.
- ¡La última vez que vi hacer eso fue a un carnero contra un lobo hambriento. Bohr... he oido algo de tí, buen golpe! - dijo Darlak con entusiasmo mientras se ponía atento hacia Valandil-Bolgöd.
El poseso avanzó molesto, tomó una espada ajena y arremetió contra los dos hombres. Se acercó más a Darlak pero atacó a Bohr. El Caballero de Lempe Ohtari alcanzó a cruzar su espada para detener el sablazo. Pero en dos movimientos el enemigo, empleó la otra mano para descargar su furia en el estómago de Wethan, y luego con un de una tunda con la parte exterior del antebrazo izquierdo lo arrojó a gran distancia. Pero aún fastidioso por la intromisión se encaminó al cuerpo inconsciente de Bohr, que se aferraba a su mandoble.
Darlak actuó rápido. - ¡¿Es que no te das cuenta que has perdido?! ¡Los planes a los que sirves no están funcionando!- La atención de Bolgöd se puso nuevamente sobre él. -El poder que sea que te esté manteniendo en este plano no estará contento, no permanecerás más aquí... dejá el cuerpo de Valandil y huye ahora antes de te hagan desaparecer, Bolgöd! ¡Estás perdiendo, jajaja!-
El servidor de Sauron, servidor de Melkor Morgoth, el Enemigo, atacó entonces a Darlak. Envinyanta evitó el daño una y otra vez más. – ¿Crees que mi amo depende de este estúpido ritual para lograr sus planes? Hahahaha... ¿Eso crees, mortal? Tu cuerpo no verá lo que nosotros lograremos, y el de Valandil... tampoco, pero obtendremos poder, hahahahaha!
El acero sencillo del arma que portaba el cuerpo de Valandil no se comparaba a la ancestral forja de Darlak, pero aún así aún no se quebraba golpe tras golpe. Quiso la circunstancia que deteniéndose en un encuentro de hojas, el Guerrero de la Espada dejara descubierta su mitad izquierda; y el Perverso le asestó una patada que le dio en el esternón haciendolo caer nuevamente...
-¡Hey! – gritó Wethan Bohr, el niño, el guerrero, el cabecilla, el ingenuo. Estaba mareado y apenas se mantenía en pie.– Prr... ins... cipe... de la... bond... ndad. - tuvo que hacer un balanceo con su espada para equilibrarse y no caer. A tumbos avanzó.
Darlak se recuperaba.
Bolgöd-Valandil se enfrentaba a dos rivales, desde direcciones opuestas. Uno, sin reparos de herir el cuerpo de Valandil Súleglîn, débil. El otro, más firme, pero limitado por no dañarlo.
El espíritu malvado dudó, para su perdición, dudó más de lo conveniente...
[Editado por Elessurendil el 15-08-2006 04:39]
Alkalabrindeth
\"El aire helado recorría cada parte de su cuerpo como una plaga que se expande pronta e hiriente, y aún así no era tan frío como su alma y corazón, el sentimiento de venganza navegaba en sus venas, se increspaba en sus manos, dirigía sus armas y renacía de su mente como el espíritu latente más antiguo que su propia existencia.
La falta de razón ante las circunstancias la convertían en presa fácil para la oscuridad, parecía deleitarse exterminando orco tras orco mas no satiafacía sus impulsos; sus ropas y rostro estaban bañados de sangre negra maloliente y ella seguía sin detener golpe tras golpe, ni siquiera era capaz de escuchar al cansancio.
Muchas batallas había librado, batallas con olor a muerte que le inspiraban nostalgia y desánimo. Pero ahora tenía al enemigo que siempre había buscado, aquel por el que tantas muertes había llevado bajo sus hombros para ganarse el respeto y la voluntad de los dirigentes, mas había llegado el día de enfrentarlo en el momento menos propicio.
Ese día oscuro sería un día que marcaría cada uno de sus pasos venideros...\"
Una vez que Alkalabrindeth se abriera paso entre los encapuchados, fue directo a los orcos, tomó con la izquierda el basto de su espalda y borrando sus bellas facciones con las muecas del odio empezó a desgarrar pechos, arrancar ojos y todo lo que las garras palpaban a su paso, las ocho cadenas giraban con velocidad en el viento provocando un ruido mortal para las aves de rapiña, era el grito o la mofa del dragón que hasta sus ojos se habían encendido al beber esa vil sangre de la que alguna vez había formado parte. Y con el basto defendía el otro flanco partiéndoles el cráneo a los orcos que se amontonaban en manadas para aplacar a \"Caraknâr\"; un nombre que jamás olvidarían y del que nunca dirían que cubría a una doncella.
En el momento en que el tiempo se detuvo y los clamores de una voz terrible se filtraron en el aire, Alkalabrindeth también se encogió de terror, los mismos orcos gimieron y muchos se ocultaron entre la maleza... en pocos segundos había más desolación de la que sus ojos vieran. Entonces supo que ya no valía de nada desear ocupar el lugar de sus amigos, el dolor de ellos fue menor a lo que ahora todo ser viviente en Amaurenori pudo sentir y las huellas de ese sufrimiento quedaron incrustadas en su cuerpo mientras los años marchitaron su luz.
Un troll no soportó más la agonía y se descarriló hacia donde la medio elfo estaba, entonces el tiempo volvió a su curso y todos prosiguieron la batalla, menos ella, había escuchado en su interior la voz de su padre, ya nada importaba más!! que seguir oyéndolo, aunque fuera sólo una falsa ilusión, ni en sus más minuciosos recuerdos esa voz había sido tan real. Así fue como ahí de cuclillas el troll la tomó enajenada, y de un fuerte manotazo la envío volando hacia unas ruinas, en el golpe el mismo troll se había clavado el basto por lo que se sangoloteó de dolor provocando una estampida en la que muchos orcos y encapuchados murieron aplastados.
Kael logró saltar con agilidad a un lado mientras la bestia se aproximaba y con destreza alcanzó a dar un fuerte martillazo en la rodilla del troll que lo hizo trastabillar y caer, una vez abajo, Kael lo remató con dos golpes en la abultada cabeza, y subiendo por su cuerpo se enfrentó con dos encapuchados que le atacaban por ambos lados, matando a uno rodó veloz hacia el hombro del troll y con fuerza arrancó el basto que aún traía adherido seguido de borbotones de negruzca sangre, con él acabó al otro atacante...
\"Alkalabrindeth al caer se golpeó en la cabeza y yació inconsciente mucho tiempo, ese estado fue producto de un poder benévolo, alguien que no estaba presente pero que despejaría su mente del roce de la maldad... los sueños se le vinieron en eslabones... uno de esos sueños fue una gran montaña cubierta de nieve blanca y espesa como algodón por la que se ascendía a través de senderos escarpados y sinuosos, una montaña que de pronto le mostraba la blanquecina luz del sol\"
Ohtaránë
Mientras los demas luchaban con sus afiladas armas, Ohtaránë libraba otra batalla contra Valandil: en su mente. Habia caido de rodillas, con las manos en la cabeza, y habia rodado al interior de una grieta abierta por Grond. Sobre él oía los gritos de los portadores del Martillo enfrentandose a alguien. De repente uno de ellos salvo la grieta de un salto, llevando a Sonyariel. El no podia moverse, le costaba demasiado trabajo luchar contra las palabras.
-Tienes que levantarte... Ahora perteneces a Sauron...
-No... Las personas no son objetos... No pertenecen a nadie... He vivido entre los orcos, sé de lo que hablo -los ojos de Ohtaráné se llenaron de lagrimar-. Las personas pueden ser corrompidas, amenazas, encadenadas... Pero en el fondo siguen siendo ellas...
-¿No te hemos demostrado lo contrario? ¿No te hemos convertido en Vanyar?
-No... No soy un Vanyar... Puedo hacer lo que ellos, porque no importa si has nacido junto a los tuneles de Grofeshur o entre los Arboles de Valinor...
-Si importa...
-Lo que importa es creer en tí, en que todo saldrá bien, y en que todo saldrá bien si le pones dedicacion suficiente...
-¡ESTUPIDO! ¡CLARO QUE IMPORTA! ¿CREES QUE PODRIA TORTURARTE DE ESTA FORMA SI NO ME APROVECHASE DEL MAIAR?
-No... No...
-¿Crees acaso que su vida le pertenece aun o que queda algo de él en si mismo? ¿Crees que le servirá de algo una vez su cuerpo muera?
-¡No puedes torturarme! -a Ohtaránë le estaban sangrando los oidos y lloraba sangre, pero clavo su mirada en un punto al exterior de la grieta-. ¡Reniego de vosotros! ¡Encontraré mi propio camino! ¡Dominaré Arador con mis propias manos! ¡Y lo convertiré en un mundo en que todos, incluso los orcos, sean tratados como iguales!
La voz de su mente estalló en carcajadas. Ohtaránë salió arrastrandose de la grieta.
-¡Iluso! ¿Crees que un elfo criado por orcos conseguirá algo sin nuestra ayuda!
-¡Quizas no, pero lo habré intentado! -sus palabras resonaron en la plaza. El Martillo se detuvo en el aire y se volvió hacia él.
-Ya no nos sirves para nada...
Grond se lanzó contra Ohtaránë. Él cerró los ojos y, cuando el Martillo estuvo a centimetros de su cara, Se dejo caer al suelo. Ya no se movia tan rapida y elegantemente como cuando se creia un Vanyar, pero al menos, ahora era él mismo. El Martillo rotó en el aire y volvió a caer sobre él, pero entonces pasó algo.
El elfo no habria podido volver a esquivar el Martillo, esto lo comprendió despues. Pero de la Corona de Hierro suspendida en el aire brotaba una luz blanca, como un desgarron en el tejido del mundo. El Martillo cayó al suelo y volvió a levantarse, pero tembloroso.
Ohtaránë casi se hecho a reir. Los ejercitos se mataban entre ellos a su alrededor, luchando con toda su furia. Y nadie parecia advertir que, por algun motivo, Morgoth se estaba muriendo...
Darlak Lórindol
El martillo empezaba a perder vigor y volvió a caer. Valandil intentó alzarlo de nuevo pero esta vez no pudo. Sintió un fuerte dolor pero aún así y a pesar de que el martillo ya no seguía su voluntad, lanzó una nueva carga contra Darlak y contra Bohr.
Lanzó una palmada en aire tan fuerte que hizo tambalear de su posición a sus rivales. Con satisfacción vio como Bohr caía al suelo a consecuencia de la embestida, en cambio Darlak consiguió mantener el equilibrio a duras penas.
- ¡¡Valandil, reacciona, tú puedes vencer a ese usurpador!!
Bolgod rio mientras arremetía contra el medioelfo, sus brazos parecían de hierro pues detenían todos los movimientos de la espada de Darlak
- Tendrás que matarnos si quieres que deje el cuerpo de Valandil. ¿Matarías a aquel que te dio la bienvenida en sus tierras? ¿Hincarías tu espada en el cuerpo de aquel que te abrió las puertas de su ciudad y de su casa? Lo dudo, pues tu alma se ahogaría de dolor y la culpa no te dejaría vivir.
Bolgod rio ante la mirada dubitativa de Darlak mientras Envinyanta murmuraba inquieta.
- Creo que tu espada no se sentiría culpable, anhela la sangre de Valandil. Es sangre maia al fin y al cabo.
La mano de Darlak se movió entonces siguiendo un arco que le conducía directamente al pecho de Valandil. Justo a un centímetro de la zona donde se hallaba el corazón del maia, se detuvo.
- ¡¡Hazlo!! ¡Así acabarás conmigo y lo librarás de este tormento!
¿Iba a matar a Valandil? La mente de Darlak se hallaba en una auténtica disyuntura. Por una parte había una fuerza extraña en su interior que le incitaba a proseguir con su ataque e hincar la espada en el pecho de su contrincante pero su alma le gritaba que no lo hiciera.
- Hazlo - escuchó una voz cerca de él. Era Bohr. Se había escurrido por detrás del maia para atraparlo. - Ahora lo tengo atrapado, hazlo. Tienes que impedir que invoque a Morgoth
Darlak miró hacia los ojos de Valandil y entonces los vio. Eran sus ojos, brillantes. Tendría que hacer algo que nunca hubiera deseado hacer. La espada decidió por él y se adelantó....
Sin embargo, una fuerte sacudida de repente cruzó el cuerpo de Valandil, sacudida que provocó un remolino. La hoja de la espada resbaló y rasgó el pecho del maia para después caer.
Darlak y Bohr cayeron al suelo.
Bolgod gritó de dolor pero no por la herida de la espada de Darlak sino por la sacudida que sufría. Con horror, contempló como la invocación estaba fallando, la corona se resquebrajaba. Luiniel apareció cerca de él, cuando estaba a la vista de él abrió la mano. El brillo de un trozo de la corona provocó que un grito más aterrador surgiera de la garganta de Bolgod/Valandil. Al haberse guardado
un trozo de la corona, Luiniel había impedido los planes de Valandil de invocar y traer de nuevo a Morgoth. La elfa sonrió mientras el dolor consumía al enemigo.
[Editado por aratir el 17-08-2006 00:34]
[Editado por aratir el 17-08-2006 00:40]
Kael Athas
Kael se volvio bruscamente.Ante el se alzaba la estatua que hubiera llamado su antencion anteriormente.Ahora odiaba aquella imagen.Rabia y dolor le daban fuerzas para continuar adelante.Pensaba en las burlas que le habian hecho pequeño.La muerte de su padre.Haber visto a Shiz en las mano de Isul.El hecho de que Isul hubiera difundido el rumor de su muerte...Todo...Los compañeros muertos en batallas...Cada lagrima derramada,cada recuerdo amargo era su poder que crecia y crecia...Los trasgos pequeños perecian bajo su martillo,los orcos mas grandes acaban partidos por su hoja.Entonces vio....Un enorme y seboso orco se adelantó.Era un desafio.Se lanzo contra el.Dolor,era como el orco que mató a su padre.El orco perecio atravesado por la mitad...Su batalla terminaba...Se arrodillo allí enmedio salmodiando y alabando a Eru...
Su batalla terminaba.Sin embargo no era mas que un punto de vista de aquella batalla...Habian otras historias que deben ser contadas y escuchadas...Es el momento de oirlas...
[Editado por kabul el 17-08-2006 22:28]
Sonyariel Lisse
Tras descubrirse frente a Darlak la humana luchó con ahínco contra algunos encapuchados que se dirigieron hacia donde ella se encontraba, pero al ver que Valandil luchaba a muerte contra Darlak se desconcentró de su labor y recibió un golpe seco en la boca del estómago, y una herida en el muslo derecho, quedando sin aire e inmovilizada por el dolor, percatándose que era transportada por uno de ellos por los antiguos pasillos de Amaurenori.
La furia que brotaba de su pecho ante su error ya que, orgullosa como ninguna, no soportaba equivoco alguno en la batalla, un ardor se le subió hasta la cabeza y tomó de entre su cinturón una estrella de acero enterrándosela en el cuello a su captor.
Después que había caído de las mazmorras se encontró en un pasillo completamente sola, acompañada sólo por el cuerpo de uno de aquellos seres caído que había derribado la flecha de Ohtaránë, después de ser encontrada junto a Miramar y a Valandil, y tomó prestadas sus indumentarias para pasar desapercibida entre las ruinas. Gracias a ello había podido enterarse de los caminos reales entre los laberínticos pasillos y escuchado los diálogos entre las sombras. Siempre tubo la certeza que se sus compañeros encontrarían bien, pero igual de vez en cuando los seguía para estar segura que no se meterían en problemas mayores.
Al verse libre tomó su espada escondida debajo de la capa negra y se hizo un corte en la palma de la mano. La herida de la mano le enfrió la cabeza, el dolor y el aroma a la sangre la deleitaba extrañamente, aunque ella sabía que eso era herencia de su padre, pasando sus labios y su lengua por la herida antes de cubrirla con un pañuelo.
Necesitaba pensar fríamente y ya acostumbrada a esos menesteres, se levantó en la oscuridad hasta notar que alguien más se acercaba por el pasillo. Elevó su espada y como una víbora se dirigió sigilosamente entre aquellas ruinas. Una sonrisa en los labios le brotó al verse rodeada de algunos guerreros que le siguieron...
Necesito ir a ayudar a mis compañeros, así que os sugiero que me dejéis pasar....
La joven no esperó respuesta y blandió su espada con habilidad, esquivando golpes he intentado abrirse paso entre aquellos que no retrocedían un centímetro... hasta que logró haberse camino y olvidándose de sus heridas corrió hasta encontrarse con la batalla y a Valandil gritando de dolor.
- ¡Darlak! ¡No le hagas daño! ¡Así el habrá ganado!
Y se abrió paso hasta quedar a algunos metros del medio elfo y del otro guerrero, mientras el aire a su alrededor se trastornaba ante la energía emanada del maia, que a penas dejaba estar en pie.
[Editado por auriga el 18-08-2006 00:25]
Bohr Daedth
La batalla había terminado y la invocación de Morgoth había fallado. La \"aparición\" de Morgoth que había sido no mas que un residuo de su presencia se había convertido en un intento de Morgoth de volver que finalmente no había tenido éxito. Se había aferrado a aquel residuo de su poder como a un clavo ardiendo. A pesar de que los planes de Gorthaur y Bolgod habían fallado, la corona de Morgoth se había vuelto a fragmentar en trozos los cuales se habían esparcido a consecuencia de un viento aterrador que se había levantó de repente en Amaurenori. Otharanë, Eleth, Kael, Luiniel, Darlak, Bohr y el resto fueron lanzados al suelo a consecuencia del viento. Cuando todo pasó se hallaban en medio de la plaza, cerca de una mesa de roca donde antes se alzara una estatua. Todo había acabado, era el momento de regresar al hogar.
Escrito por Kabul. Editado por Aratir.
[Editado por Elessurendil el 20-08-2006 02:35]
Bohr Daedth
Wethan y Thorntor habían vuelto a la sala donde se encontraron. La gente alada del poderoso Caballero los había seguido manteniendo una distancia.
El alado habló. – Bohr, has obrado como el universo necesitó que obraras, serás un gran líder, poderoso y amado. Vivirás muchos años, muchacho. Te será ofrecido vivir muchos años, y aceptarás. Y si alcanzas la longevidad un día tendrás una oportunidad aún mayor, pero para eso faltan más de mil años. A mí... a mí no me conoces, soy el hombre más dichoso y poderoso de mi mundo, pero de a poco me irás conociendo. Porque yo soy tú, soy sólo una imagen, una figura de quien tú serás. Los acontecimientos han traido mi imagen desde los tiempos que aún no ocurren pero que es sabido que ocurrirán. Sólo puedo darte un consejo para que llegues a alcanzar mi dicha: acepta. Lo demás ya lo llevas en ti. Eres necesario, Bohr... Wethan Bohr, Hamáma Bohr, Hamáma Thorntor. Nuestra gente nunca ha estado aquí. Sólo la “necesidad “de mostrarte el camino los ha proyectado en este pasado. Lo han hecho tú y el Annatar... Nosotros ahora debemos irnos.-
Bohr estaba boquiabierto y no pudo pronunciar palabra. Thorntor, que era él mismo, le dio un apretón de manos que lo estremeció. Y dando unos pasos atrás, se unió a su gente y desapareció, al tiempo que las ruinas de Amaurenori se desmoronaban también.
...
Bohr llevaba en brazos a Alkalabrindeth, inconsciente, cuando se enteró de la muerte penosa de Shathdul y de Grim, dos de sus leales compañeros. Se arrodilló con cuidado y lloró apoyando la cabeza sobre el vientre de la elfa. Ellos no tenían porqué haber muerto. Nunca pudo congraciarse con el enano agraciado. Él nunca le perdonó la mentira, nunca volvió a confiar en él, y nunca volvería a hacerlo ya. Bohr apreciaba mucho al enano, su soledad lo conmovía hasta las entrañas, aún cuando el humano se resistía a las emociones. Enano seguramente con sangre de elfo, por sus rasgos y su esbeltez, su unicidad era triste, nada a lo que pertenecer... pero había pertenecido al Lunte I Nyarier, eso sí. Había sido un hermano de Bohr, y siempre lo llevaría en el alma. Él sería el primero a quien Bohr le dedicaría la gloria.
Ya eran dos guerreros de la reciente familia ramalië que habían dado la vida por él. Un eldar, Amleir, en el este de Fanyarëa, y un naugrim, Shathdul Bunffelak, siguiéndolo a disgusto a la más arriesgada de sus andanzas. Bohr debía dar la vida por otros, no otros por él.
Además, ahora tenía “amigos”, un concepto que nunca había comprendido bien. Y aunque estos eran casi todos hombres leales al patricio que él era como hijo de Alsenot, cacique de los humanos de Heren Fanyarëa, sí había verdadera amistad entre ellos.
- Déjame ayudarte con Alkalabrindeth,- le dijo Santûra, apesadumbrado por su amigo Shathdul, pero también consternado por el semblante de Bohr.
- No Santûr, deja que yo lo ayude.- le dijo Thitoron apretándole con aprecio el hombro izquierdo.- Tu sólo no te nos alejes Capitán.-
- Yo cargaré con ella... amigos. Es mi hermana también, y mi responsabilidad... Gracias.-
Los otros aceptaron, pero no se apartaron mucho, por si necesitaba ayuda.
...
Bohr había dejado un momento el cuerpo dormido de Alkalabrindeth reposando sobre la hierba cercana a la costa, y se quedaba ahí cuidándola. Desenvainó su espada y mientras la observaba y limpiaba se puso a meditar, a pensar, práctica que hasta hace unos meses no hubiese imaginado que haría.
Esa noche decidieron lo que harían con los cuerpos de Grim y Shathdul. Estaba claro que no serían enterrados en esa tierra, y que merecían un final digno. Pero echarse ahora a la mar hasta Fanyarëa era exigir demasiado las pocas fuerzas que les quedaban a los fanyari.
Subidos al Lunte I Nyarier, pusieron a Grim en una barcaza fúnebre, soplaba buen viento para alejarse de la orilla; él había tallado en madera una gran cola de un animal marino que siempre decía haber visto en su juventud... y esa pieza se había fijado en cubierta, cerca de la popa; aquella extraña cola de pez fue puesta con él. Las antorchas despidieron al amigo desde la fragata. El agua llevó al rústico marino, cumpliendo el juramento que ambos se habían hecho, él descansaría en sus dominios y ella lo guardaría en paz. Ninguno de sus compañeros pudo contener al menos una lágrima.
A Shathdul Bunffelak le construyeron un sepulcro temporario, donde sus restos se conservarían hasta poder volver a Fanyarëa. El galeno de la tripulación propuso un tratamiento que mantendría la carne y el hueso intactos un largo tiempo. Mientras guarecieron el cuerpo del enano, Bohr dijo unas palabras breves, entre las cuales prometió que bautizaría a su espada con el nombre del espíritu de su amigo fallecido, Shatearffelak. Luego lo pusieron en un carro.
Cuando todo esto hubo pasado, los Fanyari partieron hacia Lempe Ohtari, donde Darlak y Eléth les prometieron un lugar apacible donde reponerse. Bohr cargó a Alkalabrindeth todo el viaje, con celo.
Kael Athas
Kael desperto con dolor de cabeza...:
-Ahh...-miró y vio la escena todos estaban en una mesa de piedra donde se habia hallado aquella estatua que Kael aborrecio...
Bohr,el Oriental,se levantó tambien:
-Toma-Kael le dio las armas de Kala que hubiera utilizado en la batalla.
Poco a poco todos se fueron despertando...Todos menos Luiniel.Aquello preocupaba a Kael...Poco a poco tras un breve aturdimiento todos marcharon...Kael no sabia a donde,ni si quiera le importaba.Solo le preocupaba Luiniel.La elfa aun seguia insconciente,Otharánë ya habia despertado...Debian volver no sabian como:
-Vamos,volvamos ya...-dijo Otharánë
Kael cargo a Luiniel en borricate y salieron de la ciudad...
¿Que les depararia el destino?
[Editado por kabul el 20-08-2006 15:31]
Niëlúne Lambar
Qué fácil decir que todo había terminado,pero que difícil olvidar...¿cómo se borra de la mente ver caer a un amigo?¿cómo se olvida el daño sufrido y las heridas?...heridas en el cuerpo,y en la mente...
Todos padecimos de ambas,las físicas sanarían con el tiempo y el descanso,las otras...jamás serían borradas de nuetras memorias.
La batalla había llegado a su fin y Morgoth había visto cómo su propósito para regresar había sido rechazado con la casual unión de unos desconocidos,pero la guerra no había hecho más que empezar.Ahora conocíamos de la existencia de un extraño culto.Un culto que crecía cada día y captaba nuevos adeptos allá donde se lo propusiera.Un culto a un ser aborrecible empeñado en su \"resurrección\".
Solo habíamos pasado la primera prueba pero seríamos sometidos a un sin fin de pruebas más hasta comprobar cuán fuertes eran nuestros corazones o nuestras almas,y hasta qué punto serían capaces de soportar el tormento o la avaricia...
[Editado por mithril_ el 21-08-2006 23:36]
[Editado por mithril_ el 21-08-2006 23:38]
Sonyariel Lisse
Sonyariel se quedó pensativa observando como la gente arreglaba sus cosas y partían, la mochila estará llena de recuerdos buenos y no tantos por mucho tiempo, todo por ambicionar un tesoro.
Se levantó y recogió la capa negra con la cual había transitado por los largos pasillos, semejante a un fantasma, y se acercó donde sus amigos a quienes les dió un abrazo bien apretado.
- Hey! que nos ahogas! jajaja - sonrieron Miramar y Darlak a quienes los había pillado de improviso.
- Espero que se recupere pronto Valandil, todo ya acabó, pero nestro amigo necesita descanso- les susurró, mientras observaba al maia recostado bajo la fresca sombra de un árbol.
Tomó de un brazo a su amiga y caminaron un rato mientras dejaban al medioelfo con el maia.
- Que lástima que se hayan ido tan pronto los buscatesoros, lo que es yo, no me voy con las manos vacias...
- De qué hablas Sonyariel - musitó la dunadan.
- ¿Crees que sólo vagué por aquellos pasillos inmundos? encontré algunas cosillas que tengo bien guardadas... creo que nos servirá como pago a nuestra extraña travesía... -Encontré unas copas de oro, y otras cosillas varias xD No es mucho pero ya saboreo el esquisito vino en ellas XD, oye y ¿cuándo partimos? los demás llegarán a nuestros puertos y hay que dejar todo listo.
- ¡Darlak! ¿nos vamos?
- El medio elfo asintió con la cabeza mientras iniciaban el viaje al hogar, donde les esperaría una buena fogata y una comida caliente, junto a los recuerdos de la aventura vivida en las extrañas ruinas de Amaurenori.
[Editado por auriga el 22-08-2006 00:30]
Darlak Lórindol
- Partamos - dijo Darlak sonriendo a Sonyariel.
El camino de vuelta hacia las tierras de Lempë Ohtari se les hizo pesado pues estaban muy cansados. Sonyariel, Eleth y Darlak caminaron al frente seguidos por Bohr y la hueste fanyareana. El cuerpo incosciente de Valandil lo transportaban hombres de Heren Fanyarea al igual que el de Kala.
Sin duda aquel había sido un viaje insólito. Una aventura que había traido malos momentos y cuya consecuencia hubiera sido peor. Darlak era consciente de que su llegada a aquellas ruinas que dejaban atrás no había sido buena idea. Desde la guerra que Bolgod llevó a las tierras de Lempë Ohtari, Valandil era muy vulnerable a ser utilizado por el espiritu maligno del sexto caballero. Si no se hubieran detenido los planes trazados por él, todos los rincones de Arador hubieran sufrido la llegada del mal.
Darlak Lórindol
En medio de las ásperas tierras de Rilmaven Lára, la comitiva proseguía su viaje hacia el norte. Darlak iba envuelto en sus pensamientos más oscuros por todo lo sucedido en Amaurenori.
- ¿Os encontráis bien? – le dijo Bohr que se aceercó al medio elfo.
Darlak giró la mirada hacia la izquierda y lo miró. Aquel personaje era una de esos sucesos extraños que el capitán había tenido que vivir. El hecho de que el fanyareano fuera un humano de la raza de los orientales hizo revivir en Darlak un sentimiento que le parecía ya olvidado. Durante su infancia había vivido esclavizado por un pueblo de humanos orientales y, peor aún, había tenido que vivir la esclavitud de su madre y como había sido obligado a casarse con uno de ellos. Por ello, el día de la muerte de su madre había jurado vengarse de todos ellos.
Bohr era para Darlak una dura prueba de fuego pues él había dirigido las tropas de Heren en Amaurenori y habían contribuido a la victoria final. Por eso, Darlak les había agradecido su ayuda y los había invitado a curarse de las heridas del viaje en las tierras de Lempë Ohtari antes de viajar a sus hogares.
Darlak miró a Bohr, una sensación extraña lo hizo dudar. ¿Qué podía más el sentimiento de repulsa al pueblo del humano o el agradecimiento por lo sucedido en Amaurenori?
- Sí, estoy bien.
En ese momento, el sonido de unas águilas que sobrevolaban la zona les llamó la atención.
Allí los encontró la mirada de largo alcance de Súrewen, la señora del viento, esta vez en forma de poderosa águila y desafiando el peligro de los cielos. Su mirada se topó con una tropa de fatigados hombres que transportaban dos cuerpos y viajaban hacia el norte. Decididamente dejó los cielos y bajó hasta el suelo.
- Saludos viajeros es un alivio que os haya podido encontrar en medio de tan áspera tierra – dijo el aguila mientras adoptaba su apariencia normal. Una joven doncella de ojos dorados caminó hacia ellos con el grácil movimiento de los maiar.
- ¿Annamel, qué haces tú aquí? – preguntó Darlak
El rostro de la mujer se notaba cansado.
- Ha sido terrible. He sentido el dolor de mi esposo en mi alma. Percibía como la suya era atormentada. Ya he dispuesto descanso para él en Ostova Lorë.
Sin apenas mirar a los miembros de la comitiva, se acercó hacia el cuerpo inmóvil de su esposo. Darlak se acercó a ella.
- Se recuperará. Ya una vez venció el tormento y lo hará de nuevo.
- ¡No debisteis ir a esas ruinas! Has demostrada una gran falta de prudencia que le ha podido costar la vida a mi esposo, Darlak – dijo Annamel mientras miraba furiosa al capitán.
- Yo… - el medio elfo comprendía el dolor de ella pero no era justo que le culpara de aquello.
La esposa de Valandil intentó hacer que el maia recuperara la conciencia. El dolor por ver a su esposo en aquella situación era la confirmación de sus peores temores.
- Señora, Darlak no tiene ninguna culpa. Él accedió por insistencia de Valandil. – dijo Eleth un poco más atrás.
Annamel se giró y miró al peredhel.
- Disculpa no mereces mis duras palabras pero comprende el dolor que inunda mi corazón. Yo no estuve de acuerdo en ningún momento con esta expedición. Ahora me gustaría llevarlo personalmente hasta Ostova Lorë. Necesita cuidados de inmediato.
Todo se dispuso entonces para que Annamel condujera a su esposo a través de los cielos. No obstante antes agradeció a los hombres de Heren Fanyarea su amabilidad por llevar a su esposo y los invitó a pasar unos días en Ostova Lorë.
Annamel alzó el vuelo junto a dos águilas más que llevaron el cuerpo de Valandil hasta Ostova Lorë. El resto de la comitiva proseguiría su viaje hacia Tumbale Hópa para ordenar que se prepararan los barcos para cuando Bohr, Kala y los demás se hubieran recuperado de sus heridas.
Luiniel
“El mar se extendía inmensamente por todos los límites del horizonte. Sus aguas se mecía dulcemente, impasibles, inquietas, cambiantes; inundando todos los rincones de las profundidades. El cielo era azul profundo, sin una sola nube y millones de estrellas centelleando en lo alto. Un muro sombrío se alzaba para esconder una tierra iluminada, tan sólo una pequeña garganta daba paso al continente.”
Con el roce de la arena de la playa en sus pies, Luiniel despertó. Al principio no sabía donde estaba, el paisaje se movía pero ella no estaba caminando. Kael la llevaba en sus brazos, le costó un poco entenderlo, la cabeza le dolía terriblemente. Sin embargo el elfo si se dio cuenta de su recuperación, sintiéndose aliviado.
- ¿Te encuentras mejor? – le preguntó deteniéndose.
La noldo asintió y se puso de pie. Sintió el tambaleo de sus piernas al tocar el suelo, pero lo disimuló. Ohtaránë la observó pero no dijo nada.
- Vamos – dijo Kael.
- Un momento, ¿Qué pasó con los encapuchados y su intento de revivir a Morgoth?
- Fallaron – repuso Ohtaránë en tono cortante.
Luiniel, prefirió aceptar la respuesta del elfo y calló pues el dolor de cabeza no cedía. Además notó un ardor en su mano izquierda, “La examinaré más tarde” se dijo, no quería parecer vulnerable. Reemprendieron la marcha en silencio alejándose cada vez más de las ruinas de Amanurenori.
El sentido de la orientación de la elfa le decía que caminaba hacia el sur lo cual significaba que tarde o temprano deberían pasar por Eirë Esteldor. – Debo deciros que al oeste de aquí he dejado un pequeño navío. Quizá sea mejor seguir una ruta por mar, nos tomaría menos tiempo. – dijo pasado un corto lapso de caminata. Se detuvieron una vez más. Tras una corta discusión, decidieron prestar oídos a la propuesta de la noldo cambiando su rumbo hacia el oeste.
Cuando llegaron a las costas del Ëarmitya, Luiniel localizó el bote entre unos matorrales. Un navío hecho de madera liviana y clara. Era pequeño, tal que alcanzaban los tres sin mucho espacio de sobra. Sin embargo estaba en buen estado y resistiría en altamar mientras el clima no fuese adverso.