Sonyariel Lisse
Su herida aún estaba en proceso de cura y Sonyariel estaba cansada de estar en aquel lugar. Necesitaba salir urgentemente de allí y dejar de rememorar el pasado. Pero no había hecho otra cosa desde que llegara herida del combate.
Sobre todas las cosas había recordado como su vida se truncó cuando las hordas del mal habían saqueado su ciudad natal. El dolor y la angustia volvían sin cesar cada día desde que llegó a aquél lugar.
Las imágenes eran bien vívidas y las sentía muy adentro de su corazón. Recordaba el día en que fue arrasada su ciudad como si hubiera sucedido el día anterior.
[…]
Había luna llena, nada se movía en la noche, excepto unas sombras furtivas; llegaron a una de las puertas de la muralla, el pobre vigía medio dormía sin saber el terrible destino que le acontecía. No llegó a saber nada...
Una de las furtivas sombras abrió el fortín, de pronto y en silencio entraron más, aunque resplandecía el brillo del acero mientras se escuchaba el silbar de flechas, como si alguien estuviese hablando en secreto.
Pronto llegaron a palacio emboscando a las pocas guardias que había aquel día en la ciudad. Un par de días antes los soldados habían salido a combatir con un reino vecino, dejando desamparada la ciudad ¡ insensatos !
Al rato alguien dio la voz de alarma, debería haberse callado, pero da igual, pronto lo harían por él... ya era tarde, la poca guardia que quedaba no bastaba para aplacar al grupo de elfos que les había atacado, de los supervivientes algunos lucharon con valentía pero de poco les sirvió y otros se rindieron como ratas ¡hubiesen preferido morir si supiesen el destino que les deparaba !
Pronto las puertas estuvieron abiertas de par en par y entró con gran estrépito un grupo de elfos llegaron dispuestos a hacer caer aquella ciudad.
Y entonces empezó la verdadera carnicería, aquel grupo de elfos empezó el pillaje en la ciudad, las casas fueron asaltadas y quemadas, sus ocupantes fueron ejecutados y violados, daba igual el orden.
Mientras en palacio, un caballo guiado por un jinete con escudo y un gran martillo de guerra paro en la puerta, desmonto el jinete y guardo el martillo. Todos los soldados tornaron sus miradas asesinas a rostros con temor, uno de los soldados le hablo:
-¡Señor ! El palacio ha sido tomado sin esfuerzo como usted dijo, hemos hecho prisioneros, son algunas doncellas y guardias de palacio ¿qué es lo que ordena que hagamos con ellos?
-Las mujeres repartíroslas como mejor os parezca, los guardias llevároslos a las mazmorras, que no se le ocurra a nadie revelarse, torturadlos e iremos ejecutándolos uno a uno delante de todo el mundo, para que vean lo que les puede ocurrir jajajajajaja.
-Oh, señor, encargaré de todo, yo tengo un asunto pendiente con alguien.
Y entrando a palacio desapareció de las miradas de los soldados que todavía seguían mirando la puerta como esperando que volviese. Después volvieron al saqueo.
[…]
Sentía escalofríos cada vez que recordaba aquel duro ataque el cual le cambió tanto la vida…
- Señora, la fiebre le está subiendo de nuevo – le dijo la enfermera que cuidaba de ella desde que regresó del campo de batalla. Pero los ojos de la guerrera estaban en ese momento en otro lugar y en otro tiempo. Más fuerte era el dolor del alma que el de las heridas.
- He decidido que mi curación ha finalizado, deseo salir fuera de estas paredes – dijo ella con cara triste.
- Señora, aún no estáis del todo bien necesitáis un par de días para estar completamente curada. Ahora sería recomendable que durmiera un poco.
La enfermera abandonó la sala tras arropar a Sonyariel, pero ésta no se durmió. Siguió recordando el pasado.
Sus raíces se habían evaporado aquel día. Solo ella pudo escapar, no había nadie más que hubiera sobrevivido a aquella invasión y finalmente había tenido que errar. Así era como había llegado a Lempë Ohtari.
Era tan grande el sentimiento de venganza que tenia hacia los que habían invadido su tierra que durante un tiempo los buscó pero nunca encontró a aquél que había hecho caer su ciudad.
De ahí nació su rencor a los elfos, que el tiempo había tratado de mitigar.
[…]
Aquel día había sido agotador, mucho trabajo, muchas cosas por hacer, solo deseaba llegar a casa y saboreas las deliciosas costillas de Areniel, la anciana que llevaba años ocupándose de las tareas de su casa, desde que su madre muriera el día en que ella nació.
Después de cenar alguien llamó a la puerta, era unos de los compañeros de la guardia de su padre. Estaban bastante alterados, parecía como si algo muy aterrador estuviese sucediendo, fue entonces cuando su padre le dijo con una tremenda calma que cuidase de Areniel, que siguiese sus pasos y protegiese todo por lo que había luchado, aunque, detrás de aquella calma, Sonyariel pudo ver el terror en sus ojos, pudo sentir su miedo, pero tenia que hacer lo que su padre le dijo. Desde aquel día, ya no volvió a ver a su padre más.
La paz de la noche fue perturbada pos unos gritos que venían de la calle, algo estaba sucediendo. Sonyariel se visitó tan rápido como pudo y fue al cuarto de Areniel para decirle que se escondiera en el sótano y que mantuviese la calma; cogió su espada y se dirigió a la puerta.
Al abrirla vio el mismísimo infierno. La ciudad estaba siendo sitiada, la gente corría desesperada buscando refugio. Había personas que yacían muertas en el suelo, masacradas. Las casas estaban ardiendo. Sonyariel corrió lo mas rápido que pude hacia el castillo del rey, allí estaba su padre.
Al llegar allí vio a muchos guerreros que parecían mofarse de las gentes de su pueblo. Se ocultó para no ser vista y, cruzando las puertas del castillo, allí estaba, su padre. Estaba maniatado y le llevaban contra su voluntad dentro del castillo. Estaba tan llena de ira que pensó por un momento salir a atacar con su espada, pero reflexionó, pensó en las palabras que le había dicho antes de irse de casa
\" cuida de Areniel, sigue mis pasos y protege todo por lo que has luchado\"
Decidió volver a casa para proteger a Areniel y llevarla a un lugar más seguro, pero cuando llegó a la puerta, se encontró con su casa destruida. Estaba completamente calcinada, no había rastro de vida allí. En aquel momento se derrumbó, quería gritar pero de su boca apenas salían palabras, solo unas lágrimas caían por mi rostro.
La ira y la rabia hicieron presa de ella y decidió volver a las puertas del castillo allí, oculta tras unas sombras observó a un elfo, apenas pudo distinguir su figura, pero le oí decir unas palabras:
”Las mujeres repartíroslas como mejor os parezca, los guardias llevároslos a las mazmorras, que no se le ocurra a nadie revelarse, torturadlos e iremos ejecutándolos uno a uno delante de todo el mundo, para que vean lo que les puede ocurrir jajajajajaja”
